sábado, 1 de junio de 2013

Un circo maravilloso: GREDOS


La foto del concurso, respirando bien profundo: laguna grande de Gredos, circo homónimo y el Almanzor presidiéndolo
Se dice que el circo es el "mayor espectáculo del mundo", y esa frase me vino a la cabeza cuando tuve mi primera visión del circo de Gredos, una espectacular agrupación de cumbres muy por encima de los 2000 metros que rodean la llamada laguna grande de Gredos, que aunque no es la mayor de la sierra sí es quizá la más bonita, porque ha conseguido librarse de las garras de la industria hidroeléctrica.

Pero empecemos por el principio; la sierra de Gredos se encuentra en la provincia de Ávila principalmente, estando también parte de su territorio en las provincias de Cáceres, Toledo y Madrid. Agrupa las mayores alturas del Sistema Central y de todo el centro de España, y en el conjunto de la península Ibérica solo Sierra Nevada, el Pirineo y Picos de Europa pueden presumir de estar a mayor altura que Gredos, que alcanza su techo en el pico "Almanzor", a 2592 metros de altura, que recuerda con su nombre al militar musulmán que protagonizó varias batallas contra los reinos cristianos durante la reconquista, como la de Calatañazor, donde se dice que "perdió el tambor", ya que fue derrotado allí.

Prado de las Pozas, a medio camino entre la plataforma de Gredos y el collado de los Barrerones
Sus montañas graníticas permiten un paisaje con numerosas lagunas, al contrario de lo que pasa en macizos calizos, como Picos de Europa, del que tanto he escrito ya en este blog, donde son mucho menos comunes ya que el agua se filtra por ese tipo de roca. El clima de este parque regional (el único de Castilla y León junto con Picos de Europa) es diverso pero está protagonizado por ser muy continental, dada la lejanía al mar: muy frío en invierno y bastante cálido en verano, incluso a gran altura, por lo que las mejores épocas para recorrerlo serían primavera y otoño. Esta dualidad provocó que fuera posible caminar sobre la nieve a principios de junio en camiseta de tirantes cuando estuve por allí.
La afluencia de visitantes de Gredos es medianamente alta, algo provocado por su buena fama, por la gran cantidad de alojamiento en la zona (Ávila es especialmente popular por su turismo rural, y Gredos ocupa un sitio de oro en ese aspecto) y por la cercanía del lugar a Madrid, con todo lo que eso provoca en flujo de visitantes. Así que puede ser buena idea acercarse en fechas alternativas si se quiere ver el parque en relativa soledad.

Las cabras son muy numerosas en Gredos, se acercaban a los senderistas y no tenían problemas en posar en nuestras fotos
Dentro de Gredos, con su gran tamaño, hay un lugar que ocupa el primer puesto en cuanto a interés para todo excursionista, y es el circo de Gredos, con la llamada laguna grande en él. El motivo es simple; en él se juntan las mayores alturas del parque (incluido el Almanzor), su laguna natural más grande (sin presa) y el circo es sencillamente espectacular por tamaño y factura.
Popularmente algunos consideran este lugar el nacimiento del río Tormes, principal afluente del Duero por la izquierda y protagonista en Salamanca, la ciudad de mayor tamaño que atraviesa, aunque por lo general es el prado de Tormejón, en la cercana localidad de Navarredonda de Gredos, el lugar donde se considera que nace este río.

ACCESO A LA PLATAFORMA DE GREDOS


Para acceder a la comarca del norte de Gredos, ubicada toda ella a gran altura (los pueblos de la zona están situados a unos 1400-1500 metros de altura), hay que acceder por la N-502, que comunica Ávila con Arenas de San Pedro y Talavera de la Reina, y a unos 40-50 kms. al sur de la capital abulense, girar al oeste por la C-500 hasta Hoyos del Espino, pasando por Navarredonda de Gredos y su parador, el primero de esta red pública que tiene ya unos 90 hoteles por toda España.

Una de las primeras vistas del circo de Gredos, desde el collado de los Barrerones
Durante la dictadura de Franco, para facilitar el acceso a cazadores, se creó la llamada "Plataforma de Gredos", con la que el acceso al circo ha pasado de ser algo poco menos que heroico a algo accesible para casi todo el mundo. Para los que no conozcáis la zona, la Plataforma de Gredos es un acceso a la sierra, muy cercano al circo, formado por un aparcamiento para los visitantes unido por una carretera de 12 kms. al pueblo más cercano, el ya citado Hoyos del Espino. Sin ese aparcamiento, esos 12 kms. tendrían que ser hechos a pie, por lo que la selección de privilegiados visitantes del circo sería mucho más exigente. Y no es solo la distancia, también lo es el desnivel, porque ubicado ya a 1750 metros permite que para el acceso al circo el desnivel a superar sea de solo unos 500 metros, que serían casi 300 metros más si empezáramos desde Hoyos del Espino. Para llegar, que yo sepa, no hay transporte público hasta la plataforma (sí hasta Hoyos del Espino), y hay que acceder en coche.

Este acceso, está envuelto en la polémica recientemente porque la junta de Castilla y León ha querido regular el acceso a la plataforma, alegando motivos de conservación, lo que va estrechamente unido a la recaudación de una tasa por aparcar en la plataforma o por hacer en autobús el recorrido en caso de no poder aparcar o de preferir dejar el coche en Hoyos del Espino. Tras protestas de visitantes y habitantes de la zona, parece que ha quedado suspendido temporalmente el cobro de la tasa. Más información aquí.

Caminar sobre la nieve en camiseta de tirantes y pantalón corto es posible en Gredos, debido a la gran variabilidad térmica


RUTA DESDE LA PLATAFORMA HASTA EL CIRCO


La ruta empieza en la misma plataforma, está perfectamente señalizada, buena parte del tiempo incluso por un sendero empedrado que contrasta con el prado de alrededor, como en el prado de las Pozas, a donde se llega tras aproximadamente media hora de recorrido. Cruzamos el arroyo que protagoniza el prado por un pequeño puente, y subimos poco a poco hasta llegar un collado (2 horas después de empezar a andar), llamado de los Barrerones, que con 2200 metros de altura aproximadamente, es el punto más alto de la ruta. A este collado llegué yo ya satisfecho con el paisaje de prados de altura y alguna cumbre nevada que se veía todavía en junio, pero al ver desde él ya la inmensidad del circo de Gredos, las mayores alturas del centro de la península y una laguna, que siendo grande, ocupa un espacio reducido en el circo, puedo decir que vi uno de los paisajes naturales más bonitos que recuerdo.

Ir en época de deshielo significa además disfrutar de las muchísimas cascadas que se forman en todo el circo que caen de las montañas que lo rodean, ya que la variabilidad térmica en Gredos provoca que con más de 20ºC en junio hubiera todavía muchísima nieve allí. Otro añadido al atractivo del circo es la presencia de numerosas cabras montesas, con los cuernos más grandes que he visto en un animal así, que no tienen miedo en acercarse a las personas buscando comida.

Los cuernos de algunas de las cabras montesas de Gredos tienen un tamaño impresionante
Todavía necesitaremos casi una hora de recorrido desde el collado hasta la laguna, porque aunque parezca cerca, la distancia es grande y tendremos que bajar algo más de unos 200 metros de altura para tocar el agua de la laguna más famosa de todo el centro peninsular. Pero ese trayecto es maravilloso, no se hará largo a ningún amante de la naturaleza.

