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miércoles, 28 de enero de 2015

AYAZ QALA: arenas rojas, yurtas y fortalezas de barro en el desierto de Uzbekistán

Campamento de yurtas de Ayaz Qala, con la fortaleza que le da nombre al fondo

Como alto en el camino entre tanta madraza y mezquita de color turquesa, bien puede valer esta escapada de una noche, que se puede hacer fácilmente desde la ciudad de Jiva (o Khiva), eso sí, con la ayuda de un guía. Comparado con el precio de visitar las ciudades, la experiencia de la yurta será más cara, pero merece la pena, y resultará más económica cuantos más seáis los que compartáis coche.


HACER EL KAZAJO (O EL KIRGUIKO) SIN PAGAR MÁS VISADOS, EN UZBEKISTÁN



Eso es dormir en una yurta. Como ya expliqué en otra entrada introductoria sobre Uzbekistán, el territorio en el que hoy está Uzbekistán es uno de los lugares de Asia Central donde la gente menos se ha dedicado al nomadismo; a eso se debe que sea más rico en arquitectura monumental que cualquiera de sus vecinos. Aunque naturalmente, cuando tienes 450.000 km2 de superficie, casi tanto como la España peninsular, no hay un patrón uniforme de comportamiento. También ha habido nómadas en Uzbekistán.

En las tierras que hoy ocupa Uzbekistán las principales poblaciones se colocaron cercanas a los ríos (Syr Darya y Amu Darya), y eso ayudó a que sus pobladores se volvieran sedentarios. Cosa que ocurrió en una media muy inferior en sus vecinos, como por ejemplo Kirguistán y Kazajistán, que seguían practicando masivamente el nomadismo cuando llegó el imperio ruso primero y los bolcheviques después.

Esqueleto de una yurta
Sin embargo, aprovechando el tirón turístico que puede tener el pasar una "noche nómada" evitando el engorro de tener que cruzar fronteras para ello, existen campamentos de yurtas en Uzbekistán, y son una buena opción para pasar una noche bajo las estrellas del desierto y conocer lo que es una yurta, aparte de acercarse a una de las características más singulares de la población de Asia Central, su carácter nómada.


¿QUÉ ES UNA YURTA?



Una yurta es la casa de la población nómada de Asia Central, siendo probablemente Mongolia su primera patria. Tiene un esqueleto hecho en madera, sobre el que se pone una cubierta gruesa que permite aislar térmicamente el interior, ya que en esa parte del mundo las temperaturas son muy extremas, tanto por calurosas en verano y de día como por frías en invierno. Por fuera son austeras pero por dentro se suelen decorar con telas de vivos colores, y su capacidad está pensada para una familia, pudiendo dormir en ella sin apreturas unas 6-8 personas.

Los turistas suelen dormir en ellas, al menos en la medida de lo posible, sin compartirlas con desconocidos. En nuestro campamento, cuando fuimos nosotros, había unas 10-12 yurtas montadas, y los turistas ocupábamos solamente 4. 

Interior de nuestra yurta comedor
Viendo cómo son me pregunto cómo los nómadas podían transportarlas... porque no tienen pinta de pesar poco precisamente.


¿DÓNDE DORMIR EN UNA YURTA?



Existen varios campamentos de yurtas en Uzbekistán, y el elegirlo dependerá de qué queramos hacer durante el tiempo que pasemos en ellos y de cuál nos interese más a nivel logístico para llegar. Los dos más populares son el de Ayaz Qala, que es en el que dormimos nosotros, que está junto a la fortaleza homónima, unos 60 kms. al norte de Urgench (100 desde Jiva), y el del lago Aydarkul, un pantano ubicado unos 160 kms. al norte de Samarcanda, cerca de la frontera con Kazajistán. En el primero, existe la posibilidad de ver el reducido lago Ayaz, y las diferentes fortalezas de barro de la zona. El segundo es una buena opción para pegarse un chapuzón en este país doblemente cerrado al mar.


¿CÓMO LLEGAR?



No hay transporte público para llegar al campamento de yurtas de Ayaz Qala, y la única opción posible es yendo en viaje organizado, sea en coche o en bus. Nosotros contratamos los servicios de un guía, que habla un español más que correcto, además de ruso e inglés como idiomas extranjeros. Disfrutamos mucho de su compañía y ayuda y os lo recomendamos, se llama Izzat Jumaniyazov y contacté con él con el mail khorezm@gmail.com.

