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sábado, 8 de noviembre de 2014

Plaza del REGISTÁN: el orgullo de Samarcanda

Madrasa o medersa de Sher-Dor, al atardecer

"Registán" me parece que es una de esas palabras que suenan a solemnes cuando son pronunciadas. Quizá sea porque suena a regio, a rey, o simplemente porque es el nombre de una de las plazas más hermosas de Asia, pero impone respeto. Este rincón de Asia Central y de Uzbekistán es el escaparate hacia el mundo de ese lugar, por lo general desconocido, de nuestro universo; una especie de "Taj Mahal" centroasiático, un monumento que traspasa esa categoría para convertirse en "símbolo" de un territorio.

Detalle decorativo de la mezquita ubicada en la medersa Tilya-Kori, la única de la plaza


¿QUÉ ES EL REGISTÁN?


El Registán es una plaza en la que se agrupan tres madrazas, medersas, madrasas o escuelas coránicas, y se sitúa en Samarcanda, la segunda ciudad más poblada del país, así como sin duda la más famosa. Debe su nombre al idioma tayiko, el mayoritario en la ciudad (por delante del uzbeko), y significa "lugar arenoso", siendo "lugar" el sufijo "-stan" presente en los nombres de todos los países de Asia Central. El tayiko, idioma de la familia persa (cercano al parsi afgano o a lo que se habla en Irán), se habla, aparte de en buena parte de Tayikistán, en el sureste de Uzbekistán, de tal modo que tanto Samarcanda como Bujará hablan más tayiko que uzbeko.

Vista de la plaza cuando está anocheciendo
La arquitectura persa, como se puede apreciar en las fotografías de sus edificios, apreciaba mucho la simetría, y es muy común ver en una misma plaza dos madrazas como "enfrentadas", desafiantes mirándose una a la otra, con las entradas dando a una misma plaza, y unas dimensiones similares. Pero lo que hace especial al Registán es que no son dos, sino tres las madrazas enfrentadas, las dimensiones del conjunto son gigantescas, y la decoración sublime; solo algunas madrazas de la ciudad de Bujará pueden competir con las del Registán en toda Asia Central. Al estilo de estas madrazas se le denomina "timúrida", por ser hechas durante el imperio homónimo, cuyo líder más famoso fue "Timur" o "Tamerlán", hoy convertido en héroe nacional.

Como en muchos otros sitios uzbekos, que no todos, el uso de estos edificios como escuelas coránicas ya es historia, y hoy alojan principalmente tiendas de recuerdos; una de ellas aloja también una mezquita. Las tres, como es norma en Uzbekistán, están vertebradas por un gran patio central, con o sin vegetación en él, y se componen de pequeñas habitaciones o celdas, que es donde dormían los estudiantes, y donde hoy se venden camisetas, pinturas o imanes. Dos de los edificios tienen vistosas cúpulas bulbosas de color azul turquesa.

Detalle decorativo de la entrada de una de las escuelas coránicas de la plaza


¿CÓMO VISITAR EL REGISTÁN?


En otros lugares de Uzbekistán, la entrada a las madrazas es de pago; hablamos normalmente de precios que resultarán anecdóticos para el viajero occidental, entre 1 y 2,5€, más cercanos al primero normalmente. En el Registán, quizá por la mayor atracción turística que tiene, han optado por una solución peor a mi juicio para sacar dinero del turismo, que es la de cobrar por entrar a la plaza. Unas precarias cintas, como de obra, indican a los visitantes cuál es la parte gratuita de la plaza, separándola de la de pago. Nosotros pagamos por el acceso a la plaza 16.000 SUM cada uno (al cambio unos 4,5€), aunque he leído quejas de internautas que dicen que el precio es arbitrario, que no todo el mundo paga lo mismo. El precio que nosotros pagamos no me parece muy caro, aunque debo decir que en las entradas está escrito con bolígrafo, por lo que no podemos estar seguros de que a todo el mundo se le pida lo mismo.

Vista del interior de la mezquita del Registán (I)
El precio de la entrada da derecho a estar en medio de la plaza, a entrar en los tres edificios a todos sus espacios y a acceder más veces dentro de un mismo día sin pagar de nuevo. Así nos lo dijeron, aunque me sorprendió ver al mismo tiempo como no aparecía la fecha en la entrada. Es posible, pagando extra, subir a un ¿minarete? (lo llaman así pero más bien es una esquina de la madraza norte, apenas un poco más alta que el resto del edificio). Nos lo ofreció "por lo bajines" un guardia a cambio de 5000 SUM por persona (1,3€), de una forma que nos dejó claro que era una visita no oficial. Al volver por la tarde para ver la puesta del sol en la plaza, el mismo guardia por un momento parecía no querer dejarnos acceder a la plaza, aunque finalmente se convenció de que habíamos adquirido la entrada ese mismo día; nos reconoció. No subimos al minarete porque por la tarde el sol no nos iba a permitir disfrutar de la plaza, por lo que no puedo opinar, aunque esos "sobornos" nos recordaron la herencia post-soviética que queda aún en el país, ya que en la plaza Roja de Moscú nos pasó algo parecido.

Vista del interior de la mezquita del Registán (II)
Para los que quieran disfrutar de la plaza sin pagar entrada o en un día distinto al día en el que compraron la entrada, decir que hay un excelente mirador junto a la calle "Registán", de acceso gratuito, y que los jardines aledaños a la plaza también son de libre acceso. No es lo mismo que estar en el centro de la plaza, que a mi juicio debería ser gratis, pero debo decir que es suficiente, al menos para los turistas. Muchos de los que dormimos cerca de la plaza no pudimos evitar ir a visitarla todos los días que pasamos en Samarcanda.


