martes, 30 de julio de 2013

Viaje a la India, días 17-2 y 18: Agra más alla del Taj, con el embustero chófer de tuk-tuk

En el planning de muchos visitantes a la India, Agra suele tener un papel secundario incluso a pesar de alojar el monumento más famoso del país. Suelen pasar una noche en la ciudad o incluso ninguna, ya que un tren expreso, a una velocidad sorprendentemente alta para lo que es la India, une Agra con la capital, Delhi.

Puerta de entrada al mausoleo de Akbar el grande, en Sikandra, al norte de Agra
Nosotros sin embargo decidimos pasar dos noches en esta ciudad del estado de Uttar Pradesh, el más poblado del país. ¿El motivo? Poder disfrutar del Taj sin prisas, para lo que recomiendo al menos medio día, incluyendo la visita a lo que es en sí su recinto y para disfrutar de las vistas desde el Taj Ganj y el otro lado del río Yamuna. Y el otro medio día bien puede ser usado para ver las otras dos grandes atracciones de la ciudad, el fuerte de Agra y el (mal) llamado Baby Taj (oficialmente el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah). Aparte de eso, dos lugares imprescindibles se ubican en las cercanías de Agra, uno en dirección a Jaipur y otro en dirección a Delhi, y recomiendo verlos al llegar de esas ciudades o ir hacia ellas: son respectivamente Fatehpur Sikri, de la que ya he hablado, y el mausoleo de Akbar, fundador de Fatehpur Sikri, pero ubicado en la localidad de Sikandra, 10 kms. al norte de Agra.

El fuerte de Agra fue nuestro primer fuerte mogol, tras haber visitado ya unos cuantos rajastaníes en el vecino estado de Rajastán. Las diferencias son evidentes incluso para un profano de la arquitectura como soy yo: la magia del colorido rajastaní se reducen en el mundo mogol a dos colores, el rojo de la piedra arenisca y el blanco del mármol. El arte mogol tiene un arco inexistente en los fuertes rajastaníes, escalonado. Y otra gran diferencia es que los fuertes mogoles, al menos los de Agra y Delhi, están ubicados en llano, mientras que en los fuertes rajastaníes son una excepción los que no están en un lugar escarpado (Bikaner fue la única excepción).

Entrada al fuerte de Agra, colosalmente amurallado. En primer plano un coche de policía de la ciudad, que también presume del Taj
El de Agra resultó ser un fuerte espectacular, el mejor de los que vimos de estilo mogol, con unas murallas colosales, unas estancias decoradas en mármol con multitud de detalles (que nos recordaron al fuerte de Amer, mostrando que también hay similitud entre el estilo mogol y el rajastaní), una mini-mezquita, una arquería enorme en uno de los palacios y la cuarta de las vistas típicas del Taj, junto al río, como ya comenté en la entrada del famoso símbolo de la India. No os perdáis este lugar patrimonio de la humanidad si vais a Agra.

Seguimos la visita con el "baby Taj", que digo que está mal llamado así porque tiene en común con el Taj el estilo, que está en la ciudad de Agra y que también es un mausoleo con los mismos materiales... pero la forma de su edificio principal y la ubicación no me recordaron tanto al famoso Taj. No obstante, el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah me resultó diferente, menos imponente que el Taj pero más "accesible" ya que lo vimos casi solos, siendo como es ignorado por muchos de los visitantes que recibe Agra. Además es infinitamente más pequeño. Ubicado al otro lado del río Yamuna, está junto al río pero a bastante más altura sobre él, tanto es así que no recuerdo siquiera haber visto el agua desde el mausoleo. Los detalles labrados en el mármol son, como en todos estos mausoleos, una pasada.

Mausoleo de Itimad-Ud-Daulah, comúnmente conocido como "baby Taj"
Por último, comentar la que fue la anecdota del día y una de las situaciones más desagradables de toda nuestra estancia en la India, que puede ocurrir a cualquier visitante del país. Tras cenar en el mismo restaurante del día anterior, en el Taj Ganj, con vistas al Taj Mahal, que se veía incluso en plena noche gracias a la luna llena aunque no estuviera iluminado, ya sin coche nos decidimos a coger un tuk-tuk para ir a dormir al albergue. Preguntamos a varios conductores si sabían llegar hasta el albergue y nos dijeron no saber. Tras unos segundos en los que íbamos a preguntar a otro grupo de conductores uno de los hombres del primer grupo nos dijo que ya sabía y que montáramos con él. Le pregunté: ¿seguro? Y me dijo que sí.

Pero el viaje fue un martirio. Al minuto de montar en su tuk-tuk ya había parado a preguntar a un señor, lo cual me irritó. Pero tampoco debió ayudarle mucho, puesto que poco después paró en otro lugar a preguntar. Las calles por las que iba me dejaron de sonar. A la tercera parada Steffi empezó a llamarle mentiroso en inglés a gritos (LIAR), pero el hombre no parecía entendernos. La cuarta o quinta vez que paró, un hombre con internet en el móvil lo buscó sin éxito y nos llegaron a preguntar si el lugar existía realmente, a lo que contesté: "por supuesto que existe, ya hemos dormido una noche en ese albergue y allí están todas nuestras cosas. Ayer fuimos en tuk-tuk con un conductor que sabía y éste es un mentiroso". Desconozco si realmente el sitio es tan poco conocido o si aún conociéndolo querían intentar llevarnos a otro hotel... por supuesto, si llega a ser nuestra primera noche en el hotel podríamos haber caído en la trampa, y en el hotel nos habrían cobrado una jugosa comisión para el conductor de tuk-tuk.

Arquería del fuerte de Agra, que es muy similar en fuertes rajastaníes y mogoles
Steffi pidió volver al Taj Ganj para poder empezar de nuevo con un chófer que supiera llegar hasta el albergue, pero el conductor no nos hizo caso, lo cual hizo que aumentara nuestro enfado. Tras otra parada, nos cruzamos con un hombre que tenía una tarjeta del albergue pero que en la que aparecía un hombre de negocios que era el dueño de nuestro albergue, pero pensé erróneamente que la dirección no iba a ser la correcta... pero sí lo fue, y poco después llegamos finalmente al albergue. Frente a los 10 minutos de la víspera, ese día tardamos casi una hora y la distancia recorrida seguramente fuera el triple. El conductor nos despidió con una sonrisa a la que contestamos de mala gana y por supuesto, no se llevó ni un duro de propina. Si perdió dinero por el derroche de tiempo y combustible utilizado con nosotros, que espabile.

Interior del mausoleo de Akbar el Grande, en Sikandra
Y acabo esta entrada con Sikandra, que aunque fue visitada en nuestro día 18, por cercanía toca más hablar de ella en la entrada de Agra que en la de Delhi. Se ubica a unos 10 kms. al norte de Agra, en la carretera que la une a la capital india, y tiene como atracción, al lado mismo de la carretera, el mausoleo de Akbar el Grande, uno de los más importantes emperadores mogoles, que reinó durante la segunda mitad del s.XVI durante 49 años (1556-1605). El mausoleo es espectacular, mucho menos conocido que otros pero respetando sus principios básicos de simetría; jardín dividido en 4 partes, con una preciosa puerta de entrada. No tan cuidado como el Taj, con los canales sin agua, sin embargo compensaba eso con un buen surtido de animales semi-salvajes, como varios cérvidos con grandes cuernos, que campaban a sus anchas y ayudaban a "cortar" el césped. El interior del mausoleo, muy trabajado, recordaba en su sala principal al Taj por su mármol blanco o los detalles decorativos. Aunque estuvimos en una sala previa a la que tenía la tumba en sí, que con su decorado en la piedra arenisca roja no tenía nada que ver con el famoso monumento-símbolo de la India.

