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miércoles, 28 de enero de 2015

AYAZ QALA: arenas rojas, yurtas y fortalezas de barro en el desierto de Uzbekistán

Campamento de yurtas de Ayaz Qala, con la fortaleza que le da nombre al fondo

Como alto en el camino entre tanta madraza y mezquita de color turquesa, bien puede valer esta escapada de una noche, que se puede hacer fácilmente desde la ciudad de Jiva (o Khiva), eso sí, con la ayuda de un guía. Comparado con el precio de visitar las ciudades, la experiencia de la yurta será más cara, pero merece la pena, y resultará más económica cuantos más seáis los que compartáis coche.


HACER EL KAZAJO (O EL KIRGUIKO) SIN PAGAR MÁS VISADOS, EN UZBEKISTÁN



Eso es dormir en una yurta. Como ya expliqué en otra entrada introductoria sobre Uzbekistán, el territorio en el que hoy está Uzbekistán es uno de los lugares de Asia Central donde la gente menos se ha dedicado al nomadismo; a eso se debe que sea más rico en arquitectura monumental que cualquiera de sus vecinos. Aunque naturalmente, cuando tienes 450.000 km2 de superficie, casi tanto como la España peninsular, no hay un patrón uniforme de comportamiento. También ha habido nómadas en Uzbekistán.

En las tierras que hoy ocupa Uzbekistán las principales poblaciones se colocaron cercanas a los ríos (Syr Darya y Amu Darya), y eso ayudó a que sus pobladores se volvieran sedentarios. Cosa que ocurrió en una media muy inferior en sus vecinos, como por ejemplo Kirguistán y Kazajistán, que seguían practicando masivamente el nomadismo cuando llegó el imperio ruso primero y los bolcheviques después.

Esqueleto de una yurta
Sin embargo, aprovechando el tirón turístico que puede tener el pasar una "noche nómada" evitando el engorro de tener que cruzar fronteras para ello, existen campamentos de yurtas en Uzbekistán, y son una buena opción para pasar una noche bajo las estrellas del desierto y conocer lo que es una yurta, aparte de acercarse a una de las características más singulares de la población de Asia Central, su carácter nómada.


¿QUÉ ES UNA YURTA?



Una yurta es la casa de la población nómada de Asia Central, siendo probablemente Mongolia su primera patria. Tiene un esqueleto hecho en madera, sobre el que se pone una cubierta gruesa que permite aislar térmicamente el interior, ya que en esa parte del mundo las temperaturas son muy extremas, tanto por calurosas en verano y de día como por frías en invierno. Por fuera son austeras pero por dentro se suelen decorar con telas de vivos colores, y su capacidad está pensada para una familia, pudiendo dormir en ella sin apreturas unas 6-8 personas.

Los turistas suelen dormir en ellas, al menos en la medida de lo posible, sin compartirlas con desconocidos. En nuestro campamento, cuando fuimos nosotros, había unas 10-12 yurtas montadas, y los turistas ocupábamos solamente 4. 

Interior de nuestra yurta comedor
Viendo cómo son me pregunto cómo los nómadas podían transportarlas... porque no tienen pinta de pesar poco precisamente.


¿DÓNDE DORMIR EN UNA YURTA?



Existen varios campamentos de yurtas en Uzbekistán, y el elegirlo dependerá de qué queramos hacer durante el tiempo que pasemos en ellos y de cuál nos interese más a nivel logístico para llegar. Los dos más populares son el de Ayaz Qala, que es en el que dormimos nosotros, que está junto a la fortaleza homónima, unos 60 kms. al norte de Urgench (100 desde Jiva), y el del lago Aydarkul, un pantano ubicado unos 160 kms. al norte de Samarcanda, cerca de la frontera con Kazajistán. En el primero, existe la posibilidad de ver el reducido lago Ayaz, y las diferentes fortalezas de barro de la zona. El segundo es una buena opción para pegarse un chapuzón en este país doblemente cerrado al mar.


¿CÓMO LLEGAR?



No hay transporte público para llegar al campamento de yurtas de Ayaz Qala, y la única opción posible es yendo en viaje organizado, sea en coche o en bus. Nosotros contratamos los servicios de un guía, que habla un español más que correcto, además de ruso e inglés como idiomas extranjeros. Disfrutamos mucho de su compañía y ayuda y os lo recomendamos, se llama Izzat Jumaniyazov y contacté con él con el mail khorezm@gmail.com.

Ayaz Qala, vista desde su lado sur
El viaje es algo más largo de lo que podría parecer por los baches de la carretera. Creo recordar que nosotros tardamos algo más de 2 horas en llegar desde Jiva (100 kms.). Con Izzat se puede contratar la visita a 3 fortalezas de barro de los alrededores (una visible desde las yurtas, el resto a varias decenas de kilómetros), la visita a 8 fortalezas o incluso el ir hasta Nukus (famoso por su museo de arte moderno) o Moynaq, para apreciar la huella del desastre ecológico del mar de Aral. Para esto último sería necesario pasar una noche más, sea en Moynaq, con escasas opciones de alojamiento, o en Nukus.

