sábado, 8 de noviembre de 2014

Plaza del REGISTÁN: el orgullo de Samarcanda

Madrasa o medersa de Sher-Dor, al atardecer

"Registán" me parece que es una de esas palabras que suenan a solemnes cuando son pronunciadas. Quizá sea porque suena a regio, a rey, o simplemente porque es el nombre de una de las plazas más hermosas de Asia, pero impone respeto. Este rincón de Asia Central y de Uzbekistán es el escaparate hacia el mundo de ese lugar, por lo general desconocido, de nuestro universo; una especie de "Taj Mahal" centroasiático, un monumento que traspasa esa categoría para convertirse en "símbolo" de un territorio.

Detalle decorativo de la mezquita ubicada en la medersa Tilya-Kori, la única de la plaza


¿QUÉ ES EL REGISTÁN?


El Registán es una plaza en la que se agrupan tres madrazas, medersas, madrasas o escuelas coránicas, y se sitúa en Samarcanda, la segunda ciudad más poblada del país, así como sin duda la más famosa. Debe su nombre al idioma tayiko, el mayoritario en la ciudad (por delante del uzbeko), y significa "lugar arenoso", siendo "lugar" el sufijo "-stan" presente en los nombres de todos los países de Asia Central. El tayiko, idioma de la familia persa (cercano al parsi afgano o a lo que se habla en Irán), se habla, aparte de en buena parte de Tayikistán, en el sureste de Uzbekistán, de tal modo que tanto Samarcanda como Bujará hablan más tayiko que uzbeko.

Vista de la plaza cuando está anocheciendo
La arquitectura persa, como se puede apreciar en las fotografías de sus edificios, apreciaba mucho la simetría, y es muy común ver en una misma plaza dos madrazas como "enfrentadas", desafiantes mirándose una a la otra, con las entradas dando a una misma plaza, y unas dimensiones similares. Pero lo que hace especial al Registán es que no son dos, sino tres las madrazas enfrentadas, las dimensiones del conjunto son gigantescas, y la decoración sublime; solo algunas madrazas de la ciudad de Bujará pueden competir con las del Registán en toda Asia Central. Al estilo de estas madrazas se le denomina "timúrida", por ser hechas durante el imperio homónimo, cuyo líder más famoso fue "Timur" o "Tamerlán", hoy convertido en héroe nacional.

Como en muchos otros sitios uzbekos, que no todos, el uso de estos edificios como escuelas coránicas ya es historia, y hoy alojan principalmente tiendas de recuerdos; una de ellas aloja también una mezquita. Las tres, como es norma en Uzbekistán, están vertebradas por un gran patio central, con o sin vegetación en él, y se componen de pequeñas habitaciones o celdas, que es donde dormían los estudiantes, y donde hoy se venden camisetas, pinturas o imanes. Dos de los edificios tienen vistosas cúpulas bulbosas de color azul turquesa.

Detalle decorativo de la entrada de una de las escuelas coránicas de la plaza


¿CÓMO VISITAR EL REGISTÁN?


En otros lugares de Uzbekistán, la entrada a las madrazas es de pago; hablamos normalmente de precios que resultarán anecdóticos para el viajero occidental, entre 1 y 2,5€, más cercanos al primero normalmente. En el Registán, quizá por la mayor atracción turística que tiene, han optado por una solución peor a mi juicio para sacar dinero del turismo, que es la de cobrar por entrar a la plaza. Unas precarias cintas, como de obra, indican a los visitantes cuál es la parte gratuita de la plaza, separándola de la de pago. Nosotros pagamos por el acceso a la plaza 16.000 SUM cada uno (al cambio unos 4,5€), aunque he leído quejas de internautas que dicen que el precio es arbitrario, que no todo el mundo paga lo mismo. El precio que nosotros pagamos no me parece muy caro, aunque debo decir que en las entradas está escrito con bolígrafo, por lo que no podemos estar seguros de que a todo el mundo se le pida lo mismo.

Vista del interior de la mezquita del Registán (I)
El precio de la entrada da derecho a estar en medio de la plaza, a entrar en los tres edificios a todos sus espacios y a acceder más veces dentro de un mismo día sin pagar de nuevo. Así nos lo dijeron, aunque me sorprendió ver al mismo tiempo como no aparecía la fecha en la entrada. Es posible, pagando extra, subir a un ¿minarete? (lo llaman así pero más bien es una esquina de la madraza norte, apenas un poco más alta que el resto del edificio). Nos lo ofreció "por lo bajines" un guardia a cambio de 5000 SUM por persona (1,3€), de una forma que nos dejó claro que era una visita no oficial. Al volver por la tarde para ver la puesta del sol en la plaza, el mismo guardia por un momento parecía no querer dejarnos acceder a la plaza, aunque finalmente se convenció de que habíamos adquirido la entrada ese mismo día; nos reconoció. No subimos al minarete porque por la tarde el sol no nos iba a permitir disfrutar de la plaza, por lo que no puedo opinar, aunque esos "sobornos" nos recordaron la herencia post-soviética que queda aún en el país, ya que en la plaza Roja de Moscú nos pasó algo parecido.

Vista del interior de la mezquita del Registán (II)
Para los que quieran disfrutar de la plaza sin pagar entrada o en un día distinto al día en el que compraron la entrada, decir que hay un excelente mirador junto a la calle "Registán", de acceso gratuito, y que los jardines aledaños a la plaza también son de libre acceso. No es lo mismo que estar en el centro de la plaza, que a mi juicio debería ser gratis, pero debo decir que es suficiente, al menos para los turistas. Muchos de los que dormimos cerca de la plaza no pudimos evitar ir a visitarla todos los días que pasamos en Samarcanda.


HISTORIA


La plaza del Registán se considera el centro medieval de Samarcanda. Sus edificios actuales datan del siglo XV al XVII, siendo la más antigua la ubicada al oeste (Ulugh Beg, s.XV) y la más moderna la del norte (Tilya-Kori, s. XVII). Al este se ubica la madrasa Sher-Dor, también del s. XVII. Esta plaza fue el lugar de las proclamaciones reales así como de las ejecuciones públicas, y hasta los soviéticos (que no dudaron en destruir una catedral de la talla de la del Salvador de Moscú, hoy reconstruida) reconocieron su encanto y han querido dejar su huella en ella. Estos últimos la transformaron bajando el nivel del suelo unos 3 metros, cosa que todavía se puede apreciar viendo que el nivel más bajo de los edificios no está decorado con azulejos; esa parte originalmente estaba bajo tierra.


LA PLAZA, MADRAZA A MADRAZA


Madrasa Ulugh Beg.


Medersa Ulugh Beg. Nótese la amenazante curva que dibuja el minarete de la derecha
Ubicada a la izquierda (oeste) según miramos desde el mirador, fue mandada construir por Ulugh Beg, líder timúrida famoso por su pasión por las ciencias y por ser nieto del legendario Tamerlán. Está decorada con motivos geométricos y flanqueada por dos minaretes que por su forma me recordaron más a los pilares de un edificio clásico que a los minaretes que había visto con anterioridad, fueran estos de Marruecos, Turquía o incluso de Jiva o Bujará, las otras dos reinas del turismo en Uzbekistán.

Madrasa Tilya-Kori


Ubicada al norte, es la gran culpable de que la plaza del Registán sea distinta al resto de plazas uzbekas protagonizadas por escuelas coránicas, por ser la tercera en discordia, mirando de frente al espectador. Fue la última en construirse, terminándose en 1660. Sin embargo, fue modificada recientemente por los soviéticos, quienes le añadieron una cúpula azul turquesa en el lado izquierdo del edificio, rompiendo con ello la simetría que caracteriza a las construcciones persas.

