sábado, 27 de septiembre de 2014

UZBEKISTÁN: información útil antes de partir

A muchos solo por cómo suena ya se os quitan las ganas de ir, quizá penséis que es peligroso, incluso que está en guerra o como mínimo no se os ocurre qué podría motivar una visita a ese país... pues bien, nosotros acabamos de llegar, nos ha gustado el lugar, no es peligroso, y además lo recomendamos a todo aquel al que le guste la arquitectura persa, no le abrume Asia (con su superpoblación, su pobreza, su legado soviético en este caso, etc.) y quiera visitar un lugar diferente que está lejos, todavía, del turismo de masas, aunque sea más manejable que la mayoría de destinos de Asia. Voy a ir desgranando la información por partes.

Plaza de Registán, en Samarcanda, la plaza más famosa de Uzbekistán y de toda Asia Central, durante el espectáculo nocturno

¿UBEQUÉ?


Uzbekistán es un país de Asia Central, en el centro de este área que abarca a los países asiáticos que integraron la Unión Soviética (excluyendo Rusia): Kazajistán al norte, Kirguistán al noreste, Tayikistán al sureste y Turkmenistán al sur, todos tienen frontera con Uzbekistán, y los 5 juntos integran Asia Central. Con sociedades nómadas y/o feudales hasta la llegada de la Rusia zarista en la segunda mitad del s. XIX, y unidos durante la Unión Soviética, hoy son países independientes, bastante nacionalistas, con fronteras absurdas inalteradas desde la URSS y no siempre buenas relaciones entre ellos. Por desgracia, la caída de la Unión Soviética en 1991 no significó para ellos más que la independencia de sus territorios (y la pobreza que vino detrás), pero ninguno ha alcanzado unas cotas democráticas comparables a las de Occidente. En general, el líder comunista de turno de la república dependiente de Moscú hasta 1991 ha seguido siendo el presidente del país tras la independencia, y en el caso de Uzbekistán, sigue siéndolo hoy en 2014. Existen elecciones que intentan echar un maquillaje de democracia a lo que no lo es, en las que los únicos partidos que podrían hacer una verdadera oposición han sido prohibidos.


¿POR QUÉ IR?


Es decir, ¿qué carajo se me ha podido perder a mí en un país que no sabría ubicar en el mapa, que tiene el sufijo "stan" (que suena a país turbio, como Pakistán o Afganistán) y del que no conozco nada a nivel cultural? Nada a priori, o quizá sí...

El centro urbano de Jiva tiene la mayor densidad de edificios históricos de todo el país
La mayor motivación para visitar Uzbekistán viene de que tiene la mejor arquitectura persa del mundo, con permiso del país persa por excelencia: Irán. Frente a Irán, Uzbekistán ofrece un país menos islamizado, más manejable y con un clima algo más fresco. Por cierto, "stan" es un sufijo que simplemente significa "lugar" en las lenguas túrquicas :)

En un territorio poco más pequeño que España, pero ocupado en su mayor superficie por un inhóspito desierto, este país aglutina las tres ciudades históricas con mayor patrimonio de Asia Central: Jiva, Bujara y la mítica Samarcanda. Capitales de territorios gobernados de manera feudal hasta hace poco más de un siglo, escalas de la legendaria ruta de la seda, estas tres ciudades son las que visita casi la totalidad de turistas extranjeros que va a Uzbekistán; la cuarta sería Tashkent, capital del país, y aunque histórica, reconstruida tras un terremoto en 1966 que destrozó la ciudad. Aun así, como ejemplo de la arquitectura soviética de los 60-70 y porque pasaréis casi obligatoriamente por ella (es con diferencia la población uzbeka con más vuelos internacionales), se le pueden dedicar un par de noches viendo una cara más moderna del país.

Al margen de esto, y aunque Uzbekistán no es el país de mayor cultura nómada de la zona, existen campamentos de yurtas donde emular esa vida típica de Asia Central, y así ahorrarse el visado a Kirguistán o Kazajistán, países más puramente nómadas. Las dos zonas de campamentos de yurtas más típicas están en Karakalpakistán, al suroeste, en la zona de fortalezas de adobe cercana a Urgench (Ayaz Qala), y el pantano de Aydarkul, en el noreste del país. Ambos lugares son válidos también como aproximación al desierto que gobierna más de la mitad de la superficie uzbeka, el Kyzyl Kum ("arenas rojas" en el idioma local).

Puesto de recuerdos típicos uzbekos en el mercado Chorsu de Tashkent
Además, decir que Uzbekistán es un paraíso para los interesados en la etnología, porque difícilmente encontraréis otro país con semejante "batiburrillo" étnico. El origen étnico uzbeko mayoritario es túrquico (los turcos vienen de Asia Central), que se mezcla con la etnia mongola, a lo que hay que añadir las etnias con las que compartieron país durante la época soviética (fundamentalmente rusos, aunque también ucranianos) e incluso casi chinos, ya que los ciudadanos del vecino Kirguistán tienen rasgos que nos recordarán al "gigante asiático". Esta mezcla se ve en Tashkent mejor que en cualquier otra ciudad uzbeka, y a mí me fascinó.


¿QUÉ NECESITO PARA IR?


Para visitar Uzbekistán hace falta solicitar con anterioridad un visado de entrada. Para ello tendréis que poneros en contacto con la embajada de Uzbekistán en España, situada en Madrid (el consulado de Barcelona, en 2014, nos dijo que no tramitaba peticiones de visados). El trámite es sencillo, es prácticamente una cuestión de pagar dinero y se pide por reciprocidad (a los ciudadanos uzbekos también se les exige visado para entrar a España). Se trata de avisar, mandar los pasaportes, esperar unos 10 días, y recogerlos. Eso sí, nuestra experiencia no fue buena puesto que nos sentimos estafados por la embajada, ya que nos exigió que metiéramos un sobre con el franqueo ya pagado para mandarnos nuestros pasaportes de vuelta; a la hora de devolvérnoslos con el visado nos dijeron que Correos había devuelto nuestra carta "porque no entendían la letra". En la web de correos no aparecía constancia de haber tramitado nuestro paquete (cuyo nº de referencia apuntamos) por lo que nos olió mal. Nos enfadamos y yo decidí mandar a mi hermano a coger los pasaportes (vive a 150 kms. de Madrid) y al ver el sobre comprobamos que en ningún momento fueron a Correos a intentar mandarnos los pasaportes; parece que lo que querían era clavarnos más dinero obligándonos a mandar a un repartidor a coger nuestros pasaportes. Los repartidores, si tienen que hacer cola en el consulado, te cobran más, y ellos se quedarían una parte, no sé...

Char Minar, uno de los edificios más singulares de Bujara, la ciudad más santa de Asia Central
Especulaciones aparte, lo que está claro es que nos mintieron, nos exigieron un sobre para devolvernos los pasaportes y nunca lo usaron. En fin, algo del legado de la desagradable burocracia soviética les queda, y quería contar aquí mi experiencia para prevenir a los que vengan detrás. El precio del visado uzbeko lo tenéis aquí y depende del tiempo que vayáis a pasar en el país o de si lo queréis de entrada simple o múltiple, entre otras cosas. Recordad que cada país de la zona os exigirá su propio visado, y si salís de Uzbekistán y queréis volver a entrar necesitaréis un visado de entradas múltiples.

Aparte del visado, yo recomendaría llevar las siguientes cosas "anómalas" tras haber visitado el país:
- Protector labial: Uzbekistán posee uno de los climas más secos del mundo, y vuestros labios lo notarán, y mucho. Si además sopla el viento (en nuestro caso sopló sobre todo en Samarcanda) pues peor aún.
- Ropa para mucho calor y bastante frío: esto puede pasar en todos los sitios, ¿no? Pero allí pasa más. La lejanía del mar hace que el clima sea extremadamente continental. A la sequedad hay que añadir que el rango de temperaturas entre máximas y mínimas es enorme, superior muchas veces a los 20 grados en un mismo día. Nuestro viaje fue la primera mitad de septiembre, y vimos como Tashkent pasaba de los 38ºC a las 14 horas a los 15ºC a las 6 de la madrugada. El dicho "cógete una chaqueta que por la noche refresca" allí aplica más de lo que estamos acostumbrados.
- Linterna: las calles uzbekas son quizá las peor iluminadas que hemos visto en nuestros viajes. Salvo que vuestro hotel esté en una calle o plaza principal agradeceréis en vuestras salidas nocturnas disponer de una linterna que os evite tropezar en los baches o en las irregulares aceras del país (cuando las hay). Como allí se hace de noche pronto, saldréis a cenar siempre de noche, salvo que lo hagáis en vuestro hotel.
- Dólares: resulta extraño en un país post-soviético y todavía buen amigo de Moscú, pero los uzbekos adoran los dólares. Aunque el euro poco a poco va ganando su espacio, el dólar sigue siendo de lejos la moneda extranjera favorita en Uzbekistán, incluso aunque los turistas estadounidenses estén lejos de ser los más numerosos allí. No es obligatorio llevar dólares, pero sí recomendable, puesto que el cambio que ofrecen al cambiar a moneda uzbeka (SUM) suele ser mejor, y puesto que los hoteles suelen poner sus tarifas en esta moneda, esperan cobrar en esa moneda, y el cambio a euro o SUM en el hotel puede ser caprichoso. La volatilidad de la moneda uzbeka ha obligado a la gente que vive del turismo a no usar el SUM como referencia para no estar cambiando constantemente los precios.