Nosotros solo cogimos el pack de las 3 fortalezas, ya que aunque yo tenía curiosidad por ver los barcos oxidados varados en el desierto que antes era un mar que daba de comer a los pueblos costeros, Moynaq está muy lejos y no nos motivaba lo suficiente hacer 400 kms. para ver un lugar pasto de la desolación, la contaminación o la emigración.

Lagartija típica de esa zona
El pack que se coja en el campamento de yurtas directamente, o a través de Izzat o algún otro guía, incluirá a buen seguro el desayuno y, si se desea, la cena de la noche anterior o la comida del día siguiente. Nuestro precio fue de 35$ por persona y noche incluyendo desayuno y cena. El desplazamiento va aparte, y en nuestro caso fue de 60$. Izzat se quedó allí a dormir.


¿QUÉ HACER? AYAZ QALA Y SU EXTRAÑÍSIMO LAGO



Desde el campamento de yurtas se ve la Ayaz Qala, situada a poco más de 1 kilómetro, que es un buen lugar para ver el atardecer. Este conjunto de fortalezas de los siglos III al VIII se sitúa en unas pequeñas colinas con espléndidas vistas en lo que es el principio del desierto de Kyzyl Kum; no muy lejos queda "Boston", el último pueblo, que nada tiene que ver con su homónimo estadounidense. Las construcciones, hechas de barro, mucho me temo que seguirán sufriendo el desgaste producido por las pisadas de los turistas, por lo que se pide caminar con cuidado. Sorprende ver que hace más de 1.500 años ya alguien poblaba estas áridas e inhóspitas tierras, en lo que parece que era una especie de territorio feudal.

Fantasmagórica planta convertida en escultura de sal. Lago de Ayaz Qala. El líquido junto a ella se supone que es agua
También visible y accesible a pie desde el campamento de yurtas (aunque en dirección opuesta) podemos disfrutar del extraño lago "Ayaz", o "Ayaz Qala". Y digo extraño porque tanto el viaje hasta él como el lago en sí fueron quizá lo más raro que vimos en Uzbekistán, teniendo en cuenta que cada día vimos cosas que nos parecieron muy extrañas. Para empezar, el lago parece cerca del campamento, y tiene una pista claramente definida que llega hasta él, pero no está tan cerca como parece, tardamos media hora solo en ir; yo me acordé de los míticos espejismos que se dice que se sufren en el desierto cuando fuimos hasta él. Además, la caminata la hicimos sin agua, ni sombrero, ni protección solar; eran las 9 de la mañana cuando comenzamos y la temperatura era agradable, pero enseguida nos dimos cuenta del error. El sol pica aun estando en septiembre y siendo esa hora, y el clima más seco que he sufrido nunca me hizo echar de menos algo de agua, que engullí al llegar a la yurta. Por último, decir que la caminata no la haces solo, no... ese desierto está lleno de vida, con lagartijas y moscas mostrando su presencia, las primeras corriendo según sienten que caminas junto a ellas, y las segundas molestando constantemente.

Otro detalle del color del agua de este lago
Cuando llegas al lago piensas: ¿qué es esto? Yo me sentí en el último rincón de la tierra. Aquello es una pequeña franja de agua de un color muy oscuro en la parte más profunda que tiende al color rojizo y luego marrón conforme la profundidad es menor. El agua debe tener un alto contenido en sal, y de hecho las orillas están llenas de sal, y me asusté al caminar por ellas y hundir los tobillos con mi peso. Para colmo, las plantas más cercanas al lago se han convertido en petrificadas estatuas de sal, configurando un lugar que es de lo más bizarro que he visto en toda mi vida. Al ver el lago entendimos que Izzat nos dijera antes que no era apropiado para el baño; da la sensación de que aquello es algún tipo extraño de ácido más que de agua, aunque el perro del campamento de yurtas, que nos siguió, se bañó con la naturalidad de aquél que lo hace todos los días.


OTRAS FORTALEZAS



El paquete que contratamos con Izzat incluía la visita a otras dos fortalezas, ya alejadas del campamento de yurtas. La primera fue la "Toprak Qala", la de mayor tamaño de todas y quizá la más impresionante. Las ruinas de este enorme palacio de barro de 350 x 500 metros, que según Izzat tienen más de 2000 años de antigüedad, empiezan inexorablemente a erosionarse, pero siguen siendo imponentes. Hay que pisar con cuidado para evitar incrementar ese deterioro. Izzat nos explicó a qué se cree que se dedicaban las estancias del palacio, debido a lo que nos ha llegado hasta nuestros días. Por ser más popular coincidimos en ella con dos autobuses de turistas y hay que pagar una pequeña suma por aparcar junto a ella, siendo la única fortaleza de las tres que no vimos en la más absoluta soledad.

La inmensa e impresionante ruina de Toprak Qala
A poca distancia de la Toprak Qala se llega a la Kyzyl Qala, una fortaleza más moderna, en cierto modo mejor conservada, pero por su edad de menor valor artístico e histórico. Datada en los siglos XIII y XIV, la "fortaleza roja", que es lo que literalmente, es otra muralla desdentada de barro a la que se puede entrar en total soledad (y abandono).