Vista lateral de la madrasa Tilya-Kori, desde una calle que va a dar al Registán
Precisamente bajo esa cúpula se ubica la única mezquita de la plaza, profusamente decorada con motivos azules y dorados, que maravillaron a un servidor. No posee minaretes como las otras dos, sino pequeñas torres en las esquinas que hacen como tales, que con la nueva cúpula se han quedado pequeñas. El minarete ubicado al noreste es al que se puede acceder si se paga a un guardia la cantidad que éste pida.

Madrasa Sher-Dor


Ubicada al este, es en mi subjetiva opinión, la más hermosa del conjunto. Como el resto, está enteramente decorada con azulejos que crean formas geométricas diversas, de colores tales como un gris marronáceo como base y un color turquesa o un azul marino sobre él. Como la Ulugh Beg, posee dos minaretes "estilo columna", también en precario equilibrio, aunque al contrario que ésta, se aprecian dos cúpulas genuinamente timúridas de color azul turquesa y con relieve. Aunque lo que más me llamó la atención de este edificio, fue el transgresor detalle de crear con los azulejos la forma de dos infantiles leones que parecen llevar en lomos dos rostros humanos delante de lo que diríamos que son los rayos del sol. Para los no acostumbrados a la arquitectura islámica, deciros que se prohíbe decorar con formas humanas y de animales tanto el exterior como el interior de sus edificios, aunque esa norma se infringió en este caso y en alguna otra contada madraza de Bujará, en lo que quizá sean las únicas excepciones. Es la fachada que recibe los últimos rayos del sol cada día, y como amantes de los atardeceres que somos, asistimos un día al mismo. El color anaranjado que le da el sol de la tarde la hace incluso más hermosa.

Detalle de la medersa Sher-Dor, con el infantil tigre y el extraño sol con cara humana


ESPECTÁCULO NOCTURNO


Al maravilloso espectáculo que de día ofrece la plaza, hay que añadir lo que se hace de noche. A las 21:30, algunos días (he intentado buscar qué días, sin éxito) se exhibe un espectáculo de luz y sonido. De las tres noches que pasamos en Samarcanda solo se emitió una, y mereció la pena. Sin ser un despliegue de medios comparable a espectáculos similares hechos en Europa, lo recomiendo porque es muy efectista ver de color rojo, dorado, azul o blanco las tres madrazas del Registán al mismo tiempo. Cosa que de día es casi imposible, ya que el sol no suele dar luz a las tres fachadas a la vez.

Momento del espectáculo nocturno en el Registán.
Con una calidad de sonido mejorable, decir que durante el espectáculo una voz en francés hablaba sobre la plaza, en lo que a mí me pareció un guiño al idioma del país que más turistas extranjeros lleva a Uzbekistán: Francia.


DÓNDE COMER O DORMIR


Samarcanda, al contrario que Bujará y sobre todo que Jiva, es una ciudad muy extensa que tiene sus edificios más destacables dispersos en el actual entramado urbano, bastante distantes unos de otros. Aunque hablamos de una distancia que los que más disfruten caminando, podrán permitirse aún.

Madrasa "Sher-Dor" durante el espectáculo nocturno
En Samarcanda nosotros dormimos en el hotel Jahongir Bed and Breakfast, y fue el alojamiento más mediocre de nuestro viaje a Uzbekistán. Tiene buenas notas en los motores de búsqueda, debidas a que su patio interior, su desayuno y la ayuda del dueño son de elogiar. También debo decir a su favor que fue el segundo más barato (42$ la habitación doble cada noche, unos 35€ al cambio en ese momento). Pero la habitación era minúscula (no podíamos abrir la maleta por completo) y los colchones lamentables, porque se notaban todos los muelles. Estar a 7 minutos a pie del Registán es otro importante punto a su favor, ya que está ubicado en un barrio del casco antiguo de la ciudad, en el que las aceras, el asfalto o incluso las farolas escasean... pero así es el Uzbekistán real, no os voy a engañar.

Cuadro de la plaza. Hoy uno similar cuelga de nuestra casa
Para comer, nosotros fuimos a los sitios que nos encontramos o que nos pillaban cerca en cada caso. Junto al mirador del Registán, cambiando de acera en la avenida, hay varios restaurantes que nos sirvieron la comida también probablemente más mediocre de nuestra estancia en Uzbekistán, a lo que hay que sumar la incomprensible falta de variedad de sus menús. A un menú ya de por sí con poco para elegir (algunos restaurantes tienen apenas 8-10 platos distintos en sus cartas) hay que sumar que para cenar apenas tenían 2 o 3 de esos platos. Un día vimos como a unos viajeros les dijeron directamente que no tenían nada que darles de comer... en un país donde el turismo es todavía escaso, muy apreciado y normalmente bien tratado, nos llamó la atención esa continua falta de provisiones de los restaurantes samarcandos, que no notamos en otras ciudades uzbekas.

Interior de uno de los restaurantes de la zona, el Registon. Lástima que la calidad de la comida fuera inferior a la decoración del local
Otros viajeros nos dijeron que la ciudad nueva de Samarcanda, planificada por los soviéticos y posiblemente la más bonita y mejor trazada del país (aunque sin monumentos de interés), sí tiene mejores restaurantes. Cansados por lo que caminábamos durante el día nunca cenamos en la ciudad nueva, por lo que tampoco os puedo confirmar desde la experiencia personal que esto sea cierto.

Samarcanda es inolvidable, y más allá del Registán tiene material para pasar al menos un día entero disfrutando de su arquitectura, pero del resto os hablo en esta otra entrada.

Detalle de una de las dos cúpulas de la madrasa Sher-Dor

viernes, 24 de octubre de 2014

La mayor concentración monumental de Asia Central: JIVA (I). Muralla y visitas extramuros

Hoy os traigo el primer lugar de toda Asia Central que fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, allá por 1990. Como carta de presentación no es mal dato, aunque detrás de los datos están los lugares, y la verdad es que Jiva (Khiva en inglés) es de los que dejan huella en el grupo de escogidos que la visitamos. Y no es para menos.

Lado oeste de las imponentes murallas de Jiva
Jiva es la ciudad turística uzbeka más aislada del resto, ubicada al suroeste de Uzbekistán, muy cercana a la frontera con Turkmenistán (apenas 15 kms.); lo demás pilla lejos, a unos 500 kms. de Bujará, la ciudad turística uzbeka que le pilla más cerca, y a más de 1000 de Tashkent, la capital del país. A pesar de su aislamiento, sin embargo, casi ningún visitante de Uzbekistán se la pierde... ¿por qué será? Lo diré rápido: porque es a buen seguro la mayor concentración de edificios históricos de Uzbekistán y de toda Asia Central por metro cuadrado; porque la peatonalización de parte de la zona amurallada permite visitar Jiva con la paz de una ciudad europea, pero con todo el encanto de Oriente; porque es distinta a Bujará y Samarcanda, al ser sus edificios de épocas y estilos distintos. Porque es la ciudad uzbeka que mejor ha explotado su encanto, permitiendo fácilmente subir a sus murallas o minaretes, aparte de entrar con un solo ticket a la inmensa mayoría de sus lugares de interés. ¿Sigo? Primero hablaré un mínimo de sus avatares históricos, que nos servirán para entender un poco mejor la Jiva de hoy.

HISTORIA


Asia Central, una región del mundo conocida por sus estepas interminables y por su vida nómada, no es nómada por completo. Las aguas de los ríos Syr Darya al norte y Amu Darya y sus afluentes, con sus aportes de agua traídos de las "estribaciones" del Himalaya, permitieron desde muy antiguo el asentamiento de población sedentaria en ciudades milenarias, como Samarcanda o Konya Urgench, por citar solo dos ejemplos.