Ayaz Qala, vista desde su lado sur
El viaje es algo más largo de lo que podría parecer por los baches de la carretera. Creo recordar que nosotros tardamos algo más de 2 horas en llegar desde Jiva (100 kms.). Con Izzat se puede contratar la visita a 3 fortalezas de barro de los alrededores (una visible desde las yurtas, el resto a varias decenas de kilómetros), la visita a 8 fortalezas o incluso el ir hasta Nukus (famoso por su museo de arte moderno) o Moynaq, para apreciar la huella del desastre ecológico del mar de Aral. Para esto último sería necesario pasar una noche más, sea en Moynaq, con escasas opciones de alojamiento, o en Nukus.

Nosotros solo cogimos el pack de las 3 fortalezas, ya que aunque yo tenía curiosidad por ver los barcos oxidados varados en el desierto que antes era un mar que daba de comer a los pueblos costeros, Moynaq está muy lejos y no nos motivaba lo suficiente hacer 400 kms. para ver un lugar pasto de la desolación, la contaminación o la emigración.

Lagartija típica de esa zona
El pack que se coja en el campamento de yurtas directamente, o a través de Izzat o algún otro guía, incluirá a buen seguro el desayuno y, si se desea, la cena de la noche anterior o la comida del día siguiente. Nuestro precio fue de 35$ por persona y noche incluyendo desayuno y cena. El desplazamiento va aparte, y en nuestro caso fue de 60$. Izzat se quedó allí a dormir.


¿QUÉ HACER? AYAZ QALA Y SU EXTRAÑÍSIMO LAGO



Desde el campamento de yurtas se ve la Ayaz Qala, situada a poco más de 1 kilómetro, que es un buen lugar para ver el atardecer. Este conjunto de fortalezas de los siglos III al VIII se sitúa en unas pequeñas colinas con espléndidas vistas en lo que es el principio del desierto de Kyzyl Kum; no muy lejos queda "Boston", el último pueblo, que nada tiene que ver con su homónimo estadounidense. Las construcciones, hechas de barro, mucho me temo que seguirán sufriendo el desgaste producido por las pisadas de los turistas, por lo que se pide caminar con cuidado. Sorprende ver que hace más de 1.500 años ya alguien poblaba estas áridas e inhóspitas tierras, en lo que parece que era una especie de territorio feudal.

Fantasmagórica planta convertida en escultura de sal. Lago de Ayaz Qala. El líquido junto a ella se supone que es agua
También visible y accesible a pie desde el campamento de yurtas (aunque en dirección opuesta) podemos disfrutar del extraño lago "Ayaz", o "Ayaz Qala". Y digo extraño porque tanto el viaje hasta él como el lago en sí fueron quizá lo más raro que vimos en Uzbekistán, teniendo en cuenta que cada día vimos cosas que nos parecieron muy extrañas. Para empezar, el lago parece cerca del campamento, y tiene una pista claramente definida que llega hasta él, pero no está tan cerca como parece, tardamos media hora solo en ir; yo me acordé de los míticos espejismos que se dice que se sufren en el desierto cuando fuimos hasta él. Además, la caminata la hicimos sin agua, ni sombrero, ni protección solar; eran las 9 de la mañana cuando comenzamos y la temperatura era agradable, pero enseguida nos dimos cuenta del error. El sol pica aun estando en septiembre y siendo esa hora, y el clima más seco que he sufrido nunca me hizo echar de menos algo de agua, que engullí al llegar a la yurta. Por último, decir que la caminata no la haces solo, no... ese desierto está lleno de vida, con lagartijas y moscas mostrando su presencia, las primeras corriendo según sienten que caminas junto a ellas, y las segundas molestando constantemente.

Otro detalle del color del agua de este lago
Cuando llegas al lago piensas: ¿qué es esto? Yo me sentí en el último rincón de la tierra. Aquello es una pequeña franja de agua de un color muy oscuro en la parte más profunda que tiende al color rojizo y luego marrón conforme la profundidad es menor. El agua debe tener un alto contenido en sal, y de hecho las orillas están llenas de sal, y me asusté al caminar por ellas y hundir los tobillos con mi peso. Para colmo, las plantas más cercanas al lago se han convertido en petrificadas estatuas de sal, configurando un lugar que es de lo más bizarro que he visto en toda mi vida. Al ver el lago entendimos que Izzat nos dijera antes que no era apropiado para el baño; da la sensación de que aquello es algún tipo extraño de ácido más que de agua, aunque el perro del campamento de yurtas, que nos siguió, se bañó con la naturalidad de aquél que lo hace todos los días.