LA UNESCO Y UN POSIBLE FUTURO RECONOCIMIENTO



La Ayaz Qala y la Toprak Qala son las primeras fortalezas del listado existente en el desierto uzbeko que aspiran a ser patrimonio de la humanidad por la UNESCO, ya inscritas como candidatas. Sinceramente ese reconocimiento es de las pocas opciones que quedan para que estas fortalezas no desaparezcan víctimas del abandono y de la erosión natural o provocada por los todavía pocos visitantes que reciben. Espero que no caigan en el olvido.

Kyzyl Qala, con sus muros ruinosos de una decena de metros

sábado, 29 de noviembre de 2014

La mayor concentración monumental de Asia Central: JIVA (II). Un paseo por el centro


El Kalta Minar junto a la madraza reconvertida en hotel. En primer término, un plano de la Jiva amurallada
Si en el post anterior me conformé con dar una introducción a la ciudad (Khiva en inglés) y hablar sobre las murallas y algún edificio interesante extramuros, esta vez hablaré del corazón de la misma, que ocupa muy pocos metros cuadrados pero es densísimo, con unos 50 edificios declarados monumentos y más de 250 casas antiguas, datando de los siglos XVIII, XIX y principio del XX. Como ya dije en el post anterior, el conjunto amurallado, Itchan Kala, es patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y combina la paz del centro peatonal de una ciudad española con todo el encanto de oriente.

Empezamos y entramos por la puerta oeste, en la que se vende la entrada que nos dará acceso a la mayoría de edificios históricos, aunque como ya expliqué, para 3 se requiere un suplemento: son el arca (el palacio real de los janes/kanes de Jiva), la subida al minarete "Islam Hoja" y el mausoleo Pakhlavan Makhmud.


EL VISTOSO KALTA MINAR


Una vez salimos de la puerta oeste nos encontramos con el primer reclamo, símbolo de la ciudad y probablemente del país si no existiera el Registán de Samarcanda: el Kalta Minar (literalmente "bajo minarete" en el idioma local). Este "rechoncho" minarete tampoco es tan bajito: 29 metros de alto y un diámetro de 14 metros en su base, que se va estrechando a medida que gana altura; todo ello decorado por los vistosos azulejos de la zona: azul, azul turquesa, naranja, marrón... salta a la vista que está inconcluso, y de hecho fue concebido con el objetivo de que fuera uno de los más altos del mundo, en torno a los 80 metros, pero su alto coste (pagado con unos impuestos que no hacían felices a los contribuyentes) provocó que no se pudiera finalizar.

Vista de Jiva, ciudad de ladrillo, adobe y azulejos, desde el minarete Islam Khodja. A la vista el Kalta Minar, el mausoleo Pahlavon-Maxmud y la mezquita de los viernes
Como ocurre con otros minaretes uzbekos, no forma parte de una mezquita sino que se encuentra ligeramente separado de la madraza hoy convertida en el hotel Orient Star. El uso hotelero del edificio hace que sea de las pocas escuelas coránicas que no puede ser visitada por dentro, aunque el viajero tampoco lo lamentará ya que hay varias madrazas similares.


EL "ARCA", LA RESIDENCIA OFICIAL DE LOS DIRIGENTES DE JIVA


Nada más dejar el Kalta Minar a nuestra espalda, en la primera calle que sale a nuestra izquierda, giramos a ese lado rodeando las murallas del "arca" Kunya (Kunya Ark), que es el nombre que en este país parece que se le da a los "palacios reales", a la vivienda oficial del Jan (o Khan en inglés). Fortificado dentro de la fortaleza, parece que se mandó construir a finales del s. XVII, aunque lo que veremos data mayormente de los siglos XIX y XX. Como otros palacios reales orientales, éste también está estructurado en torno a una serie de patios, con no demasiadas estancias cerradas, a pesar de que el clima de Khiva es duro (con un verano excesivamente caluroso y un invierno muy frío). Aparte de la puerta de entrada, con dos torrecitas decoradas con azulejos verdes en su parte superior, lo más destacable del conjunto es un vistoso patio con azulejería azul y un bonito artesonado, y la posibilidad de subir a la parte alta, con una especie de torre vigía a una altura ligeramente superior a la del resto de la muralla. Recomiendo encarecidamente entrar a este edificio (se paga suplemento pero la entrada vale dos días) por la tarde, cuando se vaya a acercar el atardecer, ya que por la orientación del sol disfrutaremos del mejor atardecer que pueda ofrecer esta ciudad. Sobra decir que las vistas sobre el Kalta Minar, a poca distancia, son difíciles de describir con palabras.

Vista del Kalta Minar y de la puerta de entrada al arca Kunya, la residencia oficial de los gobernadores de Jiva hasta la llegada de los bolcheviques
Salimos del arca, y volvemos a la calle principal (Polyon Kori), junto al Kalta Minar, y prácticamente cada manzana la veremos ocupada por un edificio histórico, todos datando de los siglos XIX y XX. A mano derecha nos encontraremos la madraza Matniyaz Divanbegi, bien iluminada durante la noche. En una gran plaza a mano izquierda veremos la madraza Mohammed Rakhim Khan, que hoy alberga un museo, algo que le ocurre también a la Kazi Kalyan.


