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sábado, 12 de octubre de 2013

Viaje a la India, día 20: Delhi, perdidos entre sijs, edificios musulmanes y un barrio con sabor europeo

El hecho de estar ante nuestro último día completo en la India nos motivó para madrugar más incluso de lo normal (nos levantábamos, de media, tan pronto como para ir a trabajar, en torno a las 8 de la mañana) y aprovechar las horas de sol y ver todo lo que queríamos.

Mezquita de Jama Masjid, que dice ser la más grande de toda la India
Cogimos el siempre atestado metro para ir a la Jama Masjid, una mezquita que es una de las principales atracciones de la ciudad. Callejeamos 20-30 minutos por el enjambre de callejuelas de vieja Delhi, sin éxito... admití el fracaso de mi orientación, y recurrimos a un señor mayor con su bici tuk-tuk para que nos llevara hasta ella. Una vez más un anciano nos dio una demostración de fuerza y conocimiento de la ciudad. Pedaleaba como podía, y cuando había una cuesta arriba no me dejaba ayudarle a empujar la bici. La fuerza y vitalidad de esos cuerpos huesudos indios no dejaba de sorprenderme.

Llegados a la mezquita, ese templo incomensurable nos encantó. Como otras mezquitas que habíamos visto antes en la India, ésta también era "todo exterior", lo cual no dejaba de sorprenderme debido al clima tan duro que tienen allí (sea por calor de hasta 45ºC o por lluvias monzónicas). En absoluto me pareció más grande que la de Fatehpur Sikri, pero no hay libro que no le coloque el apelativo de "mayor mezquita de la India". La ubicación, en un extremo de vieja Delhi, en un pequeño alto, con esas cúpulas bulbosas blancas y la piedra rojiza, todo en su conjunto, hace que sea de los edificios más bonitos de la ciudad. Se puede subir a uno de sus minaretes, desde donde la Lonely Planet dice que "parece abarcarse toda la India"... algo fantasioso ya que la altura no es mucha, y por desgracia la neblilla de la contaminación tampoco permite ver gran cosa. Por supuesto hay que quitarse los zapatos para visitarla, aunque parezca que estamos más en un patio que en una mezquita.

Entrada al Fuerte Rojo, otro legado mogol en la ciudad. Desde ese lugar se proclamó la independencia de la India el 15 de agosto de 1947
Lo que sí abarcaba la vista de la mezquita era el fuerte rojo, ubicado justo enfrente, pero que requiere una caminata a través de un mercadillo sin extranjeros para llegar hasta él. Aunque el fuerte se ve en todo momento mientras caminamos de un sitio al otro, los conductores de tuk-tuk son insistentes y se ofrecen a llevarte a pesar de todo. Les ignoramos, para una vez que tenemos una verdadera acera y un paseo agradable por el que caminar, no voy a coger un tuk-tuk...

El fuerte rojo prometía mucho y fue una gran decepción, la única que nos llevamos en Delhi y de las pocas de las casi 3 semanas de viaje. Es un fuerte mogol, como el de Agra, pero bastante más vacío por dentro. Los ingleses debieron arrasarlo, y de hecho se ven unos pabellones, nada indios, que son testigo de su paso por allí. Entre dependencias en restauración y otras zonas que no eran visitables por dentro la verdad es que hay poco de lo que disfrutar. Y eso que es patrimonio de la humanidad...

Aunque nos resultó decepcionante, el Fuerte Rojo de Delhi tenía rincones llenos de encanto, como éste
Otro bici tuk-tuk (o bike tuk-tuk) de un simpático joven de Calcuta nos llevó de vuelta al metro, para esta vez conocer el barrio de Nueva Delhi, donde fuimos a visitar el "Gurdwara Bangla Sahib", el templo sij, o sikh, de Delhi. El contacto con Nueva Delhi nos hizo ver otra ciudad, la construida por los británicos a principios del s. XX, sin tuk-tuks, ni vendedores por las calles, con anchas avenidas donde el tráfico era fluido y con las calles, en general, bastante más limpias. Aunque más occidentalizado (y quizá por ello con algo menos de encanto) un "VIVAN LOS BRITÁNICOS" se nos pasó por la cabeza a ambos mientras caminábamos por allí.

Antes de hablar del templo sij, creo que debería explicar rápidamente qué es el sijismo. El sijismo es una religión fundada en la India, a principios del siglo XVI, por el gurú Granth Sahib, en un contexto de tensión entre las comunidades musulmana e hindúes de los territorios que hoy son India y Pakistán, como respuesta a estas dos comunidades religiosas. No voy a explicar aquí su doctrina, pero a grandes rasgos son monoteístas, y creen en una mayor tolerancia entre religiones y tuvieron varias ideas revolucionarias, como por ejemplo la total igualdad de derechos para todos los seres humanos en general, y para hombres y mujeres en particular (cosa que todavía hoy muchas religiones no apoyan). El mayor porcentaje de seguidores del sijismo está en la región de Punjab, hoy dividida entre India y Pakistán, aunque después de la partición la mayoría optaran por el primer país, más respetuoso con las minorías religiosas que Pakistán. A pesar de ser una religión minoritaria, solo el 2% de los indios son sijs, la enormidad del país hacen que estemos ante, según las fuentes que lo digan, la quinta o la novena religión con más seguidores del mundo, con unos 25 millones. Tras el cristianismo, el islam, el hinduismo y el budismo, el sijismo podría ser la siguiente. Por ejemplo, a pesar de ser una religión mucho más conocida en occidente, hoy día hay menos judíos que sijs.

Acomodarse y admirar la belleza del templo sij de Delhi no son cosas complicadas una vez llegados a allí
A pesar de algunos momentos tensos y muy trágicos de nacionalismo e intolerancia religiosa, como los producidos en 1984 con el ataque al precioso templo dorado de Amritsar (el "Vaticano" del sijismo) que provocaron el asesinato de la entonces presidenta Indira Gandhi, los sijs viven en paz con el resto de habitantes de la India. De hecho, el actual presidente indio, Manmohan Singh, es sij. Una forma de identificarlos es por su turbante de tela de un solo color y sus barbas, que normalmente dejan crecer libremente.