Llegados a la laguna, tras unas 3 horas de recorrido y muchas fotos, y a unos 1950 metros de altura, los más valientes pensarán en subir al Almanzor, y otros en dar media vuelta, dando por concluida la ruta, y tanto para unos como para otros, está el refugio Elola, uno de los pocos guardados del parque, que ofrece los servicios de alojamiento, comidas, bar... no estuve en él cuando visitamos Gredos pero visto el trato que hemos recibido en otros refugios, probablemente dormir o comer allí sea una buena idea.

El regreso se suele hacer por el mismo sitio, para lo que tendremos que volver a subir los 250 metros de desnivel hasta el collado, para luego bajar los algo más de 400 hasta la plataforma, con un tiempo estimado algo inferior a la ida, de unas 2 horas y media.

Vista del circo desde el borde de la laguna grande

lunes, 27 de mayo de 2013

Tesoros secretos de Portugal (II): Palacio de MATEUS

Portugal, ese vecino al que ignoramos más de lo que deberíamos, tiene mucho que ofrecernos... y no solo me refiero a los encantos de Lisboa, Oporto o el Algarve, sino a muchos rincones escondidos que bien merecen una visita.

Fachada principal del palacio de Mateus, con primer plano del estanque y de la escultura de mujer
Hoy os traigo un encantador palacio situado a solo 3 kms. de Vila Real, en la región de Tras os Montes, en el noreste del país. Se trata del palacio de Mateus, ubicado en el pueblo del mismo nombre. Este edificio barroco es uno de los palacios más conocidos del país, lo que se debe a su belleza exterior, interior (de la que no tengo fotos, al estar prohibido hacerlas), sus jardines o el vino de la zona que lo usa como imagen en el etiquetado.

La visita a los jardines se hace de forma gratuita y libre, y para entrar al edificio hace falta sacar una entrada (cuyo precio era asequible cuando lo visité, unos 4€) para la visita guiada, que muestra algunas de las dependencias del mismo, y está disponible en varios idiomas (portugués, francés e inglés al menos que yo recuerde).

Jardines del palacio, cuyos setos tienen formas geométricas
El palacio tiene un aire característicamente portugués, con los muros de piedra granítica encalada de blanco en todos sus rincones excepto en las esquinas y junto a las ventanas, con espigados pináculos coronando el conjunto. A la fachada principal, muy vistosa, le precede un gran estanque en cuyas aguas se reflejan las formas del edificio. En el centro del estanque me llamó la atención la escultura de una mujer tumbada de lado, que me pareció una especie de alegoría del sufrimiento femenino (aunque eso es solo mi interpretación).

Los jardines están presididos por setos recortados formando figuras geométricas que dan un toque refinado a los mismos.

Entrada al palacio de Mateus

lunes, 20 de mayo de 2013

Capital multiétnica: SARAJEVO

Vista nocturna de la biblioteca nacional, edificio símbolo de Sarajevo y de la guerra de Bosnia, que luce reconstruida por fuera junto al río Miljacka
Sarajevo, capital de Bosnia y Herzegovina, para muchos es un símbolo de guerra. Y va a ser difícil que se quite ese estereotipo de ciudad protagonista de varios conflictos bélicos... pero eso no hace de Sarajevo una ciudad menos interesante, sino más bien al contrario; ver en un ambiente más amable los lugares que han protagonizado algunos de los momentos clave de la historia del s. XX, como pasa (de otro modo, eso sí) por ejemplo, con Berlín, le da un interés histórico a su visita que debo confesar que me encantó. Al igual que sentí en Berlín, es una ciudad más interesante que estéticamente bonita, con su multiculturalidad y su historia (aparte de su comida) como sus grandes puntos fuertes, por lo que la recomiendo plenamente.

El último censo hecho en la ciudad (1991, justo antes de la guerra) le otorga poco más de 400.000 habitantes, aunque estoy convencido de que esa cifra es muy inferior a la actual. Al menos al entrar a la ciudad en coche, los grandes bloques residenciales de las afueras y el tamaño de la ciudad de oeste a este me hicieron pensar que esa cifra se queda corta en la actualidad.

Puente Latino, escenario del atentado que en 1914 dio comienzo a la I Guerra Mundial
Sarajevo se sitúa cerca del centro geográfico del país triangular del que es capital. Como la mayor parte de Bosnia y Herzegovina y como pasa también en Mostar, el relieve montañoso es protagonista y la ciudad está rodeada de colinas y montañas, algunas de ellas ya colonizadas por viviendas. Esta situación hace que la diferencia de altura entre algunos barrios y la parte baja de la ciudad sea de más de 150 metros de altura. Junto al pequeño río Miljacka se aglutina el centro de la ciudad y sus lugares de mayor interés, que con algo más de 500 metros de altura sobre el nivel del mar, hacen de Sarajevo una de las capitales europeas más altas. De hecho, Madrid es de las pocas que la supera en altura, aunque la ubicación más al norte de Sarajevo hace que nieve más allí y que sea una ciudad en general más fría, alejada del clima mediterráneo de la costa croata o de la capital herzegovina de Mostar.

HISTORIA


Antes de que muchas ciudades de Europa Occidental se volvieran cosmopolitas con la reciente llegada de inmigrantes, Sarajevo ya podía presumir de un carácter multiétnico que le da un encanto especial pero que también ha sido fuente de conflictos.

La fuente Sebilj y la mezquita Baščaršija, en el barrio del mismo nombre, de marcado carácter otomano
Al contrario que Mostar, Sarajevo existía antes de la llegada del imperio otomano, aunque no pasaba de ser una pequeña ciudadela eslava. Conquistada por los turcos en 1429, adquirió importancia en los siglos posteriores y llegó a ser la segunda mayor ciudad del imperio y de la península balcánica, solamente tras Estambul. Con el imperio otomano en declive, en 1878 pasó a formar parte del imperio austro-húngaro, lo que otorgó a la ciudad una nueva época dorada que le llevó a ser la primera ciudad europea y segunda del mundo en tener servicio de tranvía, tras San Francisco, ya que se probó en Sarajevo antes de ser instalado en Viena.

Con la llegada del s.XX empezó a destilarse un sentimiento romántico y nacionalista que se forjó, entre otros, en el imperio austro-húngaro, cuyo territorio abarcaba lo que hoy son más de 10 países. Representante de ese sentimiento fue Gavrilo Princip, que colocó a Sarajevo como ciudad en la que comenzó la I Guerra Mundial, ya que asesinando en 1914 al príncipe Francisco Fernando de Austria, heredero al trono, en el puente latino de la ciudad balcánica, encendió la mecha que llevaría a buena parte de Europa a una sangrienta guerra durante los 4 años posteriores. Aunque Sarajevo se asocie a este conflicto, aparte del atentado tuvo la suerte de no sufrir grandes daños. La guerra desintegró el imperio austro-húngaro, y provocó, entre otros, la creación del reino de Yugoslavia. Lo que de algún modo, dio lo que querían a los que perpetraron el atentado.

Iglesia ortodoxa serbia, y delante de ella el monumento a la multiculturalidad, insignia de Sarajevo y de Bosnia y Herzegovina
Víctima de bombardeos durante la II Guerra Mundial, a su fin pasó a ser la capital de la república de Bosnia Herzegovina, integrada dentro de la república federal de Yugoslavia. No obstante es sin lugar a dudas la más reciente guerra de Bosnia la que más protagonismo dio a la ciudad y la hizo sufrir hasta el extremo. Todo empezó cuando, en plena caída del comunismo en Europa, en febrero de 1992 Bosnia y Herzegovina votan en referéndum independizarse de la antigua Yugoslavia. Ese referéndum fue boicoteado por los serbobosnios (ciudadanos serbios residentes en territorio de Bosnia y Herzegovina) que tras el "SÍ" del pueblo mayoritariamente musulmán se valieron de las armas para conseguir sus objetivos, que no eran otros que evitar la desintegración de Yugoslavia, o en su defecto formar una gran Serbia cogiendo el máximo territorio bosnio o al menos formar una república serbobosnia en los territorios de mayoría étnica serbia.