LA MEZQUITA DE LOS VIERNES Y SU AGOBIANTE MINARETE


Dejamos atrás unos lavabos gratuitos (un detallazo para los turistas) para encontrarnos con otro de los edificios más destacados: la mezquita Juma y su minarete anexo. Esta "mezquita de los viernes" (denominación muy común en otras ciudades uzbekas y en otros países musulmanes) es la más destacada de la ciudad, y tiene como protagonistas a las 118 columnas de madera que sostienen el peso de la estructura. Es de finales del s. XVIII, y tiene un patio en el interior (lo cual la distingue de otras mezquitas llenas de columnas como la de Córdoba o las que hay en Marruecos). Se puede subir al minarete anexo; eso sí, que se abstengan los claustrofóbicos. Yo, que no lo soy, me sentí un tanto agobiado en este minarete. Para empezar, has de agacharte para entrar (un arco a la entrada obliga, si no recuerdo mal, a agacharse hasta a los más bajitos), luego subir escalones es una odisea... ya que estos son muy altos y de escasa superficie para el pie, por lo que yo, que gasto un 46, tenía que ponerlos de lado. Por el camino puedes encontrarte (nosotros lo hicimos) con gente que parece que ha encontrado ahí un nidito de amor, sin darse cuenta de que estorban. Y cuando por fin vuelves a ver la luz (apenas la hay subiendo los escalones, ya que no hay luz artificial y las ventanas son mínimas) te das cuenta de que lo alto del minarete te exige sentarte o agacharte para disfrutar de las vistas y que apenas entran 5 personas cómodamente de pie en él (y casi siempre hay más). Eso sí, las vistas son sublimes, muy recomendables, y subir es gratis (el otro minarete más célebre de la ciudad, con acceso a lo alto, es de pago).

Interior de la mezquita de los viernes, protagonizada por las columnas con la forma tradicional típica allí
Bajamos con cuidado del agobiante minarete y volvemos a la calle principal y seguimos alejándonos del Kalta Minar. La calle se estrecha y llegamos a una gran plaza con dos madrazas de ladrillo que se miran enfrentadas; ésta es una imagen clásica de Uzbekistán, dos edificios de parecidas dimensiones y un mismo estilo compartiendo plaza, mirándose desafiantes uno al otro, mostrando al mundo esa obsesión de la cultura persa por la simetría. Podemos salir por la puerta este, tener una pequeña vista de las murallas (aunque un tanto afeada por los cables y los coches), pero rápidamente volvemos a entrar, para en la primera calle que veamos girar a la derecha (en la plaza de las madrazas que cité antes). Así llegaremos al palacio Tash Hauli, el edificio civil más importante de la ciudad junto al arca. Este palacio no nos da las vistas de los techos del arca, pero a cambio tiene los patios más vistosos de Jiva, llenos de los azulejos azules característicos del interior de algunos edificios de la ciudad. Como en las mezquitas de otras ciudades uzbekas, allí encontraremos unos artesonados de madera pintada que, en cierta medida, pueden recordarnos a España.

Detalle de los azulejos y el artesonado del palacio Tash Kauli

OTRO MINARETE NO APTO PARA CLAUSTROFÓBICOS Y EL FABULOSO MAUSOLEO PAHLAVON-MAXMUD


Salimos del palacio Tash Hauli para volver a la calle principal y abandonarla en la calle "IslomKhuja", que nos llevará directos al minarete de idéntico nombre (o parecido: "Islom Khudja"). Este minarete, el más vistoso de Jiva con permiso del Kalta, es una esbelta construcción de 45 metros de alto que, como otros minaretes de la zona, tiene una mayor superficie en la base que en la parte más alta, aunque justo arriba se ensanche ligeramente en lo que parece una suerte de corona.

Vista desde el minarete de la mezquita de los viernes del mausoleo Pahlavon-Maxmud y del minarete Islam Khodja, entre otros edificios de ladrillo o adobe
La construcción, de principios del s.XX, es de ladrillo pero tiene azulejos con motivos geométricos de colores azul, verde y blanco, y está anexo al edificio del mismo nombre que hoy alberga un museo de arte (uno de los pocos mínimamente interesantes de la ciudad, pero de eso hablaré luego). Ambas cosas pueden ser visitadas por dentro, pero teniendo en cuenta que lo dicho para el anterior minarete aplica a éste también, y que la subida requiere un suplemento (era 1€ aproximadamente cuando estuvimos nosotros). Las vistas son igualmente espectaculares, aunque pueden resultarle al visitante similares a las del otro minarete, por lo que en caso de prescindir de uno, recomendamos prescindir de éste por no ser gratis y por ser más bonito que el otro (aplicando el dicho de "sube a una montaña fea para tener una vista de las montañas bonitas", y no al revés).