Pues bien, aunque los templos santos de los sijs están en el estado del Punjab, en Delhi tienen un templo y eso nos pareció motivo suficiente para acercarnos. Como en muchos otros casos, un hombre se acercó para hablarnos, y como nos habíamos acostumbrado a hacer, lo ignoramos. El hombre no se dio por vencido, paró a otros turistas que salían para que nos dijeran que aquel hombre no buscaba nuestro dinero, solo quería explicarnos qué era aquello, cómo funcionaba su religión y cómo había que visitarlo. Cedimos y empezamos a escucharle con un inglés bastante aceptable.

Primero tuvimos que entrar a un lugar donde me pidieron que me descalzara y me colocara un pañuelo en la cabeza, ya que los hombres han de llevarla cubierta. Nos lavamos las manos y los pies y entramos. El hombre nos esperó a la entrada del complejo y nos siguió explicando, muy amablemente, que en su religión no hay sacerdotes, sino gurús, y que no se les obliga a hacer celibato, ya que creen que crear una familia es lo mejor para la realización del ser humano. Además nos dijo que todo templo sij tiene como característica común la existencia de un estanque para lavarse, de un albergue de peregrinos y de un comedor social, este último gratuito, en el que voluntarios dan de comer a todo el que lo desee. De hecho, nos ofreció comer allí, a lo que nos negamos pensando que era más noble no aprovecharse y dejar ese servicio a gente que lo necesitara realmente, y nosotros no pertenecíamos a ese grupo, por suerte.

Este letrero permite tranquilizar a hindúes y musulmanes en los McDonald's de la India
Recorrimos el estanque por completo, entramos al templo en sí, donde no se podían sacar fotos, en el que el libro sagrado presidía el centro de la estancia. Un grupo de 3 personas cantaba (muy mal, por cierto) algo que me imagino que eran versos del libro, y los altavoces a todo volumen distribuían la música en el edificio. En general, nos sentimos cómodos en todo el complejo, en el que no nos prestaron mucha atención por ser extranjeros, que estaba limpio y que con la explicación gratuita de aquel hombre se nos hizo más fácil de entender. De hecho, a la salida, una foto del templo dorado de Amritsar, esa especie de "La Meca" o "Vaticano" del sijismo me hizo pensar que algún día me gustaría ir a un lugar tan bonito y tan mágico como parece aquél (por desgracia, también tan cargado de historia... con dos matanzas múltiples solo en el s.XX).

Por una vez, a la salida nadie nos esperaba para ofrecernos ir en tuk-tuk ni nadie se nos ofreció en nuestro paseo hasta la inmensa Connaught Place... Nueva Delhi es una ciudad europea en medio de una megalópolis india y hasta en eso se notaba.

En Connaught Place comimos en un Mc Donald's... me prometí a mí mismo tardar muchos meses en volver a hacerlo, pero allí era una experiencia curiosa que nos apetecía repetir. De nuevo nos abrieron la puerta al entrar y vimos a "la gente guapa" que ya notamos en el que estuvimos de Jaipur. Al sacar una foto al letrero que decía que no vendían carne ni de ternera ni de cerdo, una camarera me dijo que estaba prohibido hacer fotos... sorprendido guardé la cámara y pensé que al menos ya tenía la foto que quería. En este país no hay quien entienda nada.

Templo de Safdarjang
Queríamos ir de compras en nuestra última tarde en la India, y nos acercamos al sórdido barrio de Paharganj. Sórdido según la Lonely Planet, porque a mí me encantó y no me pareció apropiado ese adjetivo. Resumiendo, era una calle sin apenas tráfico, con vendedores que no iban a buscar al comprador, y con una variedad de cosas superior a la de casi cualquier otro sitio en el que habíamos intentado comprar algo. Todo un lujo que tampoco era caro. Cogimos 2 figuras preciosas de Ganesh por poco más de 5€ cada una (para regatear me fui 3 veces de la tienda pero llegado a una cifra el vendedor no bajó el precio ni una rupia) y compré 2 camisetas por 2€ cada una en una tienda... ¡con precios fijos! Disfrutar de las compras, algo que solo había experimentado en Pushkar hasta entonces, era posible en Paharganj.

Como quedaba tiempo aún, decidimos acercarnos a la tumba de Safdarjang, uno de los últimos emperadores mogoles. Cogimos el metro y un solitario tuk-tuk nos esperaba a la salida... y asistimos a la discriminación (esta vez positiva) típica que se hace a los extranjeros allí. A pesar de que había una pareja de indios a punto de entrar al tuk-tuk, que me imagino que ya habían acordado un precio con el conductor, los hizo parar al vernos a nosotros y negoció precio con nosotros... como llegamos a un acuerdo (y sacó más dinero con nosotros, seguro), los indios se quedaron con un palmo de narices sin tuk-tuk.

Templo de Safdarjang
Nos dejó en la puerta el conductor, de una tumba más evolucionada y moderna que la de Humayun (también más modesta), aunque realmente espectacular. Con una tranquilidad envidiable para la ciudad en la que estábamos, disfrutamos del lugar casi solos.

Un paseo de 15 minutos a pie, el metro y luego otro tuk-tuk nos llevaron, ya para acabar el día, a la puerta de la India, el arco de triunfo de Delhi. La puerta, rodeada de un cinturón peatonal, estaba bien iluminada y llena de gente. Vendedores ambulantes proponían cosas para niños, y a pesar de que la noche ya había caído, con el trípode salieron bien nuestras fotos. El hecho de moverse de noche por esa ciudad no me resultó en absoluto inseguro, y las últimas horas en Delhi me hicieron pensar en todas las emociones del viaje más lejano y exótico que habíamos hecho en toda nuestra vida, con una sensación de total satisfacción.

Un té en una pijísima cafetería de Connaught Place fue el preludio a nuestro último viaje en metro antes de sufrir una picantísima cena en nuestro hotel que en algún momento me planteé no pagar (había pedido, como siempre, que fuera lo menos picante posible)... pero era el último día y me aliviaba pensar que eso se acababa, y que el picante de la comida de la India no estaría entre las cosas que echaría de menos del país. Así que cedí pensando que en Dubai, nuestro siguiente destino, la comida ya no sería así.

India, volveremos a encontrarnos.

