jueves, 27 de marzo de 2014

Joyas maragatas: ASTORGA y CASTRILLO DE LOS POLVAZARES

Hace tiempo ya que quiero escribir de la que es seguramente la excursión con mejor "calidad/precio" desde León pero siempre acabo escribiendo sobre otro sitio... pero ya está, aquí está mi entrada dedicada a Astorga y el pueblecito más hermoso de la comarca: Castrillo de los Polvazares.

Palacio episcopal de Astorga, obra de Gaudí
La Maragatería es una comarca del centro de la provincia de León. Su capital, Astorga, se encuentra en el extremo este de la comarca, y es el único núcleo medianamente urbano de una comarca con un marcado carácter rural; bueno, todo lo urbana que pueda considerarse una población con algo más de 12.000 habitantes... que aun así bastan para agrupar al 75-80% de la población de la comarca.
Astorga se ubica a medio camino de las dos grandes ciudades de la provincia, a unos 47 kms. al oeste de León y a algo menos de 60 kms. de Ponferrada hacia el este, sirviendo de unión a ambas, ya que es un punto de conexión importante entre la vía que sigue el camino de Santiago (N-120, Logroño-Burgos-León-Astorga) y la A-6 (Madrid - la Coruña). A pesar de su reducido tamaño es una población muy importante a nivel histórico no solo en la provincia, sino en todo el país, debido a su pasado bimilenario, que nos indica que fue una de las principales poblaciones del imperio romano en la península, que es sede episcopal desde tiempos remotos y que por estos y otros motivos aglutina un conjunto monumental muy grande para el tamaño actual de la población. De hecho, para mí es sin lugar a dudas la población más interesante de la provincia solamente tras la propia capital. Si a eso juntamos el encanto de Castrillo y las posibilidades gastronómicas, desde luego que estamos ante un buen plan para una excursión de un día si se está cerca, y combinado con León capital o con el Bierzo, un lugar perfecto para un fin de semana o incluso un puente.

HISTORIA


Astorga presume de haber nacido antes del comienzo de nuestra era, y esto se debe a que fue fundada por los romanos poco antes del nacimiento de Cristo. Primero fue campamento romano, como León, hasta convertirse en ciudad, siendo una de las más importantes del noroeste peninsular, junto con las actuales Lugo, Braga (Portugal) o la propia León. Su nombre, "Asturica Augusta", se debe a la relativa cercanía a uno de los pueblos de la península ibérica más rebeldes frente a Roma: los astures. Por lo que etimológicamente Astorga y Asturias tienen un pasado común, aunque la primera no pertenezca a la segunda, sino a la provincia de León.

Tal fue la importancia de Asturica Augusta que la Vía de la Plata nació como la vía que la unía con Emérita Augusta (actual Mérida), camino que sigue vertebrando el oeste español todavía hoy, aunque no exento de polémica; del tradicional camino entre Astorga y Mérida de la época romana se ha pasado a denominar Ruta de la Plata una evolución de la anterior, que une Sevilla, o incluso Cádiz, por el sur, con Gijón por el norte, ruta que yendo por su camino más recto no pasa por Astorga, algo que molesta a los astorganos ya que se ha dejado de lado a una de las dos poblaciones referencia del trazado romano, y se ha extendido "artificialmente" a Andalucía y Asturias, ajenas al mismo.

Vista parcial de la fachada de la catedral de Astorga
Se cree que Astorga ha sido sede episcopal al menos desde el siglo III de nuestra era, siendo esa época una de las de mayor prosperidad de la ciudad, principalmente debido a que era la población a la que llegaba el oro extraido del (relativamente) cercano yacimiento de las Médulas, en el Bierzo, del que ya hablé en una entrada anterior. Y el hecho de ser sede episcopal le ha otorgado a la ciudad los que son sus dos edificios más vistosos, la catedral y el palacio episcopal, aunque sus fechas de construcción son muy posteriores, como es natural...

Con la Edad Media, Astorga irá perdiendo protagonismo frente a la vecina ciudad de León. Bajo el reino leonés, no obstante, siguió teniendo una cierta importancia ya que temporalmente, y por causas como alguna revuelta mora en León, se tiene documentado el traslado de la capitalidad a Astorga durante pequeños periodos de tiempo. También en esta época se fue asentando el camino de Santiago, en el que Astorga siempre ha sido una de las plazas de mayor importancia, contando siempre con numerosos hospitales de peregrinos.

Ya en época más moderna, Astorga vivió momentos convulsos durante la ocupación francesa, siendo de las primeras poblaciones en levantarse en armas contra el ejército de Napoleón. Algo más tarde la pujanza de la industria alimentaria y la llegada del ferrocarril y las autovías han consolidado a una población que sin embargo nunca ha vuelto a vivir el esplendor de la época romana. A día de hoy, el turismo también reporta unos jugosos ingresos a la población, que recibe visitantes por su importancia cultural, histórica y gastronómica.

¿QUÉ VER EN ASTORGA?


El primer reclamo puede ser el romano. Pero por desgracia a mi juicio éste no es el punto fuerte de Astorga, y diré por qué. Mientras que en otros sitios como Tarragona, Lugo o no hablemos ya de Mérida, los edificios romanos que han llegado hasta nuestros días son grandes, muy bien conservados e imponentes, de Astorga por desgracia no nos llevamos la misma impresión. Y no es que se haya borrado de la faz de la tierra la huella romana de Astorga, sino que se ha conservado solamente lo menos vistoso: termas, cloacas (todavía en uso) o una cárcel, todo visitable, eso sí, contactando con la oficina de turismo. Del foro apenas se conservan vestigios, y como complemento a esto tenemos algún mosaico como el del oso y los pájaros, ubicado en una de las zonas termales conservadas.

Los maragatos marcan las horas... detalle de la fachada del ayuntamiento de Astorga
Pero la falta de vistosidad de los restos romanos se ve claramente compensada con otros alicientes; empezando por su catedral, que si bien no es tan famosa como la de León, impresiona por tamaño y factura. Cuenta con rasgos de varios estilos como el gótico o el barroco, y con piedra de varios colores (me imagino que por ser de épocas distintas de construcción o incluso de varias canteras distintas) rojizo, marrón, crema... y representa el poder de esta sede episcopal, poco conocida aun siendo una de las más antiguas de todo el país, así como nada despreciable en cuanto a tamaño. Aparte de toda la mitad oeste de León, abarca buena parte del norte de la provincia de Zamora y el este de la de Orense.

No nos alejamos mucho de la catedral para ir al otro edificio episcopal, situado en la misma plaza, que es el palacio episcopal. Que hoy ese palacio sea un edificio modernista obra de un archiconocido arquitecto catalán llamado Antoni Gaudí, es todo un azar del destino... resulta que en 1889 es obispo de Astorga un paisano y amigo de Gaudí, de Reus (Tarragona) como él, y decide encargarle la construcción de un nuevo palacio tras la destrucción del anterior a causa de un incendio. Las obras comenzaron y solo 4 años más tarde, en 1893, el obispo Grau falleció, por lo que Gaudí perdió su mayor motivación para hacer el palacio a lo que hubo que sumar sus desacuerdos con el cabildo... desacuerdos económicos y también de concepto, ya que Gaudí quería construir un edificio demasiado grande y ostentoso para el gusto conservador astorgano. Tras un parón que se alargó durante años, de 1907 a 1915 otro arquitecto cogió el testigo y finalizó la obra. Este último arquitecto siguió en general el diseño dejado por Gaudí, aunque eliminando elementos de tal forma que resulta algo más austero que lo que Gaudí ideó.
Como curiosidad, decir que nunca se llegó a utilizar como palacio episcopal en sí, es decir, como residencia del obispo, y por iniciativa de otro obispo, fue convertido en 1956 en lo que es hoy: el museo de los caminos. Un interesante museo que, además de permitir ver la obra de Gaudí por dentro, enseña objetos para mostrar la relevancia de Astorga como cruce de caminos, de tal importancia como el camino de Santiago o la vía de la plata. Se trata de uno de los tres únicos edificios de Gaudí ubicados fuera de Cataluña, junto a la casa Botines de León y el Capricho de Comillas (Cantabria).

