jueves, 3 de diciembre de 2015

Hay arte en el CINTURÓN METROPOLITANO de BARCELONA (II): parte sur

Tras una primera entrada dedicada a las poblaciones más interesantes del área metropolitana de Barcelona al norte de la capital, aquí tenéis esta otra dedicada a las poblaciones del sur:

Bodega Güell (Celler Güell en catalán), el desconocido edificio que Gaudí construyó en el pequeño pueblo de Garraf, es hoy un restaurante


SANTA COLOMA DE CERVELLÓ



Junto a Barcelona capital, pero fuera de ella, hay sitio incluso para un lugar patrimonio de la humanidad, como es la cripta de la colonia Güell, desconocida obra de Antoni Gaudí.

La colonia Güell fue una colonia obrera industrial, que de algún modo sigue activa hoy como atracción turística. El empresario Eusebi Güell, el mayor mecenas que nunca tuviera Gaudí, quiso construir algo así como "una ciudad industrial ideal", en la que las viviendas de los obreros estuvieran integradas en el conjunto junto a los talleres, así como otros edificios adyacentes como la citada cripta, que hace las veces de iglesia. Este edificio, sin duda el más destacable del conjunto, fue ideado como algo mucho más ambicioso, pero finalmente solo se realizó la cripta, ya de por sí una obra maestra por sus sinuosas líneas y sus llamativas vidrieras.

Cripta de la colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló
Para Gaudí, así como para los que desean estudiar su evolución, éste es un lugar destacado porque es el preámbulo de otras obras suyas posteriores, tales como la Sagrada Familia.

La colonia Güell tiene su propia parada en las línea S8, que va de la plaza de España barcelonesa a Martorell (también pasan por allí las líneas S4 y S33). No obstante, al estar esta en zona 2 de la TMB, yo recomiendo bajarse en la parada anterior (Molí Nou - Ciutat Cooperativa), porque es de la zona 1 y porque a ella llegan más trenes, y hacer el resto a pie, que es cosa de 10 minutos.


GARRAF



Este pueblecito, que administrativamente pertenece a Sitges, está ubicado en una pequeña tregua que se dan el mar y el macizo montañoso del Garraf (que cae a plomo sobre el Mediterráneo durante casi todo el viaje entre Castelldefels y Sitges), y guarda uno de los edificios más desconocidos de Gaudí, el celler Güell (bodega Güell) hoy convertido en restaurante. Además, aquí se ubica también una de las playas urbanas más "coquetas" de los alrededores de Barcelona, con las pintorescas casetas de pescadores blancas y verdes en primera plana de un telón de fondo dominado por las montañas.

La playa de Garraf durante el verano, con las pintorescas casetas de pescadores, blancas y verdes
Garraf es la única población ubicada entre Castelldefels y Sitges, y tiene su propia parada en la línea de tren R2-sur desde Barcelona, estando en zona 2 de la red integrada de TMB y zona 3 de los trenes de cercanías (Rodalies). Para llegar hasta ella hay que sufrir casi la mitad del trazado de las curvas del Garraf, ya que la autopista de peaje que va hasta Sitges no tiene salida para el pueblo.


SITGES



La que probablemente sea la población costera más bonita de la mitad sur de Cataluña (excluyendo las capitales de provincia Tarragona y Barcelona, aunque en estos casos la belleza no está muy relacionada con el mar) está sorprendentemente solo a 35 kms. de Barcelona, aunque puede parecer mucho más lejos. El motivo es el bloque montañoso del Garraf, que la aleja de Barcelona y dificulta las comunicaciones con ella.

Sitges se ha hecho famosa en los últimos años por su conocida fama de población "gay-friendly", y de hecho la nutrida población homosexual se hace evidente al pasear por ella, haciendo que sea una especie de "Chueca de Cataluña". Además, el festival de cine fantástico que se celebra a principios de otoño, uno de los carnavales más concurridos de la zona y el hecho de ser un referente del turismo de sol y playa acaban de justificar la buena reputación de esta población.

Museo Cau Ferrat, en Sitges
Al margen de sus agradables playas, o del paseo marítimo coronado por la iglesia principal de la ciudad, ubicada en un promontorio, a nivel cultural tiene tres rincones muy recomendables para la visita: el palau (palacio) Maricel, el museo del mismo nombre y el museo Cau Ferrat.

La visita al palacio, cuyos encantos apenas se pueden intuir desde el exterior, es guiada y solo se puede hacer los domingos durante la mayor parte del año; en verano se puede visitar otros días (+ info aquí). Los otros dos museos son casi como uno solo, ya que están ubicados en el mismo edificio. En los tres casos las lujosas y bien decoradas estancias hablan de la vida de Santiago Rusiñol y Charles Deering, sus distinguidos dueños. Salas con nombres como "salón de oro", "salón azul" o el vistoso claustro nos dejaron maravillados, con el encanto extra de estar ubicadas casi casi colgadas sobre el mar.

Línea costera de Sitges

Sitges, está bien comunicada con Barcelona, pero por desgracia llegar es muy caro para la poca distancia a la que se encuentra de la capital catalana. En tren está en zona 3 del área integrada de TMB y en la zona 4 de la red de cercanías de Barcelona, y se va desde Barcelona en la línea R2-sur. En coche, hay que aguantar la complicada carretera de las curvas del Garraf, con mucho tráfico de coches y ciclistas, o la cómoda pero carísima autopista de peaje, por la que se piden unos 7€ por solo 16 kms (sin duda uno de los peajes más caros de España).


VILANOVA I LA GELTRÚ



Tras pasar por Garraf y Sitges, la siguiente población importante es Vilanova i la Geltrú, que también merece una visita. En esta ocasión, quizá sus encantos no sean tan evidentes, ya que nuestra visita se centró en dos museos: el famoso museo del ferrocarril de Cataluña, y el quizá más desconocido museo Víctor Balaguer. Aunque no lo hemos visitado, las fotos que se pueden encontrar por internet nos dicen que Vilanova también puede presumir de un agradable paseo marítimo jalonado por palmeras.

Interior del museo Víctor Balaguer, que tenía maneras de ciudad bastante más grande
Sin desmerecer al primer y más famoso museo, la sorpresa nos la dio el segundo, ya que nos pareció una interesante y ecléctica colección de pintura y escultura de la que ni siquiera habíamos oído hablar antes de ir, y a la que entramos simplemente porque estaba enfrente del museo del ferrocarril y su edificio nos llamó la atención.

El museo del ferrocarril es una de las mejores colecciones de locomotoras y vagones de tren de España, y están representadas todas las épocas de nuestra historia ferroviaria. Hay que recordar que la primera línea de tren de la España actual fue la Barcelona-Mataró, inaugurada en 1848 (Cuba, por aquel entonces provincia española, construyó su primera línea unos años antes).

Para llegar a Vilanova i la Geltrú precisamente en tren hay que seguir la misma línea R2-sur que lleva hasta Garraf y Sitges, siendo la siguiente parada tras estas dos si vamos desde Barcelona. Está en zona 4 de ambas redes de transporte, la de TMB y la de cercanías de Renfe. Como dije para Sitges, en coche hay que soportar las curvas de la carretera convencional o el caro peaje de la autopista.

Dos de los ejemplares de trenes más modernos del museo del ferrocarril de Vilanova i la Geltrú

lunes, 30 de noviembre de 2015

Un volcán multicolor, azufre y trabajadores incansables: el IJEN

Tras hablar del Bromo, no podía dejar de hablar de la otra zona volcánica de Java Oriental que visitamos, la del Ijen, igualmente inolvidable. Y a pesar de ser volcanes en ambos casos, son zonas muy distintas. Si bien en el Bromo el color que predomina es un gris oscuro, en el Ijen las tonalidades son más vivas y alegres, protagonizadas por el verde de los bosques que rodean el volcán, el amarillo del azufre que éste emite y el azul turquesa del agua del cráter. Puede parecer pintoresco, diría incluso que lo es, pero al mismo tiempo es un pedacito de infierno en la tierra, y explicaré más tarde por qué.

La caldera del Ijen, en una pequeña tregua que nos dio el humo
Pero empecemos por el principio.


¿QUÉ ES EL VOLCÁN IJEN Y DÓNDE ESTÁ? OS AYUDO A LLEGAR.



