jueves, 18 de octubre de 2012

Esplendor otoñal: el FAEDO de Ciñera

Las fechas en las que nos encontramos, ahora que vemos cómo la noche va ganando terreno al día, el frío al calor, y se van cayendo las hojas de muchos árboles, pueden ser, sin embargo, las mejores para admirar algunos bosques que muestran una maravillosa paleta de colores, del verde al marrón pasando por todo tipo de amarillos o rojizos.

El "Faedo" de Ciñera, un 6 de noviembre
Uno de los mejores sitios que recuerdo para admirar ese colorido otoñal lo tenía muy cerquita de casa, y tuve oportunidad de descubrirlo; es el Faedo de Ciñera de Gordón (León). Este pueblo, recientemente presente en las noticias por los enfrentamientos entre policías y mineros que reivindicaban sus derechos laborales, esconde un secreto bien guardado a poca distancia de las últimas casas del pueblo; un pequeño hayedo magníficamente conservado, cuyos árboles tienen formas inverosímiles en algunos casos, y que se llena de color en otoño, aunque la visita resulta interesante en otras épocas del año también.

¿CÓMO LLEGAR?


Ciñera de Gordón está ubicado en la montaña central leonesa, y es uno de los muchos pueblos por los que hay que pasar para ir de León a Oviedo si no cogemos la autopista y nos vamos por la N-630. Se encuentra a unos 40 kms. de la capital leonesa.

La ruta que nos lleva hasta el Faedo comienza en el mismo pueblo, donde no resulta nada complicado encontrar aparcamiento si llegamos en coche (Ciñera es accesible en autobús desde León, con numerosos servicios diarios, y en tren se puede llegar al mismo pueblo o a la cercana localidad de Santa Lucía de Gordón, 2 kms. antes). Desde ahí la ruta comienza subiendo por una calle que nos lleva hasta el polideportivo del pueblo, que dejamos a mano izquierda, para poco después dejar también a mano izquierda el cementerio (se recomienda preguntar por estos edificios en caso de tener dudas), a partir de donde la calle se convierte en pista forestal. Se puede llegar en coche hasta el cementerio.

Bocamina en desuso en el camino de Ciñera al Faedo
Durante nuestra ruta hasta el Faedo, nos encontraremos con una bocamina ya en desuso. Poco después, en una desviación de caminos elegiremos el de la izquierda, dejando a mano derecha un camino que asciende rápidamente (creo que este cruce está convenientemente indicado). Sin pérdida seguiremos ese camino, dejando a mano derecha, minutos más tarde, un área recreativa muy apetecible para comer de pic-nic en verano. Ya tendremos a tiro de piedra el Faedo.

Resulta sorprendente ver cómo la luz apenas puede traspasar la espesura de este bosque cuando los árboles tienen hojas, cómo el manto de hojas caídas cubre el suelo todo el año, así como las formas caprichosas de los árboles, o el suave murmullo del arroyo que lo recorre la mayor parte del año. Es difícil explicarlo con palabras, lo mejor es ir a verlo allí, y si no es posible, echar mano de las fotos que aquí os subo.

Acabado el pequeño hayedo, nos encontramos con unas pequeñas hoces que se pueden recorrer de forma segura, gracias a la pasarela instalada a tal efecto.

Hoces a la salida del Faedo
 Una vez acabadas las hoces terminó la ruta para mí.

¿CUÁNDO IR?


Mi visita otoñal fue un 6 de noviembre, fecha en la que, como se puede apreciar en las fotos, apenas quedaban hojas a los árboles. Recomendaría ir en rango entre esta fecha y un par de semanas antes, cuando la paleta de colores abarque un tono amarillento que yo me perdí, aunque me imagino que la llegada del otoño a este bosque no coincidirá todos los años en las mismas fechas.

Faedo de Ciñera
Otras personas que lo han visitado en primavera e invierno también lo recomiendan, por el potente verde en el primer caso y por el blanco que con un poco de suerte te puedes encontrar en el segundo. Yo volví una segunda vez en verano, y el resultado fue un poco decepcionante, especialmente porque el arroyo venía seco y eso, a mi juicio, restaba interés al conjunto.

Como es lógico, se recomienda ir preparado de acuerdo a cada época del año. Un hayedo suele ser un lugar sombrío, fresco cuando no frío, y en el que reina una gran humedad.

Otra instantánea más del arroyo que preside el Faedo

lunes, 8 de octubre de 2012

Mezquita de Hassan II, Casablanca

Mezquita Hassan II de Casablanca, parcialmente sobre el agua
No voy a engañar a nadie, Casablanca no es mi ciudad favorita. Es posible que a los marroquíes les guste mucho, porque para ellos estar en esta ciudad es como estar en un pedacito de Europa sin salir de su país, pero para mí, que iba buscando historia, cultura, tradición... no fue el destino más destacado de mi escapada a Marruecos. No obstante, si tu avión sale o llega de Casablanca y tienes tiempo, quedarse una noche a dormir allí puede ser recomendable si quieres ver ese lado más moderno y europeo de Marruecos, y especialmente si quieres descubrir la grandiosidad de una de las pocas mezquitas marroquíes en las que los no musulmanes pueden entrar: la mezquita Hassan II.

El aspecto moderno de Casablanca, la ciudad más poblada del país y su principal motor económico, se revela nada más llegar a la ciudad. Los edificios son altos, las calles son anchas y las chicas llevan en mayor número tacones que velo para cubrirse el cabello. Cogiendo un plano de la ciudad, comprendemos también que Casablanca (llamada "Casa" de forma coloquial) es el resultado del crecimiento producido durante el protectorado francés del s. XX, ya que con anterioridad solo existía la medina, y su tamaño es muy pequeño, tanto comparado con la zona moderna, como con las medinas de ciudades históricas como Fez o Marrakech.

