sábado, 1 de febrero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (II)

Continuamos la segunda parte de los consejos para conocer la ciudad de Fez. Aquí tenéis la primera mitad.

¿QUÉ VER EN FEZ? FEZ-EL-JEDID


Las diversas dinastías que han gobernado el noroeste de África no han acostumbrado a escatimar en gastos a la hora de hacer sus ciudades imperiales. En el caso de Fez, la dinastía benimerín o merínide ordenó construir la ciudad imperial de Fez el Jdid. Sí, si en Europa se han hecho lujosos palacios reales, en lo que hoy es Marruecos se construían "ciudades imperiales", aun más grandes y pomposas que sus equivalentes europeos. Eso sí, mientras en Europa muchos son visitables por dentro, en Marruecos todavía hoy son inaccesibles al viajero las joyas de esas ciudades imperiales, que son los palacios reales... es más, hacer fotos de su exterior muchas veces está prohibido (algo de lo que avisan los guardas que suelen estar en las puertas) incluso aunque el rey de Marruecos no esté en la ciudad y apenas use el palacio... normal, tiene 27 palacios reales y es imposible que use todos a diario. En el caso de Fez, la vistosa fachada principal de la plaza de los Alauitas sí se puede fotografiar (de hecho parece haberse hecho adrede para ello), pero el resto de palacio no.


Fachada del palacio real en la plaza de los Alauitas, la más bonita y la única fotografiable de este inmenso conjunto palaciego
El caso es que los benimerines se construyeron una nueva ciudad en un alto cercano a la medina desde el que poder controlar lo que por aquel entonces era Fez, la cual era pasto de diferentes revueltas con relativa frecuencia. Alrededor de esa ciudad imperial fueron creciendo diversos barrios, casi tan caóticos como los de Fez-El-Bali, entre los que destaca un barrio judío. El crecimiento de ambas ciudades provocó que acabaran uniéndose Fez-el-Bali y Fez-el-Jedid, aunque todavía hoy compongan dos unidades urbanísticas diferenciadas. Aquí tenéis algunos de sus puntos de interés:
- Mechuares: yo no pude ver todos, porque según mi mapa alguno estaba dentro de las murallas del palacio real (por tanto no era visitable), pero el "pequeño mechuar" por el que se entra al barrio tiene su interés... un "mechuar" es un patio de armas, una gran plaza amurallada utilizada para las formaciones militares. Básicamente es una plaza rodeada de muros con almenas hoy gobernada por los coches, con una puerta del palacio real donde os dirán amablemente que ni se os ocurra hacer fotos (solo al palacio, el resto de mechuar puede ser fotografiado).
- Grand rue de Fez-el-Jedid: esta calle comunica el "petit mechouar" con el barrio judío, y su primera mitad es un zoco, con bastante más espacio que los de la medina y especializado en ropa. Además junto a esa calle se suceden varias mezquitas, fácilmente identificables por sus minaretes. La calle, larga y recta, muere en el barrio judío al que se llega pasando bajo una monumental puerta.

Calle principal de Fez-el-Jedid, convertida en zoco de ropa en buena parte de su recorrido

- Barrio judío, sinagoga incluida: el barrio judío de Fez-el-Jedid muestra las huellas que han dejado los judíos en Fez. Aunque hoy sean apenas unas pocas decenas, hasta hace pocas décadas se contaban por miles en la ciudad. La convivencia no era fácil, y de hecho las humillaciones y vejaciones que la mayoría musulmana daba a sus vecinos judíos lo dejan claro, pero no obstante los judíos se las apañaron con su buena mano para la artesanía y la joyería para tener una economía mejor que la de sus vecinos musulmanes. Sigue habiendo joyerías en el barrio, y la calle principal tiene unas vistosas casas con balcones de madera que me recordaron a fotos que he visto de ciudades coloniales construidas por los españoles. La sinagoga se conserva gracias a la reconstrucción que pagó, entre otros, el gobierno alemán (curiosamente), y se muestra al que la quiera visitar por 20 dh (1,8€ con el cambio). Aunque no está al nivel de sus homólogas europeas ni en tamaño ni en porte (Budapest o Sofía, por citar dos ejemplos) nos pareció una visita interesante. NOTA: NO HACER NI CASO a las indicaciones que la gente os dé para llegar al barrio ni a la sinagoga. Hasta 4 personas distintas nos señalaban en dirección contraria a dónde íbamos la situación de ambos en Fez-el-Jedid.

Interior de la sinagoga de Fez

- Palacio real: la foto de la plaza de los Alauitas es otra de las clásicas de la ciudad, y recomiendo a todo el mundo que pase por esa plaza... y aunque no se puedan hacer más fotos, se rodeará el palacio real casi sin querer y se verá alguna que otra puerta vistosa, y las altas murallas que lo protegen del exterior.
- Barrios musulmanes: los barrios que se suceden a los lados de la calle principal de Fez-el-Jedid y al oeste del mechuar anteriormente citado pueden tener su interés, aunque son prescindibles. Si uno se pierde por sus calles se encontrará otra cara de la realidad de Fez, aparte de no dejar indiferente a una población no tan acostumbrada a ver turistas como en la medina.

Petit mechouar, un patio de armas por el que se entra a Fez-el-Jedid


MUSEOS

Como pasa en otras ciudades marroquíes como Marrakech, ir a los museos de Fez es en muchos casos más que recomendable. El interés principal es más por los edificios en los que se alojan que por las piezas que componen la colección expuesta; por otro lado los precios son muy bajos, entre 10 y 20 dirhams (1-2€). Estos son los mejores:
- Museo Dar Batha: museo principal de la ciudad, de titularidad pública, expone arte marroquí en un edificio igualmente marroquí con un inmenso jardín de claro aire andalusí, que nos hará sentir, salvando las distancias, como en los jardines de los Alcázares de Sevilla. Se ubica fuera de la medina pero junto a ella, a 5 minutos a pie de la puerta Bab Bou Jeloud.
- Museo de la madera "Nejjarine": en pleno centro de la medina, en un antiguo caravasar (alojamiento para caravanas y "caravaneros") que ejemplifica como ningún otro sitio el trabajo de recuperación que la UNESCO ha ejercido en la ciudad, este museo es un claro ejemplo de que solo por visitar este edificio por dentro ya merece la pena pagar los 20 Dh que cuesta, aunque nos dé igual la madera. Las piezas en sí tienen su interés a pesar de todo. La azotea es visitable también, y ofrece buenas vistas de la medina.

El caravasar Nettarine, restaurado por la UNESCO, aloja hoy el museo de la madera de Fez

- Museo Belghazi: algo más secundario, este museo de titularidad privada es un remanso de tranquilidad a pesar de su ubicación, también en una zona céntrica de la medina. Una cría de la familia nos enseñó las salas, y aunque la Lonely Planet dice que ha perdido parte de su esplendor porque su dueño ha vendido muchas obras, solo por ver un palacio tan antiguo ya nos mereció la pena entrar (20 Dh). Las vistas de la medina desde la azotea serán probablemente las mejores que se pueden tener sin salir del recinto amurallado. Ojo si se buscan fotos porque hay más museos con el mismo nombre en Marruecos y el de Fez no es precisamente el que más muestra google. Y ojo también a las personas que cerca del museo os dirán que está cerrado recomendándoos ir a las cercanas curtidurías (que son más pequeñas que las principales de la ciudad); en mi caso era falso que estuviera cerrado el museo, es otra estrategia para que vayáis a donde a ellos les interesa.
- Museo de armas: alojado en un torreón defensivo hecho por esclavos portugueses en un alto sobre la medina, visitar este museo por dentro tampoco me volvió loco de alegría, y te tienen que gustar algo más que a mí las armas para disfrutarlo... (10 Dh) no obstante, acercarse a él, entrando o no, puede ser una buena idea porque es el segundo mejor lugar de Fez para disfrutar de un atardecer. El primero son las ruinas de las tumbas merínides, no muy lejos del museo, pero tanto las guías de viaje como amigos que estuvieron antes que nosotros en Fez nos dijeron que esa zona está frecuentada por ladronzuelos, especialmente de noche. Como no era recomendable preferimos no ir. Al margen del atardecer, las vistas sobre toda la medina de Fez son muy buenas, aunque la cercana estación de bus afee un poco el conjunto.