El volcán Ijen, o "kawah Ijen" en el idioma local, es un volcán en el extremo oriental de la isla de Java (Indonesia), famoso por su belleza y por los trabajadores que sacan azufre de él. Se encuentra situado cerca del estrecho que separa Java de Bali, aproximadamente a poco más de una hora en autobús del puerto javanés para ir a Bali (Ketapang), a pesar de que la carretera tiene su tramo montañoso.

Para llegar hasta allí, lo más común es contratar los servicios de una agencia que ofrezca un paquete para ver el Ijen desde Bali o Yogya. El paquete más común (que nosotros cogimos) es el Yogya - Bromo - Ijen - Bali en 3 días y 2 noches, pero existen otros, por ejemplo volviendo a Yogya o empezando y acabando en Bali, o desde Surabaya... nuestro paquete nos costó poco menos de 100€ por persona, lo que es un precio estándar, e incluía las 2 noches de hotel con desayuno y los maratonianos traslados: Yogya - Bromo (en tren y en todoterreno), la visita al Bromo, Bromo-Ijen (en minibús), los traslados para ver el Ijen y luego el viaje Ijen - Ketapang más el barco; no incluía el traslado en Bali desde Gilimanuk hasta la zona turística de la isla (que son unos 130 kms. por los que pagamos 35€ entre los dos aproximadamente por un coche privado). Hay agencias que sí incluyen este desplazamiento, tenedlo en cuenta.

Un par de aventureros con sus mascarillas. La mía me quedaba pequeña (no están acostumbrados a mi tamaño) y me hacía un daño...
Una vez allí nos ofrecieron dos posibilidades: subir al amanecer (cita a las 4 de la madrugada) o poco después de la medianoche. La segunda opción permite ver el llamado "blue fire", una extraña reacción natural que se ve en el volcán, una luz azul que emite y que solo se puede ver con noche cerrada. Sobre el "blue fire" hay desde gente que lo encuentra fascinante a otros que les decepciona. Pero cansados de ya dormir solo 5 horas la víspera por ver el Bromo y por las 6 horas de viaje en bus, finalmente nosotros decidimos pasar del "blue fire". Decir que verlo es algo más caro que ir al amanecer, ya que hay que pagar un guía que es solo "optativo" si subes al amanecer.


VISITA AL IJEN



Se sale a las 4 de nuestro hotel (del que hablaré después) y uno cree que en apenas unos pocos minutos llegará al lugar desde el que empezar a subir, pero no; necesitamos unos 45 minutos en el minibús para llegar a su base. Las carreteras secundarias, a veces llenas de baches y el paisaje tropical pero de montaña tienen la culpa, aparte de una distancia que era mayor de lo esperado (estimo que sí que había 20-25 kms.). El bus nos dejó en el parking, y desde ahí hay que empezar a subir a pie.

Quizá sea que estamos acostumbrados a las rutas de media y alta montaña, pero no encontré que la ruta fuera tan difícil como comentan algunos viajeros, pero desde luego tampoco es "regalada". Hay que subir unos 400 metros de desnivel que nosotros recorrimos en 75 minutos aproximadamente, no sin parar de vez en cuando para recuperar el aliento. Justo al empezar la subida se nos "pegó" un local que decía trabajar llevando azufre (cuando nos enseñó sus músculos de la espalda nos quedó claro que lo hiciera aún o no desde luego que lo había hecho), con un inglés muy limitado pero una sonrisa perenne. Cuando estábamos a unos 10 minutos de la cresta del volcán nos dejó unas mascarillas que llevaba muy a mano y que agradecimos ya que el hedor empezaba a hacerse muy desagradable.

Una vez en la cresta te sacude la visión de ese paisaje extrañísimo, amarillo, gris, azul... y la nube fétida te llega de lleno. Puedes empezar a bajar por donde lo hacen los trabajadores del azufre, un camino deplorable en el que no es difícil tropezar y caer, que si para nosotros suponía un riesgo, imaginaos para la gente que sube con 80 kgs. de peso en sus espaldas. Y cuanto más bajas, más espectacular es la visión de la fumarolas, del azufre amarillo solidificado que generan, y más te haces a la idea de que estás en un pintoresco pedacito de infierno en la tierra.

Uno baja hasta donde quiere bajar. A pesar de la toxicidad del aire del lugar, y de haber letreros advirtiéndolo, mi sensación fue que podríamos haber bajado hasta el punto mismo en el que se saca el azufre. Ningún letrero nos prohibió continuar, y desde luego que nuestro guía no mostró reparos en llevarnos hasta las mismas bocas del infierno, por donde el azufre sale a altas temperaturas. Pero por desgracia no teníamos mucho tiempo, solo nos dejaron 2:30 h. en el Ijen (lo que es claramente insuficiente) y nos daba respeto bajar hasta casi el nivel del "agua", así que dimos marcha atrás.

Vista de la caldera del Ijen con lo que le ha hecho famoso: su azufre y su caldera de color turquesa
De vuelta a la cresta, nuestro guía se despidió de nosotros, pidiéndonos las mascarillas y la propina. Yo pensaba darle 100.000 rp (unos 6,5€) pero cuando iba a sacar el billete de 100.000 casi me sacó de la cartera junto a él un segundo billete de 50.000 rp (lo cual sumaba casi 10€). Me quedé paralizado con su descaro, pero no reaccioné. Casi 2h. de compañía no solicitada (aunque reconozco que nos facilitó la vida) por 10€, que es lo que más o menos consiguen en un día completo cargando azufre, lo cual significa unos 4 viajes. No me extraña que cada vez más trabajadores abandonen la rutina de la carga del mineral por un turismo cada vez más numeroso y que sin duda les permite sacar más dinero con menos esfuerzo.

Caminamos unos minutos por la cresta, pero el reloj no nos daba para más. Una lástima, ya que en el punto en el que estábamos, el humo se dirigía a nosotros y las fotos son, por tanto, mejorables. Caminar 15 min. por la cresta nos habría valido para evitar el humo en las fotos y sacar de forma más nítida el fabuloso azul turquesa del lago, tan bonito como letal: en 2008, el científico canadiense George Kourounis midió su pH y dio como resultado un 0,5, algo similar al ácido de una batería de coche. Vamos, que parece agua pero en buena medida debe ser ácido sulfúrico. El intrépido investigador incluso se atrevió a navegar en canoa por el lago y a mostrar el poder de acidez del líquido sumergiendo una lata de refresco en él, que se empezó a disolver al instante. Tenéis más fotos de su experiencia aquí.


LOS TRABAJADORES DEL IJEN



Sin lugar a dudas, estos superhombres de pequeño tamaño, son otro de los motivos por los que merece la pena visitar el Ijen. Se mueven a diario en uno de los lugares de trabajo más hostiles del mundo, no llevan apenas protección frente a la toxicidad del humo que inhalan (un pañuelo húmedo que se ponen en la cara, o ni eso), y que se les solidifica en el pelo, y llevan por un camino de cabras un peso a sus espaldas que supera con creces su peso corporal. La media de peso que llevan anda en torno a los 80 kgs. y teniendo en cuenta que medían de media 1,55-65 m. aproximadamente y que estaban delgados estimo que no llegaran a los 70 kilos. Toda una especie de "sherpas" a la javanesa.

El interesante reportaje que hizo Jon Sistiaga en la zona (aunque sensacionalista en exceso) mostraba la adaptación que el ser humano hace a ese trabajo. Estos mineros desarrollan al extremo el músculo trapecio, en la parte superior de la espalda, para hacerse inmune al esfuerzo de transportar sobre él 80 kgs. de peso. Incluso se les desarrolla un pequeño canal por el que pasan la vara de madera que une los dos canastos en los que llevan el azufre. El crujido de la tabla que une los canastos era peculiar y claro, les seguía allá donde iban, como si fueran gatos atados a un cascabel.

