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domingo, 22 de mayo de 2016

Durmiendo entre paredes de un palacio romano: SPLIT

Split, la mayor ciudad de Dalmacia y la segunda más grande de toda Croacia (tras Zagreb, la capital), es uno de los primeros lugares del mundo que fue protegido como "patrimonio de la humanidad" por la UNESCO, allá por 1979. En su pequeño casco antiguo, de calles de un gris claro, casi blanco, se alza uno de los monumentos romanos más singulares de todo el mundo, donde llama casi más la atención la forma en la que se ha conservado que el valor artístico que tuvo cuando se construyó. Y es que no creo que haya muchos más edificios romanos entre cuyas paredes viva hoy gente, normal y corriente, como el lector o este humilde bloguero. Paredes con casi 2000 años de historia conviven pacíficamente con ropa tendida o con pequeños comercios en sus bajos.

Peristilo de Split, el centro del palacio romano, con la catedral a la derecha
Cuenta la historia que Diocleciano, un emperador romano que gobernó entre los años 286 y 305 y nacido en la actual Croacia, ordenó la construcción de un gran palacio, cerca de su lugar de nacimiento, al que poder retirarse una vez dejará de ser el emperador de la mitad oriental del imperio romano. El palacio se construyó y el ya ex-emperador pudo disfrutarlo los últimos años de su vida, hasta que falleció en 311.
El imperio romano fue invadido, y con su caída el palacio quedó abandonado. Sin embargo, las invasiones eslavas que sacudirían la zona varios siglos después lo volvieron a poner de actualidad, haciéndolo sumamente útil. Y es que personas que vivían en poblaciones cercanas lo ocuparon para protegerse de esos invasores y desde entonces se ha mantenido siempre habitado. Las personas adaptaron las ruinas a sus necesidades, reconstruyeron lo que necesitaron, y todavía hoy hay personas viviendo con muros de la época romana en sus casas.

Plaza del centro de Split
Quizá el lugar donde se hace más evidente la esencia romana del centro de Split es el peristilo, la plaza central del palacio y hoy de todo Split. Según miramos hacia el mar, a mano izquierda queda la catedral de la ciudad, católica, que presume de ser la catedral en uso que más tiempo lleva sin alterar lo fundamental de su estructura. En el siglo VII se convirtió en catedral, y salvo la torre, cuya última modificación se realizó en el siglo XII, se mantiene prácticamente inalterada desde entonces.
Una catedral que esconde una curiosa paradoja. Y es que Diocleciano mandó construir ese edificio como su mausoleo, siendo como fue, uno de los emperadores que protagonizó las sangrientas persecuciones de cristianos del imperio romano. El karma ha hecho bien su trabajo esta vez, y hoy tiene que estar revolviéndose al ver que "su casa", una vez muerto, sirve para rendir el culto que tanto persiguió. Recordemos que el cristianismo fue permitido a partir del edicto de Milán, que defendía la libertad de culto en el imperio, promulgado en el año 313, solo dos años tras su muerte. Es decir, Diocleciano protagonizó algunas de las últimas purgas anticristianas del mundo romano.

Vista de Split desde el monte Suma Marjan
Recomiendo pues, visitar Split sin mapa, perdiéndose por las estrechas calles del centro intentando jugar a adivinar qué muros son romanos y cuáles no. Aunque fuera del casco antiguo, hay algunos sitios de interés. Uno de ellos es la vistosa plaza de la República, con sus edificios de color rojo, que está junto al centro aunque fuera de los límites del antiguo palacio de Diocleciano. Otro lugar es el parque del monte Suma Marjan, desde el que se disfruta de una espléndida vista de la ciudad, y al que se puede acceder a pie desde el centro.


ALREDEDORES



Yo visité la ciudad durante una semana santa en la que apenas pudimos quitarnos el abrigo, por lo que no puedo hablaros de las numerosas islas cercanas a Split y de sus posibilidades para bañarse en el mar o tomar el sol. No obstante, el puerto de Split es una referencia en el tráfico de ferries entre la ciudad e islas como Hvar o Korcula.

La vistosa catedral de Trogir, un tesoro tanto por dentro como por fuera
La visita cercana que sí hicimos fue a la pequeña población de Trogir. Con apenas 11.000 habitantes y situada en una isla de 1 km2 que ocupa por completo, pegada al continente, es también patrimonio de la humanidad; para nosotros fue un lujo pasear por sus calles en casi absoluta soledad. Está apenas a 30 kms. de Split, y tiene como principales atractivos su catedral, la plaza mayor (en la que se ubica) o el castillo de Camarlengo o Kamerlengo. Como en Split, se nota la influencia de la época en la que buena parte de la costa adriática estaba bajo dominio veneciano.


CÓMO LLEGAR



Croacia ha sido uno de los pocos sitios en los que he renunciado a mi afición a usar el transporte público de viaje, y he cogido un coche de alquiler. El motivo es que de Split hacia el sur, donde se encuentra entre otros Dubrovnik, (nuestro aeropuerto de entrada al país) no hay trenes. Pero en Split sí, y aunque no puedo hablar por mi experiencia, tengo entendido que en tren se puede llegar a las principales ciudades al norte de la costa croata y de su interior, incluyendo obviamente Zagreb, e incluso ciudades de otros países como Ljubljana (Liubliana, la capital eslovena).

Plaza de la República de Split, vista desde el lado que da al mar

Para ir hacia el sur, por ejemplo a Dubrovnik, hay que recurrir al autobús.

miércoles, 5 de agosto de 2015

SAMARCANDA: demostrando que hay vida más allá del Registán

Nadie duda de que la plaza del Registán es la culpable de la existencia de Samarcanda, y casi de Uzbekistán, en el mapa del turismo mundial, aunque sea todavía como un punto poco conocido por la mayoría de los viajeros. Pero resumir la visita a la ciudad en esta majestuosa plaza sería ser injusto e ignoraría otros rincones con mucho encanto. La visita completa al Registán puede exigir medio día para verlo todo y sacar todas las fotos que a uno le puede apetecer (más la visita nocturna). Para ver el resto de puntos de la ciudad necesitaremos otro día completo.

La estrecha calle entre los decorados mausoleos de la necrópolis de Shah-I-Zinda nos hizo sentir pequeños
Samarcanda es, tras Tashkent, la ciudad turística uzbeka que más se ha "sovietizado". Son numerosas las calles anchas por las que los coches circulan a gran velocidad, y los monumentos históricos se encuentran medianamente dispersos con grandes espacios intermedios que nos hacen creer que estamos visitando lugares aislados unos de otros. Pero tranquilos, su tráfico se parece más al de una pequeña ciudad rusa que al caos de otros países emergentes del continente asiático.
Aunque nosotros recorrimos todos los lugares de interés a pie, es probable que muchos prefieran ir en autobús, taxi o autostop. Tomando como referencia el Registán, la mayoría de zonas interesantes está al norte, aunque hay un pequeño grupo al sur.