OTRAS FORTALEZAS



El paquete que contratamos con Izzat incluía la visita a otras dos fortalezas, ya alejadas del campamento de yurtas. La primera fue la "Toprak Qala", la de mayor tamaño de todas y quizá la más impresionante. Las ruinas de este enorme palacio de barro de 350 x 500 metros, que según Izzat tienen más de 2000 años de antigüedad, empiezan inexorablemente a erosionarse, pero siguen siendo imponentes. Hay que pisar con cuidado para evitar incrementar ese deterioro. Izzat nos explicó a qué se cree que se dedicaban las estancias del palacio, debido a lo que nos ha llegado hasta nuestros días. Por ser más popular coincidimos en ella con dos autobuses de turistas y hay que pagar una pequeña suma por aparcar junto a ella, siendo la única fortaleza de las tres que no vimos en la más absoluta soledad.

La inmensa e impresionante ruina de Toprak Qala
A poca distancia de la Toprak Qala se llega a la Kyzyl Qala, una fortaleza más moderna, en cierto modo mejor conservada, pero por su edad de menor valor artístico e histórico. Datada en los siglos XIII y XIV, la "fortaleza roja", que es lo que literalmente, es otra muralla desdentada de barro a la que se puede entrar en total soledad (y abandono).


LA UNESCO Y UN POSIBLE FUTURO RECONOCIMIENTO



La Ayaz Qala y la Toprak Qala son las primeras fortalezas del listado existente en el desierto uzbeko que aspiran a ser patrimonio de la humanidad por la UNESCO, ya inscritas como candidatas. Sinceramente ese reconocimiento es de las pocas opciones que quedan para que estas fortalezas no desaparezcan víctimas del abandono y de la erosión natural o provocada por los todavía pocos visitantes que reciben. Espero que no caigan en el olvido.

Kyzyl Qala, con sus muros ruinosos de una decena de metros

domingo, 6 de mayo de 2012

Viaje a la India, día 6-2: Khuri, y cómo "chocarse" contra un árbol en el desierto


Puesta de sol en Khuri, en medio del desierto del Thar
A las 3 salimos hacia Khuri. Le pregunté a Noor por qué no íbamos a Sam, el sitio más típico para dar un paseo por las dunas del desierto, y me dijo que Khuri estaba menos masificado y no tenía nada que envidiarle. Viendo fotos de internet parece que Sam tiene más y mejores dunas aunque desde luego que Khuri, según nuestro libro, era un lugar mucho más tranquilo.

Por el camino vimos una de las imágenes típicas de este país, un autobús lleno con gente viajando incluso sobre el techo. Nos encontraríamos alguno más, y de hecho prácticamente todo los autobuses estaban preparados para tal efecto, con barras en el techo que sirven para que los viajeros se agarren, y con una escalera en la parte posterior. En esta ocasión hasta la escalera estaba ocupada...

Bus con viajeros sobre el techo, yendo de Jaisalmer a Khuri
Llegamos al pueblo, y había que pagar un peaje por entrar a él. El dueño del "complejo camellero" nos recibió y nos invitó a un té, mientras nos contaba lo que íbamos a hacer. Aproveché la espera para sacar alguna foto a la singular arquitectura rural del pueblo, con unas modestas casas con tejados de pajas secas que me recordaban a las pallozas de los Ancares. Los que quisieran podían dormir en ellas, o incluso en el desierto, con tumbonas y mantas, pero nosotros decidimos dormir de nuevo en Jaisalmer, y creo que fue un acierto (por lo que viene siendo el frío).