Las murallas de Astorga no se conservan completas, pero sí en un porcentaje digno de mención, y sus alrededores han sido embellecidos de tal modo que bien merece la pena tenerlas en cuenta durante nuestra visita. Concretamente en el parque Melgar se puede sacar la que es una de las fotos más típicas de Astorga, con el parque y la muralla en primer plano tapando parcialmente el palacio episcopal y la catedral, ubicados por detrás. En total se conservan algo más de 2 kilómetros de muralla que circunvalan buena parte del casco antiguo y que están ahí desde época romana, aunque muy transformados a posteriori, especialmente en el medievo.

Vista nocturna del palacio episcopal, sede del museo de los caminos

Otro espacio de la ciudad interesante es la plaza mayor, un armónico conjunto de edificios presidido por un ayuntamiento muy similar al de otras poblaciones leonesas como Ponferrada o León (en esta última ha habido hasta tres ayuntamientos; me refiero al de la plaza mayor). En él dos muñecos vestidos con el traje típico maragato marcan las horas golpeando con un mazo la campana que se ubica en la parte alta de la espadaña.

MUSEOS


Acabo la visita cultural citando alguno de los museos astorganos, aparte del citado museo de los caminos del palacio episcopal, claro está. El primero que me viene a la cabeza ha de ser obligatoriamente el museo del chocolate, producto muy ligado a Astorga, que se sigue produciendo en la ciudad y que se sigue vendiendo de todos los tipos y maneras, incluyendo de colores fosforitos como el visitante podrá ver en algún escaparate. El museo del chocolate de Astorga muestra ese mundo que rodea al chocolate, desde su historia, su forma de fabricación o viejos utensilios tradicionales. Al final se puede degustar y comprar el chocolate astorgano en el mismo museo.

Otro museo que tiene buena pinta (pero que no conozco, seré honesto) es el museo romano, ubicado en otro edificio "poco vistoso", como dije arriba, pero de gran valor histórico: la "Ergástula", que se cree que fue una cárcel de la época romana. Entre muchos otros objetos romanos, en el museo destacan las "pinturas pompeyanas".

GASTRONOMÍA


Mencionado ya el chocolate, Astorga tiene unos cuantos motivos más para merecerse un sitio destacado en la gastronomía leonesa e incluso nacional. Podemos empezar por sus mantecadas, una especie de magdalenas especialmente típicas allí y conocidas en todo el país; se puede continuar con los hojaldres, bien llenos de miel y que marcas como "Alonso" comercializan en la zona (marca que por cierto tiene todo un imperio en la provincia en forma de numerosos bares-chocolatería).

Aunque el gusto salado no se queda atrás, ubicándose en Astorga el centro que acoge a la IGP "Cecina de León", sabroso embutido ahumado hecho con carne de vaca y de aspecto parecido al jamón, que se hace en toda la provincia, especialmente en las zonas montañosas del norte. Pero es otro producto el que provoca que haya gente que haga centenares de kilómetros para ir a Astorga... el cocido maragato. Un cocido hecho con los mejores embutidos y legumbres de la zona, con la peculiaridad de que se come al revés que el resto de los cocidos: se empieza por el plato fuerte, la carne, se pasa luego a los garbanzos con berza y se acaba con la sopa. ¿Y por qué? Pues está extendida la leyenda que dice que se debía a la guerra de la independencia... que para luchar contra los franceses se comía primero la carne por si no daba tiempo a comerlo todo habiendo que salir corriendo a batallar... pero parece que la verdadera razón hay que encontrarla más allá, en los arrieros, profesión muy extendida en la zona antiguamente. Como llevaban la carne cocida fresca en sus zurrones, se la comían primero y acababan con una sopa calentita, ya en una posada, para entonar los estómagos con el calor. Más detalles aquí.

CASTRILLO DE LOS POLVAZARES


No me cabe duda de que Astorga no le habrá sabido a poco a nadie, pero es que además, por si no fuera suficiente, agrupa en su municipio uno de los pueblos más bonitos de la provincia. A solo 6 kms. del centro de Astorga, por una carreterita local, pero en cierto modo a años luz arquitectónicamente, se ubica Castrillo de los Polvazares. Este pueblo, genuinamente "caminero" (se hace notar en su estructura el estar atravesado por el camino de Santiago), muestra un encantador color anaranjado, color de la piedra usada en las casas, típica de la arquitectura rural maragata. Y también del empedrado, no apto para mujeres con tacones, aunque en el caso de este último estemos ante algo reciente, apenas de los años 50 del siglo XX. Eternamente anclado en la edad media, Castrillo también se ha hecho un hueco gastronómico y numerosos restaurantes del pueblo ofrecen el ya mencionado cocido maragato.

Una vista del delicioso pueblo de Castrillo de los Polvazares

Recorrerlo apenas os llevará una hora, porque el tamaño de Castrillo es realmente reducido, pero será una hora encontrando rincones preciosos en un pueblo con el que aprovecho para cerrar este capítulo dedicado a la Maragatería, la comarca del corazón de la provincia de León.

domingo, 9 de marzo de 2014

La ciudad imperial amable: MEKNÉS

De las cuatro ciudades imperiales marroquíes, Meknès es la de menor tamaño y la que menos tiempo ha sido capital del territorio que hoy es Marruecos. De hecho, su cercanía a Fez provocó que se viera eclipsada y viviera siempre a la sombra de la considerada capital cultural de Marruecos.

Puerta de Bab el Mansour, símbolo de Meknés y probablemente la más hermosa de todo Marruecos
Sin embargo, a Meknès (que algunos traducen como "Mequínez" al español, aunque su uso es limitado y a mí me suena feo) a día de hoy le viene bien la cercanía a Fez (65 kms.). Y es que Meknés, la quinta ciudad más grande de Marruecos, carece de un aeropuerto comercial fácilmente accesible, pero eso se ve compensado con las buenas comunicaciones que tiene tanto por tren como por autopista con Fez al este y con Rabat y Casablanca al oeste, e incluso con Tánger al norte, también accesible por ferrocarril.
Estas posibilidades han hecho que empiece a despegar el turismo en esta interesantísima ciudad, pero de forma más "llevadera" que en Fez o Marrakech. Aquí no hace falta que estéis alerta para evitar que os engañen sus habitantes, ni tampoco merece la pena tener miedo a perderse por la medina o siquiera plantearse el contratar un guía; Meknés tiene el encanto de una ciudad marroquí, con la puerta más bonita del país, bonitos minaretes o una plaza que nos recordará a la Djemaa el Fna... pero sin los inconvenientes que puedan azotar a Fez o Marrakech. Todo un lujo, más desconocido, que recomiendo a todo el que se plantee visitar a nuestros vecinos del sur.

HISTORIA


Meknés, como ya he dicho, pasó buena parte de su historia a la sombra de Fez, como una capital de provincias de tamaño medio, pero lejos de la importancia de su vecina. Pero todo eso cambió de la noche a la mañana, cuando Moulay Ismail trasladó la capital de su imperio a Meknés en 1675, poco después de comenzar su sultanado (en 1672), para evitar las frecuentes revueltas que siempre ha sufrido la vecina ciudad de Fez. Ismail, que falleció en 1727, es probablemente el sultán más importante históricamente de la dinastía alauita (que reina todavía hoy en el país), y el único que gobernó el país desde Meknés. Los más de 50 años que reinó desde esta ciudad fueron sin duda los de mayor gloria de la misma, con la construcción de una inmensa ciudad imperial que él mismo quiso convertir en una especie de Versalles marroquí, con 40 kilómetros de murallas, puertas monumentales y palacios dignos de la especie de gran rey absolutista que era, buen amigo de su homólogo y coetáneo francés Luis XIV. Cruel y sanguinario, Ismaíl supo mantener a los otomanos fuera de Marruecos, y conquistó algunas plazas europeas en el norte de África, como Tánger (inglesa), Larache o Asilah (españolas); algunas fuentes calculan que en su harén había más de 500 mujeres y que tuvo más de 1000 hijos. Todas estas cifras reflejan las dimensiones y la personalidad grandilocuente de este soberano, y la ciudad imperial de Meknés es el reflejo de la que él quiso que fuera su capital.

