viernes, 28 de enero de 2011

La capital del Califa: ¡Córdoba!

Alcázar de los Reyes Cristianos
Aunque muchos ya lo sabréis, Andalucía es la región que ocupa prácticamente en exclusiva el extremo sur de España. Y como tal, representa las típicas características del sur en muchos otros países europeos, como por ejemplo Francia o sobre todo Italia: clima más agradable la mayor parte del año (quizá en verano no tanto), carácter más abierto de sus habitantes, mayor poder turístico, etc...  a cambio de tener mayores problemas económicos o una tasa de paro más elevada. En el caso de España, Andalucía representa mucho más. Y es que aunque los musulmanes ocuparon durante siglos la mayor parte de la Península Ibérica, fue en Andalucía donde establecieron sus principales capitales a lo largo de su estancia y donde estuvieron mayor cantidad de tiempo. Por ello, la huella islámica permanece marcada a fuego en esa tierra. Otros aspectos culturales diferenciadores de Andalucía son más recientes, como son los de su música, representados en las sevillanas y especialmente en el mundialmente famoso flamenco, o en su comida, con varios platos típicos como el gazpacho, o en su más que característico (aunque más variado de lo que creemos los del norte) acento andaluz. Podríamos seguir hablando de la fuerte personalidad andaluza con el fervor religioso de sus habitantes, representado en la Semana Santa de muchas poblaciones o la Romería de el Rocío, con su amor a la fiesta en todas sus expresiones o la internacionalización de todas estas cosas, cosa que provoca el error de muchos extranjeros de creer que son típicas de todo el territorio español y no solo de Andalucía. Personalidad más grande e importante incluso que su tamaño en el conjunto español, país en el que es la región más poblada y la segunda de mayor tamaño.

Cuando hablamos de Andalucía, casi todos eligen entre la magia de la Alhambra de Granada o la majestuosidad de la Catedral de Sevilla y su Giralda, entre las casas blancas del Albayzín o las retorcidas calles del barrio de Santa Cruz... pues no sé si es por sentirme diferente o por el agrado de llevar la contraria a la mayoría, mi ciudad andaluza favorita es Córdoba, ligeramente más olvidada al hablar de las maravillas de la región del sur de España (o al menos eso me parece a mí...) que Sevilla o Granada.
Córdoba se encuentra en el centro-norte de Andalucía, en la parte "más alta" de la depresión del Guadalquivir, junto a este río, a 120 metros sobre el nivel del mar. Su clima es templado en invierno y muy caluroso los meses de verano, aunque posiblemente un pelín menos que otras poblaciones andaluzas como Sevilla. Córdoba es hoy una ciudad de mediano tamaño, de 330.000 habitantes, un número con el que sería la ciudad más grande de muchas regiones españolas, pero que en Andalucía no le permite más que ser la tercera ciudad más poblada, por detrás de Sevilla y Málaga. Un número que, aunque elevado, se cree que no es el mayor que ha alcanzado la ciudad, ya que en su riquísima historia ha tenido épocas en las que se cree que ha llegado a superar los 400.000 habitantes.

Córdoba ha sido capital de Bética, una de las provincias en las que el Imperio Romano dividió la Península Ibérica, proporcionando al Imperio personajes tan célebres como Séneca. El pasado romano en la ciudad se puede notar todavía en algunos edificios, como un templo romano o el puente más conocido de la ciudad.

Puente romano, al fondo la mezquita
 Aunque sería con la creación de Al-Andalus tras la invasión musulmana cuando la ciudad llegaría a su apogeo. Primero el Emirato de Córdoba, ya en el año 756, estableció en esta ciudad andaluza la capital de todo el territorio de Al-Andalus, que por aquel entonces se correspondía con aproximadamente el 80% del territorio ibérico. El Califato de Córdoba (o de Omeya) fue la evolución posterior, por la cual Al-Andalus pasaba de ser un territorio autónomo a ser totalmente independiente. Si bien la ciudad ya era muy importante durante el Emirato, en el siglo X, época del Califato, se calcula que pudo tener en torno a 400.000-500.000 habitantes, convirtiéndose en la ciudad más poblada de Europa, y seguramente de todo el Mundo. Pero la gloria del Califato (929-1031) fue efímera, al dividirse en Reinos de Taifas 100 años después de ser constituido. Desde entonces, Córdoba entró en cierta decadencia, cosa que no mejoró con la reconquista cristiana, que llegaría a esta ciudad en 1236. Solo recientemente ha recuperado parte de su poder y pujanza, convirtiéndose en una de las poblaciones mejor conservadas de España a pesar de su crecimiento. Su Mezquita fue uno de los primeros monumentos españoles en ser declarado "Patrimonio de la Humanidad", por la UNESCO en 1984, galardón que se extendió unos años después al centro histórico de la ciudad, abarcando los principales monumentos cordobeses.

Cuando uno habla de Córdoba, el primer edificio de interés que a uno le viene a la cabeza, capaz de eclipsar todo lo demás, es la Gran Mezquita de Córdoba. Comenzada a finales del siglo VIII en el lugar donde se ubicaba anteriormente el principal templo visigótico de la ciudad, sufrió numerosas ampliaciones motivadas por el tamaño creciente que iba teniendo Córdoba. Fue terminada ya en el siglo X, siendo la mezquita con mayor superficie del Mundo solo por detrás de la Gran Mezquita de la Meca. Y todavía a día de hoy sigue siendo uno de los templos musulmanes más grandes del Mundo. Tal era su belleza, que los cristianos, cuando reconquistaron Córdoba, no hicieron como en el resto de poblaciones andaluzas, no convirtieron totalmente la mezquita en una iglesia o catedral, sino que tiraron solo una pequeña parte del Templo para hacer la Catedral católica que deseaban (y además tardaron más de 300 años en atreverse a hacerlo). La Mezquita conserva, aparte de una bonita red de arcos sustentados en columnas de mármol, un mihrab muy decorado que, curiosamente, no está orientado hacia la Meca, sino 51º (que no es poco) más al sur. Desconozco el motivo, pero por la importancia de la mezquita y por la diferencia con la orientación "buena", no parece un error casual.

Interior de la mezquita de Córdoba
La parte de la Catedral, aunque menos valiosa artísticamente y menos exótica, a mí personalmente también me gusta. Es de estilo plateresco (renacentista español), un estilo no muy común en las catedrales españolas y se creó durante el siglo XVI. A día de hoy, está prohibido el rezo no católico en el templo. Ha habido alteraciones de otros lugares de la mezquita, aunque son menores comparado a lo ya citado.

Pero hay vida en Córdoba más allá de la mezquita. Muy cerca de ella, bien merece una visita el "Alcázar de los Reyes Cristianos" (mostrado en la primera foto), que es un edificio ordenado construir por Alfonso XI de Castilla en el siglo XIV, sobre el viejo Alcázar musulmán en el mismo lugar en el que se ubicaran edificios anteriores como la Residencia del Gobernador Romano. En él se alojaron los Reyes Católicos los últimos años de la ofensiva por recuperar el Reino de Granada y finalizar la Reconquista de la Península Ibérica, entre 1486 y 1492.
Se trata de un recinto delimitado por murallas almenadas que encierra un pequeño edificio, en el que entre otras cosas, hay varios mosaicos romanos interesantes, y unos jardines que ocupan un área mucho mayor que la que está bajo techo. De marcada inspiración árabe aunque construcción cristiana, en los jardines existen varias fuentes en las que disfrutar del placer de ver el agua correr, además de numerosas especies distintas de árboles. También se puede dar un paseo junto a las almenas de las murallas.

Sin salir del barrio, uno de sus puntos más pintorescos es la "Calleja de las Flores", llamada así por su minúsculo tamaño y por estar siempre llena de tiestos con flores, colgados de las paredes. Desde aquí se saca una de las fotos más típicas de Córdoba, ya que además de la calle y las flores se puede contemplar la torre de la mezquita-catedral.