AL NORTE DEL REGISTÁN



Al este del Registán sale una calle peatonal, moderna, flanqueada por edificios de una sola altura, y que no parece uzbeka. Es la calle "Tashkent". Los edificios a los lados son tiendas dirigidas a extranjeros, con recuerdos o productos que potencialmente nos pueden interesar. Aunque el regateo es imprescindible, pasa como en casi cualquier otro sitio del país; los vendedores no agobian, y su comportamiento es más parecido al de una tienda de Europa que al de los pesados vendedores marroquíes, turcos o indios (por citar tres países que conozco).

La gigantesca mezquita Bibi Khanum
Al final de la calle nos encontraremos con otro edificio imponente: se trata de la mezquita Bibi-Khanum. Está en ruinas, pero ¡qué ruinas! Resulta increíble pensar que en algún momento toda la superficie que queda entre los altos muros pudo estar ocupada por un solo edificio.
Esta mezquita lleva el nombre de la esposa del omnipresente Tamerlán, y se cuenta que ella lo mandó construir durante una de sus campañas militares, por lo que estamos hablando de que el edificio original es del s. XIV. Las dimensiones hablan por sí solas: la puerta de entrada tiene casi 40 metros de altura, y el área es de unos 160x110 metros. El edificio, que ya estaba en desuso con anterioridad, sufrió un terremoto en 1897 y no se ha recuperado desde entonces. En 1974, se emprendieron acciones para intentar devolverle su antiguo esplendor, y por ejemplo al menos parte de los azulejos que hoy luce son de esta época, aunque se hayan respetado los colores tradicionales. Como curiosidad, un inmenso corán de piedra preside la parte central del conjunto.

Vista exterior de la mezquita Hazrat, más moderna
Desde aquí el resto de lugares de interés del norte de Samarcanda quedan cercanos. A pocos metros de la mezquita se encuentra el mercado de Samarcanda. Más que como lugar turístico, este mercado sirve para tomarle el pulso a la ciudad, y es un buen lugar para comprar frutas y verduras o cambiar dinero (ilegalmente, como hace todo el mundo). Al contrario del mercado de Tashkent, no recuerdo haber visto restaurantes interesantes para comer.

Cruzando una calle ancha llena de tráfico llegamos enseguida a una mezquita más modesta, la mezquita "Hazrat". Originalmente ha habido ahí una mezquita desde el s. XIII, pero la actual es del s. XIX. Tiene el aspecto clásico de las mezquitas uzbekas hoy en día, con un techo con unos artesonados muy coloridos.

Detalle del artesonado del techo de la mezquita Hazrat
La siguiente parada de este periplo sería a Afrosiyab. Samarcanda presume de ser una de las ciudades pobladas desde más antiguo a nivel mundial (hace poco celebró su 2750 cumpleaños), y Afrosiyab fue el lugar en el que se estructuró la ciudad desde el s. VII-VI a.c. hasta el XI d.c. Realmente hoy es poco más que una colina herbosa y vallada en la que vimos ovejas pastando. En su recinto se ha construido un museo que muestra objetos allí encontrados. Como ya nos pasó en Jiva, y en otros países en vías de desarrollo, los museos dejan un poco que desear, no por falta de calidad de las piezas mostradas, sino por las escasas explicaciones que dan sobre las mismas o el poco tacto a la hora de exponerlas (con poca iluminación, mal colocadas, etc.). La caminata entre las mezquitas y este museo también influyen a la hora de calificarlo como "prescindible" en la visita a Samarcanda.

Lo que no es prescindible es el siguiente lugar que vimos: la necrópolis de Shah-I-Zinda. Para ello tendremos que volver sobre nuestros pasos y en la mezquita Hazrat girar a la izquierda, hacia el este. Esta necrópolis es un conjunto de pequeños mausoleos construidos entre los siglos XI y XIX, estructurados en torno a una estrecha calle central. En tiempos de Tamerlán ésta fue la necrópolis de su imperio, y de hecho en ella descansan varios de sus familiares.

Cúpula interior de uno de los mausoleos del complejo Shah-I-Zinda
Dos decenas de edificios, la mayoría decorados con vistosos azulejos azules y de color turquesa, nos dejaron impresionados. Alguno de los mausoleos está abierto, y por dentro son tan bonitos como por fuera.


AL SUR DEL REGISTÁN



A unas 10-15 minutos a pie del Registán, hacia el suroeste, se encuentran dos mausoleos que centran el interés. El primero es el de Rukhabad, un modesto (al menos comparándolo con lo visto anteriormente) edificio de ladrillo del s. XIV que también carece de decoración por dentro. Pagamos por entrar a verlo y no nos dijo gran cosa.

Interior del mausoleo Gur-Emir
Muy distinta fue la visita al mausoleo de Gur-Emir. Este edificio, también en ruinas y también parcialmente reconstruido durante la época soviética, es junto a la mezquita Babi-Khanum y Shah i Zinda, el tercer plato fuerte de la Samarcanda ajena al Registán. La construcción de este mausoleo fue ordenada por Timur, en 1403, tras la muerte repentina de su nieto favorito, heredero al trono. Cuando en 1405 murió Tamerlán, en pleno invierno, fue enterrado aquí, ante la imposibilidad de trasladar su cuerpo a Shahrisabz por causas climatológicas. Samarcanda y Shahrisabz solo están separadas por 90 kms., pero con unas altas montañas que las separan. El edificio que iba destinado a ser su mausoleo perdió así el uso para el que estaba previsto. Al final, este mausoleo samarcando también acoge los cuerpos de UlughBeg, nieto de Tamerlán y gobernante también de la zona, y de los hijos de Tamerlán Shahruj y Miran Shah.

El interior está decorado en colores azul y dorado, al estilo de la madraza Tilya Kori del Registán. La restauración de este monumento, como pasa con otros muchos edificios uzbekos (especialmente en Samarcanda) ha provocado controversia, porque le ha dado al edificio un aspecto excesivamente moderno. Parece que se quiere ocultar, al menos en parte, que estamos ante un edificio con 600 años de historia.

Vista exterior del mausoleo Gur-Emir, en el que yace el cuerpo de Tarmelán
La práctica totalidad de estos edificios es de pago, y aunque los precios que se piden a los turistas no están escritos en ningún lado y no me extrañaría que variaran a gusto del taquillero de cada uno, en ningún caso nos parecieron caros: entre 1 y 3€ cada uno, si la memoria no me falla.

Y con esto ya se puede dar por completada la visita más básica a esta ciudad de leyenda.

sábado, 14 de febrero de 2015

El puerto amurallado: DUBROVNIK

Un servidor frente a las murallas de Dubrovnik, disfrutando de la vista del fuerte de Revelin
Llevo tiempo queriendo escribir sobre esta ciudad, la más famosa y sin lugar a dudas singular ciudad costera de la antigua Yugoslavia, hoy en la región croata de Dalmacia. Un lugar de cuento de hadas, una especie de "Ávila con sabor a sal", con arquitectura de aires venecianos pero que durante siglos fue "a su bola", sin depender de la hoy ciudad italiana. Dubrovnik lo tiene todo, un patrimonio muy interesante, unas murallas imponentes y una privilegiada situación junto al mar pero a escasa distancia de las montañas que la separan de Bosnia y Herzegovina, antaño otra república del mismo país, hoy otro país distinto, cada vez más distante culturalmente.