Al montar en el camello asusta la violencia con la que el animal se pone de pie. Recomiendan tumbarse sobre él para que el impulso no te asuste, porque puede parecer que vas a salir volando... una vez arriba, yo iba cómodo aunque Steffi se quejaba de que le dolía el culo :P

Mi camello bebe agua junto a las ramas resecas que me harían pasar 5 segundos horribles...
A medio camino entre el pueblo y la duna, los camelleros pararon junto a un pozo para dar agua a los camellos. Era nuestro 3er día en el desierto del Thar y yo no paraba de flipar con él... ya no solo estaba lleno de árboles, ¡¡sino que también tenía pozos!! Mi camellero soltó la rienda con la que guiaba y marcaba el ritmo a mi camello y me hizo un gesto que no entendí, porque apenas hablaba 4 palabras de inglés. Mi camello agachó el cuello para beber y cuando estaba acabando de beber el de Steffi, se echó a andar, solo, sin control. Yo me acojoné porque no sabía cómo reaccionar. Oí una carcajada de Steffi, que rápidamente se silenció cuando me vio pasarlo mal... y es que estaba junto a un árbol de ramas resecas y afiladas y el camello caminó hacia ellas. Por su altura, las ramas no molestaban al animal, pero sí a mí, que tuve que tumbarme y quitármelas como pude de la cara y del tronco, procurando al mismo tiempo no caerme del camello... por la altura a la que iba sentado una mala caída podría ser fatal, y con los medios sanitarios que me imagino que habría en ese país... fueron 5 segundos horribles en los que tuve tiempo de pensar en todo eso, pero por suerte el camello salió de entre las ramas y decidió no seguir andando. El camellero, con más pánico que yo, me preguntó que si estaba bien, y me pidió disculpas. Con el miedo en el cuerpo hice balance: una herida en la palma de la mano derecha y otra bajo la axila izquierda, de una rama que no pude apartar con las manos. La rama de la segunda herida me rompió también la camiseta. Pero no fue más. Todo quedó en un susto.

Mujeres con coloridos saris llevan provisiones sobre la cabeza
Seguimos el paseo, viendo curiosas escenas del Rajastán rural y profundo en el que estábamos, como mujeres con bellos saris llevando vasijas sobre la cabeza. Según íbamos avanzando los árboles dieron paso a los arbustos y finalmente en la duna ya no se distinguía ningún tipo de vegetación. Durante todo el trayecto los camellos no pararon de cagar (Steffi, que iba siempre la segunda, iba viendo las heces de mi camello) y de eructar tal y como lo habíamos visto en Bikaner, echando una extraña bolsa fuera de la boca y haciendo un ruido monstruoso. Steffi no paraba de reír cuando esto ocurría... aunque la vez que más se rió fue cuando oyó un eructo y ella soltó una pequeña carcajada, a lo que yo contesté: "Esta vez no ha sido el camello, ha sido el señor". Las posteriores risas fueron de campeonato.

El pueblo quedaba cerca y se veía, no nos sentimos en medio de la nada más absoluta como debe ocurrir en los paseos por el Sáhara o incluso quizá en el cercano Sam, pero disfrutamos al máximo de la experiencia. Total, al Sáhara pienso ir igualmente... en la duna no estábamos solos, otros grupos de personas comenzaron a llegar, e incluso había gente tocando música y un puesto ambulante que vendía snacks y bebidas, incluida cerveza. Por suerte la temperatura era perfecta, y como quedaba tiempo para que el sol cayera, nos pusimos a hacer fotos y a disfrutar del ambiente. Por el tamaño de la duna se podía elegir entre aislarse de la gente y disfrutar del lugar a solas, o estar con otras personas. Dos grupos de simpáticas adolescentes de la vecina región de Gujarat, que disfrutaban de sus vacaciones de fin de curso, se hicieron fotos con nosotros. También tuve tiempo de ser engañado por un músico con el que bailé, y que al darle la propina por tocar, se llevó más del doble de lo que había acordado darle diciendo que no tenía cambio... me sentó mal el engaño, pensé en ponerme violento con él, pero se me pasó pronto... llevarse mal rato por 40 rupias (0,70€) no merecía la pena. También tuvimos tiempo de dar 50 rupias a un chaval sin brazos que andaba mendigando en ese lugar. Al pobre tuve que meterle el billete en el bolsillo... verle me hizo pensar en lo indefensos que podemos ser los seres humanos sin brazos. Da pena ver gente así :(

Dunas doradas de Khuri, con turistas que suben a ver la puesta de sol
El sol cayó y sus tonos anaranjados nos permitieron hacer fotos preciosas, inolvidables. En la India aprendimos a valorar cada puesta de sol, porque fueron muchas las que vimos desde sitios espectaculares, y ese día teníamos un ejemplo. Cuando el astro rey se ocultó bajamos de la duna al pueblo, sin contratiempos. Al bajar de los camellos dimos 100 rupias (1,5€) de propina a cada camellero, a lo que el mío contestó con una gran mirada de sorpresa. Le pregunté que si era poco y me dijó rápidamente que no. Luego entendí que era todo lo contrario, un montón, porque esos paseos en camello valen unas 150 rps. por persona y encima después del accidente lo que menos se esperaba aquel hombre era encontrarse una propina generosa. Creí que después de 3 horas con nosotros (pasamos hora y media en la duna) 100 rupias no eran muchas, pero ya veis...