La calleja de las Flores. Al fondo, la torre de la mezquita-catedral
Pero estas flores no son exclusivas de la calle anteriormente citada, sino que son un "clásico" andaluz, y más aún cordobés. La típica imagen de patio andaluz, de paredes blancas que reflejan el sol durante las muchas horas que se deja ver en la región, llenos de tiestos con flores encuentran su "capital" en Córdoba. Anualmente, en torno a la primera quincena de mayo, se celebra el "Concurso Popular de Patios cordobeses", y los ya de por sí muy bonitos patios de la ciudad se maquillan y visten sus mejores galas. También existe un certamen en torno a la Navidad, que saca a los cordobeses a sus patios a cantar villancicos a pesar del frío. Aunque por suerte para los que no hemos estado en Córdoba por esas fechas, se puede disfrutar del encanto de sus patios prácticamente en cualquier época del año.
Siguiendo con los patios, otro punto de interés es el Palacio de Viana. Por desgracia aún no he podido visitarlo en mis escapadas a Córdoba, por la extraña costumbre de este edificio de cerrar los días festivos. Pero todo indica a que es uno de los lugares más interesantes de la ciudad. Esta casa señorial del siglo XIV cuenta con nada más y nada menos que 12 patios y lujosas estancias, dignas de la fortuna de la familia que debió habitar la casa.

Plaza de la Corredera
Otro lugar de gran encanto es la Plaza de la Corredera. Aunque no goce de la popularidad de otras plazas mayores españolas como las de Salamanca o Madrid, a mí me parece de las más originales y pintorescas de España. Su colorido, donde se funden el blanco, el verde y el naranja, guarda restaurantes y bares de tapas.
Y siguiendo con plazas, otra que llama la atención es la Plaza de Capuchinos. De una austeridad brutal, algo que parece que era lo que mandaba en el siglo XVII que es cuando se trazó, resulta un tanto enigmática y casi hasta mística. Rodeada de modestos edificios blancos y un empedrado más propio de un pequeño pueblo que de una gran ciudad como es Córdoba, tiene en su centro el llamado "Cristo de los Faroles", una figura que parece la alegoría de un paso típico de Semana Santa eternamente parado en el corazón de la plaza.

Plaza de Capuchinos
Recomendable es también dar un paseo por la zona de la muralla árabe del oeste del casco antiguo, o subir hasta el imponente monumento dedicado al torero cordobés "Manolete", frente a una de las muchas iglesias que se erigieron en Córdoba tras la reconquista cristiana. Y si se dispone de tiempo, no es nada descabellado dedicar unas horas para visitar "Medina Azahara", las ruinas de un colosal palacio que un califa, literalmente, "ordenó construir por amor" a su favorita. Por desgracia, el lugar fue saqueado, desmantelado y abandonado, parte de sus piedras reutilizadas en otros edificios posteriores y hoy sólo nos quedan ruinas que nos hablan de la pasada grandeza del lugar.

Y no me quería despedir de Córdoba sin hacer otro guiño a su gastronomía. Como buen ejemplo andaluz, el gazpacho no podía faltar, pero aquí ha adquirido personalidad propia y con unos cambios en la receta que lo hacen un tanto diferente, por ser, por ejemplo, más espeso, recibe el nombre de "salmorejo". Una buena idea para probarlo puede ser uno de los muchos restaurantes que hay en la Judería, que a pesar de ser una de las zonas turísticas por excelencia de la ciudad, pueden tener menús del día a precios bastante populares (10€ por persona), con el encanto del barrio en el que se ubican y con una decoración en ocasiones con clara reminiscencia árabe.

Mihrab de la mezquita
Y es que por algo Córdoba es la ciudad del Califa...

viernes, 26 de noviembre de 2010

No se puede ser más auténtico: el Bierzo!

La verdad es que después de hablar de León y haber provocado bonitas sensaciones a gente que aprecio me han entrado ganas de seguir hablando de otro rincón cercano y enormemente interesante como es el Bierzo. Una vez más esto puede ser leído por amigos naturales de allí, así que espero que os guste lo que aquí voy a contar y no meta mucho la pata...

Palloza de Balboa
El Bierzo es la comarca con más personalidad de la provincia de León. Se trata de una región natural, puesto que está delimitada de forma casi completa por montañas en todos sus puntos cardinales, y es casi imprescindible acceder a ella por un puerto de montaña y bajando. Está, por tanto, separada geográficamente de la mayor parte de la provincia de León, que vierte sus aguas al Duero, ya que los innumerables ríos del Bierzo vierten sus aguas al Sil, principal afluente del río Miño, ya en Galicia.
Su clima también es distinto, puesto que la rigurosidad de la meseta en la capital leonesa no se manifiesta igual en el Bierzo, ni tampoco las frecuentes lluvias gallegas llegan en tanta intensidad a aquí: en el fondo de sus valles, a menos altura que la meseta, los inviernos son ligeramente más suaves que en León, y la protección de las montañas hace que llueva menos que en Galicia y sople menos el viento. Es por tanto, un clima intermedio entre el "mesetario" y el gallego, y esta dualidad no es sólo climática, sino que se manifiesta en muchos otros aspectos.

Llamado "Bergidum" en el pasado romano, fueron precisamente los romanos los que dieron un protagonismo importante a la zona durante varios siglos. Y es que en el Bierzo se ubicó la mina de oro más importante de todo el Imperio. Las Médulas fueron una o unas montañas en las que los ingenieros romanos encontraron pequeños restos de oro. Y con un sistema faraónico de canales que transportaba agua que venía de decenas de kilómetros de distancia, lanzando ese agua con mucha presión contra las montañas, consiguieron destruirlas para más abajo seleccionar la tierra desprendida y coger los pedazos del preciado metal. La explotación estuvo en funcionamiento durante un par de siglos, se calcula que dio trabajo simultáneamente a unas 60.000 personas (seguramente casi todos esclavos) y sacaron entre 500 y 1.500 toneladas de oro a un rendimiento minúsculo (unos 3 gramos por tonelada de tierra). Todo esto dio como resultado la creación del lago de Carucedo, cercano a la explotación, y una degradación enorme del Medio Ambiente. En el siglo III se abandonó la explotación y la sabia madre Naturaleza fue repoblando el lugar con la fauna y flora propias del Bierzo, y el resultado hoy es un espectacular paisaje en el que los "picos" rojizos que sobrevivieron a los romanos están perfectamente integrados rodeados de castaños y otra vegetación. 1.700 años después de aquel atentado contra el Medio Ambiente, estas ruinas son, paradójicamente, el único lugar de la provincia de León (junto a la parte del Camino de Santiago que la atraviesa) que es "Patrimonio de la Humanidad" por la UNESCO. Pasear entre sus picurutos es sublime, pero es aún mejor subir hasta el mirador de Orellán (andando o en coche) y ver la más que privilegiada vista que nos ofrece de todo el entorno.