Y con esta visita, nos fuimos a Delhi, para pasar tres noches y dos días en la capital india, y esta vez sin la ayuda de chófer ni el coche de alquiler. ¡A la aventura!

Vista del jardín del mausoleo de Akbar el grande, con los cérvidos campando a sus anchas

miércoles, 17 de julio de 2013

Capricho mudéjar: el castillo de COCA


Vista completa del castillo de Coca desde el lado presidido por un jardín, con dos "intrusos" en primer plano :)
Entre las provincias de Segovia y Valladolid se ubica la que quizá sea la mejor concentración de castillos de España, tanto por la gran cantidad que hay en un área relativamente pequeña como por su imponente y al mismo tiempo hermosa factura. Nombres como Peñafiel, Medina del Campo, Cuéllar, Fuensaldaña o Coca capitaneados por el alcázar de Segovia son buenos ejemplos de lo que digo. Hoy traigo uno de los más singulares, una especie de capricho gótico-mudéjar que, además, tiene rasgos que le hacen distinto a los demás.

Construido en el siglo XV, lo primero que llama la atención de este castillo es que no es el típico roquero, situado en un alto cerro. Se encuentra situado en una zona llana, con la única excepción del cauce del río Voltoya, que lo protege por dos de sus lados. Para compensar esa falta de protección natural que a otros castillos les proporciona el desnivel, la fortaleza tiene un enorme foso y sus muros son especialmente anchos e imponentes, dando la imagen de fortaleza inexpugnable.
No obstante, esto es más bien una idea romántica, porque en esta tierra en la que los castillos se hicieron para guerrear entre moros y cristianos, el castillo de Coca se construyó cuando los musulmanes agotaban sus últimos años en la península Ibérica con el Reino de Granada, y la frontera musulmana se encontraba 600 kms. al sur de donde se sitúa Coca. Por lo que su uso como fortaleza en tiempos de guerra no explica que esté tan protegido el castillo, y su forma en realidad esconde más un conjunto palaciego que una máquina de guerra.

Detalle de la vista del interior de las fortificaciones del castillo de Coca
No obstante, estamos ante uno de los mejores exponentes de arquitectura civil gótico-mudéjar del país, y un testigo de las intrigas palaciegas de los Reyes Católicos, entre otros. Tras estar en su apogeo en los siglos XVI y XVII, fue abandonado a mediados del siglo XVIII, lo que dio comienzo a una fase presidida por el progresivo deterioro del edificio. Ocupado por las tropas napoleónicas en 1808, como tantos otros edificios españoles, sufrió el maltrato de las mismas que cuando se fueron dejaron tras de sí un edificio en ruinas. Declarado monumento nacional en los años 20 del siglo pasado, fue cedido al ministro de agricultura en 1954 y restaurado justo después para albergar la escuela de capacitación forestal, un instituto de formación profesional que ocupa un importante porcentaje del edificio en la actualidad. En los años 90 fue utilizado en varias ocasiones para grabar el programa "la noche de los castillos", de TVE. La propietaria actual del edificio, que recuperaría el mismo en 2054, un siglo después de su cesión, es la casa de Alba.

El castillo es visitable con visita guiada, y la entrada tiene un precio módico (andaba en torno a los 3€ por persona cuando estuve, en 2007 y 2009, para más información mirad aquí). Se visitan dependencias que no utiliza el instituto, que sí tienen el aspecto de un castillo ya que eran así en el edificio original; además se explica la historia (centrándose en sus primeros dueños, los señores de Fonseca) del mismo y se da un paseo por los diferentes rincones del castillo, tanto interiores como exteriores, incluyendo la torre del homenaje, los pasos de ronda o la sala de los Jarros o de los secretos, llamada así porque por un efecto acústico se puede hablar entre susurros de un lado al otro de la sala sin que alguien ubicado en el medio se entere.

Para compensar la ausencia de desnivel, el castillo de Coca está defendido por un foso y grandes muros que le dan un aspecto inexpugnable
Visto desde fuera, los lados llanos que dan acceso al castillo han sido usados como aparcamiento en un caso, y para alojar un agradable jardín en el otro, que hará las delicias de los aficionados a la fotografía.

En definitiva, una interesante visita en el centro de la provincia de Segovia.

sábado, 1 de junio de 2013

Un circo maravilloso: GREDOS


La foto del concurso, respirando bien profundo: laguna grande de Gredos, circo homónimo y el Almanzor presidiéndolo
Se dice que el circo es el "mayor espectáculo del mundo", y esa frase me vino a la cabeza cuando tuve mi primera visión del circo de Gredos, una espectacular agrupación de cumbres muy por encima de los 2000 metros que rodean la llamada laguna grande de Gredos, que aunque no es la mayor de la sierra sí es quizá la más bonita, porque ha conseguido librarse de las garras de la industria hidroeléctrica.

Pero empecemos por el principio; la sierra de Gredos se encuentra en la provincia de Ávila principalmente, estando también parte de su territorio en las provincias de Cáceres, Toledo y Madrid. Agrupa las mayores alturas del Sistema Central y de todo el centro de España, y en el conjunto de la península Ibérica solo Sierra Nevada, el Pirineo y Picos de Europa pueden presumir de estar a mayor altura que Gredos, que alcanza su techo en el pico "Almanzor", a 2592 metros de altura, que recuerda con su nombre al militar musulmán que protagonizó varias batallas contra los reinos cristianos durante la reconquista, como la de Calatañazor, donde se dice que "perdió el tambor", ya que fue derrotado allí.

Prado de las Pozas, a medio camino entre la plataforma de Gredos y el collado de los Barrerones
Sus montañas graníticas permiten un paisaje con numerosas lagunas, al contrario de lo que pasa en macizos calizos, como Picos de Europa, del que tanto he escrito ya en este blog, donde son mucho menos comunes ya que el agua se filtra por ese tipo de roca. El clima de este parque regional (el único de Castilla y León junto con Picos de Europa) es diverso pero está protagonizado por ser muy continental, dada la lejanía al mar: muy frío en invierno y bastante cálido en verano, incluso a gran altura, por lo que las mejores épocas para recorrerlo serían primavera y otoño. Esta dualidad provocó que fuera posible caminar sobre la nieve a principios de junio en camiseta de tirantes cuando estuve por allí.
La afluencia de visitantes de Gredos es medianamente alta, algo provocado por su buena fama, por la gran cantidad de alojamiento en la zona (Ávila es especialmente popular por su turismo rural, y Gredos ocupa un sitio de oro en ese aspecto) y por la cercanía del lugar a Madrid, con todo lo que eso provoca en flujo de visitantes. Así que puede ser buena idea acercarse en fechas alternativas si se quiere ver el parque en relativa soledad.