Mezquita de Hassan II
No obstante, acercarse a la gran mezquita de Hassan II nos recuerda que seguimos en Marruecos. Situada junto al mar, esta mezquita, sorprende por numerosos motivos. Para empezar, su ubicación, ya no en primera línea costera, sino incluso sobre el agua, se debe a unos versos del corán en los que se inspiró el monarca que ordenó su construcción (y que dio su nombre a la mezquita) que dicen que "el trono de Dios se halla sobre el agua", por lo que dos terceras partes del templo así se encuentran. En segundo lugar, su minarete, con 210 metros de altura, es el más alto del mundo y puede ser visto desde varios kilómetros a la redonda. Sus dimensiones en superficie no se quedan atrás, y provocan que este templo, dependiendo de las fuentes que lo digan, sea colocado como el segundo, tercero o cuarto mayor del mundo musulmán, siempre por detrás, al menos, de la gran mezquita de la Meca (hacia la que, como es natural, está orientado). Por último, si se visita su interior, dentro de él nos llevaremos sorpresas que van más allá de su vasto espacio para el rezo (25000 personas solo dentro del edificio), como por ejemplo el lujo de sus materiales, en su mayoría marroquíes, entre los que abunda el mármol. También destaca por el uso de la más alta tecnología, con suelo calefactado, puertas eléctricas y un techo que puede abrirse de forma automática. Cuenta con una escuela coránica, parking subterráneo y un hammam, aparte de con una generosa plaza exterior para poder disfrutar y fotografiar el edificio, y para que los fieles recen fuera si se considera oportuno.

Interior de la mezquita Hassan II
De una hora de duración, la visita guiada, disponible al menos en francés, inglés, español y alemán, no es barata. Su precio era de 11€ (120 dirhams) a principios de 2010, cuando yo fui, pero a mí me pareció un dinero bien empleado, especialmente por lo especial que es el lugar, y por la exclusividad de ver una mezquita marroquí por dentro, aunque me imagino que tenga poco que ver con el resto de mezquitas del país.

El coste de la visita se justifica también por el precio que costó el edificio, que fue de algo más de 500 millones de euros, costeados en su mayor parte con dinero público. Fuente de orgullo para algunos, ese precio no se justifica para muchos, teniendo en cuenta la pobreza en la que viven muchos marroquíes y las muchas otras formas mejores en las que se podría haber invertido.  No acaba la polémica con el alto precio del edificio, porque para realizarse se desalojó a muchas personas del barrio (muy modesto, como muestra la foto bajo este párrafo) que vivían en la zona, sin ningún tipo de indemnización. De todas formas, creo que ha cumplido dos de los objetivos de su creador: situar la mayor ciudad del país en un mapa turístico en el que antes no aparecía, y dejar su nombre en un edificio de gigantescas proporciones, digno de cualquier megalómano.

La mezquita se ubica en un modesto barrio de Casablanca
Diré que el hotel en el que dormí se llama "Hotel Central", y se encuentra muy bien ubicado entre el mar (a la altura del puerto) y la medina, justo donde empieza ésta. Está también muy cerca de la estación de tren "Casa-Port", lo que tampoco resulta muy útil puesto que casi todos los trenes van solamente a "Casa-Voyageurs". Desde el hotel bastan unos 15 minutos a pie para llegar a la gran mezquita. Por internet le dan críticas desde bastante buenas a todo lo contrario. Yo diría que fue un sitio bastante correcto por el precio que pagamos (algo menos de 40€ la habitación doble, pero Casablanca es quizá la ciudad más cara del país), suficientemente limpio y con un amable recepcionista.

A pesar de su tamaño, mayor que el de cualquier ciudad española, con más de 4 millones de personas, "Casa" no tiene metro, por lo que el taxi es la mejor forma de desplazamiento por la ciudad. Recuerden acordar el precio antes, regateando, por supuesto :)

Con toda esta información será más fácil disfrutar de Casablanca, aunque solo sea como ciudad de paso.

Hammam de la mezquita Hassan II

lunes, 1 de octubre de 2012

Viaje a la India, día 8: Jodhpur (la ciudad azul, a solas)

Fuerte de Mehrangarh sobre el azulado conjunto de casas de Jodhpur
Tras una semana en la India, aquel día nos enfrentábamos a un nuevo reto: pasar todo el día sin la inestimable ayuda de Noor, nuestro chófer. El día anterior nos dijo que Jodhpur era la ciudad en la que vivían sus padres y dejó caer la posibilidad de que le dejáramos descansar y disfrutar de su familia, algo que finalmente le "exigimos" hacer. Pensé que lo mínimo que un ser humano necesita descansar del trabajo es un día a la semana, y aunque allí estén acostumbrados a no hacerlo, mi idea era tratarle de forma digna como trabajador que es... así que quedamos en que durante todo el día no nos veríamos. Coincidiendo con la amenaza que nos hicieron el día anterior y que no le pudimos contar, la verdad es que al principio le eché bastante de menos.

Tras un generoso y rico desayuno en el hotel, presidido por las manchas de manteles y trajes de los camareros (el "Ariel" no existe en la India, y eso se deja notar incluso en un hotel de presupuesto medio como aquél), nos encaminamos a visitar Jodhpur. El plano que había comprado el día anterior era una mierda y no detallaba mejor las calles que el de Lonely Planet, y la primera sorpresa llegó nada más salir del hotel... una calle inundada (ver última foto) por la que apenas se podía cruzar... teniendo en cuenta que allí podía llevar semanas sin llover, mejor no pensar de dónde venía ese agua color marrón... tras "vadear" la calle, comprobé que tras un cuarto de hora mi sentido de la orientación no me falló y llegamos rápido a nuestro primer destino: el "Jashwan Thada".