HISTORIA


La plaza del Registán se considera el centro medieval de Samarcanda. Sus edificios actuales datan del siglo XV al XVII, siendo la más antigua la ubicada al oeste (Ulugh Beg, s.XV) y la más moderna la del norte (Tilya-Kori, s. XVII). Al este se ubica la madrasa Sher-Dor, también del s. XVII. Esta plaza fue el lugar de las proclamaciones reales así como de las ejecuciones públicas, y hasta los soviéticos (que no dudaron en destruir una catedral de la talla de la del Salvador de Moscú, hoy reconstruida) reconocieron su encanto y han querido dejar su huella en ella. Estos últimos la transformaron bajando el nivel del suelo unos 3 metros, cosa que todavía se puede apreciar viendo que el nivel más bajo de los edificios no está decorado con azulejos; esa parte originalmente estaba bajo tierra.


LA PLAZA, MADRAZA A MADRAZA


Madrasa Ulugh Beg.


Medersa Ulugh Beg. Nótese la amenazante curva que dibuja el minarete de la derecha
Ubicada a la izquierda (oeste) según miramos desde el mirador, fue mandada construir por Ulugh Beg, líder timúrida famoso por su pasión por las ciencias y por ser nieto del legendario Tamerlán. Está decorada con motivos geométricos y flanqueada por dos minaretes que por su forma me recordaron más a los pilares de un edificio clásico que a los minaretes que había visto con anterioridad, fueran estos de Marruecos, Turquía o incluso de Jiva o Bujará, las otras dos reinas del turismo en Uzbekistán.

Madrasa Tilya-Kori


Ubicada al norte, es la gran culpable de que la plaza del Registán sea distinta al resto de plazas uzbekas protagonizadas por escuelas coránicas, por ser la tercera en discordia, mirando de frente al espectador. Fue la última en construirse, terminándose en 1660. Sin embargo, fue modificada recientemente por los soviéticos, quienes le añadieron una cúpula azul turquesa en el lado izquierdo del edificio, rompiendo con ello la simetría que caracteriza a las construcciones persas.

Vista lateral de la madrasa Tilya-Kori, desde una calle que va a dar al Registán
Precisamente bajo esa cúpula se ubica la única mezquita de la plaza, profusamente decorada con motivos azules y dorados, que maravillaron a un servidor. No posee minaretes como las otras dos, sino pequeñas torres en las esquinas que hacen como tales, que con la nueva cúpula se han quedado pequeñas. El minarete ubicado al noreste es al que se puede acceder si se paga a un guardia la cantidad que éste pida.

Madrasa Sher-Dor


Ubicada al este, es en mi subjetiva opinión, la más hermosa del conjunto. Como el resto, está enteramente decorada con azulejos que crean formas geométricas diversas, de colores tales como un gris marronáceo como base y un color turquesa o un azul marino sobre él. Como la Ulugh Beg, posee dos minaretes "estilo columna", también en precario equilibrio, aunque al contrario que ésta, se aprecian dos cúpulas genuinamente timúridas de color azul turquesa y con relieve. Aunque lo que más me llamó la atención de este edificio, fue el transgresor detalle de crear con los azulejos la forma de dos infantiles leones que parecen llevar en lomos dos rostros humanos delante de lo que diríamos que son los rayos del sol. Para los no acostumbrados a la arquitectura islámica, deciros que se prohíbe decorar con formas humanas y de animales tanto el exterior como el interior de sus edificios, aunque esa norma se infringió en este caso y en alguna otra contada madraza de Bujará, en lo que quizá sean las únicas excepciones. Es la fachada que recibe los últimos rayos del sol cada día, y como amantes de los atardeceres que somos, asistimos un día al mismo. El color anaranjado que le da el sol de la tarde la hace incluso más hermosa.

Detalle de la medersa Sher-Dor, con el infantil tigre y el extraño sol con cara humana


ESPECTÁCULO NOCTURNO


Al maravilloso espectáculo que de día ofrece la plaza, hay que añadir lo que se hace de noche. A las 21:30, algunos días (he intentado buscar qué días, sin éxito) se exhibe un espectáculo de luz y sonido. De las tres noches que pasamos en Samarcanda solo se emitió una, y mereció la pena. Sin ser un despliegue de medios comparable a espectáculos similares hechos en Europa, lo recomiendo porque es muy efectista ver de color rojo, dorado, azul o blanco las tres madrazas del Registán al mismo tiempo. Cosa que de día es casi imposible, ya que el sol no suele dar luz a las tres fachadas a la vez.

Momento del espectáculo nocturno en el Registán.
Con una calidad de sonido mejorable, decir que durante el espectáculo una voz en francés hablaba sobre la plaza, en lo que a mí me pareció un guiño al idioma del país que más turistas extranjeros lleva a Uzbekistán: Francia.


DÓNDE COMER O DORMIR


Samarcanda, al contrario que Bujará y sobre todo que Jiva, es una ciudad muy extensa que tiene sus edificios más destacables dispersos en el actual entramado urbano, bastante distantes unos de otros. Aunque hablamos de una distancia que los que más disfruten caminando, podrán permitirse aún.

