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miércoles, 5 de agosto de 2015

SAMARCANDA: demostrando que hay vida más allá del Registán

Nadie duda de que la plaza del Registán es la culpable de la existencia de Samarcanda, y casi de Uzbekistán, en el mapa del turismo mundial, aunque sea todavía como un punto poco conocido por la mayoría de los viajeros. Pero resumir la visita a la ciudad en esta majestuosa plaza sería ser injusto e ignoraría otros rincones con mucho encanto. La visita completa al Registán puede exigir medio día para verlo todo y sacar todas las fotos que a uno le puede apetecer (más la visita nocturna). Para ver el resto de puntos de la ciudad necesitaremos otro día completo.

La estrecha calle entre los decorados mausoleos de la necrópolis de Shah-I-Zinda nos hizo sentir pequeños
Samarcanda es, tras Tashkent, la ciudad turística uzbeka que más se ha "sovietizado". Son numerosas las calles anchas por las que los coches circulan a gran velocidad, y los monumentos históricos se encuentran medianamente dispersos con grandes espacios intermedios que nos hacen creer que estamos visitando lugares aislados unos de otros. Pero tranquilos, su tráfico se parece más al de una pequeña ciudad rusa que al caos de otros países emergentes del continente asiático.
Aunque nosotros recorrimos todos los lugares de interés a pie, es probable que muchos prefieran ir en autobús, taxi o autostop. Tomando como referencia el Registán, la mayoría de zonas interesantes está al norte, aunque hay un pequeño grupo al sur.


AL NORTE DEL REGISTÁN



Al este del Registán sale una calle peatonal, moderna, flanqueada por edificios de una sola altura, y que no parece uzbeka. Es la calle "Tashkent". Los edificios a los lados son tiendas dirigidas a extranjeros, con recuerdos o productos que potencialmente nos pueden interesar. Aunque el regateo es imprescindible, pasa como en casi cualquier otro sitio del país; los vendedores no agobian, y su comportamiento es más parecido al de una tienda de Europa que al de los pesados vendedores marroquíes, turcos o indios (por citar tres países que conozco).

La gigantesca mezquita Bibi Khanum
Al final de la calle nos encontraremos con otro edificio imponente: se trata de la mezquita Bibi-Khanum. Está en ruinas, pero ¡qué ruinas! Resulta increíble pensar que en algún momento toda la superficie que queda entre los altos muros pudo estar ocupada por un solo edificio.
Esta mezquita lleva el nombre de la esposa del omnipresente Tamerlán, y se cuenta que ella lo mandó construir durante una de sus campañas militares, por lo que estamos hablando de que el edificio original es del s. XIV. Las dimensiones hablan por sí solas: la puerta de entrada tiene casi 40 metros de altura, y el área es de unos 160x110 metros. El edificio, que ya estaba en desuso con anterioridad, sufrió un terremoto en 1897 y no se ha recuperado desde entonces. En 1974, se emprendieron acciones para intentar devolverle su antiguo esplendor, y por ejemplo al menos parte de los azulejos que hoy luce son de esta época, aunque se hayan respetado los colores tradicionales. Como curiosidad, un inmenso corán de piedra preside la parte central del conjunto.

Vista exterior de la mezquita Hazrat, más moderna
Desde aquí el resto de lugares de interés del norte de Samarcanda quedan cercanos. A pocos metros de la mezquita se encuentra el mercado de Samarcanda. Más que como lugar turístico, este mercado sirve para tomarle el pulso a la ciudad, y es un buen lugar para comprar frutas y verduras o cambiar dinero (ilegalmente, como hace todo el mundo). Al contrario del mercado de Tashkent, no recuerdo haber visto restaurantes interesantes para comer.

Cruzando una calle ancha llena de tráfico llegamos enseguida a una mezquita más modesta, la mezquita "Hazrat". Originalmente ha habido ahí una mezquita desde el s. XIII, pero la actual es del s. XIX. Tiene el aspecto clásico de las mezquitas uzbekas hoy en día, con un techo con unos artesonados muy coloridos.

Detalle del artesonado del techo de la mezquita Hazrat
La siguiente parada de este periplo sería a Afrosiyab. Samarcanda presume de ser una de las ciudades pobladas desde más antiguo a nivel mundial (hace poco celebró su 2750 cumpleaños), y Afrosiyab fue el lugar en el que se estructuró la ciudad desde el s. VII-VI a.c. hasta el XI d.c. Realmente hoy es poco más que una colina herbosa y vallada en la que vimos ovejas pastando. En su recinto se ha construido un museo que muestra objetos allí encontrados. Como ya nos pasó en Jiva, y en otros países en vías de desarrollo, los museos dejan un poco que desear, no por falta de calidad de las piezas mostradas, sino por las escasas explicaciones que dan sobre las mismas o el poco tacto a la hora de exponerlas (con poca iluminación, mal colocadas, etc.). La caminata entre las mezquitas y este museo también influyen a la hora de calificarlo como "prescindible" en la visita a Samarcanda.