¿DÓNDE DORMIR EN FEZ?


Como ya he comentado, Fez dispone de hoteles, más o menos lujosos, que nos harán sentir como en Europa, o casi... y el "casi" lo digo porque es más frecuente que en Europa que algunos detalles fallen: véase problemas de fontanería, tapas de WC rotas o habitaciones mal aisladas del frío o calor exterior por citar algunos que nos encontramos.

Patio del museo Belghazi
No obstante, para todo aquel que quiera sumergirse en la cultura marroquí, los riads son una experiencia más que recomendable. "Riad" significa "jardín", pero también designa a la casa tradicional marroquí, discreta y sin ventanas al exterior, pero que deja la decoración para el interior (en el mundo musulmán se considera mal visto presumir de lujo, por eso se decora solo el interior de las casas, aunque en Dubai o Qatar ya no se cumpla esta costumbre...), que se estructura en torno a un patio y cuenta con varias plantas y una azotea. Los riads se pueden encontrar en las medinas de las ciudades marroquíes con más encanto (Fez, Marrakech, Meknes o Essaouira, por citar algunas) y los hay de todos los precios, desde superlujo a muy económicos, por menos de 30€ diarios la habitación doble. Suelen tener pocas habitaciones, no superando la decena, lo cual hace que los dueños y/o empleados den un trato amable y cercano, siendo una fuente de información fiable. Nosotros dormimos en el riad Nassim, que estando bastante bien, tiene el inconveniente de estar en un extremo de la medina, lejos de la mayoría de puntos de interés.


¿CÓMO LLEGAR A FEZ?


Fez tiene un aeropuerto internacional, que en el momento de escribir estas líneas se había quedado pequeño por la llegada de compañías como Ryanair o Vueling, que nos acercan a esta ciudad marroquí desde España y otros países de Europa Occidental. No obstante a principios de 2014 ya estaba bastante avanzada la nueva terminal, digna de la segunda ciudad más turística de Marruecos.

Calle principal del barrio judío, que destaca por sus hermosas viviendas con balcones de madera
Además Fez se encuentra en el centro de uno de los dos principales ejes ferroviarios marroquíes; concretamente del que une la costa atlántica (Rabat, Casablanca) con Oujda, ciudad cercana a la frontera argelina y al Mediterráneo. Los trenes marroquies, siendo viejos, son más rápidos de lo que cabría pensar (más que en Europa Oriental, por ejemplo) y realmente muy baratos (recorrer 100 kms. en ellos vale de media menos de 3€), por lo que son una buena forma de moverse por el país. Las principales ciudades del país tienen servicio de tren, o un bus, regentado por Supratours y dependiente de la compañía ferroviaria marroquí, por lo que es fácil acceder a ellas.

sábado, 25 de enero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (I)

Dicen que Marruecos es un país que no se visita, "se vive", y desde luego que de las ciudades marroquíes que conozco, Fez, junto a Marrakech, es la ciudad a la que más aplica semejante frase. Y es que difícilmente se puede encontrar un lugar tan cercano a España como esta ciudad marroquí, tercera en tamaño del país, y al mismo tiempo tener ese "dépaysement" brutal... (nótese que "dépaysement" es una palabra francesa, sin traducción natural al castellano, que se refiere a la sensación de desubicación o desconcierto que sacude a un viajero cuando se encuentra en un lugar que le es extraño por sus costumbres, paisajes, edificios, personas, etc. ya que son muy distintos a su lugar de origen). Y es que aunque históricamente el norte de África, especialmente Marruecos, y España, hayan tenido una historia común durante más de 700 años, los 500 años posteriores en los que cada país se ha desarrollado por su lado han hecho de ellos dos mundos muy distantes en casi todos los aspectos. Los 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar son una barrera que marca una frontera contundente, hasta el punto de que yo, por ejemplo, diría que siento tener más cosas en común con un turco, a mucha mayor distancia de España y sin historia en común, que con un marroquí. Y ni siquiera el reciente protectorado de España y Francia en el país africano (1912-1956) ha logrado mitigar apenas esas diferencias.

Puerta de Bab Bou Jeloud, principal acceso a la medina, con el minarete de la madraza Bou Inania bajo su arco principal
Dentro de ese otro mundo, Fez además quizá sea la ciudad más compleja, la más árabe y la más marroquí del país. ¿Por qué? Por haber sido la capital del territorio con diferentes dinastías durante más tiempo que ninguna otra ciudad del país, y más aún por el legado que esta capitalidad imperial ha dejado en la ciudad. Y merece el apelativo de "rebelde" por un lado por no ser sencilla para el viajero y por otro porque su personalidad y la de sus habitantes es así; las primeras reivindicaciones independentistas en Marruecos se dieron allí, así como otras protestas que acabaron influyendo en el resto del país, y se la conoce por ser la más culta e intelectual de las ciudades marroquíes, tanto que para alguien de Fez el ser de allí es una virtud por sí misma...

Además, Fez nos ofrece la mayor medina de Marruecos. "Medina" es la traducción al árabe de "ciudad", palabra frecuente en la geografía española, pero que hoy en Marruecos utilizamos para referirnos al casco antiguo de las ciudades magrebíes, que eran prácticamente la única ordenación urbana existente en Marruecos hasta la llegada de las potencias coloniales europeas. Estas medinas se caracterizaron por sus numerosísimas calles estrechas, que normalmente ni el mejor de los planos puede mostrar en su totalidad. La consecuencia para el viajero es clara: te vas a perder. Según lo bien que te orientes con el mapa que tengas (que incluirá poco más aparte de las calles principales) lo harás mucho o poco, pero lo que es seguro es que te perderás. Y hay que aceptarlo así, disfrutar de las ventajas de estar perdido (hasta que uno se canse, claro), y quizá en algún caso pedir ayuda, aunque voy adelantando que los "fassis" (habitantes de Fez) no siempre ayudan, así que por desgracia no hay que fiarse de cualquiera.

La medina de Fez es gigantesca, inabarcable, de cuyo tamaño hablan estos datos: 16 kilómetros cuadrados de casco antiguo urbano, en el que se agolpan 9400 calles, callejuelas, callejones, en los que en muchos casos se pueden tocar ambas paredes extendiendo los brazos, y en los que viven aún 150.000 personas aproximadamente; es decir, tanta población como en la ciudad de León. Algunos lo consideran la mayor zona peatonal urbana del mundo, si bien esto lo veo inexacto porque hay alguna zona de la medina a la que se puede acceder en coche (cuatro contadas, eso sí). Está totalmente amurallada, cuando no doblemente amurallada, y ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es más, la UNESCO, visto su gran valor y su avanzado estado de deterioro, inició un programa de rehabilitación de la medina, que recuperó, entre otros, un espléndido caravasar (hostal de caravanas).



PELIGROS Y ADVERTENCIAS



La Lonely Planet titula así su sección "negativa" para el viajero a la hora de hablar de una ciudad. Yo nunca la había incluido en mis más de 80 posts anteriores, pero aquí hay que hacerlo.

