sábado, 12 de octubre de 2013

Viaje a la India, día 20: Delhi, perdidos entre sijs, edificios musulmanes y un barrio con sabor europeo

El hecho de estar ante nuestro último día completo en la India nos motivó para madrugar más incluso de lo normal (nos levantábamos, de media, tan pronto como para ir a trabajar, en torno a las 8 de la mañana) y aprovechar las horas de sol y ver todo lo que queríamos.

Mezquita de Jama Masjid, que dice ser la más grande de toda la India
Cogimos el siempre atestado metro para ir a la Jama Masjid, una mezquita que es una de las principales atracciones de la ciudad. Callejeamos 20-30 minutos por el enjambre de callejuelas de vieja Delhi, sin éxito... admití el fracaso de mi orientación, y recurrimos a un señor mayor con su bici tuk-tuk para que nos llevara hasta ella. Una vez más un anciano nos dio una demostración de fuerza y conocimiento de la ciudad. Pedaleaba como podía, y cuando había una cuesta arriba no me dejaba ayudarle a empujar la bici. La fuerza y vitalidad de esos cuerpos huesudos indios no dejaba de sorprenderme.

Llegados a la mezquita, ese templo incomensurable nos encantó. Como otras mezquitas que habíamos visto antes en la India, ésta también era "todo exterior", lo cual no dejaba de sorprenderme debido al clima tan duro que tienen allí (sea por calor de hasta 45ºC o por lluvias monzónicas). En absoluto me pareció más grande que la de Fatehpur Sikri, pero no hay libro que no le coloque el apelativo de "mayor mezquita de la India". La ubicación, en un extremo de vieja Delhi, en un pequeño alto, con esas cúpulas bulbosas blancas y la piedra rojiza, todo en su conjunto, hace que sea de los edificios más bonitos de la ciudad. Se puede subir a uno de sus minaretes, desde donde la Lonely Planet dice que "parece abarcarse toda la India"... algo fantasioso ya que la altura no es mucha, y por desgracia la neblilla de la contaminación tampoco permite ver gran cosa. Por supuesto hay que quitarse los zapatos para visitarla, aunque parezca que estamos más en un patio que en una mezquita.

Entrada al Fuerte Rojo, otro legado mogol en la ciudad. Desde ese lugar se proclamó la independencia de la India el 15 de agosto de 1947
Lo que sí abarcaba la vista de la mezquita era el fuerte rojo, ubicado justo enfrente, pero que requiere una caminata a través de un mercadillo sin extranjeros para llegar hasta él. Aunque el fuerte se ve en todo momento mientras caminamos de un sitio al otro, los conductores de tuk-tuk son insistentes y se ofrecen a llevarte a pesar de todo. Les ignoramos, para una vez que tenemos una verdadera acera y un paseo agradable por el que caminar, no voy a coger un tuk-tuk...

El fuerte rojo prometía mucho y fue una gran decepción, la única que nos llevamos en Delhi y de las pocas de las casi 3 semanas de viaje. Es un fuerte mogol, como el de Agra, pero bastante más vacío por dentro. Los ingleses debieron arrasarlo, y de hecho se ven unos pabellones, nada indios, que son testigo de su paso por allí. Entre dependencias en restauración y otras zonas que no eran visitables por dentro la verdad es que hay poco de lo que disfrutar. Y eso que es patrimonio de la humanidad...

Aunque nos resultó decepcionante, el Fuerte Rojo de Delhi tenía rincones llenos de encanto, como éste
Otro bici tuk-tuk (o bike tuk-tuk) de un simpático joven de Calcuta nos llevó de vuelta al metro, para esta vez conocer el barrio de Nueva Delhi, donde fuimos a visitar el "Gurdwara Bangla Sahib", el templo sij, o sikh, de Delhi. El contacto con Nueva Delhi nos hizo ver otra ciudad, la construida por los británicos a principios del s. XX, sin tuk-tuks, ni vendedores por las calles, con anchas avenidas donde el tráfico era fluido y con las calles, en general, bastante más limpias. Aunque más occidentalizado (y quizá por ello con algo menos de encanto) un "VIVAN LOS BRITÁNICOS" se nos pasó por la cabeza a ambos mientras caminábamos por allí.

Antes de hablar del templo sij, creo que debería explicar rápidamente qué es el sijismo. El sijismo es una religión fundada en la India, a principios del siglo XVI, por el gurú Granth Sahib, en un contexto de tensión entre las comunidades musulmana e hindúes de los territorios que hoy son India y Pakistán, como respuesta a estas dos comunidades religiosas. No voy a explicar aquí su doctrina, pero a grandes rasgos son monoteístas, y creen en una mayor tolerancia entre religiones y tuvieron varias ideas revolucionarias, como por ejemplo la total igualdad de derechos para todos los seres humanos en general, y para hombres y mujeres en particular (cosa que todavía hoy muchas religiones no apoyan). El mayor porcentaje de seguidores del sijismo está en la región de Punjab, hoy dividida entre India y Pakistán, aunque después de la partición la mayoría optaran por el primer país, más respetuoso con las minorías religiosas que Pakistán. A pesar de ser una religión minoritaria, solo el 2% de los indios son sijs, la enormidad del país hacen que estemos ante, según las fuentes que lo digan, la quinta o la novena religión con más seguidores del mundo, con unos 25 millones. Tras el cristianismo, el islam, el hinduismo y el budismo, el sijismo podría ser la siguiente. Por ejemplo, a pesar de ser una religión mucho más conocida en occidente, hoy día hay menos judíos que sijs.

Acomodarse y admirar la belleza del templo sij de Delhi no son cosas complicadas una vez llegados a allí
A pesar de algunos momentos tensos y muy trágicos de nacionalismo e intolerancia religiosa, como los producidos en 1984 con el ataque al precioso templo dorado de Amritsar (el "Vaticano" del sijismo) que provocaron el asesinato de la entonces presidenta Indira Gandhi, los sijs viven en paz con el resto de habitantes de la India. De hecho, el actual presidente indio, Manmohan Singh, es sij. Una forma de identificarlos es por su turbante de tela de un solo color y sus barbas, que normalmente dejan crecer libremente.

Pues bien, aunque los templos santos de los sijs están en el estado del Punjab, en Delhi tienen un templo y eso nos pareció motivo suficiente para acercarnos. Como en muchos otros casos, un hombre se acercó para hablarnos, y como nos habíamos acostumbrado a hacer, lo ignoramos. El hombre no se dio por vencido, paró a otros turistas que salían para que nos dijeran que aquel hombre no buscaba nuestro dinero, solo quería explicarnos qué era aquello, cómo funcionaba su religión y cómo había que visitarlo. Cedimos y empezamos a escucharle con un inglés bastante aceptable.

Primero tuvimos que entrar a un lugar donde me pidieron que me descalzara y me colocara un pañuelo en la cabeza, ya que los hombres han de llevarla cubierta. Nos lavamos las manos y los pies y entramos. El hombre nos esperó a la entrada del complejo y nos siguió explicando, muy amablemente, que en su religión no hay sacerdotes, sino gurús, y que no se les obliga a hacer celibato, ya que creen que crear una familia es lo mejor para la realización del ser humano. Además nos dijo que todo templo sij tiene como característica común la existencia de un estanque para lavarse, de un albergue de peregrinos y de un comedor social, este último gratuito, en el que voluntarios dan de comer a todo el que lo desee. De hecho, nos ofreció comer allí, a lo que nos negamos pensando que era más noble no aprovecharse y dejar ese servicio a gente que lo necesitara realmente, y nosotros no pertenecíamos a ese grupo, por suerte.