La torre de la televisión, el tercer edificio más alto del mundo cuando se acabó, es un buen ejemplo de la arquitectura soviética de Tashkent. Mide 375 metros

¿CÓMO LLEGAR?


Desde principios de esta década Uzbekistan Airways opera un vuelo semanal directo entre Tashkent y Madrid. Pero la mayoría de los mortales han ido, van y seguirán yendo en un vuelo con escala. Las escalas más frecuentes son con los amigos de Uzbekistán: Rusia (por su pasado compartido) y Turquía (con la que se están estrechando lazos por considerarse étnica y lingüísticamente países cercanos). En el primer caso Moscú y San Petersburgo son las ciudades más frecuentes para cambiar de avión, y en el segundo caso Estambul. Nosotros hicimos Barcelona - San Petersburgo - Tashkent tanto a la ida como a la vuelta, siendo el Barcelona - San Petersburgo un vuelo de poco más de 4 horas y el Peter - Tashkent de unas 5 con Aeroflot. Turkish Airlines nos ofrecía hacerlo por Estambul pero a mayor precio. Uzbekistan Airways tiene vuelos también con ambos países.

¿CÓMO ME MUEVO POR ALLÍ?


La crudeza del desierto uzbeko, el Kyzyl Kum, y las caprichosas fronteras soviéticas, provocan que la mayoría de la población uzbeka se encuentre muy cercana a la frontera con otros países, en ocasiones no muy amigos en la actualidad. Khiva está a 15 kms. de Turkmenistán, el área metropolitana de Tashkent casi toca Kazajistán y Samarcanda se encuentra a apenas 50 kms. de Tayikistán. El menos turístico pero muy poblado valle de Fergana, en el noreste del país, penetra impunemente entre Kirguistán y Tayikistán.

Sin embargo, Uzbekistán nos resultó un lugar en el que es sencillo moverse por el país libremente, por lo que no es necesario organizar el viaje con una agencia de viajes en España. Si cogéis un mapa veréis que Jiva ("Khiva" en inglés) está a desmano del resto de ciudades turísticas, a más de 1000 kms. de Tashkent y a unos 500 de Bujara, por lo que recomiendo ir en avión desde Tashkent (unas 20 horas en tren os esperan en caso contrario) hasta Urgench, ciudad sin interés turístico pero a tiro de piedra de Jiva, unos 40 kms. al sur. Ese vuelo os costará menos de 100€, y tenéis 2 o 3 frecuencias diarias con la compañía "Uzbekistan airways", en modernos aviones Airbus A320, como los de las compañías europeas de bajo coste.

Jiva, marcada con el índice rojo de la parte izquierda de la foto, queda alejada de las otras 3 ciudades turísticas del país: Bujara, Samarcanda y Tashkent, recuadradas.
Bujara, Samarcanda y Tashkent están unidas por un tren medianamente rápido para lo típico allí. 260 kms. separan Bujara de Samarcanda, y el tren diario que hace el recorrido por 9€ necesita poco más de 3 horas. Ese tren continúa hasta Tashkent (290 kms. más), por un precio parecido, necesitando 3 horas y media más. Aunque otros trenes más rápidos comunican Tashkent y Samarcanda, siendo el más rápido el español (un tren Talgo, igualito a los ALVIAs de RENFE) "Afrosiyab", un tren que une las dos ciudades más pobladas del país en 2 horas y 10 minutos. Para más información de horarios, tenéis este enlace, aunque los precios reflejan el amplio margen de beneficio de la agencia de viajes que los ofrece :) Se pueden comprar en las estaciones de tren por menos dinero.

Por último, el trayecto Jiva-Bujara ("Bukhara" en inglés) no es recomendable para hacer en tren, puesto que no hay trenes directos, y la combinación da un buen rodeo yendo por Navoi. En taxi privado (o el coche de cualquier ciudadano que le quiera llevar a uno) se necesitarán entre 6 y 10 horas por una carretera llena de baches (que en 2014 nos dijeron que estaban arreglando), por lo que si os cuadra bien recomendamos el hacerlo en avión. Uzbekistan airways opera la ruta Urgench-Bukhara, en principio una vez a la semana y solo en temporada alta turística, por un precio que en nuestro caso fue de unos 60€. Parecido de precio al coche, es más cómodo y rápido, pero no a todos les cuadra bien en fechas (cuando fuimos nosotros el vuelo era los domingos).

Ruinas del antiguo palacio de Amur Timur, en Shahrisabz, la cuarta ciudad patrimonio de la humanidad en el país, junto a Samarcanda, Bujara y Jiva
El resto de lugares destacables turísticamente hablando, secundarios al lado de las tres perlas uzbekas, son accesibles en taxi, taxi compartido, marshrutka (mini-bus, más incómodo) o simplemente haciendo autostop, muy popular allí entre los propios uzbekos, y más seguro que en Europa. Algunos taxistas o agencias de viajes proponen excursiones a lugares interesantes cercanos a las capitales turísticas del país.


¿CUÁNDO IR?


Uzbekistán está aproximadamente a la misma latitud que la España peninsular, lo que hace que la media de temperaturas no sea muy distinta a la de nuestro país. Eso sí, la lejanía del mar hace que el clima sea muy continental, con grandes diferencias de temperatura entre invierno y verano, y entre día y noche. Por otro lado, allí apenas llueve, y es la primavera la época del año más lluviosa, aunque incluso en primavera las precipitaciones no abundan precisamente.

Así que ante un clima tan extremo, no hay dudas en cuanto a fechas: hay que evitar el invierno, donde las temperaturas pueden bajar incluso a -20ºC, y el verano, en el que pasar de los 40ºC también es muy frecuente. La primavera, entre abril y mediados de junio, y el otoño, que va de septiembre a octubre, son las mejores épocas. Esto aplica a la inmensa mayoría del país, aunque las escasas pero altas montañas del este (superando los 3000 metros al noreste de Tashkent y los 4000 al sureste de Samarcanda) son mejor opción quizá para pleno verano o finales de primavera y principios de otoño. No obstante, para turismo de montaña son mejores los vecinos del este, los más salvajes Kirguistán y Tayikistán, donde las estribaciones del Himalaya dejan montañas con alturas que superan los 7000 metros de altura en algunos casos.

Mujeres uzbekas, en Jiva

RESUMIENDO...


Si buscáis un viaje de 10-14 días, de corte cultural, saliendo de Europa pero todavía con cierta influencia europea (rusa en este caso) y a buen precio, Uzbekistán puede ser vuestro destino.

sábado, 2 de agosto de 2014

La capital universitaria belga: LOVAINA

Cuando me encapriché de escribir una entrada sobre Bélgica podría haberlo hecho de cualquiera de sus cuatro ciudades turísticas por excelencia, que he tenido la suerte de visitar: Bruselas, Brujas, Gante y Amberes... pero como he querido enfocar el blog a sitios alternativos (aunque realmente acabo escribiendo sobre lo que me da la gana, no me pongo normas) y porque simplemente me apetece, escribiré sobre la que yo pondría como la quinta ciudad más interesante de Bélgica: Lovaina. Algún día escribiré sobre las demás.

Ayuntamiento de Lovaina, profusamente decorado
Lovaina (Leuven en flamenco y holandés, Louvain en francés, y en inglés en cualquiera de las dos) es una pequeña ciudad de Flandes, con unos 100.000 habitantes, ubicada a tan solo 25 kilómetros de Bruselas yendo hacia el este. Es la capital de la provincia del Brabante Flamenco, que rodea Bruselas y que es una parte de la antigua provincia de Brabante, dividida en dos de acuerdo con las dos comunidades lingüísticas de Bélgica: la valona, de habla francesa, y la flamenca.

Esta ciudad vive por y para su universidad, que presume de ser la universidad católica más antigua de Europa, fundada en 1425. Con más de 25.000 personas viviendo en la ciudad por ella, entre estudiantes, profesores, investigadores y colaboradores, no sorprende el ambiente juvenil que se respira en Lovaina. Y eso que no toda la universidad está allí... los conflictos entre la comunidad de habla flamenca y la de habla francesa provocaron que se creara un nuevo campus en la ciudad de "Lovaina la Nueva", creada a propósito para la universidad, a pocos kilómetros al sur, ya en tierra de habla francesa, en 1968. Tanto este hecho, como la división del Brabante de la que hablé antes, muestran la tensión actual en una Bélgica dividida en dos mitades casi iguales en tamaño y población, con dos idiomas muy distintos y con claros deseos (especialmente en Flandes a día de hoy) de escisión, con una capital oficialmente bilingüe que a duras penas puede mantener la cohesión.

Biblioteca de la universidad de Lovaina, reconstruida tras la II guerra mundial
Volviendo a Lovaina, bien podemos comenzar la visita por la universidad, cuyo edificio más destacable es la biblioteca, destruida durante ambas guerras mundiales (especialmente la primera) pero reconstruida tras ambas contiendas con el dinero aportado por los aliados y el exigido a los alemanes como compensación. Hoy la biblioteca se ubica en una enorme plaza en la que me llamó la atención la peculiar escultura de una mosca atravesada por un alfiler...