Nos habían dado la opción de cenar allí o de volver a Jaisalmer y hacerlo en la ciudad, y elegimos la primera opción. Previamente nos dieron un espectáculo musical, dado por un grupo de músicos que parecían una misma familia, sentados todos en una alfombra sobre el suelo, y dividido en dos partes: la primera era una música cantada por los artistas que me recordó al flamenco español, por el sentimiento que echaba el cantante. La segunda, también cantada, estaba protagonizada por dos hermanas adolescentes, con unos bonitos trajes llenos de lentejuelas, que bailaban de una manera que no se parecía a nada que hubiera visto antes. La mayor de las dos hermanas, que era la que mejor bailaba, hizo unos ejercicios de equilibrio espectaculares, llevando sin caerse hasta 6 vasijas, una encima de otra, sobre la cabeza, subiendo al mismo tiempo a estrechos objetos que le colocaban en el suelo o tumbándose a coger un billete del suelo con la boca... junto con Noor, que por una vez comió con nosotros, y un grupo de canadienses que iban a dormir allí, vimos todo aquello. Al final nos pidieron participar a nosotros también, y bailamos con las chicas, y como es normal hicimos el ridículo. Como era noche cerrada, las fotos que hicimos son más bien malas.

Bostezos simultáneos de nuestros camellos
La comida fue de buffet libre, con 5-6 platos a elegir, de cosas que ni acerté a saber lo que eran, a pesar de llevar ya casi una semana allí. El dueño del complejo se sentó con nosotros, nos preguntó que qué tal (le conté lo del accidente pero le pedí que no echara la bronca a mi camellero, porque no sé hasta qué punto fue culpa suya) y nos explicó el por qué de los "eructos con estómago fuera" de los camellos, lo cual nos hizo reír mucho a los cuatro... parece que es un arma de cortejo que usan los machos y justamente nos habían dado dos machos para hacer el paseo, y cuando uno eructaba el otro se picaba y lo hacía también... ¡INCREDIBLE INDIA!

Pagamos la cena, una propina a los músicos y nos volvimos a Jaisalmer. Fue nuestro único viaje nocturno en coche (no era nada recomendable porque hay gente que viaja sin apenas luces), pero a pesar de algún tuerto o algún coche con poca luz no pasamos miedo debido a que no había casi nadie en esa mini-carretera. Por el camino vi varias luces rojas que supuse que eran torres de control militares, y es que desde antes de llegar a Jaisalmer vimos mayor densidad de militares en la zona, por su cercanía al vecino Pakistán, enemigo de la India. En Khuri estuvimos apenas a 30 kilómetros de la frontera con Pakistán, y pensarlo me causó una sensación a medio camino entre estimulante y de miedo. Tampoco había que temer, en esa zona el desierto era una frontera natural excelente y Pakistán y la India están de acuerdo con las fronteras trazadas, no como sucede en la norteña Cachemira, donde 60 años después, sigue habiendo tensión y no hay acuerdo en absoluto sobre a quién pertenece esa región del Himalaya...

Llegamos al hotel cuando Jaisalmer ya dormía, e hicimos lo propio.

jueves, 12 de abril de 2012

Viaje a la India, día 5: Bikaner -> Jaisalmer (andamios indios, ¡qué miedo!)

BIKANER

Aquella noche dormimos como Dios. Era de prever, en aquella maravillosa habitación era casi imposible no dormir bien :) Durante el desayuno vi al camarero de la anécdota del día anterior, y con una sonrisa en la cara, le llamé "mister chocolate", a lo que él me contestó con una sonrisa a medio camino entre divertida y avergonzada. Un compañero suyo vio la escena y le preguntó con cara extrañada algo al camarero, me imagino que queriendo saber el motivo por el que le había llamado yo así :D

Laxmi Niwas Palace (Bikaner)
De lo más significativo de Bikaner, con permiso de algún templo jainista o alguna haveli menos conocida que no visitamos, nos faltaba por ver un palacio de la familia del marajá que ha sido reconvertido en hotel, o mejor dicho, en dos hoteles similares, ya que el edificio estaba dividido en dos mitades y cada una era un hotel, con 5* y un precio similar. Extrañado por esa aparentemente absurda división, le pregunté a Noordin y me dijo: "Business is business". Los dueños de los dos hoteles deben ser dos hermanos que por algún motivo prefirieron hacerse la competencia el uno al otro antes que trabajar juntos.

