Mostrando entradas con la etiqueta san petersburgo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta san petersburgo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de mayo de 2012

El sueño de un zar chiflado: SAN PETERSBURGO! (II)

(Segunda parte de la crónica de esta apasionante ciudad)

Iglesia de Chesma
Pedro el grande vivió en Amsterdam, y se cree que de ahí viene su admiración hacia Europa. En su nueva capital quiso que existieran canales, como ocurre en la ciudad holandesa, y esto ayudó también a drenar la pantanosa zona en la que hoy todavía está San Petersburgo. Y es obvio que esos canales dan un encanto innegable a esta "Venecia del Norte", apelativo que también se le da a la propia Ámsterdam, entre otras ciudades europeas. Pasear por los canales no es caro, y es otra forma de conocer la ciudad y de tener diferentes perspectivas de sus hermosos edificios. Los embarcaderos son frecuentes en diferentes puntos de la ciudad.


Puente sobre el Neva abriéndose durante la madrugada
Como ciudad con canales y un gran río, los puentes están por todas partes, y pueden ser por sí mismos un lugar más de interés, ya que en ocasiones están decorados. Recuerdo un puente con leones alados y otro con esculturas egipcias como los más peculiares. Los puentes sobre el Neva quedan abiertos en las horas centrales de la noche para dejar pasar grandes barcos, y la ceremonia de su apertura suele ser seguida por turistas y sus propios habitantes, aunque estos últimos pueden tener problemas para llegar a sus casas por este motivo.

La avenida del Neva, "Nevski Prospekt", es la calle más elegante de la ciudad. Junto a ella se alzan la catedral de Kazán o el almirantazgo, edificio amarillo de estilizada aguja que se ubica en uno de sus extremos. Esta calle, la típica para ir de compras, vertebra la ciudad, y otros edificios como el palacio de invierno y la catedral de la sangre derramada quedan cercanos a ella.

Canal de San Petersburgo
El ballet forma parte de la actualidad rusa, y su prestigio es de sobra conocido. El lugar más elegante en la ciudad para disfrutar de una sesión del mismo es el teatro Marinski, un edificio de alegre colorido verde en su exterior. Las sesiones de ballet tienen precios relativamente asequibles, comenzando en torno a los 20€ aproximadamente.

Y ya como curiosidades finales, tres lugares diferentes recomendables en la ciudad:
- la iglesia de Chesma: San Petersburgo es una de las ciudades más coloridas que conozco, y este edificio puede servir como broche final a ese "mundo de color" que es la ciudad. Pequeña y ubicada en un barrio ya a las afueras, esta iglesia llama la atención por sus originales formas y especialmente por su desenfadado color rosa, algo que hizo que yo la llamara coloquialmente "the Barbie's church" (la iglesia de Barbie). Me imagino una iglesia así en España... cursi u hortera sería de lo poco que muchos dirían de este simpático edificio :)
- la mezquita de San Petersburgo: este singular edificio es un ejemplo algo más moderno de las mezquitas típicas de Asia central, de países bajo la influencia rusa o no tanto, como Uzbekistán o Irán. Con unos característicos mosaicos azul turquesa en la fachada, los minaretes y la cúpula, da mayor diversidad si cabe a la arquitectura de la capital cultural rusa.

Detalle de la mezquita de San Petersburgo
- el crucero Aurora: en este barco comenzó la revolución bolchevique que cambiaría la historia. Hoy, atracado en un muelle, acoge a los turistas y muestra cómo era un barco ruso de principios del siglo XX.

Visitad San Petersburgo sin prisas, merece la pena. Y no solo por lo que aquí he escrito, sino por lo que aun se me pueda escapar, como ese arco del triunfo verde o esas estaciones de metro monumentales (no tantas como en Moscú, pero las hay) como la de Avtovo. Y si vais en torno al 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de verano, encima podréis disfrutar de un fenómeno único, ¡las noches blancas! Y es que San Petersburgo está tan al norte, que durante aproximadamente un mes (se nota más cuánto más cerca del 21 de junio vayáis por allí), el sol no se pone del todo y un cierto resplandor del astro rey hace que no llegue a ser nunca de noche por completo. Esta época coincide con uno de los momentos del año con mejor climatología allí, y con diversos actos culturales para conmemorar dicho acontecimiento. Yo, que estuve del 2 al 11 de julio, puedo decir que es realmente curioso y llamativo  ver las noches blancas aunque me pillaran ya en su fase final.