Muchas de estas ciudades hoy se sitúan en el moderno Uzbekistán, aunque que compartan país no significa que sean muchas veces similares culturalmente. El caso es que esas poblaciones, tradicionalmente sedentarias, han ayudado a conferir una personalidad diferenciada a Uzbekistán de la que no pueden presumir tanto algunos de sus países vecinos; la colectivización de la tierra provocó un sedentarismo "forzoso" a kazajos y kirguikos que sus vecinos uzbekos llevaron mejor, por ser sedentarios antes de que llegaran los bolcheviques.

Antes de la llegada de los rusos, durante siglos Uzbekistán fue administrado por pequeños reinos llamados "kanatos" o "janatos", ya que estaban administrados por un "kan" o "jan". Jiva caía en el de Jorezm, cuya capital fue la ciudad actual de Konya Urgench (literalmente "vieja Urgench", hoy ubicada en Turkmenistán), condición que mantuvo hasta que el caprichoso cauce del río cambió su rumbo hacia el norte. Jiva pasaría a ser la capital tras esto, gobernada por unos reyes que actuaban hasta finales del s. XIX como una especie de señores feudales, con todos los derechos y poderes, siendo especialmente sanguinarios.
Uno de los episodios que mejor refleja su sed de sangre fue cuando pidieron ayuda al imperio ruso para contener a un janato rival, en el siglo XVIII, a cambio de pasar a ser un protectorado de ese país; los rusos, por la lentitud de las comunicaciones y el transporte, llegaron varios meses después, cuando el kan ya no necesitaba su ayuda. Tras alojar a los varios miles de soldados llegados en auxilio de Jiva con todas las comodidades, el jan ordenó matar a todos, a excepción de dos, cuyo cometido fue contar al zar ruso lo que había pasado, para hacerles saber cómo las gastaba el señor kan de Jiva. Se dice que la cabeza del jefe militar de aquel batallón fue enviada al jan de Bujará, como "regalito"...

Puerta oeste de la muralla de Jiva, junto al minarete más famoso de la ciudad, el "Kalta Minar" (pequeño minarete), inconcluso pero espectacular
Los rusos, que tenían muchos frentes abiertos, tardarían mucho en vengarse, pero en 1873, en una época de expansionismo colonial (no solo de Rusia, sino de media Europa), conquistaron el janato de Jiva, así como otros janatos cercanos: Bujara, Tashkent o Kokand, todos en el moderno Uzbekistán.

Con cortos lapsos de tiempo de independencia de los rusos, Jiva acabó perteneciendo a la Unión Soviética en 1924. El mapa de las repúblicas soviéticas fue cambiando con el tiempo (debido en ocasiones a los caprichos de Stalin), pero por lo general Jiva perteneció a la república de Uzbekistán, con lo que en 1991, cuando la URSS cayó, Jiva pasó de ser soviética a ser uzbeka.

JIVA HOY


En una zona poco poblada, gobernada por el desierto, el río Amu Darya proporcionó el agua suficiente para que se asentara vida sedentaria en esta especie de oasis. Hoy todavía el agua del río sigue siendo un soporte imprescindible para la principal industria del país y del Jorezm, la región en la que se asienta Jiva: el algodón. Es de tal importancia que Uzbekistán y Tayikistán mantienen unas relaciones muy tensas, hoy en día, por las obras que este último está haciendo en el curso del Amu Darya para construir una presa que les proporcione energía hidroeléctrica. Para los profanos, deciros que el algodón consume mucha agua... tanta que el mar de Aral se ha secado por el masivo cultivo de algodón. Aunque no toda la culpa es del algodón... las precarias técnicas de los soviéticos han provocado que se pierda mucha agua por el camino, debido a faraónicas canalizaciones no siempre bien impermeabilizadas.

El turismo es una industria en auge, pero todavía poco desarrollada. El país no se ha hecho el hueco en la industria turística que su arquitectura se merece, aunque las previsiones son buenas. Como un agradable círculo vicioso, la llegada de turistas provoca que se abran nuevos negocios privados para ellos, como Bed and Breakfasts del gusto europeo o restaurantes; esto provoca que los turistas que visitan el país queden satisfechos, y el "boca-oreja" llevará a más viajeros a este singular país en el futuro. Las autoridades también han ayudado al flexibilizar las concesiones de visados, mucho más fáciles de conseguir que en los primeros años post-soviéticos.

Al-Khorezm, padre del álgebra, representado en una escultura junto a la puerta oeste y a la "madraza-hotel"
Al viajero que llegue a Jiva, lo primero que le llamará la atención es, posiblemente, la falta de gente por las calles. Esta carencia se debe, principalmente, a que los soviéticos declararon Jiva como "museo al aire libre", y debido a esto la parte más monumental de la zona amurallada fue vaciada de habitantes, que fueron recolocados en otras zonas. El Uzbekistán independiente no ha alterado esta situación. No obstante, tanto al norte como al sur de esa parte monumental y sin salir de las murallas, apenas a unas decenas de metros, se conservan viviendas de adobe y madera en las que hoy viven los habitantes de Jiva; pero naturalmente, el grueso de la población vive extramuros.  Este hecho provoca sentimientos contradictorios: por un lado, se agradece la tranquilidad absoluta para pasear por Jiva, alterada solamente por unos vendedores de recuerdos/artesanía que no resultan en absoluto molestos (ojalá aprendieran en otros lugares, como Marruecos), pero por otro sí se echa de menos ver a más nativos, comer en restaurantes en los que coman ellos, o ver el día a día de una ciudad uzbeka más en su esencia... Samarcanda y Bujará nos darán una visión opuesta a la paz y aislamiento de Jiva, más agradable para algunos, menos para otros.

¿QUÉ VISITAR?


Si cogiéramos el mapa de Itchan Qala, la ciudad amurallada de Jiva, habría que seleccionar la estrecha parte central, comprendida entre las puertas oeste y este, y decir: aquí está todo, entra a todo lo que veas si te apetece, que apenas tendrás que salir de ese pequeño rectángulo lleno de edificios históricos. Es un área pequeña, pero muy densa, y que te puede tener entretenido, si quieres entrar a todas partes y no tienes prisa, todo un día entero, o incluso parte de un segundo.

¿Qué tiene ese rectángulo? Un gran muestrario de edificios de estilo persa del siglo XIX principalmente, al ser el de mayor prosperidad de la ciudad. Esto es un rasgo que la distingue de Samarcanda o Bujará; en la primera, buena parte de la arquitectura es de Tamerlán (s. XIV) o sus sucesores más cercanos, como su nieto Ulugh Beg, mientras que en Bujara la arquitectura está a medio camino, es del siglo XVI, aunque tiene edificios de hasta el s.X. Jiva, por tanto, pudo disponer de técnicas más modernas que dan otro aire a la ciudad. 

Vista de Jiva subidos a las murallas de la ciudad. Al fondo se pueden apreciar las murallas del arca (palacio real de los janes), una madraza y el mausoleo de Pakhlavan Makhmud.
Al contrario que Bujara o Samarcanda, aquí no veremos madrasas decoradas casi enteramente de azulejos; el ladrillo "color ladrillo" es predominante, junto al adobe, aunque esa nota de color la ponen los minaretes, que son sin lugar a dudas los más vistosos del país, con alguna pequeña excepción. Pero vayamos por orden.

¿CÓMO VISITAR JIVA?