Pero el edificio más singular y espectacular de Lovaina es su ayuntamiento. Esta maravilla, toda una "filigrana en piedra", tiene un claro aire flamenco y fue construida en estilo gótico de Brabante, en la segunda mitad del siglo XV. Puede ser visitada por dentro, y la visita se ofrece en varios idiomas.
La plaza en la que se ubica difícilmente puede ser más monumental, ya que aparte de un conjunto de edificios flamencos, tiene al otro lado la iglesia de san Pedro, de la misma época. Este edificio, más austero en decoración que el ayuntamiento, también merece una visita por dentro, para ver el delicado arco gótico que separa el coro del resto de la nave central.

Tafelrond, otro de los edificios de la plaza del ayuntamiento
El arquitecto del ayuntamiento, Mathieu de Layens, también tuvo tiempo para dejar su huella en otro edificio de la plaza, el Tafelrond (que significa "mesa redonda"), ubicado junto al ayuntamiento, a mano izquierda. Hoy es la sede de un banco.

Apenas nos tenemos que desplazar unas decenas de metros para llegar a la que algunos denominan "la barra de bar más grande del mundo". La plaza Oude, es famosa por su multitud de bares y restaurantes, que pueblan los bajos de una plaza ya hermosa de por sí, homogénea por sus edificios históricos de estilo flamenco. Ni que decir tiene que esta plaza es muy frecuentada por los universitarios de la ciudad y un lugar ideal para disfrutar de una terraza en la época veraniega.

Lovaina tiene un pequeño "beginhjof", traducido al español como "beguinaje", al sur del centro de la ciudad. Un beguinaje es una especie de monasterio al estilo de Flandes; allí en lugar de tener un gran edificio completo  (monasterio) las monjas se hicieron construir viviendas separadas estructuradas en torno a un patio central, normalmente con césped, a veces un pequeño estanque, canales etc. de tal modo que constituían pequeños conjuntos cerrados dentro de las ciudades... una especie de pueblecito dentro del casco antiguo de la ciudad.
Existen beguinajes en Flandes y en los Países Bajos. El beguinaje más conocido probablemente sea el de Brujas, aunque el de Lovaina es probablemente de los más destacables del país, recorrido por sus canales y que se puede patear sin apenas turistas. Ambos, junto a otros 11 ubicados en el resto de Flandes, son patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Las viviendas, de los siglos XV al XVIII, hoy se utilizan como alojamiento para universitarios.

Edificios de la plaza Oude, considerada por algunos "la barra de bar más larga del mundo"
Algo más alejado del centro de la ciudad, pero perfectamente accesible a pie, se encuentra el vasto territorio del castillo de Van Arenberg, de estilo gótico-renacentista. Sus más de 100 hectáreas sirven como lugar de esparcimiento, y el inmueble en la actualidad se utiliza como una más de las dependencias de la universidad.


CÓMO LLEGAR


Las pequeñas distancias entre ciudades existentes en Bélgica hacen que Lovaina sea perfectamente visitable sin necesidad de dormir allí. No lo digo porque no tenga oferta de alojamiento, sino por hablar de esa posibilidad, más fácil aquí que en casi cualquier otro país; por haber dormido en casa de un amigo, no puedo hablar ni bien ni mal de ningún alojamiento en la población.

Lovaina se encuentra a apenas 25 kms. de Bruselas, y numerosos trenes la unen con la capital belga. También tiene buena conexión ferroviaria con Malinas, la capital religiosa del país (a otros 25 kms.) y con Amberes, la capital portuaria belga (uno 50 kms.). Un día es suficiente para disfrutarla dignamente.

Para moverse con los trenes belgas, el billete "go pass" puede ser una excelente opción. Es un billete multipersonal que permite coger 10 trenes cualquiera (a excepción de alta velocidad) entre dos ciudades belgas, a precios populares (en 2010 ese billete costó 50€ para menores de 26 años y algo más de 70€ para el resto). Yo lo usé y lo recomiendo: más información aquí.

Castillo de Van Arenberg, que hoy forma parte de la universidad

sábado, 19 de julio de 2014

De Peleș a Bran: los más famosos castillos rumanos

Palacio de Peles, la joya de la realeza rumana
Como ya dije en el artículo anterior dedicado a Brasov, algunos de los castillos más famosos de Rumanía son fácilmente accesibles, incluso en transporte público, desde esta ciudad transilvana. Si tuviéramos que citar los "castillos" más populares del país, junto al incomensurable castillo de Hunyad, en Hunedoara, al suroeste de Rumanía y ya más alejado de Brasov, el trío de ases lo completarían el "castillo" de Peleș (luego explicaré las comillas) y el castillo de Bran, situado el primero a unos 45 kms. de Brasov, y el segundo a unos 30.

EL FALSO CASTILLO DE DRÁCULA: BRAN


No gano nada engañándoos así que lo dejaré claro desde el principio. Bran no es el castillo de Drácula. Ni entendiendo como Drácula al personaje de ficción que ha protagonizado tantos libros y películas, ni si nos referimos al personaje historico, Vlad Tepes, un príncipe valaco que se ha convertido en leyenda por extender el uso del empalamiento, como herramienta de tortura y muerte, de sus enemigos turcos o incluso de sus propios vasallos.

El castillo de Bran, en esta vista, con un cierto aire siniestro en un día de lluvia :)
Adam Stoker, creador de Drácula, nunca estuvo en Rumanía, y su libro ubicó el castillo de Drácula en otro lugar transilvano, el puerto de Tihuta, ubicado al norte de la región, es decir, a la otra punta de Transilvania.
Y Vlad Tepes fue un príncipe valaco. Nació en Transilvania, concretamente en la ciudad de Sighisoara, pero vivió en Valaquia la mayor parte de su vida, una región ubicada en el sur de la actual Rumanía, (además de pasar su adolescencia cautivo por los otomanos). Su castillo real fue la ciudadela de Poienari; quizá el hecho de que de ese castillo no queden poco más que ruinas ha motivado la labor de marketing para orientar su leyenda a Bran, pero se cree que si Vlad Dracul pisó por Bran, fue de forma testimonial, esto es, cuestión de días.

Dicho esto... ¿qué más da? El castillo de Bran, ubicado en una colina junto a un estrecho paso de un río, en un lugar estratégico cercano a la frontera de los principados de Transilvania y Valaquia, puede resultar tan terrorífico como si fuera de Drácula, más aún si lo pilláis en un día gris de lluvia o incluso nieve como hice yo. Está construido sobre una piedra cuya fusión está tan lograda que no resulta evidente ver la separación entre obra humana y roca natural.


Patio interior del castillo de Bran
La fortaleza actual fue construida por un rey húngaro, en el s. XIV, cuando Transilvania estaba bajo su dominio, con el objetivo de tener a raya al principado de Valaquia.

Una vez dentro, el carácter fiero del castillo da paso a otra cosa... y es que este castillo perteneció a la familia real de los Habsburgo. Estos gobernantes lo reformaron a su estilo, equipando las salas con un mínimo de las comodidades y el lujo que gusta a la realeza, aunque con las dimensiones de una fortaleza medieval. Incautado por el gobierno comunista por la fuerza en 1948, se ha devuelto recientemente a sus legítimos herederos, que aunque lo pusieron a la venta, siguen siendo sus propietarios.
El patio interior del castillo, donde el entramado de madera de parte de las paredes convive con los pináculos cónicos y los muros de piedra gris, tampoco es tan fiero como cabría pensar, y resulta agradable por su forma irregular y por la decoración que tiene, al estar presidido por un pozo y (al menos cuando fui en verano de 2001) numerosas flores en época estival.


Algunos rincones del interior del castillo de Bran, como estas escaleras, sí pueden recordarnos las leyendas que giran en torno a él


CÓMO LLEGAR A BRAN


Para llegar a Bran hay que coger alguno de los numerosos buses que recorren ese valle. Basta con coger un bus desde la estación de Brasov 2 (a las afueras de la ciudad, nosotros tuvimos que ir en taxi) que tenga por estación final a Bran o a Moeiciu de Jos (el siguiente pueblo) por un módico precio (no llegaba a 2€). Hay un bus cada hora como mínimo.

Vista de Rasnov, con la iglesia principal de la población en primer término, y con la ciudadela detrás
Es muy recomendable, para completar una buena excursión de un día, parar en la ida o en la vuelta en Rasnov, otro pueblo que pilla de paso, con otro castillo que tiene otros alicientes. Aparte de las letras tipo Hollywood ya presentes en Brasov, estamos ante una ciudadela en una colina mucho más alta que la del castillo de Bran, reconstruida en parte eso sí, pero con unas vistas inconmensurables. Frente al a veces masificado Bran, en Rasnov se puede disfrutar de la ciudadela y de la naturaleza rumana casi en soledad. Para llegar al castillo hay que subir por un pequeño bosque que puebla la colina de la ciudadela, y se necesitan 20-30 minutos desde la parada de bus más cercana. En 2 horas se puede visitar el pueblo.