La puerta de la India, una imponente forma de decir adiós a Delhi y al resto del país

jueves, 1 de agosto de 2013

Viaje a la India, día 19: Delhi, compartiendo ciudad con 18 millones de personas

Atardecer junto al Qutb Minar, el mayor y más emblemático minarete de toda la India
Delhi tiene mala prensa. Entre otras palabras que le dedica Lonely Planet están las de caótica, abarrotada, contaminada, enorme y agotadora. Sí, también las hay buenas, y cada viajero tendrá una opinión distinta de la misma, pero realmente estas palabras no me parecieron exclusivas de la capital india, sino algo aplicable a cualquier gran ciudad de la India, solo que frente a los 700.000 habitantes de Jodhpur, por ejemplo, Delhi tiene 18 millones. Es más grande pero igualmente agotadora, caótica o contaminada que una ciudad estándar india de mucho menor tamaño.

Con Delhi pasa igual que con Agra, muchos paquetes turísticos pasan demasiado rápido por estas dos ciudades que tienen tanto por ofrecer. En el caso de Delhi tiene aún más delito, porque vimos viajes programados que solo la utilizaban para dormir nada más llegar al país o justo antes de salir de la India, sin dejar tiempo para visitarla, siendo la ciudad más sencilla y barata de visitar por el mero hecho de que uno está obligado a pasar por ella por su aeropuerto. Si aceptáis mi consejo, en un viaje pausado yo dejaría 2 ó incluso 3 días para visitar la capital del país. Porque sin tener una unidad arquitectónica como sí tienen ciudades rajastaníes como Jaisalmer, Jaipur o Jodhpur, tiene tantas perlas dispersas por toda su geografía que recompensa con creces, y además es una forma de ver otra cara de la India, la de sus emergentes megalópolis, una mezcla entre tradición india y una modernidad que quiere abrirse a occidente. Además, y aunque no conozco las otras dos (Bombay y Calculta) viendo fotos y leyendo sobre ellas estoy convencido de que Delhi es la más interesante de las tres.

Templo de Loto

DELHI, NUEVA DELHI, VIEJA DELHI... ¡QUÉ LÍO!


Paso a aclarar un concepto que me traía de cabeza y que entendí una vez estuve allí, que es la diferencia entre Nueva Delhi, Vieja Delhi o Delhi a secas. Lo explico:
Nueva Delhi es la capital de la India. Es una ciudad, construida dentro de Delhi por los británicos, para que fuera su nueva capital tras quitar dicha capitalidad a Calcuta (Kolkata) en 1911... se inauguró en 1931, y los británicos la hicieron pensando en no dejarla nunca a pesar de la tensión independentista que ya había en el país, y que acabó provocando en 1947 que India dejara de pertenecer al imperio británico. En la práctica Nueva Delhi no es más que uno de los muchos barrios de Delhi, con solamente 300.000 habitantes, por lo que los indios y yo mismo solemos referirnos a Delhi, a secas, como la capital. Por poner un ejemplo es como si el Eixample o ensanche barcelonés fuera la capital de Cataluña... como solo es un distrito de Barcelona, por extensión acabaríamos refiriéndonos a Barcelona como su capital.
Vieja Delhi es otro barrio de la ciudad, el de mayor antigüedad que, como en cualquier ciudad europea, era la única Delhi que existía hasta hace poco más de un siglo; un recinto amurallado que se empezó a llamar así cuando se empezó a construir la Nueva Delhi británica, para distinguirlos. Recorrer ambos muestra las dos caras más antagónicas de la ciudad; el caos y encanto de un urbanismo indio antiguo contra el racional y moderno pero más impersonal urbanismo británico de primera mitad del s.XX.

CÓMO VISITAR DELHI


A la hora de visitar Delhi nosotros hicimos una apuesta que nos salió muy bien, y que por tanto recomiendo por aquí a todo el que se decida a conocer la ciudad. Decidimos prescindir de los servicios del coche de alquiler y del conductor, a pesar de su comodidad, para ahorrar el dinero que valdrían y porque teníamos interés en disfrutar de la India sin ayuda en una ciudad que creímos que iba a ser algo más amable para el viajero independiente. Lo que nos terminó de decidir fue ver las 6 líneas que tiene el metro de Delhi, insuficientes para una ciudad de ese tamaño pero que bastaban para visitar los lugares de mayor interés sin perdernos en el tráfico de Delhi ni dentro de sus tuk-tuks. Creímos que visitar en metro la ciudad sería más rápido que hacerlo en coche y acertamos, aunque en nuestro primer día en la India, en Delhi y con coche, aprovechamos para ver dos lugares cercanos al hotel y no pegando al metro como son la tumba de Humayun y el templo de Birla. 

EL METRO DE DELHI


La realidad es que el metro de Delhi es tan eficiente como casi cualquier metro europeo, siendo muy nuevo y hasta bonito, solo que con una capacidad insuficiente para la cantidad de gente que lo usa. Esto provoca que vayas como "sardinas en lata" en su interior o que en ocasiones solo puedas coger el 3er o incluso 4º metro que te pase delante de las narices, porque para entrar has de hacer cola, los metros anteriores pasan llenos y nadie puede subir o los indios se te cuelen en tu cara en el último momento, incluidas mujeres de 1,50 de estatura con dos niños en brazos. La máxima de "dejar salir antes de entrar" no es en absoluto respetada, lo que provoca enfados, zarandeos, etc. vimos como un turista jubilado fue movido por la multitud que quería entrar al metro y lo pasó realmente mal durante unos segundos... sobra decir que aunque no me sentí más inseguro que en cualquier ciudad europea, con tanta gente en tan poco espacio, hay que tener mucho cuidado para evitar robos, porque un carterista podría hacer su agosto ahí metido.

Columnas del conjunto del Qutb Minar
Además de eso algo que sorprende es que la seguridad es una máxima en el suburbano más grande de la India, ya que al entrar se pasa por un detector de metales, todo usuario ha de hacer cola también para ser cacheado y porque toda parada tiene una especie de trinchera hecha con sacos de arena tras la que se aloja un militar con un arma dispuesto a disparar. Me resultó impresionante, atemorizante e incluso exagerado ese despliegue de seguridad, pero hacer fotos estaba totalmente prohibido y no puedo dar testimonio gráfico de todo aquello. También hay que tener en cuenta que Delhi, como capital india, es el blanco perfecto de todo tipo de integristas, destacando los pakistaníes, país con el que mantienen un conflicto por el dominio de la región de Cachemira.