Cercano al minarete de Islam Khoja (la transcripción del nombre al alfabeto latino, como veis, es diversa) se encuentra el último edificio histórico de la ciudad que no es un museo y que merece la visita por sí mismo, aunque también en este caso se requiera un suplemento (2€ si no recuerdo mal). Se trata del edificio de cúpula verdosa que es el mausoleo de Pahlavon-Maxmud, que si es vistoso por fuera, es más impresionante por dentro. Los azulejos de color turquesa del exterior dan paso a un interior totalmente recubierto por ese mismo material, donde además se respira un ambiente que impone respeto. No sé si será así siempre, pero en el momento en el que lo visitamos, un hombre, sentado en el suelo, recibía y realizaba ofrendas; los visitantes, en mayor número fieles que turistas, rezaban y ofrecían comida algunos, y la recibían otros. Deduzco que se trataba de la aplicación práctica de uno de los mandatos del Islam, que exige que parte de las ganancias de la gente sean repartidas con los pobres. Más allá de la sala principal, otra pequeña sala guarda la tumba del hombre que da nombre al mausoleo, un destacable poeta, artesano y guerrero de los siglos XIII y XIV.

Detalle de la cúpula del mausoleo Pahlavon-Maxmud
Aparte de esto, hay multitud de edificios históricos esperando ser visitados, y el acceso a todos ellos está incluido con la entrada general. Da igual que apenas haya gente, si está abierto se puede entrar.


MUSEOS


A pesar de las madrazas usadas como lugar de venta de recuerdos, o de aquellas vacías (pero que en algún caso ofrecen subida a la azotea, aunque con cuidado), hay que decir que muchos de los edificios históricos que todavía no he citado son hoy utilizados como museos en Jiva. Y seré sincero.

El afán de la URSS por hacer de Jiva un museo al aire libre hizo que quisieran llenar, como fuera, los edificios de contenido. O eso parece. El caso es que a nivel museístico, como pasa en otros países en vías de desarrollo, Jiva no os va volver locos. Solamente el museo de arte del complejo Islam Khoja, junto al minarete del mismo nombre, me llamó un tanto la atención; aunque debo decir que entré a casi todos, ya que para todos el acceso es gratuito teniendo la entrada combinada de la que hablé en el primer post, y cuando pasas día y medio en la ciudad entrar a todas partes es un lujo que te puedes permitir a nivel de tiempo.

Detalle del museo de arte, el más decente de la ciudad
Salvo ese museo de arte y quizá otro de arte más contemporáneo que vimos después, poco hay que rascar. En general estos museos se caracterizan por su poco interés, la poca calidad con la que muestran los objetos (con muy poca luz por ejemplo) y que a veces están enfocados más a uzbekos que a viajeros. Esto lo digo porque algunos carecen de las debidas indicaciones en inglés o porque muestran cosas de la vida diaria que al viajero poco le van a importar, como un museo de animales en el que no pasamos ni dos minutos.

Madraza con iluminación nocturna bajo la mirada de la luna llena
Pero esto no quita para que Jiva sea una de las ciudades más interesantes de Asia Central. ¡No os la perdáis si vais por allí!


ALOJAMIENTO


Sobre el alojamiento en Jiva o Khiva hablé en la primera parte sobre la ciudad. :) Nosotros dormimos en un lugar bueno, bonito y barato.


RESTAURANTES


Puede que sea debido a que solo tras Tashkent fue nuestra segunda ciudad en el país y no nos había agotado la cocina uzbeka, o a que el surtido de restaurantes del centro era amplio y estaba todo a un paso, o quizá a que no sufrimos hasta irnos la "diarrea del viajero", pero en nuestra opinión Jiva fue la ciudad en la que mejor comimos de Uzbekistán. 

Mesa para comer al estilo uzbeko, con el trasero a la misma altura que los pies, que hay que descalzar.
El hecho de tener unos 5-8 restaurantes en un radio de tres minutos a pie ayuda a elegir, y allí nos hinchamos a plov, el plato nacional (arroz con calabaza, carne, uvas pasas...) o probamos bebidas tan extrañas como zumo de sandía o especialmente el de zanahoria. La carta no está tan limitada como en otros lugares (especialmente Samarcanda con sus pobres restaurantes junto al Registán) y los precios, sin ser chollazos, son bastante aceptables.

Ejemplo de comida en Jiva. Ensaladas de tomate y remolacha, zumo de zanahoria y sandía (también tenían de melón) y pan

viernes, 24 de octubre de 2014

La mayor concentración monumental de Asia Central: JIVA (I). Muralla y visitas extramuros

Hoy os traigo el primer lugar de toda Asia Central que fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, allá por 1990. Como carta de presentación no es mal dato, aunque detrás de los datos están los lugares, y la verdad es que Jiva (Khiva en inglés) es de los que dejan huella en el grupo de escogidos que la visitamos. Y no es para menos.