Las Médulas. Vista desde el mirador de Orellán
El devenir de la historia y la geografía citada anteriormente han hecho que, políticamente, el Bierzo sea distinto al resto de León. En la división provincial de 1822 el "Vierzo", como se llamaba en la época, era una provincia propia, que abarcaba la comarca actual más otras comarcas hoy leonesas como Laciana o la Cabrera y territorios hoy gallegos como la comarca de Valdeorras. Anteriormente, en otros sistemas provinciales, ya había sido una provincia más de España. Desde que se aprobó la división provincial actual, en 1833, el Bierzo pertenece a la provincia de León, aunque no siempre los bercianos se han resignado a este hecho. En la comarca existe un cierto movimiento que apuesta por separarse de León, con diversas alternativas como las de volver a tener una provincia propia o incluso una región propia o constituirse como la "quinta provincia de Galicia". A su favor se podrían dar datos como que la comarca es más grande que varias provincias (por ejemplo las tres del País Vasco) españolas ya existentes o que en población también superan las cifras de alguna de ellas, como la provincia de Soria. Como en el "León versus Castilla" del artículo anterior, la verdad es que al final no existe odio hacia León y solamente una cierta rivalidad, especialmente entre Ponferrada, capital actual de la comarca y principal motor económico de la misma, y León. A cambio, otras cosas diferenciadoras sí son ciertas y se notan pronto: muchos bercianos tienen un característico acento similar al gallego, y de hecho hay personas que incluso conocen ese idioma. Es más, algunos de los núcleos más occidentales de la comarca, junto a la frontera con Galicia, se reconocen oficialmente como poblaciones en las que se habla gallego, y los nombres de sus poblaciones se dicen en gallego, aunque no sean los reconocidos oficialmente. La cercanía a Galicia se nota también en otros aspectos, como en algunas tradiciones como el "magosto" o en la arquitectura, donde el Bierzo y Galicia (y en menor medida Asturias también) comparten las "pallozas", unas viviendas muy especiales típicas de las montañas de los Ancares.

Investigando sobre el Bierzo, la sensación que uno tiene es que "tienen de todo estos bercianos". Estamos, sin duda, ante el pedazo de tierra más fértil de la provincia, y no sólo eso, también el más variado. El Bierzo es tierra de castañas, cerezas, manzanas de tipo reineta, pimientos, vino... y además aglutina una buena parte de la minería leonesa, últimamente presente en periódicos y televisión con bastante frecuencia, y alrededor del 50% de la industria de toda la provincia. Ponferrada, la capital, aglutina alrededor de la mitad de la población de la comarca, y con sus 70.000 habitantes es la sexta población más grande de Castilla y León, superando a cuatro de sus capitales de provincia: Zamora, Segovia, Ávila y Soria.

Pero como esto es un blog de turismo, una vez superados otros aspectos como el histórico o el etnográfico, vamos a hablar de lo que toca :)

 Los encantos del Bierzo son muchos, y verlos todos llenaría al menos un fin de semana de sobra, aunque puede dar para más tiempo. A Las Médulas, que posiblemente sea el punto de mayor interés de la comarca, hay que añadir:
Castillo de Ponferrada
- Ponferrada: La actual capital del Bierzo acoge quizá el castillo más interesante de toda la provincia de León. De origen templario, se erige en una pequeña elevación en la población, entre el río y el casco antiguo de la ciudad. Aunque su interior, al menos cuando yo lo visité, no tenía especial interés (aparte de poder pasear entre las almenas, el resto estaba casi vacío) para mí, su vista exterior es imponente, se mire desde abajo, desde el otro lado del río, o junto a su hermosa entrada. Aparte del castillo, en la plaza mayor se ubica el ayuntamiento, de estilo barroco, que recuerda a sus hermanos de Astorga o de León (el ubicado en la plaza mayor). La basílica de la Encina, que alberga a la virgen homónima (patrona del Bierzo), es el templo religioso más importante de la ciudad. Junto a la iglesia de San Andrés, frente al castillo, fueron los dos edificios usados para la exposición de las Edades del Hombre de 2007. También podemos pasar bajo el arco del reloj o visitar alguno de sus museos, como el del Bierzo, el del ferrocarril o el de la radio, promovido éste último por el ponferradino más conocido en la actualidad, el periodista Luis del Olmo.



Peñalba de Santiago
- Valle del Silencio, Peñalba de Santiago: Una de las cosas más mágicas del Bierzo es que a sólo unos pocos kilómetros de la A-6, eje viario por excelencia, es fácil encontrarse en un lugar en el que tener una gran sensación de paz, no ver un alma y estar rodeado de hermoso paisaje de montaña. Uno de esos valles es el valle del Silencio, recorrido por el río Oza. En él se ubica uno de los pueblos con más encanto del Bierzo: Peñalba de Santiago. A una bonita ubicación, con las montañas literalmente pegando al pueblo, a un encanto típico con las casas de piedra y pizarra y a unas calles por las que pasear sin coches (sólo los residentes pueden acceder, y son muy pocos), hay que añadir el que tiene un monumento muy original de estilo mozárabe: la modesta iglesia de Santiago, del siglo X, que lleva sus más de mil años de historia muy bien, y viene de una época en la que el aislamiento de la zona provocó que varios santos se refugiaran por allí. Andando a un par de kilómetros del pueblo se puede llegar a una de las cuevas que utilizaron, la de San Genadio.
- Villafranca del Bierzo: Atravesada por el Camino de Santiago como también lo está Ponferrada, la antigua capital de la "provincia del Vierzo" es hoy quizá su población más monumental. Posee un castillo, aún habitado, varias iglesias de interés, como la Colegiata o la iglesia de Santiago, en cuya portada lateral o del Perdón, los peregrinos que no podían seguir hasta Santiago podían recibir el Jubileo igualmente. El convento de los Padres Paúles fue la antigua diputación provincial de el Bierzo. La "calle del Agua" posee varias casas blasonadas y la Plaza Mayor reviste cierto interés también :)

- Los Ancares: Las montañas del noroeste del Bierzo, pegando ya a Galicia y ligeramente a Asturias, han sido hasta hace poco una zona remota, apartada de los ejes de comunicación modernos y lejos de prácticamente todo. Este aislamiento mantuvo en uso hasta hace pocas décadas un tipo de viviendas arcaicas y originales llamadas "pallozas". Similares a las casas de teito presentes en otras zonas de la montaña asturiana y leonesa, éstas son de superficie redonda y más grandes y en ellas convivían bajo el mismo techo personas y animales. Aunque muchas se conservan de forma precaria debido a la falta de ayudas económicas, otras se mantienen mejor o incluso se pueden visitar, y en pueblos como Balboa, se han restaurado o reconstruido y son utilizadas como bares o restaurantes. Para mí fue todo un placer cenar en una de ellas. Ya en Galicia, pueblos como Piornedo u O Cebreiro, recrean todavía el carácter del típico pueblo ancarés lleno de pallozas :)

Cascada de Cantejeira
- Y hay mucho más: El pueblo de Corullón, con sus antiguas iglesias y su castillo, el enclave jacobeo de Molinaseca o la curiosa herrería de Compludo, todavía en funcionamiento y que algunos datan del siglo VII, o dar un paseo por el paisaje montañoso berciano, con montañas que sobrepasan los 2.000 metros en algunos casos, como el Catoute al noreste o el Teleno al sureste (compartido con la Maragatería), viendo rincones como la cascada de Cantexeira (municipio de Balboa) o muchos otros que ni siquiera yo mismo conozco aún.


En definitiva, un hermoso rincón en el que perderse entre pueblitos con encanto, ciudades llenas de historia y montañas que miremos a donde miremos, ahí siguen, observándonos.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Algún día te echaré de menos... León!!

 Si en este blog me gusta hablar de sitios hermosos, a veces un tanto alternativos y que conozco bien, una entrada imprescindible ha de ser sobre la ciudad en la que he vivido desde 2002 hasta 2012: LEÓN. Es difícil hablar de un lugar sobre el que seguramente algunos lectores sepan más que yo, aunque sólo sea por el hecho de ser de aquí, pero si he hablado de sitios en los que apenas he pasado unos días o incluso horas, ¿Por qué no hacerlo del lugar en el que he vivido 10 años?