La visita bien puede empezar en la puerta oeste, reconstruida a principios del siglo XX, que además es el punto en el que se venden las entradas a los edificios históricos de la ciudad. Por un precio de unos 8€, el ticket es válido 2 días, y da derecho a entrar a los principales edificios históricos de la ciudad. Eso sí, para 3 de ellos hay que pagar suplemento; no es casualidad que esos 3 lugares cuenten entre los más interesantes de la ciudad, lo que muestra que la avaricia por sablear al turista de la que Uzbekistán estaba libre va llegando de la Europa que les visita... aunque aún, por suerte, están muy por detrás. Estos 3 edificios son el arca (el palacio real de los janes/kanes de Jiva), la subida al minarete "Islam Hoja" y el mausoleo Pakhlavan Makhmud. De todas formas, ese "rectángulo" donde se ubican la mayoría de lugares de interés de Jiva será abordado en una segunda publicación para no alargar tanto ésta, e indicaré qué merece la pena visitar y qué no.

Aparte de ese rectángulo, recomiendo dar aunque solo sea un pequeño paseo a los barrios al norte y/o al sur de la ciudad amurallada, sin salir de ésta, para ver las modestas casas de arquitectura popular en las que hoy viven los habitantes de Jiva. Hechas fundamentalmente de adobe y madera, están rodeadas de calles de tierra que nos recuerdan, sin salir de la ciudad amurallada, que estamos en un país en vías de desarrollo, con una economía modesta, aunque poblado por gente que se contenta con lo que tiene (sorprendentemente, es un país en el que apenas vimos mendigos).

Volviendo a las murallas, y aunque son pocos los que lo hacen, decir que se puede subir a ellas... es un precario acceso junto a la puerta norte, una especie de mezcla entre rampa y escaleras, que no a todo el mundo le resultará fácil de subir... el paseo que se proporciona una vez arriba, abarca todo el norte de la ciudad, desde el arca, junto a la puerta oeste, hasta una "calva" de la muralla cercana al mercado, un poco antes de la puerta este. No hay medida de seguridad alguna en las murallas, pero hay que tener mala pata para caer de ellas debido a que son muy anchas y la superficie es bastante regular. Pero recomiendo tener cuidado caminando por ellas.

Lado sur de las murallas de Jiva. Se pueden apreciar una especie de tumbas incrustadas en la pared inclinada... no tengo ni idea de si son tumbas ni del motivo por el que están ahí
Fuera del reciento amurallado, recomiendo dar un buen paseo junto a la muralla, porque sus gruesas paredes, "con barriga", son impresionantes. Las partes sur, casi todo el día, y oeste (al atardecer), son las más fotografiadas, y esta última muestra un rincón especialmente romántico, curiosamente donde no hay muralla :) Es junto a la escultura de Al-Khorezmi, padre del álgebra del s.VIII-IX, que posa con unas ropas y una postura muy orientales junto a la puerta oeste, delante de la madraza reconvertida en el hotel Orient Star, y del Kitor Minar, el gordo minarete, símbolo de Jiva.

Aparte de las murallas, extramuros solo conviene alejarse para ver el palacio de Isfandiyar, que nos permite cambiar el chip sin cambiar de ciudad. En una ciudad tan persa como ésta (aunque con un toque diferenciador de Bujara y Samarcanda por la originalidad de los minaretes de Jiva), representa un toque frescura y originalidad este palacio, que se visita en apenas 20 minutos, pero que merece la pena. La entrada está incluida con el ticket que ya habremos comprado bajo la puerta oeste.
Isfandiyar (o Narallabay, que es como aparece escrito en el edificio en sí) es el capricho de uno de los ultimos janes de Jiva, de idéntico nombre, cuando la ciudad se encontraba bajo la órbita rusa; se usó como su palacio de verano. Las vicisitudes históricas lo han dejado sin mobiliario y lo que hay que ver allí se reduce a las paredes decoradas con vistosos colores y a una especie de ¿estufas? empotradas en las paredes, también muy coloridas. El estilo es una mezcla entre el gusto ruso y el uzbeko; solo pudimos visitar un edificio del complejo, porque el resto, que si no me equivoco incluye el harén, estaba en fase de restauración. Si desde el complejo nos dirigimos hacia el sur, podremos encontrar una madraza reconvertida en bar-discoteca, que nos encontramos abierta, vacía y con la música a tope un sábado a las 12 de la mañana. Uzbekistán es un país que sorprende :)

Un servidor junto a una de las "estufas" (o lo que demonios sea) del palacio de Isfandiyar. Por color que no sea.
El "rectángulo de oro" de Jiva queda para una próxima entrada en el blog, que espero escribir muy pronto.

DÓNDE DORMIR


Las opciones son diversas, y será difícil encontrar un solo hotel que no esté bien ubicado, puesto que las distancias son mínimas. Nosotros nos alojamos en el Meros Bed and Breakfast, intramuros y junto al arca y la puerta oeste, y lo recomiendo vivamente. Mi única crítica sería hacia el colchón, duro y que "gruñía" ante el más mínimo movimiento. Aunque, y sin que sirva de disculpa, los colchones no son el fuerte de los hoteles uzbekos en general (de 4 hoteles, solo 1 tuvo un colchón digno a mi juicio). El hotel nos permitió sumergirnos en el encanto de la ciudad, al ser una casa de adobe típica de allí, con una azotea que brinda unas vistas espectaculares de la ciudad, y donde existe la opción de pedir que te traigan la cena (hay que avisar con antelación). El precio es muy ajustado (35$ la habitación doble en 2014), y sus encargados, unos hermanos, fueron el personal de hotel más amable que nos encontramos en Uzbekistán, un país donde la hospitalidad es proverbial. Para más información aquí.

La opción de alojamiento más famosa de la ciudad, no obstante, es el hotel Orient Star, ubicado en la madraza que el Kalta Minor tiene a su lado. No obstante, el precio es parejo a la fama y algunas personas que duermen allí se quejan de las limitaciones que un edificio histórico como ése tiene (habitaciones pequeñas, posiblemente frías o húmedas, etc.). El encanto de dormir en una antigua escuela coránica ha de ser enorme, pero cada uno que elija.

Decoración típicamente uzbeka en uno de los salones del hotel Meros

sábado, 27 de septiembre de 2014

UZBEKISTÁN: información útil antes de partir

A muchos solo por cómo suena ya se os quitan las ganas de ir, quizá penséis que es peligroso, incluso que está en guerra o como mínimo no se os ocurre qué podría motivar una visita a ese país... pues bien, nosotros acabamos de llegar, nos ha gustado el lugar, no es peligroso, y además lo recomendamos a todo aquel al que le guste la arquitectura persa, no le abrume Asia (con su superpoblación, su pobreza, su legado soviético en este caso, etc.) y quiera visitar un lugar diferente que está lejos, todavía, del turismo de masas, aunque sea más manejable que la mayoría de destinos de Asia. Voy a ir desgranando la información por partes.

Plaza de Registán, en Samarcanda, la plaza más famosa de Uzbekistán y de toda Asia Central, durante el espectáculo nocturno

¿UBEQUÉ?


Uzbekistán es un país de Asia Central, en el centro de este área que abarca a los países asiáticos que integraron la Unión Soviética (excluyendo Rusia): Kazajistán al norte, Kirguistán al noreste, Tayikistán al sureste y Turkmenistán al sur, todos tienen frontera con Uzbekistán, y los 5 juntos integran Asia Central. Con sociedades nómadas y/o feudales hasta la llegada de la Rusia zarista en la segunda mitad del s. XIX, y unidos durante la Unión Soviética, hoy son países independientes, bastante nacionalistas, con fronteras absurdas inalteradas desde la URSS y no siempre buenas relaciones entre ellos. Por desgracia, la caída de la Unión Soviética en 1991 no significó para ellos más que la independencia de sus territorios (y la pobreza que vino detrás), pero ninguno ha alcanzado unas cotas democráticas comparables a las de Occidente. En general, el líder comunista de turno de la república dependiente de Moscú hasta 1991 ha seguido siendo el presidente del país tras la independencia, y en el caso de Uzbekistán, sigue siéndolo hoy en 2014. Existen elecciones que intentan echar un maquillaje de democracia a lo que no lo es, en las que los únicos partidos que podrían hacer una verdadera oposición han sido prohibidos.