Este letrero permite tranquilizar a hindúes y musulmanes en los McDonald's de la India
Recorrimos el estanque por completo, entramos al templo en sí, donde no se podían sacar fotos, en el que el libro sagrado presidía el centro de la estancia. Un grupo de 3 personas cantaba (muy mal, por cierto) algo que me imagino que eran versos del libro, y los altavoces a todo volumen distribuían la música en el edificio. En general, nos sentimos cómodos en todo el complejo, en el que no nos prestaron mucha atención por ser extranjeros, que estaba limpio y que con la explicación gratuita de aquel hombre se nos hizo más fácil de entender. De hecho, a la salida, una foto del templo dorado de Amritsar, esa especie de "La Meca" o "Vaticano" del sijismo me hizo pensar que algún día me gustaría ir a un lugar tan bonito y tan mágico como parece aquél (por desgracia, también tan cargado de historia... con dos matanzas múltiples solo en el s.XX).

Por una vez, a la salida nadie nos esperaba para ofrecernos ir en tuk-tuk ni nadie se nos ofreció en nuestro paseo hasta la inmensa Connaught Place... Nueva Delhi es una ciudad europea en medio de una megalópolis india y hasta en eso se notaba.

En Connaught Place comimos en un Mc Donald's... me prometí a mí mismo tardar muchos meses en volver a hacerlo, pero allí era una experiencia curiosa que nos apetecía repetir. De nuevo nos abrieron la puerta al entrar y vimos a "la gente guapa" que ya notamos en el que estuvimos de Jaipur. Al sacar una foto al letrero que decía que no vendían carne ni de ternera ni de cerdo, una camarera me dijo que estaba prohibido hacer fotos... sorprendido guardé la cámara y pensé que al menos ya tenía la foto que quería. En este país no hay quien entienda nada.

Templo de Safdarjang
Queríamos ir de compras en nuestra última tarde en la India, y nos acercamos al sórdido barrio de Paharganj. Sórdido según la Lonely Planet, porque a mí me encantó y no me pareció apropiado ese adjetivo. Resumiendo, era una calle sin apenas tráfico, con vendedores que no iban a buscar al comprador, y con una variedad de cosas superior a la de casi cualquier otro sitio en el que habíamos intentado comprar algo. Todo un lujo que tampoco era caro. Cogimos 2 figuras preciosas de Ganesh por poco más de 5€ cada una (para regatear me fui 3 veces de la tienda pero llegado a una cifra el vendedor no bajó el precio ni una rupia) y compré 2 camisetas por 2€ cada una en una tienda... ¡con precios fijos! Disfrutar de las compras, algo que solo había experimentado en Pushkar hasta entonces, era posible en Paharganj.

Como quedaba tiempo aún, decidimos acercarnos a la tumba de Safdarjang, uno de los últimos emperadores mogoles. Cogimos el metro y un solitario tuk-tuk nos esperaba a la salida... y asistimos a la discriminación (esta vez positiva) típica que se hace a los extranjeros allí. A pesar de que había una pareja de indios a punto de entrar al tuk-tuk, que me imagino que ya habían acordado un precio con el conductor, los hizo parar al vernos a nosotros y negoció precio con nosotros... como llegamos a un acuerdo (y sacó más dinero con nosotros, seguro), los indios se quedaron con un palmo de narices sin tuk-tuk.

Templo de Safdarjang
Nos dejó en la puerta el conductor, de una tumba más evolucionada y moderna que la de Humayun (también más modesta), aunque realmente espectacular. Con una tranquilidad envidiable para la ciudad en la que estábamos, disfrutamos del lugar casi solos.

Un paseo de 15 minutos a pie, el metro y luego otro tuk-tuk nos llevaron, ya para acabar el día, a la puerta de la India, el arco de triunfo de Delhi. La puerta, rodeada de un cinturón peatonal, estaba bien iluminada y llena de gente. Vendedores ambulantes proponían cosas para niños, y a pesar de que la noche ya había caído, con el trípode salieron bien nuestras fotos. El hecho de moverse de noche por esa ciudad no me resultó en absoluto inseguro, y las últimas horas en Delhi me hicieron pensar en todas las emociones del viaje más lejano y exótico que habíamos hecho en toda nuestra vida, con una sensación de total satisfacción.

Un té en una pijísima cafetería de Connaught Place fue el preludio a nuestro último viaje en metro antes de sufrir una picantísima cena en nuestro hotel que en algún momento me planteé no pagar (había pedido, como siempre, que fuera lo menos picante posible)... pero era el último día y me aliviaba pensar que eso se acababa, y que el picante de la comida de la India no estaría entre las cosas que echaría de menos del país. Así que cedí pensando que en Dubai, nuestro siguiente destino, la comida ya no sería así.

India, volveremos a encontrarnos.

La puerta de la India, una imponente forma de decir adiós a Delhi y al resto del país

domingo, 29 de septiembre de 2013

SUZDAL, un pueblo ruso mono, y una forma distinta de ser campeones del mundo

Cada vez paso más de fútbol. Me parece el opio del pueblo, no soporto que tengan ventajas fiscales que ni tú ni yo tenemos o los desmesurados sueldos de algunos futbolistas... pero un mundial es diferente... y más ese mundial, el de 2010, en el que España era favorita, por primera vez, por un motivo objetivo: ser la vigente campeona de Europa.

Animado por el concurso de El País, en el que viajeros anónimos relataban el viaje de su vida, me he lanzado a escribir sobre el que, quizá no sea el viaje de mi vida, pero si un par de días en los que sentí en pocas horas muchas de las sensaciones que un viajero puede tener en un país que le es ajeno, bastante alejado culturalmente, como es Rusia: el enfado, la desesperación, las ganas de apañárselas como uno pueda, el orgullo de que al final todo salga bien y el éxtasis de ver un pueblo diferente, alternativo en el que celebrar el gol de Iniesta sin estar precisamente rodeado de españoles.

Interior de la catedral de la Natividad de Suzdal, con unos preciosos frescos

LA ODISEA DE AQUEL DÍA; DEL RETRASO DEL AVIÓN AL GOL DE INIESTA


El día empezó en San Petersburgo, preciosa ciudad sobre la que ya escribí dos entradas en este blog (parte primera y parte segunda). La pantalla del aeropuerto nos mostraba un retraso en nuestro vuelo, un San Petersburgo-Moscú con la compañía "Avianova", una especie de compañía de bajo coste rusa en la que el inglés estaba presente en lo imprescindible: la web, nada más. Durante el vuelo seríamos quizá los únicos no nacionales y creo que no escuché apenas una sola palabra en un idioma que no fuera ruso; no es de extrañar, la compañía en aquella época (y parece que todavía hoy) solo tenía vuelos nacionales... pero ojo, vuelos nacionales en Rusia puede significar pasar 8 husos horarios, dada la enormidad del país más grande del mundo.

El objetivo del día era volar a Moscú para ese mismo día coger un tren a Vladimir, a unos 170 kms. de Moscú al noreste, y visitar aparte de esa ciudad, la pequeña población de Suzdal, con solo 11.000 habitantes, pero una de las más interesantes del "anillo de oro". Así se conoce al círculo de poblaciones cercanas a Moscú que fueron las antiguas capitales de Rusia antes de que Moscú siquiera existiese, ya que se fundó en la relativamente tardía fecha de 1147.