Mausoleo de Mulay Ismail, con un interior ricamente decorado
A la muerte de Ismaíl Meknés no pudo retener la capitalidad, por lo que siguió una época de cierta decadencia, mitigada más tarde con la llegada de las comunicaciones que cité anteriormente. No obstante Meknés hoy ha sabido retener parte de la gloria de esos efímeros 52 años y hoy se muestra ante nosotros como una orgullosa capital imperial que nada tiene que envidiar a las otras tres, todas de mayor tamaño y fama: Marrakech, Fez y Rabat.


QUÉ VER EN MEKNÉS


En Meknés veremos una ciudad que representa el ideal de ciudad marroquí de un hombre, el citado Mulay Ismail, y de una época, los siglos XVII y XVIII. Hay edificios destacables de otras épocas, pero en número y en importancia el protagonismo se lo llevan sobre todo los construidos con Ismail. Esto es algo que le diferencia de Marrakech o de Fez, donde la importancia de ambas ciudades a lo largo de los siglos hace que más épocas se vean representadas en su arte.

El icono de la ciudad es sin lugar a dudas la puerta de Bab el Mansour, que además de ser la puerta más hermosa de la muralla de Meknés es la más bonita de Marruecos y, posiblemente, el monumento más destacable de todos los que mandó construir Moulay Ismail. Esta puerta, acabada en 1732 (por tanto no vista en vida por quien la mandó construir), y de una monumentalidad indiscutible, curiosamente no tiene mucha función como puerta actualmente, ya que no permite el paso de tráfico de vehículos y apenas el de personas, que sí pasan junto a ella. La calle a la que da la puerta es la que separa (o une) la medina con la ciudad imperial.

Plaza el Hedime, con la puerta de al Mansour al fondo
De hecho, no hace falta ni separarse de la puerta para ver la plaza que actúa de lugar de reunión en la ciudad, una especie de versión encogida de la marrakechí Djemaa El Fna en Meknés. La plaza El Hedime (que significa "plaza de las ruinas") acoge también a comerciantes, contadores de cuentos y todo tipo de gente de lo más extravagante para el viajero occidental, aparte de una nutrida oferta de restaurantes con terrazas a pie de plaza o en las azoteas de los edificios. Si bien no tiene tanta vida ni es tan grande como la de Marrakech, sí tiene más coherencia que su hermana mayor, con una forma rectangular y edificios más homógeneos a su alrededor. Su estructura también sirve para vertebrar y unir la ciudad imperial con la medina, el zoco semicubierto de artesanos y de ropa de sus lados norte y este con un no menos animado mercado cubierto de comida en su lado oeste, sin olvidar la citada puerta Bab el Mansour. Pasar por esta plaza a cualquier hora del día nos permitirá ver distintos ambientes y es más que recomendable. Como pasa en Marrakech, lo que ocurre en esa plaza en buena medida poco tiene que ver con el turismo; es más bien una representación cultural de Marruecos, y la disfrutan tanto los turistas como los habitantes de Meknés.


LA MEDINA


Una vez presentados los iconos, tan cercanos entre sí como que pertenecen el uno al otro, de la ciudad imperial y de la medina, conviene abordar ambos por separado.

Callejuela típica de la medina de Meknés, con un característico color crema
Sin salir de la plaza, es altamente recomendable el museo Dar Jamai. Como me pasa con otros museos de ciudades como Marrakech o Fez, mi sensación en ese museo fue la de que valía más la pena por el edificio por dentro que por el contenido expuesto. Las salas construidas y decoradas al estilo marroquí son magníficas, llevándose la palma un salón en el que no falta detalle. El pequeño patio es de estilo andalusí y en él me llamaron la atención los detalles de las puertas y la fuente. El precio, como siempre, popular (10 dirhams si no recuerdo mal, esto es, poco menos de 1€)

El-Hedime se puede considerar ya parte de la medina, aunque para sentirnos en una medina marroquí deberemos dejar la plaza. Cualquiera de las pequeñas calles que se dirigen hacia el este y especialmente las del norte de la plaza (justo donde está la entrada al museo por el que acabamos de pasar) nos meterán de lleno en el zoco, lleno de estrechas calles donde en un aparente caos se venden todo tipo de productos. Y digo aparente porque, como pasa en el resto de Marruecos, hay un orden estricto y los vendedores se agrupan en gremios y se han de poner en un lugar concreto...

Una de las salas del museo Dar Jamaï
Como ya dije más arriba la medina de Meknés tiene el tamaño ideal; no es ni tan minúscula como para salirse en cuanto demos cuatro pasos, ni tan grande como para perderse. Si la medina de Marrakech tiene el color rojo como emblema, y en Fez reinan el gris del cemento, el blanco de la cal y el verde del islam, representado en sus edificios religiosos, en Meknés los edificios suelen tener un color crema anaranjado que es el que preside ya la plaza el Hedime. Tendremos que movernos entre calles así para alcanzar los edificios más destacados de la medina, que son la gran mezquita de Meknés y la madraza o medersa Bou Inania, junto a ella. La primera será casi imperceptible a nuestros ojos, excepto por una trabajada puerta de acceso que, cuando la veamos, no nos dejará indiferente. Como en la mayoría de mezquitas marroquíes tenemos prohibida la entrada los no musulmanes.
Sí podemos entrar a la madraza (escuela coránica) a cambio, y debemos hacerlo, puesto que será el mejor edificio que veremos en Meknés ajeno a Mulay Ismail, y una de las más hermosas escuelas coránicas del país. Esta madraza, del s.XIV, nada tiene que envidiar a sus homólogas de Marrakech y Fez, y por apenas 20 dirhams nos mostrará cómo eran estas escuelas. Aparte de visitar el precioso patio central, y las minúsculas habitaciones de los estudiantes, tenemos la posibilidad de subir a la azotea para disfrutar de las vistas que tendremos del minarete de la gran mezquita y de otros minaretes diseminados por la medina. Escuchar el canto del moecín desde ahí es estremecedor.

Madraza Bou Inania, la joya de Meknés previa a Mulay Ismail
Aparte de para ver el ajetreo diario de Meknés, sin que nadie moleste al turista como pasa en Fez, la medina no tiene muchísimos más edificios de primer orden turístico. Puede ser una buena idea desplazarse a pie hasta su extremo norte, donde se ubica una puerta vistosa (Bab Berdaine), junto a la cual tenemos la mezquita Berdaine, del s. XVIII y protagonista de un derrumbamiento en 2010 que segó la vida de 41 personas (un servidor no ha tenido noticia de esta tragedia hasta que ha empezado a redactar este escrito). El minarete que se cayó hoy está totalmente reconstruido a semejanza del anterior.
Saliendo por la puerta nos encontraremos con un gran cementerio donde, aparte de reinar más las malas hierbas de lo que un occidental está acostumbrado a ver en un camposanto, tiene un mausoleo de un líder religioso importante para el islam, Sidi Ben Aïssa.

LA CIUDAD IMPERIAL


Dejamos la medina para ahora pasar a conocer la ciudad imperial de Meknès. En este conjunto, de grandes dimensiones, en ocasiones puede ser necesario la ayuda de un taxi, especialmente para desplazarse hasta los lugares más lejanos (estanque de Agdal y los graneros y caballerizas que tiene al lado). Hay que regatear el precio antes de usar un taxi porque si bien muchos taxistas llevan taxímetro o piden cantidades justas por el desplazamiento (muy barato para un europeo) también los hay que se pueden aprovechar...

Estanque Agdal
Pero comencemos por la parte más cercana a la medina. Podemos entrar a la ciudad imperial por la famosa Bab El Mansour si está abierta o por otra cercana puerta algo más al este. Nos encontraremos con una inmensa plaza, con puertas decoradas, y calesas pensadas para el turista. En la parte más occidental tenemos una calle por la que podemos llegar a otra gran plaza, presidida por una explanada bajo la que se encuentra una cárcel (prisión de Cara) y el pabellón en el que el sultán recibía a los mandatarios extranjeros: Al Koubat Khayatine. El que estén pegando la cárcel y este pabellón no sé si quiere expresar algo... ambos son visitables por 10 dirhams aunque a mi juicio es una visita prescindible.