Por último, decir que al montar en metro me sorprendió no ver ni una sola mujer, aparte de mi pareja, en el vagón y en los vagones adyacentes. Más tarde descubrimos que esto es porque hay unos pocos vagones dedicados en exclusiva a las mujeres, algo que se hace para evitar manoseos masculinos aprovechando la superpoblación que viaja en metro a casi cualquier hora. Es algo que parece extraño en Europa, pero en Asia no es ni mucho menos el único metro con vagones exclusivos para mujeres, Tokyo es otro ejemplo. Por suerte, como en otros países del estilo, la posibilidad de ser sobada en el metro se reduce prácticamente a cero si a las mujeres viajeras les acompaña algún varón. Quizá el que yo les saque cabeza y media de estatura a la mayoría de indios también ayuda a evitar ese tipo de problemas :)

QUÉ VER EN DELHI


La víspera llovió un poco en la ciudad, lo cual fue una excelente noticia ya que la lluvia es el mejor de los remedios contra la polución urbana porque la diluye, y eso lo sabe todo habitante de una gran ciudad. Por lo que Delhi estaba menos contaminada que de costumbre y eso ayudó a que disfrutáramos de la ciudad.

Nuestra primera parada fue una de las experiencias más extrañas y apasionantes a la vez que tuvimos no solo en Delhi, sino en toda la India. Tras más de dos semanas creíamos que este país ya no podía sorprendernos, pero de repente descubrimos Akshardham y reconocimos nuestro error.

Akshardham es un complejo a medio camino entre pequeño parque de atracciones y la capital religiosa de una especie de secta o variante del hinduismo. ¿Os imagináis que en España los testigos de Jehová crearan un parque de atracciones para explicar al profano su doctrina? Pues eso es Akshardham pero a la india. Pero no os asustéis, ellos te cuentan la base de sus creencias de forma amena, tú si quieres no te lo crees, y disfrutas del espectáculo de un recinto mágico que además de a esa agrupación religiosa rinde tributo a la India y a sus habitantes.

Llegar a Akshardham es fácil; cuenta con su propia parada de metro en la línea azul, aunque el complejo no se ve desde la salida y varios conductores de tuk-tuk nos ofrecieron sus servicios... no son necesarios, en apenas 5 minutos a pie estás a la entrada del parque.

A la entrada del parque hay que dejar todo en unas taquillas, porque meter casi cualquier cosa está terminantemente prohibido, incluyendo cámara de fotos, chicles, papeles... los guardias lo resumían diciendo: "meted solamente agua, el pasaporte y dinero". Por eso tampoco puedo mostrar fotos de este lugar, aunque internet está plagado de ellas si tenéis curiosidad. A cambio el lugar presumía de una limpieza digna del más limpio país de occidente.

Templo de Akshardham. Foto cogida de la wikipedia
El motivo central del complejo es un gigantesco templo, que no disimula su modernidad, pero que es una auténtica pasada. Presume de tener esculpidas 20.000 figuras y había varias deidades en su interior. Lo rodeaba más de un centenar de elefantes de piedra, todos distintos entre ellos, en lo que era un homenaje a este animal, tan importante en el país, y estos a su vez estaban rodeados por un estanque con fuentes, con un agua limpísima.

Aparte del acceso al templo, el parque tenía 3 "atracciones", de las cuales una de ellas era para un público claramente infantil. Aunque no había opción de pagar solo por las otras dos, cuando el guardia de la primera atracción que queríamos visitar se enteró de nuestra falta de entusiasmo por la infantil, nos la quitó y tiró a la basura sin pedir permiso. Se nos quedó una cara...

La primera "atracción" era entrar en un moderno cine con una gigantesca pantalla para ver un documental sobre el niño que inspiró la creación de esta corriente del hinduismo. Contaba cómo ese crío se fue con 11 años de casa y vivió meditando, con poderes sobrenaturales que le permitían desarmar a sus enemigos con enredaderas o cruzar el Himalaya andando durante los 6 meses de invierno, descalzo y con un taparrabos como única prenda de vestir. Vamos, pura ficción... pero que no se me malinterprete como irrespetuoso de esta religión, detrás de los orígenes de cada creencia religiosa, incluida la nuestra, hay historias que no suelen parecer muy reales que digamos :)

La otra atracción fue un chovinista paseo en barca por un canal cubierto a través de la historia de la India, hablando de civilizaciones perdidas o de personajes indios que hicieron cosas importantes, con sus figuras representadas. Estaba muy bien montado, los altavoces iban contando en inglés qué cosas veíamos y quiénes eran los personajes que aparecían. Pero el chovinismo era de risa, ya que parecía que lo habían inventado todo los indios... como ejemplo, contaban que un indio descubrió la ley de la gravedad 1000 años antes que Newton, y así hubo muchos ejemplos más, por lo que entended mi incredulidad.

Otra vista del templo de Loto
Comimos en el parque unas micropizzas vegetarianas y unos bocadillos picantes, y tras ver un jardín con esculturas de glorias indias como Gandhi o Nehru, entramos a la tienda de recuerdos. Por primera y última vez vimos precios fijos en la India, donde además los precios estaban más pensados para los indios que para los extranjeros (aunque se dice que más de la mitad de los visitantes extranjeros de Delhi pasan por este complejo). Me moló comprar postales a 0,03€ o un libro que hablaba sobre el parque, en color, por menos de 1€. Tras esto volvimos al petadísimo metro a visitar otro templo, muy singular también, y de otra religión extraña.

La casa de adoración Bahá'í, más conocido como el templo de Loto por su forma, es la casa matriz de esta congregación en el subcontinente indio, y en él se permite el rezo a Dios por parte de fieles de cualquier religión, aunque los sermones o plegarias en voz alta solamente han de ser las de esta religión. Con templos por todo el mundo, la visita a éste es gratuita, está abierto para todo el mundo, y especialmente por fuera es un edificio espectacular, digno del mejor Calatrava o del arquitecto que hizo la famosísima ópera de Sidney. Para visitarlo solo hay que hacer cola, entrar cuando te toque, y salir cuando te lo pidan, tras unos minutos en el interior del edificio, todo dentro de un orden tan estricto que por momentos pensé que había una cámara oculta, porque la India es todo lo contrario al orden que allí se respiraba. Aunque no había una prohibición que lo indicara, el edificio no se podía rodear porque unos guardías lo impedían, pero las fotos que tenemos, aun a contraluz, son lo suficientemente dignas, por suerte.