PALACIO DE PELES: EL LUJO DE LA EFÍMERA FAMILIA REAL RUMANA


El nacimiento de Rumanía como tal se considera que llegó en 1866, cuando se fusionaron en un solo país los antiguos reinos de Moldavia (noreste de la actual Rumanía) y Valaquia (sur, incluyendo la capital Bucarest), en un momento en el que la moda no era la unificación de territorios, sino la separación...

Otro de los edificios del complejo de Peles
La familia real de la época, con un pasado germánico, vio en el encantador pueblo de Sinaia, cerca del puerto que une Brasov con Bucarest y Ploiesti, un buen lugar para erigir un inmenso y moderno palacio real.

Una primera fase de las obras de este palacio neorrenacentista (que algunos llaman incorrectamente castillo, pero que no tiene atributos de fortaleza defensiva) tuvieron lugar de 1873 a 1883, cuando se inauguró, aunque Peles no se completó hasta 1914. El resultado es un pedacito de Alemania en plena Rumanía. La decoración con entramado de madera puede recordar al centro de numerosas poblaciones alemanas, y los lujosos materiales de su interior así como el entorno plenamente montañoso, puede recordar a algunos de los castillos famosos de Baviera. Algunos ven en él el encanto de una lujosa villa alpina. Unos pequeños jardines decoran su exterior más cercano, aunque el área está protagonizada por el bosque autóctono de los Cárpatos. Otros pequeños palacios complementan el área del palacio real, todos ellos protagonizados por la arquitectura de entramado de madera que no es en absoluto típica de Rumanía... lo cual aumenta aún más la sensación de que Sinaia es un pedacito germánico en el país de los Cárpatos.

Comedor en el lujoso palacio de Peles
Visitar por dentro Peles es entrar a uno de los últimos palacios reales construidos en Europa. El lujo abruma, y la modernidad se hace notar en un palacio que desde su nacimiento contó con "adelantos tecnológicos" tales como ascensor, electricidad o sistema central de calefacción (hablamos de 1883). La visita guiada, aunque algo cara (unos 12€) merece la pena ya que es un palacio en el que el interior es tan interesante como el exterior.

Sin salir del recinto, se puede visitar por dentro el palacio de Pelisor, el segundo edificio más grande del complejo (al menos a ojo), que es una versión algo más austera y pequeña de Peles, y que fue utilizado como vivienda del heredero al trono. Las entradas, algo más baratas, nos muestran a este "hermano pequeño" de Peles que nosotros visitamos casi en soledad.

Probablemente con el impulso que dio la llegada de la familia real, Sinaia se transformó siendo ahora una población próspera, incluso pija, en el conjunto de Rumanía. Cuenta con un casino, varios hoteles lujosos (alguno presume de tener aguas termales), aparte de un vistoso ayuntamiento. Las posibilidades del turismo de la nieve que ofrece en invierno (con un teleférico en el mismo pueblo para acceder a las pistas) son tan interesantes como las pistas senderistas practicables que la nieve deja en verano, cuando el calor es asfixiante en Bucarest.

Iglesia nueva del monasterio de Sinaia
A esto hay que unir el turismo cultural que da no solamente Peles, ya que mucho antes de la construcción de ese edificio, el monasterio de Sinaia, que da nombre a la población, colocó este pueblo en el mapa monumental rumano. Fundado en 1695, debe su nombre al monte bíblico de Sinaí (Egipto), es de estilo bizantino y el rito que sigue es el cristiano ortodoxo, como la mayor parte de la población rumana. Cuenta con una vieja iglesia, que data del origen del monasterio, y una mayor y más moderna, posterior. Hasta mediados del s.XIX, Sinaia era este monasterio y unas pocas viviendas a su alrededor.


CÓMO LLEGAR A SINAIA


Sinaia cuenta con un fácil acceso tanto por carretera como por tren. En ambos casos, está en la ruta que une Brasov, al norte, con Ploiesti y Bucarest, al sur.

Nosotros llegamos en tren, una opción fantástica ya que al menos cuando fuimos (semana santa de 2014) todos los trenes entre Brasov y Bucarest paraban allí. Esto significa que cada hora y media, como mínimo, tenemos un tren en cada sentido. Llegar a Bucarest desde Sinaia nos llevará poco más de hora y media, y a Brasov una hora más o menos.


Patio interior del palacio de Peles
Si se quiere visitar el complejo de Peles, el monasterio y en su conjunto el pueblo, Sinaia puede ser visitado como parada entre Bucarest y Brasov, y así lo hicimos nosotros. La estación de trenes proporciona, por una módica suma, la posibilidad de guardar nuestro equipaje.
Para explorar las posibilidades senderistas o de esquí de Sinaia se necesitará seguramente pernoctar. Las posibilidades son numerosas pero no las conocemos.

El viaje en tren es muy interesante, y a mediados de abril todavía había en 2014 bastante nieve en las montañas. Así que ponerse en el lado de la ventanilla, especialmente en la mitad del viaje más cercana a Brasov, es más que recomendable para tener unas bonitas vistas de este rincón de los Cárpatos.

viernes, 30 de mayo de 2014

Una de las capitales turísticas rumanas: BRASOV

DESTINO RUMANÍA


Rumanía es uno de los países europeos, por no decir el que más, que más mala fama arrastran, y a mi juicio, ésta es injustificada. El mero hecho de decir a tus conocidos que vas a pasar allí unos días de vacaciones puede suponer, todavía hoy, que te consideren un aventurero alternativo e incluso una persona poco consciente de los riesgos que corre en su viaje... y como este blog trata de destinos alternativos y poco conocidos que he visitado, no podía faltar el país de los Cárpatos.

La pintoresca plaza del Consejo (Piaţa Stafalui) preside el centro de Brasov
¿Y por qué tiene mala fama Rumanía? Por la mala fama, en muchos casos igualmente injusta, de sus emigrantes. Se ha extendido el estereotipo de que allí todo el mundo es gitano, incluso hay quien dice que vienen de allí (es falso, son originarios del subcontinente indio), y vienen a quitarnos el trabajo en el mejor de los casos, o peor aún, a ejercer de carteristas o qué sé yo... lo que no se dice es que es un pueblo que no tiene mayores dificultades en aprender nuestro idioma y que no vienen por gusto, sino porque la pobreza (y la reciente libertad de movimientos que lo ha permitido) les ha forzado a ser emigrantes desde que cayera el régimen comunista por la fuerza en 1989. Sobre el número de gitanos, es un dato incierto... las cifras oficiales lo dejan en medio millón de almas, aunque algunos lo cifran en más de 2 millones, lo que haría de la comunidad gitana rumana la más populosa del mundo en un solo país. Pero incluso en ese caso, una mera estimación, seguimos hablando de un porcentaje mínimo de la población rumana, que no llegaría al 10%, así que la generalización de que los rumanos son gitanos es falsa y de hecho no gusta a la población de este país. Es más, étnicamente es un país muy diverso, y lo mismo se pueden ver eslavos como gente muy rubia que pasaría por nórdica junto a otros que parecen latinos... y eso que es un país que no ha recibido oleadas de inmigrantes últimamente.

¿Y QUÉ HAY QUE VER EN RUMANÍA?


Pues aunque no cuente con una capital de renombre turístico comparable a las de Europa Occidental, y ni a las más famosas de la Europa ex-comunista como Praga, Budapest o Moscú, tiene otro tipo de alicientes, y a la propia Bucarest se le puede sacar su jugo. Para empezar, tiene un conjunto de pequeñas ciudades fabuloso, empezando por las "sajonas" Brasov, Sighisoara y Sibiu, siguiendo por otras con herencia austro-húngara como Oradea y Timisoara... cuenta con varios castillos de renombre, como el falso castillo de Drácula en Bran, el siniestro castillo de Corvino en Hunedoara o el castillo (aunque es más puramente un palacio) de Peles, con regusto bávaro, de la efímera monarquía rumana. La caprichosa forma de los Cárpatos, que parece abrazar Transilvania, garantiza bonitos paisajes de montaña para esquiar en invierno y caminar en verano; y al norte se muestran dos de los conjuntos de arte rural más interesante de esta parte de Europa: los monasterios pintados con frescos de Bucovina y las iglesias de madera de Maramures. Por si esto fuera poco, una pequeña franja costera permite a los playeros disfrutar del mar o del mayor puerto del país, Constanza. Por último, Bucarest, tiene los mejores museos del país y permite al visitante viajar del París de sus edificios de principios del s. XX a la especie de Pyongyang que solo una mente enferma de comunismo como Ceausescu podía construir, y todo ello a veces sin cambiar de plaza.

Uno de los edificios más imponentes que se ubican en la especie de ensanche de la ciudad, junto al comienzo de la calle de la República

¿Y QUÉ NOS TRAES HOY?


Brașov; una ciudad que no debes perderte si vas a Rumanía, porque aparte de ser muy bonita y estar en el centro de país (pilla de paso para casi todo), tiene en sus alrededores varias de las mejores visitas que puedes hacer en Rumanía: las pistas de esquí, para los aficionados (yo no lo soy) quedan a un paso, y dejan buenas opciones senderistas cuando se va la nieve; el castillo de Peles está a una hora en tren y el de Bran a media hora en bus. Y si la lentitud de los trenes fuera menos de la que es, no sería mala opción el visitar sin dejar de dormir en Brasov las otras dos ciudades sajonas por excelencia: Sibiu y Sighisoara (ambas a unas dos horas y media en tren y quizá a algo menos en coche).