Catedral de León
León es una de las ciudades más importantes del Camino de Santiago, lo era hace siglos y lo sigue siendo hoy. Y no sólo eso, es también la capital de un viejo Reino. Precisamente este año se cumple el undécimo centenario de tal fecha. Aquel Reino de León hizo que la ciudad homónima fuera una de las más poderosas del mundo cristiano ibérico durante siglos en la Edad Media, tanto que se le atribuye un papel protagonista en la configuración de la España actual. El Reino de León agrandó en gran medida el territorio cristiano reconquistado a los musulmanes del centro y sur peninsular, y de él surgieron dos de los reinos más influyentes de la Península Ibérica durante buena parte de la Edad Media: Castilla y Portugal.

Precisamente con Castilla, que al igual que Portugal nació como Condado del Reino de León, mantendrá una relación de amor-odio tanto en siglos pasados, en los que estuvieron unidas bajo un mismo Rey, así como separadas e incluso enfrentadas, como a día de hoy. La decisión de 1983 de unir bajo una misma autonomía a Castilla y a León ha disgustado especialmente a esta ciudad, acostumbrada a formar parte de su propia región, la del Reino de León, que abarcaba las provincias de León, Zamora y Salamanca. No es difícil ver en la ciudad como este hecho no gusta a muchos leoneses, que se han afanado en "tachar" la palabra "Castilla" de muchos letreros, y debo reconocer que para mí, como castellano, no es fácil ver esos tachones. Hablando con los leoneses, uno ve que ese "odio" tampoco es para tanto, y de existir rivalidad (casi nunca es odio realmente) se dedica especialmente a la cercana ciudad de Valladolid, que como capital "de facto" de la región, está ejerciendo un férreo centralismo en la misma que, dicho sea de paso, no es motivo de queja sólo de leoneses, sino también de otras provincias, incluidas algunas castellanas.

Esta importancia histórica y, por supuesto, actual, hace que el bagaje monumental de León sea de primera categoría. Además, León puede presumir de tener obras maestras de muchos de los estilos que han protagonizado el arte de la arquitectura en nuestro país, y que son todo un referente:

Panteón Real de la basílica de San Isidoro
- ROMÁNICO: La basílica de San Isidoro es el mejor ejemplo de Románico español. Durante la época de esplendor se utilizó como lugar de enterramiento de los Reyes de León, y precisamente el Panteón Real, es su bien más preciado. Con una serie de frescos del siglo XII de gran valor y muy bien conservados, se le llama sin ningún tipo de complejo como "la Capilla Sixtina del arte románico". Otro hito importante fue el que se produjo en 1188, cuando un Rey leonés quiso que las decisiones importantes en su mandato las tomaran un grupo de personas representando diferentes estratos sociales, lo que hoy se identifica como el primer Parlamento europeo. Se puede decir que un pedacito de la democracia moderna nació en sus paredes.
- GÓTICO: Por supuesto, la Catedral. Se la considera la más puramente gótica catedral de España. A pesar de las penurias que ha sufrido, hoy la catedral de León es una de las más hermosas de todo el país. Por fuera, su planta gótica, sus rosetones y la armoniosa plaza en la que se encuentra dejan con la boca abierta a todo el que la ve. Por dentro se pueden contemplar las mejores vidrieras de España y de las más interesantes de todo el Mundo, que gracias a una nueva iniciativa, se pueden contemplar a escasos metros de distancia con una plataforma. Pasear por su interior con la luz de colores entrando por las vidrieras es un espectáculo distinto según esté el día nublado o soleado, y a mí, que he entrado innumerables veces, me sigue haciendo sentir minúsculo cada vez que la vuelvo a visitar.
- PLATERESCO: El antiguo Monasterio de San Marcos es uno de los emblemas del Renacimiento español. Este edificio, antiguamente situado más allá de los límites de la ciudad (hoy absorbido por su crecimiento), en pleno Camino de Santiago, ha sido monasterio, hospital de peregrinos e incluso cárcel, antes de ser convertido en Parador (hotel administrado por el Estado) como sigue siendo hoy, uno de los más lujosos de España. También posee una Iglesia con un interesante coro y la vista de la fachada frontal con la gran plaza es otra de las más espectaculares de la ciudad.

Fachada del hostal de San Marcos
- MODERNISTA: Aunque no es una de sus obras más originales ni conocidas, para la ciudad de León es un orgullo poder contar con un edificio del celebérrimo arquitecto Antoni Gaudí. Famoso por sus numerosas obras en Barcelona, antes de la construcción de muchas de ellas, dejó su sello en León con la "casa Botines". Construido en sólo dos años a finales del siglo XIX, hoy es la sede principal de una caja de ahorros.
- CONTEMPORÁNEO: No es que sea una obra de arte comparada con las anteriores, al menos para mí, pero el curioso edificio del MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), abierto hace apenas 5 años, es el mejor exponente del León actual, una ciudad en transformación que mira hacia el futuro. No obstante, su fachada multicolor tiene un aire simpático. De la visita al interior, diré que eso depende de si gusta el Arte Contemporáneo y de cada exposición, que cambia cada varios meses. Pero nadie se sentirá estafado por entrar, es y seguirá siendo un museo gratuito :) Cerca del MUSAC, otros edificios como el Auditorio muestran el León del siglo XXI.

Buena parte del casco antiguo corresponde al llamado "Barrio húmedo". Esta zona, aparte de ser la gran zona de fiesta nocturna de la ciudad, con incontables bares para todos los gustos, es la más famosa de una tradición puramente leonesa: LAS TAPAS. Sí, las tapas son algo español, no exclusivo de León, pero en León adquieren otro carácter al darse de forma TOTALMENTE GRATIS. Sí, al pedir una bebida, sea una cerveza grande o pequeña (llamada "corto"), un mosto o un refresco, que suelen valer 1€ o no mucho más, se da una tapa gratis, a veces a elegir entre varias. Cada bar suele tener su tapa o tapas típicas y la gente cuando sale ya va al "bar de la croqueta", de "la pizza" o de "las patatas con salsa de queso". Normalmente no son tan elaboradas como otras de otras ciudades españolas, como los "pintxos" vascos, pero teniendo en cuenta su "precio", me atrevo a decir que son las mejores en cuanto a relación "calidad/precio". Y el placer de por 6€ poder cenar y coger el puntillo de alcohol es una maravilla. El "Húmedo" no es la única zona de la ciudad haciendo esto (y en mi opinión, tampoco es la mejor), ya que casi todos los bares de la ciudad regalan una tapa con la consumición, aunque sí es la más tradicional y la preferida por los visitantes. Como alternativa al "Húmedo", yo recomendaría la zona de bares del Edificio "Europa", entre el auditorio de León y el original MUSAC, frente al edificio de la Junta de Castilla y León.


Casa Botines desde el parque del Cid
No me quería ir sin hablar de ese otro León, el de zonas alternativas como la Plaza del Grano, el de las curiosas costumbres como los Pendones, el de la riquísima cecina, el de una de las Semanas Santas más espectaculares de España, el de Genarín (el borracho al que incluso se ha santificado llamándole "San Genarín" y dedicamos una populosa procesión el Jueves Santo), el de salir de tapas con los amigos por cualquier motivo o sin él... el de todos esos placeres que muchos visitantes sienten o sólo intuyen, pero que siempre es mejor "vivir", algo reservado a los que tenemos el placer de residir aquí.

Por todo ello, el día que me vaya te echaré de menos... LEÓN!

viernes, 29 de octubre de 2010

Cruce entre Oriente y Occidente: ESTAMBUL (II)

El anterior post sobre Estambul se quedó incompleto. Hablé de generalidades de la ciudad y con eso desbordé el blog... así que seguiré escribiendo sobre la misma ciudad

Su lista de monumentos es casi infinita. Buena parte de lo reseñable en la ciudad corresponde a la segunda mitad del s. XV y al s. XVI, los primeros años después de caer en manos otomanas, que sirvieron para construir preciosos edificios dignos de la capital otomana que fue. Algunos son muy conocidos:
- Mezquita azul: Llamada de "Sultanahmet", porque se dedicó a un sultán de nombre "Ahmet", es la mezquita más famosa de la ciudad. Es una de las pocas en el mundo con seis espigados minaretes. Es del s. XVI y su nombre popular se debe a la azulejería interior, en la que el azul es su color más característico.