Entrada a la mezquita Karaouine, la más grande de Fez, con una trabajada entrada
Fez ha tenido mala reputación para el viajero por sus falsos guías. Esto es, personas sin titulación ni necesariamente las mejores intenciones, que se presentan al viajero como grandes conocedores de la medina. Te dicen que sin su ayuda te perderás, e incluso pueden decirte que es peligroso caminar sin un "fassi" que te lleve. Pueden resultar un tanto cómicos (uno se nos presentó a nosotros como el "google maps" de la medina :D ), pero como te vean indeciso pueden ser muy numerosos y sobre todo demasiado insistentes; si decides coger los servicios de uno de ellos no es que vaya a correr peligro tu vida, pero es probable que arruinen tu visita de Fez porque la veas menos, peor y gastando más dinero que sin su "ayuda". En los últimos años, el país ha emprendido una lucha contra ellos y hacer ese trabajo "furtivo" les puede costar hasta pequeñas penas de cárcel. Pero el alto paro y los buenos ingresos que los turistan reportan hacen que para algunos siga mereciendo la pena correr el riesgo. Cada uno que haga lo que quiera, pero yo no lo recomendaría en ningún caso... si se cree necesario usar guía mejor coger uno oficial, aunque sea más caro, y sino siempre queda la opción de pedir ayuda a algún niño o comerciante en caso de que uno se pierda. Los niños carecen de la maldad de querer aprovecharse de la situación, y los comerciantes no van a dejar su negocio por llevarte, por lo que no tienen mayor interés en dar indicaciones falsas.

Al margen de los falsos guías, una picardía un tanto "extrema" reina entre algunos habitantes de la ciudad. A la hora de comer, uno se puede encontrar en la medina jóvenes que insistirán en recomendar algún restaurante no precisamente barato (si les sigues, has de saber que se llevarán una comisión del restaurante que tú pagarás en tu cuenta), y especialmente en Fez-el-Jedid (barrio extramuros de la medina, pero casi igual de laberíntico) nos encontramos con unas cuantas personas que nos daban indicaciones falsas para llegar al barrio judío o a su sinagoga, con la intención, me imagino, de llevarnos a la tienda de un amigo suyo, o de hacer que nos perdiéramos y así necesitar su ayuda como guías. Yo me sentí ofendido por ver que nos ofrecían insistentemente una ayuda que no necesitaba y que además informaban mal adrede, pero por desgracia esto es algo que viene incluido con la belleza de Fez.

Por último, los caza-turistas en los restaurantes o los dueños de tiendas del zoco que casi casi bloquearán la calle para invitarte a entrar en su establecimiento están por doquier, pero en esa selva urbana estos son los más inofensivos. Con el primer "no" ya le dejan a uno tranquilo.

Y AUN ASÍ, ¿TE HA GUSTADO FEZ?


Detalle de la madraza el-Attarine, la más decorada de Fez
Pues sí, Fez es espectacular. Es probablemente uno de los lugares más medievales que jamás haya visto (para lo bueno y para lo malo), y tiene rincones de bella factura, tanto para ver por dentro como por fuera. Además, es una ciudad muy barata si uno se lo monta bien, y tiene un aura y un encanto que no se puede describir con palabras. Me gustó aun más Marrakech, pero situaría a Fez solo ligeramente por debajo en cuanto a interés.


¿CÓMO UBICARSE EN FEZ?


Para empezar, decir que Fez son tres ciudades en una: Fez-el-Bali, o lo que es lo mismo, la inmensa medina, se ubica en el extremo este de la actual Fez. Fez-el-Jedid, aunque signifique "Fez la nueva", está en el centro y es la villa imperial que la dinastía benimarí se construyó a finales del s.XIII. Y la "Ville Nouvelle" (Ciudad Nueva, en francés), al oeste, es la parte proyectada durante el protectorado francés, con un aspecto que se asemeja al ensanche de una ciudad europea. Los puntos de interés se encuentran de forma exclusiva en las dos primeras zonas, aunque los hoteles de estilo europeo, o los nexos de comunicación (estación de tren o de grand taxis) se ubican mayormente en la Ville Nouvelle, por lo que casi todos acabamos pasando por allí también.

¿QUÉ VISITAR EN FEZ? EN LA MEDINA


¿Por dónde empezar? Pues nosotros empezamos por una de las fotos más típicas de Fez: sus curtidores. Situados en el extremo este de la medina, su ubicación no fue elegida al azar... se procuró colocarlos en una zona no tan llena de viviendas ya que su trabajo... ¡apesta! Sí, los curtidores de Marruecos desempeñan su oficio de forma muy similar a cómo lo hacían sus ancestros en el medievo, lo cual significa usar compuestos tan desagradables como heces de paloma y orina de otros animales. A cambio he de confesar que fabrican auténticas joyas y presumen de hacerlo sin ayuda de químicos como suelen llevar las prendas de vestir que usamos nosotros a diario.
Quizá por ir en pleno invierno yo no noté un olor tan espantoso como la mayoría dice haber sufrido, pero no obstante los guías prestan unas ramitas de menta que ayudan a mitigar el mal olor. En la curtiduría más grande de Fez varias terrazas permiten sacar coloridas fotos a las pozas mientras los empleados siguen trabajando aparentemente ajenos a las fotos que todos sacamos de sus traseros :) Como es natural, los guías intentan aprovechar la visita para vender algo, aunque si no se desea comprar con una pequeña propina se quedan contentos. Si se quiere comprar, el regateo es imprescindible.

El barrio de los curtidores de Fez, con las pieles secándose al sol y las cubetas con diferentes mejunjes apestosos :)
Por desgracia, a día de hoy se mantiene la prohibición a los no musulmanes de visitar mezquitas y lugares santos (con contadas excepciones en el país y ninguna en Fez), medida que considero absurda en la actualidad y que se remonta al protectorado francés, pensada para evitar conflictos entre comunidades. Y si bien en Marrakech o Casablanca esta prohibición no me importó apenas, en Fez sí me pareció que me estaba perdiendo auténticas maravillas arquitectónicas, ya que lo que vi desde la entrada en ocasiones tenía una pinta excelente. No obstante, recomiendo visitar, aunque nos quedemos en la puerta, las mezquitas más destacadas de la ciudad, como son la Karaouine, en el centro geográfico de la medina, o el mausoleo de Mulay Idrís, muy cerquita. La mezquita andalusí, en el barrio homónimo, ocuparía el tercer lugar, con una bonita puerta. Además, los minaretes verdes de muchas de ellas suelen ser hermosos, y para quien no esté acostumbrado, sus llamadas al rezo no dejan indiferente.

Aunque hay que decir que se compensa la prohibición de visitar mezquitas con el permiso para visitar otra institución básica del Islam: las "madrazas" o "medersas", que es como se llama a las escuelas coránicas. Esta institución es algo así como la versión mora de un college inglés, porque integra la escuela y los dormitorios de los estudiantes en un solo edificio, e incluso en algún caso también disponen de mezquita. Fez es la ciudad marroquí que dispone de más ejemplares de estos históricos edificios, también estructurados en torno a un patio, aunque su grado de conservación es desigual. En el momento de escribir estas líneas, las madrazas Bou Inania y el-Attarine son las mejor conservadas, y son igualmente espectaculares por la belleza de su decoración, con yeserías con caligrafía árabe, puertas de madera labradas o azulejos preciosos. La primera es la más grande y dispone de su propia mezquita y minarete, que aunque no permiten el paso a los no musulmanes, se ven perfectamente desde el patio. Y la segunda, más pequeña, dispone incluso de más detalles de decoración. Si no se dispone de tiempo para visitar ambas, recomiendo ver al menos una. Eso sí, pueden resultar algo difíciles de encontrar para el viajero independiente, así que si no las veis por vosotros mismos, preguntad a alguna persona (preferiblemente artesanos y niños, como dije antes).

Madraza de Bou Inania, con minarete y mezquita incluidos
Mientras se buscan estos lugares, el viajero reparará en otro lugar de interés en sí mismo, que es el propio zoco o mercado permanente que ocupa, a ojo, un tercio de la medina. Como se hacía en España en la Edad Media (de lo que solo nos queda la huella de los nombres de algunas calles), en Marruecos los puestos del zoco se colocan por gremios de tal modo que todos los plateros tienen sus puestos en una calle, mientras que los puestos de especias, verdura o de venta de calzado tienen también delimitadas sus zonas. Este inmenso zoco ocupa algunas de las calles principales de la medina, a menudo cubiertas con unas precarias techumbres que no consiguen dar el aspecto de un mercado cubierto como tienen otros países musulmanes como Turquía. Perderse por estas calles y ver a los artesanos trabajando es una más de las actividades que se esperan de una visita a Marruecos. Nótese que en la medina de Fez, por su tamaño y a falta de tráfico rodado, ni siquiera de motos como en Marrakech, se suministra mercancía al zoco o se recoge la basura con burros... ¿os había dicho que esto es otro mundo?