Un servidor con nuestro guía (derecha) y el primer trabajador cargado que nos cruzamos (centro). Yo soy grande (mido 1,90) pero prometo que ese obrero no llegaba a 1,60. Pero iba aparentemente sobrado como para dedicarnos una foto y unos segundos de su tiempo
A pesar de la dureza de su trabajo, se producen dos situaciones paradójicas: la primera es que aunque el sueldo es miserable, 300€ al mes por sacar un azufre que llegará a Occidente costando 15 veces lo que pagaron a los mineros por él, este sueldo es muy superior al sueldo medio en esa zona del mundo (que estimo que puede ser de la mitad de dinero), por lo que hay gente que teniendo otro trabajo lo deja por hacerse minero.
La segunda situación paradójica es que uno podria pensar que el humo inhalado a la larga acorta la vida de estos intrépidos currantes. Y eso dicen muchas de las webs que he visto; sin embargo, un estudio reciente decía que la salud de los trabajadores es mejor de lo que cabría pensar, y que incluso su esperanza de vida es superior a la del indonesio medio. ¿Por qué? Parece que el esfuerzo físico que hacen a diario les mantiene en forma y eso compensa la toxicidad de los gases que respiran a diario. Ni que decir tiene que muchos indonesios llevan una vida tan sedentaria como la que podamos tener aquí en Occidente, y diría que es uno de los países más fumadores del mundo; la mayoría de hombres fuma, que no las mujeres (pasa como en España hace 60 años). No me atrevería decir qué humo es más tóxico, si el del tabaco o el del volcán, aunque algunos mineros prefieren no elegir y hacen su trabajo con el pitillo en la boca.

Como curiosidad, en la propia caseta en la que se pesa el azufre y se paga a los trabajadores por él, se venden figuritas, con motivos infantiles, hechas con el azufre extraído, por apenas 1€. Nosotros nos trajimos un par de ellas que ahora decoran el salón. Jamás pensé que el azufre pudiera tener usos decorativos :)


DÓNDE ALOJARSE



Como pasaba en la entrada referida al Bromo, al llegar con una agencia no pudimos elegir el alojamiento. Nuestro hotel asignado era el Arabica homestay, y nuestra experiencia fue tan mala como la de otros viajeros en ese hotel. Lo peor de todo es que les da igual; no tienen apenas competencia y las críticas negativas que se acumulan en internet no les preocupan demasiado. Quizá si algún emprendedor se atreviera a ofrecer algo mejor por el mismo precio en esa zona...

No vimos el lugar de día, así que no pudimos juzgar uno de los pocos puntos positivos que se destacan: el emplazamiento natural y sus vistas. Lo demás todo mal. A pesar de que el propietario de nuestro hotel en Yogya nos dijo que avisáramos de que íbamos de su parte, que él iba a visitar el hotel poco después y que si no quedaba satisfecho buscarían otra cosa, nos dieron como bienvenida una habitación lamentable: el WC no iba, había espacio justo para las dos camas, las paredes eran de uralita (en mi vida he visto algo semejante) y hacía frío dentro. Nuestra sospecha es que esas habitaciones están pensadas para los conductores (pero no se las deseo a ellos tampoco) más que para los clientes. Nos quejamos y conseguimos al menos que nos pasaran a una habitación triple en la que el WC funcionaba y teníamos el doble de superficie, pero el resto era igual de triste.

Los tubos por los que el volcán emana el azufre, en plena actividad
En el restaurante, de una escueta carta hubo que descartar parte del menú porque de eso no tenían, por lo que al final casi casi comimos lo que había. Fue uno de los peores restaurantes de todo el viaje, sino el peor.

Resumiendo: a evitar a toda costa. Aunque la incomodidad mereció la pena por ver este impresionante lugar. Entre dormir y verlo y no verlo por no dormir allí, recomiendo la primera opción.

Aparte de un paisaje impresionante, es una muestra etnológica fascinante, un lugar donde el ser humano parece ir más allá de sus límites.

martes, 3 de noviembre de 2015

Amanecer entre volcanes humeantes: parque nacional de BROMO TENGGER SEMERU

La visita a este parque nacional es sin lugar a dudas uno de los platos fuertes de una visita a Java, y me atrevería a decir que al conjunto de Indonesia. Con permiso de los espectaculares volcanes de Kelimitu, en la isla de Flores, y Rinjani en la de Lombok, la zona del Bromo completaría ese poker de ases de la geografía volcánica del archipiélago. Un paisaje de otro planeta que maravillará hasta al más escéptico.

El Semeru, el volcán más alto de Java, nos dedicó esta humareda de la foto, al fondo. En primer plano, un tanto cortado, el Bromo soltando mucho más humo


¿QUÉ ES EL BROMO?



El Bromo podría ser solo uno más de los muchos volcanes de Java. Es relativamente bajito, pues no llega por poco a los 2.400 metros de altura, pero ha alcanzado gran fama en el mapa del viajero a Indonesia por el entorno que le rodea, el parque nacional Bromo Tengger Semeru, del que él es solo uno de sus conos volcánicos. Como recordar esos tres nombres no resulta sencillo, la gente se suele referir al parque como la "zona del monte Bromo".

El Bromo impacta por el humo que emana, por el campo de ceniza volcánica que lo rodea, y por las fabulosas vistas suyas que se pueden apreciar desde otro monte cercano, el Penanjakan, que incluyen al "primo discreto" del Bromo, el monte Semeru, que también humea ocasionalmente y que con sus 3.667 metros de altura es la montaña más alta de la isla de Java.


LA EXCURSIÓN AL BROMO, CON UNA AGENCIA



La mayoría de los viajeros llegan a la zona del Bromo con los servicios de una agencia, normalmente contratada en Yogya o Bali, y sinceramente veo complicado poder disfrutar del lugar sin su ayuda. La zona, además de montañosa, es claramente rural, para llegar a los sitios de los que voy a hablar hay que circular por pistas forestales sin asfaltar o por carreteras estrechas, y el transporte público es escaso cuando no inexistente.

Panorámica más amplia de la vista desde Penanjakan: el Bromo, pequeño, echando humo a mano izquierda, así como el alto Semeru al fondo
En estas excursiones, lo más criticado por los viajeros suelen ser los hoteles. Frente a la dura competencia entre hoteles en lugares como Yogya o no hablemos ya de Bali, los escasos hoteles de la zona del Bromo suelen ser mediocres, con malas críticas en internet, y hacen gala a veces de una picardía que no resulta agradable. La baja competencia y la belleza de la zona en la que están les permiten vivir muy bien a pesar de ello. Aunque nosotros en el Bromo tuvimos suerte: nos tocó el hotel Cemara Indah, que goza de unas vistas muy buenas en la zona, donde dormimos decentemente, y además cenamos muy bien (de los mejores sitios en Java). Es cierto que el hotel es antiguo, sin muchas comodidades, y en nuestro caso dentro de la habitación se colaba el frío (por un hueco que dejaba la puerta), pero lo que he leído sobre otros sitios me hace sentir satisfecho con este hotel; era el mal menor.


CÓMO LLEGAR



Decir que para llegar hasta aquí nosotros tuvimos un largo trayecto en tren hasta la población de Probolinggo (9 horas desde Yogya), incluido en el precio por nuestra agencia, al que sigue una vez que llegas un extra de hora y media subiendo en coche desde la costera Probolinggo, junto al mar, hasta Cemoro Lawang, que está a 2.217 metros de altura. La alternativa a este trayecto en tren es hacerlo en minibús, pero nosotros preferimos el tren, ya que el minibús no tiene rival para ir posteriormente al volcán Ijen y ese volcán era la siguiente etapa de nuestro viaje.

Junto al clásico pack Yogya - Bromo - Ijen - ferry a Bali que cogimos nosotros, se ofrecen otros para aquellas personas que deseen otro tipo de excursiones, ignorando el Ijen, regresando a Yogya, o acabando en Surabaya. También son clásicas las excursiones desde Bali, que en ocasiones se hacen sin siquiera pernoctar en Java (nosotros dormimos en Java para ver estos lugares y lo recomiendo para disfrutarlos con bastante más calma).


VISITA AL ENTORNO DEL BROMO



Normalmente la visita comienza llegando la noche anterior al "espectáculo", y alojándose en alguno de los hoteles del pueblo de Cemoro Lawang, posiblemente el más cercano al monte Bromo. Al día siguiente, se ofrece al visitante acudir a ver el amenecer en la cima del monte Penanjakan, a 2770 metros de altura. 