Jaswant Thada a contraluz, con toda la magia de oriente
El "Jashwan Thada" es un ejemplo más de cenotafio de mármol blanco típico de la India. Para nosotros era el primero de ese tamaño, y lo visitamos prácticamente solos, por lo que mi recuerdo del lugar es magnífico. Entre otras muchas fotos, me gusta especialmente una que saqué a Steffi a contraluz, que parece sacado de un relato de estos que han llenado de misticismo a Oriente para todo occidental.

Aparte del edificio en sí, el lugar resulta fascinante por las inconmensurables vistas que ofrece del fuerte de Mehrangarh, que preside Jodhpur y que es su principal monumento. A la salida del Jashwan Thada intentamos buscar un lugar para hacer una foto con ambos sitios a la vez, tal y como habíamos visto que hacía la revista de National Geographic cuando estuvo en la ciudad, pero no encontramos la forma de hacerlo.

Fuerte de Mehrangarh, presidiendo Jodhpur, visto desde el Jaswant Thada
Posteriormente nos acercamos al fuerte andando, por una carreterilla estrecha, por supuesto sin aceras, y que tiraba hacia arriba. Numerosos tuk-tuks se pararon ofreciéndonos sus servicios pero ya nos íbamos acostumbrando a ignorarlos. Llegados al fuerte, el ambiente "turístico" regresó, algo desaparecido hasta ese momento.

El fuerte de Mehrangarh es uno de los platos fuertes de una visita a Rajastán. No es precisamente el más bonito en sí, con sus murallas altas y toscas, pero su ubicación, en una escarpada colina que actualmente está casi por completo rodeada de viviendas de la ciudad, hace que impresione tanto en foto como en vivo. Tampoco resulta indiferente que el color de la piedra del fuerte y de la colina se aproximen bastante, lo que parece hacer creer que colina y fortaleza se funden en una sola cosa. La diferencia de altura entre el fuerte y las viviendas hace que las vistas desde el fuerte hacia las casas impresionen y que el fuerte sea visible desde cualquier punto de la ciudad y desde varios kilómetros de distancia. No hay que olvidar que, si bien las fortalezas, de altos muros, perdieron buena parte de su interés defensivo en España en el s. XVI aproximadamente, en la India, por una evolución militar más tardía y por las guerras entre territorios relativamente pequeños, estos fuertes han sido útiles hasta bien entrado el s. XIX. Aunque, en general, poco pudieron hacer cuando el imperio británico llegó por allí...

Interior del palacio central del fuerte de Mehrangarh
La visita al fuerte fue genial. Traspasados los enormes y austeros muros exteriores, los palacios interiores muestran un aspecto donde ya se le deja algo de espacio a la decoración. El fuerte nos recuerda al de Bikaner (salvo porque éste estaba en un llano), con un palacio central presidiendo el recinto, pero generoso en espacios abiertos dentro de las murallas. Disfrutamos de las vistas, cuya parte más especial es la que da al barrio de los "brahmas", la casta más elevada, que se asociaba con el color azul (de ahí que sus casas sean de ese color). Con el tiempo, se permitió a cualquier habitante de la ciudad pintar de ese color su vivienda, y aunque en muchos casos eso ocurre, el color no es tan homogéneo como el dorado que preside Jaisalmer.

Durante la visita seguimos sin pasar desapercibidos. Steffi se hizo fotos con unos niños, otros nos sonreían y el resto se reían al vernos (por supuesto, sin malicia) o nos miraban sin el menor disimulo. Los turistas de este fuerte, a pesar de su belleza, eran en mayor número nacionales que extranjeros. El motivo puede deberse a que Jodhpur es un sitio "de paso" en muchas estancias en Rajastán. Y es que en muchas rutas se pasaba solo una noche en Jodhpur, lo que impide visitar correctamente la ciudad... si bien tres quizá sean demasiadas (son las que pasamos nosotros), sí que recomiendo como mínimo pasar dos, para tener un día entero para conocer una ciudad que, aunque contaminada, merece mucho la pena.

Jaswant Thada
Bajamos del fuerte, con algo de hambre, y decidimos probar por otro camino que, cuesta abajo, iba más directo a la ciudad. Llegamos a un pequeño negocio familiar, prácticamente el primer edificio con el que te encuentras desde que dejas atrás el fuerte, una suerte de pequeña pensión y restaurante. Subimos a la planta de arriba y nos deleitamos con las todavía bonitas vistas que ofrecía de la ciudad, por lo que no dudamos en quedarnos a comer allí. Incluso aunque tuviera como reclamo fotos de pizzas y hamburguesas que, con una sonrisa, el camarero, con más aspecto europeo que indio a pesar de llevar turbante, nos dice no tener. Comimos un arroz cachemir (amarillo como el de una paella, pero con fruta y frutos secos), unos noodles (una especie de espaguetis), unas crêpes que a Steffi le recordaron a sus raíces y unos lassis (yogures líquidos y fríos), cojonudos para bajarle los humos a la comida picante. Por solo 8€, ambos comimos quizá en el mejor sitio hasta el momento en la India ("Hill view" es el nombre del sitio).

No nos costó mucho tampoco volver a la torre del reloj una vez dejado el restaurante, y nos decidimos a ver los jardines Umaid. Pero pasear por esa zona sin aceras, masificada de gente y vehículos, tengan 2 ó 4 ruedas, no es precisamente nada que se parezca a un "plácido" paseo para bajar la comida. Cuando llegamos junto al parque, vimos que no había nada cercano que se le pareciera a una puerta, y ya cansados decidimos que nos dábamos la vuelta y que, tras una intensísima semana, nos merecíamos un descanso.