No nos quedaba mucho tiempo, el sol pronto se iba a esconder, así que volvimos al metro para ir al Qutb Minar. Recorrimos media ciudad, con una vista sobrecogedora de un "slum" (barrio chabolista, muy frecuentes allí) y al bajarnos del metro descubrimos que esta vez, aunque la parada se llame como el lugar, el Qutb Minar queda lejos... recurrimos a un tuk-tuk que por unas 40 rupias nos dejó en la puerta del lugar, que estaba cerrando... ¡a las 4 de la tarde! Preguntamos y nos dijeron "chai time", por lo que entendimos que simplemente hacían una pausa para el té, apenas dos horas antes del cierre del día... ¡han copiado de los británicos solo lo que les interesa! La espera durante la pausa y luego en la cola que se formó, mientras se iba haciendo de noche, se nos hizo eterna. Paciencia...

Qtub Minar
El Qutb Minar es un impresionante minarete, el más alto de la India y de entre los hechos en ladrillo el más alto del mundo, hecho con arenisca roja y mármol. Tiene unos 75 metros de altura y fue construido en los siglos XII-XIV, cuando en la época, Delhi era una ciudad musulmana, y de hecho está en unos de los recintos de las siete ciudades antiguas de Delhi, aunque hoy queda a las afueras de la ciudad actual. El minarete se va estrechando conforme se hace más alto hasta el punto de que su diámetro pasa de los casi 15 metros en la base a no llegar a los 3 en la cima. Tiene versos del Corán escritos en él y se inspiró para su construcción en el minarete Jam, que está en Afganistán, por lo que estábamos ante un cachito de la cultura de ese país, hoy tan peligroso. El complejo que rodea al minarete está en su mayor parte en ruinas, ruinas hermosas, eso sí, que complementan la visita a un rincón que nos transporta a los orígenes de esta gigantesca ciudad, tan distintos de lo que es hoy. El lugar está declarado patrimonio de la humanidad.

Y como la noche ya había caído, nos volvimos al hotel, impresionados con los tres lugares tan distintos con los que nos había deleitado Delhi en el primer día de esta segunda visita.

sábado, 24 de marzo de 2012

Viaje a la India, día 3: Delhi --> Mandawa (aquí se echa gasoil sin parar el motor)


Patio de nuestro hotel en Mandawa, el Mandawa Heritage hotel

DELHI

Esa noche notamos el efecto del jetlag... nos metimos relativamente pronto a dormir, y a las 5 de la mañana me desperté, no muy descansado, pero fui incapaz de volverme a dormir. A Steffi le pasó igual, y pasamos lo que quedaba de noche lo mejor posible, leyendo y hablando sobre lo que habíamos visto y lo que nos esperaba.

Ese día conoceríamos lo que es moverse en coche por la India. Tras un desayuno bastante estándar en nuestro hotel (4 tostadas con mermelada y mantequilla, té y zumo), el "Wood Castle" de Delhi, montamos en el coche y pusimos rumbo a Mandawa, una pequeña población en la provincia de Shekhawati. Shekhawati es una remota región de Rajastán, ligeramente alternativa en las rutas por ese estado indio, que nosotros visitamos por pillar de paso entre Delhi y las ciudades bastante más grandes del desierto del Thar, como Bikaner o Jaisalmer. Bueno, lo de "pillar de paso" lo decimos porque en el mapa está en el medio de esa ruta, no porque las principales carreteras que unen Delhi con esas ciudades rajastaníes pasen por allí... ¡más bien al contrario! Ninguna carretera principal atraviesa esta especie de provincia y pronto nos daríamos cuenta.

DE DELHI A MANDAWA

Salir de Delhi en coche es una buena forma de sentir lo que es estar en un país emergente superpoblado. Todo son coches, coches y más coches, muy modestos la mayoría, pero están por todas partes, y las infraestructuras que usan se quedan insuficientes, ni siquiera los 4 carriles de la carretera que une Delhi con su aeropuerto (que luego sigue hasta Jaipur) son suficientes, aunque los conductores ignoren las líneas de la carretera y los 4 carriles pasen a ser 6.

Intenso tráfico a la salida de Delhi
Pasado el aeropuerto, me llamó la atención ver muchísima gente esperando en las cunetas de la autovía... debían ser personas que esperan a que alguien las recoja para ir a trabajar, y que no tienen medios para ir por sí mismos. Esperan algún autobús que les lleve o el tuk-tuk de algún compañero en el que, apretadísimos, poder cumplir con su deber, aunque sea con otras 10 personas en un vehículo cuyo máximo número legal de ocupantes es 3.

Llegados a Rewari, una ciudad del estado de Haryana sin mayor interés, dejamos la autovía y comenzamos un largo periplo por carreteras que fueron de mal en peor. El paisaje va pasando de ser la India verde tradicional de las llanuras de los ríos Ganges y Yamuna a la India desértica de Rajastán. Llegó un momento en el que la carretera pasó a ser "media carretera", esto es, pasó a tener la anchura justa para un camión o un coche, pero evidentemente seguía siendo de sentido doble... así aprendimos la principal norma del código de circulación indio que es... que no hay normas. Cuando nos cruzábamos un coche de frente se producía un diálogo de besugos en el que uno daba las largas al otro y el otro se las daba al uno, queriendo decir el primero al segundo: "cuidado, que voy para allá, aparta de mi camino"; mientras que el segundo respondía:"tú eres el que estás en mi camino, apártate tú". La situación acababa con los dos coches acercándose peligrosamente el uno al otro sin ceder, apartándose a última hora ambos a la cuneta, en mayor o menor medida, para no chocarse uno contra el otro. Noté que los coches grandes tienden a tener mayor orgullo y a apartarse menos y más tarde, pero casi todos se ven obligados a sacar la mitad izquierda de su coche (en India se conduce por la izquierda) a la cuneta para evitar una colisión. Sobra decir que la cuneta es de tierra, no tiene por qué estar a la misma altura que la calzada y los baches no son la excepción sino la norma.

"Media carretera" en Rajastán, ya cerca de Mandawa
Siguiendo con el tráfico, resulta curioso ver lo decorados que están todos los camiones indios. En un país con la infraestructura ferroviaria india no esperaba ver tanto tráfico de camiones, pero cruzarse con camiones a velocidades ridículas es una constante. Camiones que, evidentemente, tienen que ser adelantados cuanto antes si no quieres conformarte con una velocidad máxima de 40-50 km/h... de cómo se adelanta en la India hablaré otro día :P 
Pues bien, todos los camiones están pintados y personalizados hasta el extremo, con pinturas bonitas y coloridas aunque para un occidental diría que pueden resultar infantiles. En la parte trasera no puede faltar el lema del tráfico indio: "horn please" o "blow horn" (que viene a significar: "toque el claxon, por favor"). El motivo de ese lema, aparte de una extraña "filia" que deben sentir los indios por el ruido del tráfico, es porque los retrovisores se usan más bien poco, si es que se tienen... y el claxon es la forma más útil para ellos de advertir que te estás acercando a otro vehículo por detrás (sí, lo pueden tocar cada vez que se acercan a otro vehículo, algo que ocurre cada pocos segundos en ciudad). De hecho, nuestro primer conductor tenía el retrovisor izquierdo (equivalente a nuestro retrovisor derecho) replegado... cuando le pregunté si es que estaba roto se empezó a reír... más tarde entendí que esa risa significaba que prefería replegarlo a usarlo... algo que además tenía la ventaja de reducir la "anchura" del coche...

De repente Noordin paró a repostar. Los precios, siendo baratos comparado con Europa, no son muy baratos visto el poder adquisitivo de los indios, andando en torno a 1,05€ la gasolina y unos 0,75€ el diesel, más de la mitad que aquí. Me quedé extrañado al ver a Noordin bajar del coche sin parar el motor... 5 hombres se acercaron al coche para repostar (sí, con uno vale, pero esto es la India) ¡¡y ni cortos ni perezosos empiezan a echar combustible sin parar el motor!! Me imagino que sobran los motivos para parar el motor al repostar, y aunque los desconozco no cabía en mí de asombro. Al volver al coche, pregunté a Noordin por el tema y me soltó la frase comodín del viaje: "No problem".

MANDAWA


Nuestro hotel, el Mandawa Heritage, con su amable botones
Llegamos a Mandawa a la hora de comer, y al llegar flipamos con nuestro hotel, de nombre "Heritage Mandawa". Se trataba de una haveli (mansión) típica de Shekhawati, restaurada y devuelta a su esplendor, con numerosas pinturas llenas de vivos colores. La comida allí fue correcta, con un chulillo camarero que nos tenía como únicos clientes, y que se entretuvo los ratos que no le dimos trabajo haciéndose autofotos con una moto que entiendo que era suya... :)

Noordin nos recomendó visitar la pequeña ciudad con un guía, debido a que guardaba secretos que sin ayuda no podríamos ver... como no teníamos mapa en el libro y el precio era más que correcto aceptamos (nos dijo que un precio justo eran 5€ por 2 horas de paseo); me hizo gracia el detalle con el que Noordin nos quiso dejar claro que el guía era de fiar: "Es un buen tipo, musulmán, como yo". No pude evitar dirigir una sonrisa a Steffi... :)

Haveli típica en Mandawa
El guía resultó ser muy agradable, lo que nos hizo pensar que podíamos confiar plenamente en Noordin en el futuro. Nos enseñó su pequeña ciudad con un paseo genial... Mandawa floreció como lugar de paso en la ruta de las caravanas que comerciaban con opio, la materia prima de la heroína, pero que en India todavía se consume sin el tratamiento químico que la heroína necesita. Ricos comerciantes construyeron sus havelis con vivos colores en el s. XIX, pero cuando el comercio dejo de dar dinero, emigraron con su dinero a las grandes ciudades indias, especialmente a Bombay, abandonando las havelis de Shekhawati. Estas casas, en ocasiones en estado ruinoso, dan a la ciudad un aspecto decadente y melancólico, como pocas poblaciones me habían transmitido antes. Allí parecíamos estar a años luz de Delhi, en un ambiente rural y apacible en el que solamente el polvo (muchas calles no estaban asfaltadas) y la basura, mucho más abundante que en Delhi, eran lo único que desentonaban. Por suerte, algunas havelis estaban siendo recuperadas por los habitantes de la ciudad, cosa que se hacía con el precio de las entradas que se pagaba por visitarlas. Aquellas recuperadas nos parecieron deslumbrantes... descansamos tomando nuestro primer "masala chai", un té con leche muy común en india, con gengibre y otras especias y hierbas que le dan un característico toque picante. Nuestro guía, con gestos evidentes, me dijo que era una especie de viagra natural :P
Esto lo hicimos en la casa de una mujer viuda que aparentaba tener nuestra edad. La historia de su vida nos entristeció: su marido era electricista y murió trabajando poco antes... la tradición hindú le prohibe volver a casarse y tendrá que sacar adelante sola a sus tres niñas... aparentemente maquilladas, la más pequeña nos transmitió con esta potente mirada la cara menos amable de las tradiciones indias :(

Niñas en Mandawa, una potente mirada
Acabada la visita recompensamos a nuestro guía con un 60% más de dinero del que nos recomendó Noordin por su simpatía y porque se alargó casi hasta las 3 horas, y tras descansar en el hotel, con nuestra cama más ancha que larga (algo normal por allí) salimos ya de noche a cenar. Cenamos en el restaurante "Monica", recomendado por el guía, y la comida resultó ser una de las mejores de toda nuestra estancia en el país. Noordin nos acompañó y se lo agradecimos un montón porque muchas calles adolecían de escasa iluminación o no tenían en absoluto... y aunque la ciudad estaba prácticamente vacía y no sentimos peligro, no era plan. Tras una ducha en el hotel con un minuto de agua caliente para cada uno, nos fuimos a dormir.

viernes, 23 de marzo de 2012

Viaje a la India, día 2: Delhi

Nos montamos en el coche, una especie de Ford Fiesta pero con culo, que no se comercializa en España, y que tiene por nombre "Ford Ikon". Las maletas entran de sobra en el maletero, algo que me sorprendió gratamente, y mientras vamos a la ciudad para hacer el check-in en el hotel, Udai nos explica la documentación que nos va a dar y demás... por el camino nos alejamos de la modernidad del aeropuerto y vamos viendo la realidad india: coches muy modestos cuando no carros en la carretera, personas en las cunetas, algunas barriendo con escobas que no son más que un precario conjunto de pajas secas atadas y un cielo muuuy gris que estaba así no precisamente por nubes de lluvia, sino por la contaminación que sufre la ciudad.