Vista al amanecer desde el monte Penanjakan
A las 3:30 de la madrugada nos recogió nuestro chófer en un todoterreno para que, junto a otros 4 guiris, fuéramos al Penanjakan, la montaña fea de la zona que permite la mejor vista sobre las montañas bonitas. Una vez todos recogidos de nuestros respectivos hoteles, fuimos para allá. Se aparca como se puede en la cuneta de la carretera que va al monte, y en nuestro caso todavía tuvimos que caminar otros 5-10 minutos para llegar al mirador. La afluencia de visitantes es masiva, se nota la popularidad del lugar y encima nosotros llegamos de los últimos, pero si te sabes mover puedes disfrutar sin problemas del espectáculo, aislándote de la gente. Mirando hacia el sur, a partir de las 5 de la madrugada (a finales de agosto) empezó a hacer acto de aparición el sol por nuestra izquierda (el este), mientras que la vista sobre el Bromo y el Semeru estaba al oeste. Entre ellos, una ligera neblina tapaba el resto del valle en lo que parecía una fina capa de lino o algodón. Todavía hoy no sabría decir qué porcentaje de la neblina era simple vapor de agua o alguno de los gases que emanaba el Bromo. Para darle mayor magia al lugar, durante unos segundos, el Semeru se puso a humear. Los tonos rojizos del sol del amanecer nos dieron las fotos que veis como resultado.

Es cierto que he visto muchos más atardeceres en lugares increíbles que amaneceres. Y éste es sin duda el mejor amanecer que yo haya visto nunca. Si fuera un atardecer tendría más competencia. Por razones ambientales y logísticas, en Indonesia suelen venderte más, para casi todos los sitios, ir al amanecer que al atardecer a esos sitios con vistas; y el esfuerzo es duro porque el madrugón es de antología, pero merece la pena.

Una vez el sol ha salido por completo, a una hora especificada previamente por el chófer, se baja al coche de nuevo. Fuimos llevados a un inmenso campo de ceniza volcánica a los pies del volcán Bromo, el que se veía desde el Penanjakan, y allí nos dieron tiempo libre durante algo más de una hora para que fuéramos a la cresta del cráter. Para ello hay que subir un camino junto a muchas otras personas, en un paisaje que no parece de este mundo, y que cuando más se empina se convierte en una larga escalera que lleva hasta la cima. Desde ahí se siente el volcán, y se aprecia su actividad. El suelo tiembla ligeramente, el ruido apenas permite oír a las personas que tienes al lado y el hedor a huevos podridos no permite pasar mucho tiempo allí arriba. Las vistas desde la cresta sobre el campo de ceniza son espectaculares, máxime cuando el día que estuvimos se mantuvo la fina capa nubosa que ya quedaba a la vista desde el Penanjakan, y que tapaba parcialmente el suelo. Las fotos hablan por sí solas.

Vista hacia la escalera y el mar de cenizas desde lo alto del Bromo. Se aprecia la bruma entre nuestra posición y el suelo

Tras disfrutar del Bromo de cerca y del campo de cenizas, toca volver a subirse al coche y regresar al hotel. Allí desayunamos de forma contundente (un buffet libre bastante completo) y poco después recogimos para irnos a nuestra siguiente aventura, que era otro volcán: el Ijen. Pero eso es ya harina de otro costal.


CURIOSIDADES / RECOMENDACIONES



- No se da de desayunar hasta el final de toda la visita, cosa que en nuestro caso fue entre las 9 y las 10, por lo que recomiendo llevar algo de comer porque por mucho que emocione el entorno, esas 6 horas sin ingerir alimento desde que te levantas de la cama no van a resultarle indiferentes a nuestros estómagos.
- Es probable que alquiléis abrigos a alguno de los lugareños, puesto que aunque estamos junto al ecuador, la altura provoca que las noches sean bastante frías, rozando los 0ºC. Los locales saben que la mayoría de turistas no van a meter un abrigo que les ocupe media maleta solo para un día, por lo que lo alquilan por un módico precio (2,5€) que sin embargo les hace sacar un jugoso sobresueldo, ya que estimo que en menos de un mes tienen el abrigo amortizado. A nosotros nos lo ofrecieron al minuto de bajarnos del coche en Cemoro Lawang. No regateamos, pero no me extrañaría que pudiera hacerse.
- Si se es propenso al mareo, recomiendo llevar biodramina o similar. A las curvas de las carreteras/pistas hay que añadir que salvo los privilegiados que vayan en el asiento de delante, el resto irá sentado de lado en la parte trasera del 4x4, de lado, donde se puede ser más propenso al mareo.

Desayunando con vistas al Bromo, una vez la bruma matinal ha desaparecido
- la isla de Java es como la España peninsular, diría que tiene un huso horario que no le corresponde (aunque en sentido contrario una de la otra, allí el mediodía es a las 11). Si bien el oeste, donde está Yakarta, quizá esté en "su sitio", el este está claro que debería tener otro huso horario. Sirva como ejemplo que Kuala Lumpur, bastante más al oeste que Java Oriental, tiene una hora más que Java, en lugar de ser al revés. Eso hace que los amaneceres en el Bromo (y en el Ijen) sean a horas intempestivas, por lo que mi recuerdo de Java es que se duerme poco. A las 5 salía el sol, y a las 16:30 empezaba a anochecer. En el Bromo levantándote a las 3:30, nos tuvimos que acostar a las 21:30 y aun así las escasas 6 horas de sueño hicieron que nos levantáramos cansados. Pero MERECE LA PENA.

martes, 20 de octubre de 2015

YOGYAKARTA: campo base y corazón de Java

INTRODUCCIÓN A JAVA, LA ISLA


Esta isla famosa por su café y que ha dado nombre a uno de los lenguajes de programación más famosos de la historia de la informática no es la isla de mayor tamaño de Indonesia. Papúa, Borneo, Sumatra e incluso Sulawesi son mucho más grandes. Pero sin embargo, nadie le niega a Java el título de reina de Indonesia a muchos niveles; económico, cultural y político por poner 3 ejemplos. ¿Por qué? Por ser la isla más poblada del país y del mundo, por tener la capital (y haberla tenido en épocas anteriores) y porque 1 de cada 2 indonesios habitan en ella. Con más de 1.000 habitantes por kilómetro cuadrado, si Java fuera un país sería el undécimo con más habitantes del planeta y de los más densamente poblados del mundo, solo por detrás de micropaíses con un territorio minúsculo, como Mónaco, que naturalmente están a otra escala. Además de la megalópolis de Yakarta, la segunda ciudad del país, Surabaya, también es javanesa, y así 7 de las 10 ciudades más pobladas del país.

El pabellón con el interior más bonito del kraton o palacio del sultán fue éste
Es por esto que se la llama "la isla de las megaciudades". Sin embargo, a nivel viajero, el visitante puede, por lo general, ignorar casi todas ellas. Por desgracia, los encantos urbanos de Indonesia son muy limitados, cuando no casi inexistentes. Las ciudades, aparte de contaminadas, congestionadas por el tráfico (ni siquiera Yakarta tiene metro hoy, en 2015, siendo quizá la mayor ciudad del mundo sin metro), no tienen edificios de gran interés; la conolización holandesa no ha dejado apenas restos, y los pocos que han quedado o están cayéndose a cachos o tampoco son muy vistosos. Pero que las ciudades javanesas, y en general indonesias, no sean interesantes, no hace a la isla poco interesante; esto solo significa que los encantos de Java son o rurales, o naturales. Y los tiene de primer nivel. La zona occidental es por la que la gente pasa más por alto; la central es famosa por los templos de Borobudur y Prambanan, amén de otros más desconocidos, aparte de por la ciudad de Yogyakarta. Y la parte oriental es célebre sobre todo por sus encantos naturales, donde destacan las espectaculares zonas volcánicas del Bromo y el Ijen.


YOGYAKARTA: CAMPO BASE PARA DESCUBRIR JAVA



Ubicada cerca de la costa sur del centro de Java, Yogya, como se la suele llamar coloquialmente, es la capital de una pequeña provincia que la tiene por centro, la única gobernada por un sultán anterior a la colonización de la isla. También presume de ser la capital cultural de Java. Este título tampoco tiene por qué resultar trascendental para el viajero de paso por esta ciudad; nos resultará más evidente otorgarle el título de capital turística de la isla. Se encuentra cercana a los templos de Borobudur (a 40 kms.) y Prambanan (a 17 kms.), y es la base utilizada por casi la totalidad de viajeros para verlos. Además, aunque pille lejos de Java Oriental, mucha gente contrata los paquetes turísticos para visitar el este de la isla desde allí, ya que las numerosas agencias que las organizan tienen oficinas en la ciudad, y el periplo tiene Yogya como punto inicial. Se debe poder ir por cuenta propia, o al menos se puede uno acercar bastante, pero el hecho de ser zonas rurales lo hace poco recomendable, por la escasez de transporte público, así que recomiendo contratar los servicios de alguna agencia o de algún conductor-guía privado.