Lo que no es prescindible es el siguiente lugar que vimos: la necrópolis de Shah-I-Zinda. Para ello tendremos que volver sobre nuestros pasos y en la mezquita Hazrat girar a la izquierda, hacia el este. Esta necrópolis es un conjunto de pequeños mausoleos construidos entre los siglos XI y XIX, estructurados en torno a una estrecha calle central. En tiempos de Tamerlán ésta fue la necrópolis de su imperio, y de hecho en ella descansan varios de sus familiares.

Cúpula interior de uno de los mausoleos del complejo Shah-I-Zinda
Dos decenas de edificios, la mayoría decorados con vistosos azulejos azules y de color turquesa, nos dejaron impresionados. Alguno de los mausoleos está abierto, y por dentro son tan bonitos como por fuera.


AL SUR DEL REGISTÁN



A unas 10-15 minutos a pie del Registán, hacia el suroeste, se encuentran dos mausoleos que centran el interés. El primero es el de Rukhabad, un modesto (al menos comparándolo con lo visto anteriormente) edificio de ladrillo del s. XIV que también carece de decoración por dentro. Pagamos por entrar a verlo y no nos dijo gran cosa.

Interior del mausoleo Gur-Emir
Muy distinta fue la visita al mausoleo de Gur-Emir. Este edificio, también en ruinas y también parcialmente reconstruido durante la época soviética, es junto a la mezquita Babi-Khanum y Shah i Zinda, el tercer plato fuerte de la Samarcanda ajena al Registán. La construcción de este mausoleo fue ordenada por Timur, en 1403, tras la muerte repentina de su nieto favorito, heredero al trono. Cuando en 1405 murió Tamerlán, en pleno invierno, fue enterrado aquí, ante la imposibilidad de trasladar su cuerpo a Shahrisabz por causas climatológicas. Samarcanda y Shahrisabz solo están separadas por 90 kms., pero con unas altas montañas que las separan. El edificio que iba destinado a ser su mausoleo perdió así el uso para el que estaba previsto. Al final, este mausoleo samarcando también acoge los cuerpos de UlughBeg, nieto de Tamerlán y gobernante también de la zona, y de los hijos de Tamerlán Shahruj y Miran Shah.

El interior está decorado en colores azul y dorado, al estilo de la madraza Tilya Kori del Registán. La restauración de este monumento, como pasa con otros muchos edificios uzbekos (especialmente en Samarcanda) ha provocado controversia, porque le ha dado al edificio un aspecto excesivamente moderno. Parece que se quiere ocultar, al menos en parte, que estamos ante un edificio con 600 años de historia.

Vista exterior del mausoleo Gur-Emir, en el que yace el cuerpo de Tarmelán
La práctica totalidad de estos edificios es de pago, y aunque los precios que se piden a los turistas no están escritos en ningún lado y no me extrañaría que variaran a gusto del taquillero de cada uno, en ningún caso nos parecieron caros: entre 1 y 3€ cada uno, si la memoria no me falla.

Y con esto ya se puede dar por completada la visita más básica a esta ciudad de leyenda.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Plaza del REGISTÁN: el orgullo de Samarcanda

Madrasa o medersa de Sher-Dor, al atardecer

"Registán" me parece que es una de esas palabras que suenan a solemnes cuando son pronunciadas. Quizá sea porque suena a regio, a rey, o simplemente porque es el nombre de una de las plazas más hermosas de Asia, pero impone respeto. Este rincón de Asia Central y de Uzbekistán es el escaparate hacia el mundo de ese lugar, por lo general desconocido, de nuestro universo; una especie de "Taj Mahal" centroasiático, un monumento que traspasa esa categoría para convertirse en "símbolo" de un territorio.

Detalle decorativo de la mezquita ubicada en la medersa Tilya-Kori, la única de la plaza


¿QUÉ ES EL REGISTÁN?


El Registán es una plaza en la que se agrupan tres madrazas, medersas, madrasas o escuelas coránicas, y se sitúa en Samarcanda, la segunda ciudad más poblada del país, así como sin duda la más famosa. Debe su nombre al idioma tayiko, el mayoritario en la ciudad (por delante del uzbeko), y significa "lugar arenoso", siendo "lugar" el sufijo "-stan" presente en los nombres de todos los países de Asia Central. El tayiko, idioma de la familia persa (cercano al parsi afgano o a lo que se habla en Irán), se habla, aparte de en buena parte de Tayikistán, en el sureste de Uzbekistán, de tal modo que tanto Samarcanda como Bujará hablan más tayiko que uzbeko.