Por último, acabo la visita a la medina hablando de sus imponentes murallas, que la abrazan totalmente, y sus puertas. Sobre las primeras, dar un paseo junto a ellas es una buena forma de admirarlas, y existen miradores extramuros interesantes (hablaré de ellos en otro post sobre Fez). De entre las últimas, algunas destacables son las de la plaza Rcif, y especialmente la Bab Bou Jeloud. Esta puerta, aunque reciente (data de 1913), se ha convertido en un símbolo de Fez por ser el principal acceso a la medina y por ser una de las fotos más típicas de la ciudad. No es difícil encontrar el ángulo que nos permite sacarla completa mientras dos minaretes (uno de ellos el de la madraza Bou Inania) aparecen en el arco que dibuja. Además, junto a ella se ubica la principal zona de restaurantes de la medina, a precios populares (menús a 5-10 euros).

Seguiré con Fez-el-Jedid y con una sección dedicada a los museos en una próxima entrada.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El Rin más romántico (II): Bacharach

No sé si fue por dormir ahí, por estar (más o menos) en el centro del Rin romántico o porque realmente es precioso, pero Bacharach fue el pueblo más destacado de toda la ruta. Es de auténtico cuento de hadas, tiene de todo.

La Altes Haus, en el medio de la foto, es la casa con entramado más antigua de Bacharach, del s.XIV
Aunque apenas tiene 2000 habitantes, Bacharach es uno de los pueblos más turísticos del Rin romántico, y de los que cuentan con más servicios para el viajero: los hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos son abundantes, pero aunque fui en pleno mes de agosto, tampoco me sentí rodeado de hordas de turistas que siguen los paraguas de los guías. No me resultó un destino de turismo masivo "incómodo", por así decirlo.

¿Y por qué me parece tan bonito Bacharach? Para empezar, su colección de casas con entramado es probablemente la mejor de la zona. Las hay con varios siglos a sus espaldas, como la "Altes Haus" ("casa vieja" en alemán), que data de nada menos que el s.XIV, y que hoy es uno de los muchos restaurantes del pueblo. Aunque hay muchas más, colocadas sin ánimo de ostentación sino como ejemplo de la casa tradicional de la Alemania rural en este estado. Invito a pasear por ellas, sin plano o haciéndolo poco caso, es una delicia.

Vista de Bacharach desde lo alto, con la iglesia de San Pedro destacando en altura
Al margen de eso, Bacharach conserva buena parte de su muralla medieval, con una parte llana, agrupada junto a la vía del tren y al río, y en donde las casas se ocupan de esa labor defensiva; y otra parte mirando a la montaña, con torres defensivas que se sitúan a niveles distintos entre los viñedos típicos de la zona.

En cuanto a edificios religiosos, Bacharach cuenta con la iglesia de San Pedro, que no pudimos visitar por dentro, y que recuerda mucho a la basílica de Bingen sobre la que hablé en el post anterior. Aunque llama más la atención la "Wernerkapelle", ya que no es frecuente conservar las ruinas de una iglesia gótica de esa manera... sea por lo que sea, la ubicación de estas ruinas a cierta altura sobre el resto del pueblo (aunque sin llegar a presidirlo, porque eso es tarea del castillo) da a Bacharach un aire enigmático que me gustó.

Vista de Bacharach desde el río. En lo alto, el castillo "Stahleck"
Y, ¡cómo no! Un pueblo que se etiquete como "pintoresco" en esta zona tenía que tener un castillo. Y ése es el Stahleck, un castillo que preside el pueblo y que es accesible en coche o a pie, en una de las numerosas rutas de senderismo que pueden hacerse en la zona, y que aunque no hice, seguramente tengan mucho interés.
El Stahleck no me pareció tan espectacular como el Rheinstein o el Reichenstein, pero recomiendo encarecidamente su visita. Para empezar, llama la atención su uso actual... ¡es un albergue juvenil! Sí, como ya pasa en España (el castillo de San Servando de Toledo es un ejemplo), algunos edificios históricos han sido recuperados y han recibido un nuevo uso que consiste en dar alojamiento a los viajeros. La mayoría de las veces esto significa pagar un alto precio por dormir en él (como pasa con los paradores españoles), pero a veces se habilitan como albergues a precios módicos, sin ser más caros por estar donde están. Yo busqué plaza en el albergue con una semana de antelación y ya estaba completo, pero me imagino que dormir ahí tiene que ser algo fantástico, y barato. El hecho de ser un albergue hace que se pueda visitar por dentro gratuitamente, aunque como es natural haya que conformarse con el patio interior y no se pueda entrar en las estancias, reservadas a los huéspedes... ahí vimos que la obsesión por el entramado de madera de los alemanes llega hasta los castillos.
Además, si se va en coche (es accesible a pie también, pero cuesta un poco más de esfuerzo), la carretera pasa por encima del castillo, por lo que la vista del mismo se puede completar con la vista del Rin por detrás. Si vais al atardecer y hace sol, podréis sacar una foto como la nuestra.

Vista del castillo "Stahleck" con Bacharach y el río Rin justo detrás

ALREDEDORES

El impronunciable castillo de Pfalzgrafenstein queda cerca de Bacharach, y es uno de los más interesantes de toda la ruta por su peculiar emplazamiento en una isla del Rin. Como muchos otros castillos, su creación y uso fue aduanero, hacer pagar un peaje a todo el que quisiera pasar por allí. Aunque en este caso, al ubicarse en medio del río, ese uso se hace más evidente si cabe. Es más, su forma de forzar a los barcos a pagar el peaje era muy similar a la de las autopistas actuales: una cadena gigantesca atravesaba todo el río y solo se retiraba previo pago. Se valía del cercano castillo de Gutenfels, en la orilla derecha, para reforzar su posición.
Este recoleto castillo isleño es de los pocos que no han sido nunca ni conquistados ni destruidos en la zona.

CÓMO LLEGAR

Decir que la mejor opción es disponer de coche propio, aunque Bacharach dispone de estación de tren en la línea que une Mainz con Coblenza por el lado izquierdo del río, y también un pequeño puerto que usan los ferries que surcan la zona, con fines turísticos normalmente.

Para los amantes de la bicicleta esta zona es fantástica puesto que (al menos el lado izquierdo del río) dispone de carril bici junto a la carretera.


Vista del castillo Pfalzgrafenstein, en una isla del Rin. Al fondo, el castillo de Gutenfels, que le apoyaba en el cobro del peaje a los barcos

domingo, 22 de diciembre de 2013

El Rin más romántico (I): De Bingen a Bacharach

Quizá sea el único, pero antes de visitar esta zona me imaginaba el Rin como otra cosa... como una vía de comunicación, plagada de barcos, con industria pesada a sus lados y constantemente rodeada por grandes ciudades alemanas, sin encantos naturales cercanos.