Tumba de Humayun

Llegamos a la calle del hotel, que nos costó un poquito encontrar (éste lo elegimos nosotros y no la agencia), y la verdad es que sentí un poquito de miedo cuando me tuve que bajar del coche e ir andando hasta la puerta. Había suciedad, escombros, cables de la electricidad a una altura a la que casi llegaba a tocar con la cabeza y empecé a sentir algo que se convertiría en normal durante todo el viaje: todo el mundo te observa, y en muchos casos te saluda. Pero no es más que eso...

Una vez en el hotel nos hicieron rellenar nuestros datos en un libro, algo que se volvería una rutina en el viaje. Subimos a la habitación, pagamos a Udai todo lo que debíamos a la agencia por el viaje y nos metimos a dormir. Lo de pagar lo hicimos con cierta desconfianza, ya que teníamos miedo de que al tener el dinero en su poder, la agencia llevara a cabo peor su trabajo o incluso nos dejara tirados a mitad del viaje... por suerte, eso no ocurrió en absoluto, y salvo un cambio de chófer en Jaipur del que ya hablaremos, no tenemos nada que reprochar a la agencia, más bien al contrario. Pagamos en parte porque no me molaba mucho la idea de ir con varios cientos de euros encima por ese país, pero tras volver de allí puedo decir que ese miedo tampoco le hace justicia, ya que una vez que te acostumbras, verás que lo que te rodea es miseria y suciedad, pero en este caso eso no significa inseguridad. Creo que el índice de robos en India no es muy diferente al de un país europeo estándar.

Habitación del hotel "Wood Castle", en Delhi

Dormimos unas 3 horas, y nos despertamos algo más descansados (estábamos muertos) con intención de ver algo de Delhi. Al bajar a la recepción del hotel nos llamó la atención que nuestro chófer estuviera allí sentado esperándonos, y no nos tuviéramos que molestar en buscarle o llamarle por teléfono. Así que montamos en el coche y fuimos a ver el que quizá sea el edificio estrella de Delhi: la tumba de Humayun.

Del hotel a la tumba de Humayun, según google maps, había poco más de 6 kms. pero en el coche se convirtieron en más de 30 minutos. No sufrimos ningún atasco, y aunque cambiamos de dirección con frecuencia, a Noordin se le veía seguro y no dudó para llegar hasta allí. El problema es que hay rotondas cada pocos centenares de metros (hay pocos semáforos) y que en la calzada puedes encontrarte de todo... en las rotondas además la prioridad no existe, pasa el que primero llega o el que menos cede el paso a los demás. Llegados a la puerta, nos bajamos del coche y empezamos a saber cómo las gastan allí. Algún vendedor nos ofreció su mercancia en los carros, y tuvimos que cruzar nuestra primera calle céntrica con 4 carriles, sabiendo que ningún vehículo deja pasar a los peatones salvo si el no frenar conlleva atropellarlos. Prefieren dar un volantazo para evitarte que frenar. En la puerta, vimos otra cosa normal en la India, los precios muy distintos según seas indio o no. Aunque no es un gesto muy amigable para el turismo extranjero están en su derecho de hacerlo, y los precios siguen siendo correctos para un español (el precio no suele pasar de los 4-5€ salvo el Taj Mahal, que llega a los 12. Los monumentos algo más secundarios suelen valer 1,5€). Eso sí, no hacen distinción entre extranjeros, y paga lo mismo un suizo que un nepalí, pero bueno, entiendo que tampoco se pueda poner un precio a cada país...

La tumba de Humayun responde al patrón de mausoleo mogol (imperio musulmán que dominó la India y varios de sus países vecinos desde el s. XVI al XIX), que alcanzaría su apogeo con el famoso Taj: un gran edificio central, donde se alojan las tumbas, rodeado de jardines perfectamente alineados y divididos en cuadrículas. El lugar es espectacular, una buena forma de empezar nuestro periplo en este país y en esta ciudad. Fue maravilloso dejar atrás por un momento el caos y el ruido predominante en Delhi, ya que entre las dimensiones de los jardines y la cantidad de árboles, el ruido del tráfico apenas nos llegaba. Allí empezamos a causar sensación: todo el mundo nos miraba como si fuéramos de otro planeta (¡cuánta razón!) y un par de grupos de chavales nos pidieron, entre risas, que nos hiciéramos fotos con ellos. De nada sirvió que Steffi se tapara su melena rubia con un velo, sus ojos azules la delataban como "ser exótico al que hay que retratar en una foto". Ambos llamamos la atención, pero ella aun más que yo.

Templo de Birla
Tras una visita pausada, con muchas fotos y alguna auto-foto, salimos y nos acercamos al templo de Birla, un colorido templo hindú, moderno pero que me llamó la atención y que estaba cerca del hotel. Se estaba haciendo de noche, pero la visita no decepcionó. Entramos a un parking junto al templo por un camino sin asfaltar por el que nuestro chófer tuvo que pagar unas pocas rupias. El templo, con pocos extranjeros, estaba decorado con esvásticas por fuera, que al parecer son muy típicas del mundo hindú (se dice que son un símbolo de la buena suerte), y con esculturas de varios animales como elefantes o cobras, tenía un cierto aire infantil que volveríamos a notar después en otros templos hindúes modernos. Para entrar, como en las mezquitas, nos exigieron quitarnos el calzado, pero si bien en las mezquitas turcas pisar descalzo es un placer por la moqueta o las alfombras que hay en el suelo, en la India el suelo es muchas veces de mármol, por lo que está muy frío y se está un poco a disgusto incluso con calcetines. El colorido exterior, rojo y amarillo, se prolongaba en el interior, con bonitas figuras de deidades hindúes, que típicamente tienen muchas extremidades (sobre todo brazos) y en ocasiones combinan rasgos humanos y de otros animales en un mismo cuerpo. Contentos y con los pies helados, salimos del templo y volvimos al hotel.