Una puerta monumental aunque de firma más moderna que las anteriores, nos acerca de inmediato al mausoleo de Mulay Ismail. Aunque otros mausoleos del estilo están vetados a los no musulmanes, en este caso somos libres de entrar, y además lo haremos gratuitamente. Esto es una buena noticia, ya que es uno de los lugares más destacables de Meknés. El crema anaranjado de Meknés aquí deja paso a un amarillo que comparte protagonismo con los azulejos que presiden todo edificio histórico marroquí. Tras pasar varios patios vacíos llegamos a las salas cubiertas que protagonizan el conjunto. Aquí habrá que descalzarse y conformarse con una de las salas ya que el lugar en el que reposan los restos del sultán es accesible solo a nuestras miradas. Curiosamente, el mausoleo fue construido a principios del s. XVIII por lo que el sultán pudo ver el edificio en el que descansaría su cuerpo una vez muriera décadas antes de fallecer. Se pueden sacar las fotos que queramos en los patios y salas pero está prohibido hacer vídeos. Se requiere vestir de forma correcta para la moralidad musulmana (sin ser necesario el velo para las mujeres).

Detalle del mausoleo de Mulay Ismail
Tras esto, podemos recorrer la ciudad imperial a pie, aunque puede resultar un tanto monótono hacerlo por largas avenidas rodeadas por murallas en las que veremos alguna puerta monumental que, además, en algunos casos no podremos ni fotografiar... se trata del palacio real, que es el mismo que usó Mulay Ismail y que todavía hoy sigue usando el rey de Marruecos cuando visita la ciudad. No obstante, aunque el primero se hiciera llamar "sultán" y ahora se les llame reyes, no dejan de ser de la misma dinastía... como curiosidad, entre las recias murallas podemos encontrar un campo de golf, con unos olivos en los que unos campesinos estaban recogiendo la aceituna cuando yo estuve por allí; o llegar hasta el estanque Agdal, tras unos 20-30 minutos a pie, un lugar de esparcimiento para los habitantes de Meknés, que además, sin querer, descubrimos que es un bonito lugar para disfrutar de una puesta de sol. Este estanque fue mandado construir por Ismail para regar los jardines de la ciudad imperial. Junto a él se encuentra un inmenso edificio medio en ruinas que fue utilizado como granero y caballeriza. El precio de la entrada es popular, como siempre (10 dirhams) pero a mí, personalmente, no me aportó gran cosa su visita.

Como estuvimos dos días completos en la ciudad, y quizá con uno y medio, incluso con solo uno, sea suficiente para disfrutar de los mayores encantos de Meknés, tuvimos tiempo para disfrutar de otros lugares menos turísticos. Disfrutar de una puesta de sol en la parte de la ciudad nueva que está justo tras el río que la separa de la medina fue uno de esos pequeños placeres que uno se puede permitir cuando le sobra tiempo.

Atardecer con vistas a la medina de Meknés

¿DÓNDE DORMIR?


Meknés, como otras ciudades históricas de Marruecos, permite la experiencia de dormir en un riad. Riad significa "jardín" y también designa a las casas tradicionales de las medinas marroquíes, muchas utilizadas hoy para alojar turistas, y que son otro encanto más del país en sí mismo. En este caso nosotros escogimos uno precioso, y pudimos incluso dormir en su habitación más grande y lujosa por un precio que sigue siendo muy competitivo (40€ la noche, habitación doble). La ubicación era excelente, apenas a a 2-3 minutos de la plaza el Hedime, y de Bab el Mansour, en una calle de la medina, fácil de encontrar. Si a eso sumamos la amabilidad de todos sus empleados, no me queda otra más que recomendarlo plenamente. Se llama Riad Hiba.

Para los que prefieran un hotel más occidental, los encontrarán en la ciudad nueva.

COMO LLEGAR


Meknés se encuentra en el eje oeste-este principal del país, que la une con Casablanca y Rabat al oeste, y con Fez (solo 30-40 minutos de tren), Taza y Oujda al este. Ese eje es el que siguen tanto la autopista como la vía de tren. Por el norte, desde Meknés se llega en tren a Tánger.

Nuestra habitación del Riad Hiba

sábado, 1 de febrero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (II)

Continuamos la segunda parte de los consejos para conocer la ciudad de Fez. Aquí tenéis la primera mitad.

¿QUÉ VER EN FEZ? FEZ-EL-JEDID


Las diversas dinastías que han gobernado el noroeste de África no han acostumbrado a escatimar en gastos a la hora de hacer sus ciudades imperiales. En el caso de Fez, la dinastía benimerín o merínide ordenó construir la ciudad imperial de Fez el Jdid. Sí, si en Europa se han hecho lujosos palacios reales, en lo que hoy es Marruecos se construían "ciudades imperiales", aun más grandes y pomposas que sus equivalentes europeos. Eso sí, mientras en Europa muchos son visitables por dentro, en Marruecos todavía hoy son inaccesibles al viajero las joyas de esas ciudades imperiales, que son los palacios reales... es más, hacer fotos de su exterior muchas veces está prohibido (algo de lo que avisan los guardas que suelen estar en las puertas) incluso aunque el rey de Marruecos no esté en la ciudad y apenas use el palacio... normal, tiene 27 palacios reales y es imposible que use todos a diario. En el caso de Fez, la vistosa fachada principal de la plaza de los Alauitas sí se puede fotografiar (de hecho parece haberse hecho adrede para ello), pero el resto de palacio no.


Fachada del palacio real en la plaza de los Alauitas, la más bonita y la única fotografiable de este inmenso conjunto palaciego
El caso es que los benimerines se construyeron una nueva ciudad en un alto cercano a la medina desde el que poder controlar lo que por aquel entonces era Fez, la cual era pasto de diferentes revueltas con relativa frecuencia. Alrededor de esa ciudad imperial fueron creciendo diversos barrios, casi tan caóticos como los de Fez-El-Bali, entre los que destaca un barrio judío. El crecimiento de ambas ciudades provocó que acabaran uniéndose Fez-el-Bali y Fez-el-Jedid, aunque todavía hoy compongan dos unidades urbanísticas diferenciadas. Aquí tenéis algunos de sus puntos de interés:
- Mechuares: yo no pude ver todos, porque según mi mapa alguno estaba dentro de las murallas del palacio real (por tanto no era visitable), pero el "pequeño mechuar" por el que se entra al barrio tiene su interés... un "mechuar" es un patio de armas, una gran plaza amurallada utilizada para las formaciones militares. Básicamente es una plaza rodeada de muros con almenas hoy gobernada por los coches, con una puerta del palacio real donde os dirán amablemente que ni se os ocurra hacer fotos (solo al palacio, el resto de mechuar puede ser fotografiado).
- Grand rue de Fez-el-Jedid: esta calle comunica el "petit mechouar" con el barrio judío, y su primera mitad es un zoco, con bastante más espacio que los de la medina y especializado en ropa. Además junto a esa calle se suceden varias mezquitas, fácilmente identificables por sus minaretes. La calle, larga y recta, muere en el barrio judío al que se llega pasando bajo una monumental puerta.

Calle principal de Fez-el-Jedid, convertida en zoco de ropa en buena parte de su recorrido

- Barrio judío, sinagoga incluida: el barrio judío de Fez-el-Jedid muestra las huellas que han dejado los judíos en Fez. Aunque hoy sean apenas unas pocas decenas, hasta hace pocas décadas se contaban por miles en la ciudad. La convivencia no era fácil, y de hecho las humillaciones y vejaciones que la mayoría musulmana daba a sus vecinos judíos lo dejan claro, pero no obstante los judíos se las apañaron con su buena mano para la artesanía y la joyería para tener una economía mejor que la de sus vecinos musulmanes. Sigue habiendo joyerías en el barrio, y la calle principal tiene unas vistosas casas con balcones de madera que me recordaron a fotos que he visto de ciudades coloniales construidas por los españoles. La sinagoga se conserva gracias a la reconstrucción que pagó, entre otros, el gobierno alemán (curiosamente), y se muestra al que la quiera visitar por 20 dh (1,8€ con el cambio). Aunque no está al nivel de sus homólogas europeas ni en tamaño ni en porte (Budapest o Sofía, por citar dos ejemplos) nos pareció una visita interesante. NOTA: NO HACER NI CASO a las indicaciones que la gente os dé para llegar al barrio ni a la sinagoga. Hasta 4 personas distintas nos señalaban en dirección contraria a dónde íbamos la situación de ambos en Fez-el-Jedid.