Lado oeste de las imponentes murallas de Jiva
Jiva es la ciudad turística uzbeka más aislada del resto, ubicada al suroeste de Uzbekistán, muy cercana a la frontera con Turkmenistán (apenas 15 kms.); lo demás pilla lejos, a unos 500 kms. de Bujará, la ciudad turística uzbeka que le pilla más cerca, y a más de 1000 de Tashkent, la capital del país. A pesar de su aislamiento, sin embargo, casi ningún visitante de Uzbekistán se la pierde... ¿por qué será? Lo diré rápido: porque es a buen seguro la mayor concentración de edificios históricos de Uzbekistán y de toda Asia Central por metro cuadrado; porque la peatonalización de parte de la zona amurallada permite visitar Jiva con la paz de una ciudad europea, pero con todo el encanto de Oriente; porque es distinta a Bujará y Samarcanda, al ser sus edificios de épocas y estilos distintos. Porque es la ciudad uzbeka que mejor ha explotado su encanto, permitiendo fácilmente subir a sus murallas o minaretes, aparte de entrar con un solo ticket a la inmensa mayoría de sus lugares de interés. ¿Sigo? Primero hablaré un mínimo de sus avatares históricos, que nos servirán para entender un poco mejor la Jiva de hoy.

HISTORIA


Asia Central, una región del mundo conocida por sus estepas interminables y por su vida nómada, no es nómada por completo. Las aguas de los ríos Syr Darya al norte y Amu Darya y sus afluentes, con sus aportes de agua traídos de las "estribaciones" del Himalaya, permitieron desde muy antiguo el asentamiento de población sedentaria en ciudades milenarias, como Samarcanda o Konya Urgench, por citar solo dos ejemplos.

Muchas de estas ciudades hoy se sitúan en el moderno Uzbekistán, aunque que compartan país no significa que sean muchas veces similares culturalmente. El caso es que esas poblaciones, tradicionalmente sedentarias, han ayudado a conferir una personalidad diferenciada a Uzbekistán de la que no pueden presumir tanto algunos de sus países vecinos; la colectivización de la tierra provocó un sedentarismo "forzoso" a kazajos y kirguikos que sus vecinos uzbekos llevaron mejor, por ser sedentarios antes de que llegaran los bolcheviques.

Antes de la llegada de los rusos, durante siglos Uzbekistán fue administrado por pequeños reinos llamados "kanatos" o "janatos", ya que estaban administrados por un "kan" o "jan". Jiva caía en el de Jorezm, cuya capital fue la ciudad actual de Konya Urgench (literalmente "vieja Urgench", hoy ubicada en Turkmenistán), condición que mantuvo hasta que el caprichoso cauce del río cambió su rumbo hacia el norte. Jiva pasaría a ser la capital tras esto, gobernada por unos reyes que actuaban hasta finales del s. XIX como una especie de señores feudales, con todos los derechos y poderes, siendo especialmente sanguinarios.
Uno de los episodios que mejor refleja su sed de sangre fue cuando pidieron ayuda al imperio ruso para contener a un janato rival, en el siglo XVIII, a cambio de pasar a ser un protectorado de ese país; los rusos, por la lentitud de las comunicaciones y el transporte, llegaron varios meses después, cuando el kan ya no necesitaba su ayuda. Tras alojar a los varios miles de soldados llegados en auxilio de Jiva con todas las comodidades, el jan ordenó matar a todos, a excepción de dos, cuyo cometido fue contar al zar ruso lo que había pasado, para hacerles saber cómo las gastaba el señor kan de Jiva. Se dice que la cabeza del jefe militar de aquel batallón fue enviada al jan de Bujará, como "regalito"...

Puerta oeste de la muralla de Jiva, junto al minarete más famoso de la ciudad, el "Kalta Minar" (pequeño minarete), inconcluso pero espectacular
Los rusos, que tenían muchos frentes abiertos, tardarían mucho en vengarse, pero en 1873, en una época de expansionismo colonial (no solo de Rusia, sino de media Europa), conquistaron el janato de Jiva, así como otros janatos cercanos: Bujara, Tashkent o Kokand, todos en el moderno Uzbekistán.

Con cortos lapsos de tiempo de independencia de los rusos, Jiva acabó perteneciendo a la Unión Soviética en 1924. El mapa de las repúblicas soviéticas fue cambiando con el tiempo (debido en ocasiones a los caprichos de Stalin), pero por lo general Jiva perteneció a la república de Uzbekistán, con lo que en 1991, cuando la URSS cayó, Jiva pasó de ser soviética a ser uzbeka.

JIVA HOY


En una zona poco poblada, gobernada por el desierto, el río Amu Darya proporcionó el agua suficiente para que se asentara vida sedentaria en esta especie de oasis. Hoy todavía el agua del río sigue siendo un soporte imprescindible para la principal industria del país y del Jorezm, la región en la que se asienta Jiva: el algodón. Es de tal importancia que Uzbekistán y Tayikistán mantienen unas relaciones muy tensas, hoy en día, por las obras que este último está haciendo en el curso del Amu Darya para construir una presa que les proporcione energía hidroeléctrica. Para los profanos, deciros que el algodón consume mucha agua... tanta que el mar de Aral se ha secado por el masivo cultivo de algodón. Aunque no toda la culpa es del algodón... las precarias técnicas de los soviéticos han provocado que se pierda mucha agua por el camino, debido a faraónicas canalizaciones no siempre bien impermeabilizadas.