Mezquita azul
- Palacio Topkapi: Incomensurable palacio con todo el encanto de Oriente. Durante siglos ha sido el palacio del dirigente del Imperio: el Sultán. Desde él gobernaba y en él tenía su "harem", lleno de mujeres que vivían por y para el sultán, algunas de ellas durante toda su vida. La belleza de esta "Alhambra a la otomana" es incomensurable, pasando por patios, estancias o el exótico harem, para el que hay que pagar extra. Una visita difícil de olvidar que merece la pena.

Harem del palacio de Topkapi
- Bazares: Dos bazares hacen las delicias de todos los que visitan Estambul: El pequeño y acogedor "Bazar de las Especias", junto a la Mezquita Nueva, dedicado principalmente (que no exclusivamente) a la venta de especias, y el "Gran Bazar", considerado uno de los mercados cubiertos más grandes del Mundo, donde puede encontrarse casi de todo. Los vendedores se agrupan por gremios o profesiones, y sus datos abruman: Tiene alrededor de 60 calles (sin mapa es muy fácil perderse) y 4.000 tiendas, 22 puertas, da trabajo a 20.000 personas y es visitado a diario por otras 300.000. Por supuesto, el regateo es obligatorio :)
- Mezquita de Suleymaniye: Bastante más desconocida que la azul, no se queda nada descolgada de ésta en cuanto a dimensiones y singularidad. Su arquitecto fue el más prestigioso arquitecto imperial otomano, Mimar Sinan, que diseñó numerosas mezquitas por todo Estambul y muchos otros lugares del Imperio Otomano. Se erige en una colina de la ciudad, como presidiéndola.
Y como éstas, aunque algo más pequeñas, hay muchas más mezquitas dispersas por la ciudad. Los azulejos que las recubren, y la belleza de sus minbares y mihrabs hacen que merezca la pena entrar a cuantas más mejor. En Turquía, se permite entrar a los turistas no musulmanes a cualquier mezquita del país, y sólo se pide procurar no hacerlo durante las horas de rezo (cosa que ocurre 5 veces al día, cuyos horarios suelen estar marcados dentro de las mezquitas), y respetar la orden de quedarse descalzo y de no mostrar ni hombros ni piernas (para todos) más la de no mostrar el cabello en caso de ser mujer. Casi todas las mezquitas medianamente visitadas proporcionan faldas, bolsas de plástico o velos a los turistas más despitados que no tengan con qué taparse, aunque conviene llevarlo encima.

Pero los otomanos no arrasaron con todo lo que pillaron, y algunos de los más hermosos lugares del Estambul de hoy son previos a 1453, entre ellos uno de los edificios más emblemáticos del Mundo: Santa Sofía:

Cae la noche sobre Santa Sofía
- Santa Sofía: Uno de los edificios que más ha influido en la arquitectura universal, Santa Sofía es la culpable de esa "moda" en el mundo bizantino y posterior imperio otomano, de hacer muchos edificios religiosos con cúpulas y semicúpulas circulares presidiendo la parte superior de cualquier templo.. aunque parezca increíble, fue construida en sólo 5 años y es del s. VI, lo que me parece milagroso teniendo en cuenta las técnicas de la época... tuvieron que pasar más de 1.000 años para que alguien reivindicara en la zona que había conseguido superar el tamaño de su cúpula, y ni siquiera en ese momento fue cierto que se superara. Fue "el Vaticano" del mundo ortodoxo y, una vez invadida la ciudad, pasó a ser mezquita durante casi cinco siglos. En 1935, Atatürk decidió desacralizarla y convertirla en museo. Su visita, a día de hoy, ofrece una extraña mezcla entre Islam y Cristianismo, que yo sólo había vivido en la mezquita de Córdoba. Mosaicos ortodoxos, un mihrab puesto "contra natura" sobre un altar, caligrafía árabe en unos enormes medallones...
- Cisternas: Una gran ciudad como era la antigua Bizancio necesitó de grandes cantidades de agua. Ésta se almacenaba en las numerosas cisternas que se construyeron en el subsuelo de la ciudad. Abandonadas o incluso desconocidas durante la etapa otomana, han sido redescubiertas y abiertas como lugares de interés turístico. La más grande y conocida es la "Cisterna de la basílica", que con su ténue luz y su silencio tiene un aire místico y lleva al viajero a otro mundo.

Cisterna de la basílica
- Torre Gálata: Esta torre data de 1348, cuando en el barrio, homónimo a la torre, vivía una colonia genovesa que erigió esta torre vigía en ese estilo. Hoy, es uno de los monumentos más característicos de la ciudad. En su interior, aparte de un mirador que se puede visitar y que ofrece muy buenas vistas de la zona histórica de la ciudad, hay un restaurante pensado para turistas (esto es, ofrece espectáculos pero a un precio no abordable para turcos).
- Murallas bizantinas: Las sólidas murallas que mantuvieron Bizancio sin ser conquistada durante siglos se mantienen, en mejor o peor estado, a las afueras de la ciudad. Son imponentes, aunque (al menos en mi caso), los deprimidos barrios que están en ocasiones junto a ellas hacen que recomiende al visitante preguntar a alguien de allí por la zona más adecuada para verlas, ya que tienen varios kilómetros de longitud. No es que me pasara nada cuando estuve, pero las casas derruidas cercanas o los malos olores no me hicieron sentir muy cómodo :(
Y para terminar, aunque habría muchos más lugares qué visitar en la ciudad, como actividades alternativas a patear o a tanta mezquita, yo recomendaría:
- Dar un paseo por el Bósforo: Ya que tenemos el lujo de tener esta avenida marítima desde la que ver la ciudad a ambos lados, hay que aprovecharlo. Las vistas de muchos edificios son mejores que desde tierra, y ya sea de noche o de día, un recorrido por el estrecho es inolvidable. Yo lo hice de noche, y la iluminación aporta un "extra de magia". El silencio al estar en medio de una ciudad tan ruidosa como es Estambul, da mucha tranquilidad también. Hay que abrigarse porque junto al agua corre más el aire e incluso después de un caluroso día veraniego hará falta al menos una chaqueta... numerosas compañías dan paseos diurnos y nocturnos por un módico precio, y si se quiere presumir de haber pisado Asia, también hay compañías que permiten pasar a la mitad asiática en barco.
- Comer comida turca: Parece una obviedad, pero muchos jóvenes abusan (y a veces abusamos) de lo conocido cuando viajan, incluso aunque sepan que no es lo mejor... reconozco que soy fan de la comida turca, tiene una variedad importante y casi todos los platos son muy sabrosos. La verdad es que los kebaps, tal y como los conocemos aquí, me decepcionaron puesto que allí no se les echa ningún tipo de salsa. Pero el resto de cosas que probé me gustaron. Además, Estambul es una ciudad bastante barata y se puede estar en restaurantes hasta "pijos" y comer por 10€ o menos.
- Ver un espectáculo de danza del vientre: Aquí lo malo es que muchos pueden salirse de los presupuestos ajustados. Yo fui a uno no para turistas (éramos los únicos extranjeros de la fiesta, y había más de 100 personas allí) y no tenía sólo danza del vientre, sino música turca en general. La danza del vientre se nos quedó un pelín corta, pero fue espectacular, y a cambio el precio fue genial: unos 15€ la cena y el espectáculo. Ojo, que a las bailarinas les gusta mostrar su dote bailando cerca de las caras de los hombres, buscando un dinero extra (que ha de introducirse en el sujetador o en la braguita-falda de la chica), y esto no es apto para parejas en las que la mujer sea muy celosa :P

Bailarina de danza del viente intentando atraer propinas
Y con todo esto, o incluso ignorando unas cuantas cosas de las que he hablado, Estambul conseguirá quedarse para siempre en vuestra memoria...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cruce de Oriente y Occidente: ESTAMBUL (I)

Después de más de un mes sin escribir, me he decantado por un plato fuerte...