Momento de la Ramayana, el espectáculo tradicional de danza javanesa que vimos


LA CAPITAL CULTURAL JAVANESA


Como dije más arriba, las ciudades indonesias no merecen especialmente la atención del viajero. Yogya se ajusta a esa regla, pero como dice el refrán, "en el país de los ciegos, el tuerto es el amo". Y así pasa aquí. Las ciudades javanesas suelen ser un conglomerado de modestas casas, con sus pequeños comercios, junto a calles atestadas de tráfico, sin apenas aceras y sin espacio ni dinero para el arte. Y aunque Yogya también resulta un tanto anodina al lado de las maravillas de Borobudur y Prambanan (ambos patrimonio de la humanidad) sí tiene atractivos para pasar al menos medio día visitándola. En total, la gente suele quedarse a dormir 2 noches en la ciudad, el tiempo necesario para dedicar medio día a Prambanan más otro medio a Borobudur y lo que queda para ver lo básico de Yogya, ver si se desea un espectáculo de danza javanesa o tomarse el tiempo necesario para contratar la excursión a los volcanes o irse de compras a la calle Malioboro. Si uno se queda menos de 2 noches, seguramente utilice Yogya para poco aparte de para dormir.

Kiosco del kraton o palacio del sultán


QUÉ VER EN YOGYA


Yo recomendaría empezar la visita en el palacio del sultán, también llamado "Kraton" o "Keraton". Puede sonar muy prometedor, pero está lejos de ser algo parecido a un palacio de la realeza de otros países musulmanes o un palacio real europeo. No obstante, lo barato de la entrada (no recuerdo el precio, pero creo que no llegaba al euro) y la arquitectura atípica a lo normal para nuestros ojos occidentales me compensaron la visita. Se trata de un conjunto de pabellones interconectados, muy abiertos (se nota que allí nunca hace frío) y pintados en llamativos colores en ocasiones. En internet se habla de una visita guiada pero a nosotros no se nos ofreció (y vistos los comentarios, casi mejor así). En el interior de algunos pabellones hay fotos más o menos recientes de la familia del sultán que no creo que interesen a casi ningún occidental. Los detalles que más me gustaron fueron el pabellón decorado en rojo y negro que me recordó a la imagen mental que tengo de un pabellón chino, y el kiosco del patio principal. La entrada tampoco está mal. Alguno de los pabellones tenía cintas para no permitir el acceso, aunque no tenía mala pinta lo que se veía desde fuera.

Y como segunda, y última visita cultural, el "castillo de agua" ("Water castle" en inglés, o "Tamansari" en bahasa indonesio, que son los dos idiomas en los que os lo anunciarán). Se puede ir a pie desde el Kraton (aunque los conductores de rickshaw insistan en que no) ya que son apenas 15-20 minutos, aunque no resulta trivial de encontrar. Quizá por eso, algunos "falsos guías" se ofrecen para llevarte hasta la entrada. La verdad es que es casi más atractiva la maraña de callejuelas de alrededor que la pareja de patios con agua de su interior. Está en un estado mejorable, por no decir mediocre, y va necesitando una restauración. Pero como pasa con el Kraton, es tan barato y tan extraño para un occidental, que creo que a la mayoría le merecerá la pena gastar un poquito de tiempo en verlo.

Castillo de agua
He leído que algunos lo comparan con la Alhambra... bueno, si a la Alhambra se la considera una pareja de patios con pequeñas "piscinas" en el medio, con un chorro de agua, una decoración en la que no haya ni yeserías ni almenas ni vistas sobre el Albayzín, ni... no, no tiene nada que ver, ya quisieran tener los indonesios un edificio la cuarta parte de hermoso que nuestra Alhambra. Pero yo no me arrepiento de haberlo visto.


QUÉ MÁS HACER EN YOGYA



La céntrica calle Malioboro es la zona para las compras o sacar dinero de los escasos cajeros automáticos de la ciudad.

Nosotros fuimos a un espectáculo de danza javanesa en nuestra primera noche en Yogya, en Puriwasata. Es una cosa para "guiris", por lo que sin ser un atraco, no es barato. Por casi 30€ por persona, te dan de cenar un buffet libre bastante aceptable, y el espectáculo. Éste duró unas 2 horas, y se nos hizo un tanto pesado; la segunda hora nos sobró.

Decir que es de las cosas más extrañas que hemos visto en toda nuestra vida, una especia de mezcla entre teatro y baile, con una trama basada en viejos mitos de la antigua cultura hindú de Java. En Bali vimos danza balinesa, y mi recomendación es que no veáis las dos, ya que se parecen bastante. Y de quedarme con una, creo que lo haría con la balinesa.

Los actores de danza javanesa se hacen fotos con los espectadores tras el espectáculo
El espectáculo era la representación de la Ramayana, una especie de historia tan típica allí como el don Juan Tenorio podría serlo en España, y de hecho la trama es fácil de encontrar en internet, aunque seguirla allí en directo no siempre resultaba sencillo. Aparte de la danza-teatro, una gamelan (orquesta) típica javanesa da el toque musical al acto, dentro de lo musical que a uno pueda parecerle estos grupos típicos en los que los xilófonos y los instrumentos de percusión estilo "gong" son casi los únicos instrumentos. Resumiendo, nos pareció uno de los mayores "WTF" ("What the fuck...", expresión inglesa que viene a significar algo así como "Pero qué cojones..." y que se usa cuando uno ve cosas extrañísimas que le hacen gracia porque no las entiende) que jamás hemos visto.

Pero no fue el único WTF que nos regaló Yogya... y es que resulta que los sábados por la noche, aprovechando que el domingo no se trabaja, los yogyakartianos (me acabo de inventar el gentilicio, lo sé) se divierten de una extraña manera. Nuestro guía (el dueño de nuestro hotel, Dani) no nos quiso decir adónde nos iba a llevar tras el espectáculo de danza. Y nos llevó a una gran plaza rodeada por un muro, con un descampado en el centro. En la calzada que había alrededor, había multitud de coches antiguos (y no tan antiguos) a los que se les había quitado todo el interior, de tal modo que tenían la carrocería por fuera que los hacía parecer coches, pero por dentro había sillines, pedales y ruedas de bicicleta. Naturalmente, en plena noche, para hacerse ver, utilizaban luces de los colores más chillones y se ofrecían a locales (sus principales clientes) y turistas para dar una vuelta con ellos.

Estos extraños coches-bicicletas nos alegraron la noche :)
Nuestro anfitrión nos contó que era una de las formas de divertirse de la juventud de Yogya y nosotros no dábamos crédito a lo que estábamos viendo. Nos ofrecieron subir (por unos 6€ que me imagino que eran "regateables") pero estábamos cansados y se disfrutaban mejor viéndolos desde fuera. Os lo recomiendo si os queréis reír :)


DÓNDE DORMIR



Nosotros encontramos por booking el hotel Alam Citra B&B, y lo recomendamos sin tapujos. Es un hotel modesto, pequeño (solo 3 habitaciones) y claramente familiar, y las buenas notas en booking se deben especialmente a la amabilidad proverbial de la gente que lo regenta. Está algo alejado del centro, por lo que se necesita transporte para ir, pero ellos te echan una mano. A cambio, la urbanización en la que está es más "mona" que muchas zonas del centro, como si allí viviera gente con un poder adquisitivo superior a la media.

Si uno quiere, ellos pueden organizar las visitas a Prambanan y Borobudur en sus coches, que ofrecerán a un precio competitivo (aunque naturalmente a años luz de ir en transporte público). También ofrecen contratar con una agencia el viaje a los volcanes y la recogida al aeropuerto (esto último gratis).


CÓMO LLEGAR


Yogya es el principio del viaje en Indonesia, o al menos en Java, para muchos de los viajeros, que llegan a ella principalmente desde Yakarta. Para ir de Yakarta a Yogya se puede ir en avión o en tren, tardando hora y media el primero y unas 8 horas el segundo. A cambio el tren es más barato, aunque reservando con tiempo el avión tiene precios muy competitivos (nosotros pagamos 50€ por persona con AirAsia). El aeropuerto está cerca de los templos de Prambanan, por lo que no es mala idea verlos desde allí, y así hicimos nosotros.

Detalle de la comercial calle de Malioboro
El aeropuerto de Yogya tiene vuelos a muchas otras ciudades del país, siendo Denpasar (Bali) o Surabaya (Java Oriental) los que más prácticos suelen resultarle a los viajeros para ir o volver a la isla de los dioses o ahorrarse el largo viaje en tren o bus hasta el este de Java.

sábado, 15 de agosto de 2015

Una visita a INDONESIA: ¿por dónde empezar?