Calle inundada cercana a nuestro hotel
Llegados al hotel descubrimos que no había electricidad y que nos habían quitado unas de las 3 colchas que teníamos (y que habíamos usado). Lo primero se arregló pulsando un interruptor que había fuera de la habitación. Sí, en India, un gracioso puede quitarte la electricidad de la habitación gracias a un interruptor ubicado fuera de la misma. Yo tampoco lo entiendo. Lo segundo, lo arreglamos bajando a recepción (y sin necesidad de propina :P). Me fui a dormir pensando en las tiendas que vimos en la ciudad, que acostumbran a desplegar sus productos fuera de las mismas y tienen tantas cosas que cuesta creer que quepan todas dentro en algún momento (quizá estén siempre abiertas... :D)

martes, 25 de septiembre de 2012

MI FIORDO IBÉRICO: ¡Arribes del Duero!


Río Duero a la altura de Aldeadávila (Salamanca). La pared vertical del lado derecho es el mirador del "Picón de Felipe". 

Mi río Duero, junto al que nací... no soy objetivo si digo que me gusta porque le tengo cariño, ese cariño inexplicable que se le pueden tener a los objetos sin vida... ¡si es que de un río puede decirse semejante cosa! Me atrevería a decir que no... :)

Este río transcurre durante varios centenares de kilómetros de forma plácida desde poco después de nacer, como si estuviera cerca de su desembocadura. Transcurridos más de 400 kilómetros de su nacimiento, todavía se encuentra a más de 600 metros de altura sobre el nivel del mar, debido a la curiosa orografía que representa la meseta en nuestro país. Pero cerca de la frontera con Portugal se vuelve especialmente hermoso, empieza el "festival"... el Duero se encajona y empieza a perder altura a una velocidad muy superior a la que frecuentaba en la meseta y a la normal en un río de su tamaño y características. Si bien necesitó más de 300 kms. para perder apenas 200 metros de altura, en esos 100 kms. en los que hace frontera con Portugal pasa ahora a bajar casi 500 metros, para entrar en el país luso de nuevo "relajado". Los que lo conocieron hace 70 años seguramente puedan decir que era espectacular ver cómo 500 kms. después de nacer y con el caudal que el Duero tiene en ese punto (ya con todo el agua de sus principales afluentes: Pisuerga, Esla y Tormes, entre otros), éste se convertía en algo parecido a un inmenso río de montaña. Aunque esa fuerza no resultó ajena a los intereses hidroeléctricos de la dictadura franquista, que llegó a un acuerdo con Portugal para dividirse el potencial energético del río. Por ello a día de hoy tenemos varias presas que explotan esa energía fronteriza, exactamente tres portuguesas y dos españolas.  Estas presas provocan que a día de hoy veamos el agua del Duero atrapada en esta zona, y aunque solo he visto fotos de cómo era antes y no creo que sea comparable a lo que podemos ver hoy, debo decir que el aspecto actual sigue siendo cuanto menos espectacular.

Los "Arribes del Duero" (o "las Arribes", según estemos en la provincia de Zamora o en la de Salamanca) es el nombre de la comarca zamorana y salmantina en la que el Duero marca la frontera con Portugal. Debido al espectacular cañón y a las peculiaridades de fauna y flora que éste provoca, se ha declarado parque natural a ambos lados de la frontera ("Douro internacional" es el nombre del lado portugués). Su tamaño impresiona: 100 kilómetros de vía fluvial de largo y alrededor de una decena de kilómetros de ancho dan lugar a uno de los espacios protegidos más grandes de Castilla y León. En cuanto a altura, diría que estamos ante el cañón más profundo del territorio ibérico, y seguramente también ante el que más agua lleva. Datos que hacen que no sorprenda ver la majestuosidad del río en estos parajes.

Vista del cañón desde el crucero de Miranda do Douro. Al fondo la primera vivienda del pueblo portugués. 
Debido a esta singularidad quería escribir sobre este rincón, bastante despoblado, pero que va poco a poco atrayendo un turismo que ha de ser respetuoso con la naturaleza que viene a admirar. Dejaré unas ideas para disfrutar de un fin de semana en un lugar digno de ser conocido.

¿QUÉ VISITAR EN LOS ARRIBES DEL DUERO?


Para empezar, el cañón. Al ser una zona rural y al no tener interés para los habitantes del lugar el hacer pueblos junto al río (debido a la orografía no podrían descender hasta él fácilmente en apenas ningún punto), el acceso al cañón no siempre es fácil. No obstante, los miradores son frecuentes, más o menos alejados del río y más o menos espectaculares. De los que conozco, recomendaría los situados en los alrededores de Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), especialmente el llamado "Picón de Felipe". En esa zona el cañón se escarpa hasta su máxima altura: cerca de 400 metros de caída libre hasta el nivel actual del río, a los que habría que sumar los 140 metros que tiene la presa de Aldeadávila, cuya cresta se ve desde lo alto. En total más de 500 metros de altura bajo nuestros pies que habría que bajar desde el mirador para llegar al cauce antiguo del río sin presa alguna... la vista desde este saliente es espectacular tanto si se mira hacia la presa como si se hace al lado contrario. Al Picón de Felipe, llamado así por una leyenda que cuenta el amor de un español y una portuguesa que se veían en este punto, se puede ir andando desde Aldeadávila tras una buena caminata o acercarse en coche hasta el punto más cercano, desde donde en apenas cuarto de hora habremos llegado al punto panorámico.