Templo de Birla
Como no conocíamos nada y en Delhi no habíamos echado ni siquiera un vistazo a los restaurantes recomendados por la Lonely Planet, cenamos en un restaurante que nos sugirió Noordin y desde el que podíamos volver andando al hotel. El sitio, muy elegante, con comida china e india en la carta, estuvo bastante bien aunque fue más caro de lo que esperábamos (pagamos unos 7€ por persona cogiendo algo relativamente sencillo). Con el tiempo nos daríamos cuenta de que comer en restaurantes indios no es tan barato como cabría esperar, y el motivo diría que es porque los indios apenas comen fuera de casa, y al ser enfocado a extranjeros, saben que pueden pedir más dinero. Además, en prácticamente todos los restaurantes tenían bastantes más empleados de los necesarios, y aunque sea con sueldos miserables, eso hay que pagarlo... ¡a dormir!

domingo, 18 de marzo de 2012

Viaje a la India, día 1: España - Dubai - Delhi


8:30 de la mañana del 21 de enero de 2012. Bajo la niebla, esperamos el bus de línea que nos lleve de Aranda de Duero a Madrid. Lo pienso, y me parece increíble que en menos de 24 horas vaya a estar en Delhi, a 8000 kms. de distancia de donde estoy ahora y en las antípodas culturales del mundo occidental. El viaje en bus transcurre sin contratiempos, llegamos con un mínimo retraso a la avenida América. 

Me espera el viaje en avión más largo de mi vida hasta la fecha, y con diferencia. El record hasta ahora lo tenía el vuelo que hice a Moscú hace año y medio, de unas 5 horas, y esta vez solo el Madrid - Dubai será de 7 horas a la ida y de 8 a la vuelta. Casi nada, menudo coñazo... no es que me desagrade volar, solamente lo considero "un mal necesario", que a alguien de mareo fácil como yo le ha dado algún pequeño disgusto. Pero al montar al avión todo comienza a mejorar.

Azafata de Emirates
Volamos con Emirates, compañía aérea con base en Dubai, famosa por la publicidad de las camisetas de equipos de fútbol como el AC Milán y sobre todo el Arsenal, y para mí, conocida por los peculiares gorritos de las azafatas, que representan hasta el extremo una visión cosmopolita de los Emiratos Árabes Unidos... lo mismo hay azafatas europeas (del norte, sur, este y oeste) como del extremo oriente, América...
Volar con Emirates es muy diferente de hacerlo con compañías de bajo coste como las que estoy acostumbrado a coger en los vuelos que he hecho sin salir de Europa. No ya por tener aviones mucho más grandes o con mayor espacio para las piernas (un poco más, tampoco para tirar cohetes), sino por el ordenador individual que tiene cada asiento en el respaldo del asiento anterior, que cuenta con música (tanto clásicos como éxitos actuales), películas diversas, videojuegos, información en tiempo real del vuelo con cámaras para mostrar lo que se ve fuera o información turística de Dubai. El viaje se me hizo más corto que muchos de 3 horas en aviones "normales", y no tuve que tirar de la mochila para comer (nos dieron de comer 2 veces). Eso sí, tuve tiempo para enterarme de que mi novia es una mujer casada... al menos según las azafatas del avión... jejeje. Se dejó un anillo que definieron como "anillo de casada" al ir al WC (aunque más bien era una arandela cutrecilla que encontró en un bar de Aranda) y tuvimos bromas varias por ello.

Pantalla multifunción que tenía cada pasajero de ese avión
En el aeropuerto de Dubai teníamos una escala de 4 horas y media, demasiado si los vuelos son puntuales, pero que preferí cuadrar así para reducir las opciones de perder el avión de Dubai a Delhi. Ya en el aeropuerto notas el toque de modernidad y prosperidad de la ciudad emiratounidense. Debido al poco tiempo decidimos no salir del aeropuerto, era noche cerrada (las 00:30) e intentamos dormir. Y aquí empezamos a notar el jet-lag... aunque estábamos cansados no teníamos sueño, y es que en España eran las 21:30 y no son horas de dormir... nos acostamos en el suelo, y tras media hora, nos dijeron que no podíamos dormir allí, que había una zona habilitada para hacerlo y sí, poco después, junto a las puertas de embarque, había una especie de asientos-tumbonas en los que se puede descansar mejor. No conseguí dormir, pero me pareció un detalle que podríamos copiar en España, donde el objetivo últimamente parece ser más el de hacer aeropuertos gigantescos con el mínimo número de asientos posibles, y como ejemplo puedo poner las zonas de facturación de cualquier terminal en Barajas.

El segundo vuelo se me hizo raro, a una hora intempestiva (salió a las 4:40, hora local), con la extraña sensación de que me estaba entrando sueño justo cuando empezaba a hacerse de día. Entretenidos con nuestros videojuegos o películas, vimos como mi compañero de asiento aprovechaba que Emirates ofrece gratuitamente botellitas de bebidas alcohólicas a los pasajeros... al 3º jack daniel's me empecé a asustar, aunque luego el hombre se puso a hablar conmigo y no parecía especialmente ebrio...

Reventados pero ilusionados ante la aventura que ya se acercaba vertiginosamente, llegamos puntuales a Delhi. El aeropuerto, moderno, no hacía pensar que habíamos llegado a un país en vías de desarrollo, el más pobre que habíamos visto antes, mucho más que Serbia, Bulgaria, Turquía o Marruecos, entre otros. El carácter itinerante de nuestro viaje hacía que temiéramos especialmente que nos perdieran alguna maleta, dado que recuperarla habría sido complicado durmiendo cada día en una ciudad distinta, pero todo fue bien. En la puerta 6 nos esperaban Noordin, nuestro chófer, y Udai, el coordinador de la agencia con la que conoceríamos el noroeste de la India, pero eso ya lo contaré en el segundo día.