Esto es el Rin romántico.. un escarpado cañón formado por un río inmenso y jalonado de castillos, como el de Rheinstein
Si bien buena parte de esta imagen es cierta durante la mayoría del recorrido de este río por Alemania (que por cierto, no solo es alemán... su agua riega otros 5 países: Austria, Liechtenstein, Francia, Suiza y Países Bajos, aunque en los tres primeros solo marca la frontera), en su curso medio-bajo tiene un tramo, el ubicado entre Bingen y Coblenza (Koblenz en alemán) distinto. Envuelto en un cañón natural y con un romanticismo que le viene dado por la belleza de sus pueblos y el aura misterioso que le otorgan sus castillos, blancos a veces, de roca grisácea oscura el resto, uno se siente mucho más lejos de Frankfurt, Colonia o Düsseldorf de lo que dicta el cuentakilómetros. Y es que por suerte en Alemania todavía existen zonas rurales... ¡y que duren mucho tiempo!
La abundante cantidad de castillos de la zona se explica en el afán recaudatorio y avaricia sin escrúpulos de los señores feudales, ya que cobraban un peaje a los barcos que querían surcar las aguas de la que hoy es la arteria fluvial con más tráfico de Europa.

Vista del Rin desde Bingen. Se aprecia a la izquierda la "torre de los ratones", en una isla del Rin. Frente a ella uno de los castillos de la orilla derecha
Como un servidor solo ha recorrido la orilla izquierda de esta ruta (la derecha es igualmente visitable), empezamos la ruta en Bingen; esta población está ubicada al oeste de la conurbación urbana que forman Frankfurt, Wiesbaden y Mainz (Maguncia en castellano, aunque a mí me suena mal dicho así) a apenas 20 kms. de esta última, y aquí se considera que empieza la ruta. Esto es porque aquí empieza a escarparse el terreno, aunque teniendo en cuenta que en Mainz está el último puente sobre el río hasta Coblenza, algunos ubican en la capital del estado de Renania-Palatinado el inicio de la ruta. Con unos 25.000 habitantes, Bingen es la población mayor entre Mainz y Coblenza, y se ubica donde se juntan el Rin y el Nahe, otro río que al ser cruzado, por su tamaño, puede confundirse con el propio Rin (a mí me pasó). Fue la novatada de la ruta, ya que la anchura era bastante menor y como ya he dicho, Bingen no tiene puente sobre el Rin.
En Bingen nos encontramos el primer castillo, rodeado de viñedos. Sí, viñedos en Alemania, los hay... son casi exclusivos de este estado en Alemania, donde parece que la pasión francesa por el vino se extiende más allá de los límites políticos del país galo.

Castillo de Klopp, en Bingen, rodeado de viñedos
El citado castillo, llamado de Klopp, es un primer aperitivo de los castillos que abundan en la zona. Como muchos otros, su pasado es medieval, pero el aspecto actual data de la segunda mitad del s.XIX. Es en esa época cuando el interés por ese pasado medieval adquirió un tinte romántico que motivó en muchas partes de Alemania a levantar castillos colosales o a reformar los ya existentes, siendo "Neuschwanstein", en Baviera el ejemplo más destacable.
Aparte del castillo, Bingen exhibe otros dos puntos destacables: la gótica basílica de San Martín, una vistosa basílica blanca y naranja, y la llamada "Torre de los Ratones" (Mäuseturm en alemán), estrecha torre de idénticos colores ubicada en una isla del Rin cuyo nombre viene por una leyenda; cuenta la historia que un obispo cruel fue devorado vivo por un grupo de ratones. En ese mismo lugar se ha ubicado una torre desde la época romana, aunque la actual también es de la segunda mitad del s.XIX, cuando la zona cayó bajo dominio prusiano. Aparte de esto, el casco antiguo de Bingen no encierra tampoco mucho interés, ya que contiene muchos edificios modernos, pero es un buen lugar como centro de servicios.

Patio interior del castillo de Rheinstein

Vamos hacia el norte, siguiendo al Rin en su camino hacia el mar, y de camino a Bacharach nos encontramos tres inconmensurables castillos, que casi nos hacen olvidar el pequeño (a su lado) castillo visto en Bingen. Son los castillo de Rheinstein, Reichenstein y Sooneck. Visitamos los dos primeros por dentro, y el tercero diría que también es visitable pero no lo puedo asegurar... eso sí incluso aunque vayáis en coche las indicaciones para llegar a ellos no son todo lo evidentes que nos esperábamos, y hay que estar muy al loro para no pasarlos por alto...

Rheinstein es el primer castillo que uno se encuentra, y ofrece una de las fotos más espectaculares de todo el valle (la foto que protagoniza esta entrada, al principio). Varios caminos de senderismo pasan por él, y para sacar la citada foto hay que caminar un centenar de metros por uno en dirección contraria a las aguas del río.
Con un jardín lleno de flores, una pequeña iglesia neogótica en su interior, y unas estancias que nos muestran cómo era un castillo de la segunda mitad del s.XIX, la visita merece la pena (unos 8€ costaba en verano de 2013).

Castillo de Reichenstein, cuyo exterior me pareció un tanto tétrico

Un tanto distinta es la visita al castillo de Reichenstein. Su aspecto exterior me pareció un tanto tétrico, con la roca oscura y unas plantas enredaderas resecas que parecían querer comerse las paredes... pero el interior no se queda atrás, presidido por centenares de cornamentas de cérvidos que dejan claro que su dueño era un amante de la caza. El precio es similar, y aparte de cuernos también se ven estancias del castillo, como un gran salón, y se disfruta de bonitas vistas del Rin. Eso sí, ver ambos puede resultar un tanto repetitivo... a nosotros nos dio esa sensación.

Y tras unos pocos kilómetros llegamos a Bacharach... pero como estamos ante el pueblo más pintoresco de toda la zona (o al menos de la orilla izquierda del río), le dedicaré una entrada para él solo.

Interior del castillo de Reichenstein, presidido por los cuernos de ciervos o similares

DATOS PRÁCTICOS

Para visitar esta zona de Alemania se hace muy recomendable el contar con tu propio coche. Dos líneas ferroviarias comunican la zona de Mainz-Wiesbaden-Frankfurt con Coblenza, una por cada lado del río, pero para visitar los castillos no resulta práctico ir en tren puesto que no tienen estación, y las paradas de Bingen o Bacharach distan varios kilómetros de los castillos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

2 kilómetros cuadrados que dan para mucho: MÓNACO

Mónaco es un lugar sorprendente... el que es el segundo país soberano más pequeño del Mundo, solo tras el Vaticano, es una asentada monarquía rodeada de una de las repúblicas por excelencia, como es Francia, y muy cercana a otra república asentada como la italiana. La que parece una población más de la Costa Azul francesa, sin embargo no es parte de Francia; la historia y la orografía explican este hecho.

Casino de Montecarlo, uno de los más famosos del mundo. El lujo hecho edificio
La orografía de Mónaco la ha mantenido medianamente distante de los territorios vecinos. Es un lugar al que solo se puede llegar por mar con relativa facilidad, ya que las últimas estribaciones de los Alpes provocan que los desniveles sean protagonistas, y que para entrar por tierra y "por las buenas" al principado haya que superar penosas rutas... en los tiempos actuales esto es historia por la mejora de las infraestructuras, pero he de decir que es el lugar que más túneles tiene de todos los que he visitado en mi vida, y los ascensores urbanos, siempre gratuitos, se antojan como necesarios para llegar a muchas de las viviendas de la ciudad sin agujetas ni con la lengua fuera. La propia vía (y estación) de tren está totalmente soterrada bajo los edificios del principado.

En cuanto a la historia de Mónaco, se puede decir que empezó cuando Francesco Grimaldi capturó la fortaleza del principado, ubicada en el mismo lugar donde hoy nos encontramos el palacio principesco, un día de enero de 1297. ¿Os suena ese apellido? Pues sí, este señor es pariente directo del actual príncipe de Mónaco, Alberto, lo que hace que la familia Grimaldi sea la que más tiempo hace que reina en un territorio europeo, aunque lo ha hecho no sin interrupciones.

Aunque hoy rodeada de territorio francés, Mónaco ha estado más ligado a territorios italianos, especialmente a Génova, capital de Liguria y una de las principales ciudades de la costa noroeste de Italia. La historia de Mónaco está marcada por épocas de independencia junto a otras en las que dependió de diversos países, manteniendo alianzas y enfrentamientos con lugares como Francia o la propia Génova. Entre los territorios que tuvieron soberanía sobre Mónaco, sorprendentemente para mí, estuvo España, un breve periodo de tiempo en la primera mitad del s.XVI.