Vista de la plaza cuando está anocheciendo
La arquitectura persa, como se puede apreciar en las fotografías de sus edificios, apreciaba mucho la simetría, y es muy común ver en una misma plaza dos madrazas como "enfrentadas", desafiantes mirándose una a la otra, con las entradas dando a una misma plaza, y unas dimensiones similares. Pero lo que hace especial al Registán es que no son dos, sino tres las madrazas enfrentadas, las dimensiones del conjunto son gigantescas, y la decoración sublime; solo algunas madrazas de la ciudad de Bujará pueden competir con las del Registán en toda Asia Central. Al estilo de estas madrazas se le denomina "timúrida", por ser hechas durante el imperio homónimo, cuyo líder más famoso fue "Timur" o "Tamerlán", hoy convertido en héroe nacional.

Como en muchos otros sitios uzbekos, que no todos, el uso de estos edificios como escuelas coránicas ya es historia, y hoy alojan principalmente tiendas de recuerdos; una de ellas aloja también una mezquita. Las tres, como es norma en Uzbekistán, están vertebradas por un gran patio central, con o sin vegetación en él, y se componen de pequeñas habitaciones o celdas, que es donde dormían los estudiantes, y donde hoy se venden camisetas, pinturas o imanes. Dos de los edificios tienen vistosas cúpulas bulbosas de color azul turquesa.

Detalle decorativo de la entrada de una de las escuelas coránicas de la plaza


¿CÓMO VISITAR EL REGISTÁN?


En otros lugares de Uzbekistán, la entrada a las madrazas es de pago; hablamos normalmente de precios que resultarán anecdóticos para el viajero occidental, entre 1 y 2,5€, más cercanos al primero normalmente. En el Registán, quizá por la mayor atracción turística que tiene, han optado por una solución peor a mi juicio para sacar dinero del turismo, que es la de cobrar por entrar a la plaza. Unas precarias cintas, como de obra, indican a los visitantes cuál es la parte gratuita de la plaza, separándola de la de pago. Nosotros pagamos por el acceso a la plaza 16.000 SUM cada uno (al cambio unos 4,5€), aunque he leído quejas de internautas que dicen que el precio es arbitrario, que no todo el mundo paga lo mismo. El precio que nosotros pagamos no me parece muy caro, aunque debo decir que en las entradas está escrito con bolígrafo, por lo que no podemos estar seguros de que a todo el mundo se le pida lo mismo.

Vista del interior de la mezquita del Registán (I)
El precio de la entrada da derecho a estar en medio de la plaza, a entrar en los tres edificios a todos sus espacios y a acceder más veces dentro de un mismo día sin pagar de nuevo. Así nos lo dijeron, aunque me sorprendió ver al mismo tiempo como no aparecía la fecha en la entrada. Es posible, pagando extra, subir a un ¿minarete? (lo llaman así pero más bien es una esquina de la madraza norte, apenas un poco más alta que el resto del edificio). Nos lo ofreció "por lo bajines" un guardia a cambio de 5000 SUM por persona (1,3€), de una forma que nos dejó claro que era una visita no oficial. Al volver por la tarde para ver la puesta del sol en la plaza, el mismo guardia por un momento parecía no querer dejarnos acceder a la plaza, aunque finalmente se convenció de que habíamos adquirido la entrada ese mismo día; nos reconoció. No subimos al minarete porque por la tarde el sol no nos iba a permitir disfrutar de la plaza, por lo que no puedo opinar, aunque esos "sobornos" nos recordaron la herencia post-soviética que queda aún en el país, ya que en la plaza Roja de Moscú nos pasó algo parecido.

Vista del interior de la mezquita del Registán (II)
Para los que quieran disfrutar de la plaza sin pagar entrada o en un día distinto al día en el que compraron la entrada, decir que hay un excelente mirador junto a la calle "Registán", de acceso gratuito, y que los jardines aledaños a la plaza también son de libre acceso. No es lo mismo que estar en el centro de la plaza, que a mi juicio debería ser gratis, pero debo decir que es suficiente, al menos para los turistas. Muchos de los que dormimos cerca de la plaza no pudimos evitar ir a visitarla todos los días que pasamos en Samarcanda.