Mezquita de Ortaköy y puente sobre el Bósforo
Lo reconozco, soy fan de Estambul. Lo soy de muchos otros sitios, pero casi de ninguno tanto como de esta ciudad turca, tanto, que me atrevería a decir que es una de las ciudades que más me ha maravillado de todas cuantas he visto. Su magia escapa a lo que aquí pueda escribir porque es algo que no se puede expresar con palabras.

Para mí Estambul fue mi primera visita a un país de mayoría musulmana. Quizá esto motivara que el "shock" fuera mayor, pero a pesar de todo creo que es una "introducción al mundo musulmán" que recomendaría a todo el Mundo, puesto que es una compensada mezcla entre Europa y Asia, entre una ciudad de un país que quiere entrar en la Unión Europea y la capital de uno de los mayores imperios musulmanes que el mundo haya conocido, y al ser un lugar turístico, no se diferencia tanto de la Europa que conocemos. Vamos, que si uno quiere visitar por primera vez un país musulmán sin asustarse porque le parezca estar en otro mundo, visitar Estambul es una mejor idea que por ejemplo Marruecos (a pesar de estar más cerca de España) y aunque no los conozco aún, seguramente pase parecido con muchos otros países musulmanes.

Vista del Bósforo desde la mitad asiática de Estambul. Parece un río :)
Para empezar a hablar de la magia que para mí tiene Estambul, hay que hablar de algo que la hace única en el Mundo: su ubicación. Ninguna otra ciudad en el Mundo puede presumir de estar en dos continentes, ni tampoco (que yo sepa) de estar a ambos lados de un estrecho. De hecho, la "estrechez" del Bósforo en Estambul es tal, que a primera vista se podría confundir con un río, idea que se desvanece cuando uno se acerca y ve las pequeñas olas que forma el agua o se fija en que apenas hay puentes y los dos que existen no tienen ninguno de sus pilares en el agua (desconozco la profundidad del Bósforo pero me imagino que no será poca precisamente). Por tanto se puede hablar de un Estambul europeo y otro asiático, y aunque no existen grandes diferencias entre las dos mitades de la ciudad (aparte de que la mitad europea es la que aglutina la parte más monumental), la dualidad geográfica de Estambul es también cultural, ambiental, monumental y espiritual me atrevería a decir.
Por si esta división fuera poco, la parte europea está a su vez dividida en dos por el Cuerno de Oro, un estuario inundado de un río que aunque es un fenómeno más frecuente en una ciudad, da una agradable alternativa acuática a la majestuosidad del Bósforo. Al sur del Cuerno de Oro queda por tanto una península que se podría definir como uno de los extremos del sureste de Europa, que por su valor estratégico, ha sido el corazón de Estambul a lo largo de su historia, y hoy mantiene tres de los monumentos más conocidos de la ciudad: El palacio de Topkapi, la Mezquita Azul y la catedral-museo de Santa Sofía (aunque la de la foto no es ninguna de estas tres cosas :P)

Mezquita nueva
De muchos lugares se dice que son "lugar de encuentro entre Oriente y Occidente", así como "cruce de caminos estratégico", pero ninguno lo es tanto como Estambul:
La mezcla entre encanto oriental y urbe europea se palpa en cada esquina... hay rincones, como la "Istiklal Cadessi", una gran calle peatonal atravesada hasta por 3 millones de personas al día, que por su aire cosmopolita, por su rico número de bares, restaurantes, pubs y discotecas, recuerda a cualquier gran ciudad europea. Saliendo de los recorridos turísticos o incluso sin hacerlo en exceso, nos podemos encontrar en calles donde no veremos más que los ojos a cualquier mujer que nos crucemos, se sucederán calles angostas en las que los chavales juegan a fútbol en plena calzada (incluso en cuesta) y la gente se quedará mirando descaradamente a cualquiera que vista de forma medianamente europea, como sorprendido. Eso es Estambul.
Lo de cruce de caminos lo justifico porque es el único sitio por el que se puede pasar de la vieja Europa a la península de Anatolia en coche o bus (y en breve en tren y/o metro también). No hay otra alternativa al barco o a rodear el Mar Negro. Por su tamaño, riqueza dentro de Turquía y por estar a las puertas de las fronteras actuales de la UE, se ha convertido además en un sumidero de turcos del centro y este del país y de otros países de Oriente Próximo, muchos de los cuales residen aquí a la espera de, algún día, poder quizá acceder a la UE y así tener una vida mejor. Es por eso que en Estambul sucede algo extraño, y es que se mezclan las personas más cosmopolitas de Turquía, más europeas, y también las familias más conservadoras que aún se pueden seguir sorprendiendo de ver las piernas a una mujer por la calle en pleno verano... ¡qué cosas!

Bósforo, con el curioso faro de Leandro presidiéndolo
Hablar de Estambul exige hablar de su historia... también en esto pocos sitios pueden rivalizar con la gran urbe turca. Ha sido capital de tres imperios, durante alrededor de 1.500 años: Romano de Oriente, Bizantino y Otomano. También se la ha conocido por tres nombres: Constantinopla, Bizancio y Estambul. La que empezó siendo la "Roma de Oriente" cuando se escindió en dos el Imperio Romano, acabó resistiendo casi 1.000 años más de lo que lo hizo la actual capital italiana. Mientras Roma decaía después de su invasión en el siglo V y no conocería otra época de esplendor hasta casi mil años después, la otra mitad del Imperio Romano, la de Oriente con capital en Constantinopla (actual Estambul), permaneció, se reinventó a sí misma cambiando hasta de nombre (por el de Imperio Bizantino cuya capital pasó a denominarse Bizancio, el primer nombre que tuvo la ciudad) y resistió hasta 1453 sin ser invadida, a pesar de que los otomanos la habían cercado por todos los flancos y era lo último que le quedaba al mundo bizantino. Protagonista de este episodio, que marca para muchos el final de la Edad Media, siglos antes ya había desafiado a la decadente Roma en el "Cisma de Oriente", por el cual el mundo cristiano se separó en dos, quedando los católicos al oeste con capital en Roma y la autoridad del Papa, y los ortodoxos al este con capital en Constantinopla siguiendo las directrices del Patriarca. Hoy día, esa separación existe y está presente en la diferente forma de interpretar la religión de los países ortodoxos respecto a los católicos. Como curiosidad al respecto, en Estambul apenas quedan ortodoxos a día de hoy...

Mihrab de Santa Sofía, que fue usada como mezquita
Otra contradicción de la historia de esta apasionante ciudad es que ahora sorprendentemente no sea la capital política de su país. Lo que no quita para que sea capital económica, turística y cultural de Turquía. Aunque debo decir que personalmente tuve la sensación de que eso (no ser capital política turca) a sus habitantes les importaba poco y que habían asumido su nueva condición. Atatürk, militar durante la I Guerra Mundial y político turco después, idolatrado hasta el extremo en Turquía, fue el responsable de esta decisión (que según parece responde a motivos militares ya que Estambul era más fácilmente atacable por mar y por geográficos, ya que la metrópoli turca queda muy descentrada en el actual país) y se llevó la capitalidad a la (por aquel entonces) pequeña ciudad de Ankara. Y aunque ésta ha crecido enormemente desde que es la capital turca, aún tiene menos de la mitad de habitantes de los que tiene Estambul. Y lo que le queda...