Interior de la sinagoga de Fez

- Palacio real: la foto de la plaza de los Alauitas es otra de las clásicas de la ciudad, y recomiendo a todo el mundo que pase por esa plaza... y aunque no se puedan hacer más fotos, se rodeará el palacio real casi sin querer y se verá alguna que otra puerta vistosa, y las altas murallas que lo protegen del exterior.
- Barrios musulmanes: los barrios que se suceden a los lados de la calle principal de Fez-el-Jedid y al oeste del mechuar anteriormente citado pueden tener su interés, aunque son prescindibles. Si uno se pierde por sus calles se encontrará otra cara de la realidad de Fez, aparte de no dejar indiferente a una población no tan acostumbrada a ver turistas como en la medina.

Petit mechouar, un patio de armas por el que se entra a Fez-el-Jedid


MUSEOS

Como pasa en otras ciudades marroquíes como Marrakech, ir a los museos de Fez es en muchos casos más que recomendable. El interés principal es más por los edificios en los que se alojan que por las piezas que componen la colección expuesta; por otro lado los precios son muy bajos, entre 10 y 20 dirhams (1-2€). Estos son los mejores:
- Museo Dar Batha: museo principal de la ciudad, de titularidad pública, expone arte marroquí en un edificio igualmente marroquí con un inmenso jardín de claro aire andalusí, que nos hará sentir, salvando las distancias, como en los jardines de los Alcázares de Sevilla. Se ubica fuera de la medina pero junto a ella, a 5 minutos a pie de la puerta Bab Bou Jeloud.
- Museo de la madera "Nejjarine": en pleno centro de la medina, en un antiguo caravasar (alojamiento para caravanas y "caravaneros") que ejemplifica como ningún otro sitio el trabajo de recuperación que la UNESCO ha ejercido en la ciudad, este museo es un claro ejemplo de que solo por visitar este edificio por dentro ya merece la pena pagar los 20 Dh que cuesta, aunque nos dé igual la madera. Las piezas en sí tienen su interés a pesar de todo. La azotea es visitable también, y ofrece buenas vistas de la medina.

El caravasar Nettarine, restaurado por la UNESCO, aloja hoy el museo de la madera de Fez

- Museo Belghazi: algo más secundario, este museo de titularidad privada es un remanso de tranquilidad a pesar de su ubicación, también en una zona céntrica de la medina. Una cría de la familia nos enseñó las salas, y aunque la Lonely Planet dice que ha perdido parte de su esplendor porque su dueño ha vendido muchas obras, solo por ver un palacio tan antiguo ya nos mereció la pena entrar (20 Dh). Las vistas de la medina desde la azotea serán probablemente las mejores que se pueden tener sin salir del recinto amurallado. Ojo si se buscan fotos porque hay más museos con el mismo nombre en Marruecos y el de Fez no es precisamente el que más muestra google. Y ojo también a las personas que cerca del museo os dirán que está cerrado recomendándoos ir a las cercanas curtidurías (que son más pequeñas que las principales de la ciudad); en mi caso era falso que estuviera cerrado el museo, es otra estrategia para que vayáis a donde a ellos les interesa.
- Museo de armas: alojado en un torreón defensivo hecho por esclavos portugueses en un alto sobre la medina, visitar este museo por dentro tampoco me volvió loco de alegría, y te tienen que gustar algo más que a mí las armas para disfrutarlo... (10 Dh) no obstante, acercarse a él, entrando o no, puede ser una buena idea porque es el segundo mejor lugar de Fez para disfrutar de un atardecer. El primero son las ruinas de las tumbas merínides, no muy lejos del museo, pero tanto las guías de viaje como amigos que estuvieron antes que nosotros en Fez nos dijeron que esa zona está frecuentada por ladronzuelos, especialmente de noche. Como no era recomendable preferimos no ir. Al margen del atardecer, las vistas sobre toda la medina de Fez son muy buenas, aunque la cercana estación de bus afee un poco el conjunto.


¿DÓNDE DORMIR EN FEZ?


Como ya he comentado, Fez dispone de hoteles, más o menos lujosos, que nos harán sentir como en Europa, o casi... y el "casi" lo digo porque es más frecuente que en Europa que algunos detalles fallen: véase problemas de fontanería, tapas de WC rotas o habitaciones mal aisladas del frío o calor exterior por citar algunos que nos encontramos.

Patio del museo Belghazi
No obstante, para todo aquel que quiera sumergirse en la cultura marroquí, los riads son una experiencia más que recomendable. "Riad" significa "jardín", pero también designa a la casa tradicional marroquí, discreta y sin ventanas al exterior, pero que deja la decoración para el interior (en el mundo musulmán se considera mal visto presumir de lujo, por eso se decora solo el interior de las casas, aunque en Dubai o Qatar ya no se cumpla esta costumbre...), que se estructura en torno a un patio y cuenta con varias plantas y una azotea. Los riads se pueden encontrar en las medinas de las ciudades marroquíes con más encanto (Fez, Marrakech, Meknes o Essaouira, por citar algunas) y los hay de todos los precios, desde superlujo a muy económicos, por menos de 30€ diarios la habitación doble. Suelen tener pocas habitaciones, no superando la decena, lo cual hace que los dueños y/o empleados den un trato amable y cercano, siendo una fuente de información fiable. Nosotros dormimos en el riad Nassim, que estando bastante bien, tiene el inconveniente de estar en un extremo de la medina, lejos de la mayoría de puntos de interés.


¿CÓMO LLEGAR A FEZ?


Fez tiene un aeropuerto internacional, que en el momento de escribir estas líneas se había quedado pequeño por la llegada de compañías como Ryanair o Vueling, que nos acercan a esta ciudad marroquí desde España y otros países de Europa Occidental. No obstante a principios de 2014 ya estaba bastante avanzada la nueva terminal, digna de la segunda ciudad más turística de Marruecos.

Calle principal del barrio judío, que destaca por sus hermosas viviendas con balcones de madera
Además Fez se encuentra en el centro de uno de los dos principales ejes ferroviarios marroquíes; concretamente del que une la costa atlántica (Rabat, Casablanca) con Oujda, ciudad cercana a la frontera argelina y al Mediterráneo. Los trenes marroquies, siendo viejos, son más rápidos de lo que cabría pensar (más que en Europa Oriental, por ejemplo) y realmente muy baratos (recorrer 100 kms. en ellos vale de media menos de 3€), por lo que son una buena forma de moverse por el país. Las principales ciudades del país tienen servicio de tren, o un bus, regentado por Supratours y dependiente de la compañía ferroviaria marroquí, por lo que es fácil acceder a ellas.

sábado, 25 de enero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (I)

Dicen que Marruecos es un país que no se visita, "se vive", y desde luego que de las ciudades marroquíes que conozco, Fez, junto a Marrakech, es la ciudad a la que más aplica semejante frase. Y es que difícilmente se puede encontrar un lugar tan cercano a España como esta ciudad marroquí, tercera en tamaño del país, y al mismo tiempo tener ese "dépaysement" brutal... (nótese que "dépaysement" es una palabra francesa, sin traducción natural al castellano, que se refiere a la sensación de desubicación o desconcierto que sacude a un viajero cuando se encuentra en un lugar que le es extraño por sus costumbres, paisajes, edificios, personas, etc. ya que son muy distintos a su lugar de origen). Y es que aunque históricamente el norte de África, especialmente Marruecos, y España, hayan tenido una historia común durante más de 700 años, los 500 años posteriores en los que cada país se ha desarrollado por su lado han hecho de ellos dos mundos muy distantes en casi todos los aspectos. Los 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar son una barrera que marca una frontera contundente, hasta el punto de que yo, por ejemplo, diría que siento tener más cosas en común con un turco, a mucha mayor distancia de España y sin historia en común, que con un marroquí. Y ni siquiera el reciente protectorado de España y Francia en el país africano (1912-1956) ha logrado mitigar apenas esas diferencias.