¿POR QUÉ IR?


Es decir, ¿qué carajo se me ha podido perder a mí en un país que no sabría ubicar en el mapa, que tiene el sufijo "stan" (que suena a país turbio, como Pakistán o Afganistán) y del que no conozco nada a nivel cultural? Nada a priori, o quizá sí...

El centro urbano de Jiva tiene la mayor densidad de edificios históricos de todo el país
La mayor motivación para visitar Uzbekistán viene de que tiene la mejor arquitectura persa del mundo, con permiso del país persa por excelencia: Irán. Frente a Irán, Uzbekistán ofrece un país menos islamizado, más manejable y con un clima algo más fresco. Por cierto, "stan" es un sufijo que simplemente significa "lugar" en las lenguas túrquicas :)

En un territorio poco más pequeño que España, pero ocupado en su mayor superficie por un inhóspito desierto, este país aglutina las tres ciudades históricas con mayor patrimonio de Asia Central: Jiva, Bujara y la mítica Samarcanda. Capitales de territorios gobernados de manera feudal hasta hace poco más de un siglo, escalas de la legendaria ruta de la seda, estas tres ciudades son las que visita casi la totalidad de turistas extranjeros que va a Uzbekistán; la cuarta sería Tashkent, capital del país, y aunque histórica, reconstruida tras un terremoto en 1966 que destrozó la ciudad. Aun así, como ejemplo de la arquitectura soviética de los 60-70 y porque pasaréis casi obligatoriamente por ella (es con diferencia la población uzbeka con más vuelos internacionales), se le pueden dedicar un par de noches viendo una cara más moderna del país.

Al margen de esto, y aunque Uzbekistán no es el país de mayor cultura nómada de la zona, existen campamentos de yurtas donde emular esa vida típica de Asia Central, y así ahorrarse el visado a Kirguistán o Kazajistán, países más puramente nómadas. Las dos zonas de campamentos de yurtas más típicas están en Karakalpakistán, al suroeste, en la zona de fortalezas de adobe cercana a Urgench (Ayaz Qala), y el pantano de Aydarkul, en el noreste del país. Ambos lugares son válidos también como aproximación al desierto que gobierna más de la mitad de la superficie uzbeka, el Kyzyl Kum ("arenas rojas" en el idioma local).

Puesto de recuerdos típicos uzbekos en el mercado Chorsu de Tashkent
Además, decir que Uzbekistán es un paraíso para los interesados en la etnología, porque difícilmente encontraréis otro país con semejante "batiburrillo" étnico. El origen étnico uzbeko mayoritario es túrquico (los turcos vienen de Asia Central), que se mezcla con la etnia mongola, a lo que hay que añadir las etnias con las que compartieron país durante la época soviética (fundamentalmente rusos, aunque también ucranianos) e incluso casi chinos, ya que los ciudadanos del vecino Kirguistán tienen rasgos que nos recordarán al "gigante asiático". Esta mezcla se ve en Tashkent mejor que en cualquier otra ciudad uzbeka, y a mí me fascinó.


¿QUÉ NECESITO PARA IR?


Para visitar Uzbekistán hace falta solicitar con anterioridad un visado de entrada. Para ello tendréis que poneros en contacto con la embajada de Uzbekistán en España, situada en Madrid (el consulado de Barcelona, en 2014, nos dijo que no tramitaba peticiones de visados). El trámite es sencillo, es prácticamente una cuestión de pagar dinero y se pide por reciprocidad (a los ciudadanos uzbekos también se les exige visado para entrar a España). Se trata de avisar, mandar los pasaportes, esperar unos 10 días, y recogerlos. Eso sí, nuestra experiencia no fue buena puesto que nos sentimos estafados por la embajada, ya que nos exigió que metiéramos un sobre con el franqueo ya pagado para mandarnos nuestros pasaportes de vuelta; a la hora de devolvérnoslos con el visado nos dijeron que Correos había devuelto nuestra carta "porque no entendían la letra". En la web de correos no aparecía constancia de haber tramitado nuestro paquete (cuyo nº de referencia apuntamos) por lo que nos olió mal. Nos enfadamos y yo decidí mandar a mi hermano a coger los pasaportes (vive a 150 kms. de Madrid) y al ver el sobre comprobamos que en ningún momento fueron a Correos a intentar mandarnos los pasaportes; parece que lo que querían era clavarnos más dinero obligándonos a mandar a un repartidor a coger nuestros pasaportes. Los repartidores, si tienen que hacer cola en el consulado, te cobran más, y ellos se quedarían una parte, no sé...

Char Minar, uno de los edificios más singulares de Bujara, la ciudad más santa de Asia Central
Especulaciones aparte, lo que está claro es que nos mintieron, nos exigieron un sobre para devolvernos los pasaportes y nunca lo usaron. En fin, algo del legado de la desagradable burocracia soviética les queda, y quería contar aquí mi experiencia para prevenir a los que vengan detrás. El precio del visado uzbeko lo tenéis aquí y depende del tiempo que vayáis a pasar en el país o de si lo queréis de entrada simple o múltiple, entre otras cosas. Recordad que cada país de la zona os exigirá su propio visado, y si salís de Uzbekistán y queréis volver a entrar necesitaréis un visado de entradas múltiples.

Aparte del visado, yo recomendaría llevar las siguientes cosas "anómalas" tras haber visitado el país:
- Protector labial: Uzbekistán posee uno de los climas más secos del mundo, y vuestros labios lo notarán, y mucho. Si además sopla el viento (en nuestro caso sopló sobre todo en Samarcanda) pues peor aún.
- Ropa para mucho calor y bastante frío: esto puede pasar en todos los sitios, ¿no? Pero allí pasa más. La lejanía del mar hace que el clima sea extremadamente continental. A la sequedad hay que añadir que el rango de temperaturas entre máximas y mínimas es enorme, superior muchas veces a los 20 grados en un mismo día. Nuestro viaje fue la primera mitad de septiembre, y vimos como Tashkent pasaba de los 38ºC a las 14 horas a los 15ºC a las 6 de la madrugada. El dicho "cógete una chaqueta que por la noche refresca" allí aplica más de lo que estamos acostumbrados.
- Linterna: las calles uzbekas son quizá las peor iluminadas que hemos visto en nuestros viajes. Salvo que vuestro hotel esté en una calle o plaza principal agradeceréis en vuestras salidas nocturnas disponer de una linterna que os evite tropezar en los baches o en las irregulares aceras del país (cuando las hay). Como allí se hace de noche pronto, saldréis a cenar siempre de noche, salvo que lo hagáis en vuestro hotel.
- Dólares: resulta extraño en un país post-soviético y todavía buen amigo de Moscú, pero los uzbekos adoran los dólares. Aunque el euro poco a poco va ganando su espacio, el dólar sigue siendo de lejos la moneda extranjera favorita en Uzbekistán, incluso aunque los turistas estadounidenses estén lejos de ser los más numerosos allí. No es obligatorio llevar dólares, pero sí recomendable, puesto que el cambio que ofrecen al cambiar a moneda uzbeka (SUM) suele ser mejor, y puesto que los hoteles suelen poner sus tarifas en esta moneda, esperan cobrar en esa moneda, y el cambio a euro o SUM en el hotel puede ser caprichoso. La volatilidad de la moneda uzbeka ha obligado a la gente que vive del turismo a no usar el SUM como referencia para no estar cambiando constantemente los precios.