Y lo que me queda a mí por contar de Estambul. Voy a dejar para otro día una lista de cosas que hacer y como no, una enumeración de sus más insignes documentos.

martes, 24 de agosto de 2010

La otra capital de Europa: ESTRASBURGO

Si digo que Francia es un país centralizado, supongo que no sorprenderé a casi nadie. Es verdad a muchos niveles, sí, pero tengo la sensación de que mucha de la gente que visita Francia lo cree así también a nivel cultural, turístico o simplemente "de hermosura"... gente que visita París, muchas veces sólo unos pocos días y vuelve a casa pensando: "Ya he visto Francia". Pues va a ser que no...

Catedral de Estrasburgo, junto a un buen ejemplo de casa con entramado típico de allí
Alsacia... puede que a muchos os suene por su papel histórico y por la rivalidad que Francia y Alemania han mantenido por el control de esta región. Junto a parte de su vecina Lorena, Alsacia ha cambiado de mano numerosas veces, sólo entre 1870 y 1918 en cuatro ocasiones, para finalmente al acabar la I Guerra Mundial ser definitivamente francesa (salvo el intervalo de la II Guerra Mundial), y su frontera quedar marcada por la orilla del Rin. Por suerte, a día de hoy, la paz entre Francia y Alemania ha permitido a Alsacia desarrollarse como lo que es: una región fronteriza de suma importancia con rasgos franceses y alemanes. Su biculturalidad es patente, no es difícil encontrar al alemán compartiendo sitio con el francés en muchos letreros y el dialecto alsaciano, que en zonas rurales aún se habla, es un popurrí entre francés y alemán, posiblemente difícil de comprender para unos y otros :) Por todo esto, se creyó que Estrasburgo, la capital de Alsacia, era una ciudad perfecta para ejemplificar la paz y la unidad europea y se pensó en ella como símbolo para situar edificios de la Comunidad Económica Europea, que empezó a rodar en 1957.

Estrasburgo es una ciudad maravillosa. Me queda mucho por visitar en el país vecino pero no creo que muchos lugares me gusten tanto como lo hizo la capital alsaciana. Es "la otra capital europea", ya que aunque sea mucho menos conocida que Bruselas, contiene muchas de las instituciones más importantes de la Unión Europea. La sede principal del Parlamento Europeo está allí, así como otras instituciones como el Palacio de los Derechos Humanos o el Consejo de Europa. Así que cuando las noticias hablan de lo que ha decidido u ordena "Bruselas", yo pienso "y Estrasburgo, y Estrasburgo..."

Alrededor del pintoresco barrio de la "Petite France"
Pero en mi visita, esta europeidad de Estrasburgo fue algo circunstancial. Bien es cierto que es una ciudad cosmopolita para el pequeño tamaño que tiene (no llega a 300.000 habitantes en el municipio), algo que se debe a lo citado anteriormente, pero mucho antes de que Estrasburgo cobrara importancia como capital de la UE, se modeló su casco histórico, de marcada personalidad, que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988: La "Grande île".
Esta isla del río "ill", es un acúmulo de sorpresas. El monumento de mayor importancia es su catedral. Con 142 metros de altura en su única torre, es una de las mayores catedrales que conozco y el color cobre de su piedra me maravilló, aunque esto es un gusto personal. Por dentro no es menos impresionante, por sus dimensiones, y por un curioso reloj astronómico. La catedral es otro ejemplo más de la biculturalidad de la ciudad, ya que ha sido usada como centro católico y protestante.

Barrio de la "Petite France" con su casa más fotografiada, la de los curtidores (Maison des tanneurs)
Pero no es la catedral lo que más me gustó, sino sus casas con entramado. El conjunto de casas con entramado de Estrasburgo es enorme, y hacen que la ciudad me pareciera enormemente pintoresca. Las hay de muchos colores, con muchos usos, junto al canal, en medio de una calle peatonal... pero la palma se lo lleva el barrio de la "Petite France". Su conjunto de casas blancas con entramado y flores, en una zona de puentes sobre el canal, hace las delicias de todos los que visitan la ciudad.

Otra cosa más que agradable para hacer es dar un paseo por los canales. Esto no es Amsterdam ni San Petersburgo, los canales no son tan abundantes y se limitan al río ill que se divide en dos rodeando el centro de la ciudad, y que en su parte norte permite ver el Parlamento Europeo entre otros, pero a cambio, las pintorescas casas con entramado que se ven desde el agua son sublimes, y se pueden apreciar mejor que desde tierra. Terracitas de restaurantes junto al río, la Petite France, los puentes cubiertos y un precio más económico (entre 4 y 5€ en 2008) que en otras ciudades con canales hacen del barco una más que recomendable opción para disfrutar de Estrasburgo. Una guía audio en multitud de idiomas se incluye en el pack sin precio extra.



Otros atractivos como la iglesia de Saint Paul, el agradable parque de l'Orangerie o alguno de los palacios con que cuenta la ciudad, como por ejemplo el "Palais Rohan", completan el bagaje de una pequeña ciudad encantadora, inolvidable, que merece una fama mayor, y que hará las delicias de los que quieran ver "más allá de París".

lunes, 16 de agosto de 2010

A LO GRANDE: MOSCÚ

Catedral de San Basilio, uno de los edificios carismáticos de la plaza Roja de Moscú
La capital del país más grande del Mundo es una ciudad que no deja indiferente. La ciudad más grande de Europa (teniendo en cuenta que estrictamente Estambul es sólo "europea a medias") debería ser por derecho propio una de las poblaciones con más turismo del continente, sin embargo su lejanía de los países europeos más ricos (y que más viajan), el tener que pedir visado y su fama de "ciudad más cara del mundo" hacen, entre otras cosas, que su popularidad turística sea inferior. Una vez llegas a allí, te das cuenta de un motivo de mayor importancia aún: ¡A MOSCÚ NO LE IMPORTA EL TURISMO! Recuerdo que el gran Garbajosa, jugador de la selección española de baloncesto que jugó en el CSKA de Moscú, lo dijo en un "Españoles por el Mundo" que no me perdí. Pero jamás pensé que fuera tan verídico...

En cualquier otra ciudad europea (incluida alguna otra rusa que visité), sus puntos turísticos tienen las cosas escritas en inglés, los empleados que trabajan en ellas saben un mínimo de ese idioma y no te gruñen al no entender algo dicho en "perfecto ruso". Pero Moscú es diferente.
A cambio muchos tópicos negativos se desvanecen pronto: ni se ven más borrachos (al menos en verano) ni es más cara que las grandes capitales de Europa Occidental, y en muchos aspectos (como el metro) es hasta más barata. Tiene mucha gente rica, muchísimos cochazos inundan las calles y también hay pobres, pero tampoco te sentirás agobiado por mendigos. No obstante, en pocos sitios he sentido esa desigualdad de clases como aquí, algo más que llamativo teniendo en cuenta que ésta fue la capital del comunismo hasta hace dos décadas.

Si tuviera que poner adjetivos a Moscú empezaría por el de orgullosa, incluso presumida, muy próspera en medio de un mar de relativa pobreza y hermosa, muy hermosa. Porque si mis primeras líneas pueden dar a entender que no me gustó la ciudad, curiosamente fue más bien al contrario. Que a uno se lo pongan difícil le hace envalentonarse y sentir como un reto personal el descubrir una ciudad así a tu aire. Si eres valiente, no te asustan los retos y quieres sentirte en Europa pero a la vez en otro mundo, VEN A MOSCÚ.