Puerta de Bab Bou Jeloud, principal acceso a la medina, con el minarete de la madraza Bou Inania bajo su arco principal
Dentro de ese otro mundo, Fez además quizá sea la ciudad más compleja, la más árabe y la más marroquí del país. ¿Por qué? Por haber sido la capital del territorio con diferentes dinastías durante más tiempo que ninguna otra ciudad del país, y más aún por el legado que esta capitalidad imperial ha dejado en la ciudad. Y merece el apelativo de "rebelde" por un lado por no ser sencilla para el viajero y por otro porque su personalidad y la de sus habitantes es así; las primeras reivindicaciones independentistas en Marruecos se dieron allí, así como otras protestas que acabaron influyendo en el resto del país, y se la conoce por ser la más culta e intelectual de las ciudades marroquíes, tanto que para alguien de Fez el ser de allí es una virtud por sí misma...

Además, Fez nos ofrece la mayor medina de Marruecos. "Medina" es la traducción al árabe de "ciudad", palabra frecuente en la geografía española, pero que hoy en Marruecos utilizamos para referirnos al casco antiguo de las ciudades magrebíes, que eran prácticamente la única ordenación urbana existente en Marruecos hasta la llegada de las potencias coloniales europeas. Estas medinas se caracterizaron por sus numerosísimas calles estrechas, que normalmente ni el mejor de los planos puede mostrar en su totalidad. La consecuencia para el viajero es clara: te vas a perder. Según lo bien que te orientes con el mapa que tengas (que incluirá poco más aparte de las calles principales) lo harás mucho o poco, pero lo que es seguro es que te perderás. Y hay que aceptarlo así, disfrutar de las ventajas de estar perdido (hasta que uno se canse, claro), y quizá en algún caso pedir ayuda, aunque voy adelantando que los "fassis" (habitantes de Fez) no siempre ayudan, así que por desgracia no hay que fiarse de cualquiera.

La medina de Fez es gigantesca, inabarcable, de cuyo tamaño hablan estos datos: 16 kilómetros cuadrados de casco antiguo urbano, en el que se agolpan 9400 calles, callejuelas, callejones, en los que en muchos casos se pueden tocar ambas paredes extendiendo los brazos, y en los que viven aún 150.000 personas aproximadamente; es decir, tanta población como en la ciudad de León. Algunos lo consideran la mayor zona peatonal urbana del mundo, si bien esto lo veo inexacto porque hay alguna zona de la medina a la que se puede acceder en coche (cuatro contadas, eso sí). Está totalmente amurallada, cuando no doblemente amurallada, y ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es más, la UNESCO, visto su gran valor y su avanzado estado de deterioro, inició un programa de rehabilitación de la medina, que recuperó, entre otros, un espléndido caravasar (hostal de caravanas).



PELIGROS Y ADVERTENCIAS



La Lonely Planet titula así su sección "negativa" para el viajero a la hora de hablar de una ciudad. Yo nunca la había incluido en mis más de 80 posts anteriores, pero aquí hay que hacerlo.

Entrada a la mezquita Karaouine, la más grande de Fez, con una trabajada entrada
Fez ha tenido mala reputación para el viajero por sus falsos guías. Esto es, personas sin titulación ni necesariamente las mejores intenciones, que se presentan al viajero como grandes conocedores de la medina. Te dicen que sin su ayuda te perderás, e incluso pueden decirte que es peligroso caminar sin un "fassi" que te lleve. Pueden resultar un tanto cómicos (uno se nos presentó a nosotros como el "google maps" de la medina :D ), pero como te vean indeciso pueden ser muy numerosos y sobre todo demasiado insistentes; si decides coger los servicios de uno de ellos no es que vaya a correr peligro tu vida, pero es probable que arruinen tu visita de Fez porque la veas menos, peor y gastando más dinero que sin su "ayuda". En los últimos años, el país ha emprendido una lucha contra ellos y hacer ese trabajo "furtivo" les puede costar hasta pequeñas penas de cárcel. Pero el alto paro y los buenos ingresos que los turistan reportan hacen que para algunos siga mereciendo la pena correr el riesgo. Cada uno que haga lo que quiera, pero yo no lo recomendaría en ningún caso... si se cree necesario usar guía mejor coger uno oficial, aunque sea más caro, y sino siempre queda la opción de pedir ayuda a algún niño o comerciante en caso de que uno se pierda. Los niños carecen de la maldad de querer aprovecharse de la situación, y los comerciantes no van a dejar su negocio por llevarte, por lo que no tienen mayor interés en dar indicaciones falsas.

Al margen de los falsos guías, una picardía un tanto "extrema" reina entre algunos habitantes de la ciudad. A la hora de comer, uno se puede encontrar en la medina jóvenes que insistirán en recomendar algún restaurante no precisamente barato (si les sigues, has de saber que se llevarán una comisión del restaurante que tú pagarás en tu cuenta), y especialmente en Fez-el-Jedid (barrio extramuros de la medina, pero casi igual de laberíntico) nos encontramos con unas cuantas personas que nos daban indicaciones falsas para llegar al barrio judío o a su sinagoga, con la intención, me imagino, de llevarnos a la tienda de un amigo suyo, o de hacer que nos perdiéramos y así necesitar su ayuda como guías. Yo me sentí ofendido por ver que nos ofrecían insistentemente una ayuda que no necesitaba y que además informaban mal adrede, pero por desgracia esto es algo que viene incluido con la belleza de Fez.

Por último, los caza-turistas en los restaurantes o los dueños de tiendas del zoco que casi casi bloquearán la calle para invitarte a entrar en su establecimiento están por doquier, pero en esa selva urbana estos son los más inofensivos. Con el primer "no" ya le dejan a uno tranquilo.

Y AUN ASÍ, ¿TE HA GUSTADO FEZ?


Detalle de la madraza el-Attarine, la más decorada de Fez
Pues sí, Fez es espectacular. Es probablemente uno de los lugares más medievales que jamás haya visto (para lo bueno y para lo malo), y tiene rincones de bella factura, tanto para ver por dentro como por fuera. Además, es una ciudad muy barata si uno se lo monta bien, y tiene un aura y un encanto que no se puede describir con palabras. Me gustó aun más Marrakech, pero situaría a Fez solo ligeramente por debajo en cuanto a interés.


¿CÓMO UBICARSE EN FEZ?


Para empezar, decir que Fez son tres ciudades en una: Fez-el-Bali, o lo que es lo mismo, la inmensa medina, se ubica en el extremo este de la actual Fez. Fez-el-Jedid, aunque signifique "Fez la nueva", está en el centro y es la villa imperial que la dinastía benimarí se construyó a finales del s.XIII. Y la "Ville Nouvelle" (Ciudad Nueva, en francés), al oeste, es la parte proyectada durante el protectorado francés, con un aspecto que se asemeja al ensanche de una ciudad europea. Los puntos de interés se encuentran de forma exclusiva en las dos primeras zonas, aunque los hoteles de estilo europeo, o los nexos de comunicación (estación de tren o de grand taxis) se ubican mayormente en la Ville Nouvelle, por lo que casi todos acabamos pasando por allí también.

¿QUÉ VISITAR EN FEZ? EN LA MEDINA


¿Por dónde empezar? Pues nosotros empezamos por una de las fotos más típicas de Fez: sus curtidores. Situados en el extremo este de la medina, su ubicación no fue elegida al azar... se procuró colocarlos en una zona no tan llena de viviendas ya que su trabajo... ¡apesta! Sí, los curtidores de Marruecos desempeñan su oficio de forma muy similar a cómo lo hacían sus ancestros en el medievo, lo cual significa usar compuestos tan desagradables como heces de paloma y orina de otros animales. A cambio he de confesar que fabrican auténticas joyas y presumen de hacerlo sin ayuda de químicos como suelen llevar las prendas de vestir que usamos nosotros a diario.
Quizá por ir en pleno invierno yo no noté un olor tan espantoso como la mayoría dice haber sufrido, pero no obstante los guías prestan unas ramitas de menta que ayudan a mitigar el mal olor. En la curtiduría más grande de Fez varias terrazas permiten sacar coloridas fotos a las pozas mientras los empleados siguen trabajando aparentemente ajenos a las fotos que todos sacamos de sus traseros :) Como es natural, los guías intentan aprovechar la visita para vender algo, aunque si no se desea comprar con una pequeña propina se quedan contentos. Si se quiere comprar, el regateo es imprescindible.