HISTORIA


La plaza del Registán se considera el centro medieval de Samarcanda. Sus edificios actuales datan del siglo XV al XVII, siendo la más antigua la ubicada al oeste (Ulugh Beg, s.XV) y la más moderna la del norte (Tilya-Kori, s. XVII). Al este se ubica la madrasa Sher-Dor, también del s. XVII. Esta plaza fue el lugar de las proclamaciones reales así como de las ejecuciones públicas, y hasta los soviéticos (que no dudaron en destruir una catedral de la talla de la del Salvador de Moscú, hoy reconstruida) reconocieron su encanto y han querido dejar su huella en ella. Estos últimos la transformaron bajando el nivel del suelo unos 3 metros, cosa que todavía se puede apreciar viendo que el nivel más bajo de los edificios no está decorado con azulejos; esa parte originalmente estaba bajo tierra.


LA PLAZA, MADRAZA A MADRAZA


Madrasa Ulugh Beg.


Medersa Ulugh Beg. Nótese la amenazante curva que dibuja el minarete de la derecha
Ubicada a la izquierda (oeste) según miramos desde el mirador, fue mandada construir por Ulugh Beg, líder timúrida famoso por su pasión por las ciencias y por ser nieto del legendario Tamerlán. Está decorada con motivos geométricos y flanqueada por dos minaretes que por su forma me recordaron más a los pilares de un edificio clásico que a los minaretes que había visto con anterioridad, fueran estos de Marruecos, Turquía o incluso de Jiva o Bujará, las otras dos reinas del turismo en Uzbekistán.

Madrasa Tilya-Kori


Ubicada al norte, es la gran culpable de que la plaza del Registán sea distinta al resto de plazas uzbekas protagonizadas por escuelas coránicas, por ser la tercera en discordia, mirando de frente al espectador. Fue la última en construirse, terminándose en 1660. Sin embargo, fue modificada recientemente por los soviéticos, quienes le añadieron una cúpula azul turquesa en el lado izquierdo del edificio, rompiendo con ello la simetría que caracteriza a las construcciones persas.

Vista lateral de la madrasa Tilya-Kori, desde una calle que va a dar al Registán
Precisamente bajo esa cúpula se ubica la única mezquita de la plaza, profusamente decorada con motivos azules y dorados, que maravillaron a un servidor. No posee minaretes como las otras dos, sino pequeñas torres en las esquinas que hacen como tales, que con la nueva cúpula se han quedado pequeñas. El minarete ubicado al noreste es al que se puede acceder si se paga a un guardia la cantidad que éste pida.

Madrasa Sher-Dor


Ubicada al este, es en mi subjetiva opinión, la más hermosa del conjunto. Como el resto, está enteramente decorada con azulejos que crean formas geométricas diversas, de colores tales como un gris marronáceo como base y un color turquesa o un azul marino sobre él. Como la Ulugh Beg, posee dos minaretes "estilo columna", también en precario equilibrio, aunque al contrario que ésta, se aprecian dos cúpulas genuinamente timúridas de color azul turquesa y con relieve. Aunque lo que más me llamó la atención de este edificio, fue el transgresor detalle de crear con los azulejos la forma de dos infantiles leones que parecen llevar en lomos dos rostros humanos delante de lo que diríamos que son los rayos del sol. Para los no acostumbrados a la arquitectura islámica, deciros que se prohíbe decorar con formas humanas y de animales tanto el exterior como el interior de sus edificios, aunque esa norma se infringió en este caso y en alguna otra contada madraza de Bujará, en lo que quizá sean las únicas excepciones. Es la fachada que recibe los últimos rayos del sol cada día, y como amantes de los atardeceres que somos, asistimos un día al mismo. El color anaranjado que le da el sol de la tarde la hace incluso más hermosa.

Detalle de la medersa Sher-Dor, con el infantil tigre y el extraño sol con cara humana


ESPECTÁCULO NOCTURNO


Al maravilloso espectáculo que de día ofrece la plaza, hay que añadir lo que se hace de noche. A las 21:30, algunos días (he intentado buscar qué días, sin éxito) se exhibe un espectáculo de luz y sonido. De las tres noches que pasamos en Samarcanda solo se emitió una, y mereció la pena. Sin ser un despliegue de medios comparable a espectáculos similares hechos en Europa, lo recomiendo porque es muy efectista ver de color rojo, dorado, azul o blanco las tres madrazas del Registán al mismo tiempo. Cosa que de día es casi imposible, ya que el sol no suele dar luz a las tres fachadas a la vez.

Momento del espectáculo nocturno en el Registán.
Con una calidad de sonido mejorable, decir que durante el espectáculo una voz en francés hablaba sobre la plaza, en lo que a mí me pareció un guiño al idioma del país que más turistas extranjeros lleva a Uzbekistán: Francia.


DÓNDE COMER O DORMIR


Samarcanda, al contrario que Bujará y sobre todo que Jiva, es una ciudad muy extensa que tiene sus edificios más destacables dispersos en el actual entramado urbano, bastante distantes unos de otros. Aunque hablamos de una distancia que los que más disfruten caminando, podrán permitirse aún.