Como medida de presión el ejército serbobosnio (con el apoyo del ejército serbio) sitió Sarajevo en lo que probablemente sea el mayor asedio de la historia reciente, ya que se prolongó entre abril de 1992 y febrero de 1996, casi 4 años, en los que el tráfico de personas, víveres o material de primera necesidad como medicamentos estuvo bloqueado entre Sarajevo y el resto del mundo. Se cortaron los servicios de electricidad, agua y calefacción. Durante ese tiempo, se calcula que fallecieron por la guerra 11.000 personas de Sarajevo, y más de 50.000 resultaron heridas, siendo un 85% de ellas civiles, en buena parte debido a que decenas de francotiradores serbobosnios hicieron de cualquier civil que vieran por la calle un objetivo al que disparar.

Escena cotidiana urbana en Sarajevo; una partida de ajedrez frente a la iglesia ortodoxa
Heróicamente, Sarajevo resistió ese asedio y consiguió, en cierta medida, los objetivos políticos que el referéndum había marcado. Bosnia y Herzegovina, un país más pobre y militarmente mucho menos poderoso que Croacia o Serbia, pudo defenderse y sobrevivir, aunque también ha tenido que ceder... la república Sprska, que abarca el 49% del territorio y el 35% de la población de la actual BiH es una entidad autónoma de mayoría serbobosnia que abarca el norte y el este del país, con capital en Sarajevo aunque en la práctica las sedes de gobierno están en Banja Luka, al oeste del país, que es la segunda ciudad más grande del mismo. El resto del país es la Federación de Bosnia y Herzegovina, de mayoría étnica musulmana. Una división entre los dos bandos de la guerra, que muestra el parche que se adoptó como acuerdo y que espero que no provoque que se reabran las heridas que de forma muy lenta van cicatrizando. No visité ninguna población de la república Srpska pero hice más de 200 kms. en coche por su territorio y me sorprendió no ver ni una sola bandera de Bosnia-Herzegovina pero sí muchas de Srpska, que coincide con la serbia, lo cual deja claro que se sienten de un país que no es el suyo...

SARAJEVO HOY


Durante ese sitio que sufrió la ciudad algunos de sus edificios fueron bombardeados o totalmente destruidos, destacando entre todos ellos la biblioteca nacional, que también hacía las veces de ayuntamiento. Sin embargo, Sarajevo ha recibido ayuda de numerosos países para reconstruir todo lo que la barbarie bélica destruyó, y la imagen que ofrece hoy es la de una ciudad que no puede olvidar la guerra pero que mayormente ha convertido las cenizas en edificios de nueva orden. La biblioteca está acabada por fuera y se estima que se pueda reabrir al público por dentro en 2014. Otros edificios han sido totalmente reconstruidos y lucen más hermosos que nunca... intentando devolver a Sarajevo el prestigio que nunca debió haber perdido, ése menos conocido pero que le llevó, por ejemplo, a ser sede olímpica de invierno en 1984.

Tienda en el Morica Han, el antiguo hostal de caravanas de Sarajevo
Por detrás de la biblioteca-ayuntamiento comienza la parte más antigua de la ciudad, el barrio turco, llamado  "Baščaršija", lleno de edificios de poca altura, hecho en parte con madera, que tiene un marcado carácter asiático. En este barrio reinan las tiendas de artesanos, los restaurantes donde sirven deliciosa comida bosnia y sus edificios más altos son los minaretes de las mezquitas. Tenemos a la que da nombre al barrio (o el barrio se lo ha dado a ella), y a la Gazi-Husrev Beq, la mezquita más grande del país, considerada también una de las más interesantes muestras de arte islámico de todos los Balcanes. Es visitable de forma gratuita de 9 a 11 de la mañana, y no es necesario ni quitarse los zapatos para verla. Una pequeña plaza en el extremo del barrio tiene una fuente ornamental, la "Sebilj", que es el símbolo del mismo y otro de las fotos más típicas de la ciudad. Algo menos conocida pero con el mismo sabor otomano es el "Morica Han", el hostal de caravanas o caravasar reconvertido en plaza donde los cafés y los artesanos de alfombras conviven con el viejo edificio.

Lo sorprendente de Sarajevo es la facilidad que tiene para transportarte a otro mundo con solo recorrer unos metros... y es lo que pasa cuando sin salir de una calle, la Ferhadija, pasas del barrio turco al barrio austriaco, pasas del ambiente de una ciudad turca a una calle puramente vienesa... los edificios pasan a ser más altos, el blanco de los edificios encalados y el negro de la madera son sustituidos por el verde pistacho, el rosa o el amarillo de una ciudad del imperio austro-húngaro. Es aquí donde apenas 200 metros después de salir de una mezquita te cruzas una iglesia ortodoxa y otra católica, sabiendo que la sinagoga más cercana tampoco queda en absoluto lejos. Y todo bien restaurado. Y es frente a la iglesia ortodoxa donde ves una de las escenas urbanas más curiosas, un tablero de ajedrez enorme en el que juegan unos pocos y curiosean muchos más, tanto sarajevitas como turistas.

Academia de arte de Sarajevo, reconstruida con la ayuda de Austria, junto al río Miljacka
Volvemos a la orilla del río Miljacka, porque junto a él se agrupan más edificios interesantes si nos vamos desde la biblioteca hacia el oeste. Teatro nacional, universidad, la academia de arte de la ciudad (con un aire que me recordó, salvando las distancias, a un parlamento húngaro en miniatura), la sinagoga... que además son accesibles en tranvía, cuyo viaje en sus vetustas sillas es ya una experiencia peculiar en esta ciudad y una alternativa a la pequeña caminata desde la biblioteca. A medio camino entre ambos queda el famoso puente Latino, escenario del atentado de 1914 que comenzó la I Guerra Mundial. Se indica con una placa el lugar desde el que disparó Gavrilo Princip, y en esa misma esquina se ha ubicado un pequeño museo que retrata la historia de finales del s. XIX y principios del XX que explica que se sucediera ese trágico suceso.

Volviendo hacia la biblioteca podemos alejarnos un poco del Miljacka, en su otra orilla y visitar la iglesia franciscana de San Antonio de Padua, de vistoso color rojo, y junto a ella la fábrica de cerveza Sarajevska Pivara, que fue clave durante la guerra por tener en su recinto un manantial que sació la sed de Sarajevo durante el asedio.

Y aquí acabo mi visita a la ciudad. Me consta que con tanta colina y montaña en sus alrededores hay varios miradores para disfrutar de las vistas que una ciudad como Sarajevo ofrece, pero no pude visitar ninguno... pero a cambio nos las ingeniamos para visitar un lugar único, cargado de historia, ya fuera de los límites de la ciudad... el túnel de la esperanza. Pero eso será materia para otra entrada...