Godzilla's hostel, nuestro albergue en Suzdal, una casa típica rusa de madera
Sin embargo, el retraso del avión de 3 horas frustró nuestros planes, y la nula amabilidad (y casi nulo dominio del inglés) del personal de una de las 11 estaciones de tren moscovitas, unido a nuestro desconocimiento sobre el funcionamiento de las mismas, lo fastidiaron aun más... de nada sirvió que me molestara en escribir en ruso en un papel para pedir los billetes... no, no sé ruso, pero a escribir "Moscú - Vladimir, 2 billetes" llego. El alfabeto cirílico nunca se me ha dado mal. Pero un "niet" ("no", en ruso) le bastó a la taquillera para despacharnos, posiblemente por ser extranjeros.
Una joven rusa que vio la situación y que hablaba inglés, me pidió mi papel, me dijo que lo había escrito bien, y se ofreció a ayudarnos. Con su ayuda otra taquillera nos dio los billetes para el tren ya bastante tarde, porque salía solo 5 minutos después. Pero la casualidad quiso que, por un lado, en las estaciones moscovitas hubiera dos secciones de andenes, con los mismos números (es decir, tienes dos andenes numerados con el 1, dos con el 2, etc.) separadas por cercanías y larga distancia, estando cada sección en los extremos opuestos de la estación; además en el andén 11, el nuestro, salía un tren a las 14:19 tanto de la sección de cercanías como de la de larga distancia. Menos mal que justo antes de montar en el tren equivocado, que lo mismo acababa en Ucrania que en Kazajistán o más allá del círculo polar ártico, preguntamos si ese tren iba a Vladimir... total, que tras otro "niet" perdimos el tren por estar en la sección de larga distancia en lugar de en la de cercanías (sí, en Rusia, 170 kms. son "cercanías" :P).

Muralla exterior del monasterio del Salvador, junto al río Kamenka
Enfado, algún grito en español que nadie más allá de mi pareja debió entender, impotencia... lo reconozco, a la hora de planificar mis viajes soy un poco alemán y me jodía pensar que iba a perderme algo de lo que había planificado visitar en un país que si bien no está a la otra punta del globo, tampoco es el más fácil de visitar (visado, precio del avión, un clima que limita bastante las fechas para ir para allá...). Me jodía haber tirado el precio de los billetes, aunque los precios son populares allí, unos 8 € por persona. El siguiente tren salía 4 horas después, pero nos enteramos de que "solo" hora y media después iba a salir un bus a Vladimir, desde la misma estación de tren. Así que allí nos montamos, y tras ver cómo son las estaciones de servicio rusas (como en España en los 70, cuando no había nacido yo aún) y que el espectro de lo que es una autovía en el país eurasiático desaparece en cuanto te alejas 50 kms. de Moscú, llegamos a Vladimir. Sin tiempo para conocer la ciudad, porque íbamos a llegar tarde para la final del mundial, cogimos un microbus arcaico arcaico, que parecía urbano, porque había gente que viajaba de pie a pesar de que entre Vladimir y Suzdal hay 40 kms para los que se necesitan más de 45 minutos... total, que apenas llegamos 1 hora antes de que empezara el partido, y visto lo visto ya ni nos sorprendió que la calle de nuestro albergue, una moderna "dacha" (casa rural rusa, normalmente usada como residencia de vacaciones por una familia de ciudad) de madera, estuviera sin asfaltar.

Arcaica alternativa al tren, este microbus conecta Vladimir con Suzdal. Y no, no fuimos a Rusia en 1977, fuimos en 2010 :P
Nuestros amigos rusos nos dijeron que estar en un pueblo de 11.000 habitantes a 200 kms. de Moscú no es estar en la Rusia profunda; y seguramente estén en lo cierto cuando hay lugares mucho más pequeños a 8.000 kilómetros de la capital rusa. Pero ese pueblo me pareció a años luz de Moscú, además de mucho más rural que una población española con el mismo número de habitantes. Más espacio para prados que para viviendas, apenas nada de tráfico, casitas de madera de una planta o a lo sumo dos...

La dueña del albergue, que resultó no saber más que palabras sueltas de inglés (frigorífico, bienvenidos, zapatillas, etc.), era otro ejemplo de lo que acabo de decir: la antítesis de la frialdad moscovita que, por extensión, aplicamos, quizá erróneamente, a todos los rusos, aunque nuestros amigos fueran maravillosas excepciones. Aquella mujer era todo amabilidad. Conseguimos que pusiera el fútbol que, como casi todo el mundial, disfrutamos con comentaristas rusos (empezó el 11 de junio y el 23 ya estábamos en Rusia). Nos pusimos en primera fila, con la compañía de otros huéspedes del albergue que, debido a su poco interés por el partido, nos dejaron clara su condición neutral; no eran holandeses, ni españoles, ni unos aficionados enloquecidos del fútbol precisamente.

Todo el partido en tensión, alguna ocasión errada por cada bando... y bueno, ya lo sabéis todos, cuando ya nos temíamos jugárnosla a los siempre injustos penaltis, llegó Iniesta y metió aquel gol. Saltos, gritos, abrazos, lágrimas incluso... acompañados por la cuadrilla neutral que nos miraba como si fuéramos extraterrestres, por semejante muestra de alegría. Me los imaginé pensando: ";¿Por qué coño saltan y gritan de semejante forma? Si lo único que ha pasado es que el equipo de su país ha marcado el gol de la victoria de la final de un mundial de fútbol en el minuto 116...". Fotos, más lágrimas y alegría, y un vacío enorme al acabar la entrega de la copa. Aunque teníamos ganas de fiesta y de celebrar semejante victoria, el partido allí acabó casi a la 1 de la madrugada (en Rusia hay 2 horas más que en la España peninsular), y tenía dudas sobre si había un solo bar en Suzdal. Además, la Rusia rural tampoco es que fuera un dispendio en iluminación nocturna.

Una vez España hubo ganado el Mundial, me dio por besar todo lo rojo que pillaba :)
Al día siguiente desayunando, uno de los espectadores neutrales del partido, que nos dijo que era inglés, nos preguntó de qué país éramos. Puse una cara de: "¿¿NO TE LO DEJAMOS CLARO AYER, CAPULLO??". Pero le contesté un educado "Spain" (España), al que él me contestó: "AAAAHHH, ahora entiendo lo de ayer". Según parece, al inglés, que resultó ser un tío majete, nuestro pelo rubio, tanto el de mi pareja como el mío, le dejó convencido de que éramos cualquier cosa excepto españoles; de ahí que no entendieran el júbilo de dos rubios por el gol de Iniesta. A decir verdad mucha más gente era de su misma opinión en Rusia; jamás he estado en un país extranjero en el que me pregunten tantas veces por cosas en su idioma... la cara de póker que se le quedaba a la gente cuando le decíamos "Ruski niet" ("ruso no", porque no acertamos a aprender la frase completa: "yo no hablo ruso") era todo un poema. Las contamos, y entre Steffi y yo salimos a una diaria en Moscú.

SUZDAL, CASI MÁS IGLESIAS QUE HABITANTES


Pero esto es un blog de viajes, y la anécdota de la cita mundialista era la excusa para hablar de Suzdal, aunque el gol de Iniesta haya eclipsado a este pueblecito... Suzdal se encuentra en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad por sus monumentos blancos, título que comparte con Vladimir, una ciudad mucho mayor, con 300.000 habitantes, y algo más cercana a Moscú. Suzdal, con al menos más de un siglo de antigüedad antes de que Moscú fuera siquiera fundada, aglutina un pequeño kremlin medieval, varias catedrales de cúpulas encebolladas, destacando una en el kremlin y otra en un recinto monacal.

Antes de seguir, una pequeña explicación; si no estáis habituados a Rusia y sus costumbres, quizá os sorprenda que hable de kremlin tan alegremente, cuando es posible que penséis que kremlin no hay más que uno, que está en Moscú. Pero no es así... kremlin se podría traducir como "ciudadela", y es que en las ciudades rusas antiguas no se amurallaba toda la ciudad, como estamos acostumbrados por los romanos, con ejemplos como Lugo, o por la España medieval, con ejemplos frecuentes en nuestra geografía, como lo es Ávila. En Rusia solo se amurallaban los principales edificios de gobierno, como el palacio del gobernador y/o la catedral más importante de la población. Lejos del tamaño y de la magnificencia que destila el kremlin de Moscú, algunas ciudades más pequeñas o incluso pueblecitos como Suzdal, construyeron y mantienen este singular ejemplo de organización urbana.