¿POR QUÉ HABLAS TANTO DE CIUDADES "SAJONAS"? ¿ESTAMOS EN RUMANÍA O EN ALEMANIA?


En la época medieval, cuando la actual Rumanía era un compendio de principados independientes como Moldavia, Valaquia o Transilvania, temerosos de los húngaros por el oeste y sobre todo de los otomanos por el este, un gobernante que regía en la tercera de estas regiones, supo atraer a comerciantes sajones a sus tierras, que ayudaron a dinamizar la economía. Estos se convirtieron en sus ciudadanos más ricos en muchos casos, consiguiendo urbanizar el centro de muchas ciudades y pueblos del sureste de Transilvania con cierta imagen y semejanza de las ciudades de la región de la que procedían (norte de la actual Alemania). En ocasiones acumulando tal poder, que en algunas poblaciones los rumanos étnicamente nativos tenían prohibido el acceso a los recintos amurallados sajones. También tenían sus propios nombres para las ciudades, en alemán, que todavía hoy se utilizan en ese idioma y que, por cierto, no suelen parecerse en nada a los nombres en rumano; de Brasov a Kronstadt hay un trecho...

Una de las bocacalles de la calle de la República, tan bonita como aquella pero con menos paseantes. Los edificios son típicamente sajones
Hoy no quedan casi sajones, debido a la represión sufrida tras la segunda guerra mundial y a que los pocos que quedaban a la muerte de Ceausescu huyeron cuando la caída del comunismo volvió a facilitar el paso de fronteras. Sin embargo, su legado ha quedado, con atractivos cascos antiguos de calles peatonales flanqueados por casas de colores y grandes iglesias católicas o protestantes (la mayoría de los rumanos son ortodoxos actualmente).

QUÉ VER EN BRASOV: SU CASCO ANTIGUO, NATURALMENTE SAJÓN


Para empezar, hay que internarse en su casco antiguo por la calle peatonal más vistosa de la ciudad, la de la República. Justo al llegar a ella podemos pasar por algunos edificios interesantes de lo que se podría calificar de un pequeño ensanche, como el de correos o el del museo de arte de la ciudad. Una vez en la calle de la república (Strada Republicii), podemos disfrutar de sus múltiples bares y restaurantes, hasta llegar al corazón de Brasov, la plaza del Consejo (Piaţa Sfatului).

Esta plaza, sin ser 100% peatonal en el momento de escribir estas líneas, es una de las más bonitas de Rumanía. De planta trapezoidal, con una forma un tanto extraña, está protagonizada por el edificio del consejo, que da nombre a la plaza y que aunque lo parezca no es una iglesia, sino un museo de historia y el antiguo ayuntamiento de la ciudad. Los edificios que lo rodean, son algunas de las más bonitas viviendas de colores de la ciudad, cuya baja altura produce una sensación atípica en una plaza de una ciudad de 300.000 habitantes... y es la de estar en medio del monte. ¿Por qué? Porque una pequeña colina al noroeste y sobre todo el monte Tampa al sureste, hacen que estemos rodeados de zonas verdes en pleno "centro" de Brasov, perfectamente visibles en la bonita plaza. Y pongo comillas a lo de centro porque esta ubicación del casco antiguo ha obligado a la ciudad a crecer fundamentalmente al norte, dejando el casco antiguo en una posición descentrada en la ciudad, algo parecido a lo que pasa, por ejemplo, con Cuenca en España.

Bocacalle que sale de la plaza del consejo. Nótese que el letrero en lo alto del monte Tampa nos recuerda que estamos en Brasov :)
Junto a la plaza del Consejo, se ubica otra plaza (sorprendentemente sin pavimentar cuando yo estuve allí) con uno de los edificios más altos y conocidos de Brasov, la llamada "iglesia negra", cuya gran torre se ve desde la plaza principal de la ciudad. Esta iglesia, por la que hay que pagar si queremos visitarla (un precio "de amigo", poco más de 1€ si no recuerdo mal) mantiene vivo el recuerdo de la población germana que la mandó construir, y debe su nombre a un incendio que la dejó con ese color. Hoy, ya restaurada, no es tan negra, y luce con orgullo su tamaño, entre los mayores en un edificio cristiano en la península balcánica.

Escondida entre casas, cerca ya de las murallas que separan el centro sajón del barrio rumano de Schei, se ubica la sinagoga de la ciudad, que estaban pintando en el momento de nuestra visita. Por 1€ se puede entrar para ver el legado judío que ha quedado en otra de esas ciudades europeas en las que la comunidad judía fue numerosa hasta la segunda guerra mundial. Hecha entre finales del s.XIX y principios del XX, como muchas otras sinagogas de la zona (Budapest, Sofía, Novi Sad, etc.), su interior merece la pena.

Por último, como curiosidad, decir que una de las calles que presumen de estar en la lista de más estrechas de Europa, está allí. Se llama Strada Sforii (calle de la cuerda), y es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad, aun sin ser tan estrecha, porque pueden cruzarse dos personas sin problemas.

Una de las calles más estrechas de Europa está en Brasov. Otras ciudades rumanas como Sibiu también tienen una calle del mismo estilo


ALREDEDORES DEL CENTRO


Junto al centro sajón pero fuera de la protección de sus murallas, con alguna puerta pintoresca, creció el barrio de Schei, étnicamente rumano. Aquí ya escasean las calles peatonales, y las casas son algo más modestas y menos vistosas para el turista. Sin embargo, la visita ayuda a entender esa separación que se dio donde el inmigrante (y sus descendientes) gobernaba Brasov, y permite conocer la bonita iglesia de San Nicolás, del s. XIII, de culto ortodoxo, y en la que todavía se aprecian parte de los frescos que en algún momento debieron decorarla.

Otra visita inexcusable en Brasov es la del monte Tampa. Pocas ciudades pueden presumir de tener un monte, una estribación de los Cárpatos en este caso, con semejante desnivel y a tan poca distancia de la ciudad, metido en la misma incluso. Un teleférico sube hasta la cima, aunque como estaba cerrado el día que queríamos subir (lunes), ni cortos ni perezosos lo subimos a pie. Con casi mil metros de altura y unos 350 metros más alto que el centro de Brasov, las vistas que desde la ciudad se tienen de él son soberbias, y las que él proporciona sobre Brasov cuentan entre las mejores y más "verticales" vistas urbanas que un servidor haya disfrutado con los pies en la tierra.
No tan buena quizá sea mi opinión del letrero de tipo "Hollywood" que preside el monte y que se ubica junto al mirador del mismo, a la vista de toda la ciudad. Aunque hay que reconocer que sin ser una idea del todo original es un símbolo de la ciudad que llama la atención a todos los que la visitan, y que también se puede ver en el cercano pueblo de Rasnov (no tengo ni idea de quién de los dos lo hizo primero).

Vista del centro de Brasov desde el mirador del monte Tampa. Se aprecian la plaza del Consejo y la gran iglesia negra, a su izquierda
La subida a pie lleva unos 45 minutos si la memoria no me falla, y se hace por un camino que no para de zigzaguear de principio a fin. El viaje en teleférico resulta sensiblemente más económico que un teleférico similar en España. Desde arriba, aparte de Brasov, se ven los Cárpatos más cercanos, que todavía tenían nieve a mediados de abril.

Más modesta es la vista que tenemos si subimos a la ciudadela, ubicada en una colina junto al ensanche de la ciudad, a poca distancia del centro (se llega rápidamente a pie, apenas a 15 minutos de la plaza Stafalui), aunque si os sobra tiempo en la ciudad es una buena forma de emplearlo.

CÓMO LLEGAR


Brasov se encuentra en el extremo sureste de Transilvania, pero al mismo tiempo en su posición bastante centrada de Rumanía. El encontrarse en línea recta hacia el norte desde Bucarest y con un buen puerto por el que penetrar en los Cárpatos desde la capital rumana hacen que Brasov sea un importante nudo de comunicaciones tanto ferroviario como de transporte por carretera. Un tren cada hora y media la comunica con Bucarest, de la que dista poco más de 160 kms.

La puerta más pintoresca de la muralla de Brasov, que separa el centro sajón del barrio de Schei, de más modesta arquitectura rumana

jueves, 27 de marzo de 2014

Joyas maragatas: ASTORGA y CASTRILLO DE LOS POLVAZARES

Hace tiempo ya que quiero escribir de la que es seguramente la excursión con mejor "calidad/precio" desde León pero siempre acabo escribiendo sobre otro sitio... pero ya está, aquí está mi entrada dedicada a Astorga y el pueblecito más hermoso de la comarca: Castrillo de los Polvazares.