Biblioteca nacional - Ayuntamiento de Sarajevo, esta vez de día


INFORMACIÓN PRÁCTICA


Nosotros encontramos a través de Booking un alojamiento en un apartamento donde residía una familia sarajevita que alquila dos habitaciones, con baño compartido, muy recomendables por su situación céntrica, pegando a la biblioteca, y lo bien equipadas que están. El lado malo es que aparcar gratuitamente en esa zona es casi imposible y el parking en el que aparcamos tampoco es mucho más barato que el de un país de Europa occidental (10€ por día). Pero lo recomiendo, sus anfitriones fueron muy amables y la información que nos dieron muy útil: "Apartments Baščaršija Live". 

Para llegar a Sarajevo nosotros fuimos en coche, y para los que lo hagan así recordarles que están en un país mucho más pobre que España y con un perfil montañoso que dificulta mucho las comunicaciones... por lo que los desplazamientos en coche son algo más lentos que en España. A cambio el paisaje es impresionante, y yendo de Mostar a Sarajevo se pasa por lugares de postal, especialmente la primera mitad, siempre junto al río Neretva.

Para llegar con transporte público, decir que Sarajevo está conectada con vetustos y lentos trenes con Mostar y otras ciudades de la antigua Yugoslavia como Belgrado. También cuenta con un aeropuerto internacional donde, eso sí, no se sabe lo que son las compañías de bajo coste.

Nuestra habitación en Sarajevo; el Apartments Bascarsija Live

lunes, 13 de mayo de 2013

Viaje a la India, día 17-1: Agra; el Taj Mahal, a fondo

Aquella noche no fue fácil. El fino colchón que tenía nuestra cama del albergue, que yo no entraba de largo en ella y la "emoción" de saber que veríamos de cerca o incluso tocaríamos el Taj Mahal al día siguiente fue una combinación que me provocó insomnio a pesar de usar los cojines del sofá que teníamos en la habitación (casi más gordos que el colchón).

El Taj Mahal visto en diagonal por su cara este y sur
Por norma general, se recomienda ver el Taj al amanecer o al anochecer. El motivo es simple: aparte de ver el edificio con unos matices especiales que le otorga el sol a esas horas, hay bastante menos gente que en las horas centrales del día. Así que a las 6:30, sin haber desayunado, Datar nos acercó en coche al famoso mausoleo de mármol. Compramos las entradas, que incluían el transporte en coche eléctrico hasta las puertas del Taj, ya que no se permite a los vehículos de combustibles fósiles acercarse a cierta distancia de las puertas (lo cual no quita para que hordas de conductores de bici tuk-tuks o incluso tuk-tuks a motor ofrezcan sus servicios), y en la puerta esperamos en colas separadas para entrar. Se cachea a todo el mundo antes de entrar (a cada uno alguien de su mismo sexo), y se miran bolsillos exhaustivamente. Como muestra, yo llevaba algo prohibido, un trípode de apenas 10 cms. que nos ayuda a sacar auto-fotos, y me lo pillaron y me hicieron dejarlo en una tienda cercana si quería entrar.

La niebla puede ser el peor enemigo del visitante del Taj
La sensación mágica de estar ya frente a frente del Taj se desvaneció cuando vimos que la niebla lo cubría todo. No es extraño y no somos los primeros a los que les pasa. Esta joya de mármol blanco se ubica junto al río Yamuna, uno de los principales afluentes del Ganges, que aunque en esa época no llevaba mucha agua, tampoco es lo que se puede definir como un río pequeño... en invierno, como en muchos otros lugares, incluidas muchas ciudades españolas, no es difícil que la niebla protagonice muchas mañanas, y más si nos encontramos junto a un río importante.


¿PERO QUÉ ES EL TAJ?


Antes de seguir con nuestra experiencia personal allí, creo que es interesante explicar qué es el Taj. El edificio principal del Taj es un mausoleo, un monumento funerario musulmán. Resulta paradójico pensar que uno de los edificios más hermosos del mundo no es más que el adorno exterior de una tumba (que finalmente acabo siéndolo de dos tumbas). Aunque el complejo es algo más que ese edificio de mármol, ya que como buen mausoleo mogol, se compone de un recinto amurallado, con un grupo de puertas y un conjunto de jardines ordenado de forma ortogonal, en líneas rectas, donde la simetría es protagonista. En la parte central de esos jardines un estanque con sus chorros de agua lo decora y divide en dos partes iguales, y de los dos edificios rojos que se ubican junto al río, uno a cada lado del mausoleo, el orientado hacia el oeste, por tanto hacia la Meca, hace las veces de mezquita. Al contrario de lo que pasa en otros monumentos funerarios mogoles, como la tumba de Humayun, en Delhi, el hecho de estar el río al otro lado provoca que el conjunto no tenga al edificio principal en su centro, sino en un extremo.

La vista más clásica del Taj, junto al estanque central
La persona que ordenó construir el Taj fue el emperador mogol Sha Jahan tras la muerte de su esposa Mumtaz, cuando ésta dio a luz a su 14º hijo. El emperador sufrió tanto por su pérdida que mandó construir el mausoleo como ofrenda póstuma a su enamorada, y es por esto que se le conoce como "el monumento al amor". Aunque no es oro todo lo que reluce... no es por fastidiar el encanto romántico del edificio, pero hay que entender las cosas dentro de su contexto histórico; Sha Jahan, como buen emperador musulmán, tenía su harén de esposas en la que si bien Mumtaz era su favorita, no era ni mucho menos la única, por lo que sería un "amor" diferente al que nos tiene acostumbrado el mundo occidental en la actualidad.

Se calcula que unos 20.000 obreros trabajaron en las obras del Taj, y para su alojamiento se creó el cercano y aun existente barrio del "Taj Ganj", que hoy es una zona interesante para los turistas por su oferta de bares con vistas (como el que disfrutamos nosotros el día anterior), restaurantes y pequeños hoteles, todo ello a precios asequibles. El complejo del Taj tardó en construir 23 años, de 1631 a 1654 y combina una influencia de estilos que van del musulmán al persa o al indio, pasando por el turco. Tiene cuatro caras iguales, con arquería central de mayor tamaño que las arquerías laterales, divididas en dos, incrustaciones de piedras preciosas como lapislázuli o záfiros, y coronando el conjunto una gran cúpula. Para realzar más el mausoleo se colocaron cuatro minaretes en cada una de las esquinas, que nunca se han usado para llamar al rezo puesto que son puramente decorativos. Se dice que están ligeramente inclinados hacia el exterior del mausoleo para que un posible terremoto que los hiciera caer  no destrozara el edificio central del Taj.

Detalle del Taj

QUERIDA NIEBLA, ¿POR QUÉ NO TE VAS?


Sabiendo que la niebla podía durar horas (o en el peor de los casos todo el día), nos dedicamos a ver las cosas que la niebla no impedía ver... como el Taj por dentro, probablemente el único sitio donde se rompe la simetría que protagoniza el conjunto. El mausoleo fue pensado para alojar solamente la tumba de Mumtaz pero Sha Jahan, cuando falleció, en lugar de tener su propio mausoleo, fue enterrado junto a la tumba de su esposa, que ubicada en el centro obligó al emperador a ser ubicado a un lado. También echamos un vistazo a la mezquita, todavía usada por la pequeña comunidad musulmana que puebla la ciudad de Agra, o un pequeño museo.

Pasadas dos horas la niebla se esfumó y pudimos disfrutar del Taj en su apogeo, como muestran las fotos, eso sí, algo menos solos por hacerlo a las 11 de la mañana en lugar de a las 8:30... y dio igual que no hubiéramos desayunado apenas, fue algo así como si el arte nos hubiera alimentado aquella mañana.