Pero tras el innegable aire pintoresco de la antigua Ragusa, Dubrovnik también es una ciudad que ha sufrido. Dos fechas han quedado marcadas en el calendario de su vida. La primera, el terremoto que la destrozó el 1 de abril de 1667, matando a casi la mitad de sus habitantes (5.000 muertos). La segunda, el bombardeo y asedio al que fue sometida durante la guerra de los Balcanes. Los ocho meses de asedio (entre 1991 y 1992) provocaron la muerte de casi un centenar de personas, y que 2/3 de las viviendas recibieran impactos que obligaron a cambiar las tejas de los tejados. Esto puede comprobarse ya que aunque se procuró utilizar materiales similares el color más "nuevo" y oscuro de las tejas deja ver su modernidad.

No obstante, la ciudad hoy luce de tal modo que no se notan las huellas de esa todavía cercana y horrible guerra. Tras haber visto Sarajevo y Mostar, donde sí se notan esas huellas, ver Dubrovnik (y Croacia en general) deja claro que sufrió menos y que ha tenido mayores recursos para recuperarse antes de aquel infierno.

Detalle de la muralla interior de Dubrovnik, contundente como pocas


HISTORIA



Ragusa, el nombre que recibía la histórica Dubrovnik (y por el que todavía se la puede denominar) ha sido una pujante ciudad desde tiempos remotos. Al contrario que Split, no conserva restos romanos ya que fue fundada con posterioridad, y la información escrita más antigua sobre ella data del siglo VII. Tras un primer periodo bizantino, Ragusa estuvo bajo control veneciano varios siglos. Hasta que en 1358 Venecia se retiró de la ciudad.

La llegada de los turcos motivó a Ragusa a llegar un acuerdo con el imperio otomano por el cual éste no invadiría la ciudad a cambio de que Ragusa pagara un tributo. Y así fue, Dubrovnik fue una pujante república independiente durante siglos, nunca fue invadida por los otomanos, a pesar de que se quedaron muy cerca. La frontera entre los otomanos y Ragusa coincide, y no por casualidad, con la línea que hoy separa Bosnia y Herzegovina con Croacia, a apenas 7 kms. en línea recta y 12 si se va en coche.

Ragusa, cuya capital tenía apenas 1 kilómetro cuadrado, se enriqueció y embelleció durante esta época, gracias al comercio marítimo, hasta el punto de ser una dura rival de Venecia en el Adriático y el resto del Mediterráneo Central. Hasta que el ya citado terremoto de 1667 acabara con buena parte de ella. Fue el fin de una era en la que en Dubrovnik se hablaba un dialecto similar al veneciano para pasar a ser territorio de habla eslava, como sigue siendo hoy.

Vista de Dubrovnik desde un mirador de la carretera
En 1808 Napoleón conquistó la república, que pasó a manos austriacas solo siete años después. Como el resto de la zona, Dubrovnik pasó a formar parte de Yugoslavia tras el final de la primera guerra mundial, y así seguiría siendo hasta principios de los 90.

En 1979, cuando España y muchos otros países aun no tenían ningún lugar en la exclusiva lista, el centro de la ciudad Dubrovnik entró a formar parte del patrimonio de la humanidad. Aunque esta privilegiada denominación no la salvó de los daños que sufrió en la guerra de los Balcanes.

Dubrovnik, como la mayor parte de Croacia, votó masivamente a favor de independizarse de Yugoslavia en el referendo del 19 de mayo de 1991. Pero su historia y su emplazamiento geográfico, a 7 kms. de Bosnia y Herzegovina y apenas a 40 de Montenegro, hicieron que el ejército yugoslavo iniciara las hostilidades poco después, llegando incluso a asediar la ciudad entre octubre de 1991 y mayo de 1992. Aunque el número de víctimas y el destrozo general causados por la guerra fueron muy inferiores a lo ocurrido en Bosnia y Herzegovina (ya he hablado de Mostar y de Sarajevo en el blog, dos de las protagonistas de esa horrible guerra), murieron más de un centenar de personas. El resto de la guerra, la amenaza serbomontenegrina permaneció, aunque no se produjeron daños comparables a los del sitio. En esos años se habló incluso de que Dubrovnik se constituyera como "ciudad-estado", al estilo de Mónaco, aunque esa aspiración se ha ido diluyendo con el tiempo. La reconstrucción, bajo la guía de la UNESCO, se llevó a cabo durante la segunda mitad de la década de los 90.

Dubrovnik desde las murallas que la envuelven
Una vez acabada la guerra, y más aún cuando acabó la reconstrucción, Dubrovnik volvió "por sus fueros", recibiendo el turismo cultural y de sol y playa que ya empezó a recibir en la época yugoslava y que temporalmente perdió debido a la guerra. La reciente incorporación de Croacia a la Unión Europea probablemente provoque un aumento de la popularidad del país con un potencial turístico excelente, no solo por su más de un millar de islas o el resto del litoral, sino por una naturaleza preciosa (tiene 8 parques nacionales, entre ellos el famoso parque de los lagos de Plitvice, en un área similar a la de Aragón y Navarra juntas) y un patrimonio muy rico, con otras ciudades patrimonio mundial declarado por la UNESCO, tales como Split, Sibenik o Trogir (todas en Dalmacia, no muy lejos de Dubrovnik).


QUÉ VER EN DUBROVNIK



Como pasa con otras ciudades, el conjunto parece imponerse sobre un monumento o edificio de esta ciudad dálmata. Pero si tuviera que empezar la lista con uno, diría que debo hacerlo por la muralla. Con una longitud de 2 kms. aproximadamente, y una altura de entre 4 y 6 metros, no son puro atrezzo sino que han servido como defensa de la ciudad. Datan de los s. XII a XVII, y son notablemente mayores en los lados que dan a tierra que en los que dan al mar; la parte marítima está protagonizada por un acantilado de grandes dimensiones que ya otorga cierta protección por sí solo. Contiene fundamentalmente dos puertas históricas, una a cada extremo (Pila y Ploca), en la parte que da a tierra, más una tercera más reciente (Buza); hoy resulta fácil pasar por ella pero antaño, con dos arcos y un foso, no debió resultar en absoluto sencillo a los posibles conquistadores... en la parte marítima menos escarpada se encuentra el puerto histórico, protegido por fuertes y/o la propia muralla. En la práctica, el puerto de la ciudad en la actualidad se ubica fuera del recinto histórico, en la parte moderna, pero la zona del puerto histórico nos proporcionará una foto clásica y típica de Dubrovnik.