Madrasa "Sher-Dor" durante el espectáculo nocturno
En Samarcanda nosotros dormimos en el hotel Jahongir Bed and Breakfast, y fue el alojamiento más mediocre de nuestro viaje a Uzbekistán. Tiene buenas notas en los motores de búsqueda, debidas a que su patio interior, su desayuno y la ayuda del dueño son de elogiar. También debo decir a su favor que fue el segundo más barato (42$ la habitación doble cada noche, unos 35€ al cambio en ese momento). Pero la habitación era minúscula (no podíamos abrir la maleta por completo) y los colchones lamentables, porque se notaban todos los muelles. Estar a 7 minutos a pie del Registán es otro importante punto a su favor, ya que está ubicado en un barrio del casco antiguo de la ciudad, en el que las aceras, el asfalto o incluso las farolas escasean... pero así es el Uzbekistán real, no os voy a engañar.

Cuadro de la plaza. Hoy uno similar cuelga de nuestra casa
Para comer, nosotros fuimos a los sitios que nos encontramos o que nos pillaban cerca en cada caso. Junto al mirador del Registán, cambiando de acera en la avenida, hay varios restaurantes que nos sirvieron la comida también probablemente más mediocre de nuestra estancia en Uzbekistán, a lo que hay que sumar la incomprensible falta de variedad de sus menús. A un menú ya de por sí con poco para elegir (algunos restaurantes tienen apenas 8-10 platos distintos en sus cartas) hay que sumar que para cenar apenas tenían 2 o 3 de esos platos. Un día vimos como a unos viajeros les dijeron directamente que no tenían nada que darles de comer... en un país donde el turismo es todavía escaso, muy apreciado y normalmente bien tratado, nos llamó la atención esa continua falta de provisiones de los restaurantes samarcandos, que no notamos en otras ciudades uzbekas.

Interior de uno de los restaurantes de la zona, el Registon. Lástima que la calidad de la comida fuera inferior a la decoración del local
Otros viajeros nos dijeron que la ciudad nueva de Samarcanda, planificada por los soviéticos y posiblemente la más bonita y mejor trazada del país (aunque sin monumentos de interés), sí tiene mejores restaurantes. Cansados por lo que caminábamos durante el día nunca cenamos en la ciudad nueva, por lo que tampoco os puedo confirmar desde la experiencia personal que esto sea cierto.

Samarcanda es inolvidable, y más allá del Registán tiene material para pasar al menos un día entero disfrutando de su arquitectura, pero del resto os hablo en esta otra entrada.

Detalle de una de las dos cúpulas de la madrasa Sher-Dor

domingo, 9 de marzo de 2014

La ciudad imperial amable: MEKNÉS

De las cuatro ciudades imperiales marroquíes, Meknès es la de menor tamaño y la que menos tiempo ha sido capital del territorio que hoy es Marruecos. De hecho, su cercanía a Fez provocó que se viera eclipsada y viviera siempre a la sombra de la considerada capital cultural de Marruecos.

Puerta de Bab el Mansour, símbolo de Meknés y probablemente la más hermosa de todo Marruecos
Sin embargo, a Meknès (que algunos traducen como "Mequínez" al español, aunque su uso es limitado y a mí me suena feo) a día de hoy le viene bien la cercanía a Fez (65 kms.). Y es que Meknés, la quinta ciudad más grande de Marruecos, carece de un aeropuerto comercial fácilmente accesible, pero eso se ve compensado con las buenas comunicaciones que tiene tanto por tren como por autopista con Fez al este y con Rabat y Casablanca al oeste, e incluso con Tánger al norte, también accesible por ferrocarril.
Estas posibilidades han hecho que empiece a despegar el turismo en esta interesantísima ciudad, pero de forma más "llevadera" que en Fez o Marrakech. Aquí no hace falta que estéis alerta para evitar que os engañen sus habitantes, ni tampoco merece la pena tener miedo a perderse por la medina o siquiera plantearse el contratar un guía; Meknés tiene el encanto de una ciudad marroquí, con la puerta más bonita del país, bonitos minaretes o una plaza que nos recordará a la Djemaa el Fna... pero sin los inconvenientes que puedan azotar a Fez o Marrakech. Todo un lujo, más desconocido, que recomiendo a todo el que se plantee visitar a nuestros vecinos del sur.

HISTORIA


Meknés, como ya he dicho, pasó buena parte de su historia a la sombra de Fez, como una capital de provincias de tamaño medio, pero lejos de la importancia de su vecina. Pero todo eso cambió de la noche a la mañana, cuando Moulay Ismail trasladó la capital de su imperio a Meknés en 1675, poco después de comenzar su sultanado (en 1672), para evitar las frecuentes revueltas que siempre ha sufrido la vecina ciudad de Fez. Ismail, que falleció en 1727, es probablemente el sultán más importante históricamente de la dinastía alauita (que reina todavía hoy en el país), y el único que gobernó el país desde Meknés. Los más de 50 años que reinó desde esta ciudad fueron sin duda los de mayor gloria de la misma, con la construcción de una inmensa ciudad imperial que él mismo quiso convertir en una especie de Versalles marroquí, con 40 kilómetros de murallas, puertas monumentales y palacios dignos de la especie de gran rey absolutista que era, buen amigo de su homólogo y coetáneo francés Luis XIV. Cruel y sanguinario, Ismaíl supo mantener a los otomanos fuera de Marruecos, y conquistó algunas plazas europeas en el norte de África, como Tánger (inglesa), Larache o Asilah (españolas); algunas fuentes calculan que en su harén había más de 500 mujeres y que tuvo más de 1000 hijos. Todas estas cifras reflejan las dimensiones y la personalidad grandilocuente de este soberano, y la ciudad imperial de Meknés es el reflejo de la que él quiso que fuera su capital.