Mezquita del recinto del Taj
No obstante, el disfrutar del Taj no se limita al tiempo dentro del recinto, porque sus vistas pueden ser disfrutadas en otros lugares, como paso a enumerar:

LAS 4 VISTAS TÍPICAS DEL TAJ QUE NO DEBERÍAS PERDERTE


- Desde dentro de su recinto: la más cara, pero la mejor, la que nadie se quiere perder. Más allá del edificio de mármol blanco con piedras preciosas engastadas, el estanque, los jardines, las puertas o la mezquita y su edificio gemelo son geniales. No es barato entrar (750 rupias cuando lo visité, unos 12€, que se reducen a 20 rupias si eres indio: 0,3€), pero tiene un precio que casi nadie se negará a pagar una vez que estás en Agra.
- Desde una terraza del Taj Ganj: vista que ya mostré en la entrada del día anterior, porque es un lujo tomarte una bebida a la fresca en una de las terrazas de este barrio popular.

Vista, usando bastante el zoom, desde el fuerte de Agra, con el Yamuna junto a él. En época de monzón, la superficie de matorrales está anegada por el agua
- Desde el fuerte de Agra: este fuerte, del que hablaré próximamente, es tras el Taj el lugar de mayor interés de la ciudad. Ubicado también junto al Yamuna, el río de Agra, la vista desde su terraza es lejana pero diferente e interesante, porque se ve desde un lateral y muestra el "popurrí" de cúpulas y minaretes que forma el mausoleo junto con la mezquita. Esta vista fue la única que tuvo Sha Jahan del mausoleo de su amada y del edificio que le ha perpetuado en la historia durante años, porque uno de sus hijos lo tuvo preso en el fuerte durante los últimos años de su vida.
- Desde el otro lado del río Yamuna: posiblemente mi favorita. Al menos si se tiene coche es fácil cruzar el Yamuna y llegar a un parque llamado "Mehtab Bagh", que con los jardines alineados con los del Taj, parece querer pretender ser la continuación de los geométricos parterres del interior del recinto (pero no hay color, en cuanto a limpieza o cuidados, naturalmente). Poco interesante por sí solo, sin embargo merece la pena pagar el 1,5€ que vale el acceso por la vista diferente de Taj, con el río entre medias pero permitiéndote sentir casi a solas con el mausoleo, algo impensable dentro de su recinto. Con suerte es posible hasta contemplar el lado más rural de Agra si, como nos pasó a nosotros, animales domésticos o salvajes se cuelan en la foto (en nuestro caso unos niños pastores con sus ovejas). Ver la puesta de sol desde ese lugar es sublime, incluso aunque al contrario de lo que dice la Lonely Planet, ya no se pueda uno colar por la verja e ir hasta la orilla misma del río, porque hay personas vigilando que nadie se salte la verja.

Vista desde el otro lado del río Yamuna, casi solos frente al mausoleo, y con niños pastores mostrando el Agra más rural
Pero Agra no acaba con el Taj y nuestras aventuras tampoco acabaron al salir de allí, pero eso ya será motivo de otra futura entrada.

jueves, 25 de abril de 2013

Belleza herida de guerra: MOSTAR

Puente viejo de Mostar, con el casco antiguo a ambos lados del mismo. El color del río Neretva me pareció impresionante

Hace menos de un mes que he vuelto de mi último periplo, esta vez en los Balcanes. El principal objetivo era visitar Croacia, país que me llamaba la atención por sus ciudades de piedra blanca y por su bonita naturaleza, con 7 parques nacionales en un territorio pequeño, ligeramente más grande que Aragón. Se me ocurrió la idea de ir a Mostar porque el recorrido de algunos paquetes turísticos por Dalmacia (la región del sur de la costa croata) lo incluía, porque está cerca de la costa croata y porque pensaba que representaría un contraste interesante al estar en una zona que sí cayó bajo dominio turco, frente a toda la costa croata que se mantuvo independiente o bajo dominio veneciano, pero siempre cristiana.

Sin embargo Mostar me dio mucho más, y de hecho se convirtió en quizá mi ciudad favorita de todo el viaje, con permiso de Dubrovnik. El motivo fue que el contraste con Croacia fue enorme, que pudimos disfrutar de una ciudad que fue protagonista en la guerra de los Balcanes de los 90 y que al mismo tiempo tiene un casco antiguo precioso, con rincones que recuerdan a un pueblecito de montaña, y que recordaré como un paraíso gastronómico y para las compras.

Casco antiguo de Mostar, empedrado y de casas bajas, que parecen dignas de un coqueto pueblo de montaña

HISTORIA DESDE SU FUNDACIÓN HASTA PRINCIPIO DEL SIGLO XX


Mostar fue fundada cuando ya buena parte de la península de los Balcanes cayó bajo dominio otomano, en la segunda mitad del siglo XV. La estructura de la ciudad estuvo protagonizada desde el principio por el río que la atraviesa, el verdoso Neretva, de tal modo que todavía hoy su casco antiguo está dividido en dos partes, que parecen querer ser simétricas, a cada lado del río. Al principio estas dos mitades estaban unidas por un puente de madera, hasta que en 1566 fue inaugurado el llamado "puente viejo", ordenado construir por el sultán otomano Suleiman el magnífico a un discípulo del gran arquitecto Simar Sinan, que tantas mezquitas proyectó en el Estambul del s.XVI. Tal era, y sigue siendo, la importancia de ese puente, que el nombre de Mostar proviene de él; "most" es puente en el idioma local, y se llamaba "mostaris" a los vigilantes que lo custodiaban en las dos torres que todavía hoy vigilan los dos lados del puente.

En 1878 Mostar cayó en manos del imperio austro-húngaro, y su puente de piedra, siguió suscitando la admiración de todos los que lo visitaban. En esta época fue célebre la visita del rey del imperio austrohúngaro, Francisco José I de Habsburgo, en 1910.

Instituto reconstruido gracias a la aportación española

GUERRA DE LOS BALCANES


A pesar de que los Balcanes fueron protagonistas de ambas guerras mundiales, Mostar no se vio afectada por las mismas, pero la ciudad no seguiría la misma suerte en la más cercana guerra de los Balcanes, entre 1992 y 1995. Con serbios por un lado, croatas por otro, y una mayoría musulmana en medio, Bosnia y Herzegovina se convirtió, con diferencia, en la principal víctima de una cruel guerra cuya explicación responde a una compleja mezcla de motivos políticos, nacionalistas, étnicos, religiosos y a la tiranía de unos líderes que aprovecharon la ocasión para violar hasta los más básicos derechos humanos, todo ello sumado a la desidia e incompetencia de la comunidad internacional, empezando por la ONU y siguiendo por la UE, que nada supo hacer para detener un conflicto a las puertas de su territorio. Esta guerra, que recuerdo que vi a diario en los telediarios siendo un niño, tuvo, resumiendo mucho el conflicto, tres poblaciones que sufrieron hasta la extenuación sus consecuencias: Sarajevo, Mostar y Srebenica. Sarajevo por el asedio del ejército serbio que duró más de 3 años y Srebenica por un genocidio que afectó a una cuarta parte de su población; de los 36000 habitantes que tenía la ciudad, más de 8000 fueron asesinados solo por ser bosnios musulmanes.