El edificio, como ya pasaba con el fuerte de esa misma ciudad, aparte de ser impresionante por tamaño y belleza con su estilo indostaní, estaba perfectamente conservado y enormemente limpio. Solo lo vimos por fuera, pero fue una gozada. Eso sí, esto es India, y si hay que limpiar una fachada, los andamios para hacerlo no son más que miserables palos unidos por cuerdas que me hacen pensar en lo peligroso que debe ser trabajar en la construcción allí...

Andamio indio en el hotel 5* de Laxmi Niwas (Bikaner)

DE BIKANER A JAISALMER

Nos pusimos en ruta, iba a ser el viaje más largo en distancia: 333 kms. Por suerte la carretera fue más que digna casi todo el tiempo y había poco tráfico. Si Bikaner estaba en el comienzo de zona desértica, Jaisalmer estaba en medio del desierto, y la carretera que llegaba hasta allí no era de utilidad para ir a casi ningún otro sitio. Incluso la frecuencia de pueblos atravesados por la carretera o de personas en las cunetas bajó considerablemente. Decir que Jaisalmer, además, está a unos 80 kilómetros de la frontera con Pakistán.

Paramos en Phalodi, una pequeña población de la que no tenía ninguna referencia y en la que no sabía que Noor iba a querer parar. Tomamos otro "masala chai" en un puesto de carretera que volvió a querer pagar Noor. Esta vez quise fijarme en el precio del mismo, por mera curiosidad, y me pareció ver que le dio 10 rupias por los dos tés (unos 0,15€) y todavía le devolvió dinero el tendero...
A las afueras de Phalodi fuimos a visitar un pequeño estanque que Noor nos recomendó ver por las aves que lo frecuentan. La experiencia fue dura, porque ya antes de bajar del coche, un grupo de unos 10 niños nos asaltó mendigando, y su aspecto era lamentable. Repartimos algunos juguetes que teníamos y unos carambars (un dulce francés parecido a nuestros "palotes" españoles). Noor, más acostumbrado, se ofreció a repartir nuestras cosas, enfadándose un poco con los críos más insistentes y ruidosos. Él se quedaría algún juguete también para sus hijos. Steffi casi se echa a llorar cuando vio que una niña no le pedía dinero ni dulces, sino champú... viendo su pelo, sucísimo, era más que comprensible. Al final el estanque no tenía nada que ver, al menos en ese momento, y la tranquilidad necesaria para disfrutar de un sitio así ni la intuímos. Nos fuimos entristecidos por no haber podido ayudar más ni haber previsto que algo así podía ocurrir en cualquier momento.

No nos fuimos de Phalodi, porque Noor nos recomendó ver un templo jainista allí, que sería el primero que íbamos a visitar. La cosa no empezó bien, porque el supuesto guía que nos iba a enseñar el templo quería que viéramos su tienda. Noor nos dijo que estuviéramos tranquilos, que no teníamos por qué comprar nada, solo mirar. Pero esto es el típico juego de que al mirar la tienda, para agradecerles el favor que te hacen de enseñarte un edificio, acabes comprando algo. Tenían figuras muy bonitas, pero al preguntar el precio de algunas, flipamos: nos llegaron a pedir 35-40€ por figuritas de unos 10 cms! Cuando les decía que no aceptaba ese precio, ellos me decían cuánto estaba dispuesto a pagar, y yo les decía que la sexta parte... evidentemente no hubo trato, si pensaban que estaba dispuesto a pagar bastante más que en España por eso (dos semanas de sueldo indio) lo tenían claro.

Templo jainista de Phalodi, con su "ama de llaves"
Nos enseñaron el templo jainista después, con una amabilidad que no desapareció por irnos de vacío de la tienda. El templo no era como nos lo esperábamos, estaba lleno de colores, de pequeños espejos que según nos dijeron eran importados de Bélgica. Nos recordó a alguna de las salas del fuerte de Bikaner, todo muy típicamente rajastaní.