Mausoleo de Mulay Ismail, con un interior ricamente decorado
A la muerte de Ismaíl Meknés no pudo retener la capitalidad, por lo que siguió una época de cierta decadencia, mitigada más tarde con la llegada de las comunicaciones que cité anteriormente. No obstante Meknés hoy ha sabido retener parte de la gloria de esos efímeros 52 años y hoy se muestra ante nosotros como una orgullosa capital imperial que nada tiene que envidiar a las otras tres, todas de mayor tamaño y fama: Marrakech, Fez y Rabat.


QUÉ VER EN MEKNÉS


En Meknés veremos una ciudad que representa el ideal de ciudad marroquí de un hombre, el citado Mulay Ismail, y de una época, los siglos XVII y XVIII. Hay edificios destacables de otras épocas, pero en número y en importancia el protagonismo se lo llevan sobre todo los construidos con Ismail. Esto es algo que le diferencia de Marrakech o de Fez, donde la importancia de ambas ciudades a lo largo de los siglos hace que más épocas se vean representadas en su arte.

El icono de la ciudad es sin lugar a dudas la puerta de Bab el Mansour, que además de ser la puerta más hermosa de la muralla de Meknés es la más bonita de Marruecos y, posiblemente, el monumento más destacable de todos los que mandó construir Moulay Ismail. Esta puerta, acabada en 1732 (por tanto no vista en vida por quien la mandó construir), y de una monumentalidad indiscutible, curiosamente no tiene mucha función como puerta actualmente, ya que no permite el paso de tráfico de vehículos y apenas el de personas, que sí pasan junto a ella. La calle a la que da la puerta es la que separa (o une) la medina con la ciudad imperial.

Plaza el Hedime, con la puerta de al Mansour al fondo
De hecho, no hace falta ni separarse de la puerta para ver la plaza que actúa de lugar de reunión en la ciudad, una especie de versión encogida de la marrakechí Djemaa El Fna en Meknés. La plaza El Hedime (que significa "plaza de las ruinas") acoge también a comerciantes, contadores de cuentos y todo tipo de gente de lo más extravagante para el viajero occidental, aparte de una nutrida oferta de restaurantes con terrazas a pie de plaza o en las azoteas de los edificios. Si bien no tiene tanta vida ni es tan grande como la de Marrakech, sí tiene más coherencia que su hermana mayor, con una forma rectangular y edificios más homógeneos a su alrededor. Su estructura también sirve para vertebrar y unir la ciudad imperial con la medina, el zoco semicubierto de artesanos y de ropa de sus lados norte y este con un no menos animado mercado cubierto de comida en su lado oeste, sin olvidar la citada puerta Bab el Mansour. Pasar por esta plaza a cualquier hora del día nos permitirá ver distintos ambientes y es más que recomendable. Como pasa en Marrakech, lo que ocurre en esa plaza en buena medida poco tiene que ver con el turismo; es más bien una representación cultural de Marruecos, y la disfrutan tanto los turistas como los habitantes de Meknés.


LA MEDINA


Una vez presentados los iconos, tan cercanos entre sí como que pertenecen el uno al otro, de la ciudad imperial y de la medina, conviene abordar ambos por separado.

Callejuela típica de la medina de Meknés, con un característico color crema
Sin salir de la plaza, es altamente recomendable el museo Dar Jamai. Como me pasa con otros museos de ciudades como Marrakech o Fez, mi sensación en ese museo fue la de que valía más la pena por el edificio por dentro que por el contenido expuesto. Las salas construidas y decoradas al estilo marroquí son magníficas, llevándose la palma un salón en el que no falta detalle. El pequeño patio es de estilo andalusí y en él me llamaron la atención los detalles de las puertas y la fuente. El precio, como siempre, popular (10 dirhams si no recuerdo mal, esto es, poco menos de 1€)

El-Hedime se puede considerar ya parte de la medina, aunque para sentirnos en una medina marroquí deberemos dejar la plaza. Cualquiera de las pequeñas calles que se dirigen hacia el este y especialmente las del norte de la plaza (justo donde está la entrada al museo por el que acabamos de pasar) nos meterán de lleno en el zoco, lleno de estrechas calles donde en un aparente caos se venden todo tipo de productos. Y digo aparente porque, como pasa en el resto de Marruecos, hay un orden estricto y los vendedores se agrupan en gremios y se han de poner en un lugar concreto...