La torre de la televisión, el tercer edificio más alto del mundo cuando se acabó, es un buen ejemplo de la arquitectura soviética de Tashkent. Mide 375 metros

¿CÓMO LLEGAR?


Desde principios de esta década Uzbekistan Airways opera un vuelo semanal directo entre Tashkent y Madrid. Pero la mayoría de los mortales han ido, van y seguirán yendo en un vuelo con escala. Las escalas más frecuentes son con los amigos de Uzbekistán: Rusia (por su pasado compartido) y Turquía (con la que se están estrechando lazos por considerarse étnica y lingüísticamente países cercanos). En el primer caso Moscú y San Petersburgo son las ciudades más frecuentes para cambiar de avión, y en el segundo caso Estambul. Nosotros hicimos Barcelona - San Petersburgo - Tashkent tanto a la ida como a la vuelta, siendo el Barcelona - San Petersburgo un vuelo de poco más de 4 horas y el Peter - Tashkent de unas 5 con Aeroflot. Turkish Airlines nos ofrecía hacerlo por Estambul pero a mayor precio. Uzbekistan Airways tiene vuelos también con ambos países.

¿CÓMO ME MUEVO POR ALLÍ?


La crudeza del desierto uzbeko, el Kyzyl Kum, y las caprichosas fronteras soviéticas, provocan que la mayoría de la población uzbeka se encuentre muy cercana a la frontera con otros países, en ocasiones no muy amigos en la actualidad. Khiva está a 15 kms. de Turkmenistán, el área metropolitana de Tashkent casi toca Kazajistán y Samarcanda se encuentra a apenas 50 kms. de Tayikistán. El menos turístico pero muy poblado valle de Fergana, en el noreste del país, penetra impunemente entre Kirguistán y Tayikistán.

Sin embargo, Uzbekistán nos resultó un lugar en el que es sencillo moverse por el país libremente, por lo que no es necesario organizar el viaje con una agencia de viajes en España. Si cogéis un mapa veréis que Jiva ("Khiva" en inglés) está a desmano del resto de ciudades turísticas, a más de 1000 kms. de Tashkent y a unos 500 de Bujara, por lo que recomiendo ir en avión desde Tashkent (unas 20 horas en tren os esperan en caso contrario) hasta Urgench, ciudad sin interés turístico pero a tiro de piedra de Jiva, unos 40 kms. al sur. Ese vuelo os costará menos de 100€, y tenéis 2 o 3 frecuencias diarias con la compañía "Uzbekistan airways", en modernos aviones Airbus A320, como los de las compañías europeas de bajo coste.

Jiva, marcada con el índice rojo de la parte izquierda de la foto, queda alejada de las otras 3 ciudades turísticas del país: Bujara, Samarcanda y Tashkent, recuadradas.
Bujara, Samarcanda y Tashkent están unidas por un tren medianamente rápido para lo típico allí. 260 kms. separan Bujara de Samarcanda, y el tren diario que hace el recorrido por 9€ necesita poco más de 3 horas. Ese tren continúa hasta Tashkent (290 kms. más), por un precio parecido, necesitando 3 horas y media más. Aunque otros trenes más rápidos comunican Tashkent y Samarcanda, siendo el más rápido el español (un tren Talgo, igualito a los ALVIAs de RENFE) "Afrosiyab", un tren que une las dos ciudades más pobladas del país en 2 horas y 10 minutos. Para más información de horarios, tenéis este enlace, aunque los precios reflejan el amplio margen de beneficio de la agencia de viajes que los ofrece :) Se pueden comprar en las estaciones de tren por menos dinero.

Por último, el trayecto Jiva-Bujara ("Bukhara" en inglés) no es recomendable para hacer en tren, puesto que no hay trenes directos, y la combinación da un buen rodeo yendo por Navoi. En taxi privado (o el coche de cualquier ciudadano que le quiera llevar a uno) se necesitarán entre 6 y 10 horas por una carretera llena de baches (que en 2014 nos dijeron que estaban arreglando), por lo que si os cuadra bien recomendamos el hacerlo en avión. Uzbekistan airways opera la ruta Urgench-Bukhara, en principio una vez a la semana y solo en temporada alta turística, por un precio que en nuestro caso fue de unos 60€. Parecido de precio al coche, es más cómodo y rápido, pero no a todos les cuadra bien en fechas (cuando fuimos nosotros el vuelo era los domingos).

Ruinas del antiguo palacio de Amur Timur, en Shahrisabz, la cuarta ciudad patrimonio de la humanidad en el país, junto a Samarcanda, Bujara y Jiva
El resto de lugares destacables turísticamente hablando, secundarios al lado de las tres perlas uzbekas, son accesibles en taxi, taxi compartido, marshrutka (mini-bus, más incómodo) o simplemente haciendo autostop, muy popular allí entre los propios uzbekos, y más seguro que en Europa. Algunos taxistas o agencias de viajes proponen excursiones a lugares interesantes cercanos a las capitales turísticas del país.


¿CUÁNDO IR?


Uzbekistán está aproximadamente a la misma latitud que la España peninsular, lo que hace que la media de temperaturas no sea muy distinta a la de nuestro país. Eso sí, la lejanía del mar hace que el clima sea muy continental, con grandes diferencias de temperatura entre invierno y verano, y entre día y noche. Por otro lado, allí apenas llueve, y es la primavera la época del año más lluviosa, aunque incluso en primavera las precipitaciones no abundan precisamente.

Así que ante un clima tan extremo, no hay dudas en cuanto a fechas: hay que evitar el invierno, donde las temperaturas pueden bajar incluso a -20ºC, y el verano, en el que pasar de los 40ºC también es muy frecuente. La primavera, entre abril y mediados de junio, y el otoño, que va de septiembre a octubre, son las mejores épocas. Esto aplica a la inmensa mayoría del país, aunque las escasas pero altas montañas del este (superando los 3000 metros al noreste de Tashkent y los 4000 al sureste de Samarcanda) son mejor opción quizá para pleno verano o finales de primavera y principios de otoño. No obstante, para turismo de montaña son mejores los vecinos del este, los más salvajes Kirguistán y Tayikistán, donde las estribaciones del Himalaya dejan montañas con alturas que superan los 7000 metros de altura en algunos casos.

Mujeres uzbekas, en Jiva

RESUMIENDO...


Si buscáis un viaje de 10-14 días, de corte cultural, saliendo de Europa pero todavía con cierta influencia europea (rusa en este caso) y a buen precio, Uzbekistán puede ser vuestro destino.

sábado, 2 de agosto de 2014

La capital universitaria belga: LOVAINA

Cuando me encapriché de escribir una entrada sobre Bélgica podría haberlo hecho de cualquiera de sus cuatro ciudades turísticas por excelencia, que he tenido la suerte de visitar: Bruselas, Brujas, Gante y Amberes... pero como he querido enfocar el blog a sitios alternativos (aunque realmente acabo escribiendo sobre lo que me da la gana, no me pongo normas) y porque simplemente me apetece, escribiré sobre la que yo pondría como la quinta ciudad más interesante de Bélgica: Lovaina. Algún día escribiré sobre las demás.

Ayuntamiento de Lovaina, profusamente decorado
Lovaina (Leuven en flamenco y holandés, Louvain en francés, y en inglés en cualquiera de las dos) es una pequeña ciudad de Flandes, con unos 100.000 habitantes, ubicada a tan solo 25 kilómetros de Bruselas yendo hacia el este. Es la capital de la provincia del Brabante Flamenco, que rodea Bruselas y que es una parte de la antigua provincia de Brabante, dividida en dos de acuerdo con las dos comunidades lingüísticas de Bélgica: la valona, de habla francesa, y la flamenca.