Nuestro próximo destino será Indonesia. Como todos, poco antes de comprar los vuelos, hay que mirar si el precio a desembolsar es más o menos alto, o si el país tiene alicientes por los que merezca la pena el esfuerzo. ¿Pero cómo hacerlo si el país se trata de un inmenso archipiélago en el que cada isla es un mundo y en el que puedes estar seguro de dejar siempre cosas interesantes por ver? Voy a intentar ayudar un poco.

Vista desde el monte Rijani, en la isla de Lombok. Foto extraída de www.trekkingrinjani.com
 Indonesia es un lugar único en el mundo al que merece la pena ir (y lo digo antes de coger el avión). Pensaréis que eso lo habéis oído de muchos sitios y tenéis razón: yo mismo probablemente lo haya escrito de otros destinos, pero como me pasó con la India, algunos de los datos de este rincón del mundo me abruman. Los dejo caer:
- es el cuarto país más poblado del planeta, solo tras China, la India y Estados Unidos.
- es el país con más musulmanes del mundo. Curiosamente, cuando nos vienen a la cabeza países musulmanes no nos acordamos de ellos. En absoluto.
- he intentado encontrar el dato que me lo confirme, pero diría que es el mayor archipiélago del mundo en un solo país, formado por más de 17.000 islas. "Solamente" 6.000 están habitadas, y si nos fijamos solo en las más grandes y conocidas el grupo se puede simplificar bastante, pero a primera vista asusta.
- es un país enorme. Su superficie emergida sobre las aguas es de poco menos de 2 millones de km2, lo que serían casi 4 Españas juntas. Pero al ser un archipiélago, las distancias son mayores de lo que parece... de la región de Aceh, en el norte de Sumatra, al este de Papúa, hay tanta distancia como de Galicia a Jordania... imaginaos que el territorio entre el noroeste de España y Jordania fuera un solo país; de locos, ¿no?
- Aunque compartidas con otros países, Indonesia posee territorios en la segunda y en la tercera islas más grandes del mundo (Nueva Guinea y Borneo). La sexta (Sumatra) es la más grande exclusivamente indonesia.
- Java, que solo es la 5ª isla más grande de Indonesia (y la 13ª del mundo) es sin embargo la más poblada del país y del mundo, por delante incluso de Honshu, la principal isla de Japón. Aparte de tener la capital, Yakarta, alberga a más de la mitad de los indonesios, unos 140 millones. Su densidad de población, de más de 1000 habitantes por persona, es de las más altas del planeta.
- Las islas están, por lo general, presididas por altos volcanes, siendo una de las zonas más activas a nivel volcánico de la Tierra.
- La diversidad cultural es, siendo un país formado por islas, brutal. De Java a Papúa, o de Bali a Borneo, puede haber muchas más diferencias que entre dos países distintos. En ocasiones, no es ni necesario cambiar de isla para apreciar estas diferencias.

Borobudur, el templo budista más importante del país, en la isla de Java. Foto de la wikipedia.
Además, los aviones os pueden salir más baratos de lo que la distancia en el mapa podría indicar: comprando con bastante antelación, eso sí, nosotros hemos pagado 510€ por la ida y vuelta desde Madrid a Yakarta, con Etihad, haciendo escala en Abu Dhabi. Y Etihad no es precisamente una compañía de bajo coste. Los aviones internos, con compañías aéreas como Air Asia, tampoco se suelen ir de las manos en precio, al menos en las zonas más concurridas.


PEQUEÑA INTRODUCCIÓN A SUS ISLAS MÁS DESTACADAS



Así que formulo la pregunta del título, que todo interesado en el país se puede preguntar al plantearse qué visitar, ¿por dónde empezar? Lo primero de todo, es que tras tanto dato abrumador, la realidad es que Indonesia se puede fragmentar de tal modo que al final nos quede un grupo de islas principales, y lo normal es visitar una o varias de esas islas. El viajero debe ser quién decida si visitar menos islas haciéndolo con más profundidad, o más islas de forma superficial. Yo soy más de los primeros, pero sé que muchos otros no son como yo. Os dejo unas pistas para que sepáis qué islas os pueden interesar más:

- SUMATRA: el mayor atractivo de esta isla es su naturaleza. La gente que la visita lo hace motivada por sus reservas de animales, destacando los oranguntanes y los tigres. Conserva buena parte de su selva tropical, aunque ésta ha descendido significativamente en las últimas décadas. Es la segunda isla más poblada tras Java, y esto motiva que tenga más infraestructuras que otras, aunque por ejemplo, sus escasas vías de tren no son muy útiles para la mayoría de viajeros. Posee el lago Toba, el mayor lago volcánico del planeta, que es una de sus atracciones principales. Aceh, la región del norte, fue la zona más castigada por el tsunami de 2004, y la más ortodoxa en su forma de entender el islam, ya que se rige por la sharía; además, en esa misma zona hay un cierto movimiento que anhela separarse de Indonesia, aunque la tensión se ha rebajado tras aquella catástrofe.

Una de las islas Gili. Foto extraída de insolitviatges.com
- JAVA: la isla de las megaciudades, cuyo café inspiró el nombre de uno de los lenguajes de programación informática más famosos, tiene como principales atractivos los templos budista de Borobudur e hinduista de Prambanan, en el centro de la isla, junto a Yogyakarta, su capital cultural. Paradójicamente, hoy casi todos sus habitantes son musulmanes. Aparte de eso, los que la visitan no se suelen perder las áreas que rodean al volcán Bromo y al Ijen, ambos al este. El resto de la isla suele ser más ignorado, incluyendo sus enormes ciudades (aparte de Yakarta, la segunda ciudad del país, Surabaya, es javanesa), que por lo general son caóticas y poco atractivas. Es la más desarrollada y la única que cuenta con una densa red de ferrocarril; a pesar de su área (la 4ª parte de España), el hecho de ser tan alargada hace muy recomendable visitarla apoyándose en vuelos internos.
- BALI: la isla más famosa a nivel turístico es sin embargo un "puntito" en el mapa de Indonesia. Solo tiene 5.700 km2 (poco más que Cantabria), pero es, de lejos, la isla con mayor densidad de puntos de interés. Es un rara avis cultural también, ya que la mayoría de sus habitantes son hindúes, aunque profesan un hinduismo bastante alejado del existente en la India. Entre sus atracciones figuran sus numerosos templos, unos paisajes ricos en arrozales, volcanes o bonitas playas. El turismo le ha dado una prosperidad que se ve reflejada en unas infraestructuras mejores que las de casi cualquier otra isla (excepto Java), siendo los australianos sus mejores clientes. Para colmo, se encuentra cerca de otras islas más pequeñas fabulosas para el buceo, surf o simplemente tomar el sol, como Lembongan o las Gili.

La isla de Sulawesi o Célebes en el mapa. Una locura. Fuente: wikipedia
- LOMBOK: la vecina discreta de Bali tiene uno de los lugares más impresionantes a nivel volcánico de país, el monte Rinjani, con un cráter volcánico que hoy es un lago. La cercanía a Bali hace que mucha gente la visite desde ahí, aunque a nivel cultural sea otro mundo, ya que Lombok es musulmana, y el turismo está menos desarrollado. Se encuentra aun más cerca que Bali de las paradisiacas islas Gili.
- FLORES: esta pequeña isla, más alejada de las islas mayores, tiene en una pareja de volcanes coronados por lagos (de diferentes colores) su mayor atracción: es el monte Kelimutu. Es alargada y sus infraestructuras ya más precarias, por lo que visitarla resulta ligeramente más complicado.
- BORNEO (KALIMANTAN): Kalimantan es el nombre que recibe la parte indonesia de la isla de Borneo, compartida con Brunei y Malasia, donde la parte Indonesia representa unos 3/4 de la superficie total, un área mayor que España. Sin embargo, con solo 14 millones de habitantes, es de las zonas menos densamente pobladas del país. Como en Sumatra, su mayor interés reside en sus reservas de animales, siendo los orangutanes la especie más popular. Poco desarrollada y todavía medianamente salvaje, es recomendable solo para viajeros ávidos de aventura y preparados para vivir con pocos lujos. Las islas Derawan, al noreste, son un buen destino para los amantes de las playas de ensueño o el buceo y submarinismo.