Vista de la presa de Aldeadávila desde el mirador del "Picón de Felipe", más de 300 metros por encima del agua 
Otro lugar que recomendaría sería la cascada del pozo de los Humos, aunque de momento yo solo la haya visto en foto... esta cascada, cuyo pueblo más cercano es Masueco (Salamanca), muestra como no solo el Duero, sino todos sus afluentes participan en este cañón. En este caso el río Uces tiene una caída de unos 50 metros de altura que cuando viene con mucho caudal forma una neblilla que tiene a subir (de ahí su nombre). Por desgracia, cuando la visité (marzo 2012) veníamos de tener uno de los inviernos más secos que se recuerdan y de la cascada no había ni rastro. Puede ser buena idea preguntar antes de ir... se puede llegar en coche aunque los últimos kilómetros son por una pista forestal sin asfaltar.

Como lugar de interés para aficionados a la ingeniería, se puede aprovechar para visitar la presa más alta del país, la de Almendra (Salamanca), en el río Tormes, y cercana al pueblo homónimo, que con sus más de 200 metros de altura y su inmensa capacidad (el tercer embalse más grande de España) impresiona. Por supuesto, el cañón en el que está es grandioso, aunque apenas se llega a ver el agua una vez pasada la presa.

Puente de Requejo, entre Pino del Oro y Villadepera (ambas de Zamora)
No menos impresionante es el puente de Requejo, prácticamente el único puente que cruza el río en esta zona sin ayudarse de una presa. Se encuentra poco antes del punto en el que el Duero traza la frontera hispano-lusa, por lo que ambos lados son españoles (los pueblos de Pino del Oro y Villadepera, en la provincia de Zamora). Este puente, debido a la profundidad del río, ya empantanado, tiene sus pilares fuera del agua, en una estructura metálica que debió ser una proeza para la época, siendo como es de inicios del s. XX. Cuando lo crucé se estaba estudiando prohibir su paso para vehículos de gran tonelaje porque parece que están acelerando su deterioro.

A nivel cultural, se puede destacar el conjunto histórico-artístico de Fermoselle (Zamora), donde además se ubica una de las dos casas de información del parque natural, aprovechando el edificio de un antiguo convento (la otra está en la parte sur, en la torre del antiguo castillo de Sobradillo, Salamanca). También destacaría la posibilidad de pasar fácilmente a Miranda do Douro, población portuguesa, en la que además de disfrutar del exotismo, hasta cierto punto, de conocer un sitio del país vecino con características claramente portuguesas (antes de que se hiciera la presa, que actúa también como puente, no había comunicación con España), tendremos el encanto de su núcleo amurallado de casitas blancas y de piedra granítica, una catedral románica y las posibilidades comerciales típicas de una población portuguesa fronteriza con España. Esto es, toallas y derivados con buena relación/precio a los que se pueden sumar "antojos" como unas botellas de vino de Oporto, por ejemplo :)

Pequeña ermita de Miranda do Douro (Portugal)

¿QUÉ MÁS HACER EN LOS ARRIBES?


Aparte del senderismo o actividades propiamente turísticas o viajeras, hay una actividad que recomendaría especialmente por su singularidad, y por la perspectiva que ofrece del cañón: los cruceros por el río. La profundidad que tiene el Duero hace que sea perfectamente navegable siempre que no encontremos una presa en nuestro camino. Dos empresas, en dos tramos distintos del río, ofrecen paseos en barco. Yo lo he hecho con ambas y aquí dejo mis impresiones:
- "Corazón de las Arribes" (http://www.corazondelasarribes.com/) lo ofrece en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). El viaje dura 90 minutos y transcurre por la zona más escarpada del cañón, terminando junto a la presa del pueblo. En la ida se dan explicaciones de fauna, flora o etnografía de la zona (solo en castellano) y no se permite salir del barco, mientras que en la vuelta se permite salir a la terraza, pequeñita, a disfrutar mejor del paisaje y a sacar fotos si se desea. El comienzo y final de la ruta es en la "playa del rostro", una playa fluvial que permite ver una parte del cañón desde abajo incluso sin subir al barco, y que puede ser un buen lugar para pegarse un chapuzón en verano. El precio actual por persona es de 16€ que baja para grupos a 14,5€.
- "Europarques hispano-lusos" (http://www.europarques.com/europarques.html) se ofrece desde Miranda do Douro (Portugal). El viaje dura algo menos (1 hora) y se hace por una parte del cañón que siendo impresionante es algo menos escarpada que la del otro barco. A cambio ofrece al final una degustación de vino de Oporto y una pequeña exhibición de aves rapaces que completan, más o menos, los 90 minutos del otro crucero. El precio es el mismo, aunque esta empresa ofrece la posibilidad de hacer un viaje algo más largo por 20€ y bajarse del barco en el extremo más alejado de Miranda. Comparte con el otro crucero el tema de las explicaciones (también en portugués en este caso) y el viaje a la ida dentro del barco obligatoriamente y pudiendo salir a la vuelta, aunque en ambos casos los techos acristalados ayudan a disfrutar bien resguardados y a protegerse del frío y la lluvia.

Vista desde el crucero junto a la presa de Aldeadávila (Salamanca)
Y con todo esto os garantizo un inolvidable periplo por esta especie de fiordo ibérico lejos del mar :)

martes, 28 de agosto de 2012

Un viaje de altura: PIRINEO CENTRAL FRANCÉS

Vista del Pirineo desde la cumbre del Midi de Bigorre
Circo de Gavarnie, pico de Midi de Bigorre, Tourmalet... aunque los Pirineos tengan sus mayores alturas y la mayoría de su superficie en España, hay que reconocer que grandes nombres como los que acabo de citar nos obligan a conocer también el lado francés. Distinta cultura, idioma, comida... pero un mismo telón de fondo, unas montañas soberbias.

Nuestro viaje empezó en Guchan, un pueblecito del valle de Aure, comunicado con España a través del tunel de Bielsa-Aragnouet, que nos obligaba a pasar dos puertos de montaña para llegar al objetivo final, que no era otro que el circo de Gavarnie. Podría parecer un coñazo, pero si uno conduce correctamente, no lleva a nadie que se maree y no le asustan las carreteras estrechas con curvas, el viaje es una delicia.