Esta ciudad vive por y para su universidad, que presume de ser la universidad católica más antigua de Europa, fundada en 1425. Con más de 25.000 personas viviendo en la ciudad por ella, entre estudiantes, profesores, investigadores y colaboradores, no sorprende el ambiente juvenil que se respira en Lovaina. Y eso que no toda la universidad está allí... los conflictos entre la comunidad de habla flamenca y la de habla francesa provocaron que se creara un nuevo campus en la ciudad de "Lovaina la Nueva", creada a propósito para la universidad, a pocos kilómetros al sur, ya en tierra de habla francesa, en 1968. Tanto este hecho, como la división del Brabante de la que hablé antes, muestran la tensión actual en una Bélgica dividida en dos mitades casi iguales en tamaño y población, con dos idiomas muy distintos y con claros deseos (especialmente en Flandes a día de hoy) de escisión, con una capital oficialmente bilingüe que a duras penas puede mantener la cohesión.

Biblioteca de la universidad de Lovaina, reconstruida tras la II guerra mundial
Volviendo a Lovaina, bien podemos comenzar la visita por la universidad, cuyo edificio más destacable es la biblioteca, destruida durante ambas guerras mundiales (especialmente la primera) pero reconstruida tras ambas contiendas con el dinero aportado por los aliados y el exigido a los alemanes como compensación. Hoy la biblioteca se ubica en una enorme plaza en la que me llamó la atención la peculiar escultura de una mosca atravesada por un alfiler...

Pero el edificio más singular y espectacular de Lovaina es su ayuntamiento. Esta maravilla, toda una "filigrana en piedra", tiene un claro aire flamenco y fue construida en estilo gótico de Brabante, en la segunda mitad del siglo XV. Puede ser visitada por dentro, y la visita se ofrece en varios idiomas.
La plaza en la que se ubica difícilmente puede ser más monumental, ya que aparte de un conjunto de edificios flamencos, tiene al otro lado la iglesia de san Pedro, de la misma época. Este edificio, más austero en decoración que el ayuntamiento, también merece una visita por dentro, para ver el delicado arco gótico que separa el coro del resto de la nave central.

Tafelrond, otro de los edificios de la plaza del ayuntamiento
El arquitecto del ayuntamiento, Mathieu de Layens, también tuvo tiempo para dejar su huella en otro edificio de la plaza, el Tafelrond (que significa "mesa redonda"), ubicado junto al ayuntamiento, a mano izquierda. Hoy es la sede de un banco.

Apenas nos tenemos que desplazar unas decenas de metros para llegar a la que algunos denominan "la barra de bar más grande del mundo". La plaza Oude, es famosa por su multitud de bares y restaurantes, que pueblan los bajos de una plaza ya hermosa de por sí, homogénea por sus edificios históricos de estilo flamenco. Ni que decir tiene que esta plaza es muy frecuentada por los universitarios de la ciudad y un lugar ideal para disfrutar de una terraza en la época veraniega.

Lovaina tiene un pequeño "beginhjof", traducido al español como "beguinaje", al sur del centro de la ciudad. Un beguinaje es una especie de monasterio al estilo de Flandes; allí en lugar de tener un gran edificio completo  (monasterio) las monjas se hicieron construir viviendas separadas estructuradas en torno a un patio central, normalmente con césped, a veces un pequeño estanque, canales etc. de tal modo que constituían pequeños conjuntos cerrados dentro de las ciudades... una especie de pueblecito dentro del casco antiguo de la ciudad.
Existen beguinajes en Flandes y en los Países Bajos. El beguinaje más conocido probablemente sea el de Brujas, aunque el de Lovaina es probablemente de los más destacables del país, recorrido por sus canales y que se puede patear sin apenas turistas. Ambos, junto a otros 11 ubicados en el resto de Flandes, son patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Las viviendas, de los siglos XV al XVIII, hoy se utilizan como alojamiento para universitarios.

Edificios de la plaza Oude, considerada por algunos "la barra de bar más larga del mundo"
Algo más alejado del centro de la ciudad, pero perfectamente accesible a pie, se encuentra el vasto territorio del castillo de Van Arenberg, de estilo gótico-renacentista. Sus más de 100 hectáreas sirven como lugar de esparcimiento, y el inmueble en la actualidad se utiliza como una más de las dependencias de la universidad.


CÓMO LLEGAR


Las pequeñas distancias entre ciudades existentes en Bélgica hacen que Lovaina sea perfectamente visitable sin necesidad de dormir allí. No lo digo porque no tenga oferta de alojamiento, sino por hablar de esa posibilidad, más fácil aquí que en casi cualquier otro país; por haber dormido en casa de un amigo, no puedo hablar ni bien ni mal de ningún alojamiento en la población.

Lovaina se encuentra a apenas 25 kms. de Bruselas, y numerosos trenes la unen con la capital belga. También tiene buena conexión ferroviaria con Malinas, la capital religiosa del país (a otros 25 kms.) y con Amberes, la capital portuaria belga (uno 50 kms.). Un día es suficiente para disfrutarla dignamente.

Para moverse con los trenes belgas, el billete "go pass" puede ser una excelente opción. Es un billete multipersonal que permite coger 10 trenes cualquiera (a excepción de alta velocidad) entre dos ciudades belgas, a precios populares (en 2010 ese billete costó 50€ para menores de 26 años y algo más de 70€ para el resto). Yo lo usé y lo recomiendo: más información aquí.

Castillo de Van Arenberg, que hoy forma parte de la universidad

sábado, 19 de julio de 2014

De Peleș a Bran: los más famosos castillos rumanos

Palacio de Peles, la joya de la realeza rumana
Como ya dije en el artículo anterior dedicado a Brasov, algunos de los castillos más famosos de Rumanía son fácilmente accesibles, incluso en transporte público, desde esta ciudad transilvana. Si tuviéramos que citar los "castillos" más populares del país, junto al incomensurable castillo de Hunyad, en Hunedoara, al suroeste de Rumanía y ya más alejado de Brasov, el trío de ases lo completarían el "castillo" de Peleș (luego explicaré las comillas) y el castillo de Bran, situado el primero a unos 45 kms. de Brasov, y el segundo a unos 30.

EL FALSO CASTILLO DE DRÁCULA: BRAN


No gano nada engañándoos así que lo dejaré claro desde el principio. Bran no es el castillo de Drácula. Ni entendiendo como Drácula al personaje de ficción que ha protagonizado tantos libros y películas, ni si nos referimos al personaje historico, Vlad Tepes, un príncipe valaco que se ha convertido en leyenda por extender el uso del empalamiento, como herramienta de tortura y muerte, de sus enemigos turcos o incluso de sus propios vasallos.

El castillo de Bran, en esta vista, con un cierto aire siniestro en un día de lluvia :)
Adam Stoker, creador de Drácula, nunca estuvo en Rumanía, y su libro ubicó el castillo de Drácula en otro lugar transilvano, el puerto de Tihuta, ubicado al norte de la región, es decir, a la otra punta de Transilvania.
Y Vlad Tepes fue un príncipe valaco. Nació en Transilvania, concretamente en la ciudad de Sighisoara, pero vivió en Valaquia la mayor parte de su vida, una región ubicada en el sur de la actual Rumanía, (además de pasar su adolescencia cautivo por los otomanos). Su castillo real fue la ciudadela de Poienari; quizá el hecho de que de ese castillo no queden poco más que ruinas ha motivado la labor de marketing para orientar su leyenda a Bran, pero se cree que si Vlad Dracul pisó por Bran, fue de forma testimonial, esto es, cuestión de días.