El turismo es una industria en auge, pero todavía poco desarrollada. El país no se ha hecho el hueco en la industria turística que su arquitectura se merece, aunque las previsiones son buenas. Como un agradable círculo vicioso, la llegada de turistas provoca que se abran nuevos negocios privados para ellos, como Bed and Breakfasts del gusto europeo o restaurantes; esto provoca que los turistas que visitan el país queden satisfechos, y el "boca-oreja" llevará a más viajeros a este singular país en el futuro. Las autoridades también han ayudado al flexibilizar las concesiones de visados, mucho más fáciles de conseguir que en los primeros años post-soviéticos.

Al-Khorezm, padre del álgebra, representado en una escultura junto a la puerta oeste y a la "madraza-hotel"
Al viajero que llegue a Jiva, lo primero que le llamará la atención es, posiblemente, la falta de gente por las calles. Esta carencia se debe, principalmente, a que los soviéticos declararon Jiva como "museo al aire libre", y debido a esto la parte más monumental de la zona amurallada fue vaciada de habitantes, que fueron recolocados en otras zonas. El Uzbekistán independiente no ha alterado esta situación. No obstante, tanto al norte como al sur de esa parte monumental y sin salir de las murallas, apenas a unas decenas de metros, se conservan viviendas de adobe y madera en las que hoy viven los habitantes de Jiva; pero naturalmente, el grueso de la población vive extramuros.  Este hecho provoca sentimientos contradictorios: por un lado, se agradece la tranquilidad absoluta para pasear por Jiva, alterada solamente por unos vendedores de recuerdos/artesanía que no resultan en absoluto molestos (ojalá aprendieran en otros lugares, como Marruecos), pero por otro sí se echa de menos ver a más nativos, comer en restaurantes en los que coman ellos, o ver el día a día de una ciudad uzbeka más en su esencia... Samarcanda y Bujará nos darán una visión opuesta a la paz y aislamiento de Jiva, más agradable para algunos, menos para otros.

¿QUÉ VISITAR?


Si cogiéramos el mapa de Itchan Qala, la ciudad amurallada de Jiva, habría que seleccionar la estrecha parte central, comprendida entre las puertas oeste y este, y decir: aquí está todo, entra a todo lo que veas si te apetece, que apenas tendrás que salir de ese pequeño rectángulo lleno de edificios históricos. Es un área pequeña, pero muy densa, y que te puede tener entretenido, si quieres entrar a todas partes y no tienes prisa, todo un día entero, o incluso parte de un segundo.

¿Qué tiene ese rectángulo? Un gran muestrario de edificios de estilo persa del siglo XIX principalmente, al ser el de mayor prosperidad de la ciudad. Esto es un rasgo que la distingue de Samarcanda o Bujará; en la primera, buena parte de la arquitectura es de Tamerlán (s. XIV) o sus sucesores más cercanos, como su nieto Ulugh Beg, mientras que en Bujara la arquitectura está a medio camino, es del siglo XVI, aunque tiene edificios de hasta el s.X. Jiva, por tanto, pudo disponer de técnicas más modernas que dan otro aire a la ciudad. 

Vista de Jiva subidos a las murallas de la ciudad. Al fondo se pueden apreciar las murallas del arca (palacio real de los janes), una madraza y el mausoleo de Pakhlavan Makhmud.
Al contrario que Bujara o Samarcanda, aquí no veremos madrasas decoradas casi enteramente de azulejos; el ladrillo "color ladrillo" es predominante, junto al adobe, aunque esa nota de color la ponen los minaretes, que son sin lugar a dudas los más vistosos del país, con alguna pequeña excepción. Pero vayamos por orden.

¿CÓMO VISITAR JIVA?


La visita bien puede empezar en la puerta oeste, reconstruida a principios del siglo XX, que además es el punto en el que se venden las entradas a los edificios históricos de la ciudad. Por un precio de unos 8€, el ticket es válido 2 días, y da derecho a entrar a los principales edificios históricos de la ciudad. Eso sí, para 3 de ellos hay que pagar suplemento; no es casualidad que esos 3 lugares cuenten entre los más interesantes de la ciudad, lo que muestra que la avaricia por sablear al turista de la que Uzbekistán estaba libre va llegando de la Europa que les visita... aunque aún, por suerte, están muy por detrás. Estos 3 edificios son el arca (el palacio real de los janes/kanes de Jiva), la subida al minarete "Islam Hoja" y el mausoleo Pakhlavan Makhmud. De todas formas, ese "rectángulo" donde se ubican la mayoría de lugares de interés de Jiva será abordado en una segunda publicación para no alargar tanto ésta, e indicaré qué merece la pena visitar y qué no.