El barrio de los curtidores de Fez, con las pieles secándose al sol y las cubetas con diferentes mejunjes apestosos :)
Por desgracia, a día de hoy se mantiene la prohibición a los no musulmanes de visitar mezquitas y lugares santos (con contadas excepciones en el país y ninguna en Fez), medida que considero absurda en la actualidad y que se remonta al protectorado francés, pensada para evitar conflictos entre comunidades. Y si bien en Marrakech o Casablanca esta prohibición no me importó apenas, en Fez sí me pareció que me estaba perdiendo auténticas maravillas arquitectónicas, ya que lo que vi desde la entrada en ocasiones tenía una pinta excelente. No obstante, recomiendo visitar, aunque nos quedemos en la puerta, las mezquitas más destacadas de la ciudad, como son la Karaouine, en el centro geográfico de la medina, o el mausoleo de Mulay Idrís, muy cerquita. La mezquita andalusí, en el barrio homónimo, ocuparía el tercer lugar, con una bonita puerta. Además, los minaretes verdes de muchas de ellas suelen ser hermosos, y para quien no esté acostumbrado, sus llamadas al rezo no dejan indiferente.

Aunque hay que decir que se compensa la prohibición de visitar mezquitas con el permiso para visitar otra institución básica del Islam: las "madrazas" o "medersas", que es como se llama a las escuelas coránicas. Esta institución es algo así como la versión mora de un college inglés, porque integra la escuela y los dormitorios de los estudiantes en un solo edificio, e incluso en algún caso también disponen de mezquita. Fez es la ciudad marroquí que dispone de más ejemplares de estos históricos edificios, también estructurados en torno a un patio, aunque su grado de conservación es desigual. En el momento de escribir estas líneas, las madrazas Bou Inania y el-Attarine son las mejor conservadas, y son igualmente espectaculares por la belleza de su decoración, con yeserías con caligrafía árabe, puertas de madera labradas o azulejos preciosos. La primera es la más grande y dispone de su propia mezquita y minarete, que aunque no permiten el paso a los no musulmanes, se ven perfectamente desde el patio. Y la segunda, más pequeña, dispone incluso de más detalles de decoración. Si no se dispone de tiempo para visitar ambas, recomiendo ver al menos una. Eso sí, pueden resultar algo difíciles de encontrar para el viajero independiente, así que si no las veis por vosotros mismos, preguntad a alguna persona (preferiblemente artesanos y niños, como dije antes).

Madraza de Bou Inania, con minarete y mezquita incluidos
Mientras se buscan estos lugares, el viajero reparará en otro lugar de interés en sí mismo, que es el propio zoco o mercado permanente que ocupa, a ojo, un tercio de la medina. Como se hacía en España en la Edad Media (de lo que solo nos queda la huella de los nombres de algunas calles), en Marruecos los puestos del zoco se colocan por gremios de tal modo que todos los plateros tienen sus puestos en una calle, mientras que los puestos de especias, verdura o de venta de calzado tienen también delimitadas sus zonas. Este inmenso zoco ocupa algunas de las calles principales de la medina, a menudo cubiertas con unas precarias techumbres que no consiguen dar el aspecto de un mercado cubierto como tienen otros países musulmanes como Turquía. Perderse por estas calles y ver a los artesanos trabajando es una más de las actividades que se esperan de una visita a Marruecos. Nótese que en la medina de Fez, por su tamaño y a falta de tráfico rodado, ni siquiera de motos como en Marrakech, se suministra mercancía al zoco o se recoge la basura con burros... ¿os había dicho que esto es otro mundo?

Por último, acabo la visita a la medina hablando de sus imponentes murallas, que la abrazan totalmente, y sus puertas. Sobre las primeras, dar un paseo junto a ellas es una buena forma de admirarlas, y existen miradores extramuros interesantes (hablaré de ellos en otro post sobre Fez). De entre las últimas, algunas destacables son las de la plaza Rcif, y especialmente la Bab Bou Jeloud. Esta puerta, aunque reciente (data de 1913), se ha convertido en un símbolo de Fez por ser el principal acceso a la medina y por ser una de las fotos más típicas de la ciudad. No es difícil encontrar el ángulo que nos permite sacarla completa mientras dos minaretes (uno de ellos el de la madraza Bou Inania) aparecen en el arco que dibuja. Además, junto a ella se ubica la principal zona de restaurantes de la medina, a precios populares (menús a 5-10 euros).

Seguiré con Fez-el-Jedid y con una sección dedicada a los museos en una próxima entrada.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El Rin más romántico (II): Bacharach

No sé si fue por dormir ahí, por estar (más o menos) en el centro del Rin romántico o porque realmente es precioso, pero Bacharach fue el pueblo más destacado de toda la ruta. Es de auténtico cuento de hadas, tiene de todo.

La Altes Haus, en el medio de la foto, es la casa con entramado más antigua de Bacharach, del s.XIV
Aunque apenas tiene 2000 habitantes, Bacharach es uno de los pueblos más turísticos del Rin romántico, y de los que cuentan con más servicios para el viajero: los hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos son abundantes, pero aunque fui en pleno mes de agosto, tampoco me sentí rodeado de hordas de turistas que siguen los paraguas de los guías. No me resultó un destino de turismo masivo "incómodo", por así decirlo.

¿Y por qué me parece tan bonito Bacharach? Para empezar, su colección de casas con entramado es probablemente la mejor de la zona. Las hay con varios siglos a sus espaldas, como la "Altes Haus" ("casa vieja" en alemán), que data de nada menos que el s.XIV, y que hoy es uno de los muchos restaurantes del pueblo. Aunque hay muchas más, colocadas sin ánimo de ostentación sino como ejemplo de la casa tradicional de la Alemania rural en este estado. Invito a pasear por ellas, sin plano o haciéndolo poco caso, es una delicia.

Vista de Bacharach desde lo alto, con la iglesia de San Pedro destacando en altura
Al margen de eso, Bacharach conserva buena parte de su muralla medieval, con una parte llana, agrupada junto a la vía del tren y al río, y en donde las casas se ocupan de esa labor defensiva; y otra parte mirando a la montaña, con torres defensivas que se sitúan a niveles distintos entre los viñedos típicos de la zona.

En cuanto a edificios religiosos, Bacharach cuenta con la iglesia de San Pedro, que no pudimos visitar por dentro, y que recuerda mucho a la basílica de Bingen sobre la que hablé en el post anterior. Aunque llama más la atención la "Wernerkapelle", ya que no es frecuente conservar las ruinas de una iglesia gótica de esa manera... sea por lo que sea, la ubicación de estas ruinas a cierta altura sobre el resto del pueblo (aunque sin llegar a presidirlo, porque eso es tarea del castillo) da a Bacharach un aire enigmático que me gustó.

Vista de Bacharach desde el río. En lo alto, el castillo "Stahleck"
Y, ¡cómo no! Un pueblo que se etiquete como "pintoresco" en esta zona tenía que tener un castillo. Y ése es el Stahleck, un castillo que preside el pueblo y que es accesible en coche o a pie, en una de las numerosas rutas de senderismo que pueden hacerse en la zona, y que aunque no hice, seguramente tengan mucho interés.
El Stahleck no me pareció tan espectacular como el Rheinstein o el Reichenstein, pero recomiendo encarecidamente su visita. Para empezar, llama la atención su uso actual... ¡es un albergue juvenil! Sí, como ya pasa en España (el castillo de San Servando de Toledo es un ejemplo), algunos edificios históricos han sido recuperados y han recibido un nuevo uso que consiste en dar alojamiento a los viajeros. La mayoría de las veces esto significa pagar un alto precio por dormir en él (como pasa con los paradores españoles), pero a veces se habilitan como albergues a precios módicos, sin ser más caros por estar donde están. Yo busqué plaza en el albergue con una semana de antelación y ya estaba completo, pero me imagino que dormir ahí tiene que ser algo fantástico, y barato. El hecho de ser un albergue hace que se pueda visitar por dentro gratuitamente, aunque como es natural haya que conformarse con el patio interior y no se pueda entrar en las estancias, reservadas a los huéspedes... ahí vimos que la obsesión por el entramado de madera de los alemanes llega hasta los castillos.
Además, si se va en coche (es accesible a pie también, pero cuesta un poco más de esfuerzo), la carretera pasa por encima del castillo, por lo que la vista del mismo se puede completar con la vista del Rin por detrás. Si vais al atardecer y hace sol, podréis sacar una foto como la nuestra.