Dicho esto... ¿qué más da? El castillo de Bran, ubicado en una colina junto a un estrecho paso de un río, en un lugar estratégico cercano a la frontera de los principados de Transilvania y Valaquia, puede resultar tan terrorífico como si fuera de Drácula, más aún si lo pilláis en un día gris de lluvia o incluso nieve como hice yo. Está construido sobre una piedra cuya fusión está tan lograda que no resulta evidente ver la separación entre obra humana y roca natural.


Patio interior del castillo de Bran
La fortaleza actual fue construida por un rey húngaro, en el s. XIV, cuando Transilvania estaba bajo su dominio, con el objetivo de tener a raya al principado de Valaquia.

Una vez dentro, el carácter fiero del castillo da paso a otra cosa... y es que este castillo perteneció a la familia real de los Habsburgo. Estos gobernantes lo reformaron a su estilo, equipando las salas con un mínimo de las comodidades y el lujo que gusta a la realeza, aunque con las dimensiones de una fortaleza medieval. Incautado por el gobierno comunista por la fuerza en 1948, se ha devuelto recientemente a sus legítimos herederos, que aunque lo pusieron a la venta, siguen siendo sus propietarios.
El patio interior del castillo, donde el entramado de madera de parte de las paredes convive con los pináculos cónicos y los muros de piedra gris, tampoco es tan fiero como cabría pensar, y resulta agradable por su forma irregular y por la decoración que tiene, al estar presidido por un pozo y (al menos cuando fui en verano de 2001) numerosas flores en época estival.


Algunos rincones del interior del castillo de Bran, como estas escaleras, sí pueden recordarnos las leyendas que giran en torno a él


CÓMO LLEGAR A BRAN


Para llegar a Bran hay que coger alguno de los numerosos buses que recorren ese valle. Basta con coger un bus desde la estación de Brasov 2 (a las afueras de la ciudad, nosotros tuvimos que ir en taxi) que tenga por estación final a Bran o a Moeiciu de Jos (el siguiente pueblo) por un módico precio (no llegaba a 2€). Hay un bus cada hora como mínimo.

Vista de Rasnov, con la iglesia principal de la población en primer término, y con la ciudadela detrás
Es muy recomendable, para completar una buena excursión de un día, parar en la ida o en la vuelta en Rasnov, otro pueblo que pilla de paso, con otro castillo que tiene otros alicientes. Aparte de las letras tipo Hollywood ya presentes en Brasov, estamos ante una ciudadela en una colina mucho más alta que la del castillo de Bran, reconstruida en parte eso sí, pero con unas vistas inconmensurables. Frente al a veces masificado Bran, en Rasnov se puede disfrutar de la ciudadela y de la naturaleza rumana casi en soledad. Para llegar al castillo hay que subir por un pequeño bosque que puebla la colina de la ciudadela, y se necesitan 20-30 minutos desde la parada de bus más cercana. En 2 horas se puede visitar el pueblo.


PALACIO DE PELES: EL LUJO DE LA EFÍMERA FAMILIA REAL RUMANA


El nacimiento de Rumanía como tal se considera que llegó en 1866, cuando se fusionaron en un solo país los antiguos reinos de Moldavia (noreste de la actual Rumanía) y Valaquia (sur, incluyendo la capital Bucarest), en un momento en el que la moda no era la unificación de territorios, sino la separación...

Otro de los edificios del complejo de Peles
La familia real de la época, con un pasado germánico, vio en el encantador pueblo de Sinaia, cerca del puerto que une Brasov con Bucarest y Ploiesti, un buen lugar para erigir un inmenso y moderno palacio real.

Una primera fase de las obras de este palacio neorrenacentista (que algunos llaman incorrectamente castillo, pero que no tiene atributos de fortaleza defensiva) tuvieron lugar de 1873 a 1883, cuando se inauguró, aunque Peles no se completó hasta 1914. El resultado es un pedacito de Alemania en plena Rumanía. La decoración con entramado de madera puede recordar al centro de numerosas poblaciones alemanas, y los lujosos materiales de su interior así como el entorno plenamente montañoso, puede recordar a algunos de los castillos famosos de Baviera. Algunos ven en él el encanto de una lujosa villa alpina. Unos pequeños jardines decoran su exterior más cercano, aunque el área está protagonizada por el bosque autóctono de los Cárpatos. Otros pequeños palacios complementan el área del palacio real, todos ellos protagonizados por la arquitectura de entramado de madera que no es en absoluto típica de Rumanía... lo cual aumenta aún más la sensación de que Sinaia es un pedacito germánico en el país de los Cárpatos.

Comedor en el lujoso palacio de Peles
Visitar por dentro Peles es entrar a uno de los últimos palacios reales construidos en Europa. El lujo abruma, y la modernidad se hace notar en un palacio que desde su nacimiento contó con "adelantos tecnológicos" tales como ascensor, electricidad o sistema central de calefacción (hablamos de 1883). La visita guiada, aunque algo cara (unos 12€) merece la pena ya que es un palacio en el que el interior es tan interesante como el exterior.

Sin salir del recinto, se puede visitar por dentro el palacio de Pelisor, el segundo edificio más grande del complejo (al menos a ojo), que es una versión algo más austera y pequeña de Peles, y que fue utilizado como vivienda del heredero al trono. Las entradas, algo más baratas, nos muestran a este "hermano pequeño" de Peles que nosotros visitamos casi en soledad.

Probablemente con el impulso que dio la llegada de la familia real, Sinaia se transformó siendo ahora una población próspera, incluso pija, en el conjunto de Rumanía. Cuenta con un casino, varios hoteles lujosos (alguno presume de tener aguas termales), aparte de un vistoso ayuntamiento. Las posibilidades del turismo de la nieve que ofrece en invierno (con un teleférico en el mismo pueblo para acceder a las pistas) son tan interesantes como las pistas senderistas practicables que la nieve deja en verano, cuando el calor es asfixiante en Bucarest.

Iglesia nueva del monasterio de Sinaia
A esto hay que unir el turismo cultural que da no solamente Peles, ya que mucho antes de la construcción de ese edificio, el monasterio de Sinaia, que da nombre a la población, colocó este pueblo en el mapa monumental rumano. Fundado en 1695, debe su nombre al monte bíblico de Sinaí (Egipto), es de estilo bizantino y el rito que sigue es el cristiano ortodoxo, como la mayor parte de la población rumana. Cuenta con una vieja iglesia, que data del origen del monasterio, y una mayor y más moderna, posterior. Hasta mediados del s.XIX, Sinaia era este monasterio y unas pocas viviendas a su alrededor.


CÓMO LLEGAR A SINAIA


Sinaia cuenta con un fácil acceso tanto por carretera como por tren. En ambos casos, está en la ruta que une Brasov, al norte, con Ploiesti y Bucarest, al sur.

Nosotros llegamos en tren, una opción fantástica ya que al menos cuando fuimos (semana santa de 2014) todos los trenes entre Brasov y Bucarest paraban allí. Esto significa que cada hora y media, como mínimo, tenemos un tren en cada sentido. Llegar a Bucarest desde Sinaia nos llevará poco más de hora y media, y a Brasov una hora más o menos.


Patio interior del palacio de Peles
Si se quiere visitar el complejo de Peles, el monasterio y en su conjunto el pueblo, Sinaia puede ser visitado como parada entre Bucarest y Brasov, y así lo hicimos nosotros. La estación de trenes proporciona, por una módica suma, la posibilidad de guardar nuestro equipaje.
Para explorar las posibilidades senderistas o de esquí de Sinaia se necesitará seguramente pernoctar. Las posibilidades son numerosas pero no las conocemos.

El viaje en tren es muy interesante, y a mediados de abril todavía había en 2014 bastante nieve en las montañas. Así que ponerse en el lado de la ventanilla, especialmente en la mitad del viaje más cercana a Brasov, es más que recomendable para tener unas bonitas vistas de este rincón de los Cárpatos.