Cuando Francia se anexionó Saboya y el condado de Niza, en 1860, Mónaco, más cercano culturalmente a la Italia que se estaba reunificando, mantuvo su propia soberanía. La jugada les salió muy bien, ya que la prosperidad llegó pronto; el casino de Montecarlo, inaugurado en 1865, supuso un revulsivo para la economía monegasca, que desde entonces no ha parado de crecer. De hecho, solo cuatro años después de la creación del casino, el príncipe de la época (Carlos III) pudo permitirse el lujo de dejar de cobrar impuestos a los afortunados monegascos por los beneficios del casino, condición que se mantiene hoy. Ese casino, junto a un benévolo clima mediterráneo, ha ido atrayendo a personas adineradas al principado junto a todo lo que eso conlleva (boom inmobiliario, multitud de servicios, etc. pero también subida de precios, prostitución...), condición que se vio más impulsada aun con la mediática unión de Rainiero, príncipe anterior y padre del actual príncipe soberano, con la actriz de Hollywood Grace Kelly. Sobre los escándalos de la familia, reflejados en las noticias del corazón, no hablaré, pero esa capacidad para estar en boca de todos también explica la riqueza de este minúsculo país.

Cueva del observatorio, una pequeña y desconocida maravilla de Mónaco
Refiriéndonos al deporte, sorprende la capacidad para la organización de eventos deportivos a pesar de las reducidas dimensiones del país. Al famosísimo gran premio de Fórmula 1, hay que sumar un torneo de Masters 1000 de tenis (la segunda máxima categoría en este deporte, tras los "Grand Slams"), o al hecho de tener uno de los mejores equipos de la liga francesa, la cual ha ganado varias veces sin ser francés :) Algo menos relacionados con el deporte, otros grandes eventos de talla internacional son el festival internacional de circo o diversos eventos relacionados con el cine y la televisión.

Por terminar con las curiosidades de esta ciudad-estado tan peculiar, decir que es uno de los pocos países del mundo que tiene más habitantes con una nacionalidad ajena que con la nacionalidad del país. Son menos de 8.000 los "oficialmente monegascos" que tiene Mónaco, una pequeña proporción de los más de 35.000 habitantes que tiene el país. De hecho, hay más habitantes en Mónaco con nacionalidad francesa que con nacionalidad monegasca... ¿por qué? Por las severas normas que rigen el conseguir la nacionalidad monegasca... es necesario llevar viviendo 10 años en el país, renunciar a la nacionalidad anterior del solicitante y, lo más difícil, que el príncipe acepte personalmente la solicitud... el porcentaje de solicitudes aceptadas es mínimo, inferior al 5%.
Además de eso, habría que sumar las miles de personas que no viven en Mónaco pero que trabajan allí. Y es que es una de las ciudades más caras del mundo para vivir, con un precio que según la zona puede llegar a los 35.000€ por metro cuadrado y que tiene una media de unos 15.000€. En una de las numerosas agencias inmobiliarias vi un piso (muy grande, eso sí, de unos 200 metros cuadrados) por 13 millones de €. Sin embargo, los sueldos son similares a los de otras ciudades de la Costa Azul, lo que provoca que muchas personas no se puedan permitir vivir allí y se tengan que conformar con acudir en tren o en coche a diario a trabajar.

QUÉ VER EN MÓNACO: MÓNACO - VILLE


La primera imagen que uno puede tener de Mónaco puede resultar desoladora. Edificios altísimos y aparentemente ubicados casi unos encima de otros en lo que podría calificarse como una versión más pija y pequeña de Benidorm... pero el hecho de ser la capital de un país y de su larga y peculiar historia hacen que esa visión se limite a algunos de los barrios de la ciudad, y que el patrimonio histórico también tenga su espacio en estos dos kilómetros cuadrados que parecen ser más cuando se está allí.

Palacio principesco de Mónaco. Da igual que sea un principado de 35.000 habitantes, no tiene nada que envidiar a los palacios reales de países mucho mayores
Toda visita a Mónaco bien podría empezar en "Mónaco Ville", el barrio histórico de la ciudad, ubicado a varias decenas de metros sobre el mar aunque junto a él, en un saliente que no sorprende que tenga una fortaleza desde hace varios siglos... ese barrio tiene el regustillo de la costa azul francesa, con casas pintadas de color pastel y muchas calles estrechas y peatonales. Allí se ubica el palacio principesco, que tiene una parte noble que acepta visitas (entrada: 8€) y que muestra todo el lujo que se puede esperar de un palacio real, y da igual si el reinado tiene 35.000 habitantes en lugar de varios millones... este palacio, también vistoso por fuera, preside una gran plaza que parece pedir a gritos que se la fotografíe. Francesco Grimaldi, disfrazado de monje, preside la entrada a la plaza desde la subida de las murallas.

En Mónaco Ville, donde todo queda cerca, tenemos aparte de servicios para turistas (que aquí son más pobres que los residentes, al contrario de lo que suele ser normal) como multitud de tiendas de recuerdos, bares y restaurantes, otros lugares de interés como la catedral, de estilo neorrománico (s. XIX), y cuya principal curiosidad es tener la tumba de la citada Grace Kelly, muerta de forma trágica en 1982 en un accidente de tráfico.

El tercer lugar de interés del barrio y de la colina es el oceanográfico de Mónaco, edificio imponente que se sitúa junto al borde del mar, pero 85 metros sobre él, y que alberga una colección que se explica por la gran afición al mar de su fundador, el príncipe Alberto I de Mónaco, que lo creó en 1889 (al edificio actual llegó la colección en 1910). Su elevado precio puede verse justificado por ser digno de una ciudad muy superior en tamaño (la entrada costaba unos 15€) pero yo decidí no entrar; así que no hablaré de sus colecciones interiores, bastante extensas según lo que se comenta en la red.

Vista del saliente rocoso o peñón de Mónaco, donde se ubica el barrio histórico: Monaco Ville

MONTECARLO: CASINO Y COCHES CAROS


Bajamos del "peñón" para ir a ver el otro Mónaco, el presidido por coches caros, casi inexistentes en Mónaco Ville. Y hablar de ese Mónaco es hablar de Montecarlo. Los interesados en la Fórmula 1, cuyo circuito monegasco pasa en exclusiva por este barrio, pueden encontrarse decepcionados por las pocas indicaciones relativas al circuito que se encuentran en su recorrido, siendo en ocasiones difícil ubicar su recorrido exacto. Al menos así me sentí yo por momentos... la bajada del peñón nos lleva rápidamente a una de las curvas míticas, la "Rascasse", fácilmente identificable por el restaurante con ese nombre que uno se encuentra allí. Rápidamente, volviendo hacia atrás y girando a la derecha nos encontramos con la parrilla de salida, donde las líneas de los Fórmula 1 se confunden con las rayas pintadas del tráfico viario normal. Seguimos por Santa Devota, la primera curva del circuito y subimos hacia el casino...

Ubicados en el casino, el mítico Mónaco se ve representado mejor que nunca; sí, aquí sí hay cochazos, hoteles y restaurantes no pijos, pijísimos, y la fortuna casi hasta se huele. El casino de Montecarlo, al margen del dinero que mueva, es realmente un edificio espléndido, construido de la mano del arquitecto Charles Garnier, que dejó otra obra de arte en París con el edificio de la ópera que lleva su nombre. Se encuentra ubicado en una plaza con otros edificios notables, como el hotel de París, cuyo precio por habitación prefiero desconocer. Unos bonitos jardines cierran la plaza por el lado más alejado del mar. Frente al casino yo encontré los coches más caros que vi en toda mi estancia en Mónaco, un surtido de Ferrari, Bentley o Rolls Royce que sorprenderá hasta al más ignorante del mundillo de las cuatro ruedas (algunos de estos modelos superarán seguramente los 300.000€). Me llamó la atención el letrero en la luna de uno de ellos, en el que se pedía expresamente que no se tocara el coche... ¡en 16 idiomas!