Pero hoy toca hablar de Mostar. Esta ciudad primero sufrió el bombardeo del ejército serbio, que en 1992 ya se retiró de la zona por la presión de croatas y bosnios, que luchaban unidos. Sin embargo, la declaración unilateral de la república "bosniocroata" de Herzeg-Bosnia en 1992, para la que Mostar era su capital, conllevó que la ciudad se dividiera en dos partes, separada por el río entre croatas y musulmanes, cuyas poblaciones fueron expulsadas de sus casas a la fuerza y trasladadas a la mitad del río que les correspondía durante la guerra. El ejército croata asedió la ciudad, con disparos desde las montañas que la rodean, y con la destrucción de todo edificio que tuviera cualquier tipo de interés estratégico. Esto dejó a la ciudad sin puentes, siendo el episodio más famoso el derribo del puente viejo, stari most, en noviembre de 1993.

Numerosos edificios, como éste, se mantienen en ruinas mostrando lo que sufrió la ciudad durante la guerra
Ese proyecto de "Herzeg-Bosnia" nunca fue reconocido por la comunidad internacional ni por Bosnia y Herzegovina y claudicó definitivamente en 1995, cuando los acuerdos de Dayton establecieron la creación de una federación para el país compuesta por una república serbobosnia y una bosnia, en la que se incluyen los territorios de mayoría étnica croata. No obstante, todavía hoy, existen personas que creen que si serbios y bosnios tienen sendas repúblicas en Bosnia y Herzegovina, los croatas también deberían tener la suya, aunque no se han dado grandes pasos hacia ese objetivo.

MOSTAR HOY


Nada más llegar a Mostar, la primera impresión que uno se lleva es que la ciudad pagó muy cara su situación estratégica en una zona en la que las comunidades serbias y sobre todo bosnias y croatas confluyen. El asedio que sufrió, de 18 meses, se hace notar en la ciudad, que aún conserva muchos edificios totalmente en ruinas, que mantienen a duras penas el "esqueleto"; también es visible el vacío que dejan otros aún no reconstruidos, como la iglesia ortodoxa de Serbia; y son muchos más los que aunque en buen estado mantienen las paredes llenas de agujeros de disparos. Los cementerios, en ocasiones enormes, se suceden en diferentes puntos de la ciudad, e impresionan al viajero que, como yo, haga un mínimo recorrido por la misma en coche, porque es imposible no verlos. Al entrar en uno y ver que las muertes son todas en 1992 y 1993 uno entiende los motivos. Por último, una huella un poco más amable del conflicto son los edificios que se han reconstruido con la ayuda internacional, como por ejemplo el instituto de Mostar, de estilo hispano-morisco, en el que España fue el principal colaborador. Como agradecimiento, la plaza en la que se ubica hoy es la "Spanski Trg" o plaza de España. Aunque el mejor ejemplo de este hecho es el "stari most" o puente viejo, reconstruido y reinaugurado en 2004, y que vuelve a ser el emblema de la ciudad.

Otra vista del mítico Puente Viejo
Tras visitar también Sarajevo, capital del país, puedo decir que la sensación que me dio ver ambas ciudades es que esta última, quizá por ser la capital, se está recuperando mejor de la guerra que Mostar.

Sin embargo, dejando de lado las huellas de la guerra, Mostar me pareció un encanto de ciudad. Para empezar por su puente viejo y su río. Y es que si el puente es una joya de la arquitectura otomana (probablemente la mejor obra civil otomana en toda la península balcánica), el río que tiene debajo es un lujo natural para una ciudad de sus características. A pesar de que visitamos Mostar en una época de deshielo y de grandes lluvias (nos cruzamos con ríos desbordados en el país y el propio Neretva venía crecido) el color verdoso que sale en las fotos veraniegas de la ciudad se mantenía, como podéis ver. Poco importa que el río nazca más de un centenar de kilómetros al noreste o que pase por poblaciones de tamaño medio, el color y la limpieza del agua se mantienen como si estuviéramos en un pueblecito de montaña.
Decir que el puente se sigue utilizando también como una especie de trampolín, pues son muchas las personas que, cuando el clima es propicio, se tiran desde él para darse un chapuzón en el río, o mostrar sus habilidades saltando.

"Plato nacional", con cevapi, falafel, col rellena de carne, etc. del fabuloso restaurante  "Sadrvan"
Volviendo a la sensación de pueblecito de montaña, ésta continúa al ver que el casco antiguo está arrinconado entre pequeñas colinas de las que caen torrentes de agua aún más limpia que la del Neretva, como el que baja por el llamado "puente torcido" (Kriva Crupija), el hermano pequeño del puente viejo, también con su encanto. O al ver los edificios del casco antiguo, generalmente de una o dos plantas, con tejas viejas y una piedra grisácea que contrasta con el blanco que reina en la vecina región croata de Dalmacia. O al ver el suelo empedrado, aunque moderno, más digno de un pueblo montañés que de la capital, de más de 100.000 habitantes, de la región de Herzegovina. Y es que si todo el barrio turco del casco antiguo ha sido reconstruido tras la guerra, la verdad es que tengo que felicitar a los que lo rehicieron tan bonito sin quitarle el encanto de lo antiguo.

El barrio antiguo, aparte de mostrar diferentes vistas del encantador puente viejo, sirve como base para los viajeros tanto a nivel de compras como a nivel gastronómico. Casi no hay local en esas calles empedradas que no sea una tienda, al estilo turco (aunque generalmente con precios fijos, así que nos ahorramos el regatear como pasa en Turquía), de recuerdos o de artesanía, o bien un bar o un restaurante. Y es que si Mostar es un paraíso para las compras, no lo es menos para llenar la panza. Tras muchos días en Croacia, un país con salarios que son la mitad que en España pero con restaurantes más caros que los españoles, Mostar me pareció un lujo a la hora de satisfacer al estómago. Cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad (el "Sadrvan") una especie de menú degustación llamado "plato nacional", que consistía en una fuente con la comida más característica del país, nos costó 10€ por persona, incluyendo bebida y la simpatía de los camareros. Tanto es así, que volvimos al día siguiente para comer exactamente lo mismo. El único pero que le pondría al lugar está en la ley bosnia, que todavía permite fumar en restaurantes.

Interior de la mezquita de Koshi Mehmed Pasa
Aún en las calles empedradas de la ciudad, la mezquita de Koshi Mehmed Pasa tiene un interior interesante, es de pago (hay que pagar 2€, si la memoria no me falla, para entrar), y en la plaza en la que se encuentra se disfruta de una vista inmejorable del puente viejo. También es la mezquita que mejor se ve cuando se mira hacia el puente desde su parte sur, en la que es la foto más típica de la ciudad.
La Karadozbeg, la mezquita más grande de Mostar y de toda Herzegovina, también está abierta a los visitantes, tiene el típico encanto de la arquitectura otomana, e incluye algo que me resultó novedoso: se puede subir a su minarete para sentir lo que el moecín experimentaba al hacer lo mismo, y para tener unas vistas interesantes del centro de la ciudad. Las escaleras de caracol para coronar el minarete son, como podéis imaginar, no aptas para claustrofóbicos.

Saliendo del centro de la ciudad, aparte del ya mencionado instituto, otro lugar que recomendaría sería la visita a una casa otomana. Yo estuve en la casa Kajtaza, muy cercana al centro pero en una zona residencial muy tranquila, en el lado oriental del río, y el propio heredero de la vivienda nos la enseñó, aun a pesar de llegar fuera de la época turística, mostrando un buen ejemplo de hospitalidad balcánica. Me encantó la visita porque fue algo novedoso para mí; cuando estuve en Turquía apenas salimos de Estambul y por tanto no pudimos disfrutar de casas como éstas, bastante abundantes en Mostar (una, la Muslibegovic, funciona como hotel y tiene muy buenas críticas de sus clientes).