En Dubrovnik todo se adapta a su pasado, a sus murallas, como este campo de juego. Pero ojo, que Ante Tomic, estrella del Barça de baloncesto, es natural de la ciudad :P
Las murallas son visitables, se puede recorrer su perímetro completo, y proporcionarán preciosas vistas de la ciudad y del mar que la envuelve, aparte de otras curiosidades, como este singular campo de baloncesto :)

Una vez pasadas las murallas por cualquiera de las dos puertas históricas, sorprende la monumental calle principal. Se llama "Stradun", y se ubica en el lugar que ocupaba antiguamente un canal que separaba Ragusa de tierra firme. Sí, el casco antiguo de Dubrovnik fue en su día una isla. Esta ancha y equilibrada calle tiene edificios similares a ambos lados, algo inusual en un conjunto medieval; el motivo es que esa zona sufrió destrozos durante el terremoto de 1667, y al ser reconstruida, se decidió hacerlo de esa forma algo más moderna y estética.

A los extremos de Stradun, se erigen algunos de los edificios más interesantes que tiene la ciudad intramuros. Según entramos desde la puerta norte, tenemos la fuente de Onofrío, que sigue surtiendo de agua a la ciudad, junto a la iglesia del Salvador, una iglesia renacentista que presume de haber sobrevivido al terremoto de 1667. Junto a ella, el monasterio de San Francisco, que sí sufrió más las consecuencias del terremoto, y que guarda en su interior un vistoso claustro.

Bastiones defensivos junto al puerto
Al otro lado, nos encontraremos con la plaza de la Logia (Luza en croata). Esta plaza, una de las principales de la ciudad, tiene a un lado el palacio "Sponza", sede del archivo municipal donde una muestra permanente honra a los caídos en Dubrovnik durante la guerra de los Balcanes. Junto a él, la torre del reloj, bajo cuyo arco se puede pasar para salir por la muralla sur de la ciudad. Y frente al palacio Sponza la iglesia de San Blas, una de las más destacables de Dubrovnik, de estilo barroco y que está dedicada al patrón de la ciudad. Presidiendo la plaza veremos una estatua de Rolando, que me recordó (en pequeño) a la que existe en Bremen (Alemania). En ambos casos simbolizan la independencia de estas ciudades-estado, aunque en el caso de Dubrovnik también parecen honrar a un soldado que les salvó de la invasión árabe.

Apenas salimos de la plaza dejando San Blas a mano derecha llegamos al palacio de los rectores, precioso edificio gótico del s. XV, que hoy es el museo de la ciudad.  Detrás de ella, llegamos a la catedral. Es barroca, estilo en el que se reconstruyó buena parte de la ciudad tras el fatídico terremoto, y está dedicada a la asunción de la virgen María.

Vista nocturna de Stradun, con sus casas homogéneas posteriores al terremoto. Ésta es hoy la arteria principal del casco antiguo de la antigua Ragusa, hoy Dubrovnik
El fuerte de Revelin, situado extramuros al norte de la ciudad, os dará una visita espectacular del conjunto amurallado. Esta construcción militar, un tanto tosca, ofrece una de las mejores vistas sin contar las propias murallas.

¡Y sin contar el teleférico! Aquí no subímos, lo confieso, pero a juzgar por las fotos debe estar bastante bien. Nosotros estuvimos dos días nublados en los que no se veía apenas la estación superior del teleférico, así que no merecía la pena subir. ¡Tendremos que volver!

Por lo demás, Dubrovnik es pasear, pasear y pasear, viendo las murallas junto al mar, el puerto o simplemente las calles de baldosas y edificios blancos, tan típicamente dálmatas. De noche la ciudad ofrece un halo de misterio con su iluminación, así que recomiendo pasear también en ese momento y dejarse enamorar por esta ciudad llena de encanto.

Vista del fuerte de Ravelin desde las murallas de Dubrovnik

domingo, 23 de noviembre de 2014

Lista de MUSEOS GRATUITOS de BARCELONA

Barcelona no es tan conocida por sus museos como puedan serlo otras ciudades europeas como Madrid, Londres, París o Berlín, entre otras, pero haberlos los hay, y varios de ellos deleitarán a los viajeros más exigentes.

Desde que llegué aquí a vivir he confeccionado una lista de ellos, con el/los día/s en los que son gratuitos, y ahora que la lista ya está madura (y que he entrado a la mayoría de ellos) creo que es buen momento para publicarla.

Nótese que este post es de finales de 2014, y que no puedo garantizar que la información aquí contenida no sea susceptible de cambio en el futuro.

1.- MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña)


El mayor museo de Barcelona y de toda Cataluña en una suerte de "mini Louvre", y lo considero imprescindible para todo aquel con un mínimo de interés por el arte. Tiene espacio para alojar tanto pintura como escultura, abarcando desde pintura románica del s. XI-XII a objetos o pintura modernista del pasado siglo XX. Ubicado en el inmenso palacio de Montjuic, que preside la vista de la colina homónima desde la plaza de España, destaca especialmente por tener la que quizá sea la mayor muestra de pintura románica del mundo, con un especial protagonismo para los frescos originalmente ubicados en iglesias del noroeste y norte catalán. Una visita pausada al mismo puede perfectamente llevar unas 3-4 horas.

Pantocrator del ábside de la iglesia de San Clemente de Taüll (Lleida), una de las pinturas románicas más hermosas del MNAC
Gratuito: todos los sábados a partir de las 15 horas. El primer domingo de mes (solo abre por la mañana) y los siguientes días sueltos (12/02, 18/05, 11/09 y 24/09).
Precio en caso contrario: 12€ (entrada válida para 2 días durante un mes).

2.- MUSEO PICASSO


Menos interesante que el anterior, para mi gusto, sin embargo suscita por lo general un mayor interés por el carácter más internacional del pintor protagonista. Pablo Picasso vivió durante años en Barcelona, especialmente en su juventud artística, por lo que este museo tiene pinturas especialmente de esos inicios; aunque no hay solo eso, una de las partes más destacadas del conjunto es el monográfico sobre las Meninas de Velázquez, una reinterpretación del famoso cuadro del pintor sevillano.
El lugar en el que se ubica el museo en sí ya es por sí solo interesante: un conjunto de palacios unidos para la ocasión en la calle Montcada, una de las más distinguidas y exclusivas de la Barcelona medieval.
En este museo uno se puede encontrar colas incluso cuando la entrada no es gratis. Siendo gratis, hay que tener paciencia y saber que a uno le puede tocar esperar 20 minutos en la calle antes de entrar.

Balcón del museo Picasso (por dentro está prohibido hacer fotos)
Gratuito: todos los domingos a partir de las 15 horas. El primer domingo de mes gratuidad todo el día. Los siguientes días sueltos (12/02, 18/05 y 24/09).
Precio en caso contrario: 14€ por el museo completo, 11€ por la colección permanente (sin exposiciones temporales).

3.- MUSEO MARÍTIMO DE BARCELONA (en las "Drassanes Reials", los antiguos astilleros medievales)


Ubicados en un edificio histórico, ya que no se conservan muchos astilleros medievales como estos, este museo aloja diferentes barcos, desde veleros a la galera real, una de las piezas más emblemáticas. Lleva varios años en obras y todavía no se puede visitar en su totalidad (la web anuncia que la reapertura completa será en 2015), pero algunos barcos ya se pueden disfrutar.

