jueves, 10 de enero de 2013

Castillos de leyenda (II): PEÑARANDA DE DUERO, perla secreta de la Ribera del Duero

Poco conocido en cuanto se sale de aquí, Peñaranda de Duero es el pueblecito más encantador de la Ribera del Duero; a pesar de su pequeño tamaño, presume de castillo, murallas, ex-colegiata, un monumental palacio digno de una ciudad mucho mayor y una farmacia que lleva abierta más de 300 años. Todo ello coronado con unas vistosas casas con entramado de madera, como otros pueblos castellanos, que ubicadas en la plaza mayor, proporcionan una vista soberbia con el castillo al fondo en lo alto, que puede recordar a la de Peñafiel, sobre la que ya escribí anteriormente. ¡Comencemos!

Castillo de Peñaranda de Duero, visto desde el lado que no da al pueblo
Peñaranda de Duero está ubicada en el este de la Ribera del Duero, a 18 kilómetros de su capital, Aranda, y a menos aún de la provincia de Soria. Resulta curioso que, a pesar de su nombre, no se ubique junto al río Duero, sino junto al río Arandilla, estando el Duero a unos 7 kilómetros. Etimológicamente, el parecido del nombre al de Aranda no es casual. Se sitúa en la misma vega amplia ("Aranda" viene a significar eso: vega amplia), con la diferencia de tener una "peña", una colina o montaña que es en la que se asienta su castillo.

A pesar de sus pocos habitantes actuales, Peñaranda ha sido durante años la tercera población en importancia de la Ribera del Duero burgalesa (la única que existía antes de que el vino extendiera esa denominación a otras provincias), tras Aranda y Roa, que sí siguen siendo las mayores poblaciones de la comarca hoy. Por desgracia, la despoblación se ha cebado con ella, porque ha pasado de los más de 1700 habitantes de la década de los 50 a los poco más de 600 en los 90, en torno a los que sigue estando hoy.

Detalle de uno de los artesonados del palacio de Avellaneda

PATRIMONIO


Y empezaremos a recorrer el pueblo por el castillo. El castillo de Peñaranda es otro ejemplo más de castillo "roquero", ubicado cerca del Duero, que como ya dije escribiendo sobre Peñafiel, fue la frontera entre los reinos cristianos al norte y los musulmanes al sur durante muchos años. Original del s. X, fue reformado totalmente en el s. XV, y se halla parcialmente en ruinas, aunque eso a mi juicio no lo hace menos interesante. El motivo es que por un lado sus "heridas" son suficientes para demostrar que fue una herramienta de guerra y no solo una pieza de museo, y por otro lado las paredes que le quedan sobran para dar ese aire imponente de muchos castillos. Se puede subir por el centro del pueblo, pero para si se desea subir en coche recomiendo salir en dirección a Huerta del Rey, coger el desvío que a mano izquierda sale del pueblo hacia Hontoria de Valdearados, y poco después seguir el desvío que indica hacia el castillo.

En el interior de la torre del homenaje de la fortaleza se ha ubicado un centro de interpretación de los castillos, que explica generalidades de este tipo de construcciones, centrándose en los muchos que hay en las cercanías del río Duero. No recuerdo el precio por entrar pero era barato. Decir también que el lugar en el que está asentado sirve de magnífico mirador del pueblo, viéndose desde él todo su caserío.

Vista de la ex-colegiata y del rollo, presentes en la plaza mayor del pueblo
De vuelta a la parte baja de Peñaranda llama la atención la plaza mayor, llegando hasta ella a través de una puerta en el tramo que conserva Peñaranda de sus recias murallas, del s. XV. Esta plaza, probablemente una de las más interesantes de toda la provincia de Burgos, reúne los principales edificios del pueblo: el palacio de Avellaneda queda a mano izquierda, la ex-colegiata de Santa Ana a mano derecha, y de frente, el ayuntamiento y la vista imponente del castillo. No nos dejarán indiferentes las viviendas y establecimientos hosteleros con entramado de madera (empezando por el propio ayuntamiento), que dan un aire pintoresco a Peñaranda que no suele defraudar a sus visitantes.

De todo lo que esa plaza contiene, el palacio de Avellaneda es para mí su objeto de más valor. Con una fachada austera, este palacio renacentista guarda unos artesonados en sus techos que pueden dejar con la boca abierta a más de uno, aparte de un patio central interesante, y una bonita escalera. La visita al recinto era guiada y permitía disfrutar bien del edificio, y hablo en pasado porque, por desgracia, desde el 1 de enero de 2012, la junta de Castilla y León, en una maniobra lamentable pero frecuente en estos tiempos de recortes en los que vivimos, ha cerrado el edificio y a fecha de hoy (enero de 2013) no se puede visitar su interior. Esperamos que cambie esta situación absurda cuanto antes, y pongo mi granito de arena escribiendo estas líneas para que así sea. No se entiende que se cierre por falta de dinero (300.000€ anuales), cuando se invirtió un año antes 1.000.000€ en una restauración que muchos juzgaron como innecesaria.

Al otro lado de la plaza, tras el bello rollo jurisdiccional de s. XV, posiblemente el más interesante de toda la provincia, la ex-colegiata de Santa Ana, del s. XVI, esconde tras sus recios muros un interesante retablo neoclásico.

Y despedimos este bonito pueblo castellano entrando a la botica de los Jimeno, inaugurada en 1677 y regentada desde entonces por la misma familia, generación tras generación.

Avión de combate en Coruña del Conde, junto al castillo, en honor a Diego Marín

ALREDEDORES


El este de la Ribera del Duero guarda más sorpresas. Como por ejemplo, Clunia Sulpicia, la ciudad romana, que se conserva a pocos metros de Peñalba de Castro, siguiendo desde Peñaranda por la carretera que lleva a Huerta del Rey, a unos 15 kilómetros. Hace una barbaridad que no la visito (ha estado en restauración) y no tengo fotos, pero recuerdo su enorme teatro, y parece que debe conservar algún mosaico interesante.

Coruña del Conde es otro pequeño pueblecito, muy próximo a Peñalba de Castro, que conserva las ruinas de un castillo (en este caso solo son ruinas) que hace años buscaba comprador por el módico precio de 1€. Junto al castillo, en un contraste que no a todos gusta (aunque a mí no me molesta), se encuentra un moderno "caza", avión de combate, que se donó al pueblo por tener un vecino al que se considera uno de los precursores de la aviación actual. Diego Marín Aguilera, considerado como un loco en su época, fue capaz de idear un artilugio con el que el ser humano empezó a dar sus primeros pasos en el mundo del vuelo. En 1793, soñó con volar desde su pueblo hasta el Burgo de Osma y se lanzó desde la colina del castillo, y aunque solo puedo alcanzar una distancia de 360 metros de longitud (cayendo al otro lado del río) marcó el camino a seguir para alcanzar mayores progresos en el campo de la aeronáutica.

Bonita espadaña del monasterio de la Vid
Por último, el monasterio de la Vid, en el pueblo homónimo, ocho kilómetros al sur de Peñaranda y a unos 18 kilómetros de Aranda, es uno de los más hermosos edificios monásticos de la Ribera del Duero. Siendo una mezcla de diversos estilos, fruto de sucesivas ampliaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo, tiene una vistosa espadaña, y en su interior guarda sorpresas como la biblioteca, muy rica a pesar del expolio que el monasterio sufrió tras la desamortización de Mendizábal, el claustro o el coro.

No hay comentarios: