martes, 19 de abril de 2016

Encrucijada mediterránea: SICILIA

La mayor isla del Mediterráneo es un lugar fascinante. Casi permanentemente invadida, y además por civilizaciones tan dispares que van de los griegos a los aragoneses pasando por romanos, bizantinos, árabes y normandos, en ella se da una de las mayores concentraciones de patrimonio monumental del sur de Italia, solo con permiso de Nápoles y sus alrededores.

Templo de la Concordia, en Agrigento, que se conserva entero a pesar de sus 2700 años de historia. En primer plano una escultura moderna.
A caballo entre Europa y África sin pertenecer estrictamente a ninguna de las dos, y a medio camino entre el Mediterráneo oriental y el occidental, Sicilia puede romper los esquemas de los que ya se hayan paseado a lo largo y ancho de la Italia peninsular, si es que no eran ya suficientemente complejos.


ARQUITECTURA DE SICILIA, A TRAVÉS DE SU HISTORIA



Con contadas excepciones, como Paestum, que está en el sur de Campania (cerca de Nápoles), los mejores edificios de origen griego en Italia, y posiblemente del mundo fuera de la Grecia actual, están en Sicilia. Teatros como el de Siracusa o el de Taormina y templos como los de Agrigento nos han llegado en muy buen estado, casi intactos, y en ocasiones se mezclan con modificaciones posteriores hechas por los romanos. Porque como es natural, hasta aquí llegó también el imperio romano, y si no que se lo digan a la villa del Casale, en Piazza Armerina, con su nutrido repertorio de mosaicos.

Cae el imperio romano y le siguió el bizantino, cuya influencia se ve especialmente en el interior de edificios tales como las catedrales de Monreale y Cefalù, la sublime iglesia de la Martorana y la capilla Palatina, estas dos últimas en Palermo.

La Capilla Palatina, en Palermo, es uno de los mejores exponentes del arte bizantino existente en Sicilia
La historia siguió su curso, y los sarracenos invadieron Sicilia. Todavía hoy, tanto la gastronomía como la arquitectura presumen de cierto carácter árabe sin comparación en Italia; no en vano durante más de dos siglos fue parte de su territorio. En la primera disciplina se hace notar en el abundante uso de las berenjenas o las uvas pasas, amén de otros platos más descaradamente magrebíes como el cuscús, cuya variante de pescado es la más apetitosa. En el apartado arquitectónico queda reflejado en el carácter "mestizo" de algunos de sus edificios, en un estilo singular que, salvando las distancias, me recordó al mudéjar español: iglesias como San Giovanni degli Eremiti o San Cataldo presumen de unas cúpulas moras, y una obra cumbre como la catedral de Monreale también hace claros guiños al arte árabe, especialmente en el claustro. Un estilo árabe que en muchos de los casos se mezcla con el estilo normando, llamado así porque es el de los edifios creados durante la dominación normanda de Sicilia, que siguió a la árabe. Sí, yo también me preguntó cómo llegaron hasta aquí los normandos, un pueblo de lo que hoy es el noroeste de Francia, sin haber conquistado las tierras que median entre Normandía y el sur de la Italia actual.

Pero Sicilia es una isla compleja; cuanto más al este, más se diluye esa influencia árabe-normanda-bizantina en la arquitectura. Posiblemente porque el terremoto de 1693 destrozó la mayoría de ciudades de la zona, como Catania, Noto o parte de Siracusa, en esa tierra el barroco es el rey, ya que ese estilo era el que estaba de moda en la época en la que se reconstruyeron. El esplendor barroco es probablemente el legado patrimonial más visible de la época de dominación española, que abarcó cinco siglos si se incluye la de la corona de Aragón anterior a la creación de España como la conocemos hoy. Fachadas curvas, cóncavas y convexas, e interiores recargados en los que la decoración lo abarca todo son frecuentes especialmente en el sureste de Sicilia.

Claustro de Monreale, de estilo normando con claros guiños al mundo musulmán
Y para terminar esta rápida introducción a Sicilia, no podía faltar el Etna, su volcán por excelencia, venerado y temido, que lo mismo emana la lava con la que se hacen edificios que ha destruido ciudades enteras a capricho. Sus erupciones a corto plazo son demoledoras, pero a largo plazo dejan tierras sumamente fértiles en las que crecen árboles frutales o viñas, entre otros. Catania, Aci Castello o Randazzo son tres ejemplos de poblaciones que han usado la piedra volcánica en sus edificios.

De todas formas, el Etna es la montaña más famosa de una isla que sorprende por las numerosas montañas que tiene. Nada más llegar al aeropuerto de Palermo nosotros divisamos las primeras, junto al mar, y desde el tren se ve que la orografía del interior de Sicilia ha dejado pocos sitios planos para que se asiente la población, que tradicionalmente siempre se ha localizado, principalmente, en la costa.

La catedral de Catania, segunda ciudad siciliana, es uno de los ejemplos del arte barroco nacido tras el devastador terremoto de 1693

CÓMO LLEGAR



Con este resumen, no sería de extrañar que a uno le entraran las ganas de ir a Sicilia. ¿Y cómo llegar? La mejor forma es el avión; en la época de las compañías de bajo coste se pueden encontrar vuelos directos desde España, como los que ofrece Vueling a Catania y Palermo (desde Barcelona) o Ryanair (desde Girona). Aunque desde otros aeropuertos es probable que nos veamos obligados a hacer escala en alguna ciudad de la Italia peninsular.

El tren creo que no resulta lo más apropiado, ya que aunque se ofrecen trenes entre Sicilia y la península itálica, nadie nos libra de tener que cambiarnos a un barco para pasar el estrecho de Messina. Además, la gran distancia entre el sur de Calabria y las zonas más pobladas del centro o norte de Italia hacen que el viaje sea bastante largo, incluso aunque los trenes sean cada vez más rápidos.

Catedral de Palermo, con ese estilo normando tan personal
Existen rutas en barco; aparte de entre Messina y Reggio di Calabria u otras poblaciones calabresas, también entre Palermo y ciudades portuarias del centro-sur, centro y centro-norte de Italia, como Nápoles, Civitavecchia y Livorno respectivamente. Estas opciones pueden ser interesantes si uno quiere llevarse su propio coche para explorar la isla, pero poco prácticas en caso contrario.


CÓMO RECORRER SICILIA



La idea de alquilar coche en Sicilia no me hacía excesiva ilusión: por un lado incrementaba el precio del viaje y por otro los sicilianos no tienen fama de ser especialmente disciplinados conduciendo. Una vez estás allí ves que esta segunda afirmación es muy cierta; en Sicilia los coches solo paran en un paso de cebra cuando no hacerlo significa atropellar al peatón, y no tienen problemas en pasarte a escasos centímetros mientras cruzas, ni tampoco en aparcar sobre el paso de cebra o en cualquier intersección. No es un pueblo que trate demasiado bien a los peatones, y los semáforos son ignorados en cierta medida.
Otro inconveniente de moverse en coche es la carencia sistemática de sitio para aparcar de la que adolecen las ciudades sicilianas. Y no solo las grandes, en Agrigento, con solo 60.000 habitantes, vimos ya no doble fila sino incluso "triple fila".
Sin embargo, a muchas zonas rurales, especialmente del interior, solo se podrá ir en coche.

Teatro greco-romano de Taormina, con el Etna, parcialmente escondido entre nubes, al fondo
Nosotros nos movimos casi exclusivamente en tren y las sensaciones fueron positivas. Es cierto que no hay infinidad de trenes y que llegan solo a las poblaciones más grandes, pero para un viaje de 9 días nos apañamos bastante bien con ellos. Las principales líneas van de Palermo hacia el oeste (Trapani), sur (Agrigento), este (Messina) y sureste (Catania), con precios populares. La línea que recorre la costa jónica, de Messina a Siracusa pasando por Catania, también ofrece muchas frecuencias, y sirve para ver Taormina. Ojo ya que muchas estaciones, entre ellas precisamente la de Taormina, están mal ubicadas para ver la ciudad; esto se debe a que están o bien lejos, a varios kms., o bien con un elevado desnivel entre la estación y la ciudad. Aparte de Taormina, esto pasa en ciudades un tanto más secundarias en la demografía siciliana como Enna o Caltagirone, que yo me planteé visitar.

Las guías que nos llevamos al viaje insistían en que en la batalla entre el bus y el tren ganaba casi siempre el bus, teniendo precios similares y siendo más rápido que el tren. Nuestra experiencia, sin embargo, no me permite ver con tan buenos ojos al bus; no es más barato (es parecido o más caro) y en la mayoría de rutas no es más rápido. La ventaja que ofrece es que siempre está cerca del centro de las poblaciones y que llega a más lugares que el tren. Nosotros, que siempre hemos preferido viajar en tren frente a hacerlo en bus, dimos preferencia al primero salvo que no fuera recomendable.