Interior del Kremlin de Suzdal, con la iglesia de San Nicolas en primer plano (s. XVIII) y la catedral de la Natividad detrás (s. XIII)

Dicho esto, decir que los frescos de la catedral de la Natividad de Suzdal son un vivo ejemplo de la tradición religiosa ortodoxa rusa, además de ser espectaculares. Por fuera los efectos del paso del tiempo (y un clima difícil) se dejaban notar, con los colores apagados, especialmente el azul de las cúpulas con forma de cebolla, como se aprecia en la foto. Pero me gustó mucho el contraste de paz y ambiente rural que se destilaba allí, tan lejos de la megalópolis moscovita, con las iglesias en medio de unos prados apacibles.

El monasterio del Salvador, como habría ocurrido probablemente en España, estaba cerrado ese día por ser lunes. Tenía previsto verlo antes del partido el domingo pero llegamos tarde. Pudimos intuir parte de su exterior mirando por encima de sus murallas, pero nos quedamos con ganas de más. Sus frescos son igualmente espectaculares, a juzgar por las imágenes de la wikipedia.
No obstante esto fue compensado con la visita a un museo etnográfico, que si bien no estaba ni estará en la exclusiva lista de la UNESCO, nos permitió un primer contacto con algo muy ruso: el arte de las iglesias de madera.

Iglesia de la Transfiguración (en ruso Preobrazhenskaya), la hermana pequeña de la famosa isla de igual nombre del norte de Rusia, en Kizhi (ambas del s. XVIII)

Si bien ya hay una iglesia de madera junto a la catedral de la natividad, la del museo era más bonita. Y es que los rusos se han molestado en modelar algunas de esas iglesias aprovechando un material barato y típico de la zona, la madera. Las cúpulas con forma de cebolla nos recuerdan que seguimos en Rusia. El ejemplo más famoso está al norte de Rusia, en Kizhi, una isla en medio de un lago, siendo también Patrimonio mundial por la UNESCO. Algo más modesta, la iglesia de Suzdal, por la información que manejo, tiene el mismo nombre: Preobrazhenskaya, y es de la segunda mitad del s.XVIII. No estaba originalmente en Suzdal, sino que fue trasladada cuando el museo de arquitectura de madera fue abierto.

Todavía nos deparaba una última sorpresa este pueblecito, y fue la casa cuya foto he puesto bajo estas líneas.
Según parece, debe ser un fenómeno relativamente frecuente, porque si no no me explico que a una de las organizadoras rusas del evento al que asistimos en San Petersburgo, le sorprendiera que una casa así me llamara la atención. Me escribió al publicar la foto en facebook: "qué pasa, ¿nunca habías visto una casa así?". Os prometo de todo corazón que no, ¿vosotros?

Curiosa casa en Suzdal, atravesada por un árbol

El retraso del día anterior nos impidió ver Vladimir, pero me imagino que esto es toda una invitación para volver a Rusia, ¿no? El que no se consuela es porque no quiere :P

domingo, 15 de septiembre de 2013

El túnel de la esperanza, la salvación de SARAJEVO

Una de las cosas más conmovedoras, por no decir la más, de visitar Sarajevo, es ser testigo de las huellas que la reciente guerra de Bosnia ha dejado en la ciudad. Si bien se va recuperando poco a poco, y muchos de los edificios han sido restaurados (o van por muy buen camino, como la famosa biblioteca nacional-ayuntamiento, de la que hablé en la entrada sobre la ciudad), la ciudad no puede olvidar, ni quiere, aquel trágico episodio. Un episodio en donde lo trágico se mezcla con lo heroico, porque si bien el país, y más concretamente Sarajevo, sufrieron mucho, acabaron al final, en cierto modo, ganando la contienda.

Túnel de la esperanza, en la actualidad
En el caso concreto de Sarajevo, la ciudad soportó el asedio más largo de la historia moderna, de casi 4 años, entre abril de 1992 y febrero de 1996. Sin embargo, resistió y venció. ¿Cómo? Pues el ingenio y el coraje de algunas personas tuvieron mucho que ver, ya que construyeron un túnel que fue una fuente de esperanza y de vida para los habitantes de Sarajevo.

HISTORIA: ¿QUÉ ES ESTE TÚNEL? ¿POR QUÉ SE LE LLAMA "DE LA ESPERANZA"?


Os pongo en contexto; comienza la guerra, y fuerzas serbias y serbobosnias rodean la ciudad. Los bosnios se atrincheran en ella, un lugar por cuyas estrechas calles difícilmente pueden entrar los tanques, lo que hace a la ciudad más fácilmente defendible. Se corta el suministro de agua, comida, medicamentos, electricidad y gas, para las más de 300.000 personas encerradas en la ciudad. La ONU declara el aeropuerto, a las afueras de la ciudad, zona desmilitarizada, y como en el resto de la ex-Yugoslavia, el suministro de armas queda embargado. A menos de 1 kilómetro del Sarajevo sitiado, y al otro lado de la pista de aterrizaje del aeropuerto, se ubicaba el llamado "territorio libre", es decir, la Bosnia-Herzegovina no sitiada por las tropas serbias, de la cual formaban parte una buena cantidad de los suburbios al sur de la ciudad. Varios civiles osaron cruzar la pista de aeropuerto, usada solo por la ONU, para escapar del sitio o para buscar víveres. Alguno pagó con su vida tal osadía...

A finales de 1992, a un mando militar bosnio se le ocurre que la mejor solución para la carestía de productos básicos que la ciudad sufría era la construcción de un túnel bajo el aeropuerto. Con los planos del mismo en paradero desconocido, deciden hacerlo sin ellos. El proyecto, de alto riesgo, tenía que garantizar la seguridad de los que lo atravesaran y del aeropuerto, y tenía que hacerse en secreto, y así se comenzó el 12 de enero de 1993, primero desde Dobrinja, un barrio sarajevita, y luego desde Butmir, en la parte libre, un suburbio al otro lado del aeropuerto.

Mapa que muestra el sitio de Sarajevo. El túnel se construyó por debajo a la pista del aeropuerto, perpendicular a ella
La falta de material digno para hacer el túnel junto a la caída de obuses en la zona dificultó las obras, e incluso las paró en el lado libre de Butmir. Pero llegado el mes de abril se organizaron en turnos para trabajar las 24 horas del día, consolidando el túnel con hierro en el lado sitiado (la escasa madera se utilizaba como calefacción, y de hecho los árboles de las calles sufrieron esta necesidad) y con madera en el lado libre, sin acceso a las fábricas metalúrgicas de la capital bosnia. Hasta que el 30 de julio, dos hombres del turno de tarde se encontraron en algún lugar bajo la pista del aeropuerto de Sarajevo, dando por terminado el túnel. Esa misma noche un primer contingente atravesó el túnel. Por esas fechas los serbios supieron de la existencia de esta vía subterránea, y aparte de bombardear más la zona se quejaron a la FORPRONU (fuerza de protección de la ONU) por ello, ignorando ésta esas quejas. 

Al principio todo debía transportarse a mano, con sacos de hasta 50 kgs. sobre los hombros de los usuarios del túnel, aunque el paso del tiempo fue dotando de servicios al mismo, entre ellos una vagoneta con capacidad para hasta 300 kgs. de peso. Una línea eléctrica dotaba de luz al túnel, y también se pasó cable telefónico para facilitar las comunicaciones entre los dos lados. Por sus pequeñas dimensiones, el túnel se atravesaba en un solo sentido a la vez, con hasta 1000 personas en fila india, haciendo que la media de tráfico diario fuera de unas 4000 personas. En pocas ocasiones necesitó ser bloqueado ese tráfico, aunque las abundantes lluvias o nevadas en dos ocasiones obligaran a cerrar un túnel totalmente inundado, y era frecuente pasarlo con agua hasta las rodillas.