Letrero políglota ubicado en la luna de uno de los coches de lujo aparcados frente al casino de Mónaco. ¡Es difícil no entenderlo!
Por cierto, que a pesar de lo que se comenta por internet, un servidor pudo entrar al casino con la ropa de "mochilero" que llevaba ese día: una sudadera, una camiseta de manga corta (recuerdo de Estambul) y un vaquero de lo más corriente. Solo me pidieron que dejara una bolsa con un par de revistas en el guardarropa del casino, que además era totalmente gratuito. Lo fastuoso del recinto por dentro me pareció impresionante, todo un ejemplo de un lugar donde sobra el dinero y donde no hay que disimular el lujo, más bien al contrario. Pasé 15 minutos paseando entre máquinas, viendo las salas y a la gente que jugaba, tan campante. Intentadlo si pasáis por allí, merece la pena. Yo dudé, pero al final entré y me alegro de haberlo hecho. Eso sí, está prohibido hacer fotos :(

La visita a Montecarlo se puede complementar recorriendo la parte que queda de circuito (que pasa junto al casino, naturalmente), algo interesante para los más aficionados a la Fórmula 1: la curva de Loews, con el piano rojo y blanco junto a la acera, o el túnel, bien limitado a 50 y pegando al mar, son otros de los puntos más fácilmente reconocibles del circuito.

La curva de Loews, con sus 180º, es quizá la más famosa del circuito y de todo el mundial. Los Fórmula 1 usan un reglaje especial para trazar esta curva tan cerrada. Los "pianos" rojos y blancos son permanentes


JARDÍN EXÓTICO


Y aunque la visita a este minúsculo país puede dar mucho más de sí con la cantidad de museos que ofrece, yo me conformé con ir al llamado "jardín exótico", en una zona bastante alta del Principado, al oeste (recomiendo buscar los ascensores o coger un bus urbano). Este jardín botánico, abierto en 1933, contiene una magnífica colección de plantas de lugares lejanos, destacando la grandísima cantidad y variedad de cactus, que gracias al benigno clima monegasco soportan perfectamente el estar a la intemperie.
Como otros alicientes, las vistas sobre la mayor parte de la ciudad son muy buenas (y eso que aun se podía subir más) y en el recinto del jardín, cuando éste ya estaba abierto al público, fue descubierta una cueva con una buena variedad de formaciones de estalactítas y estalagmitas. No es la mejor cueva que he visto, pero es lo suficientemente interesante como para citarla y recomendarla (la entrada al jardín exótico incluye la visita a la cueva, guiada, cada hora). Como curiosidad, estuve a punto de echar la bronca a una adolescente que iba tocando las formaciones... me alegro de no haberlo hecho, porque lo hicieron delante del guía, varias veces, y éste no les dijo nada, casi hasta les animaba... en Mónaco en una cueva se pueden tocar las formaciones, que lo sepáis.

Con esto doy el cierre a esta ciudad-país. No voy a recomendar alojamiento porque, como muchos otros, dormí en Niza y aproveché la cercanía para visitar Mónaco. Apenas hay 25 minutos en tren entre ambas y la diferencia de precio y de variedad de tipo de alojamiento es enorme.

Jardín exótico de Mónaco, presidido por centenares de cactus

sábado, 12 de octubre de 2013

Viaje a la India, día 20: Delhi, perdidos entre sijs, edificios musulmanes y un barrio con sabor europeo

El hecho de estar ante nuestro último día completo en la India nos motivó para madrugar más incluso de lo normal (nos levantábamos, de media, tan pronto como para ir a trabajar, en torno a las 8 de la mañana) y aprovechar las horas de sol y ver todo lo que queríamos.

Mezquita de Jama Masjid, que dice ser la más grande de toda la India
Cogimos el siempre atestado metro para ir a la Jama Masjid, una mezquita que es una de las principales atracciones de la ciudad. Callejeamos 20-30 minutos por el enjambre de callejuelas de vieja Delhi, sin éxito... admití el fracaso de mi orientación, y recurrimos a un señor mayor con su bici tuk-tuk para que nos llevara hasta ella. Una vez más un anciano nos dio una demostración de fuerza y conocimiento de la ciudad. Pedaleaba como podía, y cuando había una cuesta arriba no me dejaba ayudarle a empujar la bici. La fuerza y vitalidad de esos cuerpos huesudos indios no dejaba de sorprenderme.

Llegados a la mezquita, ese templo incomensurable nos encantó. Como otras mezquitas que habíamos visto antes en la India, ésta también era "todo exterior", lo cual no dejaba de sorprenderme debido al clima tan duro que tienen allí (sea por calor de hasta 45ºC o por lluvias monzónicas). En absoluto me pareció más grande que la de Fatehpur Sikri, pero no hay libro que no le coloque el apelativo de "mayor mezquita de la India". La ubicación, en un extremo de vieja Delhi, en un pequeño alto, con esas cúpulas bulbosas blancas y la piedra rojiza, todo en su conjunto, hace que sea de los edificios más bonitos de la ciudad. Se puede subir a uno de sus minaretes, desde donde la Lonely Planet dice que "parece abarcarse toda la India"... algo fantasioso ya que la altura no es mucha, y por desgracia la neblilla de la contaminación tampoco permite ver gran cosa. Por supuesto hay que quitarse los zapatos para visitarla, aunque parezca que estamos más en un patio que en una mezquita.

Entrada al Fuerte Rojo, otro legado mogol en la ciudad. Desde ese lugar se proclamó la independencia de la India el 15 de agosto de 1947
Lo que sí abarcaba la vista de la mezquita era el fuerte rojo, ubicado justo enfrente, pero que requiere una caminata a través de un mercadillo sin extranjeros para llegar hasta él. Aunque el fuerte se ve en todo momento mientras caminamos de un sitio al otro, los conductores de tuk-tuk son insistentes y se ofrecen a llevarte a pesar de todo. Les ignoramos, para una vez que tenemos una verdadera acera y un paseo agradable por el que caminar, no voy a coger un tuk-tuk...

El fuerte rojo prometía mucho y fue una gran decepción, la única que nos llevamos en Delhi y de las pocas de las casi 3 semanas de viaje. Es un fuerte mogol, como el de Agra, pero bastante más vacío por dentro. Los ingleses debieron arrasarlo, y de hecho se ven unos pabellones, nada indios, que son testigo de su paso por allí. Entre dependencias en restauración y otras zonas que no eran visitables por dentro la verdad es que hay poco de lo que disfrutar. Y eso que es patrimonio de la humanidad...

Aunque nos resultó decepcionante, el Fuerte Rojo de Delhi tenía rincones llenos de encanto, como éste
Otro bici tuk-tuk (o bike tuk-tuk) de un simpático joven de Calcuta nos llevó de vuelta al metro, para esta vez conocer el barrio de Nueva Delhi, donde fuimos a visitar el "Gurdwara Bangla Sahib", el templo sij, o sikh, de Delhi. El contacto con Nueva Delhi nos hizo ver otra ciudad, la construida por los británicos a principios del s. XX, sin tuk-tuks, ni vendedores por las calles, con anchas avenidas donde el tráfico era fluido y con las calles, en general, bastante más limpias. Aunque más occidentalizado (y quizá por ello con algo menos de encanto) un "VIVAN LOS BRITÁNICOS" se nos pasó por la cabeza a ambos mientras caminábamos por allí.