El primero de los puertos a cruzar es el "col d'Aspin". Bonitas vistas pirenaicas y un sinfín de curvas, pero este puerto está totalmente eclipsado por su hermano mayor, al que llegamos un ratillo después: el Tourmalet.

Vista desde la cima del Tourmalet, a 2115 metros de altura
Uno de los puertos más famosos del mundo, que no el más duro (sin salir de España, L'Angliru le supera con creces, por ejemplo), este puerto lleva al "Tour" (de Francia) hasta en el nombre. A nivel viajero, su interés se centra en la cantidad de sufridos ciclistas que se pueden ver subiéndolo (al menos a finales de mayo, que es cuando fui yo), sus vistas en la cumbre y en las cercanías, y en la sorpresa que nos aguarda en la localidad de la Mongie, un pueblo lleno de alojamiento para esquiadores. Junto a ese pueblo un teleférico sube hasta el observatorio astrofísico del pico de Midi de Bigorre, una de las cumbres referencia del Pirineo en su parte francesa, que con sus 2872 metros de altura, se creyó hace años que podía ser un buen lugar para ver las estrellas. Hoy, gracias al teleférico, ofrece una de las mejores vistas del Pirineo a cambio de dinero en lugar de a cambio de un esfuerzo enorme, como pasaría con cualquier otra cima de los alrededores. A los más montañeros les puede parecer poco acertado la explotación de esta cima, y es cierto que en ella podemos cruzarnos con personas que quizá no aprecien tanto la montaña, y que puede estar algo saturada de gente según a qué horas (y que el precio, 32€, no es precisamente barato). Pero no es menos cierto que, la oportunidad que da a personas sin condiciones físicas de subir a un pico así, para tener una vista como ésa, es digna de elogio. Desde ahí, todo el alto Pirineo parece quedar accesible. Desde el "rey" Aneto, la mayor cumbre pirenaica con 3404 metros, visible a pesar de estar a unos 50 kms. del Midi, al Monte Perdido o al Vignemale, el pico pirenaico más alto en el lado francés.

Teleférico del Midi de Bigorre desde otro teleférico, en plena bajada
Aun nos quedan más emociones fuertes cuando bajamos el Tourmalet dirigiéndonos hacia Luz-Saint-Sauveur. Desde ahí giramos hacia el sur buscando los circos más espectaculares del Pirineo: Troumouse y el famoso Gavarnie. Hay un tercero también protegido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad (honor compartido con el P.N. de Ordesa y Monte Perdido en el lado español), pero no lo pudimos visitar: Estaubé.

Circo de Troumouse
Para llegar a Troumouse hay que desviarse en Gèdre de la carretera que va hasta Gavarnie, y pagar un "peaje" de 4€ por poder acercarse con el coche hasta el circo. Una vez allí, la vista es grandiosa... el circo, todo rodeado de altas cumbres, impresiona por la homogénea altura de éstas, aunque lo hace más por su superficie. Con 4 kilómetros de diámetro, tiene varios kilómetros cuadrados de superficie y es necesario echar más de una hora para rodearlo por completo. Su base está a unos 2200 metros de altura, por lo que la vegetación se limita a prados, y de él nacen varios arroyos de montaña de diferentes pequeñas lagunas glaciares. Eclipsado por Gavarnie, este circo tiene menor número de visitas y la población más cercana a mucha más distancia, por lo que presenta mayor tranquilidad.

Circo de Gavarnie aun a lo lejos
Y ya llegamos a Gavarnie... un día soleado como el que tuvimos puede siempre oscurecerse a este lado del Pirineo, con mayores precipitaciones que en el lado español, y así nos pasó a nosotros. Pero la lluvia, algo molesta, nos permitiría ver totalmente solos el circo, por lo que al final se cumplió el dicho de "a mal tiempo, buena cara", y mereció la pena mojarse, aunque las fotos habrían salido más bonitas con sol. Para ir al circo aparcamos, si podemos, en Gavarnie, pueblo totalmente volcado en el turismo a partir del cual no podemos continuar con el coche. Aparcar pagando (o siendo cliente de algún hotel o restaurante) es más sencillo, pero hacerlo gratis quizá resulte casi imposible según en qué fechas. Desde ahí, una pista asfaltada al principio, siguiendo el curso del río, nos irá acercando al circo. No hay posibilidad de pérdida, el circo se ve desde el pueblo y el río es nuestro mejor guía. Tras una hora y cuarto de caminata podremos adentrarnos en el corazón del circo en sí. Aquí, la superficie es mucho más pequeña que en Troumouse, pero a cambio la diferencia de altura entre la base del circo y sus cumbres es muy superior, de casi 1500 metros de altura, porque las cumbres que rodean este circo sobrepasan, con creces en algunos casos, los 3000 metros de altura. No sorprende que la cascada más alta de Europa se encuentre aquí, homónima al circo y al pueblo, con algo más de 400 metros y con agua la mayor parte del año, procedente del deshielo. No es la única, y es que al menos al final de la primavera, el agua parece caer de todas partes. Estando allí recordé haber leído que en Francia los grandes iconos de su montaña están más humanizados que en España, y es cierto... al teleférico del Midi hay que sumar el desacertado "hotel du cirque", que en la misma puerta del circo y tan solo a unos pocos metros de la cascada, tenía un desangelado aspecto cuando yo estuve allí. La obsesión humana de querer poner hoteles en maravillas naturales aun a riesgo de destrozarlas no es algo exclusivo de España. Pero no pasa nada, tampoco es que estorbe mucho el edificio de marras.