"Tunel Spasa", museo del túnel de guerra de Sarajevo
Conforme pasó el tiempo los bosnios se las ingeniaron para pasar de todo por túnel, incluso gasolina. Esta maniobra entrañaba un riesgo especial y se hacía de noche, ya que un obús serbio que impactara sobre un camión lleno de gasolina significaría decenas de muertos y la destrucción de las viviendas y de la parte del túnel más cercana. Por suerte eso nunca ocurrió. Más tarde, incluso se pasaron cables de alta tensión por el túnel que permitieron devolver la electricidad a Sarajevo. Aunque si bien eso mejoró la calidad de vida de los civiles, empeoró la de aquellos que atravesaban el túnel... imaginaos atravesar un túnel con agua hasta las rodillas, y dimensiones de 1,5 metros de alto y 1 metro de ancho, con un cable de alta tensión a un lado y una tubería para transportar combustible al otro.

En 1996 la guerra acabó. No sabemos qué habría pasado en Sarajevo sin este túnel, pero es evidente que esa vía de comunicación que burló el sitio ha sido vital para evitar la caída de la ciudad y la muerte de muchos de sus habitantes. Y hoy ese túnel, testigo de la última gran guerra en Europa, es visitable.

EL TÚNEL HOY


No lo he dicho aún, pero todo esto ocurrió gracias a que los integrantes de una familia, apellidada "Kolar", cedieron su casa, bombardeada al principio de la guerra, a los militares bosnios para que sirviera de entrada al túnel. Hacer la entrada en el jardín de una casa era una buena forma de disimular algo del valor estratégico de este túnel. Ellos mismos se implicaron en la construcción y mantenimiento del túnel; Sida, la abuela, fue conocida por estar colocada a la salida del túnel y ofrecer un vaso de agua o un cacho de pan a cada persona que salía por él. Bajro, su hijo, participó en la organización de las obras.

Sida, la abuela de la familia Kolar, retratada dando de beber a los trabajadores del túnel
Acabada la guerra el túnel cayó en el abandono, el ejército bosnio-herzegovino dejó la casa y el país intentó volver a una normalidad presidida por la necesidad de la reconstrucción. La familia Kolar tuvo que hacer frente al desempleo, todavía hoy muy alto en el país, y pensaron en recuperar todo lo que pudieron sobre el túnel: vagonetas, sacos para transportar víveres, herramientas para hacer el túnel... incluso trabajaron para que, al menos una parte del túnel, no se destruyera víctima del abandono.

Su esfuerzo no ha sido en vano, y hoy esa misma familia es la que ha convertido su casa en un interesante museo, con una habitación dedicada a objetos de guerra, otra a la historia y construcción del túnel, otra con fotos de los ilustres visitantes que ha recibido y quizá lo más interesante: 20 metros de túnel se han conservado y se pueden recorrer por todo el que quiera hacerlo.

Una de las salas del museo muestra un vídeo de la historia del túnel, entre material de guerra
El precio del museo creo recordar que era de 10 KM (al cambio, cuando fui yo, eran 5€), aunque creo que por error nos cobraron la mitad al pensar que éramos integrantes de un grupo que entró justo delante de nosotros. Lo considero totalmente recomendable a pesar de no ser un lugar bonito, como casi todo de lo que escribo aquí, porque es quizá el mejor testimonio de esta guerra que mi generación vio cuando aún no había perdido la inocencia.

CÓMO LLEGAR


Del acceso decir que yo fui en coche, poco esperanzado, ya que me habían avisado en el hotel en el que dormía de que era muy difícil de encontrar. Alguna agencia organizaba visitas guiadas con el transporte desde el centro incluido, pero por tiempo no nos podíamos permitir verlo así. Sin embargo parece que desde hace poco han puesto letreros para indicar cómo llegar y con ellos resultó fácil encontrarlo. Para hacerlo con el coche tenéis que salir de Sarajevo dirección Mostar, y coger la salida a mano izquierda que encontraréis poco después de ver anunciado el aeropuerto. Seguir dirección "Ilidza" os ayudará a acercaros hasta que empecéis a ver letreros que indiquen, en inglés, el museo (Tunnel of hope). Por si acaso, en bosnio es "Tunel Spasa".

Ir en transporte público es complicado. Además de las agencias, otra opción es ir en tranvía hasta Ilidza, donde acaba su recorrido, pero desde ahí hay que andar 4 kms. Para evitar andar por una zona de casas bajas y campos, sin aceras muchas veces, se puede coger el bus nº32, que comunica Ilidza con Butmir, y os debería acercar bastante al museo.

Nada como colocar en el túnel a un tío de 1,90 para que se vean las modestas dimensiones del mismo. Así, durante 800 metros de longitud se le inyectó vida y esperanza a Sarajevo

jueves, 1 de agosto de 2013

Viaje a la India, día 19: Delhi, compartiendo ciudad con 18 millones de personas

Atardecer junto al Qutb Minar, el mayor y más emblemático minarete de toda la India
Delhi tiene mala prensa. Entre otras palabras que le dedica Lonely Planet están las de caótica, abarrotada, contaminada, enorme y agotadora. Sí, también las hay buenas, y cada viajero tendrá una opinión distinta de la misma, pero realmente estas palabras no me parecieron exclusivas de la capital india, sino algo aplicable a cualquier gran ciudad de la India, solo que frente a los 700.000 habitantes de Jodhpur, por ejemplo, Delhi tiene 18 millones. Es más grande pero igualmente agotadora, caótica o contaminada que una ciudad estándar india de mucho menor tamaño.

Con Delhi pasa igual que con Agra, muchos paquetes turísticos pasan demasiado rápido por estas dos ciudades que tienen tanto por ofrecer. En el caso de Delhi tiene aún más delito, porque vimos viajes programados que solo la utilizaban para dormir nada más llegar al país o justo antes de salir de la India, sin dejar tiempo para visitarla, siendo la ciudad más sencilla y barata de visitar por el mero hecho de que uno está obligado a pasar por ella por su aeropuerto. Si aceptáis mi consejo, en un viaje pausado yo dejaría 2 ó incluso 3 días para visitar la capital del país. Porque sin tener una unidad arquitectónica como sí tienen ciudades rajastaníes como Jaisalmer, Jaipur o Jodhpur, tiene tantas perlas dispersas por toda su geografía que recompensa con creces, y además es una forma de ver otra cara de la India, la de sus emergentes megalópolis, una mezcla entre tradición india y una modernidad que quiere abrirse a occidente. Además, y aunque no conozco las otras dos (Bombay y Calculta) viendo fotos y leyendo sobre ellas estoy convencido de que Delhi es la más interesante de las tres.

Templo de Loto

DELHI, NUEVA DELHI, VIEJA DELHI... ¡QUÉ LÍO!


Paso a aclarar un concepto que me traía de cabeza y que entendí una vez estuve allí, que es la diferencia entre Nueva Delhi, Vieja Delhi o Delhi a secas. Lo explico:
Nueva Delhi es la capital de la India. Es una ciudad, construida dentro de Delhi por los británicos, para que fuera su nueva capital tras quitar dicha capitalidad a Calcuta (Kolkata) en 1911... se inauguró en 1931, y los británicos la hicieron pensando en no dejarla nunca a pesar de la tensión independentista que ya había en el país, y que acabó provocando en 1947 que India dejara de pertenecer al imperio británico. En la práctica Nueva Delhi no es más que uno de los muchos barrios de Delhi, con solamente 300.000 habitantes, por lo que los indios y yo mismo solemos referirnos a Delhi, a secas, como la capital. Por poner un ejemplo es como si el Eixample o ensanche barcelonés fuera la capital de Cataluña... como solo es un distrito de Barcelona, por extensión acabaríamos refiriéndonos a Barcelona como su capital.
Vieja Delhi es otro barrio de la ciudad, el de mayor antigüedad que, como en cualquier ciudad europea, era la única Delhi que existía hasta hace poco más de un siglo; un recinto amurallado que se empezó a llamar así cuando se empezó a construir la Nueva Delhi británica, para distinguirlos. Recorrer ambos muestra las dos caras más antagónicas de la ciudad; el caos y encanto de un urbanismo indio antiguo contra el racional y moderno pero más impersonal urbanismo británico de primera mitad del s.XX.