Vistas del Kremlin desde un puente sobre el río Moscova
Aunque la mayoría de los turistas digan que es más bonito San Petersburgo, los símbolos de la capital actual son más internacionales que los de la antigua capital de los zares. El Kremlin y la Plaza Roja no creo que decepcionen ni al más exigente u optimista de sus visitantes. Y por ésta última empecé mi visita, como casi todos. Y llegar a ella por primera vez es un deleite para los sentidos.¿Cosas que sentí? Pues...
1.- No es grande, es gigantesca.
2.- Aquí se ha escrito la historia, y casi hasta puedo olerlo.
3.- Aunque no se llame roja por el color de sus edificios ni por el régimen comunista (sino por un cambio de significado de la palabra "krasnaya", que ahora significa roja, pero antiguamente era "bonita"), es una plaza "muy roja", en el sentido estricto del color, y se siente aún el comunismo.
4.- Aunque todos los edificios sean necesarios para configurar la plaza, hay uno que destaca sobre los demás: La Catedral de San Basilio. Todo es opinable, pero este edificio resultó más que mágico para mí, de los más bonitos que haya visto nunca.

Moscú es una ciudad de contrastes, y hasta en la Plaza Roja pueden verse. Resulta curioso que frente a las estrellas rojas de las torres del Kremlin, se erija un antiguo símbolo del Comunismo, el GUM (Principales Tiendas Universales, en sus siglas en ruso) que ahora es todo lo contrario, un gran centro comercial donde los más pijos de Moscú acuden a comprar en marcas internacionales y el resto nos contentamos con hacernos fotos y flipar con los precios, las pocas veces que se exhiben...
El Museo Nacional de Historia Natural, frente a San Basilio, es otro edificio de trabajados ladrillos rojos, tremendamente original para el viajero occidental no acostumbrado a la arquitectura de estas latitudes. Y acabando con el rojo, las altas murallas y torres del Kremlin también son fieles a este color. Delante de ellas, el mausoleo de Lenin recoge el cuerpo del líder de los Soviets, curiosamente contra su voluntad, que era la de descansar en un cementerio con su madre.

El Kremlin de Moscú (que contrariamente a lo que mucha gente cree, no es el único que existe, porque "Kremlin" significa algo así como ciudadela o "zona amurallada del centro de la ciudad" y hay en muchas otras ciudades rusas) es sinónimo del poder en Rusia, aunque cuando uno pasa al interior, no sea esto lo que más llame la atención. Dentro del Kremlin, existen numerosos templos: 4 catedrales a la rusa, que no tienen por qué ser tan grandes como sus "iguales" en España, y alguna iglesia más junto a ellas. La Plaza de las Catedrales, en medio de todos estos templos, te sitúa rodeado de "cebollas" doradas coronando templos blancos. Por dentro, los frescos de algunas de ellas son soberbios, datando del siglo XIV los más antiguos. También se puede acceder a alguno de los palacios, aunque el que esto escribe no lo hizo por el desorbitante precio de esa entrada (unos 18-19€), cosa de la cual ahora se arrepiente. Como curiosidad, el cañón y la campana más grandes del mundo se ubican junto a estas catedrales, y son presos de las fotos de los turistas. Nunca fueron usados para su cometido, pero permiten a los rusos presumir de tenerlos... sí, esta ciudad es así :)

Metro de Moscú, en una de sus monumentales estaciones
El metro es el tercer símbolo de la ciudad. En un país en el que otras cosas funcionan de "aquella manera", el metro de Moscú es un símbolo de algo bien hecho, que funciona muy bien, que tiene estaciones preciosas y con el que es un placer viajar. Las estaciones más bonitas están casi todas en la línea 5, la circular, que en pocos minutos rodea el centro de la ciudad. Lo normal es tener un tren disponible cada 2 ó 3 minutos e incluso no es difícil ver una frecuencia mayor. Con 9 millones de usuarios diarios, sólo el metro de Tokyo le supera en este aspecto en todo el mundo. Aunque nada es perfecto... como pequeños reproches, el que hacerlo tan profundo haya hecho que haya mucha distancia entre dos estaciones comparado con otros metros o que en casi todas partes aparezca todo sólo en ruso (ni siquiera traduciendo al alfabeto latino los nombres de las estaciones, sino en el cirílico original). Pero ya avisé de que Moscú "pasa" del turismo.

Para acabar con los símbolos más conocidos de la ciudad, la Catedral de Cristo Salvador, también muy grande, se erige junto al río no muy lejos del Kremlin. Es un símbolo del nuevo Moscú y de la nueva Rusia post-comunista, puesto que Stalin la derribó cuando gobernaba el país y se ha vuelto a reconstruir hace unos pocos años, dejando claro que la iglesia rusa vuelve a tener el poder que el comunismo le robó "por las malas".

Monasterio de Novodevichi

Para muchos, aquí habría acabado la visita a Moscú, pero yo me documenté porque me negaba a creer que esta ciudad no tuviera más cosas que ofrecer. Realmente las tiene, otra cosa es que por ubicación alejada del centro, o por la fama y belleza de Kremlin y Plaza Roja, la gente ignore su existencia. Por suerte, la UNESCO no opina igual, y el monasterio de Novodévichi fue declarado también Patrimonio de la Humanidad. Es un monasterio de paredes blancas y vivos colores, con otra catedral "encebollada" en su interior, y junto a un lago, un lugar realmente pintoresco que nadie debería perderse en su visita a Moscú. Como tampoco uno debe perderse el famoso Teatro Bolshoi ("Gran Teatro"), aunque sólo sea para ver por fuera, o ver alguna de las hermanas (o "cojones", según la fuente que uno consulte :P) de Stalin, que es como se llama a los rascacielos de estilo gótico-estalinista que el líder comunista mandó erigir en la ciudad. Son 7, y hoy tienen diversos usos: Dos son hoteles, uno es el Ministerio de Asuntos Exteriores, otro es el edificio principal de la Universidad y hasta algunos han sido convertidos en viviendas. Aunque a muchos les puedan horrorizar, yo no los veo tan feos, y aunque son el símbolo de un régimen y sobre todo, de un hombre despreciable, no puedo negar que disfruté viéndolos; uno se siente muy pequeño a su lado, y los prefiero a los modernos y muchas veces aburridos rascacielos que se hacen en la actualidad.


Pequeña iglesia en el barrio de Kitay-Gorod
Como toda ciudad se hace a base de pequeñas cosas, recomiendo también callejear por barrios como el de Kitay-Gorod, junto a la Plaza Roja, con iglesias tan pintorescas como la de la foto. O el VDNKh, una especie de "Expo" permanente, con pabellones de los países de la antigua URSS, cuyo objetivo era mostrar al mundo la gloria del comunismo. Se ha mantenido tal y como era después de la caída del régimen, y me gustó con detalles como el pabellón central y sus esculturas doradas de la fuente que tiene delante, o el avión y cohete típicamente soviéticos.

Parque nostálgico del comunismo (conocido como "VDNKh")
Por último, no podía dejar de hablar de una de las cosas que más me llamó la atención allí: su gente. Como buenos capitalinos, el moscovita estándar siempre tiene prisa, no es tan amable como en ciudades más pequeñas y es más cosmopolita y abierto de mentalidad que otras ciudades del mismo país. En Rusia, además, las mujeres se esfuerzan hasta el extremo por ser femeninas, con tacones imposibles con los que a veces no saben ni andar, y minifaldas que casi nadie llevaría en Europa Occidental. Los hombres, a cambio, me dio la impresión de que estaban predestinados a trabajar para la Seguridad del Estado, ya que es, con diferencia, la ciudad en la que he visto más policías y militares de todas las que he visitado. Debía haber alguna visita oficial durante mi estancia allí porque un día, incluso, vi las entradas a la Plaza Roja cortadas hasta para los peatones, me imagino que por medidas de seguridad. Y ya me despido reconociendo el trabajo de quien parece que más trabaja allí, las "Bábushkas" ("abuelitas" en ruso). Son señoras con "cara de estar ya jubiladas" pero que en Rusia trabajan como las que más en multitud de puestos, sea cobrando en el autobús, limpiando servicios públicos o vendiendo billetes en el metro. Me dio la sensación de que eran ellas las que realmente levantaban el país :)