Las cabras son muy numerosas en Gredos, se acercaban a los senderistas y no tenían problemas en posar en nuestras fotos
Dentro de Gredos, con su gran tamaño, hay un lugar que ocupa el primer puesto en cuanto a interés para todo excursionista, y es el circo de Gredos, con la llamada laguna grande en él. El motivo es simple; en él se juntan las mayores alturas del parque (incluido el Almanzor), su laguna natural más grande (sin presa) y el circo es sencillamente espectacular por tamaño y factura.
Popularmente algunos consideran este lugar el nacimiento del río Tormes, principal afluente del Duero por la izquierda y protagonista en Salamanca, la ciudad de mayor tamaño que atraviesa, aunque por lo general es el prado de Tormejón, en la cercana localidad de Navarredonda de Gredos, el lugar donde se considera que nace este río.

ACCESO A LA PLATAFORMA DE GREDOS


Para acceder a la comarca del norte de Gredos, ubicada toda ella a gran altura (los pueblos de la zona están situados a unos 1400-1500 metros de altura), hay que acceder por la N-502, que comunica Ávila con Arenas de San Pedro y Talavera de la Reina, y a unos 40-50 kms. al sur de la capital abulense, girar al oeste por la C-500 hasta Hoyos del Espino, pasando por Navarredonda de Gredos y su parador, el primero de esta red pública que tiene ya unos 90 hoteles por toda España.

Una de las primeras vistas del circo de Gredos, desde el collado de los Barrerones
Durante la dictadura de Franco, para facilitar el acceso a cazadores, se creó la llamada "Plataforma de Gredos", con la que el acceso al circo ha pasado de ser algo poco menos que heroico a algo accesible para casi todo el mundo. Para los que no conozcáis la zona, la Plataforma de Gredos es un acceso a la sierra, muy cercano al circo, formado por un aparcamiento para los visitantes unido por una carretera de 12 kms. al pueblo más cercano, el ya citado Hoyos del Espino. Sin ese aparcamiento, esos 12 kms. tendrían que ser hechos a pie, por lo que la selección de privilegiados visitantes del circo sería mucho más exigente. Y no es solo la distancia, también lo es el desnivel, porque ubicado ya a 1750 metros permite que para el acceso al circo el desnivel a superar sea de solo unos 500 metros, que serían casi 300 metros más si empezáramos desde Hoyos del Espino. Para llegar, que yo sepa, no hay transporte público hasta la plataforma (sí hasta Hoyos del Espino), y hay que acceder en coche.

Este acceso, está envuelto en la polémica recientemente porque la junta de Castilla y León ha querido regular el acceso a la plataforma, alegando motivos de conservación, lo que va estrechamente unido a la recaudación de una tasa por aparcar en la plataforma o por hacer en autobús el recorrido en caso de no poder aparcar o de preferir dejar el coche en Hoyos del Espino. Tras protestas de visitantes y habitantes de la zona, parece que ha quedado suspendido temporalmente el cobro de la tasa. Más información aquí.

Caminar sobre la nieve en camiseta de tirantes y pantalón corto es posible en Gredos, debido a la gran variabilidad térmica


RUTA DESDE LA PLATAFORMA HASTA EL CIRCO


La ruta empieza en la misma plataforma, está perfectamente señalizada, buena parte del tiempo incluso por un sendero empedrado que contrasta con el prado de alrededor, como en el prado de las Pozas, a donde se llega tras aproximadamente media hora de recorrido. Cruzamos el arroyo que protagoniza el prado por un pequeño puente, y subimos poco a poco hasta llegar un collado (2 horas después de empezar a andar), llamado de los Barrerones, que con 2200 metros de altura aproximadamente, es el punto más alto de la ruta. A este collado llegué yo ya satisfecho con el paisaje de prados de altura y alguna cumbre nevada que se veía todavía en junio, pero al ver desde él ya la inmensidad del circo de Gredos, las mayores alturas del centro de la península y una laguna, que siendo grande, ocupa un espacio reducido en el circo, puedo decir que vi uno de los paisajes naturales más bonitos que recuerdo.

Ir en época de deshielo significa además disfrutar de las muchísimas cascadas que se forman en todo el circo que caen de las montañas que lo rodean, ya que la variabilidad térmica en Gredos provoca que con más de 20ºC en junio hubiera todavía muchísima nieve allí. Otro añadido al atractivo del circo es la presencia de numerosas cabras montesas, con los cuernos más grandes que he visto en un animal así, que no tienen miedo en acercarse a las personas buscando comida.

Los cuernos de algunas de las cabras montesas de Gredos tienen un tamaño impresionante
Todavía necesitaremos casi una hora de recorrido desde el collado hasta la laguna, porque aunque parezca cerca, la distancia es grande y tendremos que bajar algo más de unos 200 metros de altura para tocar el agua de la laguna más famosa de todo el centro peninsular. Pero ese trayecto es maravilloso, no se hará largo a ningún amante de la naturaleza.

Llegados a la laguna, tras unas 3 horas de recorrido y muchas fotos, y a unos 1950 metros de altura, los más valientes pensarán en subir al Almanzor, y otros en dar media vuelta, dando por concluida la ruta, y tanto para unos como para otros, está el refugio Elola, uno de los pocos guardados del parque, que ofrece los servicios de alojamiento, comidas, bar... no estuve en él cuando visitamos Gredos pero visto el trato que hemos recibido en otros refugios, probablemente dormir o comer allí sea una buena idea.

El regreso se suele hacer por el mismo sitio, para lo que tendremos que volver a subir los 250 metros de desnivel hasta el collado, para luego bajar los algo más de 400 hasta la plataforma, con un tiempo estimado algo inferior a la ida, de unas 2 horas y media.

Vista del circo desde el borde de la laguna grande

lunes, 27 de mayo de 2013

Tesoros secretos de Portugal (II): Palacio de MATEUS

Portugal, ese vecino al que ignoramos más de lo que deberíamos, tiene mucho que ofrecernos... y no solo me refiero a los encantos de Lisboa, Oporto o el Algarve, sino a muchos rincones escondidos que bien merecen una visita.

Fachada principal del palacio de Mateus, con primer plano del estanque y de la escultura de mujer
Hoy os traigo un encantador palacio situado a solo 3 kms. de Vila Real, en la región de Tras os Montes, en el noreste del país. Se trata del palacio de Mateus, ubicado en el pueblo del mismo nombre. Este edificio barroco es uno de los palacios más conocidos del país, lo que se debe a su belleza exterior, interior (de la que no tengo fotos, al estar prohibido hacerlas), sus jardines o el vino de la zona que lo usa como imagen en el etiquetado.

La visita a los jardines se hace de forma gratuita y libre, y para entrar al edificio hace falta sacar una entrada (cuyo precio era asequible cuando lo visité, unos 4€) para la visita guiada, que muestra algunas de las dependencias del mismo, y está disponible en varios idiomas (portugués, francés e inglés al menos que yo recuerde).

Jardines del palacio, cuyos setos tienen formas geométricas
El palacio tiene un aire característicamente portugués, con los muros de piedra granítica encalada de blanco en todos sus rincones excepto en las esquinas y junto a las ventanas, con espigados pináculos coronando el conjunto. A la fachada principal, muy vistosa, le precede un gran estanque en cuyas aguas se reflejan las formas del edificio. En el centro del estanque me llamó la atención la escultura de una mujer tumbada de lado, que me pareció una especie de alegoría del sufrimiento femenino (aunque eso es solo mi interpretación).