Reproducción de una galera real, el barco más impresionante mostrado actualmente en el museo marítimo de Barcelona
Gratuito: todos los domingos a partir de las 15 horas, y los primeros domingos de mes todo el día.
Precio en caso contrario: el hecho de tener el edificio en obras parece que también implica que la web lo esté, porque no he encontrado este dato.

4.- MUSEO FREDERIC MARÈS


Con este museo nos trasladamos al corazón del barrio gótico, a una de las partes del antiguo palacio real de los condes de Barcelona, junto a la parte trasera de la catedral. Las obras expuestas, que recopiló el escultor y coleccionista que da nombre al museo, se dividen en dos mitades bien diferenciadas:
- una colección de escultura de madera policromada que abarca varios siglos, principalmente religiosa, con algunas piezas de otros materiales (como la tumba de la foto)
- un "gabinete del coleccionista", que muestra las decenas de miles de objetos que Marès acumuló, que abarcan sobre todo objetos cotidianos del s. XIX, tales como pipas, abanicos, relojes, llaves, relicarios... de mil formas y colores, que son pequeñas obras de arte.
Si bien la primera parte es la más valiosa artísticamente, a mí me sorprendió mucho más la segunda por lo insólito de las colecciones, muy bien presentadas.

Trabajada tumba del museo Frederic Marès
Gratuito: primer domingo de mes todo el día, resto de domingos a partir de las 15 horas, además del 12/02, el corpus, el 18/05 y el 24/09.
Precio en caso contrario: su menor popularidad (que no interés) lo hace menos prohibitivo que los dos primeros. 4,2€ entrada general y 2,4€ entrada reducida (consultar condiciones).

5.- MUSEO DE HISTORIA DE LA CIUDAD (DE BARCELONA) - MUHBA


Ubicado en las dependencias del palacio real que los reyes de la corona de Aragón usaban para sus estancias en Barcelona, ya solo por visitar este edificio por dentro ya merece la pena la visita. Porque aunque el "MUHBA" no es un espacio, sino varios, no cabe duda de que su epicentro y su mayor sala expositiva está en la plaza del Rey, también en pleno gótico y a poca distancia del museo anterior.
Este lugar no se resigna solo a ser el centro de la vida medieval de la ciudad, sino que además aloja en sus bajos ruinas de Barcino, la Barcelona de época romana, que al parecer se descubrieron cuando se estaba habilitando el edificio como museo.
Un museo interesante para recorrer, en el más literal sentido de la palabra, la historia de Barcelona desde la época romana hasta nuestros días, pasando por la Barcelona medieval.

Columna romana en el subsuelo de la sede central del MUHBA
Gratuito: aparte de gratuidades a menores de 16 años y a titulares de la tarjeta rosa, el museo es gratis para todos los primeros domingos de mes, todo el día, y el resto de domingos a partir de las 15 horas.
Precio en caso contrario: 7€.

6.- MUSEO DE LA MÚSICA


Ubicado junto al (o más bien "dentro del") auditorio de Barcelona, en la avenida Meridiana, este museo tiene una colección permanente de instrumentos musicales con unas 500 piezas, de diferentes épocas y culturas. Organiza exposiciones temporales (cuando yo lo vi había una interesante colección de instrumentos musicales "étnicos", de Asia, Oceanía, América y África) y precisamente los domingos por la tarde, cuando es gratuito, alumnos de la escuela de música dan unos conciertos "íntimos" en una sala en la que solo entran unas decenas de personas. Pero el bajo número de visitas del museo permite no tener que pelearse con nadie para asistir :)

Museo de la música
Gratuito: todos los domingos a partir de las 15 horas y el primer domingo de mes todo el día. Además el 12/02, el 18/05, la noche de los museos, el 24/09 y el 22/11.
Precio en caso contrario: 5€ entrada general, 3,5€ la reducida.

7.- MUSEO DEL DISEÑO


En el momento de escribir estas líneas todavía no estaba abierto el "museu del disseny", en el futurista edificio "HUB" de la plaza de las Glorias (Glòries), pero está previsto que lo haga antes de que acabe 2014, por lo que queda muy poco.
El museo va a agrupar en un solo edificio los antiguos museos de cerámica, artes decorativas, textil e indumentaria (todos ellos situados antiguamente en el palacio real de Pedralbes) y el gabinete de artes gráficas. Yo tuve la oportunidad de visitar los dos primeros en Pedralbes, y me parecieron interesantes, especialmente el primero. Se trata de una gran colección de objetos de cerámica en la que están representadas muchas de las regiones españolas (hay cerámica valenciana, castellana, aragonesa, andaluza, andalusí y por supuesto catalana), abarcando varios siglos.

Piezas del museo de cerámica de Barcelona, que se integrarán dentro del museo del diseño
Gratuito: todos los domingos a partir de las 15 horas y el primer domingo de mes todo el día. Además 8 y 12 de febrero y 24 de septiembre.

8.- MUSEO DE CARROZAS FÚNEBRES


Este extraño museo, que a más de uno puede resultarle un tanto macabro a priori, se ubica en la entrada sur del cementerio de Montjuic, y no es tan terrorífico como podría esperarse. Expone carrozas fúnebres usadas durante los entierros del s.XIX y principios del s. XX, hasta que los vehículos a motor pasaron a transportar a los difuntos, de los cuales también se muestran tres ejemplares. Muy decoradas, negras (de adultos) y blancas (de niños), algunas de ellas han llevado los cadáveres de personalidades barcelonesas y del resto de España.

Carroza fúnebre infantil, de color blanco
Siempre gratuito.

9.- MONASTERIO DE PEDRALBES


Aunque no es estrictamente un museo (o sí, si lo denominamos "museo del monasterio de Pedralbes ", como ahora hace el ayuntamiento :D), este edificio está abierto como tal. Muestra un monasterio gótico que nació alejado de la ciudad pero que ha acabado absorbido por su crecimiento, ubicado en el exclusivo barrio barcelonés al que da nombre. 
Este edificio que más parece una joya del barrio gótico que un monasterio ubicado a las afueras de la ciudad, nos guarda un inmenso claustro (su página web lo publicita como el mayor del mundo en estilo gótico), un trabajado sepulcro, paredes con restos de policromía, y las estancias de la vida diaria de las monjas que lo habitaron desde su fundación hasta 1983, además de diversas obras de arte religioso. A mi juicio es uno de los mejores secretos de la ciudad, todavía ajeno al turismo de masas que invade otras zonas de Barcelona.

Claustro del monasterio de Pedralbes, según la web del lugar, el mayor del mundo en estilo gótico
Gratuito: entrada combinada para todos los centros del MUHBA, ya que ahora se le considera parte de él. Aunque la web no lo deja claro, deduzco que por tanto las gratuidades del MUHBA (museo 5) aplican a este museo. Yo lo vi gratuitamente un domingo pasadas las 15 horas.