Poco después, ya fuera de Phalodi, paramos a comer en un restaurante de carretera. Como en España, llegaría a la conclusión de que en esos restaurantes de carretera se suele comer peor y por más dinero que en las poblaciones, aunque por desgracia muchas veces no había opción. También aquí había bastante más personal del necesario, y muchos camareros estaban entretenidos viendo la tele o eructando (allí no se cortan al hacerlo, en absoluto). Pedí un thali que no me gustó mucho y la comida fue relativamente cara para lo acostumbrado allí (unos 10€ cada uno). En la tienda adyacente intenté comprar imanes de nevera pero me pedían tanto dinero como en España. Regateé pero no bajé de los 3,5€ y creí que podría encontrarlos más baratos, así que aunque el dependiente se excusaba ("no margin" decía, lo que significa: "no tengo margen para bajar más el precio") nos fuimos sin nada.

JAISALMER

Llegamos a Jaisalmer. La primera impresión es la de estar en una ciudad en medio de la nada, rodeados en varios centenares de kilómetros de ese especial desierto árido pero con árboles. Nuestro hotel, de nueva construcción esta vez, era muy chulo, aunque el acceso hasta él, por una calle sin asfaltar, diera otra sensación que se evaporaba al verlo por fuera y más aún al entrar.

Cenotafios de Jaisalmer durante la puesta de sol
Se nos acababa el tiempo, así que rápidamente fuimos a ver la puesta de sol junto a otro grupo de cenotafios. Como el resto de edificios de la ciudad, los cenotafios tenían un sugerente color dorado que cambiaba de tonalidad durante el atardecer. Ver el fuerte desde allí fue un lujo. Tiramos muuuchas fotos. Compramos varios paquetes de postales y nos hicimos fotos con un anciano que vendía coloridas colas de pavo real. A la salida, con el sol oculto, dimos un pequeño paseo por el bazar, que nos sirvió para darnos cuenta de que estábamos en un lugar mágico, el más mágico que habíamos visto desde que llegamos al país. Lo mismo hoteles de lujo que casas más modestas, muchos de los edificios del centro de Jaisalmer tenían fachadas muy trabajadas que parecían trabajos de encaje en la piedra. Según parece, el tipo de piedra, muy fácil de trabajar, ayuda a que los edificios sean tan bonitos. Además, el menor tamaño de la ciudad hizo que el tráfico fuera algo más tranquilo, aunque la calle del bazar era una ruidosa excepción, con numerosas motos siempre con prisa y personas andando que apenas pueden retirarse del medio. Los vendedores hablaban a todo aquel que pareciera extranjero, con insistencia y más o menos simpatía para intentar vender. Recuerdo como uno de ellos, al enterarse de nuestra condición hispano-francesa nos soltó frases en ambos idiomas para ganarse nuestra atención: "cool Raoul, ma poule", "c'est parti mon kiki" o "¡qué chulo, claro!".

Volvimos al hotel para cenar, y ya no nos moveríamos de allí. El restaurante era vegetariano, algo bastante frecuente en India, aunque el clima de Rajastán "obligara" a sus habitantes a ser más carnívoros que la media, pero con lo que no nos habíamos cruzado aún. No es que necesite comer carne a diario pero tampoco me molaba la idea de prescindir de carne, pescado y huevos (allí todos estos productos son considerados "no vegetarianos") durante todo el viaje. Las vistas del fuerte iluminado, aun estando un poco lejos, eran soberbias; con razón lo llaman el "gigantesco castillo de arena". Se notaba que estábamos en el desierto; las noches de Jaisalmer fueron quizá las más frías de todo el viaje, y aunque durante el día pudieras pasear en manga corta, cenando a las 9 de la noche en la terraza del restaurante (no había alternativa) tenías que ponerte un abrigo ya que andaríamos en torno a los 8ºC a esa hora ya.

Fuerte de Jaisalmer
La comida vegetariana de este lugar fue finalmente bastante rica, aunque el primer aspecto de una pizza con ingredientes como coliflor, sembrara cierta desconfianza. Además aprovechamos el pequeño alivio de comida india que significó el tener, aparte de pizzas, otras cosas más occidentales como espaguetis. Otra cosa era el servicio, regentado por unos inmigrantes nepalíes (con su característica mezcla de ojos bastante achinados y piel tan morena como la de los indios) con poco dominio del inglés que no se enteraban bien de lo que pedíamos. Pero con una sonrisa todo se "arregla".