Los jardines están presididos por setos recortados formando figuras geométricas que dan un toque refinado a los mismos.

Entrada al palacio de Mateus

lunes, 20 de mayo de 2013

Capital multiétnica: SARAJEVO

Vista nocturna de la biblioteca nacional, edificio símbolo de Sarajevo y de la guerra de Bosnia, que luce reconstruida por fuera junto al río Miljacka
Sarajevo, capital de Bosnia y Herzegovina, para muchos es un símbolo de guerra. Y va a ser difícil que se quite ese estereotipo de ciudad protagonista de varios conflictos bélicos... pero eso no hace de Sarajevo una ciudad menos interesante, sino más bien al contrario; ver en un ambiente más amable los lugares que han protagonizado algunos de los momentos clave de la historia del s. XX, como pasa (de otro modo, eso sí) por ejemplo, con Berlín, le da un interés histórico a su visita que debo confesar que me encantó. Al igual que sentí en Berlín, es una ciudad más interesante que estéticamente bonita, con su multiculturalidad y su historia (aparte de su comida) como sus grandes puntos fuertes, por lo que la recomiendo plenamente.

El último censo hecho en la ciudad (1991, justo antes de la guerra) le otorga poco más de 400.000 habitantes, aunque estoy convencido de que esa cifra es muy inferior a la actual. Al menos al entrar a la ciudad en coche, los grandes bloques residenciales de las afueras y el tamaño de la ciudad de oeste a este me hicieron pensar que esa cifra se queda corta en la actualidad.

Puente Latino, escenario del atentado que en 1914 dio comienzo a la I Guerra Mundial
Sarajevo se sitúa cerca del centro geográfico del país triangular del que es capital. Como la mayor parte de Bosnia y Herzegovina y como pasa también en Mostar, el relieve montañoso es protagonista y la ciudad está rodeada de colinas y montañas, algunas de ellas ya colonizadas por viviendas. Esta situación hace que la diferencia de altura entre algunos barrios y la parte baja de la ciudad sea de más de 150 metros de altura. Junto al pequeño río Miljacka se aglutina el centro de la ciudad y sus lugares de mayor interés, que con algo más de 500 metros de altura sobre el nivel del mar, hacen de Sarajevo una de las capitales europeas más altas. De hecho, Madrid es de las pocas que la supera en altura, aunque la ubicación más al norte de Sarajevo hace que nieve más allí y que sea una ciudad en general más fría, alejada del clima mediterráneo de la costa croata o de la capital herzegovina de Mostar.

HISTORIA


Antes de que muchas ciudades de Europa Occidental se volvieran cosmopolitas con la reciente llegada de inmigrantes, Sarajevo ya podía presumir de un carácter multiétnico que le da un encanto especial pero que también ha sido fuente de conflictos.

La fuente Sebilj y la mezquita Baščaršija, en el barrio del mismo nombre, de marcado carácter otomano
Al contrario que Mostar, Sarajevo existía antes de la llegada del imperio otomano, aunque no pasaba de ser una pequeña ciudadela eslava. Conquistada por los turcos en 1429, adquirió importancia en los siglos posteriores y llegó a ser la segunda mayor ciudad del imperio y de la península balcánica, solamente tras Estambul. Con el imperio otomano en declive, en 1878 pasó a formar parte del imperio austro-húngaro, lo que otorgó a la ciudad una nueva época dorada que le llevó a ser la primera ciudad europea y segunda del mundo en tener servicio de tranvía, tras San Francisco, ya que se probó en Sarajevo antes de ser instalado en Viena.

Con la llegada del s.XX empezó a destilarse un sentimiento romántico y nacionalista que se forjó, entre otros, en el imperio austro-húngaro, cuyo territorio abarcaba lo que hoy son más de 10 países. Representante de ese sentimiento fue Gavrilo Princip, que colocó a Sarajevo como ciudad en la que comenzó la I Guerra Mundial, ya que asesinando en 1914 al príncipe Francisco Fernando de Austria, heredero al trono, en el puente latino de la ciudad balcánica, encendió la mecha que llevaría a buena parte de Europa a una sangrienta guerra durante los 4 años posteriores. Aunque Sarajevo se asocie a este conflicto, aparte del atentado tuvo la suerte de no sufrir grandes daños. La guerra desintegró el imperio austro-húngaro, y provocó, entre otros, la creación del reino de Yugoslavia. Lo que de algún modo, dio lo que querían a los que perpetraron el atentado.

Iglesia ortodoxa serbia, y delante de ella el monumento a la multiculturalidad, insignia de Sarajevo y de Bosnia y Herzegovina
Víctima de bombardeos durante la II Guerra Mundial, a su fin pasó a ser la capital de la república de Bosnia Herzegovina, integrada dentro de la república federal de Yugoslavia. No obstante es sin lugar a dudas la más reciente guerra de Bosnia la que más protagonismo dio a la ciudad y la hizo sufrir hasta el extremo. Todo empezó cuando, en plena caída del comunismo en Europa, en febrero de 1992 Bosnia y Herzegovina votan en referéndum independizarse de la antigua Yugoslavia. Ese referéndum fue boicoteado por los serbobosnios (ciudadanos serbios residentes en territorio de Bosnia y Herzegovina) que tras el "SÍ" del pueblo mayoritariamente musulmán se valieron de las armas para conseguir sus objetivos, que no eran otros que evitar la desintegración de Yugoslavia, o en su defecto formar una gran Serbia cogiendo el máximo territorio bosnio o al menos formar una república serbobosnia en los territorios de mayoría étnica serbia.

Como medida de presión el ejército serbobosnio (con el apoyo del ejército serbio) sitió Sarajevo en lo que probablemente sea el mayor asedio de la historia reciente, ya que se prolongó entre abril de 1992 y febrero de 1996, casi 4 años, en los que el tráfico de personas, víveres o material de primera necesidad como medicamentos estuvo bloqueado entre Sarajevo y el resto del mundo. Se cortaron los servicios de electricidad, agua y calefacción. Durante ese tiempo, se calcula que fallecieron por la guerra 11.000 personas de Sarajevo, y más de 50.000 resultaron heridas, siendo un 85% de ellas civiles, en buena parte debido a que decenas de francotiradores serbobosnios hicieron de cualquier civil que vieran por la calle un objetivo al que disparar.

Escena cotidiana urbana en Sarajevo; una partida de ajedrez frente a la iglesia ortodoxa
Heróicamente, Sarajevo resistió ese asedio y consiguió, en cierta medida, los objetivos políticos que el referéndum había marcado. Bosnia y Herzegovina, un país más pobre y militarmente mucho menos poderoso que Croacia o Serbia, pudo defenderse y sobrevivir, aunque también ha tenido que ceder... la república Sprska, que abarca el 49% del territorio y el 35% de la población de la actual BiH es una entidad autónoma de mayoría serbobosnia que abarca el norte y el este del país, con capital en Sarajevo aunque en la práctica las sedes de gobierno están en Banja Luka, al oeste del país, que es la segunda ciudad más grande del mismo. El resto del país es la Federación de Bosnia y Herzegovina, de mayoría étnica musulmana. Una división entre los dos bandos de la guerra, que muestra el parche que se adoptó como acuerdo y que espero que no provoque que se reabran las heridas que de forma muy lenta van cicatrizando. No visité ninguna población de la república Srpska pero hice más de 200 kms. en coche por su territorio y me sorprendió no ver ni una sola bandera de Bosnia-Herzegovina pero sí muchas de Srpska, que coincide con la serbia, lo cual deja claro que se sienten de un país que no es el suyo...