Arco de triunfo

lunes, 21 de mayo de 2012

El sueño de un zar chiflado: SAN PETERSBURGO! (I)

Corría el final del s. XVII y el zar Pedro el grande soñaba con agrandar su ya inmenso imperio. Una de sus metas era conseguir que Rusia tuviera salida al mar Báltico, por lo que centró sus esfuerzos en ganar ese territorio a Suecia, que por aquel entonces poseía el control en esa zona. En 1703 les arrebató una porción de costa báltica y se apresuró a fundar una nueva ciudad en ella: San Petersburgo. El nombre no es casual, ya que por un lado iba dedicado al santo de igual nombre que el zar, y por otro lado, el sufijo "burgo", típico de ciudades germánicas (los países eslavos suelen utilizar el sufijo "grado"), era un guiño evidente a Europa occidental, por la que sentía admiración el zar, y esa mirada hacia el occidente europeo marcaría a esta ciudad para siempre.

Catedral de la resurrección de Cristo o de la sangre derramada
El zar soñaba con hacer de esa ciudad su nueva gran capital. Se dice que nunca le gustó Moscú, su ciudad natal y capital rusa en aquel momento; de hecho, poco después de ser fundada la ciudad, creó una ley por la que se prohibía hacer edificios de piedra en cualquier lugar ruso que no fuera San Petersburgo, para promover, a la fuerza incluso, que muchos trabajadores y arquitectos fueran a trabajar a la nueva ciudad. Todo fue muy rápido, ya que en 1712, solo nueve años después de la creación de la ciudad, fue designada como nueva capital rusa. Y todo ello a pesar de que se ubicaba en un sitio que a muchos no agradaba y que provocó una alta mortalidad entre los obreros que participaron en su construcción; su situación, tan al norte y junto al mar, la hace muy fría y húmeda en invierno, cuando su puerto se congela (varios meses al año sigue estando congelado) además de contar con muy pocas horas de sol. El hecho de estar junto a la desembocadura del corto pero caudaloso río Neva hacía que el lugar fuera muy pantanoso y tuviera numerosos mosquitos en verano.

San Petersburgo es seguramente la metrópolis europea más moderna, y sin embargo su corta historia es apasionante, intensa como pocas. En 1917 sufrió la revolución bolchevique, que acabó con el zarismo y con la capitalidad de la ciudad, que por estar demasiado ligada a los zares, fue devuelta a Moscú. Incluso con su nombre, ya que como homenaje a Lenin pasaría a ser llamada "Leningrado" en 1924 (de 1914  a 1924 tuvo otro nombre más: "Petrogrado", menos alemán y más ruso, motivado posiblemente por el enfrentamiento de ambas potencias durante la I guerra mundial).
Y durante la segunda guerra mundial sufrió el que probablemente haya sido el mayor asedio conocido de la historia moderna. Durante casi dos años y medio Hitler sitió la ciudad, la bombardeó sistemáticamente y la privó de los bienes más básicos. Sin embargo resistió, y en enero de 1944, y tras varios cientos de miles de muertos, la mayoría civiles, el ejército nazi se retiró.
En 1991, caído el régimen soviético, sus ciudadanos decidieron volver al nombre inicial, aunque coloquialmente muchos acorten el nombre para llamarla simplemente "Píter" (españolización de "Peter", Pedro en inglés).