Aparte de ese rectángulo, recomiendo dar aunque solo sea un pequeño paseo a los barrios al norte y/o al sur de la ciudad amurallada, sin salir de ésta, para ver las modestas casas de arquitectura popular en las que hoy viven los habitantes de Jiva. Hechas fundamentalmente de adobe y madera, están rodeadas de calles de tierra que nos recuerdan, sin salir de la ciudad amurallada, que estamos en un país en vías de desarrollo, con una economía modesta, aunque poblado por gente que se contenta con lo que tiene (sorprendentemente, es un país en el que apenas vimos mendigos).

Volviendo a las murallas, y aunque son pocos los que lo hacen, decir que se puede subir a ellas... es un precario acceso junto a la puerta norte, una especie de mezcla entre rampa y escaleras, que no a todo el mundo le resultará fácil de subir... el paseo que se proporciona una vez arriba, abarca todo el norte de la ciudad, desde el arca, junto a la puerta oeste, hasta una "calva" de la muralla cercana al mercado, un poco antes de la puerta este. No hay medida de seguridad alguna en las murallas, pero hay que tener mala pata para caer de ellas debido a que son muy anchas y la superficie es bastante regular. Pero recomiendo tener cuidado caminando por ellas.

Lado sur de las murallas de Jiva. Se pueden apreciar una especie de tumbas incrustadas en la pared inclinada... no tengo ni idea de si son tumbas ni del motivo por el que están ahí
Fuera del reciento amurallado, recomiendo dar un buen paseo junto a la muralla, porque sus gruesas paredes, "con barriga", son impresionantes. Las partes sur, casi todo el día, y oeste (al atardecer), son las más fotografiadas, y esta última muestra un rincón especialmente romántico, curiosamente donde no hay muralla :) Es junto a la escultura de Al-Khorezmi, padre del álgebra del s.VIII-IX, que posa con unas ropas y una postura muy orientales junto a la puerta oeste, delante de la madraza reconvertida en el hotel Orient Star, y del Kitor Minar, el gordo minarete, símbolo de Jiva.

Aparte de las murallas, extramuros solo conviene alejarse para ver el palacio de Isfandiyar, que nos permite cambiar el chip sin cambiar de ciudad. En una ciudad tan persa como ésta (aunque con un toque diferenciador de Bujara y Samarcanda por la originalidad de los minaretes de Jiva), representa un toque frescura y originalidad este palacio, que se visita en apenas 20 minutos, pero que merece la pena. La entrada está incluida con el ticket que ya habremos comprado bajo la puerta oeste.
Isfandiyar (o Narallabay, que es como aparece escrito en el edificio en sí) es el capricho de uno de los ultimos janes de Jiva, de idéntico nombre, cuando la ciudad se encontraba bajo la órbita rusa; se usó como su palacio de verano. Las vicisitudes históricas lo han dejado sin mobiliario y lo que hay que ver allí se reduce a las paredes decoradas con vistosos colores y a una especie de ¿estufas? empotradas en las paredes, también muy coloridas. El estilo es una mezcla entre el gusto ruso y el uzbeko; solo pudimos visitar un edificio del complejo, porque el resto, que si no me equivoco incluye el harén, estaba en fase de restauración. Si desde el complejo nos dirigimos hacia el sur, podremos encontrar una madraza reconvertida en bar-discoteca, que nos encontramos abierta, vacía y con la música a tope un sábado a las 12 de la mañana. Uzbekistán es un país que sorprende :)

Un servidor junto a una de las "estufas" (o lo que demonios sea) del palacio de Isfandiyar. Por color que no sea.
El "rectángulo de oro" de Jiva queda para una próxima entrada en el blog, que espero escribir muy pronto.

DÓNDE DORMIR


Las opciones son diversas, y será difícil encontrar un solo hotel que no esté bien ubicado, puesto que las distancias son mínimas. Nosotros nos alojamos en el Meros Bed and Breakfast, intramuros y junto al arca y la puerta oeste, y lo recomiendo vivamente. Mi única crítica sería hacia el colchón, duro y que "gruñía" ante el más mínimo movimiento. Aunque, y sin que sirva de disculpa, los colchones no son el fuerte de los hoteles uzbekos en general (de 4 hoteles, solo 1 tuvo un colchón digno a mi juicio). El hotel nos permitió sumergirnos en el encanto de la ciudad, al ser una casa de adobe típica de allí, con una azotea que brinda unas vistas espectaculares de la ciudad, y donde existe la opción de pedir que te traigan la cena (hay que avisar con antelación). El precio es muy ajustado (35$ la habitación doble en 2014), y sus encargados, unos hermanos, fueron el personal de hotel más amable que nos encontramos en Uzbekistán, un país donde la hospitalidad es proverbial. Para más información aquí.

La opción de alojamiento más famosa de la ciudad, no obstante, es el hotel Orient Star, ubicado en la madraza que el Kalta Minor tiene a su lado. No obstante, el precio es parejo a la fama y algunas personas que duermen allí se quejan de las limitaciones que un edificio histórico como ése tiene (habitaciones pequeñas, posiblemente frías o húmedas, etc.). El encanto de dormir en una antigua escuela coránica ha de ser enorme, pero cada uno que elija.

Decoración típicamente uzbeka en uno de los salones del hotel Meros