Una de las salas del museo Dar Jamaï
Como ya dije más arriba la medina de Meknés tiene el tamaño ideal; no es ni tan minúscula como para salirse en cuanto demos cuatro pasos, ni tan grande como para perderse. Si la medina de Marrakech tiene el color rojo como emblema, y en Fez reinan el gris del cemento, el blanco de la cal y el verde del islam, representado en sus edificios religiosos, en Meknés los edificios suelen tener un color crema anaranjado que es el que preside ya la plaza el Hedime. Tendremos que movernos entre calles así para alcanzar los edificios más destacados de la medina, que son la gran mezquita de Meknés y la madraza o medersa Bou Inania, junto a ella. La primera será casi imperceptible a nuestros ojos, excepto por una trabajada puerta de acceso que, cuando la veamos, no nos dejará indiferente. Como en la mayoría de mezquitas marroquíes tenemos prohibida la entrada los no musulmanes.
Sí podemos entrar a la madraza (escuela coránica) a cambio, y debemos hacerlo, puesto que será el mejor edificio que veremos en Meknés ajeno a Mulay Ismail, y una de las más hermosas escuelas coránicas del país. Esta madraza, del s.XIV, nada tiene que envidiar a sus homólogas de Marrakech y Fez, y por apenas 20 dirhams nos mostrará cómo eran estas escuelas. Aparte de visitar el precioso patio central, y las minúsculas habitaciones de los estudiantes, tenemos la posibilidad de subir a la azotea para disfrutar de las vistas que tendremos del minarete de la gran mezquita y de otros minaretes diseminados por la medina. Escuchar el canto del moecín desde ahí es estremecedor.

Madraza Bou Inania, la joya de Meknés previa a Mulay Ismail
Aparte de para ver el ajetreo diario de Meknés, sin que nadie moleste al turista como pasa en Fez, la medina no tiene muchísimos más edificios de primer orden turístico. Puede ser una buena idea desplazarse a pie hasta su extremo norte, donde se ubica una puerta vistosa (Bab Berdaine), junto a la cual tenemos la mezquita Berdaine, del s. XVIII y protagonista de un derrumbamiento en 2010 que segó la vida de 41 personas (un servidor no ha tenido noticia de esta tragedia hasta que ha empezado a redactar este escrito). El minarete que se cayó hoy está totalmente reconstruido a semejanza del anterior.
Saliendo por la puerta nos encontraremos con un gran cementerio donde, aparte de reinar más las malas hierbas de lo que un occidental está acostumbrado a ver en un camposanto, tiene un mausoleo de un líder religioso importante para el islam, Sidi Ben Aïssa.

LA CIUDAD IMPERIAL


Dejamos la medina para ahora pasar a conocer la ciudad imperial de Meknès. En este conjunto, de grandes dimensiones, en ocasiones puede ser necesario la ayuda de un taxi, especialmente para desplazarse hasta los lugares más lejanos (estanque de Agdal y los graneros y caballerizas que tiene al lado). Hay que regatear el precio antes de usar un taxi porque si bien muchos taxistas llevan taxímetro o piden cantidades justas por el desplazamiento (muy barato para un europeo) también los hay que se pueden aprovechar...

Estanque Agdal
Pero comencemos por la parte más cercana a la medina. Podemos entrar a la ciudad imperial por la famosa Bab El Mansour si está abierta o por otra cercana puerta algo más al este. Nos encontraremos con una inmensa plaza, con puertas decoradas, y calesas pensadas para el turista. En la parte más occidental tenemos una calle por la que podemos llegar a otra gran plaza, presidida por una explanada bajo la que se encuentra una cárcel (prisión de Cara) y el pabellón en el que el sultán recibía a los mandatarios extranjeros: Al Koubat Khayatine. El que estén pegando la cárcel y este pabellón no sé si quiere expresar algo... ambos son visitables por 10 dirhams aunque a mi juicio es una visita prescindible.

Una puerta monumental aunque de firma más moderna que las anteriores, nos acerca de inmediato al mausoleo de Mulay Ismail. Aunque otros mausoleos del estilo están vetados a los no musulmanes, en este caso somos libres de entrar, y además lo haremos gratuitamente. Esto es una buena noticia, ya que es uno de los lugares más destacables de Meknés. El crema anaranjado de Meknés aquí deja paso a un amarillo que comparte protagonismo con los azulejos que presiden todo edificio histórico marroquí. Tras pasar varios patios vacíos llegamos a las salas cubiertas que protagonizan el conjunto. Aquí habrá que descalzarse y conformarse con una de las salas ya que el lugar en el que reposan los restos del sultán es accesible solo a nuestras miradas. Curiosamente, el mausoleo fue construido a principios del s. XVIII por lo que el sultán pudo ver el edificio en el que descansaría su cuerpo una vez muriera décadas antes de fallecer. Se pueden sacar las fotos que queramos en los patios y salas pero está prohibido hacer vídeos. Se requiere vestir de forma correcta para la moralidad musulmana (sin ser necesario el velo para las mujeres).

Detalle del mausoleo de Mulay Ismail
Tras esto, podemos recorrer la ciudad imperial a pie, aunque puede resultar un tanto monótono hacerlo por largas avenidas rodeadas por murallas en las que veremos alguna puerta monumental que, además, en algunos casos no podremos ni fotografiar... se trata del palacio real, que es el mismo que usó Mulay Ismail y que todavía hoy sigue usando el rey de Marruecos cuando visita la ciudad. No obstante, aunque el primero se hiciera llamar "sultán" y ahora se les llame reyes, no dejan de ser de la misma dinastía... como curiosidad, entre las recias murallas podemos encontrar un campo de golf, con unos olivos en los que unos campesinos estaban recogiendo la aceituna cuando yo estuve por allí; o llegar hasta el estanque Agdal, tras unos 20-30 minutos a pie, un lugar de esparcimiento para los habitantes de Meknés, que además, sin querer, descubrimos que es un bonito lugar para disfrutar de una puesta de sol. Este estanque fue mandado construir por Ismail para regar los jardines de la ciudad imperial. Junto a él se encuentra un inmenso edificio medio en ruinas que fue utilizado como granero y caballeriza. El precio de la entrada es popular, como siempre (10 dirhams) pero a mí, personalmente, no me aportó gran cosa su visita.