10.- "MUSEU BLAU", MUSEO DE CIENCIAS NATURALES


Las colecciones de zoología, que anteriormente se exponía en el "castillo de los tres dragones" (parque de la Ciudadela) y de geología, fueron trasladadas a este edificio en la zona del Fórum en 2010-11, y ahora se exponen aquí. Dentro nos encontraremos una sección dedicada a animales venenosos vivos, con un surtido de reptiles y anfibios. El resto de la sección de zoología muestra reproducciones de vertebrados, animales disecados en ocasiones y esqueletos en otras. Destaca el esqueleto de ballena de la entrada.

León de la colección del museo de ciencias naturales
La sección de geología muestra una gran variedad de minerales, muchos de ellos de curiosas formas.

Gratuito: todos los domingos a partir de las 15 horas, primer domingo de mes todo el día, y los días 12 de febrero, 18 de mayo y 24 de septiembre.

11.- MUSEO DE LAS CULTURAS DEL MUNDO


En un lugar privilegiado de la calle Montcada, justo enfrente del célebre museo Picasso de Barcelona, se acaba de inaugurar el nuevo museo de las culturas del mundo ("museu de les cultures del mon" en su denominación en catalán). No exento de polémica, ya que nace fruto del traslado de numerosas piezas del museo etnológico de la ciudad condal (que quedará como museo etnológico catalán, perdiendo su universalidad, a juicio de los expertos), este museo nos lleva por un apasionante viaje por el arte cotidiano de todos los continentes del mundo, a excepción de Europa: máscaras africanas, vasijas precolombinas, columnas de Oceanía o una extensa colección de representaciones de Buda del Tíbet, Nepal, Tailandia... todo aquel con alma de viajero disfrutará mucho con el recorrido.

Sección dedicada a las esculturas-columnas de Papúa-Nueva Guinea

Gratuito: como promoción de apertura, el museo será gratis hasta el 7 de abril de 2015. Posteriormente lo será el primer domingo de mes todo el día, y el resto de domingos a partir de las 15 horas.

sábado, 2 de agosto de 2014

La capital universitaria belga: LOVAINA

Cuando me encapriché de escribir una entrada sobre Bélgica podría haberlo hecho de cualquiera de sus cuatro ciudades turísticas por excelencia, que he tenido la suerte de visitar: Bruselas, Brujas, Gante y Amberes... pero como he querido enfocar el blog a sitios alternativos (aunque realmente acabo escribiendo sobre lo que me da la gana, no me pongo normas) y porque simplemente me apetece, escribiré sobre la que yo pondría como la quinta ciudad más interesante de Bélgica: Lovaina. Algún día escribiré sobre las demás.

Ayuntamiento de Lovaina, profusamente decorado
Lovaina (Leuven en flamenco y holandés, Louvain en francés, y en inglés en cualquiera de las dos) es una pequeña ciudad de Flandes, con unos 100.000 habitantes, ubicada a tan solo 25 kilómetros de Bruselas yendo hacia el este. Es la capital de la provincia del Brabante Flamenco, que rodea Bruselas y que es una parte de la antigua provincia de Brabante, dividida en dos de acuerdo con las dos comunidades lingüísticas de Bélgica: la valona, de habla francesa, y la flamenca.

Esta ciudad vive por y para su universidad, que presume de ser la universidad católica más antigua de Europa, fundada en 1425. Con más de 25.000 personas viviendo en la ciudad por ella, entre estudiantes, profesores, investigadores y colaboradores, no sorprende el ambiente juvenil que se respira en Lovaina. Y eso que no toda la universidad está allí... los conflictos entre la comunidad de habla flamenca y la de habla francesa provocaron que se creara un nuevo campus en la ciudad de "Lovaina la Nueva", creada a propósito para la universidad, a pocos kilómetros al sur, ya en tierra de habla francesa, en 1968. Tanto este hecho, como la división del Brabante de la que hablé antes, muestran la tensión actual en una Bélgica dividida en dos mitades casi iguales en tamaño y población, con dos idiomas muy distintos y con claros deseos (especialmente en Flandes a día de hoy) de escisión, con una capital oficialmente bilingüe que a duras penas puede mantener la cohesión.

Biblioteca de la universidad de Lovaina, reconstruida tras la II guerra mundial
Volviendo a Lovaina, bien podemos comenzar la visita por la universidad, cuyo edificio más destacable es la biblioteca, destruida durante ambas guerras mundiales (especialmente la primera) pero reconstruida tras ambas contiendas con el dinero aportado por los aliados y el exigido a los alemanes como compensación. Hoy la biblioteca se ubica en una enorme plaza en la que me llamó la atención la peculiar escultura de una mosca atravesada por un alfiler...

Pero el edificio más singular y espectacular de Lovaina es su ayuntamiento. Esta maravilla, toda una "filigrana en piedra", tiene un claro aire flamenco y fue construida en estilo gótico de Brabante, en la segunda mitad del siglo XV. Puede ser visitada por dentro, y la visita se ofrece en varios idiomas.
La plaza en la que se ubica difícilmente puede ser más monumental, ya que aparte de un conjunto de edificios flamencos, tiene al otro lado la iglesia de san Pedro, de la misma época. Este edificio, más austero en decoración que el ayuntamiento, también merece una visita por dentro, para ver el delicado arco gótico que separa el coro del resto de la nave central.

Tafelrond, otro de los edificios de la plaza del ayuntamiento
El arquitecto del ayuntamiento, Mathieu de Layens, también tuvo tiempo para dejar su huella en otro edificio de la plaza, el Tafelrond (que significa "mesa redonda"), ubicado junto al ayuntamiento, a mano izquierda. Hoy es la sede de un banco.

Apenas nos tenemos que desplazar unas decenas de metros para llegar a la que algunos denominan "la barra de bar más grande del mundo". La plaza Oude, es famosa por su multitud de bares y restaurantes, que pueblan los bajos de una plaza ya hermosa de por sí, homogénea por sus edificios históricos de estilo flamenco. Ni que decir tiene que esta plaza es muy frecuentada por los universitarios de la ciudad y un lugar ideal para disfrutar de una terraza en la época veraniega.

Lovaina tiene un pequeño "beginhjof", traducido al español como "beguinaje", al sur del centro de la ciudad. Un beguinaje es una especie de monasterio al estilo de Flandes; allí en lugar de tener un gran edificio completo  (monasterio) las monjas se hicieron construir viviendas separadas estructuradas en torno a un patio central, normalmente con césped, a veces un pequeño estanque, canales etc. de tal modo que constituían pequeños conjuntos cerrados dentro de las ciudades... una especie de pueblecito dentro del casco antiguo de la ciudad.
Existen beguinajes en Flandes y en los Países Bajos. El beguinaje más conocido probablemente sea el de Brujas, aunque el de Lovaina es probablemente de los más destacables del país, recorrido por sus canales y que se puede patear sin apenas turistas. Ambos, junto a otros 11 ubicados en el resto de Flandes, son patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Las viviendas, de los siglos XV al XVIII, hoy se utilizan como alojamiento para universitarios.