CÓMO VISITAR DELHI


A la hora de visitar Delhi nosotros hicimos una apuesta que nos salió muy bien, y que por tanto recomiendo por aquí a todo el que se decida a conocer la ciudad. Decidimos prescindir de los servicios del coche de alquiler y del conductor, a pesar de su comodidad, para ahorrar el dinero que valdrían y porque teníamos interés en disfrutar de la India sin ayuda en una ciudad que creímos que iba a ser algo más amable para el viajero independiente. Lo que nos terminó de decidir fue ver las 6 líneas que tiene el metro de Delhi, insuficientes para una ciudad de ese tamaño pero que bastaban para visitar los lugares de mayor interés sin perdernos en el tráfico de Delhi ni dentro de sus tuk-tuks. Creímos que visitar en metro la ciudad sería más rápido que hacerlo en coche y acertamos, aunque en nuestro primer día en la India, en Delhi y con coche, aprovechamos para ver dos lugares cercanos al hotel y no pegando al metro como son la tumba de Humayun y el templo de Birla. 

EL METRO DE DELHI


La realidad es que el metro de Delhi es tan eficiente como casi cualquier metro europeo, siendo muy nuevo y hasta bonito, solo que con una capacidad insuficiente para la cantidad de gente que lo usa. Esto provoca que vayas como "sardinas en lata" en su interior o que en ocasiones solo puedas coger el 3er o incluso 4º metro que te pase delante de las narices, porque para entrar has de hacer cola, los metros anteriores pasan llenos y nadie puede subir o los indios se te cuelen en tu cara en el último momento, incluidas mujeres de 1,50 de estatura con dos niños en brazos. La máxima de "dejar salir antes de entrar" no es en absoluto respetada, lo que provoca enfados, zarandeos, etc. vimos como un turista jubilado fue movido por la multitud que quería entrar al metro y lo pasó realmente mal durante unos segundos... sobra decir que aunque no me sentí más inseguro que en cualquier ciudad europea, con tanta gente en tan poco espacio, hay que tener mucho cuidado para evitar robos, porque un carterista podría hacer su agosto ahí metido.

Columnas del conjunto del Qutb Minar
Además de eso algo que sorprende es que la seguridad es una máxima en el suburbano más grande de la India, ya que al entrar se pasa por un detector de metales, todo usuario ha de hacer cola también para ser cacheado y porque toda parada tiene una especie de trinchera hecha con sacos de arena tras la que se aloja un militar con un arma dispuesto a disparar. Me resultó impresionante, atemorizante e incluso exagerado ese despliegue de seguridad, pero hacer fotos estaba totalmente prohibido y no puedo dar testimonio gráfico de todo aquello. También hay que tener en cuenta que Delhi, como capital india, es el blanco perfecto de todo tipo de integristas, destacando los pakistaníes, país con el que mantienen un conflicto por el dominio de la región de Cachemira.

Por último, decir que al montar en metro me sorprendió no ver ni una sola mujer, aparte de mi pareja, en el vagón y en los vagones adyacentes. Más tarde descubrimos que esto es porque hay unos pocos vagones dedicados en exclusiva a las mujeres, algo que se hace para evitar manoseos masculinos aprovechando la superpoblación que viaja en metro a casi cualquier hora. Es algo que parece extraño en Europa, pero en Asia no es ni mucho menos el único metro con vagones exclusivos para mujeres, Tokyo es otro ejemplo. Por suerte, como en otros países del estilo, la posibilidad de ser sobada en el metro se reduce prácticamente a cero si a las mujeres viajeras les acompaña algún varón. Quizá el que yo les saque cabeza y media de estatura a la mayoría de indios también ayuda a evitar ese tipo de problemas :)

QUÉ VER EN DELHI


La víspera llovió un poco en la ciudad, lo cual fue una excelente noticia ya que la lluvia es el mejor de los remedios contra la polución urbana porque la diluye, y eso lo sabe todo habitante de una gran ciudad. Por lo que Delhi estaba menos contaminada que de costumbre y eso ayudó a que disfrutáramos de la ciudad.

Nuestra primera parada fue una de las experiencias más extrañas y apasionantes a la vez que tuvimos no solo en Delhi, sino en toda la India. Tras más de dos semanas creíamos que este país ya no podía sorprendernos, pero de repente descubrimos Akshardham y reconocimos nuestro error.

Akshardham es un complejo a medio camino entre pequeño parque de atracciones y la capital religiosa de una especie de secta o variante del hinduismo. ¿Os imagináis que en España los testigos de Jehová crearan un parque de atracciones para explicar al profano su doctrina? Pues eso es Akshardham pero a la india. Pero no os asustéis, ellos te cuentan la base de sus creencias de forma amena, tú si quieres no te lo crees, y disfrutas del espectáculo de un recinto mágico que además de a esa agrupación religiosa rinde tributo a la India y a sus habitantes.

Llegar a Akshardham es fácil; cuenta con su propia parada de metro en la línea azul, aunque el complejo no se ve desde la salida y varios conductores de tuk-tuk nos ofrecieron sus servicios... no son necesarios, en apenas 5 minutos a pie estás a la entrada del parque.

A la entrada del parque hay que dejar todo en unas taquillas, porque meter casi cualquier cosa está terminantemente prohibido, incluyendo cámara de fotos, chicles, papeles... los guardias lo resumían diciendo: "meted solamente agua, el pasaporte y dinero". Por eso tampoco puedo mostrar fotos de este lugar, aunque internet está plagado de ellas si tenéis curiosidad. A cambio el lugar presumía de una limpieza digna del más limpio país de occidente.

Templo de Akshardham. Foto cogida de la wikipedia
El motivo central del complejo es un gigantesco templo, que no disimula su modernidad, pero que es una auténtica pasada. Presume de tener esculpidas 20.000 figuras y había varias deidades en su interior. Lo rodeaba más de un centenar de elefantes de piedra, todos distintos entre ellos, en lo que era un homenaje a este animal, tan importante en el país, y estos a su vez estaban rodeados por un estanque con fuentes, con un agua limpísima.

Aparte del acceso al templo, el parque tenía 3 "atracciones", de las cuales una de ellas era para un público claramente infantil. Aunque no había opción de pagar solo por las otras dos, cuando el guardia de la primera atracción que queríamos visitar se enteró de nuestra falta de entusiasmo por la infantil, nos la quitó y tiró a la basura sin pedir permiso. Se nos quedó una cara...

La primera "atracción" era entrar en un moderno cine con una gigantesca pantalla para ver un documental sobre el niño que inspiró la creación de esta corriente del hinduismo. Contaba cómo ese crío se fue con 11 años de casa y vivió meditando, con poderes sobrenaturales que le permitían desarmar a sus enemigos con enredaderas o cruzar el Himalaya andando durante los 6 meses de invierno, descalzo y con un taparrabos como única prenda de vestir. Vamos, pura ficción... pero que no se me malinterprete como irrespetuoso de esta religión, detrás de los orígenes de cada creencia religiosa, incluida la nuestra, hay historias que no suelen parecer muy reales que digamos :)

La otra atracción fue un chovinista paseo en barca por un canal cubierto a través de la historia de la India, hablando de civilizaciones perdidas o de personajes indios que hicieron cosas importantes, con sus figuras representadas. Estaba muy bien montado, los altavoces iban contando en inglés qué cosas veíamos y quiénes eran los personajes que aparecían. Pero el chovinismo era de risa, ya que parecía que lo habían inventado todo los indios... como ejemplo, contaban que un indio descubrió la ley de la gravedad 1000 años antes que Newton, y así hubo muchos ejemplos más, por lo que entended mi incredulidad.