Madrasa "Sher-Dor" durante el espectáculo nocturno
En Samarcanda nosotros dormimos en el hotel Jahongir Bed and Breakfast, y fue el alojamiento más mediocre de nuestro viaje a Uzbekistán. Tiene buenas notas en los motores de búsqueda, debidas a que su patio interior, su desayuno y la ayuda del dueño son de elogiar. También debo decir a su favor que fue el segundo más barato (42$ la habitación doble cada noche, unos 35€ al cambio en ese momento). Pero la habitación era minúscula (no podíamos abrir la maleta por completo) y los colchones lamentables, porque se notaban todos los muelles. Estar a 7 minutos a pie del Registán es otro importante punto a su favor, ya que está ubicado en un barrio del casco antiguo de la ciudad, en el que las aceras, el asfalto o incluso las farolas escasean... pero así es el Uzbekistán real, no os voy a engañar.

Cuadro de la plaza. Hoy uno similar cuelga de nuestra casa
Para comer, nosotros fuimos a los sitios que nos encontramos o que nos pillaban cerca en cada caso. Junto al mirador del Registán, cambiando de acera en la avenida, hay varios restaurantes que nos sirvieron la comida también probablemente más mediocre de nuestra estancia en Uzbekistán, a lo que hay que sumar la incomprensible falta de variedad de sus menús. A un menú ya de por sí con poco para elegir (algunos restaurantes tienen apenas 8-10 platos distintos en sus cartas) hay que sumar que para cenar apenas tenían 2 o 3 de esos platos. Un día vimos como a unos viajeros les dijeron directamente que no tenían nada que darles de comer... en un país donde el turismo es todavía escaso, muy apreciado y normalmente bien tratado, nos llamó la atención esa continua falta de provisiones de los restaurantes samarcandos, que no notamos en otras ciudades uzbekas.

Interior de uno de los restaurantes de la zona, el Registon. Lástima que la calidad de la comida fuera inferior a la decoración del local
Otros viajeros nos dijeron que la ciudad nueva de Samarcanda, planificada por los soviéticos y posiblemente la más bonita y mejor trazada del país (aunque sin monumentos de interés), sí tiene mejores restaurantes. Cansados por lo que caminábamos durante el día nunca cenamos en la ciudad nueva, por lo que tampoco os puedo confirmar desde la experiencia personal que esto sea cierto.

Samarcanda es inolvidable, y más allá del Registán tiene material para pasar al menos un día entero disfrutando de su arquitectura, pero del resto os hablo en esta otra entrada.

Detalle de una de las dos cúpulas de la madrasa Sher-Dor

sábado, 27 de septiembre de 2014

UZBEKISTÁN: información útil antes de partir

A muchos solo por cómo suena ya se os quitan las ganas de ir, quizá penséis que es peligroso, incluso que está en guerra o como mínimo no se os ocurre qué podría motivar una visita a ese país... pues bien, nosotros acabamos de llegar, nos ha gustado el lugar, no es peligroso, y además lo recomendamos a todo aquel al que le guste la arquitectura persa, no le abrume Asia (con su superpoblación, su pobreza, su legado soviético en este caso, etc.) y quiera visitar un lugar diferente que está lejos, todavía, del turismo de masas, aunque sea más manejable que la mayoría de destinos de Asia. Voy a ir desgranando la información por partes.

Plaza de Registán, en Samarcanda, la plaza más famosa de Uzbekistán y de toda Asia Central, durante el espectáculo nocturno

¿UBEQUÉ?


Uzbekistán es un país de Asia Central, en el centro de este área que abarca a los países asiáticos que integraron la Unión Soviética (excluyendo Rusia): Kazajistán al norte, Kirguistán al noreste, Tayikistán al sureste y Turkmenistán al sur, todos tienen frontera con Uzbekistán, y los 5 juntos integran Asia Central. Con sociedades nómadas y/o feudales hasta la llegada de la Rusia zarista en la segunda mitad del s. XIX, y unidos durante la Unión Soviética, hoy son países independientes, bastante nacionalistas, con fronteras absurdas inalteradas desde la URSS y no siempre buenas relaciones entre ellos. Por desgracia, la caída de la Unión Soviética en 1991 no significó para ellos más que la independencia de sus territorios (y la pobreza que vino detrás), pero ninguno ha alcanzado unas cotas democráticas comparables a las de Occidente. En general, el líder comunista de turno de la república dependiente de Moscú hasta 1991 ha seguido siendo el presidente del país tras la independencia, y en el caso de Uzbekistán, sigue siéndolo hoy en 2014. Existen elecciones que intentan echar un maquillaje de democracia a lo que no lo es, en las que los únicos partidos que podrían hacer una verdadera oposición han sido prohibidos.