Como estuvimos dos días completos en la ciudad, y quizá con uno y medio, incluso con solo uno, sea suficiente para disfrutar de los mayores encantos de Meknés, tuvimos tiempo para disfrutar de otros lugares menos turísticos. Disfrutar de una puesta de sol en la parte de la ciudad nueva que está justo tras el río que la separa de la medina fue uno de esos pequeños placeres que uno se puede permitir cuando le sobra tiempo.

Atardecer con vistas a la medina de Meknés

¿DÓNDE DORMIR?


Meknés, como otras ciudades históricas de Marruecos, permite la experiencia de dormir en un riad. Riad significa "jardín" y también designa a las casas tradicionales de las medinas marroquíes, muchas utilizadas hoy para alojar turistas, y que son otro encanto más del país en sí mismo. En este caso nosotros escogimos uno precioso, y pudimos incluso dormir en su habitación más grande y lujosa por un precio que sigue siendo muy competitivo (40€ la noche, habitación doble). La ubicación era excelente, apenas a a 2-3 minutos de la plaza el Hedime, y de Bab el Mansour, en una calle de la medina, fácil de encontrar. Si a eso sumamos la amabilidad de todos sus empleados, no me queda otra más que recomendarlo plenamente. Se llama Riad Hiba.

Para los que prefieran un hotel más occidental, los encontrarán en la ciudad nueva.

COMO LLEGAR


Meknés se encuentra en el eje oeste-este principal del país, que la une con Casablanca y Rabat al oeste, y con Fez (solo 30-40 minutos de tren), Taza y Oujda al este. Ese eje es el que siguen tanto la autopista como la vía de tren. Por el norte, desde Meknés se llega en tren a Tánger.

Nuestra habitación del Riad Hiba

sábado, 25 de enero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (I)

Dicen que Marruecos es un país que no se visita, "se vive", y desde luego que de las ciudades marroquíes que conozco, Fez, junto a Marrakech, es la ciudad a la que más aplica semejante frase. Y es que difícilmente se puede encontrar un lugar tan cercano a España como esta ciudad marroquí, tercera en tamaño del país, y al mismo tiempo tener ese "dépaysement" brutal... (nótese que "dépaysement" es una palabra francesa, sin traducción natural al castellano, que se refiere a la sensación de desubicación o desconcierto que sacude a un viajero cuando se encuentra en un lugar que le es extraño por sus costumbres, paisajes, edificios, personas, etc. ya que son muy distintos a su lugar de origen). Y es que aunque históricamente el norte de África, especialmente Marruecos, y España, hayan tenido una historia común durante más de 700 años, los 500 años posteriores en los que cada país se ha desarrollado por su lado han hecho de ellos dos mundos muy distantes en casi todos los aspectos. Los 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar son una barrera que marca una frontera contundente, hasta el punto de que yo, por ejemplo, diría que siento tener más cosas en común con un turco, a mucha mayor distancia de España y sin historia en común, que con un marroquí. Y ni siquiera el reciente protectorado de España y Francia en el país africano (1912-1956) ha logrado mitigar apenas esas diferencias.

Puerta de Bab Bou Jeloud, principal acceso a la medina, con el minarete de la madraza Bou Inania bajo su arco principal
Dentro de ese otro mundo, Fez además quizá sea la ciudad más compleja, la más árabe y la más marroquí del país. ¿Por qué? Por haber sido la capital del territorio con diferentes dinastías durante más tiempo que ninguna otra ciudad del país, y más aún por el legado que esta capitalidad imperial ha dejado en la ciudad. Y merece el apelativo de "rebelde" por un lado por no ser sencilla para el viajero y por otro porque su personalidad y la de sus habitantes es así; las primeras reivindicaciones independentistas en Marruecos se dieron allí, así como otras protestas que acabaron influyendo en el resto del país, y se la conoce por ser la más culta e intelectual de las ciudades marroquíes, tanto que para alguien de Fez el ser de allí es una virtud por sí misma...

Además, Fez nos ofrece la mayor medina de Marruecos. "Medina" es la traducción al árabe de "ciudad", palabra frecuente en la geografía española, pero que hoy en Marruecos utilizamos para referirnos al casco antiguo de las ciudades magrebíes, que eran prácticamente la única ordenación urbana existente en Marruecos hasta la llegada de las potencias coloniales europeas. Estas medinas se caracterizaron por sus numerosísimas calles estrechas, que normalmente ni el mejor de los planos puede mostrar en su totalidad. La consecuencia para el viajero es clara: te vas a perder. Según lo bien que te orientes con el mapa que tengas (que incluirá poco más aparte de las calles principales) lo harás mucho o poco, pero lo que es seguro es que te perderás. Y hay que aceptarlo así, disfrutar de las ventajas de estar perdido (hasta que uno se canse, claro), y quizá en algún caso pedir ayuda, aunque voy adelantando que los "fassis" (habitantes de Fez) no siempre ayudan, así que por desgracia no hay que fiarse de cualquiera.