Otra vista del templo de Loto
Comimos en el parque unas micropizzas vegetarianas y unos bocadillos picantes, y tras ver un jardín con esculturas de glorias indias como Gandhi o Nehru, entramos a la tienda de recuerdos. Por primera y última vez vimos precios fijos en la India, donde además los precios estaban más pensados para los indios que para los extranjeros (aunque se dice que más de la mitad de los visitantes extranjeros de Delhi pasan por este complejo). Me moló comprar postales a 0,03€ o un libro que hablaba sobre el parque, en color, por menos de 1€. Tras esto volvimos al petadísimo metro a visitar otro templo, muy singular también, y de otra religión extraña.

La casa de adoración Bahá'í, más conocido como el templo de Loto por su forma, es la casa matriz de esta congregación en el subcontinente indio, y en él se permite el rezo a Dios por parte de fieles de cualquier religión, aunque los sermones o plegarias en voz alta solamente han de ser las de esta religión. Con templos por todo el mundo, la visita a éste es gratuita, está abierto para todo el mundo, y especialmente por fuera es un edificio espectacular, digno del mejor Calatrava o del arquitecto que hizo la famosísima ópera de Sidney. Para visitarlo solo hay que hacer cola, entrar cuando te toque, y salir cuando te lo pidan, tras unos minutos en el interior del edificio, todo dentro de un orden tan estricto que por momentos pensé que había una cámara oculta, porque la India es todo lo contrario al orden que allí se respiraba. Aunque no había una prohibición que lo indicara, el edificio no se podía rodear porque unos guardías lo impedían, pero las fotos que tenemos, aun a contraluz, son lo suficientemente dignas, por suerte.

No nos quedaba mucho tiempo, el sol pronto se iba a esconder, así que volvimos al metro para ir al Qutb Minar. Recorrimos media ciudad, con una vista sobrecogedora de un "slum" (barrio chabolista, muy frecuentes allí) y al bajarnos del metro descubrimos que esta vez, aunque la parada se llame como el lugar, el Qutb Minar queda lejos... recurrimos a un tuk-tuk que por unas 40 rupias nos dejó en la puerta del lugar, que estaba cerrando... ¡a las 4 de la tarde! Preguntamos y nos dijeron "chai time", por lo que entendimos que simplemente hacían una pausa para el té, apenas dos horas antes del cierre del día... ¡han copiado de los británicos solo lo que les interesa! La espera durante la pausa y luego en la cola que se formó, mientras se iba haciendo de noche, se nos hizo eterna. Paciencia...

Qtub Minar
El Qutb Minar es un impresionante minarete, el más alto de la India y de entre los hechos en ladrillo el más alto del mundo, hecho con arenisca roja y mármol. Tiene unos 75 metros de altura y fue construido en los siglos XII-XIV, cuando en la época, Delhi era una ciudad musulmana, y de hecho está en unos de los recintos de las siete ciudades antiguas de Delhi, aunque hoy queda a las afueras de la ciudad actual. El minarete se va estrechando conforme se hace más alto hasta el punto de que su diámetro pasa de los casi 15 metros en la base a no llegar a los 3 en la cima. Tiene versos del Corán escritos en él y se inspiró para su construcción en el minarete Jam, que está en Afganistán, por lo que estábamos ante un cachito de la cultura de ese país, hoy tan peligroso. El complejo que rodea al minarete está en su mayor parte en ruinas, ruinas hermosas, eso sí, que complementan la visita a un rincón que nos transporta a los orígenes de esta gigantesca ciudad, tan distintos de lo que es hoy. El lugar está declarado patrimonio de la humanidad.

Y como la noche ya había caído, nos volvimos al hotel, impresionados con los tres lugares tan distintos con los que nos había deleitado Delhi en el primer día de esta segunda visita.

martes, 30 de julio de 2013

Viaje a la India, días 17-2 y 18: Agra más alla del Taj, con el embustero chófer de tuk-tuk

En el planning de muchos visitantes a la India, Agra suele tener un papel secundario incluso a pesar de alojar el monumento más famoso del país. Suelen pasar una noche en la ciudad o incluso ninguna, ya que un tren expreso, a una velocidad sorprendentemente alta para lo que es la India, une Agra con la capital, Delhi.

Puerta de entrada al mausoleo de Akbar el grande, en Sikandra, al norte de Agra
Nosotros sin embargo decidimos pasar dos noches en esta ciudad del estado de Uttar Pradesh, el más poblado del país. ¿El motivo? Poder disfrutar del Taj sin prisas, para lo que recomiendo al menos medio día, incluyendo la visita a lo que es en sí su recinto y para disfrutar de las vistas desde el Taj Ganj y el otro lado del río Yamuna. Y el otro medio día bien puede ser usado para ver las otras dos grandes atracciones de la ciudad, el fuerte de Agra y el (mal) llamado Baby Taj (oficialmente el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah). Aparte de eso, dos lugares imprescindibles se ubican en las cercanías de Agra, uno en dirección a Jaipur y otro en dirección a Delhi, y recomiendo verlos al llegar de esas ciudades o ir hacia ellas: son respectivamente Fatehpur Sikri, de la que ya he hablado, y el mausoleo de Akbar, fundador de Fatehpur Sikri, pero ubicado en la localidad de Sikandra, 10 kms. al norte de Agra.

El fuerte de Agra fue nuestro primer fuerte mogol, tras haber visitado ya unos cuantos rajastaníes en el vecino estado de Rajastán. Las diferencias son evidentes incluso para un profano de la arquitectura como soy yo: la magia del colorido rajastaní se reducen en el mundo mogol a dos colores, el rojo de la piedra arenisca y el blanco del mármol. El arte mogol tiene un arco inexistente en los fuertes rajastaníes, escalonado. Y otra gran diferencia es que los fuertes mogoles, al menos los de Agra y Delhi, están ubicados en llano, mientras que en los fuertes rajastaníes son una excepción los que no están en un lugar escarpado (Bikaner fue la única excepción).

Entrada al fuerte de Agra, colosalmente amurallado. En primer plano un coche de policía de la ciudad, que también presume del Taj
El de Agra resultó ser un fuerte espectacular, el mejor de los que vimos de estilo mogol, con unas murallas colosales, unas estancias decoradas en mármol con multitud de detalles (que nos recordaron al fuerte de Amer, mostrando que también hay similitud entre el estilo mogol y el rajastaní), una mini-mezquita, una arquería enorme en uno de los palacios y la cuarta de las vistas típicas del Taj, junto al río, como ya comenté en la entrada del famoso símbolo de la India. No os perdáis este lugar patrimonio de la humanidad si vais a Agra.

Seguimos la visita con el "baby Taj", que digo que está mal llamado así porque tiene en común con el Taj el estilo, que está en la ciudad de Agra y que también es un mausoleo con los mismos materiales... pero la forma de su edificio principal y la ubicación no me recordaron tanto al famoso Taj. No obstante, el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah me resultó diferente, menos imponente que el Taj pero más "accesible" ya que lo vimos casi solos, siendo como es ignorado por muchos de los visitantes que recibe Agra. Además es infinitamente más pequeño. Ubicado al otro lado del río Yamuna, está junto al río pero a bastante más altura sobre él, tanto es así que no recuerdo siquiera haber visto el agua desde el mausoleo. Los detalles labrados en el mármol son, como en todos estos mausoleos, una pasada.

Mausoleo de Itimad-Ud-Daulah, comúnmente conocido como "baby Taj"
Por último, comentar la que fue la anecdota del día y una de las situaciones más desagradables de toda nuestra estancia en la India, que puede ocurrir a cualquier visitante del país. Tras cenar en el mismo restaurante del día anterior, en el Taj Ganj, con vistas al Taj Mahal, que se veía incluso en plena noche gracias a la luna llena aunque no estuviera iluminado, ya sin coche nos decidimos a coger un tuk-tuk para ir a dormir al albergue. Preguntamos a varios conductores si sabían llegar hasta el albergue y nos dijeron no saber. Tras unos segundos en los que íbamos a preguntar a otro grupo de conductores uno de los hombres del primer grupo nos dijo que ya sabía y que montáramos con él. Le pregunté: ¿seguro? Y me dijo que sí.