SARAJEVO HOY


Durante ese sitio que sufrió la ciudad algunos de sus edificios fueron bombardeados o totalmente destruidos, destacando entre todos ellos la biblioteca nacional, que también hacía las veces de ayuntamiento. Sin embargo, Sarajevo ha recibido ayuda de numerosos países para reconstruir todo lo que la barbarie bélica destruyó, y la imagen que ofrece hoy es la de una ciudad que no puede olvidar la guerra pero que mayormente ha convertido las cenizas en edificios de nueva orden. La biblioteca está acabada por fuera y se estima que se pueda reabrir al público por dentro en 2014. Otros edificios han sido totalmente reconstruidos y lucen más hermosos que nunca... intentando devolver a Sarajevo el prestigio que nunca debió haber perdido, ése menos conocido pero que le llevó, por ejemplo, a ser sede olímpica de invierno en 1984.

Tienda en el Morica Han, el antiguo hostal de caravanas de Sarajevo
Por detrás de la biblioteca-ayuntamiento comienza la parte más antigua de la ciudad, el barrio turco, llamado  "Baščaršija", lleno de edificios de poca altura, hecho en parte con madera, que tiene un marcado carácter asiático. En este barrio reinan las tiendas de artesanos, los restaurantes donde sirven deliciosa comida bosnia y sus edificios más altos son los minaretes de las mezquitas. Tenemos a la que da nombre al barrio (o el barrio se lo ha dado a ella), y a la Gazi-Husrev Beq, la mezquita más grande del país, considerada también una de las más interesantes muestras de arte islámico de todos los Balcanes. Es visitable de forma gratuita de 9 a 11 de la mañana, y no es necesario ni quitarse los zapatos para verla. Una pequeña plaza en el extremo del barrio tiene una fuente ornamental, la "Sebilj", que es el símbolo del mismo y otro de las fotos más típicas de la ciudad. Algo menos conocida pero con el mismo sabor otomano es el "Morica Han", el hostal de caravanas o caravasar reconvertido en plaza donde los cafés y los artesanos de alfombras conviven con el viejo edificio.

Lo sorprendente de Sarajevo es la facilidad que tiene para transportarte a otro mundo con solo recorrer unos metros... y es lo que pasa cuando sin salir de una calle, la Ferhadija, pasas del barrio turco al barrio austriaco, pasas del ambiente de una ciudad turca a una calle puramente vienesa... los edificios pasan a ser más altos, el blanco de los edificios encalados y el negro de la madera son sustituidos por el verde pistacho, el rosa o el amarillo de una ciudad del imperio austro-húngaro. Es aquí donde apenas 200 metros después de salir de una mezquita te cruzas una iglesia ortodoxa y otra católica, sabiendo que la sinagoga más cercana tampoco queda en absoluto lejos. Y todo bien restaurado. Y es frente a la iglesia ortodoxa donde ves una de las escenas urbanas más curiosas, un tablero de ajedrez enorme en el que juegan unos pocos y curiosean muchos más, tanto sarajevitas como turistas.

Academia de arte de Sarajevo, reconstruida con la ayuda de Austria, junto al río Miljacka
Volvemos a la orilla del río Miljacka, porque junto a él se agrupan más edificios interesantes si nos vamos desde la biblioteca hacia el oeste. Teatro nacional, universidad, la academia de arte de la ciudad (con un aire que me recordó, salvando las distancias, a un parlamento húngaro en miniatura), la sinagoga... que además son accesibles en tranvía, cuyo viaje en sus vetustas sillas es ya una experiencia peculiar en esta ciudad y una alternativa a la pequeña caminata desde la biblioteca. A medio camino entre ambos queda el famoso puente Latino, escenario del atentado de 1914 que comenzó la I Guerra Mundial. Se indica con una placa el lugar desde el que disparó Gavrilo Princip, y en esa misma esquina se ha ubicado un pequeño museo que retrata la historia de finales del s. XIX y principios del XX que explica que se sucediera ese trágico suceso.

Volviendo hacia la biblioteca podemos alejarnos un poco del Miljacka, en su otra orilla y visitar la iglesia franciscana de San Antonio de Padua, de vistoso color rojo, y junto a ella la fábrica de cerveza Sarajevska Pivara, que fue clave durante la guerra por tener en su recinto un manantial que sació la sed de Sarajevo durante el asedio.

Y aquí acabo mi visita a la ciudad. Me consta que con tanta colina y montaña en sus alrededores hay varios miradores para disfrutar de las vistas que una ciudad como Sarajevo ofrece, pero no pude visitar ninguno... pero a cambio nos las ingeniamos para visitar un lugar único, cargado de historia, ya fuera de los límites de la ciudad... el túnel de la esperanza. Pero eso será materia para otra entrada...

Biblioteca nacional - Ayuntamiento de Sarajevo, esta vez de día


INFORMACIÓN PRÁCTICA


Nosotros encontramos a través de Booking un alojamiento en un apartamento donde residía una familia sarajevita que alquila dos habitaciones, con baño compartido, muy recomendables por su situación céntrica, pegando a la biblioteca, y lo bien equipadas que están. El lado malo es que aparcar gratuitamente en esa zona es casi imposible y el parking en el que aparcamos tampoco es mucho más barato que el de un país de Europa occidental (10€ por día). Pero lo recomiendo, sus anfitriones fueron muy amables y la información que nos dieron muy útil: "Apartments Baščaršija Live". 

Para llegar a Sarajevo nosotros fuimos en coche, y para los que lo hagan así recordarles que están en un país mucho más pobre que España y con un perfil montañoso que dificulta mucho las comunicaciones... por lo que los desplazamientos en coche son algo más lentos que en España. A cambio el paisaje es impresionante, y yendo de Mostar a Sarajevo se pasa por lugares de postal, especialmente la primera mitad, siempre junto al río Neretva.

Para llegar con transporte público, decir que Sarajevo está conectada con vetustos y lentos trenes con Mostar y otras ciudades de la antigua Yugoslavia como Belgrado. También cuenta con un aeropuerto internacional donde, eso sí, no se sabe lo que son las compañías de bajo coste.

Nuestra habitación en Sarajevo; el Apartments Bascarsija Live

lunes, 13 de mayo de 2013

Viaje a la India, día 17-1: Agra; el Taj Mahal, a fondo

Aquella noche no fue fácil. El fino colchón que tenía nuestra cama del albergue, que yo no entraba de largo en ella y la "emoción" de saber que veríamos de cerca o incluso tocaríamos el Taj Mahal al día siguiente fue una combinación que me provocó insomnio a pesar de usar los cojines del sofá que teníamos en la habitación (casi más gordos que el colchón).