Catedral de San Nicolás

Hoy San Petersburgo es sin género de dudas la segunda mayor ciudad rusa, se le denomina su "capital cultural", y sigue siendo esa ventana a occidente que soñó su fundador. No quedan destrozos de su corto aunque turbulento pasado, y su ubicación ya no es tan lamentable como antes, e incluso le da parte de su encanto. Su densidad de edificios barrocos de un estilo único, a medio camino entre Europa occidental y el resto de Rusia, la hacen única en el mundo, y la UNESCO le ha otorgado merecidamente el título de "patrimonio de la humanidad". Ese toque europeo parece notarse en sus habitantes, y es que tras haber visitado Moscú, en San Petersburgo noté como la gente sabía bastante más inglés, y tenía sus ojos más puestos en la Europa que les rodea. Se nota que, por ejemplo, capitales como Helsinki, Tallin o incluso Riga están más cerca de San Petersburgo que la propia Moscú, y no solo geográficamente, sino en cierta medida también psicológicamente.

QUÉ VER EN SAN PETERSBURGO


El edificio más famoso de la ciudad probablemente sea el llamado "Palacio de Invierno", conocido hoy por alojar el "Hermitage", uno de los museos más grandes del mundo, y sin lugar a dudas el más famoso y carismático museo ruso. Este edificio barroco de corte italiano, de pintoresco color verde y blanco, fue el palacio real de los zares casi dos siglos, y es un símbolo de la opulencia de la familia real rusa, algo que acabaría provocando que su propio pueblo les ejecutara. Su ubicación magnifica más si cabe sus gigantescas dimensiones; con el Neva a un lado, y una enorme plaza al otro, uno se siente en uno de esos lugares desde los que se ha gobernado la historia de parte de la humanidad. Entrar al museo se antoja imprescindible, ya no solo por ver una de las mejores colecciones mundiales de arte, sino por disfrutar del interior de este suntuoso palacio real.

Palacio de invierno, hoy el principal edificio, que no único, del museo del Hermitage
Lo que más llamó mi atención al preparar la visita a la ciudad es su gran número de catedrales; de Moscú llevaba aprendido que a los rusos les gustaba mucho llamar "catedrales" a iglesias más bien pequeñas, no comparables a las españolas. Pero en San Petersburgo las catedrales sí responden al tamaño que por ejemplo un español pueda esperar de ellas, y la variedad de sus estilos es sorprendente. He aquí las mejores de la ciudad:
- San Pedro y San Pablo: esta catedral está ubicada en la isla en la que nació la ciudad, y al abrigo de la fortaleza que fue el embrión de la misma. De color amarillo, la ausencia de tráfico rodado hace que sus alrededores sean tranquilos, ideales para pasear. Lo más destacable, aparte de su bello interior, es la aguja dorada que corona el edificio, que hace que el conjunto supere el centenar de metros de altitud y  que sea, todavía hoy, el más alto en la ciudad.
- San Isaac: pasamos a una catedral neoclásica, que recuerda más a la catedral londinense de San Pablo que a cualquier edificio religioso ruso fuera de "Piter". Sus dimensiones la hacen una de las más impresionantes de la ciudad, y por dentro la suntuosidad abunda y nos deja con la boca abierta.
- Nuestra señora de Kazán: algo más modesta en tamaño, está situada en la avenida del Neva (de la que hablaré más tarde) y tiene una columnata que parece querer recordar a San Pedro en el Vaticano.
- San Nicolás: con unos simpáticos colores celeste y blanco, esta catedral, algo más desconocida, es una muestra del típico barroco de San Petersburgo.
- de la resurrección de Cristo: quizá la catedral más famosa en la ciudad y la favorita de los turistas, por ser la de apariencia más rusa de todas, con sus cúpulas con "forma de cebolla" de colores, que pueden recordar a la catedral moscovita de San Basilio. Su ubicación junto a un canal le da un atractivo extra. Se la llama también "de la sangre derramada" por estar ubicada en el lugar en el que fue asesinado el zar Alejandro II. Su interior, con modernos mosaicos en las paredes, es sublime.

Catedral de San Isaac
Y todavía hay otras catedrales más, de cierto interés, que en otras ciudades serían el monumento estrella, pero que en San Petersburgo tienen que quedar en un segundo plano. En mi visita, en muchas de las catedrales se exigía pagar para entrar, y los extranjeros pagábamos hasta el triple que los rusos, aunque normalmente vale la pena hacerlo. Recomiendo especialmente San Isaac y la catedral de la sangre derramada.

Continuará...