La medina de Fez es gigantesca, inabarcable, de cuyo tamaño hablan estos datos: 16 kilómetros cuadrados de casco antiguo urbano, en el que se agolpan 9400 calles, callejuelas, callejones, en los que en muchos casos se pueden tocar ambas paredes extendiendo los brazos, y en los que viven aún 150.000 personas aproximadamente; es decir, tanta población como en la ciudad de León. Algunos lo consideran la mayor zona peatonal urbana del mundo, si bien esto lo veo inexacto porque hay alguna zona de la medina a la que se puede acceder en coche (cuatro contadas, eso sí). Está totalmente amurallada, cuando no doblemente amurallada, y ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es más, la UNESCO, visto su gran valor y su avanzado estado de deterioro, inició un programa de rehabilitación de la medina, que recuperó, entre otros, un espléndido caravasar (hostal de caravanas).



PELIGROS Y ADVERTENCIAS



La Lonely Planet titula así su sección "negativa" para el viajero a la hora de hablar de una ciudad. Yo nunca la había incluido en mis más de 80 posts anteriores, pero aquí hay que hacerlo.

Entrada a la mezquita Karaouine, la más grande de Fez, con una trabajada entrada
Fez ha tenido mala reputación para el viajero por sus falsos guías. Esto es, personas sin titulación ni necesariamente las mejores intenciones, que se presentan al viajero como grandes conocedores de la medina. Te dicen que sin su ayuda te perderás, e incluso pueden decirte que es peligroso caminar sin un "fassi" que te lleve. Pueden resultar un tanto cómicos (uno se nos presentó a nosotros como el "google maps" de la medina :D ), pero como te vean indeciso pueden ser muy numerosos y sobre todo demasiado insistentes; si decides coger los servicios de uno de ellos no es que vaya a correr peligro tu vida, pero es probable que arruinen tu visita de Fez porque la veas menos, peor y gastando más dinero que sin su "ayuda". En los últimos años, el país ha emprendido una lucha contra ellos y hacer ese trabajo "furtivo" les puede costar hasta pequeñas penas de cárcel. Pero el alto paro y los buenos ingresos que los turistan reportan hacen que para algunos siga mereciendo la pena correr el riesgo. Cada uno que haga lo que quiera, pero yo no lo recomendaría en ningún caso... si se cree necesario usar guía mejor coger uno oficial, aunque sea más caro, y sino siempre queda la opción de pedir ayuda a algún niño o comerciante en caso de que uno se pierda. Los niños carecen de la maldad de querer aprovecharse de la situación, y los comerciantes no van a dejar su negocio por llevarte, por lo que no tienen mayor interés en dar indicaciones falsas.

Al margen de los falsos guías, una picardía un tanto "extrema" reina entre algunos habitantes de la ciudad. A la hora de comer, uno se puede encontrar en la medina jóvenes que insistirán en recomendar algún restaurante no precisamente barato (si les sigues, has de saber que se llevarán una comisión del restaurante que tú pagarás en tu cuenta), y especialmente en Fez-el-Jedid (barrio extramuros de la medina, pero casi igual de laberíntico) nos encontramos con unas cuantas personas que nos daban indicaciones falsas para llegar al barrio judío o a su sinagoga, con la intención, me imagino, de llevarnos a la tienda de un amigo suyo, o de hacer que nos perdiéramos y así necesitar su ayuda como guías. Yo me sentí ofendido por ver que nos ofrecían insistentemente una ayuda que no necesitaba y que además informaban mal adrede, pero por desgracia esto es algo que viene incluido con la belleza de Fez.

Por último, los caza-turistas en los restaurantes o los dueños de tiendas del zoco que casi casi bloquearán la calle para invitarte a entrar en su establecimiento están por doquier, pero en esa selva urbana estos son los más inofensivos. Con el primer "no" ya le dejan a uno tranquilo.

Y AUN ASÍ, ¿TE HA GUSTADO FEZ?


Detalle de la madraza el-Attarine, la más decorada de Fez
Pues sí, Fez es espectacular. Es probablemente uno de los lugares más medievales que jamás haya visto (para lo bueno y para lo malo), y tiene rincones de bella factura, tanto para ver por dentro como por fuera. Además, es una ciudad muy barata si uno se lo monta bien, y tiene un aura y un encanto que no se puede describir con palabras. Me gustó aun más Marrakech, pero situaría a Fez solo ligeramente por debajo en cuanto a interés.


¿CÓMO UBICARSE EN FEZ?


Para empezar, decir que Fez son tres ciudades en una: Fez-el-Bali, o lo que es lo mismo, la inmensa medina, se ubica en el extremo este de la actual Fez. Fez-el-Jedid, aunque signifique "Fez la nueva", está en el centro y es la villa imperial que la dinastía benimarí se construyó a finales del s.XIII. Y la "Ville Nouvelle" (Ciudad Nueva, en francés), al oeste, es la parte proyectada durante el protectorado francés, con un aspecto que se asemeja al ensanche de una ciudad europea. Los puntos de interés se encuentran de forma exclusiva en las dos primeras zonas, aunque los hoteles de estilo europeo, o los nexos de comunicación (estación de tren o de grand taxis) se ubican mayormente en la Ville Nouvelle, por lo que casi todos acabamos pasando por allí también.