El Taj Mahal visto en diagonal por su cara este y sur
Por norma general, se recomienda ver el Taj al amanecer o al anochecer. El motivo es simple: aparte de ver el edificio con unos matices especiales que le otorga el sol a esas horas, hay bastante menos gente que en las horas centrales del día. Así que a las 6:30, sin haber desayunado, Datar nos acercó en coche al famoso mausoleo de mármol. Compramos las entradas, que incluían el transporte en coche eléctrico hasta las puertas del Taj, ya que no se permite a los vehículos de combustibles fósiles acercarse a cierta distancia de las puertas (lo cual no quita para que hordas de conductores de bici tuk-tuks o incluso tuk-tuks a motor ofrezcan sus servicios), y en la puerta esperamos en colas separadas para entrar. Se cachea a todo el mundo antes de entrar (a cada uno alguien de su mismo sexo), y se miran bolsillos exhaustivamente. Como muestra, yo llevaba algo prohibido, un trípode de apenas 10 cms. que nos ayuda a sacar auto-fotos, y me lo pillaron y me hicieron dejarlo en una tienda cercana si quería entrar.

La niebla puede ser el peor enemigo del visitante del Taj
La sensación mágica de estar ya frente a frente del Taj se desvaneció cuando vimos que la niebla lo cubría todo. No es extraño y no somos los primeros a los que les pasa. Esta joya de mármol blanco se ubica junto al río Yamuna, uno de los principales afluentes del Ganges, que aunque en esa época no llevaba mucha agua, tampoco es lo que se puede definir como un río pequeño... en invierno, como en muchos otros lugares, incluidas muchas ciudades españolas, no es difícil que la niebla protagonice muchas mañanas, y más si nos encontramos junto a un río importante.


¿PERO QUÉ ES EL TAJ?


Antes de seguir con nuestra experiencia personal allí, creo que es interesante explicar qué es el Taj. El edificio principal del Taj es un mausoleo, un monumento funerario musulmán. Resulta paradójico pensar que uno de los edificios más hermosos del mundo no es más que el adorno exterior de una tumba (que finalmente acabo siéndolo de dos tumbas). Aunque el complejo es algo más que ese edificio de mármol, ya que como buen mausoleo mogol, se compone de un recinto amurallado, con un grupo de puertas y un conjunto de jardines ordenado de forma ortogonal, en líneas rectas, donde la simetría es protagonista. En la parte central de esos jardines un estanque con sus chorros de agua lo decora y divide en dos partes iguales, y de los dos edificios rojos que se ubican junto al río, uno a cada lado del mausoleo, el orientado hacia el oeste, por tanto hacia la Meca, hace las veces de mezquita. Al contrario de lo que pasa en otros monumentos funerarios mogoles, como la tumba de Humayun, en Delhi, el hecho de estar el río al otro lado provoca que el conjunto no tenga al edificio principal en su centro, sino en un extremo.

La vista más clásica del Taj, junto al estanque central
La persona que ordenó construir el Taj fue el emperador mogol Sha Jahan tras la muerte de su esposa Mumtaz, cuando ésta dio a luz a su 14º hijo. El emperador sufrió tanto por su pérdida que mandó construir el mausoleo como ofrenda póstuma a su enamorada, y es por esto que se le conoce como "el monumento al amor". Aunque no es oro todo lo que reluce... no es por fastidiar el encanto romántico del edificio, pero hay que entender las cosas dentro de su contexto histórico; Sha Jahan, como buen emperador musulmán, tenía su harén de esposas en la que si bien Mumtaz era su favorita, no era ni mucho menos la única, por lo que sería un "amor" diferente al que nos tiene acostumbrado el mundo occidental en la actualidad.

Se calcula que unos 20.000 obreros trabajaron en las obras del Taj, y para su alojamiento se creó el cercano y aun existente barrio del "Taj Ganj", que hoy es una zona interesante para los turistas por su oferta de bares con vistas (como el que disfrutamos nosotros el día anterior), restaurantes y pequeños hoteles, todo ello a precios asequibles. El complejo del Taj tardó en construir 23 años, de 1631 a 1654 y combina una influencia de estilos que van del musulmán al persa o al indio, pasando por el turco. Tiene cuatro caras iguales, con arquería central de mayor tamaño que las arquerías laterales, divididas en dos, incrustaciones de piedras preciosas como lapislázuli o záfiros, y coronando el conjunto una gran cúpula. Para realzar más el mausoleo se colocaron cuatro minaretes en cada una de las esquinas, que nunca se han usado para llamar al rezo puesto que son puramente decorativos. Se dice que están ligeramente inclinados hacia el exterior del mausoleo para que un posible terremoto que los hiciera caer  no destrozara el edificio central del Taj.

Detalle del Taj

QUERIDA NIEBLA, ¿POR QUÉ NO TE VAS?


Sabiendo que la niebla podía durar horas (o en el peor de los casos todo el día), nos dedicamos a ver las cosas que la niebla no impedía ver... como el Taj por dentro, probablemente el único sitio donde se rompe la simetría que protagoniza el conjunto. El mausoleo fue pensado para alojar solamente la tumba de Mumtaz pero Sha Jahan, cuando falleció, en lugar de tener su propio mausoleo, fue enterrado junto a la tumba de su esposa, que ubicada en el centro obligó al emperador a ser ubicado a un lado. También echamos un vistazo a la mezquita, todavía usada por la pequeña comunidad musulmana que puebla la ciudad de Agra, o un pequeño museo.

Pasadas dos horas la niebla se esfumó y pudimos disfrutar del Taj en su apogeo, como muestran las fotos, eso sí, algo menos solos por hacerlo a las 11 de la mañana en lugar de a las 8:30... y dio igual que no hubiéramos desayunado apenas, fue algo así como si el arte nos hubiera alimentado aquella mañana.

Mezquita del recinto del Taj
No obstante, el disfrutar del Taj no se limita al tiempo dentro del recinto, porque sus vistas pueden ser disfrutadas en otros lugares, como paso a enumerar:

LAS 4 VISTAS TÍPICAS DEL TAJ QUE NO DEBERÍAS PERDERTE


- Desde dentro de su recinto: la más cara, pero la mejor, la que nadie se quiere perder. Más allá del edificio de mármol blanco con piedras preciosas engastadas, el estanque, los jardines, las puertas o la mezquita y su edificio gemelo son geniales. No es barato entrar (750 rupias cuando lo visité, unos 12€, que se reducen a 20 rupias si eres indio: 0,3€), pero tiene un precio que casi nadie se negará a pagar una vez que estás en Agra.
- Desde una terraza del Taj Ganj: vista que ya mostré en la entrada del día anterior, porque es un lujo tomarte una bebida a la fresca en una de las terrazas de este barrio popular.