¿POR QUÉ IR?


Es decir, ¿qué carajo se me ha podido perder a mí en un país que no sabría ubicar en el mapa, que tiene el sufijo "stan" (que suena a país turbio, como Pakistán o Afganistán) y del que no conozco nada a nivel cultural? Nada a priori, o quizá sí...

El centro urbano de Jiva tiene la mayor densidad de edificios históricos de todo el país
La mayor motivación para visitar Uzbekistán viene de que tiene la mejor arquitectura persa del mundo, con permiso del país persa por excelencia: Irán. Frente a Irán, Uzbekistán ofrece un país menos islamizado, más manejable y con un clima algo más fresco. Por cierto, "stan" es un sufijo que simplemente significa "lugar" en las lenguas túrquicas :)

En un territorio poco más pequeño que España, pero ocupado en su mayor superficie por un inhóspito desierto, este país aglutina las tres ciudades históricas con mayor patrimonio de Asia Central: Jiva, Bujara y la mítica Samarcanda. Capitales de territorios gobernados de manera feudal hasta hace poco más de un siglo, escalas de la legendaria ruta de la seda, estas tres ciudades son las que visita casi la totalidad de turistas extranjeros que va a Uzbekistán; la cuarta sería Tashkent, capital del país, y aunque histórica, reconstruida tras un terremoto en 1966 que destrozó la ciudad. Aun así, como ejemplo de la arquitectura soviética de los 60-70 y porque pasaréis casi obligatoriamente por ella (es con diferencia la población uzbeka con más vuelos internacionales), se le pueden dedicar un par de noches viendo una cara más moderna del país.

Al margen de esto, y aunque Uzbekistán no es el país de mayor cultura nómada de la zona, existen campamentos de yurtas donde emular esa vida típica de Asia Central, y así ahorrarse el visado a Kirguistán o Kazajistán, países más puramente nómadas. Las dos zonas de campamentos de yurtas más típicas están en Karakalpakistán, al suroeste, en la zona de fortalezas de adobe cercana a Urgench (Ayaz Qala), y el pantano de Aydarkul, en el noreste del país. Ambos lugares son válidos también como aproximación al desierto que gobierna más de la mitad de la superficie uzbeka, el Kyzyl Kum ("arenas rojas" en el idioma local).

Puesto de recuerdos típicos uzbekos en el mercado Chorsu de Tashkent
Además, decir que Uzbekistán es un paraíso para los interesados en la etnología, porque difícilmente encontraréis otro país con semejante "batiburrillo" étnico. El origen étnico uzbeko mayoritario es túrquico (los turcos vienen de Asia Central), que se mezcla con la etnia mongola, a lo que hay que añadir las etnias con las que compartieron país durante la época soviética (fundamentalmente rusos, aunque también ucranianos) e incluso casi chinos, ya que los ciudadanos del vecino Kirguistán tienen rasgos que nos recordarán al "gigante asiático". Esta mezcla se ve en Tashkent mejor que en cualquier otra ciudad uzbeka, y a mí me fascinó.


¿QUÉ NECESITO PARA IR?


Para visitar Uzbekistán hace falta solicitar con anterioridad un visado de entrada. Para ello tendréis que poneros en contacto con la embajada de Uzbekistán en España, situada en Madrid (el consulado de Barcelona, en 2014, nos dijo que no tramitaba peticiones de visados). El trámite es sencillo, es prácticamente una cuestión de pagar dinero y se pide por reciprocidad (a los ciudadanos uzbekos también se les exige visado para entrar a España). Se trata de avisar, mandar los pasaportes, esperar unos 10 días, y recogerlos. Eso sí, nuestra experiencia no fue buena puesto que nos sentimos estafados por la embajada, ya que nos exigió que metiéramos un sobre con el franqueo ya pagado para mandarnos nuestros pasaportes de vuelta; a la hora de devolvérnoslos con el visado nos dijeron que Correos había devuelto nuestra carta "porque no entendían la letra". En la web de correos no aparecía constancia de haber tramitado nuestro paquete (cuyo nº de referencia apuntamos) por lo que nos olió mal. Nos enfadamos y yo decidí mandar a mi hermano a coger los pasaportes (vive a 150 kms. de Madrid) y al ver el sobre comprobamos que en ningún momento fueron a Correos a intentar mandarnos los pasaportes; parece que lo que querían era clavarnos más dinero obligándonos a mandar a un repartidor a coger nuestros pasaportes. Los repartidores, si tienen que hacer cola en el consulado, te cobran más, y ellos se quedarían una parte, no sé...