Interior de la casa Kajtaz, una genuina vivienda otomana muy bien conservada

BLAGAJ


Por último, por su cercanía y por aportar un toque distinto, si se llega a Mostar en coche, una buena idea puede ser la de hacer una mini-excursión a Blagaj, a unos 12 kilómetros de Mostar. En este pueblo llama especialmente la atención el monasterio sufí que ha sido construido justo junto al nacimiento del río Buna. El manantial del que nace este río, que tributa al Neretva apenas 10 kilómetros después, es uno de los más generosos de Europa, con un caudal medio de 30.000 litros por segundo, que seguramente eran muchos más cuando estuve yo allí, porque las terrazas de los bares estaban totalmente inundadas y asustaba pasar el puente sobre el río. En verano, si se pueden sacar fotos como ésta, también tiene que ser impresionante.

Anímaos, no le tengáis miedo a Mostar y a Bosnia y Herzegovina, porque la guerra ya ha pasado, y aunque haya huellas de su destrucción, lo que hoy os encontraréis es un país montañoso por descubrir, desconocido para el turismo, y lleno de gente amable. En el caso de Mostar, además os toparéis con la que seguramente sea la ciudad más hermosa del país, con un casco antiguo de aire otomano único en los Balcanes.

Monasterio de Blagaj, junto al nacimiento del río Buna

miércoles, 17 de abril de 2013

Concurso de tapas, pinchos y banderillas de la RIBERA DEL DUERO

Letrero publicitario de la XII edición, la de 2013
Aranda de Duero, mi ciudad natal, ha conseguido hacerse un hueco en el mapa turístico español y se ha labrado una fama reconocida por su gastronomía. La capital de la Ribera del Duero está considerada como la capital del cordero lechal, plato tradicional del corazón del norte de Castilla muy consumido también en otras poblaciones de los alrededores como Peñafiel (Valladolid), Lerma (Burgos) o Sepúlveda (Segovia), e incluso en capitales de provincia como Burgos o Valladolid. Pero en medio de ese círculo, mi Aranda presume de acoger el consejo regulador de la IGP del lechazo de Castilla y León, y de llevar el nombre de una conocida cadena de asadores que sirve lechazo a toda España.

Amén de otros encantos gastronómicos más desconocidos como la torta de aceite, denominada "torta de Aranda", los empiñonados o las morcillas de Aranda (denominadas también "de Burgos" pero con ligeras diferencias respecto a las del resto de la provincia), el otro pilar básico de la gastronomía arandina son sus vinos. Aunque no estén en sus cercanías muchas de las más prestigiosas bodegas de la denominación de origen "Ribera del Duero", al tratarse de la capital, a todos los niveles, de la comarca, por sus calles se puede encontrar vino de cualquier bodega de la DO, de las más modestas y económicas a las más prestigiosas y exclusivas.

Aunque no aparezca en el folleto, en un lugar visible de cada bar se explica los ingredientes que tiene cada tapa y su elaboración
Resumiendo, podríamos decir que el dicho que reza "Aranda de Duero, tierra de vino y cordero" no puede ser más acertado. Y teniendo como base estos dos ingredientes, durante 10 días de cada primavera desde hace ya 11 años, ASOHAR (asociación de hosteleros de Aranda y la Ribera) organiza el llamado concurso de tapas, pinchos y banderillas de la Ribera del Duero, en lo que se ha convertido en una excelente cita para acercarse por este rincón de Castilla.

En el concurso participan numerosos bares de la zona, siendo en su mayoría de Aranda capital, pero habiendo también bares de pueblos de los alrededores, como Fresnillo de las Dueñas, Caleruega o Gumiel de Izán. En la edición de 2013 fueron 55 los establecimientos participantes. Cada uno ofrecerá al público una o dos tapas, aparte de un vino recomendado, teniendo 1,10€ como precio unitario en todo caso, tanto las tapas como el vino (2,20€ si se piden las dos cosas). Cada una de las tapas tienen su nombre, y son clasificadas como frías o calientes, aparte de ser marcadas aquellas aptas para celiacos o las que tienen al lechazo entre sus ingredientes. Mi experiencia, que llevo ya 4 años participando como cliente de las mismas, es que en general la calidad es muy alta, las tapas están muy trabajadas, y que para el precio que tienen desde luego que poco más se puede pedir. Consumir el vino recomendado, aunque los más exigentes puedan quedar insatisfechos con algunas propuestas, significa a mi juicio beber un vino de la Ribera con una relación calidad/precio por encima de la habitual el resto del año. Y no solo lo pienso yo, también las personas con las que he salido de tapas, tanto arandin@s como "foráne@s".  Y es que a pesar de haber vivido 10 años en León, donde el tapeo es religión, y de haber salido de tapas o pinchos en otros paraísos como Granada, Pamplona, las tres capitales vascas o Logroño, algunas de las mejores tapas que he comido han sido en Aranda. Y prometo que no es chovinismo.

Algunas de las tapas presumen de tener más de 10 ingredientes
Durante la celebración del concurso, los clientes que lo soliciten pueden hacerse con un folleto como el de este enlace. Sellando al menos 12 bares en los que se haya consumido una tapa se tiene derecho a votar a las mejores, lo cual a su vez permite optar al cliente a ganar uno de los diversos premios que se sortean. Para más detalles, consultar aquí: página web oficial del concurso de tapas de la Ribera del Duero. Entre otras cosas, se dan premios a las mejores tapas frías, calientes, a la mejor tapa con lechazo, y a la que mejor maride con el vino recomendado que ofrece el bar.

Para los arandinos, o al menos para mí, este certamen también da la oportunidad de visitar y degustar tapas en algunos de los locales más exclusivos de la ciudad, al mismo precio que en un bar de barrio. Esto no significa que la tapa de un bar de barrio sea peor que la de un restaurante caro, en absoluto, pero sí da el encanto de ver esos restaurantes, típicamente castellanos, por dentro, algo que gusta a arandinos y no arandinos. El "Mesón de la Villa", quizá el restaurante de mayor prestigio de la ciudad, es un ejemplo de participante fijo en el concurso, aunque la variedad es enorme: "El Roble", "el Lagar de Isilla", "el Ciprés", "la Perla"... son algunos de los que procuro no perderme. Aunque en bares más corrientes, como por ejemplo el "Garden", suelen proponer tapas muy interesantes, no todo es el nombre.

En el concurso se mezclan tapas más tradicionales con otras vanguardistas, que diría que son mayoría, como estas crêpes rellenas, entre otros, de lechazo
Como podréis ver siguiendo el enlace, la edición de 2014 es del 14 al 23 de marzo, y por no faltar a la tradición, yo no me lo pienso perder. Así que en definitiva, sirva esta entrada en el blog para daros la bienvenida, ¡y que tengáis buen provecho!

martes, 16 de abril de 2013

Viaje a la India, día 16-2: Fatehpur Sikri y llegada a Agra; el batido con sabor a Taj Mahal

HACIA FATEHPUR SIKRI, POR UNA "AUTOVÍA" INDIA


Tras la visita a Galta, nos pusimos rumbo a Fatehpur Sikri, no sin antes sortear la gran cantidad de basura que había al lado de donde Datar dejó el coche aparcado.