¿QUÉ VISITAR EN FEZ? EN LA MEDINA


¿Por dónde empezar? Pues nosotros empezamos por una de las fotos más típicas de Fez: sus curtidores. Situados en el extremo este de la medina, su ubicación no fue elegida al azar... se procuró colocarlos en una zona no tan llena de viviendas ya que su trabajo... ¡apesta! Sí, los curtidores de Marruecos desempeñan su oficio de forma muy similar a cómo lo hacían sus ancestros en el medievo, lo cual significa usar compuestos tan desagradables como heces de paloma y orina de otros animales. A cambio he de confesar que fabrican auténticas joyas y presumen de hacerlo sin ayuda de químicos como suelen llevar las prendas de vestir que usamos nosotros a diario.
Quizá por ir en pleno invierno yo no noté un olor tan espantoso como la mayoría dice haber sufrido, pero no obstante los guías prestan unas ramitas de menta que ayudan a mitigar el mal olor. En la curtiduría más grande de Fez varias terrazas permiten sacar coloridas fotos a las pozas mientras los empleados siguen trabajando aparentemente ajenos a las fotos que todos sacamos de sus traseros :) Como es natural, los guías intentan aprovechar la visita para vender algo, aunque si no se desea comprar con una pequeña propina se quedan contentos. Si se quiere comprar, el regateo es imprescindible.

El barrio de los curtidores de Fez, con las pieles secándose al sol y las cubetas con diferentes mejunjes apestosos :)
Por desgracia, a día de hoy se mantiene la prohibición a los no musulmanes de visitar mezquitas y lugares santos (con contadas excepciones en el país y ninguna en Fez), medida que considero absurda en la actualidad y que se remonta al protectorado francés, pensada para evitar conflictos entre comunidades. Y si bien en Marrakech o Casablanca esta prohibición no me importó apenas, en Fez sí me pareció que me estaba perdiendo auténticas maravillas arquitectónicas, ya que lo que vi desde la entrada en ocasiones tenía una pinta excelente. No obstante, recomiendo visitar, aunque nos quedemos en la puerta, las mezquitas más destacadas de la ciudad, como son la Karaouine, en el centro geográfico de la medina, o el mausoleo de Mulay Idrís, muy cerquita. La mezquita andalusí, en el barrio homónimo, ocuparía el tercer lugar, con una bonita puerta. Además, los minaretes verdes de muchas de ellas suelen ser hermosos, y para quien no esté acostumbrado, sus llamadas al rezo no dejan indiferente.

Aunque hay que decir que se compensa la prohibición de visitar mezquitas con el permiso para visitar otra institución básica del Islam: las "madrazas" o "medersas", que es como se llama a las escuelas coránicas. Esta institución es algo así como la versión mora de un college inglés, porque integra la escuela y los dormitorios de los estudiantes en un solo edificio, e incluso en algún caso también disponen de mezquita. Fez es la ciudad marroquí que dispone de más ejemplares de estos históricos edificios, también estructurados en torno a un patio, aunque su grado de conservación es desigual. En el momento de escribir estas líneas, las madrazas Bou Inania y el-Attarine son las mejor conservadas, y son igualmente espectaculares por la belleza de su decoración, con yeserías con caligrafía árabe, puertas de madera labradas o azulejos preciosos. La primera es la más grande y dispone de su propia mezquita y minarete, que aunque no permiten el paso a los no musulmanes, se ven perfectamente desde el patio. Y la segunda, más pequeña, dispone incluso de más detalles de decoración. Si no se dispone de tiempo para visitar ambas, recomiendo ver al menos una. Eso sí, pueden resultar algo difíciles de encontrar para el viajero independiente, así que si no las veis por vosotros mismos, preguntad a alguna persona (preferiblemente artesanos y niños, como dije antes).

Madraza de Bou Inania, con minarete y mezquita incluidos
Mientras se buscan estos lugares, el viajero reparará en otro lugar de interés en sí mismo, que es el propio zoco o mercado permanente que ocupa, a ojo, un tercio de la medina. Como se hacía en España en la Edad Media (de lo que solo nos queda la huella de los nombres de algunas calles), en Marruecos los puestos del zoco se colocan por gremios de tal modo que todos los plateros tienen sus puestos en una calle, mientras que los puestos de especias, verdura o de venta de calzado tienen también delimitadas sus zonas. Este inmenso zoco ocupa algunas de las calles principales de la medina, a menudo cubiertas con unas precarias techumbres que no consiguen dar el aspecto de un mercado cubierto como tienen otros países musulmanes como Turquía. Perderse por estas calles y ver a los artesanos trabajando es una más de las actividades que se esperan de una visita a Marruecos. Nótese que en la medina de Fez, por su tamaño y a falta de tráfico rodado, ni siquiera de motos como en Marrakech, se suministra mercancía al zoco o se recoge la basura con burros... ¿os había dicho que esto es otro mundo?

Por último, acabo la visita a la medina hablando de sus imponentes murallas, que la abrazan totalmente, y sus puertas. Sobre las primeras, dar un paseo junto a ellas es una buena forma de admirarlas, y existen miradores extramuros interesantes (hablaré de ellos en otro post sobre Fez). De entre las últimas, algunas destacables son las de la plaza Rcif, y especialmente la Bab Bou Jeloud. Esta puerta, aunque reciente (data de 1913), se ha convertido en un símbolo de Fez por ser el principal acceso a la medina y por ser una de las fotos más típicas de la ciudad. No es difícil encontrar el ángulo que nos permite sacarla completa mientras dos minaretes (uno de ellos el de la madraza Bou Inania) aparecen en el arco que dibuja. Además, junto a ella se ubica la principal zona de restaurantes de la medina, a precios populares (menús a 5-10 euros).

Seguiré con Fez-el-Jedid y con una sección dedicada a los museos en una próxima entrada.