Antes de hablar del templo sij, creo que debería explicar rápidamente qué es el sijismo. El sijismo es una religión fundada en la India, a principios del siglo XVI, por el gurú Granth Sahib, en un contexto de tensión entre las comunidades musulmana e hindúes de los territorios que hoy son India y Pakistán, como respuesta a estas dos comunidades religiosas. No voy a explicar aquí su doctrina, pero a grandes rasgos son monoteístas, y creen en una mayor tolerancia entre religiones y tuvieron varias ideas revolucionarias, como por ejemplo la total igualdad de derechos para todos los seres humanos en general, y para hombres y mujeres en particular (cosa que todavía hoy muchas religiones no apoyan). El mayor porcentaje de seguidores del sijismo está en la región de Punjab, hoy dividida entre India y Pakistán, aunque después de la partición la mayoría optaran por el primer país, más respetuoso con las minorías religiosas que Pakistán. A pesar de ser una religión minoritaria, solo el 2% de los indios son sijs, la enormidad del país hacen que estemos ante, según las fuentes que lo digan, la quinta o la novena religión con más seguidores del mundo, con unos 25 millones. Tras el cristianismo, el islam, el hinduismo y el budismo, el sijismo podría ser la siguiente. Por ejemplo, a pesar de ser una religión mucho más conocida en occidente, hoy día hay menos judíos que sijs.

Acomodarse y admirar la belleza del templo sij de Delhi no son cosas complicadas una vez llegados a allí
A pesar de algunos momentos tensos y muy trágicos de nacionalismo e intolerancia religiosa, como los producidos en 1984 con el ataque al precioso templo dorado de Amritsar (el "Vaticano" del sijismo) que provocaron el asesinato de la entonces presidenta Indira Gandhi, los sijs viven en paz con el resto de habitantes de la India. De hecho, el actual presidente indio, Manmohan Singh, es sij. Una forma de identificarlos es por su turbante de tela de un solo color y sus barbas, que normalmente dejan crecer libremente.

Pues bien, aunque los templos santos de los sijs están en el estado del Punjab, en Delhi tienen un templo y eso nos pareció motivo suficiente para acercarnos. Como en muchos otros casos, un hombre se acercó para hablarnos, y como nos habíamos acostumbrado a hacer, lo ignoramos. El hombre no se dio por vencido, paró a otros turistas que salían para que nos dijeran que aquel hombre no buscaba nuestro dinero, solo quería explicarnos qué era aquello, cómo funcionaba su religión y cómo había que visitarlo. Cedimos y empezamos a escucharle con un inglés bastante aceptable.

Primero tuvimos que entrar a un lugar donde me pidieron que me descalzara y me colocara un pañuelo en la cabeza, ya que los hombres han de llevarla cubierta. Nos lavamos las manos y los pies y entramos. El hombre nos esperó a la entrada del complejo y nos siguió explicando, muy amablemente, que en su religión no hay sacerdotes, sino gurús, y que no se les obliga a hacer celibato, ya que creen que crear una familia es lo mejor para la realización del ser humano. Además nos dijo que todo templo sij tiene como característica común la existencia de un estanque para lavarse, de un albergue de peregrinos y de un comedor social, este último gratuito, en el que voluntarios dan de comer a todo el que lo desee. De hecho, nos ofreció comer allí, a lo que nos negamos pensando que era más noble no aprovecharse y dejar ese servicio a gente que lo necesitara realmente, y nosotros no pertenecíamos a ese grupo, por suerte.

Este letrero permite tranquilizar a hindúes y musulmanes en los McDonald's de la India
Recorrimos el estanque por completo, entramos al templo en sí, donde no se podían sacar fotos, en el que el libro sagrado presidía el centro de la estancia. Un grupo de 3 personas cantaba (muy mal, por cierto) algo que me imagino que eran versos del libro, y los altavoces a todo volumen distribuían la música en el edificio. En general, nos sentimos cómodos en todo el complejo, en el que no nos prestaron mucha atención por ser extranjeros, que estaba limpio y que con la explicación gratuita de aquel hombre se nos hizo más fácil de entender. De hecho, a la salida, una foto del templo dorado de Amritsar, esa especie de "La Meca" o "Vaticano" del sijismo me hizo pensar que algún día me gustaría ir a un lugar tan bonito y tan mágico como parece aquél (por desgracia, también tan cargado de historia... con dos matanzas múltiples solo en el s.XX).

Por una vez, a la salida nadie nos esperaba para ofrecernos ir en tuk-tuk ni nadie se nos ofreció en nuestro paseo hasta la inmensa Connaught Place... Nueva Delhi es una ciudad europea en medio de una megalópolis india y hasta en eso se notaba.

En Connaught Place comimos en un Mc Donald's... me prometí a mí mismo tardar muchos meses en volver a hacerlo, pero allí era una experiencia curiosa que nos apetecía repetir. De nuevo nos abrieron la puerta al entrar y vimos a "la gente guapa" que ya notamos en el que estuvimos de Jaipur. Al sacar una foto al letrero que decía que no vendían carne ni de ternera ni de cerdo, una camarera me dijo que estaba prohibido hacer fotos... sorprendido guardé la cámara y pensé que al menos ya tenía la foto que quería. En este país no hay quien entienda nada.

Templo de Safdarjang
Queríamos ir de compras en nuestra última tarde en la India, y nos acercamos al sórdido barrio de Paharganj. Sórdido según la Lonely Planet, porque a mí me encantó y no me pareció apropiado ese adjetivo. Resumiendo, era una calle sin apenas tráfico, con vendedores que no iban a buscar al comprador, y con una variedad de cosas superior a la de casi cualquier otro sitio en el que habíamos intentado comprar algo. Todo un lujo que tampoco era caro. Cogimos 2 figuras preciosas de Ganesh por poco más de 5€ cada una (para regatear me fui 3 veces de la tienda pero llegado a una cifra el vendedor no bajó el precio ni una rupia) y compré 2 camisetas por 2€ cada una en una tienda... ¡con precios fijos! Disfrutar de las compras, algo que solo había experimentado en Pushkar hasta entonces, era posible en Paharganj.

Como quedaba tiempo aún, decidimos acercarnos a la tumba de Safdarjang, uno de los últimos emperadores mogoles. Cogimos el metro y un solitario tuk-tuk nos esperaba a la salida... y asistimos a la discriminación (esta vez positiva) típica que se hace a los extranjeros allí. A pesar de que había una pareja de indios a punto de entrar al tuk-tuk, que me imagino que ya habían acordado un precio con el conductor, los hizo parar al vernos a nosotros y negoció precio con nosotros... como llegamos a un acuerdo (y sacó más dinero con nosotros, seguro), los indios se quedaron con un palmo de narices sin tuk-tuk.

Templo de Safdarjang
Nos dejó en la puerta el conductor, de una tumba más evolucionada y moderna que la de Humayun (también más modesta), aunque realmente espectacular. Con una tranquilidad envidiable para la ciudad en la que estábamos, disfrutamos del lugar casi solos.

Un paseo de 15 minutos a pie, el metro y luego otro tuk-tuk nos llevaron, ya para acabar el día, a la puerta de la India, el arco de triunfo de Delhi. La puerta, rodeada de un cinturón peatonal, estaba bien iluminada y llena de gente. Vendedores ambulantes proponían cosas para niños, y a pesar de que la noche ya había caído, con el trípode salieron bien nuestras fotos. El hecho de moverse de noche por esa ciudad no me resultó en absoluto inseguro, y las últimas horas en Delhi me hicieron pensar en todas las emociones del viaje más lejano y exótico que habíamos hecho en toda nuestra vida, con una sensación de total satisfacción.

Un té en una pijísima cafetería de Connaught Place fue el preludio a nuestro último viaje en metro antes de sufrir una picantísima cena en nuestro hotel que en algún momento me planteé no pagar (había pedido, como siempre, que fuera lo menos picante posible)... pero era el último día y me aliviaba pensar que eso se acababa, y que el picante de la comida de la India no estaría entre las cosas que echaría de menos del país. Así que cedí pensando que en Dubai, nuestro siguiente destino, la comida ya no sería así.

India, volveremos a encontrarnos.

La puerta de la India, una imponente forma de decir adiós a Delhi y al resto del país