Vista del castillo "Stahleck" con Bacharach y el río Rin justo detrás

ALREDEDORES

El impronunciable castillo de Pfalzgrafenstein queda cerca de Bacharach, y es uno de los más interesantes de toda la ruta por su peculiar emplazamiento en una isla del Rin. Como muchos otros castillos, su creación y uso fue aduanero, hacer pagar un peaje a todo el que quisiera pasar por allí. Aunque en este caso, al ubicarse en medio del río, ese uso se hace más evidente si cabe. Es más, su forma de forzar a los barcos a pagar el peaje era muy similar a la de las autopistas actuales: una cadena gigantesca atravesaba todo el río y solo se retiraba previo pago. Se valía del cercano castillo de Gutenfels, en la orilla derecha, para reforzar su posición.
Este recoleto castillo isleño es de los pocos que no han sido nunca ni conquistados ni destruidos en la zona.

CÓMO LLEGAR

Decir que la mejor opción es disponer de coche propio, aunque Bacharach dispone de estación de tren en la línea que une Mainz con Coblenza por el lado izquierdo del río, y también un pequeño puerto que usan los ferries que surcan la zona, con fines turísticos normalmente.

Para los amantes de la bicicleta esta zona es fantástica puesto que (al menos el lado izquierdo del río) dispone de carril bici junto a la carretera.


Vista del castillo Pfalzgrafenstein, en una isla del Rin. Al fondo, el castillo de Gutenfels, que le apoyaba en el cobro del peaje a los barcos

domingo, 22 de diciembre de 2013

El Rin más romántico (I): De Bingen a Bacharach

Quizá sea el único, pero antes de visitar esta zona me imaginaba el Rin como otra cosa... como una vía de comunicación, plagada de barcos, con industria pesada a sus lados y constantemente rodeada por grandes ciudades alemanas, sin encantos naturales cercanos.

Esto es el Rin romántico.. un escarpado cañón formado por un río inmenso y jalonado de castillos, como el de Rheinstein
Si bien buena parte de esta imagen es cierta durante la mayoría del recorrido de este río por Alemania (que por cierto, no solo es alemán... su agua riega otros 5 países: Austria, Liechtenstein, Francia, Suiza y Países Bajos, aunque en los tres primeros solo marca la frontera), en su curso medio-bajo tiene un tramo, el ubicado entre Bingen y Coblenza (Koblenz en alemán) distinto. Envuelto en un cañón natural y con un romanticismo que le viene dado por la belleza de sus pueblos y el aura misterioso que le otorgan sus castillos, blancos a veces, de roca grisácea oscura el resto, uno se siente mucho más lejos de Frankfurt, Colonia o Düsseldorf de lo que dicta el cuentakilómetros. Y es que por suerte en Alemania todavía existen zonas rurales... ¡y que duren mucho tiempo!
La abundante cantidad de castillos de la zona se explica en el afán recaudatorio y avaricia sin escrúpulos de los señores feudales, ya que cobraban un peaje a los barcos que querían surcar las aguas de la que hoy es la arteria fluvial con más tráfico de Europa.

Vista del Rin desde Bingen. Se aprecia a la izquierda la "torre de los ratones", en una isla del Rin. Frente a ella uno de los castillos de la orilla derecha
Como un servidor solo ha recorrido la orilla izquierda de esta ruta (la derecha es igualmente visitable), empezamos la ruta en Bingen; esta población está ubicada al oeste de la conurbación urbana que forman Frankfurt, Wiesbaden y Mainz (Maguncia en castellano, aunque a mí me suena mal dicho así) a apenas 20 kms. de esta última, y aquí se considera que empieza la ruta. Esto es porque aquí empieza a escarparse el terreno, aunque teniendo en cuenta que en Mainz está el último puente sobre el río hasta Coblenza, algunos ubican en la capital del estado de Renania-Palatinado el inicio de la ruta. Con unos 25.000 habitantes, Bingen es la población mayor entre Mainz y Coblenza, y se ubica donde se juntan el Rin y el Nahe, otro río que al ser cruzado, por su tamaño, puede confundirse con el propio Rin (a mí me pasó). Fue la novatada de la ruta, ya que la anchura era bastante menor y como ya he dicho, Bingen no tiene puente sobre el Rin.
En Bingen nos encontramos el primer castillo, rodeado de viñedos. Sí, viñedos en Alemania, los hay... son casi exclusivos de este estado en Alemania, donde parece que la pasión francesa por el vino se extiende más allá de los límites políticos del país galo.

Castillo de Klopp, en Bingen, rodeado de viñedos
El citado castillo, llamado de Klopp, es un primer aperitivo de los castillos que abundan en la zona. Como muchos otros, su pasado es medieval, pero el aspecto actual data de la segunda mitad del s.XIX. Es en esa época cuando el interés por ese pasado medieval adquirió un tinte romántico que motivó en muchas partes de Alemania a levantar castillos colosales o a reformar los ya existentes, siendo "Neuschwanstein", en Baviera el ejemplo más destacable.
Aparte del castillo, Bingen exhibe otros dos puntos destacables: la gótica basílica de San Martín, una vistosa basílica blanca y naranja, y la llamada "Torre de los Ratones" (Mäuseturm en alemán), estrecha torre de idénticos colores ubicada en una isla del Rin cuyo nombre viene por una leyenda; cuenta la historia que un obispo cruel fue devorado vivo por un grupo de ratones. En ese mismo lugar se ha ubicado una torre desde la época romana, aunque la actual también es de la segunda mitad del s.XIX, cuando la zona cayó bajo dominio prusiano. Aparte de esto, el casco antiguo de Bingen no encierra tampoco mucho interés, ya que contiene muchos edificios modernos, pero es un buen lugar como centro de servicios.

Patio interior del castillo de Rheinstein

Vamos hacia el norte, siguiendo al Rin en su camino hacia el mar, y de camino a Bacharach nos encontramos tres inconmensurables castillos, que casi nos hacen olvidar el pequeño (a su lado) castillo visto en Bingen. Son los castillo de Rheinstein, Reichenstein y Sooneck. Visitamos los dos primeros por dentro, y el tercero diría que también es visitable pero no lo puedo asegurar... eso sí incluso aunque vayáis en coche las indicaciones para llegar a ellos no son todo lo evidentes que nos esperábamos, y hay que estar muy al loro para no pasarlos por alto...

Rheinstein es el primer castillo que uno se encuentra, y ofrece una de las fotos más espectaculares de todo el valle (la foto que protagoniza esta entrada, al principio). Varios caminos de senderismo pasan por él, y para sacar la citada foto hay que caminar un centenar de metros por uno en dirección contraria a las aguas del río.
Con un jardín lleno de flores, una pequeña iglesia neogótica en su interior, y unas estancias que nos muestran cómo era un castillo de la segunda mitad del s.XIX, la visita merece la pena (unos 8€ costaba en verano de 2013).

Castillo de Reichenstein, cuyo exterior me pareció un tanto tétrico

Un tanto distinta es la visita al castillo de Reichenstein. Su aspecto exterior me pareció un tanto tétrico, con la roca oscura y unas plantas enredaderas resecas que parecían querer comerse las paredes... pero el interior no se queda atrás, presidido por centenares de cornamentas de cérvidos que dejan claro que su dueño era un amante de la caza. El precio es similar, y aparte de cuernos también se ven estancias del castillo, como un gran salón, y se disfruta de bonitas vistas del Rin. Eso sí, ver ambos puede resultar un tanto repetitivo... a nosotros nos dio esa sensación.

Y tras unos pocos kilómetros llegamos a Bacharach... pero como estamos ante el pueblo más pintoresco de toda la zona (o al menos de la orilla izquierda del río), le dedicaré una entrada para él solo.

Interior del castillo de Reichenstein, presidido por los cuernos de ciervos o similares

DATOS PRÁCTICOS

Para visitar esta zona de Alemania se hace muy recomendable el contar con tu propio coche. Dos líneas ferroviarias comunican la zona de Mainz-Wiesbaden-Frankfurt con Coblenza, una por cada lado del río, pero para visitar los castillos no resulta práctico ir en tren puesto que no tienen estación, y las paradas de Bingen o Bacharach distan varios kilómetros de los castillos.