Palacio episcopal de Astorga, obra de Gaudí
La Maragatería es una comarca del centro de la provincia de León. Su capital, Astorga, se encuentra en el extremo este de la comarca, y es el único núcleo medianamente urbano de una comarca con un marcado carácter rural; bueno, todo lo urbana que pueda considerarse una población con algo más de 12.000 habitantes... que aun así bastan para agrupar al 75-80% de la población de la comarca.
Astorga se ubica a medio camino de las dos grandes ciudades de la provincia, a unos 47 kms. al oeste de León y a algo menos de 60 kms. de Ponferrada hacia el este, sirviendo de unión a ambas, ya que es un punto de conexión importante entre la vía que sigue el camino de Santiago (N-120, Logroño-Burgos-León-Astorga) y la A-6 (Madrid - la Coruña). A pesar de su reducido tamaño es una población muy importante a nivel histórico no solo en la provincia, sino en todo el país, debido a su pasado bimilenario, que nos indica que fue una de las principales poblaciones del imperio romano en la península, que es sede episcopal desde tiempos remotos y que por estos y otros motivos aglutina un conjunto monumental muy grande para el tamaño actual de la población. De hecho, para mí es sin lugar a dudas la población más interesante de la provincia solamente tras la propia capital. Si a eso juntamos el encanto de Castrillo y las posibilidades gastronómicas, desde luego que estamos ante un buen plan para una excursión de un día si se está cerca, y combinado con León capital o con el Bierzo, un lugar perfecto para un fin de semana o incluso un puente.

HISTORIA


Astorga presume de haber nacido antes del comienzo de nuestra era, y esto se debe a que fue fundada por los romanos poco antes del nacimiento de Cristo. Primero fue campamento romano, como León, hasta convertirse en ciudad, siendo una de las más importantes del noroeste peninsular, junto con las actuales Lugo, Braga (Portugal) o la propia León. Su nombre, "Asturica Augusta", se debe a la relativa cercanía a uno de los pueblos de la península ibérica más rebeldes frente a Roma: los astures. Por lo que etimológicamente Astorga y Asturias tienen un pasado común, aunque la primera no pertenezca a la segunda, sino a la provincia de León.

Tal fue la importancia de Asturica Augusta que la Vía de la Plata nació como la vía que la unía con Emérita Augusta (actual Mérida), camino que sigue vertebrando el oeste español todavía hoy, aunque no exento de polémica; del tradicional camino entre Astorga y Mérida de la época romana se ha pasado a denominar Ruta de la Plata una evolución de la anterior, que une Sevilla, o incluso Cádiz, por el sur, con Gijón por el norte, ruta que yendo por su camino más recto no pasa por Astorga, algo que molesta a los astorganos ya que se ha dejado de lado a una de las dos poblaciones referencia del trazado romano, y se ha extendido "artificialmente" a Andalucía y Asturias, ajenas al mismo.

Vista parcial de la fachada de la catedral de Astorga
Se cree que Astorga ha sido sede episcopal al menos desde el siglo III de nuestra era, siendo esa época una de las de mayor prosperidad de la ciudad, principalmente debido a que era la población a la que llegaba el oro extraido del (relativamente) cercano yacimiento de las Médulas, en el Bierzo, del que ya hablé en una entrada anterior. Y el hecho de ser sede episcopal le ha otorgado a la ciudad los que son sus dos edificios más vistosos, la catedral y el palacio episcopal, aunque sus fechas de construcción son muy posteriores, como es natural...

Con la Edad Media, Astorga irá perdiendo protagonismo frente a la vecina ciudad de León. Bajo el reino leonés, no obstante, siguió teniendo una cierta importancia ya que temporalmente, y por causas como alguna revuelta mora en León, se tiene documentado el traslado de la capitalidad a Astorga durante pequeños periodos de tiempo. También en esta época se fue asentando el camino de Santiago, en el que Astorga siempre ha sido una de las plazas de mayor importancia, contando siempre con numerosos hospitales de peregrinos.

Ya en época más moderna, Astorga vivió momentos convulsos durante la ocupación francesa, siendo de las primeras poblaciones en levantarse en armas contra el ejército de Napoleón. Algo más tarde la pujanza de la industria alimentaria y la llegada del ferrocarril y las autovías han consolidado a una población que sin embargo nunca ha vuelto a vivir el esplendor de la época romana. A día de hoy, el turismo también reporta unos jugosos ingresos a la población, que recibe visitantes por su importancia cultural, histórica y gastronómica.

¿QUÉ VER EN ASTORGA?


El primer reclamo puede ser el romano. Pero por desgracia a mi juicio éste no es el punto fuerte de Astorga, y diré por qué. Mientras que en otros sitios como Tarragona, Lugo o no hablemos ya de Mérida, los edificios romanos que han llegado hasta nuestros días son grandes, muy bien conservados e imponentes, de Astorga por desgracia no nos llevamos la misma impresión. Y no es que se haya borrado de la faz de la tierra la huella romana de Astorga, sino que se ha conservado solamente lo menos vistoso: termas, cloacas (todavía en uso) o una cárcel, todo visitable, eso sí, contactando con la oficina de turismo. Del foro apenas se conservan vestigios, y como complemento a esto tenemos algún mosaico como el del oso y los pájaros, ubicado en una de las zonas termales conservadas.

Los maragatos marcan las horas... detalle de la fachada del ayuntamiento de Astorga
Pero la falta de vistosidad de los restos romanos se ve claramente compensada con otros alicientes; empezando por su catedral, que si bien no es tan famosa como la de León, impresiona por tamaño y factura. Cuenta con rasgos de varios estilos como el gótico o el barroco, y con piedra de varios colores (me imagino que por ser de épocas distintas de construcción o incluso de varias canteras distintas) rojizo, marrón, crema... y representa el poder de esta sede episcopal, poco conocida aun siendo una de las más antiguas de todo el país, así como nada despreciable en cuanto a tamaño. Aparte de toda la mitad oeste de León, abarca buena parte del norte de la provincia de Zamora y el este de la de Orense.

No nos alejamos mucho de la catedral para ir al otro edificio episcopal, situado en la misma plaza, que es el palacio episcopal. Que hoy ese palacio sea un edificio modernista obra de un archiconocido arquitecto catalán llamado Antoni Gaudí, es todo un azar del destino... resulta que en 1889 es obispo de Astorga un paisano y amigo de Gaudí, de Reus (Tarragona) como él, y decide encargarle la construcción de un nuevo palacio tras la destrucción del anterior a causa de un incendio. Las obras comenzaron y solo 4 años más tarde, en 1893, el obispo Grau falleció, por lo que Gaudí perdió su mayor motivación para hacer el palacio a lo que hubo que sumar sus desacuerdos con el cabildo... desacuerdos económicos y también de concepto, ya que Gaudí quería construir un edificio demasiado grande y ostentoso para el gusto conservador astorgano. Tras un parón que se alargó durante años, de 1907 a 1915 otro arquitecto cogió el testigo y finalizó la obra. Este último arquitecto siguió en general el diseño dejado por Gaudí, aunque eliminando elementos de tal forma que resulta algo más austero que lo que Gaudí ideó.
Como curiosidad, decir que nunca se llegó a utilizar como palacio episcopal en sí, es decir, como residencia del obispo, y por iniciativa de otro obispo, fue convertido en 1956 en lo que es hoy: el museo de los caminos. Un interesante museo que, además de permitir ver la obra de Gaudí por dentro, enseña objetos para mostrar la relevancia de Astorga como cruce de caminos, de tal importancia como el camino de Santiago o la vía de la plata. Se trata de uno de los tres únicos edificios de Gaudí ubicados fuera de Cataluña, junto a la casa Botines de León y el Capricho de Comillas (Cantabria).

Las murallas de Astorga no se conservan completas, pero sí en un porcentaje digno de mención, y sus alrededores han sido embellecidos de tal modo que bien merece la pena tenerlas en cuenta durante nuestra visita. Concretamente en el parque Melgar se puede sacar la que es una de las fotos más típicas de Astorga, con el parque y la muralla en primer plano tapando parcialmente el palacio episcopal y la catedral, ubicados por detrás. En total se conservan algo más de 2 kilómetros de muralla que circunvalan buena parte del casco antiguo y que están ahí desde época romana, aunque muy transformados a posteriori, especialmente en el medievo.

Vista nocturna del palacio episcopal, sede del museo de los caminos

Otro espacio de la ciudad interesante es la plaza mayor, un armónico conjunto de edificios presidido por un ayuntamiento muy similar al de otras poblaciones leonesas como Ponferrada o León (en esta última ha habido hasta tres ayuntamientos; me refiero al de la plaza mayor). En él dos muñecos vestidos con el traje típico maragato marcan las horas golpeando con un mazo la campana que se ubica en la parte alta de la espadaña.

MUSEOS


Acabo la visita cultural citando alguno de los museos astorganos, aparte del citado museo de los caminos del palacio episcopal, claro está. El primero que me viene a la cabeza ha de ser obligatoriamente el museo del chocolate, producto muy ligado a Astorga, que se sigue produciendo en la ciudad y que se sigue vendiendo de todos los tipos y maneras, incluyendo de colores fosforitos como el visitante podrá ver en algún escaparate. El museo del chocolate de Astorga muestra ese mundo que rodea al chocolate, desde su historia, su forma de fabricación o viejos utensilios tradicionales. Al final se puede degustar y comprar el chocolate astorgano en el mismo museo.

Otro museo que tiene buena pinta (pero que no conozco, seré honesto) es el museo romano, ubicado en otro edificio "poco vistoso", como dije arriba, pero de gran valor histórico: la "Ergástula", que se cree que fue una cárcel de la época romana. Entre muchos otros objetos romanos, en el museo destacan las "pinturas pompeyanas".