Circo de Gavarnie desde dentro
Con esto habremos completado un hermoso día de visita en el alto Pirineo francés. Aun quedaría material para un segundo, con Cauterets como ejemplo, pero eso lo dejaré para otra futura visita a esta preciosa zona más cercana de lo que creemos.

lunes, 16 de julio de 2012

Tierra de cascadas: ¡NORTE DE BURGOS! (II)

Hace ya más de dos meses que tengo pendiente escribir la segunda parte sobre el norte de Burgos y por circunstancias personales no me ha sido posible hacerlo... ¡hasta hoy! Así que allá vamos. La primera la tenéis aquí: Tierra de cascadas: ¡NORTE DE BURGOS! (I)

Cascada de Peñaladros, junto a Cozuela
El norte de Burgos todavía esconde más sorpresas. Entre ellas, una de las más sorprendentes es el monte Santiago, ubicado cerca de la población de Berberana, en una especie de "cuerno" que a la provincia de Burgos le sale en su noreste y que se interna claramente en la vecina región de Euskadi. Este monte, declarado "monumento natural" por la junta de Castilla y León, además de albergar un encantador hayedo, tiene un espectacular corte en el lugar en el que hace frontera con tierra vasca, formando el llamado "salto del Nervión". No todos se ponen de acuerdo a la hora de darle altura a este salto, pero las cifras más modestas hablan de 220 metros, yendo algunas hasta los 300, lo que le haría ser el más alto en España y estar entre los más grandes de Europa (que no el más grande, ya que en la parte francesa del Pirineo, en Gavarnie, hay una cascada que supera los 400 metros). La lástima del lugar es que el río es aun muy pequeño y la roca es porosa y tiende a filtrarse, y solo en época de gran abundancia de agua puede verse la cascada en su plenitud. Muchas veces ni las lluvias medianamente abundantes bastan (o dejan notar su efecto muy poco tiempo), así que es necesario pillar un día en el que el deshielo ayude. En la práctica, la cascada se ve solo unos pocos días al año. Se puede comparar mi foto con otras que circulan por la red como la de este otro blog. Para no hacer el viaje en vano, recomiendo llamar por teléfono a la oficina del monumento natural del monte Santiago, que según parece informa del estado en el que la cascada se encuentra.

Salto del Nervión, fuera de la época de deshielo, sin apenas agua
No nos vamos del noreste de la provincia, para esta vez visitar el más septentrional (si cabe) valle de Angulo. Este valle, también vecino de Álava, y verde a rabiar, esconde la última cascada que he visitado en esta zona: la cascada de Peñaladros. Para llegar a ella tenemos que aproximarnos al núcleo de Cozuela, y junto a él, coger una pista con cemento que sale a mano izquierda (suponiendo que llegamos desde el sur, si venimos de Bilbao sería a mano derecha), para tras unos pocos metros, poder admirar la cascada. Ésta es de menor tamaño que la anterior pero menos esquiva, ya que debe dejarse ver en prácticamente cualquier época del año (por supuesto, con más agua en época de lluvias y/o deshielo), y personalmente a mí me pareció especialmente hermosa, por su forma y por la calma que me transmiten sus fotos, con una poza que imagino que podrá ser usada para pegarse un baño en la época de más calor.

Ojo Guareña. Ermita de San Tirso y San Bernabé
Pero no solo de cascadas vive el hombre... cogemos el coche y esta vez nos dirigimos hacia el oeste desde el valle de Ángulo, hacia Espinosa de los Monteros (pueblo con un buen albergue por si queréis dormir en la zona por muy poco dinero), y vamos algo más allá, al pueblo de Merindad de Sotoscueva. El nombre parece querer darnos la pista de que lo que vamos a ver por allí es una cueva, y así es... Ojo Guareña es el nombre del conjunto de cuevas de mayor longitud de España, superando, con todas sus conexiones, el centenar de kilómetros. Aunque a nivel turístico no tengan mayor relevancia las mismas, ya que apenas poseen formaciones (estalagmitas y estalactitas) recomiendo visitar la zona para admirar la singularidad de la ermita de San Tirso y San Bernabé. Esta ermita está ubicada en un hueco (diría que natural) de la roca, en un hermoso entorno. Pero si por fuera llama la atención, debo confesar que me enamoró más si cabe su interior, con bonitos frescos en la piedra desnuda que forma el techo del templo. Para la conservación de las pinturas no se permitía hacer fotos por dentro, y de hecho apenas circulan fotos por internet del interior, siendo ésta una de las pocas que he visto.

Castillo, en Cebolleros.
No acaban los lugares singulares en la zona, y es que si nos acercamos a Medina de Pomar (pueblo que merece un alto en el camino por su castillo), y nos vamos unos pocos kilómetros más al sur, en Cebolleros, encontraremos un sueño. El sueño de un tipo corriente, Serafín Villarán, de construir un castillo, se ve plasmado en los cantos rodados, dispuestos con esmero por él mismo y sus familiares, que siguen con la obra ahora que él ha fallecido. Como es natural, al ser algo privado, no se puede ver por dentro, aunque estas fotos de su sobrino en "flickr" muestran que el encanto va más allá de su exterior.

Terminamos la visita bajando hasta Oña, para lo que tendremos que gestionar las curvas del desfiladero de la Horadada, con el objetivo de visitar el inmenso monasterio del Salvador. Este monasterio, que el año pasado cumplió 1000 años de historia, es en la actualidad la sede temporal de la exposición de "Las Edades del Hombre", que muestra el rico y variado arte religioso de Castilla y León. Si se visita más allá de 2012 sigue mereciendo la pena verlo por dentro, entre otros, por su magnífico claustro gótico, un buen lugar para acabar esta segunda parte del periplo por el norte burgalés.