Vista, usando bastante el zoom, desde el fuerte de Agra, con el Yamuna junto a él. En época de monzón, la superficie de matorrales está anegada por el agua
- Desde el fuerte de Agra: este fuerte, del que hablaré próximamente, es tras el Taj el lugar de mayor interés de la ciudad. Ubicado también junto al Yamuna, el río de Agra, la vista desde su terraza es lejana pero diferente e interesante, porque se ve desde un lateral y muestra el "popurrí" de cúpulas y minaretes que forma el mausoleo junto con la mezquita. Esta vista fue la única que tuvo Sha Jahan del mausoleo de su amada y del edificio que le ha perpetuado en la historia durante años, porque uno de sus hijos lo tuvo preso en el fuerte durante los últimos años de su vida.
- Desde el otro lado del río Yamuna: posiblemente mi favorita. Al menos si se tiene coche es fácil cruzar el Yamuna y llegar a un parque llamado "Mehtab Bagh", que con los jardines alineados con los del Taj, parece querer pretender ser la continuación de los geométricos parterres del interior del recinto (pero no hay color, en cuanto a limpieza o cuidados, naturalmente). Poco interesante por sí solo, sin embargo merece la pena pagar el 1,5€ que vale el acceso por la vista diferente de Taj, con el río entre medias pero permitiéndote sentir casi a solas con el mausoleo, algo impensable dentro de su recinto. Con suerte es posible hasta contemplar el lado más rural de Agra si, como nos pasó a nosotros, animales domésticos o salvajes se cuelan en la foto (en nuestro caso unos niños pastores con sus ovejas). Ver la puesta de sol desde ese lugar es sublime, incluso aunque al contrario de lo que dice la Lonely Planet, ya no se pueda uno colar por la verja e ir hasta la orilla misma del río, porque hay personas vigilando que nadie se salte la verja.

Vista desde el otro lado del río Yamuna, casi solos frente al mausoleo, y con niños pastores mostrando el Agra más rural
Pero Agra no acaba con el Taj y nuestras aventuras tampoco acabaron al salir de allí, pero eso ya será motivo de otra futura entrada.

jueves, 25 de abril de 2013

Belleza herida de guerra: MOSTAR

Puente viejo de Mostar, con el casco antiguo a ambos lados del mismo. El color del río Neretva me pareció impresionante

Hace menos de un mes que he vuelto de mi último periplo, esta vez en los Balcanes. El principal objetivo era visitar Croacia, país que me llamaba la atención por sus ciudades de piedra blanca y por su bonita naturaleza, con 7 parques nacionales en un territorio pequeño, ligeramente más grande que Aragón. Se me ocurrió la idea de ir a Mostar porque el recorrido de algunos paquetes turísticos por Dalmacia (la región del sur de la costa croata) lo incluía, porque está cerca de la costa croata y porque pensaba que representaría un contraste interesante al estar en una zona que sí cayó bajo dominio turco, frente a toda la costa croata que se mantuvo independiente o bajo dominio veneciano, pero siempre cristiana.

Sin embargo Mostar me dio mucho más, y de hecho se convirtió en quizá mi ciudad favorita de todo el viaje, con permiso de Dubrovnik. El motivo fue que el contraste con Croacia fue enorme, que pudimos disfrutar de una ciudad que fue protagonista en la guerra de los Balcanes de los 90 y que al mismo tiempo tiene un casco antiguo precioso, con rincones que recuerdan a un pueblecito de montaña, y que recordaré como un paraíso gastronómico y para las compras.

Casco antiguo de Mostar, empedrado y de casas bajas, que parecen dignas de un coqueto pueblo de montaña

HISTORIA DESDE SU FUNDACIÓN HASTA PRINCIPIO DEL SIGLO XX


Mostar fue fundada cuando ya buena parte de la península de los Balcanes cayó bajo dominio otomano, en la segunda mitad del siglo XV. La estructura de la ciudad estuvo protagonizada desde el principio por el río que la atraviesa, el verdoso Neretva, de tal modo que todavía hoy su casco antiguo está dividido en dos partes, que parecen querer ser simétricas, a cada lado del río. Al principio estas dos mitades estaban unidas por un puente de madera, hasta que en 1566 fue inaugurado el llamado "puente viejo", ordenado construir por el sultán otomano Suleiman el magnífico a un discípulo del gran arquitecto Simar Sinan, que tantas mezquitas proyectó en el Estambul del s.XVI. Tal era, y sigue siendo, la importancia de ese puente, que el nombre de Mostar proviene de él; "most" es puente en el idioma local, y se llamaba "mostaris" a los vigilantes que lo custodiaban en las dos torres que todavía hoy vigilan los dos lados del puente.

En 1878 Mostar cayó en manos del imperio austro-húngaro, y su puente de piedra, siguió suscitando la admiración de todos los que lo visitaban. En esta época fue célebre la visita del rey del imperio austrohúngaro, Francisco José I de Habsburgo, en 1910.

Instituto reconstruido gracias a la aportación española

GUERRA DE LOS BALCANES


A pesar de que los Balcanes fueron protagonistas de ambas guerras mundiales, Mostar no se vio afectada por las mismas, pero la ciudad no seguiría la misma suerte en la más cercana guerra de los Balcanes, entre 1992 y 1995. Con serbios por un lado, croatas por otro, y una mayoría musulmana en medio, Bosnia y Herzegovina se convirtió, con diferencia, en la principal víctima de una cruel guerra cuya explicación responde a una compleja mezcla de motivos políticos, nacionalistas, étnicos, religiosos y a la tiranía de unos líderes que aprovecharon la ocasión para violar hasta los más básicos derechos humanos, todo ello sumado a la desidia e incompetencia de la comunidad internacional, empezando por la ONU y siguiendo por la UE, que nada supo hacer para detener un conflicto a las puertas de su territorio. Esta guerra, que recuerdo que vi a diario en los telediarios siendo un niño, tuvo, resumiendo mucho el conflicto, tres poblaciones que sufrieron hasta la extenuación sus consecuencias: Sarajevo, Mostar y Srebenica. Sarajevo por el asedio del ejército serbio que duró más de 3 años y Srebenica por un genocidio que afectó a una cuarta parte de su población; de los 36000 habitantes que tenía la ciudad, más de 8000 fueron asesinados solo por ser bosnios musulmanes.

Pero hoy toca hablar de Mostar. Esta ciudad primero sufrió el bombardeo del ejército serbio, que en 1992 ya se retiró de la zona por la presión de croatas y bosnios, que luchaban unidos. Sin embargo, la declaración unilateral de la república "bosniocroata" de Herzeg-Bosnia en 1992, para la que Mostar era su capital, conllevó que la ciudad se dividiera en dos partes, separada por el río entre croatas y musulmanes, cuyas poblaciones fueron expulsadas de sus casas a la fuerza y trasladadas a la mitad del río que les correspondía durante la guerra. El ejército croata asedió la ciudad, con disparos desde las montañas que la rodean, y con la destrucción de todo edificio que tuviera cualquier tipo de interés estratégico. Esto dejó a la ciudad sin puentes, siendo el episodio más famoso el derribo del puente viejo, stari most, en noviembre de 1993.

Numerosos edificios, como éste, se mantienen en ruinas mostrando lo que sufrió la ciudad durante la guerra
Ese proyecto de "Herzeg-Bosnia" nunca fue reconocido por la comunidad internacional ni por Bosnia y Herzegovina y claudicó definitivamente en 1995, cuando los acuerdos de Dayton establecieron la creación de una federación para el país compuesta por una república serbobosnia y una bosnia, en la que se incluyen los territorios de mayoría étnica croata. No obstante, todavía hoy, existen personas que creen que si serbios y bosnios tienen sendas repúblicas en Bosnia y Herzegovina, los croatas también deberían tener la suya, aunque no se han dado grandes pasos hacia ese objetivo.