Char Minar, uno de los edificios más singulares de Bujara, la ciudad más santa de Asia Central
Especulaciones aparte, lo que está claro es que nos mintieron, nos exigieron un sobre para devolvernos los pasaportes y nunca lo usaron. En fin, algo del legado de la desagradable burocracia soviética les queda, y quería contar aquí mi experiencia para prevenir a los que vengan detrás. El precio del visado uzbeko lo tenéis aquí y depende del tiempo que vayáis a pasar en el país o de si lo queréis de entrada simple o múltiple, entre otras cosas. Recordad que cada país de la zona os exigirá su propio visado, y si salís de Uzbekistán y queréis volver a entrar necesitaréis un visado de entradas múltiples.

Aparte del visado, yo recomendaría llevar las siguientes cosas "anómalas" tras haber visitado el país:
- Protector labial: Uzbekistán posee uno de los climas más secos del mundo, y vuestros labios lo notarán, y mucho. Si además sopla el viento (en nuestro caso sopló sobre todo en Samarcanda) pues peor aún.
- Ropa para mucho calor y bastante frío: esto puede pasar en todos los sitios, ¿no? Pero allí pasa más. La lejanía del mar hace que el clima sea extremadamente continental. A la sequedad hay que añadir que el rango de temperaturas entre máximas y mínimas es enorme, superior muchas veces a los 20 grados en un mismo día. Nuestro viaje fue la primera mitad de septiembre, y vimos como Tashkent pasaba de los 38ºC a las 14 horas a los 15ºC a las 6 de la madrugada. El dicho "cógete una chaqueta que por la noche refresca" allí aplica más de lo que estamos acostumbrados.
- Linterna: las calles uzbekas son quizá las peor iluminadas que hemos visto en nuestros viajes. Salvo que vuestro hotel esté en una calle o plaza principal agradeceréis en vuestras salidas nocturnas disponer de una linterna que os evite tropezar en los baches o en las irregulares aceras del país (cuando las hay). Como allí se hace de noche pronto, saldréis a cenar siempre de noche, salvo que lo hagáis en vuestro hotel.
- Dólares: resulta extraño en un país post-soviético y todavía buen amigo de Moscú, pero los uzbekos adoran los dólares. Aunque el euro poco a poco va ganando su espacio, el dólar sigue siendo de lejos la moneda extranjera favorita en Uzbekistán, incluso aunque los turistas estadounidenses estén lejos de ser los más numerosos allí. No es obligatorio llevar dólares, pero sí recomendable, puesto que el cambio que ofrecen al cambiar a moneda uzbeka (SUM) suele ser mejor, y puesto que los hoteles suelen poner sus tarifas en esta moneda, esperan cobrar en esa moneda, y el cambio a euro o SUM en el hotel puede ser caprichoso. La volatilidad de la moneda uzbeka ha obligado a la gente que vive del turismo a no usar el SUM como referencia para no estar cambiando constantemente los precios.

La torre de la televisión, el tercer edificio más alto del mundo cuando se acabó, es un buen ejemplo de la arquitectura soviética de Tashkent. Mide 375 metros

¿CÓMO LLEGAR?


Desde principios de esta década Uzbekistan Airways opera un vuelo semanal directo entre Tashkent y Madrid. Pero la mayoría de los mortales han ido, van y seguirán yendo en un vuelo con escala. Las escalas más frecuentes son con los amigos de Uzbekistán: Rusia (por su pasado compartido) y Turquía (con la que se están estrechando lazos por considerarse étnica y lingüísticamente países cercanos). En el primer caso Moscú y San Petersburgo son las ciudades más frecuentes para cambiar de avión, y en el segundo caso Estambul. Nosotros hicimos Barcelona - San Petersburgo - Tashkent tanto a la ida como a la vuelta, siendo el Barcelona - San Petersburgo un vuelo de poco más de 4 horas y el Peter - Tashkent de unas 5 con Aeroflot. Turkish Airlines nos ofrecía hacerlo por Estambul pero a mayor precio. Uzbekistan Airways tiene vuelos también con ambos países.

¿CÓMO ME MUEVO POR ALLÍ?


La crudeza del desierto uzbeko, el Kyzyl Kum, y las caprichosas fronteras soviéticas, provocan que la mayoría de la población uzbeka se encuentre muy cercana a la frontera con otros países, en ocasiones no muy amigos en la actualidad. Khiva está a 15 kms. de Turkmenistán, el área metropolitana de Tashkent casi toca Kazajistán y Samarcanda se encuentra a apenas 50 kms. de Tayikistán. El menos turístico pero muy poblado valle de Fergana, en el noreste del país, penetra impunemente entre Kirguistán y Tayikistán.