GASTRONOMÍA


Mencionado ya el chocolate, Astorga tiene unos cuantos motivos más para merecerse un sitio destacado en la gastronomía leonesa e incluso nacional. Podemos empezar por sus mantecadas, una especie de magdalenas especialmente típicas allí y conocidas en todo el país; se puede continuar con los hojaldres, bien llenos de miel y que marcas como "Alonso" comercializan en la zona (marca que por cierto tiene todo un imperio en la provincia en forma de numerosos bares-chocolatería).

Aunque el gusto salado no se queda atrás, ubicándose en Astorga el centro que acoge a la IGP "Cecina de León", sabroso embutido ahumado hecho con carne de vaca y de aspecto parecido al jamón, que se hace en toda la provincia, especialmente en las zonas montañosas del norte. Pero es otro producto el que provoca que haya gente que haga centenares de kilómetros para ir a Astorga... el cocido maragato. Un cocido hecho con los mejores embutidos y legumbres de la zona, con la peculiaridad de que se come al revés que el resto de los cocidos: se empieza por el plato fuerte, la carne, se pasa luego a los garbanzos con berza y se acaba con la sopa. ¿Y por qué? Pues está extendida la leyenda que dice que se debía a la guerra de la independencia... que para luchar contra los franceses se comía primero la carne por si no daba tiempo a comerlo todo habiendo que salir corriendo a batallar... pero parece que la verdadera razón hay que encontrarla más allá, en los arrieros, profesión muy extendida en la zona antiguamente. Como llevaban la carne cocida fresca en sus zurrones, se la comían primero y acababan con una sopa calentita, ya en una posada, para entonar los estómagos con el calor. Más detalles aquí.

CASTRILLO DE LOS POLVAZARES


No me cabe duda de que Astorga no le habrá sabido a poco a nadie, pero es que además, por si no fuera suficiente, agrupa en su municipio uno de los pueblos más bonitos de la provincia. A solo 6 kms. del centro de Astorga, por una carreterita local, pero en cierto modo a años luz arquitectónicamente, se ubica Castrillo de los Polvazares. Este pueblo, genuinamente "caminero" (se hace notar en su estructura el estar atravesado por el camino de Santiago), muestra un encantador color anaranjado, color de la piedra usada en las casas, típica de la arquitectura rural maragata. Y también del empedrado, no apto para mujeres con tacones, aunque en el caso de este último estemos ante algo reciente, apenas de los años 50 del siglo XX. Eternamente anclado en la edad media, Castrillo también se ha hecho un hueco gastronómico y numerosos restaurantes del pueblo ofrecen el ya mencionado cocido maragato.

Una vista del delicioso pueblo de Castrillo de los Polvazares

Recorrerlo apenas os llevará una hora, porque el tamaño de Castrillo es realmente reducido, pero será una hora encontrando rincones preciosos en un pueblo con el que aprovecho para cerrar este capítulo dedicado a la Maragatería, la comarca del corazón de la provincia de León.

domingo, 9 de marzo de 2014

La ciudad imperial amable: MEKNÉS

De las cuatro ciudades imperiales marroquíes, Meknès es la de menor tamaño y la que menos tiempo ha sido capital del territorio que hoy es Marruecos. De hecho, su cercanía a Fez provocó que se viera eclipsada y viviera siempre a la sombra de la considerada capital cultural de Marruecos.

Puerta de Bab el Mansour, símbolo de Meknés y probablemente la más hermosa de todo Marruecos
Sin embargo, a Meknès (que algunos traducen como "Mequínez" al español, aunque su uso es limitado y a mí me suena feo) a día de hoy le viene bien la cercanía a Fez (65 kms.). Y es que Meknés, la quinta ciudad más grande de Marruecos, carece de un aeropuerto comercial fácilmente accesible, pero eso se ve compensado con las buenas comunicaciones que tiene tanto por tren como por autopista con Fez al este y con Rabat y Casablanca al oeste, e incluso con Tánger al norte, también accesible por ferrocarril.
Estas posibilidades han hecho que empiece a despegar el turismo en esta interesantísima ciudad, pero de forma más "llevadera" que en Fez o Marrakech. Aquí no hace falta que estéis alerta para evitar que os engañen sus habitantes, ni tampoco merece la pena tener miedo a perderse por la medina o siquiera plantearse el contratar un guía; Meknés tiene el encanto de una ciudad marroquí, con la puerta más bonita del país, bonitos minaretes o una plaza que nos recordará a la Djemaa el Fna... pero sin los inconvenientes que puedan azotar a Fez o Marrakech. Todo un lujo, más desconocido, que recomiendo a todo el que se plantee visitar a nuestros vecinos del sur.

HISTORIA


Meknés, como ya he dicho, pasó buena parte de su historia a la sombra de Fez, como una capital de provincias de tamaño medio, pero lejos de la importancia de su vecina. Pero todo eso cambió de la noche a la mañana, cuando Moulay Ismail trasladó la capital de su imperio a Meknés en 1675, poco después de comenzar su sultanado (en 1672), para evitar las frecuentes revueltas que siempre ha sufrido la vecina ciudad de Fez. Ismail, que falleció en 1727, es probablemente el sultán más importante históricamente de la dinastía alauita (que reina todavía hoy en el país), y el único que gobernó el país desde Meknés. Los más de 50 años que reinó desde esta ciudad fueron sin duda los de mayor gloria de la misma, con la construcción de una inmensa ciudad imperial que él mismo quiso convertir en una especie de Versalles marroquí, con 40 kilómetros de murallas, puertas monumentales y palacios dignos de la especie de gran rey absolutista que era, buen amigo de su homólogo y coetáneo francés Luis XIV. Cruel y sanguinario, Ismaíl supo mantener a los otomanos fuera de Marruecos, y conquistó algunas plazas europeas en el norte de África, como Tánger (inglesa), Larache o Asilah (españolas); algunas fuentes calculan que en su harén había más de 500 mujeres y que tuvo más de 1000 hijos. Todas estas cifras reflejan las dimensiones y la personalidad grandilocuente de este soberano, y la ciudad imperial de Meknés es el reflejo de la que él quiso que fuera su capital.

Mausoleo de Mulay Ismail, con un interior ricamente decorado
A la muerte de Ismaíl Meknés no pudo retener la capitalidad, por lo que siguió una época de cierta decadencia, mitigada más tarde con la llegada de las comunicaciones que cité anteriormente. No obstante Meknés hoy ha sabido retener parte de la gloria de esos efímeros 52 años y hoy se muestra ante nosotros como una orgullosa capital imperial que nada tiene que envidiar a las otras tres, todas de mayor tamaño y fama: Marrakech, Fez y Rabat.


QUÉ VER EN MEKNÉS


En Meknés veremos una ciudad que representa el ideal de ciudad marroquí de un hombre, el citado Mulay Ismail, y de una época, los siglos XVII y XVIII. Hay edificios destacables de otras épocas, pero en número y en importancia el protagonismo se lo llevan sobre todo los construidos con Ismail. Esto es algo que le diferencia de Marrakech o de Fez, donde la importancia de ambas ciudades a lo largo de los siglos hace que más épocas se vean representadas en su arte.

El icono de la ciudad es sin lugar a dudas la puerta de Bab el Mansour, que además de ser la puerta más hermosa de la muralla de Meknés es la más bonita de Marruecos y, posiblemente, el monumento más destacable de todos los que mandó construir Moulay Ismail. Esta puerta, acabada en 1732 (por tanto no vista en vida por quien la mandó construir), y de una monumentalidad indiscutible, curiosamente no tiene mucha función como puerta actualmente, ya que no permite el paso de tráfico de vehículos y apenas el de personas, que sí pasan junto a ella. La calle a la que da la puerta es la que separa (o une) la medina con la ciudad imperial.

Plaza el Hedime, con la puerta de al Mansour al fondo
De hecho, no hace falta ni separarse de la puerta para ver la plaza que actúa de lugar de reunión en la ciudad, una especie de versión encogida de la marrakechí Djemaa El Fna en Meknés. La plaza El Hedime (que significa "plaza de las ruinas") acoge también a comerciantes, contadores de cuentos y todo tipo de gente de lo más extravagante para el viajero occidental, aparte de una nutrida oferta de restaurantes con terrazas a pie de plaza o en las azoteas de los edificios. Si bien no tiene tanta vida ni es tan grande como la de Marrakech, sí tiene más coherencia que su hermana mayor, con una forma rectangular y edificios más homógeneos a su alrededor. Su estructura también sirve para vertebrar y unir la ciudad imperial con la medina, el zoco semicubierto de artesanos y de ropa de sus lados norte y este con un no menos animado mercado cubierto de comida en su lado oeste, sin olvidar la citada puerta Bab el Mansour. Pasar por esta plaza a cualquier hora del día nos permitirá ver distintos ambientes y es más que recomendable. Como pasa en Marrakech, lo que ocurre en esa plaza en buena medida poco tiene que ver con el turismo; es más bien una representación cultural de Marruecos, y la disfrutan tanto los turistas como los habitantes de Meknés.