MOSTAR HOY


Nada más llegar a Mostar, la primera impresión que uno se lleva es que la ciudad pagó muy cara su situación estratégica en una zona en la que las comunidades serbias y sobre todo bosnias y croatas confluyen. El asedio que sufrió, de 18 meses, se hace notar en la ciudad, que aún conserva muchos edificios totalmente en ruinas, que mantienen a duras penas el "esqueleto"; también es visible el vacío que dejan otros aún no reconstruidos, como la iglesia ortodoxa de Serbia; y son muchos más los que aunque en buen estado mantienen las paredes llenas de agujeros de disparos. Los cementerios, en ocasiones enormes, se suceden en diferentes puntos de la ciudad, e impresionan al viajero que, como yo, haga un mínimo recorrido por la misma en coche, porque es imposible no verlos. Al entrar en uno y ver que las muertes son todas en 1992 y 1993 uno entiende los motivos. Por último, una huella un poco más amable del conflicto son los edificios que se han reconstruido con la ayuda internacional, como por ejemplo el instituto de Mostar, de estilo hispano-morisco, en el que España fue el principal colaborador. Como agradecimiento, la plaza en la que se ubica hoy es la "Spanski Trg" o plaza de España. Aunque el mejor ejemplo de este hecho es el "stari most" o puente viejo, reconstruido y reinaugurado en 2004, y que vuelve a ser el emblema de la ciudad.

Otra vista del mítico Puente Viejo
Tras visitar también Sarajevo, capital del país, puedo decir que la sensación que me dio ver ambas ciudades es que esta última, quizá por ser la capital, se está recuperando mejor de la guerra que Mostar.

Sin embargo, dejando de lado las huellas de la guerra, Mostar me pareció un encanto de ciudad. Para empezar por su puente viejo y su río. Y es que si el puente es una joya de la arquitectura otomana (probablemente la mejor obra civil otomana en toda la península balcánica), el río que tiene debajo es un lujo natural para una ciudad de sus características. A pesar de que visitamos Mostar en una época de deshielo y de grandes lluvias (nos cruzamos con ríos desbordados en el país y el propio Neretva venía crecido) el color verdoso que sale en las fotos veraniegas de la ciudad se mantenía, como podéis ver. Poco importa que el río nazca más de un centenar de kilómetros al noreste o que pase por poblaciones de tamaño medio, el color y la limpieza del agua se mantienen como si estuviéramos en un pueblecito de montaña.
Decir que el puente se sigue utilizando también como una especie de trampolín, pues son muchas las personas que, cuando el clima es propicio, se tiran desde él para darse un chapuzón en el río, o mostrar sus habilidades saltando.

"Plato nacional", con cevapi, falafel, col rellena de carne, etc. del fabuloso restaurante  "Sadrvan"
Volviendo a la sensación de pueblecito de montaña, ésta continúa al ver que el casco antiguo está arrinconado entre pequeñas colinas de las que caen torrentes de agua aún más limpia que la del Neretva, como el que baja por el llamado "puente torcido" (Kriva Crupija), el hermano pequeño del puente viejo, también con su encanto. O al ver los edificios del casco antiguo, generalmente de una o dos plantas, con tejas viejas y una piedra grisácea que contrasta con el blanco que reina en la vecina región croata de Dalmacia. O al ver el suelo empedrado, aunque moderno, más digno de un pueblo montañés que de la capital, de más de 100.000 habitantes, de la región de Herzegovina. Y es que si todo el barrio turco del casco antiguo ha sido reconstruido tras la guerra, la verdad es que tengo que felicitar a los que lo rehicieron tan bonito sin quitarle el encanto de lo antiguo.

El barrio antiguo, aparte de mostrar diferentes vistas del encantador puente viejo, sirve como base para los viajeros tanto a nivel de compras como a nivel gastronómico. Casi no hay local en esas calles empedradas que no sea una tienda, al estilo turco (aunque generalmente con precios fijos, así que nos ahorramos el regatear como pasa en Turquía), de recuerdos o de artesanía, o bien un bar o un restaurante. Y es que si Mostar es un paraíso para las compras, no lo es menos para llenar la panza. Tras muchos días en Croacia, un país con salarios que son la mitad que en España pero con restaurantes más caros que los españoles, Mostar me pareció un lujo a la hora de satisfacer al estómago. Cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad (el "Sadrvan") una especie de menú degustación llamado "plato nacional", que consistía en una fuente con la comida más característica del país, nos costó 10€ por persona, incluyendo bebida y la simpatía de los camareros. Tanto es así, que volvimos al día siguiente para comer exactamente lo mismo. El único pero que le pondría al lugar está en la ley bosnia, que todavía permite fumar en restaurantes.

Interior de la mezquita de Koshi Mehmed Pasa
Aún en las calles empedradas de la ciudad, la mezquita de Koshi Mehmed Pasa tiene un interior interesante, es de pago (hay que pagar 2€, si la memoria no me falla, para entrar), y en la plaza en la que se encuentra se disfruta de una vista inmejorable del puente viejo. También es la mezquita que mejor se ve cuando se mira hacia el puente desde su parte sur, en la que es la foto más típica de la ciudad.
La Karadozbeg, la mezquita más grande de Mostar y de toda Herzegovina, también está abierta a los visitantes, tiene el típico encanto de la arquitectura otomana, e incluye algo que me resultó novedoso: se puede subir a su minarete para sentir lo que el moecín experimentaba al hacer lo mismo, y para tener unas vistas interesantes del centro de la ciudad. Las escaleras de caracol para coronar el minarete son, como podéis imaginar, no aptas para claustrofóbicos.

Saliendo del centro de la ciudad, aparte del ya mencionado instituto, otro lugar que recomendaría sería la visita a una casa otomana. Yo estuve en la casa Kajtaza, muy cercana al centro pero en una zona residencial muy tranquila, en el lado oriental del río, y el propio heredero de la vivienda nos la enseñó, aun a pesar de llegar fuera de la época turística, mostrando un buen ejemplo de hospitalidad balcánica. Me encantó la visita porque fue algo novedoso para mí; cuando estuve en Turquía apenas salimos de Estambul y por tanto no pudimos disfrutar de casas como éstas, bastante abundantes en Mostar (una, la Muslibegovic, funciona como hotel y tiene muy buenas críticas de sus clientes).

Interior de la casa Kajtaz, una genuina vivienda otomana muy bien conservada

BLAGAJ


Por último, por su cercanía y por aportar un toque distinto, si se llega a Mostar en coche, una buena idea puede ser la de hacer una mini-excursión a Blagaj, a unos 12 kilómetros de Mostar. En este pueblo llama especialmente la atención el monasterio sufí que ha sido construido justo junto al nacimiento del río Buna. El manantial del que nace este río, que tributa al Neretva apenas 10 kilómetros después, es uno de los más generosos de Europa, con un caudal medio de 30.000 litros por segundo, que seguramente eran muchos más cuando estuve yo allí, porque las terrazas de los bares estaban totalmente inundadas y asustaba pasar el puente sobre el río. En verano, si se pueden sacar fotos como ésta, también tiene que ser impresionante.

Anímaos, no le tengáis miedo a Mostar y a Bosnia y Herzegovina, porque la guerra ya ha pasado, y aunque haya huellas de su destrucción, lo que hoy os encontraréis es un país montañoso por descubrir, desconocido para el turismo, y lleno de gente amable. En el caso de Mostar, además os toparéis con la que seguramente sea la ciudad más hermosa del país, con un casco antiguo de aire otomano único en los Balcanes.

Monasterio de Blagaj, junto al nacimiento del río Buna