Pero el viaje fue un martirio. Al minuto de montar en su tuk-tuk ya había parado a preguntar a un señor, lo cual me irritó. Pero tampoco debió ayudarle mucho, puesto que poco después paró en otro lugar a preguntar. Las calles por las que iba me dejaron de sonar. A la tercera parada Steffi empezó a llamarle mentiroso en inglés a gritos (LIAR), pero el hombre no parecía entendernos. La cuarta o quinta vez que paró, un hombre con internet en el móvil lo buscó sin éxito y nos llegaron a preguntar si el lugar existía realmente, a lo que contesté: "por supuesto que existe, ya hemos dormido una noche en ese albergue y allí están todas nuestras cosas. Ayer fuimos en tuk-tuk con un conductor que sabía y éste es un mentiroso". Desconozco si realmente el sitio es tan poco conocido o si aún conociéndolo querían intentar llevarnos a otro hotel... por supuesto, si llega a ser nuestra primera noche en el hotel podríamos haber caído en la trampa, y en el hotel nos habrían cobrado una jugosa comisión para el conductor de tuk-tuk.

Arquería del fuerte de Agra, que es muy similar en fuertes rajastaníes y mogoles
Steffi pidió volver al Taj Ganj para poder empezar de nuevo con un chófer que supiera llegar hasta el albergue, pero el conductor no nos hizo caso, lo cual hizo que aumentara nuestro enfado. Tras otra parada, nos cruzamos con un hombre que tenía una tarjeta del albergue pero que en la que aparecía un hombre de negocios que era el dueño de nuestro albergue, pero pensé erróneamente que la dirección no iba a ser la correcta... pero sí lo fue, y poco después llegamos finalmente al albergue. Frente a los 10 minutos de la víspera, ese día tardamos casi una hora y la distancia recorrida seguramente fuera el triple. El conductor nos despidió con una sonrisa a la que contestamos de mala gana y por supuesto, no se llevó ni un duro de propina. Si perdió dinero por el derroche de tiempo y combustible utilizado con nosotros, que espabile.

Interior del mausoleo de Akbar el Grande, en Sikandra
Y acabo esta entrada con Sikandra, que aunque fue visitada en nuestro día 18, por cercanía toca más hablar de ella en la entrada de Agra que en la de Delhi. Se ubica a unos 10 kms. al norte de Agra, en la carretera que la une a la capital india, y tiene como atracción, al lado mismo de la carretera, el mausoleo de Akbar el Grande, uno de los más importantes emperadores mogoles, que reinó durante la segunda mitad del s.XVI durante 49 años (1556-1605). El mausoleo es espectacular, mucho menos conocido que otros pero respetando sus principios básicos de simetría; jardín dividido en 4 partes, con una preciosa puerta de entrada. No tan cuidado como el Taj, con los canales sin agua, sin embargo compensaba eso con un buen surtido de animales semi-salvajes, como varios cérvidos con grandes cuernos, que campaban a sus anchas y ayudaban a "cortar" el césped. El interior del mausoleo, muy trabajado, recordaba en su sala principal al Taj por su mármol blanco o los detalles decorativos. Aunque estuvimos en una sala previa a la que tenía la tumba en sí, que con su decorado en la piedra arenisca roja no tenía nada que ver con el famoso monumento-símbolo de la India.

Y con esta visita, nos fuimos a Delhi, para pasar tres noches y dos días en la capital india, y esta vez sin la ayuda de chófer ni el coche de alquiler. ¡A la aventura!

Vista del jardín del mausoleo de Akbar el grande, con los cérvidos campando a sus anchas

miércoles, 17 de julio de 2013

Capricho mudéjar: el castillo de COCA


Vista completa del castillo de Coca desde el lado presidido por un jardín, con dos "intrusos" en primer plano :)
Entre las provincias de Segovia y Valladolid se ubica la que quizá sea la mejor concentración de castillos de España, tanto por la gran cantidad que hay en un área relativamente pequeña como por su imponente y al mismo tiempo hermosa factura. Nombres como Peñafiel, Medina del Campo, Cuéllar, Fuensaldaña o Coca capitaneados por el alcázar de Segovia son buenos ejemplos de lo que digo. Hoy traigo uno de los más singulares, una especie de capricho gótico-mudéjar que, además, tiene rasgos que le hacen distinto a los demás.

Construido en el siglo XV, lo primero que llama la atención de este castillo es que no es el típico roquero, situado en un alto cerro. Se encuentra situado en una zona llana, con la única excepción del cauce del río Voltoya, que lo protege por dos de sus lados. Para compensar esa falta de protección natural que a otros castillos les proporciona el desnivel, la fortaleza tiene un enorme foso y sus muros son especialmente anchos e imponentes, dando la imagen de fortaleza inexpugnable.
No obstante, esto es más bien una idea romántica, porque en esta tierra en la que los castillos se hicieron para guerrear entre moros y cristianos, el castillo de Coca se construyó cuando los musulmanes agotaban sus últimos años en la península Ibérica con el Reino de Granada, y la frontera musulmana se encontraba 600 kms. al sur de donde se sitúa Coca. Por lo que su uso como fortaleza en tiempos de guerra no explica que esté tan protegido el castillo, y su forma en realidad esconde más un conjunto palaciego que una máquina de guerra.

Detalle de la vista del interior de las fortificaciones del castillo de Coca
No obstante, estamos ante uno de los mejores exponentes de arquitectura civil gótico-mudéjar del país, y un testigo de las intrigas palaciegas de los Reyes Católicos, entre otros. Tras estar en su apogeo en los siglos XVI y XVII, fue abandonado a mediados del siglo XVIII, lo que dio comienzo a una fase presidida por el progresivo deterioro del edificio. Ocupado por las tropas napoleónicas en 1808, como tantos otros edificios españoles, sufrió el maltrato de las mismas que cuando se fueron dejaron tras de sí un edificio en ruinas. Declarado monumento nacional en los años 20 del siglo pasado, fue cedido al ministro de agricultura en 1954 y restaurado justo después para albergar la escuela de capacitación forestal, un instituto de formación profesional que ocupa un importante porcentaje del edificio en la actualidad. En los años 90 fue utilizado en varias ocasiones para grabar el programa "la noche de los castillos", de TVE. La propietaria actual del edificio, que recuperaría el mismo en 2054, un siglo después de su cesión, es la casa de Alba.

El castillo es visitable con visita guiada, y la entrada tiene un precio módico (andaba en torno a los 3€ por persona cuando estuve, en 2007 y 2009, para más información mirad aquí). Se visitan dependencias que no utiliza el instituto, que sí tienen el aspecto de un castillo ya que eran así en el edificio original; además se explica la historia (centrándose en sus primeros dueños, los señores de Fonseca) del mismo y se da un paseo por los diferentes rincones del castillo, tanto interiores como exteriores, incluyendo la torre del homenaje, los pasos de ronda o la sala de los Jarros o de los secretos, llamada así porque por un efecto acústico se puede hablar entre susurros de un lado al otro de la sala sin que alguien ubicado en el medio se entere.

Para compensar la ausencia de desnivel, el castillo de Coca está defendido por un foso y grandes muros que le dan un aspecto inexpugnable
Visto desde fuera, los lados llanos que dan acceso al castillo han sido usados como aparcamiento en un caso, y para alojar un agradable jardín en el otro, que hará las delicias de los aficionados a la fotografía.

En definitiva, una interesante visita en el centro de la provincia de Segovia.