Sin embargo, Uzbekistán nos resultó un lugar en el que es sencillo moverse por el país libremente, por lo que no es necesario organizar el viaje con una agencia de viajes en España. Si cogéis un mapa veréis que Jiva ("Khiva" en inglés) está a desmano del resto de ciudades turísticas, a más de 1000 kms. de Tashkent y a unos 500 de Bujara, por lo que recomiendo ir en avión desde Tashkent (unas 20 horas en tren os esperan en caso contrario) hasta Urgench, ciudad sin interés turístico pero a tiro de piedra de Jiva, unos 40 kms. al sur. Ese vuelo os costará menos de 100€, y tenéis 2 o 3 frecuencias diarias con la compañía "Uzbekistan airways", en modernos aviones Airbus A320, como los de las compañías europeas de bajo coste.

Jiva, marcada con el índice rojo de la parte izquierda de la foto, queda alejada de las otras 3 ciudades turísticas del país: Bujara, Samarcanda y Tashkent, recuadradas.
Bujara, Samarcanda y Tashkent están unidas por un tren medianamente rápido para lo típico allí. 260 kms. separan Bujara de Samarcanda, y el tren diario que hace el recorrido por 9€ necesita poco más de 3 horas. Ese tren continúa hasta Tashkent (290 kms. más), por un precio parecido, necesitando 3 horas y media más. Aunque otros trenes más rápidos comunican Tashkent y Samarcanda, siendo el más rápido el español (un tren Talgo, igualito a los ALVIAs de RENFE) "Afrosiyab", un tren que une las dos ciudades más pobladas del país en 2 horas y 10 minutos. Para más información de horarios, tenéis este enlace, aunque los precios reflejan el amplio margen de beneficio de la agencia de viajes que los ofrece :) Se pueden comprar en las estaciones de tren por menos dinero.

Por último, el trayecto Jiva-Bujara ("Bukhara" en inglés) no es recomendable para hacer en tren, puesto que no hay trenes directos, y la combinación da un buen rodeo yendo por Navoi. En taxi privado (o el coche de cualquier ciudadano que le quiera llevar a uno) se necesitarán entre 6 y 10 horas por una carretera llena de baches (que en 2014 nos dijeron que estaban arreglando), por lo que si os cuadra bien recomendamos el hacerlo en avión. Uzbekistan airways opera la ruta Urgench-Bukhara, en principio una vez a la semana y solo en temporada alta turística, por un precio que en nuestro caso fue de unos 60€. Parecido de precio al coche, es más cómodo y rápido, pero no a todos les cuadra bien en fechas (cuando fuimos nosotros el vuelo era los domingos).

Ruinas del antiguo palacio de Amur Timur, en Shahrisabz, la cuarta ciudad patrimonio de la humanidad en el país, junto a Samarcanda, Bujara y Jiva
El resto de lugares destacables turísticamente hablando, secundarios al lado de las tres perlas uzbekas, son accesibles en taxi, taxi compartido, marshrutka (mini-bus, más incómodo) o simplemente haciendo autostop, muy popular allí entre los propios uzbekos, y más seguro que en Europa. Algunos taxistas o agencias de viajes proponen excursiones a lugares interesantes cercanos a las capitales turísticas del país.


¿CUÁNDO IR?


Uzbekistán está aproximadamente a la misma latitud que la España peninsular, lo que hace que la media de temperaturas no sea muy distinta a la de nuestro país. Eso sí, la lejanía del mar hace que el clima sea muy continental, con grandes diferencias de temperatura entre invierno y verano, y entre día y noche. Por otro lado, allí apenas llueve, y es la primavera la época del año más lluviosa, aunque incluso en primavera las precipitaciones no abundan precisamente.

Así que ante un clima tan extremo, no hay dudas en cuanto a fechas: hay que evitar el invierno, donde las temperaturas pueden bajar incluso a -20ºC, y el verano, en el que pasar de los 40ºC también es muy frecuente. La primavera, entre abril y mediados de junio, y el otoño, que va de septiembre a octubre, son las mejores épocas. Esto aplica a la inmensa mayoría del país, aunque las escasas pero altas montañas del este (superando los 3000 metros al noreste de Tashkent y los 4000 al sureste de Samarcanda) son mejor opción quizá para pleno verano o finales de primavera y principios de otoño. No obstante, para turismo de montaña son mejores los vecinos del este, los más salvajes Kirguistán y Tayikistán, donde las estribaciones del Himalaya dejan montañas con alturas que superan los 7000 metros de altura en algunos casos.

Mujeres uzbekas, en Jiva

RESUMIENDO...


Si buscáis un viaje de 10-14 días, de corte cultural, saliendo de Europa pero todavía con cierta influencia europea (rusa en este caso) y a buen precio, Uzbekistán puede ser vuestro destino.