Edificios de la plaza Oude, considerada por algunos "la barra de bar más larga del mundo"
Algo más alejado del centro de la ciudad, pero perfectamente accesible a pie, se encuentra el vasto territorio del castillo de Van Arenberg, de estilo gótico-renacentista. Sus más de 100 hectáreas sirven como lugar de esparcimiento, y el inmueble en la actualidad se utiliza como una más de las dependencias de la universidad.


CÓMO LLEGAR


Las pequeñas distancias entre ciudades existentes en Bélgica hacen que Lovaina sea perfectamente visitable sin necesidad de dormir allí. No lo digo porque no tenga oferta de alojamiento, sino por hablar de esa posibilidad, más fácil aquí que en casi cualquier otro país; por haber dormido en casa de un amigo, no puedo hablar ni bien ni mal de ningún alojamiento en la población.

Lovaina se encuentra a apenas 25 kms. de Bruselas, y numerosos trenes la unen con la capital belga. También tiene buena conexión ferroviaria con Malinas, la capital religiosa del país (a otros 25 kms.) y con Amberes, la capital portuaria belga (uno 50 kms.). Un día es suficiente para disfrutarla dignamente.

Para moverse con los trenes belgas, el billete "go pass" puede ser una excelente opción. Es un billete multipersonal que permite coger 10 trenes cualquiera (a excepción de alta velocidad) entre dos ciudades belgas, a precios populares (en 2010 ese billete costó 50€ para menores de 26 años y algo más de 70€ para el resto). Yo lo usé y lo recomiendo: más información aquí.

Castillo de Van Arenberg, que hoy forma parte de la universidad

viernes, 30 de mayo de 2014

Una de las capitales turísticas rumanas: BRASOV

DESTINO RUMANÍA


Rumanía es uno de los países europeos, por no decir el que más, que más mala fama arrastran, y a mi juicio, ésta es injustificada. El mero hecho de decir a tus conocidos que vas a pasar allí unos días de vacaciones puede suponer, todavía hoy, que te consideren un aventurero alternativo e incluso una persona poco consciente de los riesgos que corre en su viaje... y como este blog trata de destinos alternativos y poco conocidos que he visitado, no podía faltar el país de los Cárpatos.

La pintoresca plaza del Consejo (Piaţa Stafalui) preside el centro de Brasov
¿Y por qué tiene mala fama Rumanía? Por la mala fama, en muchos casos igualmente injusta, de sus emigrantes. Se ha extendido el estereotipo de que allí todo el mundo es gitano, incluso hay quien dice que vienen de allí (es falso, son originarios del subcontinente indio), y vienen a quitarnos el trabajo en el mejor de los casos, o peor aún, a ejercer de carteristas o qué sé yo... lo que no se dice es que es un pueblo que no tiene mayores dificultades en aprender nuestro idioma y que no vienen por gusto, sino porque la pobreza (y la reciente libertad de movimientos que lo ha permitido) les ha forzado a ser emigrantes desde que cayera el régimen comunista por la fuerza en 1989. Sobre el número de gitanos, es un dato incierto... las cifras oficiales lo dejan en medio millón de almas, aunque algunos lo cifran en más de 2 millones, lo que haría de la comunidad gitana rumana la más populosa del mundo en un solo país. Pero incluso en ese caso, una mera estimación, seguimos hablando de un porcentaje mínimo de la población rumana, que no llegaría al 10%, así que la generalización de que los rumanos son gitanos es falsa y de hecho no gusta a la población de este país. Es más, étnicamente es un país muy diverso, y lo mismo se pueden ver eslavos como gente muy rubia que pasaría por nórdica junto a otros que parecen latinos... y eso que es un país que no ha recibido oleadas de inmigrantes últimamente.

¿Y QUÉ HAY QUE VER EN RUMANÍA?


Pues aunque no cuente con una capital de renombre turístico comparable a las de Europa Occidental, y ni a las más famosas de la Europa ex-comunista como Praga, Budapest o Moscú, tiene otro tipo de alicientes, y a la propia Bucarest se le puede sacar su jugo. Para empezar, tiene un conjunto de pequeñas ciudades fabuloso, empezando por las "sajonas" Brasov, Sighisoara y Sibiu, siguiendo por otras con herencia austro-húngara como Oradea y Timisoara... cuenta con varios castillos de renombre, como el falso castillo de Drácula en Bran, el siniestro castillo de Corvino en Hunedoara o el castillo (aunque es más puramente un palacio) de Peles, con regusto bávaro, de la efímera monarquía rumana. La caprichosa forma de los Cárpatos, que parece abrazar Transilvania, garantiza bonitos paisajes de montaña para esquiar en invierno y caminar en verano; y al norte se muestran dos de los conjuntos de arte rural más interesante de esta parte de Europa: los monasterios pintados con frescos de Bucovina y las iglesias de madera de Maramures. Por si esto fuera poco, una pequeña franja costera permite a los playeros disfrutar del mar o del mayor puerto del país, Constanza. Por último, Bucarest, tiene los mejores museos del país y permite al visitante viajar del París de sus edificios de principios del s. XX a la especie de Pyongyang que solo una mente enferma de comunismo como Ceausescu podía construir, y todo ello a veces sin cambiar de plaza.

Uno de los edificios más imponentes que se ubican en la especie de ensanche de la ciudad, junto al comienzo de la calle de la República

¿Y QUÉ NOS TRAES HOY?


Brașov; una ciudad que no debes perderte si vas a Rumanía, porque aparte de ser muy bonita y estar en el centro de país (pilla de paso para casi todo), tiene en sus alrededores varias de las mejores visitas que puedes hacer en Rumanía: las pistas de esquí, para los aficionados (yo no lo soy) quedan a un paso, y dejan buenas opciones senderistas cuando se va la nieve; el castillo de Peles está a una hora en tren y el de Bran a media hora en bus. Y si la lentitud de los trenes fuera menos de la que es, no sería mala opción el visitar sin dejar de dormir en Brasov las otras dos ciudades sajonas por excelencia: Sibiu y Sighisoara (ambas a unas dos horas y media en tren y quizá a algo menos en coche).

¿POR QUÉ HABLAS TANTO DE CIUDADES "SAJONAS"? ¿ESTAMOS EN RUMANÍA O EN ALEMANIA?


En la época medieval, cuando la actual Rumanía era un compendio de principados independientes como Moldavia, Valaquia o Transilvania, temerosos de los húngaros por el oeste y sobre todo de los otomanos por el este, un gobernante que regía en la tercera de estas regiones, supo atraer a comerciantes sajones a sus tierras, que ayudaron a dinamizar la economía. Estos se convirtieron en sus ciudadanos más ricos en muchos casos, consiguiendo urbanizar el centro de muchas ciudades y pueblos del sureste de Transilvania con cierta imagen y semejanza de las ciudades de la región de la que procedían (norte de la actual Alemania). En ocasiones acumulando tal poder, que en algunas poblaciones los rumanos étnicamente nativos tenían prohibido el acceso a los recintos amurallados sajones. También tenían sus propios nombres para las ciudades, en alemán, que todavía hoy se utilizan en ese idioma y que, por cierto, no suelen parecerse en nada a los nombres en rumano; de Brasov a Kronstadt hay un trecho...