Los oranguntanes, una de las principales atracciones de Kalimantan, la parte indonesia de la isla de Borneo. Foto extraida de uncommonadventures.com
- CÉLEBES (SULAWESI): esta isla tiene seguramente la forma más extraña y alocada del mundo, una especie de gigantesca ameba con cuatro tentáculos. Pero las guías de turismo dicen que la forma es más normal que la experiencia de visitarla :) Culturalmente tiene una pinta apasionante, donde se lleva la palma el pueblo Tona Toraja, con sus casas con forma de barcos y un "peculiar" tratamiento a sus difuntos (buscadlo en google, buscadlo :P)
- PAPÚA: la mitad occidental de la isla de Nueva Guinea es el rincón más perdido de todo el archipiélago, que ya es decir. Tiene solo 3 millones de habitantes (como Bali, pero en un territorio 60 veces más grande), parte de los cuales son tribus (que pueden llevar como única vestimenta una piel de calabaza en el pene, por ejemplo). A pesar de su tamaño, está tan poco desarrollada que la mejor forma de moverse por ella es con vuelos internos, lo que hace que la visita sea compleja y cara, aunque las guías dicen que deja satisfechos a los más intrépidos, los únicos que la visitan. Existe un movimiento separatista del resto de Indonesia que puede generar disturbios.

Hay muchas islas menores, pero la más relevantes a nivel turístico y geográfico son éstas.


NUESTRA APUESTA



Hemos preferido ser conservadores, y dado que vamos a estar poco menos de 3 semanas, visitaremos la zona más concurrida del país en lugar de meternos a islas más complicadas de ver. Estamos convencidos de que haciendo esto ya tendremos la sensación de estar en otro mundo, viendo algunos de los rincones más famosos de Indonesia. Pasaremos 5 días en Java, para ver los templos y volcanes citados anteriormente (más una noche en Yakarta al entrar y salir del país para descansar y estar con un amigo que vive allí), casi 10 días en Bali, que aun así no serán suficientes para visitar todos los sitios encantadores de esa isla, y 2 en Lembongan buscando desconectar del mundanal ruido en sus playas, buceando o tomando el sol en esta minúscula isla de 8 km2.

Uno de los numerosos templos de Bali. Fuente: wikipedia
La gente que va más tiempo, que son muchos ya que al pillar a la otra punta del mundo merece la pena quizá irse un mes o más, suele abarcar más territorio: a lo que hacemos nosotros se une una visita a Lombok, las Gili y/o Flores. A las islas grandes (Sumatra, Borneo, Sulawesi o Papúa) se podría dedicar un viaje de varias semanas solo para cada una de ellas, pero normalmente eso lo hará un viajero en otra visita al país, ya que en esas zonas el conocimiento del inglés desciende así como las infraestructuras y las facilidades, por lo que no se suele hacer en un primer contacto con Indonesia.

Ya escribiré al volver, ¡a ver qué tal nos va!

miércoles, 5 de agosto de 2015

SAMARCANDA: demostrando que hay vida más allá del Registán

Nadie duda de que la plaza del Registán es la culpable de la existencia de Samarcanda, y casi de Uzbekistán, en el mapa del turismo mundial, aunque sea todavía como un punto poco conocido por la mayoría de los viajeros. Pero resumir la visita a la ciudad en esta majestuosa plaza sería ser injusto e ignoraría otros rincones con mucho encanto. La visita completa al Registán puede exigir medio día para verlo todo y sacar todas las fotos que a uno le puede apetecer (más la visita nocturna). Para ver el resto de puntos de la ciudad necesitaremos otro día completo.

La estrecha calle entre los decorados mausoleos de la necrópolis de Shah-I-Zinda nos hizo sentir pequeños
Samarcanda es, tras Tashkent, la ciudad turística uzbeka que más se ha "sovietizado". Son numerosas las calles anchas por las que los coches circulan a gran velocidad, y los monumentos históricos se encuentran medianamente dispersos con grandes espacios intermedios que nos hacen creer que estamos visitando lugares aislados unos de otros. Pero tranquilos, su tráfico se parece más al de una pequeña ciudad rusa que al caos de otros países emergentes del continente asiático.
Aunque nosotros recorrimos todos los lugares de interés a pie, es probable que muchos prefieran ir en autobús, taxi o autostop. Tomando como referencia el Registán, la mayoría de zonas interesantes está al norte, aunque hay un pequeño grupo al sur.


AL NORTE DEL REGISTÁN



Al este del Registán sale una calle peatonal, moderna, flanqueada por edificios de una sola altura, y que no parece uzbeka. Es la calle "Tashkent". Los edificios a los lados son tiendas dirigidas a extranjeros, con recuerdos o productos que potencialmente nos pueden interesar. Aunque el regateo es imprescindible, pasa como en casi cualquier otro sitio del país; los vendedores no agobian, y su comportamiento es más parecido al de una tienda de Europa que al de los pesados vendedores marroquíes, turcos o indios (por citar tres países que conozco).

La gigantesca mezquita Bibi Khanum
Al final de la calle nos encontraremos con otro edificio imponente: se trata de la mezquita Bibi-Khanum. Está en ruinas, pero ¡qué ruinas! Resulta increíble pensar que en algún momento toda la superficie que queda entre los altos muros pudo estar ocupada por un solo edificio.
Esta mezquita lleva el nombre de la esposa del omnipresente Tamerlán, y se cuenta que ella lo mandó construir durante una de sus campañas militares, por lo que estamos hablando de que el edificio original es del s. XIV. Las dimensiones hablan por sí solas: la puerta de entrada tiene casi 40 metros de altura, y el área es de unos 160x110 metros. El edificio, que ya estaba en desuso con anterioridad, sufrió un terremoto en 1897 y no se ha recuperado desde entonces. En 1974, se emprendieron acciones para intentar devolverle su antiguo esplendor, y por ejemplo al menos parte de los azulejos que hoy luce son de esta época, aunque se hayan respetado los colores tradicionales. Como curiosidad, un inmenso corán de piedra preside la parte central del conjunto.

Vista exterior de la mezquita Hazrat, más moderna
Desde aquí el resto de lugares de interés del norte de Samarcanda quedan cercanos. A pocos metros de la mezquita se encuentra el mercado de Samarcanda. Más que como lugar turístico, este mercado sirve para tomarle el pulso a la ciudad, y es un buen lugar para comprar frutas y verduras o cambiar dinero (ilegalmente, como hace todo el mundo). Al contrario del mercado de Tashkent, no recuerdo haber visto restaurantes interesantes para comer.

Cruzando una calle ancha llena de tráfico llegamos enseguida a una mezquita más modesta, la mezquita "Hazrat". Originalmente ha habido ahí una mezquita desde el s. XIII, pero la actual es del s. XIX. Tiene el aspecto clásico de las mezquitas uzbekas hoy en día, con un techo con unos artesonados muy coloridos.

Detalle del artesonado del techo de la mezquita Hazrat
La siguiente parada de este periplo sería a Afrosiyab. Samarcanda presume de ser una de las ciudades pobladas desde más antiguo a nivel mundial (hace poco celebró su 2750 cumpleaños), y Afrosiyab fue el lugar en el que se estructuró la ciudad desde el s. VII-VI a.c. hasta el XI d.c. Realmente hoy es poco más que una colina herbosa y vallada en la que vimos ovejas pastando. En su recinto se ha construido un museo que muestra objetos allí encontrados. Como ya nos pasó en Jiva, y en otros países en vías de desarrollo, los museos dejan un poco que desear, no por falta de calidad de las piezas mostradas, sino por las escasas explicaciones que dan sobre las mismas o el poco tacto a la hora de exponerlas (con poca iluminación, mal colocadas, etc.). La caminata entre las mezquitas y este museo también influyen a la hora de calificarlo como "prescindible" en la visita a Samarcanda.

Lo que no es prescindible es el siguiente lugar que vimos: la necrópolis de Shah-I-Zinda. Para ello tendremos que volver sobre nuestros pasos y en la mezquita Hazrat girar a la izquierda, hacia el este. Esta necrópolis es un conjunto de pequeños mausoleos construidos entre los siglos XI y XIX, estructurados en torno a una estrecha calle central. En tiempos de Tamerlán ésta fue la necrópolis de su imperio, y de hecho en ella descansan varios de sus familiares.