Claustro del monasterio del Salvador, Oña.

martes, 5 de junio de 2012

Picos de Europa (IV): Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu

Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu en la parte final de la subida a Vega Urriellu, cara norte
Con sus 2519 metros, este pico no es en absoluto el más alto del parque nacional ni del macizo en el que se encuentra, pero sin embargo es a buen seguro la cima más famosa de todos los Picos de Europa. El motivo está en su singular forma, una especie de tótem que parece dejado por los dioses en este lugar, algo así como una esbelta pirámide precolombina que, en lugar de escaleras, tiene enormes paredes difícilmente más verticales.

Esta cima forma parte de la historia del alpinismo español. Y es que solo pudo ser ascendida cuando ya la mayoría de las grandes cimas de los Alpes o los Pirineos llevaban décadas conquistadas. No se necesitan más que unas horas para llegar a su base desde los pueblos más cercanos, pero el problema se presenta al subir sus verticales paredes, ya que la más corta supera el centenar de metros y su dificultad es altísima. En 1904, el Marqués de Villaviciosa, don Pedro Pidal, y don Gregorio Pérez, el "cainejo" (por ser natural de Caín, León, el pueblo que protagoniza la garganta del Cares, de la que ya he hablado en este blog), consiguieron llegar a la cima sin material de escalada, con una modesta cuerda y en el caso del cainejo, incluso descalzo.

DESDE DÓNDE VER EL "PICU"


El "Picu" se encuentra en el macizo central de los Picos de Europa, en la vertiente asturiana de este conjunto de cumbres compartido por León, Cantabria y la propia Asturias. La cima protagoniza el que debió ser el mayor glaciar de los Picos de Europa, y sin otras cimas más altas que lo escondan, puede ser divisado desde diversos puntos. Paso a enumerar los más conocidos:

Picu Urriellu, orgulloso, desde el mirador de Carreña de Cabrales
- Mirador de Carreña de Cabrales: este pueblo, fuera de los límites del parque nacional y capital del municipio de Cabrales, tiene a las afueras un aparcamiento con una hermosa vista del Picu, en el que se le ve alejado pero completo.
- Mirador de Camarmeña: ya dentro de los los límites del parque nacional, esta localidad, que está colgada sobre Poncebos (final de la ruta de la garganta del Cares), ofrece una vista más cercana aunque algo "recortada", porque las estribaciones de Peña Maín impiden verlo mejor al estar ubicadas entre medias.

Mirador de Camarmeña
- Collado de Horcados Rojos: no es la mejor vista pero sobrecoge tanto o más que las anteriores. Si tenemos la suficiente energía para subir a este collado a unos 2350 metros de altura, al que se puede llegar tras un par de horas desde la estación superior del teleférico de Fuente Dé (en Liébana, Cantabría, zona a la que dediqué otro post en el blog), veremos la cara sur del Picu, la menos difícil de ascender, y parte de la oeste, la más espectacular.
- Vega Urriellu: sin duda la mejor forma de ver un lugar es posicionarse junto a él. Los aficionados a la montaña y a la escalada tienen la suerte de contar con un refugio en la base del Naranjo, a casi 2000 metros de altura, que está guardado de finales de mayo o principios de junio hasta el final del verano, aproximadamente. Este refugio proporciona la posibilidad de alojarse en él, así como comidas y servicio de cantina. Es una base excelente para escaladores o para simples aficionados a la montaña que deseen dormir en plena naturaleza, en un lugar mágico.

Ojo, porque el Naranjo, a pesar de su nombre, no se ve desde el pueblo de Bulnes, desde aquí habría que subir cierta altura para poder admirarlo.

Vista desde el collado de Horcados Rojos. El Picu es la cumbre más a la izquierda

CÓMO LLEGAR A LA BASE DEL "PICU": VEGA URRIELLU


- Desde Sotres: desde la carretera que viene de Poncebos, justo antes de llegar a este pueblo, uno de los más altos del parque nacional, una curva de herradura a la izquierda nos muestra una pista que baja a los "invernales del Texu". Por aquí podemos aparcar (aunque muchos lo hacen más adelante, lo cual en principio puede ser "multable"), y empezar a caminar por la pista hasta el collado de Pandébano, donde veremos la punta de la cresta del Naranjo. A partir de aquí una pequeña senda irá rodeando una cumbre menor, pasando por la Terenosa (donde el refugio homónimo, antes abandonado, ha sido recuperado y da servicio de bar, comidas y alojamiento), llegando hasta el collado Vallejo desde donde veremos ya toda su cara norte, aunque nos quedará la subida más dura. Finalmente, tras poco más de 1000 metros de desnivel y unas 4 horas de subida que pueden aumentar según la forma física de cada uno, habremos llegado.
- Desde Bulnes: esta localidad, la más escondida del parque, ya que no llega ninguna carretera ni pista hasta ella, es alcanzable con una precaria senda desde Poncebos, o bien con el funicular subterráneo abierto hace unos pocos años. Desde Bulnes, se puede subir por la canal de la Balcosín y la majada de Camburero (ruta de gran dificultad) o bien ir hasta el collado de Pandébano y desde ahí subir por el mismo sitio citado para ir desde Sotres. Esta segunda variante recorre más distancia horizontalmente pero salva el desnivel más poco a poco, bajando la dificultad. Tendríamos en ambos casos más de 1300 metros de desnivel.

Naranjo de Bulnes, al atardecer, desde Vega Urriellu. La sombra de otras cimas se refleja en su "barriguda" cara oeste, de 550 metros de altura
Dormir en Vega Urriellu es la mejor forma de descubrir por qué se llama "Naranjo" a esta montaña, que se tiñe de tonos anaranjados al atardecer, cuando su cara oeste, de unos 550 metros de vertical caída, nos dice "hasta mañana" en este rincón, tan agreste como bonito e inolvidable.