Una de las bocacalles de la calle de la República, tan bonita como aquella pero con menos paseantes. Los edificios son típicamente sajones
Hoy no quedan casi sajones, debido a la represión sufrida tras la segunda guerra mundial y a que los pocos que quedaban a la muerte de Ceausescu huyeron cuando la caída del comunismo volvió a facilitar el paso de fronteras. Sin embargo, su legado ha quedado, con atractivos cascos antiguos de calles peatonales flanqueados por casas de colores y grandes iglesias católicas o protestantes (la mayoría de los rumanos son ortodoxos actualmente).

QUÉ VER EN BRASOV: SU CASCO ANTIGUO, NATURALMENTE SAJÓN


Para empezar, hay que internarse en su casco antiguo por la calle peatonal más vistosa de la ciudad, la de la República. Justo al llegar a ella podemos pasar por algunos edificios interesantes de lo que se podría calificar de un pequeño ensanche, como el de correos o el del museo de arte de la ciudad. Una vez en la calle de la república (Strada Republicii), podemos disfrutar de sus múltiples bares y restaurantes, hasta llegar al corazón de Brasov, la plaza del Consejo (Piaţa Sfatului).

Esta plaza, sin ser 100% peatonal en el momento de escribir estas líneas, es una de las más bonitas de Rumanía. De planta trapezoidal, con una forma un tanto extraña, está protagonizada por el edificio del consejo, que da nombre a la plaza y que aunque lo parezca no es una iglesia, sino un museo de historia y el antiguo ayuntamiento de la ciudad. Los edificios que lo rodean, son algunas de las más bonitas viviendas de colores de la ciudad, cuya baja altura produce una sensación atípica en una plaza de una ciudad de 300.000 habitantes... y es la de estar en medio del monte. ¿Por qué? Porque una pequeña colina al noroeste y sobre todo el monte Tampa al sureste, hacen que estemos rodeados de zonas verdes en pleno "centro" de Brasov, perfectamente visibles en la bonita plaza. Y pongo comillas a lo de centro porque esta ubicación del casco antiguo ha obligado a la ciudad a crecer fundamentalmente al norte, dejando el casco antiguo en una posición descentrada en la ciudad, algo parecido a lo que pasa, por ejemplo, con Cuenca en España.

Bocacalle que sale de la plaza del consejo. Nótese que el letrero en lo alto del monte Tampa nos recuerda que estamos en Brasov :)
Junto a la plaza del Consejo, se ubica otra plaza (sorprendentemente sin pavimentar cuando yo estuve allí) con uno de los edificios más altos y conocidos de Brasov, la llamada "iglesia negra", cuya gran torre se ve desde la plaza principal de la ciudad. Esta iglesia, por la que hay que pagar si queremos visitarla (un precio "de amigo", poco más de 1€ si no recuerdo mal) mantiene vivo el recuerdo de la población germana que la mandó construir, y debe su nombre a un incendio que la dejó con ese color. Hoy, ya restaurada, no es tan negra, y luce con orgullo su tamaño, entre los mayores en un edificio cristiano en la península balcánica.

Escondida entre casas, cerca ya de las murallas que separan el centro sajón del barrio rumano de Schei, se ubica la sinagoga de la ciudad, que estaban pintando en el momento de nuestra visita. Por 1€ se puede entrar para ver el legado judío que ha quedado en otra de esas ciudades europeas en las que la comunidad judía fue numerosa hasta la segunda guerra mundial. Hecha entre finales del s.XIX y principios del XX, como muchas otras sinagogas de la zona (Budapest, Sofía, Novi Sad, etc.), su interior merece la pena.

Por último, como curiosidad, decir que una de las calles que presumen de estar en la lista de más estrechas de Europa, está allí. Se llama Strada Sforii (calle de la cuerda), y es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad, aun sin ser tan estrecha, porque pueden cruzarse dos personas sin problemas.

Una de las calles más estrechas de Europa está en Brasov. Otras ciudades rumanas como Sibiu también tienen una calle del mismo estilo


ALREDEDORES DEL CENTRO


Junto al centro sajón pero fuera de la protección de sus murallas, con alguna puerta pintoresca, creció el barrio de Schei, étnicamente rumano. Aquí ya escasean las calles peatonales, y las casas son algo más modestas y menos vistosas para el turista. Sin embargo, la visita ayuda a entender esa separación que se dio donde el inmigrante (y sus descendientes) gobernaba Brasov, y permite conocer la bonita iglesia de San Nicolás, del s. XIII, de culto ortodoxo, y en la que todavía se aprecian parte de los frescos que en algún momento debieron decorarla.

Otra visita inexcusable en Brasov es la del monte Tampa. Pocas ciudades pueden presumir de tener un monte, una estribación de los Cárpatos en este caso, con semejante desnivel y a tan poca distancia de la ciudad, metido en la misma incluso. Un teleférico sube hasta la cima, aunque como estaba cerrado el día que queríamos subir (lunes), ni cortos ni perezosos lo subimos a pie. Con casi mil metros de altura y unos 350 metros más alto que el centro de Brasov, las vistas que desde la ciudad se tienen de él son soberbias, y las que él proporciona sobre Brasov cuentan entre las mejores y más "verticales" vistas urbanas que un servidor haya disfrutado con los pies en la tierra.
No tan buena quizá sea mi opinión del letrero de tipo "Hollywood" que preside el monte y que se ubica junto al mirador del mismo, a la vista de toda la ciudad. Aunque hay que reconocer que sin ser una idea del todo original es un símbolo de la ciudad que llama la atención a todos los que la visitan, y que también se puede ver en el cercano pueblo de Rasnov (no tengo ni idea de quién de los dos lo hizo primero).

Vista del centro de Brasov desde el mirador del monte Tampa. Se aprecian la plaza del Consejo y la gran iglesia negra, a su izquierda
La subida a pie lleva unos 45 minutos si la memoria no me falla, y se hace por un camino que no para de zigzaguear de principio a fin. El viaje en teleférico resulta sensiblemente más económico que un teleférico similar en España. Desde arriba, aparte de Brasov, se ven los Cárpatos más cercanos, que todavía tenían nieve a mediados de abril.

Más modesta es la vista que tenemos si subimos a la ciudadela, ubicada en una colina junto al ensanche de la ciudad, a poca distancia del centro (se llega rápidamente a pie, apenas a 15 minutos de la plaza Stafalui), aunque si os sobra tiempo en la ciudad es una buena forma de emplearlo.

CÓMO LLEGAR


Brasov se encuentra en el extremo sureste de Transilvania, pero al mismo tiempo en su posición bastante centrada de Rumanía. El encontrarse en línea recta hacia el norte desde Bucarest y con un buen puerto por el que penetrar en los Cárpatos desde la capital rumana hacen que Brasov sea un importante nudo de comunicaciones tanto ferroviario como de transporte por carretera. Un tren cada hora y media la comunica con Bucarest, de la que dista poco más de 160 kms.

La puerta más pintoresca de la muralla de Brasov, que separa el centro sajón del barrio de Schei, de más modesta arquitectura rumana