Cúpula interior de uno de los mausoleos del complejo Shah-I-Zinda
Dos decenas de edificios, la mayoría decorados con vistosos azulejos azules y de color turquesa, nos dejaron impresionados. Alguno de los mausoleos está abierto, y por dentro son tan bonitos como por fuera.


AL SUR DEL REGISTÁN



A unas 10-15 minutos a pie del Registán, hacia el suroeste, se encuentran dos mausoleos que centran el interés. El primero es el de Rukhabad, un modesto (al menos comparándolo con lo visto anteriormente) edificio de ladrillo del s. XIV que también carece de decoración por dentro. Pagamos por entrar a verlo y no nos dijo gran cosa.

Interior del mausoleo Gur-Emir
Muy distinta fue la visita al mausoleo de Gur-Emir. Este edificio, también en ruinas y también parcialmente reconstruido durante la época soviética, es junto a la mezquita Babi-Khanum y Shah i Zinda, el tercer plato fuerte de la Samarcanda ajena al Registán. La construcción de este mausoleo fue ordenada por Timur, en 1403, tras la muerte repentina de su nieto favorito, heredero al trono. Cuando en 1405 murió Tamerlán, en pleno invierno, fue enterrado aquí, ante la imposibilidad de trasladar su cuerpo a Shahrisabz por causas climatológicas. Samarcanda y Shahrisabz solo están separadas por 90 kms., pero con unas altas montañas que las separan. El edificio que iba destinado a ser su mausoleo perdió así el uso para el que estaba previsto. Al final, este mausoleo samarcando también acoge los cuerpos de UlughBeg, nieto de Tamerlán y gobernante también de la zona, y de los hijos de Tamerlán Shahruj y Miran Shah.

El interior está decorado en colores azul y dorado, al estilo de la madraza Tilya Kori del Registán. La restauración de este monumento, como pasa con otros muchos edificios uzbekos (especialmente en Samarcanda) ha provocado controversia, porque le ha dado al edificio un aspecto excesivamente moderno. Parece que se quiere ocultar, al menos en parte, que estamos ante un edificio con 600 años de historia.

Vista exterior del mausoleo Gur-Emir, en el que yace el cuerpo de Tarmelán
La práctica totalidad de estos edificios es de pago, y aunque los precios que se piden a los turistas no están escritos en ningún lado y no me extrañaría que variaran a gusto del taquillero de cada uno, en ningún caso nos parecieron caros: entre 1 y 3€ cada uno, si la memoria no me falla.

Y con esto ya se puede dar por completada la visita más básica a esta ciudad de leyenda.

sábado, 20 de junio de 2015

La hermana pequeña de Pompeya: OPLONTIS

Bien sabida es la fama de Pompeya, la mítica ciudad del imperio romano que cayó presa de la ira del Vesubio y quedó petrificada, incluyendo a los habitantes de la misma. Tras ella, en segunda posición, Herculano le sigue en fama; es más pequeña pero quizá mejor conservada, porque en lugar de caerle ceniza y lapilli como a Pompeya, le cayó un flujo piroclástico (una nube de gases volcánicos a muy alta temperatura) durante la erupción, que ha permitido conservar techos con sus estructuras originales de madera. En ambos casos el volcán se cobró miles de vidas con una muerte tan inesperada como terrible.

Detalle pictórico del salón comedor de Villa Poppea, en la ciudad romana de Oplontis, hoy Torre Annunziata
Como este es un blog de lugares alternativos, yo no os traeré (de momento) ni Pompeya ni Herculano, sino Oplontis. Estas ruinas romanas comparten la catástrofe provocada por el Vesubio, y su interés, pero se visitan con mucha menos gente, ya que la fama se la quedan Herculano y sobre todo Pompeya, conocida en todo el mundo.


RUINAS ROMANAS VESUBIANAS. ¿QUÉ TIENEN DE ESPECIAL?



Las ruinas romanas de las ciudades cercanas al Vesubio me parecieron distintas al resto de ruinas romanas vistas hasta la fecha, que no han sido pocas: aparte de en Roma, conozco Tarragona, Mérida, Lugo, la Olmeda (Palencia), Nîmes, Orange o Lyon (Francia), Volúbilis (Marruecos), Split (Croacia)... y esta zona es distinta. ¿Por qué?

Vista general del complejo, desde su entrada
Porque en estas ciudades, grandes ciudades del imperio romano, se han conservado monumentos grandiosos, sí, pero desdentados por el paso del tiempo, por el expolio posterior, etc. Pompeya y sus alrededores no suelen contener grandes edificios públicos, ya que eran poblaciones más pequeñas; no destacan por sus grandes teatros o anfiteatros, pero a cambio conservan casi completos edificios de la Roma coloquial: viviendas, termas, pequeños templos o incluso prostíbulos. El enterramiento que produjo la erupción del Vesubio ha hecho que lleguen casi intactas las estructuras de sus edificios, la policromía de muchas de sus paredes, y es gracias a esta catástrofe que hoy entendemos bastante mejor el funcionamiento y el día a día de las ciudades y villas romanas.

Detalle de una de las alcobas del complejo de villa Poppea


OPLONTIS



Se cree que Oplontis era una pequeña ciudad que actuaba como "suburbio" de Pompeya, aunque no es la única teoría sobre el origen de la ciudad. Como ésta, cayó presa de las cenizas del Vesubio el 24 de agosto del año 79 d.C., y no fue descubierta hasta la segunda mitad del s. XX. Para algunas de las pocas personas que lo visitan, éste es en ocasiones el mejor yacimiento arqueológico del área, por dos motivos: se disfruta casi en soledad frente a las muchedumbres en Pompeya, y la mayoría de sus frescos se han mantenido en su lugar original (frente a sus dos "hermanas mayores", donde muchos de sus tesoros han sido llevados a Nápoles o al extranjero). La UNESCO ha reconocido su importancia otorgándole el título de patrimonio de la humanidad junto a Herculano y Pompeya.

La "Villa Poppea", que es el nombre del único complejo visitable hoy en día de la antigua Oplontis, era un conjunto residencial construido a todo lujo, pensado para ayudar a desconectar del mundanal ruido a sus habitantes, con economías acomodadas. Estaba ubicado junto al mar, que hoy, debido a las erupciones volcánicas vesubianas, queda a varios centenares de metros. Los estudiosos atribuyen el nombre de "Poppea" a la esposa del emperador Nerón, en base a unos restos de mediados del primer siglo de nuestra era que aluden a la emperatriz.

Fabuloso fresco del salón
Aquí encontraremos edificios con su estructura casi intacta, y con unos frescos que como digo, figuran entre los más hermosos y mejor conservados del Vesubio. Entre los más espectaculares están los del enorme salón, pensados para ser una ilusión óptica y aumentar la sensación de amplitud de esta estancia. Aunque también las habitaciones conservan frescos de interés. Como en otras villas acomodadas de la época, dispone de sus propias termas, y los frescos del caldarium (la sala termal de mayor temperatura) también cuenta con un frescos muy bonitos.

Completan la casa otras estancias, como el gran jardín de columnas o peristilo, que tiene otra versión en pequeño que es el peristilo interior, también con columnas pero sin jardín. Este segundo patio interior estaba completamente pintado, y aunque casi no se aprecian dibujos si se conserva la pintura roja del mismo. Paseando por otras zonas, veremos que hasta las paredes de los pasillos cuentan con pinturas.

Pinturas del salón de la galería


CÓMO LLEGAR



La villa de Oplontis se encuentra en la población moderna de Torre Annunziata, que actúa casi como área metropolitana de Nápoles, a unos 22 kilómetros. Está casi pegada a Pompeya, al oeste de ésta, y cuenta con unos 50.000 habitantes. Como Pompeya y Herculano, es fácilmente accesible en el tren de la red "Circumvesuviana", una especie de cercanías que sirve a las poblaciones al este y sur de la capital de Campania. La línea que hemos de buscar es la Nápoles-Sorrento, que tiene un tren cada media hora, de 6 a 21:30 horas, y nuestra parada es Torre Annunziata. Desde la estación el yacimiento arqueológico está bien indicado, a apenas 5 minutos a pie.

Salvo que se sea extremadamente aficionado a la zona, la visita a Oplontis puede combinarse el mismo día con la visita a Pompeya o Herculano. Los muy rápidos incluso podrían ver los 3 lugares en un solo día. Ver estas ruinas de Oplontis con tranquilidad no debería llevaros más de 90 minutos, a lo sumo 2 horas.

Peristilo, el jardín interior rodeado de columnas