LA MEDINA


Una vez presentados los iconos, tan cercanos entre sí como que pertenecen el uno al otro, de la ciudad imperial y de la medina, conviene abordar ambos por separado.

Callejuela típica de la medina de Meknés, con un característico color crema
Sin salir de la plaza, es altamente recomendable el museo Dar Jamai. Como me pasa con otros museos de ciudades como Marrakech o Fez, mi sensación en ese museo fue la de que valía más la pena por el edificio por dentro que por el contenido expuesto. Las salas construidas y decoradas al estilo marroquí son magníficas, llevándose la palma un salón en el que no falta detalle. El pequeño patio es de estilo andalusí y en él me llamaron la atención los detalles de las puertas y la fuente. El precio, como siempre, popular (10 dirhams si no recuerdo mal, esto es, poco menos de 1€)

El-Hedime se puede considerar ya parte de la medina, aunque para sentirnos en una medina marroquí deberemos dejar la plaza. Cualquiera de las pequeñas calles que se dirigen hacia el este y especialmente las del norte de la plaza (justo donde está la entrada al museo por el que acabamos de pasar) nos meterán de lleno en el zoco, lleno de estrechas calles donde en un aparente caos se venden todo tipo de productos. Y digo aparente porque, como pasa en el resto de Marruecos, hay un orden estricto y los vendedores se agrupan en gremios y se han de poner en un lugar concreto...

Una de las salas del museo Dar Jamaï
Como ya dije más arriba la medina de Meknés tiene el tamaño ideal; no es ni tan minúscula como para salirse en cuanto demos cuatro pasos, ni tan grande como para perderse. Si la medina de Marrakech tiene el color rojo como emblema, y en Fez reinan el gris del cemento, el blanco de la cal y el verde del islam, representado en sus edificios religiosos, en Meknés los edificios suelen tener un color crema anaranjado que es el que preside ya la plaza el Hedime. Tendremos que movernos entre calles así para alcanzar los edificios más destacados de la medina, que son la gran mezquita de Meknés y la madraza o medersa Bou Inania, junto a ella. La primera será casi imperceptible a nuestros ojos, excepto por una trabajada puerta de acceso que, cuando la veamos, no nos dejará indiferente. Como en la mayoría de mezquitas marroquíes tenemos prohibida la entrada los no musulmanes.
Sí podemos entrar a la madraza (escuela coránica) a cambio, y debemos hacerlo, puesto que será el mejor edificio que veremos en Meknés ajeno a Mulay Ismail, y una de las más hermosas escuelas coránicas del país. Esta madraza, del s.XIV, nada tiene que envidiar a sus homólogas de Marrakech y Fez, y por apenas 20 dirhams nos mostrará cómo eran estas escuelas. Aparte de visitar el precioso patio central, y las minúsculas habitaciones de los estudiantes, tenemos la posibilidad de subir a la azotea para disfrutar de las vistas que tendremos del minarete de la gran mezquita y de otros minaretes diseminados por la medina. Escuchar el canto del moecín desde ahí es estremecedor.

Madraza Bou Inania, la joya de Meknés previa a Mulay Ismail
Aparte de para ver el ajetreo diario de Meknés, sin que nadie moleste al turista como pasa en Fez, la medina no tiene muchísimos más edificios de primer orden turístico. Puede ser una buena idea desplazarse a pie hasta su extremo norte, donde se ubica una puerta vistosa (Bab Berdaine), junto a la cual tenemos la mezquita Berdaine, del s. XVIII y protagonista de un derrumbamiento en 2010 que segó la vida de 41 personas (un servidor no ha tenido noticia de esta tragedia hasta que ha empezado a redactar este escrito). El minarete que se cayó hoy está totalmente reconstruido a semejanza del anterior.
Saliendo por la puerta nos encontraremos con un gran cementerio donde, aparte de reinar más las malas hierbas de lo que un occidental está acostumbrado a ver en un camposanto, tiene un mausoleo de un líder religioso importante para el islam, Sidi Ben Aïssa.

LA CIUDAD IMPERIAL


Dejamos la medina para ahora pasar a conocer la ciudad imperial de Meknès. En este conjunto, de grandes dimensiones, en ocasiones puede ser necesario la ayuda de un taxi, especialmente para desplazarse hasta los lugares más lejanos (estanque de Agdal y los graneros y caballerizas que tiene al lado). Hay que regatear el precio antes de usar un taxi porque si bien muchos taxistas llevan taxímetro o piden cantidades justas por el desplazamiento (muy barato para un europeo) también los hay que se pueden aprovechar...

Estanque Agdal
Pero comencemos por la parte más cercana a la medina. Podemos entrar a la ciudad imperial por la famosa Bab El Mansour si está abierta o por otra cercana puerta algo más al este. Nos encontraremos con una inmensa plaza, con puertas decoradas, y calesas pensadas para el turista. En la parte más occidental tenemos una calle por la que podemos llegar a otra gran plaza, presidida por una explanada bajo la que se encuentra una cárcel (prisión de Cara) y el pabellón en el que el sultán recibía a los mandatarios extranjeros: Al Koubat Khayatine. El que estén pegando la cárcel y este pabellón no sé si quiere expresar algo... ambos son visitables por 10 dirhams aunque a mi juicio es una visita prescindible.

Una puerta monumental aunque de firma más moderna que las anteriores, nos acerca de inmediato al mausoleo de Mulay Ismail. Aunque otros mausoleos del estilo están vetados a los no musulmanes, en este caso somos libres de entrar, y además lo haremos gratuitamente. Esto es una buena noticia, ya que es uno de los lugares más destacables de Meknés. El crema anaranjado de Meknés aquí deja paso a un amarillo que comparte protagonismo con los azulejos que presiden todo edificio histórico marroquí. Tras pasar varios patios vacíos llegamos a las salas cubiertas que protagonizan el conjunto. Aquí habrá que descalzarse y conformarse con una de las salas ya que el lugar en el que reposan los restos del sultán es accesible solo a nuestras miradas. Curiosamente, el mausoleo fue construido a principios del s. XVIII por lo que el sultán pudo ver el edificio en el que descansaría su cuerpo una vez muriera décadas antes de fallecer. Se pueden sacar las fotos que queramos en los patios y salas pero está prohibido hacer vídeos. Se requiere vestir de forma correcta para la moralidad musulmana (sin ser necesario el velo para las mujeres).

Detalle del mausoleo de Mulay Ismail
Tras esto, podemos recorrer la ciudad imperial a pie, aunque puede resultar un tanto monótono hacerlo por largas avenidas rodeadas por murallas en las que veremos alguna puerta monumental que, además, en algunos casos no podremos ni fotografiar... se trata del palacio real, que es el mismo que usó Mulay Ismail y que todavía hoy sigue usando el rey de Marruecos cuando visita la ciudad. No obstante, aunque el primero se hiciera llamar "sultán" y ahora se les llame reyes, no dejan de ser de la misma dinastía... como curiosidad, entre las recias murallas podemos encontrar un campo de golf, con unos olivos en los que unos campesinos estaban recogiendo la aceituna cuando yo estuve por allí; o llegar hasta el estanque Agdal, tras unos 20-30 minutos a pie, un lugar de esparcimiento para los habitantes de Meknés, que además, sin querer, descubrimos que es un bonito lugar para disfrutar de una puesta de sol. Este estanque fue mandado construir por Ismail para regar los jardines de la ciudad imperial. Junto a él se encuentra un inmenso edificio medio en ruinas que fue utilizado como granero y caballeriza. El precio de la entrada es popular, como siempre (10 dirhams) pero a mí, personalmente, no me aportó gran cosa su visita.

Como estuvimos dos días completos en la ciudad, y quizá con uno y medio, incluso con solo uno, sea suficiente para disfrutar de los mayores encantos de Meknés, tuvimos tiempo para disfrutar de otros lugares menos turísticos. Disfrutar de una puesta de sol en la parte de la ciudad nueva que está justo tras el río que la separa de la medina fue uno de esos pequeños placeres que uno se puede permitir cuando le sobra tiempo.

Atardecer con vistas a la medina de Meknés

¿DÓNDE DORMIR?


Meknés, como otras ciudades históricas de Marruecos, permite la experiencia de dormir en un riad. Riad significa "jardín" y también designa a las casas tradicionales de las medinas marroquíes, muchas utilizadas hoy para alojar turistas, y que son otro encanto más del país en sí mismo. En este caso nosotros escogimos uno precioso, y pudimos incluso dormir en su habitación más grande y lujosa por un precio que sigue siendo muy competitivo (40€ la noche, habitación doble). La ubicación era excelente, apenas a a 2-3 minutos de la plaza el Hedime, y de Bab el Mansour, en una calle de la medina, fácil de encontrar. Si a eso sumamos la amabilidad de todos sus empleados, no me queda otra más que recomendarlo plenamente. Se llama Riad Hiba.

Para los que prefieran un hotel más occidental, los encontrarán en la ciudad nueva.

COMO LLEGAR


Meknés se encuentra en el eje oeste-este principal del país, que la une con Casablanca y Rabat al oeste, y con Fez (solo 30-40 minutos de tren), Taza y Oujda al este. Ese eje es el que siguen tanto la autopista como la vía de tren. Por el norte, desde Meknés se llega en tren a Tánger.

Nuestra habitación del Riad Hiba