Vista del Taj Mahal desde la terraza con vistas de un bar, en el barrio de Taj Ganj. Delante del Taj se aprecia una de sus puertas

El camino se me hizo largo hasta allí. Y a pesar de ir por una "autovía" india... cosa que pongo entrecomillada porque era una moderna y ancha carretera con 3 carriles por sentido pero con cruces a nivel, pasos de cebra, vehículos por la calzada opuesta (para evitar dar el rodeo de circular por la calzada que debían), tractores, pueblos, bicis... que provocaron que nuestra media de velocidad no fuera de más de 60 km/h., superior aún así a la media normal allí :)

FATEHPUR SIKRI


Llegamos a Fatehpur Sikri, en donde el coche nos deja en la parte de abajo, y para subir nos dicen que tenemos que coger (y pagar, claro) un bus eléctrico que nos suba al recinto monumental; pero esto es la India, y nada es ecológico, así que el llamado "bus eléctrico" era de gasoil :)

Uno de los palacios de la ciudad abandona de Fatehpur Sikri
Fatehpur Sikri es una ciudad abandonada de estilo mogol, un interesante contraste tras dos semanas viendo monumentos rajastaníes, que fue capital de su imperio durante 14 años (1571-1585), aunque apenas se vivió allí aparte de esos pocos años de "reinado". El motivo de su fundación fue la predicción que un santo sufí le acertó al emperador Akbar (le dijo que iba a tener un hijo), lo cual animó al mismo a ordenar la construcción de esta pomposa ciudad para la época, con una gigantesca mezquita, todavía en uso, y tres palacios, uno para cada una de sus tres esposas: una hindú, una musulmana y otra cristiana. Pero como las "cagadas urbanísticas" no son patrimonio exclusivo ni de España ni de la era contemporánea, esta ciudad quedó abandonada al poco de morir Akbar, por el "pequeño detalle" de haber sido construida en un lugar sin agua.

Imponente puerta de la mezquita de Fatehpur Sikri, de estilo hindo persa
Sin embargo, se encuentra perfectamente conservada, y como otros muchos monumentos mogoles, hoy es patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Aunque he de reconocer que al complejo palaciego no le acabé de sacar el encanto, quizá por no haberlo visitado con guía (especialmente insistentes allí, por cierto), eso se compensó con la mezquita Jama Masjid. Este edificio, acabado en 1571, se encuentra en lo alto de una pequeña colina y se accede a él por alguna de sus monumentales puertas, de estilo indo-persa, hechas de piedra rojiza. Era nuestra primera mezquita en la India, y allí descubrimos que las mezquitas indias, al menos las más conocidas (ésta, la del Taj Mahal en Agra y la de Delhi) no tienen ni una sola estancia cubierta... el lugar para rezar es el gran patio central y solamente la parte más cercana al mihrab (parte existente en toda mezquita, que marca la dirección a la Meca) y minbar (lugar en alto donde el imán dirige las oraciones) están bajo techo. No me preguntéis cómo rezan los musulmanes en verano, con 45ºC, o en la época monzónica, con abundantes lluvias a diario... dentro del patio se encuentra la tumba del santo que predijo la paternidad de Akbar, de mármol blanco, y que todavía hoy es utilizado por muchas personas que buscan, y piden, tener descendencia. Como buena mezquita, hay que quitarse el calzado, aunque solo entres a un patio, pero es posible guardarlo en la mochila si no te fías de los guardazapatos (por allí pasa demasiada gente y no creo que fuera difícil robar unas zapatillas, así que yo me lo guardé).

"Interior" de la mezquita de Fatehpur Sikri, lo que viene siendo un enorme patio

AGRA


Llegamos a las 17 horas tras solo 40 kms. de distancia, y parecía que Datar pensaba dejarnos en el modesto albergue que reservamos allí sin más, alegando que ya no veríamos nada porque se estaba haciendo de noche (a las 17:30 nos dijo). Pero no nos resignamos, queríamos ver ya el Taj, con el sol cayendo. Al final acordamos que nos acercara al Taj Ganj, el barrio que se hizo junto al mausoleo para alojar a los que trabajaron construyéndolo (se dice que unas 20.000 personas), y que volveríamos sin su ayuda para dejarle dormir, ya que al día siguiente pensábamos madrugar para ver el amanecer en el famoso mausoleo blanco.

Y así fue como nos movimos andando por ese barrio de pequeñas calles y casas hasta llegar a una de las puertas del complejo del Taj. Solo había que buscar una terraza con vistas del mismo, y cuando lo intentamos por primera vez en un bar, vimos como un árbol del complejo tapaba justamente el mausoleo... no nos cortamos y nos fuimos, a lo que los camareros respondieron con una cara de resignación pero tampoco les sorprendió... ¡¡cuánto dinero habrán dejado de ganar en ese local por un maldito árbol!!
El segundo intento fue mejor, el mismo árbol solo tapaba un minarete. Así que allí estábamos... en una terraza del Taj Ganj con vistas al Taj Mahal, viendo el atardecer con este maravilloso edificio, ligeramente entre la niebla. Nos sentamos en una mesa en la segunda fila, pero cuando se fueron los chinos que teníamos delante no lo dudamos y cambiamos de mesa, para ver el mausoleo de mármol sin cabezas delante. Fue maravilloso, de estas cosas que te hacen creer que todo esfuerzo, ya sea económico, físico o psicológico merece la pena si a cambio puedes ver un lugar así.

Llegando al Taj, era emocionante ver estos letreros
Nos volvimos a cambiar de mesa porque la nuestra estaba reservada para cenar, pero no nos fuimos del bar esperando algo que no ha ocurrido nunca ni iba a ocurrir esa noche: ver el Taj con iluminación nocturna. Tras un rato a oscuras se me ocurrió preguntar al camarero, y éste me lo confirmó. Resulta sorprendente saber que edificios de fama mucho menor que el Taj sean iluminados en la India, pero no su edificio estrella... de lo malo malo, disfrutamos del atardecer de lo lindo, se hizo de noche una hora después de lo que nos había dicho Datar.

Nos bajamos de la terraza y volvimos al caos del Taj Ganj, dispuestos a coger nuestro primer tuk-tuk (con permiso del bike tuk-tuk de Jaipur) en la India. Por solo 50 rupias (0,8€), el tercer hombre al que preguntamos nos dejó enseguida en nuestro albergue, a lo que respondimos dándole algo más de propina. Debe haber falta de trabajo para este colectivo, porque nos preguntó que si íbamos a necesitar de sus servicios al día siguiente para volver al Taj, a lo que le dijimos que no.

Datar nos había recomendado mirar algo cerca del albergue para cenar, que había sitios, pero no vimos nada de nada, la zona parecía muy residencial, así que tras maldecir el malentendido o su poca información sobre Agra, accedimos a cenar en el albergue con un buffet libre que tenían... buffet libre que resultó ser solo arroz, bien picante además. El precio de la cena con buffet era de 350 rupias (5,30€) y esperaba que no nos cobrara tanto solo por arroz... pero no, nos aplicaron una oferta que tienen de regalarte arroz si lo pedías de 19 a 20 horas, y nos cobraron solamente la botella de agua, a pesar de que comimos a las 21:30. La India, tras más de dos semanas, seguía sorprendiéndonos.

Ya en la habitación, aquella noche teníamos que tratar de dormir a pesar de la emoción de saber que entraríamos al recinto del Taj al día siguiente, y de nuestro incómodo colchón, no más gordo que el cojín de cualquier sofá. Lo conseguimos pero solo en parte...

Escena callejera en Agra, que a pesar del turismo, no podía esconder ni la pobreza ni la superpoblación que comparte con el resto de ciudades indias