CUÁNDO IR



Los propios sicilianos nos recomendaron no acercanos por allí en pleno verano. Es posible que en esta norma se puedan poner dos excepciones: la primera sería la costa, especialmente si vamos interesados en un turismo de sol y playa, como el que cada año, por ejemplo, llena Taormina y sus alrededores. La segunda excepción sería subir al Etna, ya que con sus más de 3.000 metros, el verano es sin duda la mejor época para subir hasta los cráteres a mayor altura sin quedarse "pajarito".

El interior es extremadamente caluroso y seco en verano. Estamos a la misma latitud que zonas españolas como Murcia o Almería, también famosas por esa rigurosidad en el clima en esa época.

Las laderas del Etna nos hablan de las múltiples erupciones del único gran volcán activo de Europa. En marzo todavía suele haber nieve
Sin ser tan frío como otros sitios de Europa, sí que quizá lo sea suficientemente como para no recomendar tampoco la visita en pleno invierno, que además suele ser la época de más lluvias.

Nos quedan entonces primavera y otoño, por norma general, como mejores momentos para abordar Sicilia. Por el tipo de bosque que tiene la isla, me atrevería a decir que el otoño no da el colorido que se ve en otras regiones más al norte, así que me inclino a creer que es mejor la primavera, con los naranjos y los limoneros con frutos, el campo con flores y el Etna con nieve. Nosotros fuimos a finales de marzo y aunque llevamos algo el abrigo y nos llovió ligeramente, en general las temperaturas fueron templadas y la lluvia, lo poco que hizo acto de presencia, fue en forma de chirimiri.

lunes, 8 de febrero de 2016

Lagos de película: EL VALLE DE BOÍ / LA VALL DE BOÍ + AIGÜESTORTES

Vistas del refugio Joan Calvell i Ventosa, con el estany Negre a sus pies y el macizo de Besiberri detrás, que supera por poco los 3.000 metros


LA NATURALEZA DEL VALLE DE BOÍ: AIGÜESTORTES



El parque nacional de "Aigüestortes y Estany de Sant Maurici" aglutina lo mejor del Pirineo. Con cimas que coquetean o ligeramente superan los 3.000 metros, es seguramente el territorio pirenaico con mayor concentración de lagos, llamados "estanys" en catalán, que se suceden en ocasiones a pocos metros unos de otros. Lamentablemente la codicia del franquismo por la generación eléctrica mediante pantanos, provoca que algunos se vean aumentados artificialmente por pequeñas presas (o no tanto), pero pese a eso, el conjunto es digno de elogio. Ya he estado dos veces y estoy deseando volver.

El parque tiene dos accesos principales, y de esa dualidad deriva su nombre, siendo el acceso occidental el valle de Boí (para ver Aigüestortes) y el oriental por el pueblo de Espot (para ver el lago de Sant Maurici / San Mauricio). Por ello, aquí nos centraremos en las dos excursiones que se pueden hacer fácilmente por el acceso occidental.

Uno de los brazos de la planicie de Aigüestortes, de aguas limpísimas
La primera da acceso al paraje de Aigüestortes, cuyo significado en castellano sería algo así como "aguas tortuosas". Para acceder deberíamos dejar el coche en un parking en la ribera de Sant Nicolau, remontando el valle desde la carretera principal unos pocos kilómetros más allá de los desvíos a Erill la Vall, Boí y Taüll. La excursión es larga en longitud pero sencilla por su poco desnivel. El primer gran hito de la misma es el lago o estany de Llebreta, un aperitivo de lo que nos espera después.

Seguimos subiendo por una sucesión de cascadas que alimenta al citado lago hasta llegar a una peculiar planicie (planell en catalán), extraña, que aloja Aigüestortes. El río de Sant Nicolau se divide en numerosos brazos de agua limpísima, con riberas pobladas de árboles, en lugar de formar un solo brazo como suelen tener los ríos. Una pasarela de madera nos permite adentrarnos y disfrutar un poco más de este fenómeno, constituyendo además una pequeña alternativa por la que hacer el viaje de vuelta ligeramente distinto al de ida.

Estany llong, el lago en el que muchos acaban la ruta que pasa por Aigüestortes
Un posible final a esta ruta está algo más lejos, en el lago o Estany Llong, que cuenta con su propio refugio. Este vistoso y "largo" lago (es lo que significa "llong") es sin embargo, uno de tantos lagos majestuosamente emplazados. En este caso se encuentra a 2.000 metros de altura casi exactos, y cuenta con 7 hectáreas de superficie.

Para nosotros la excursión no finalizó ahí, ya que nos vimos con ganas de subir a otro lago, el "estany Redó" (literalmente el "lago redondo"), un lago bastante más pequeño, que hace honor a su nombre, y donde disfrutamos de unos peces exfoliantes; mientras aguantamos con los pies en sus gélidas aguas una multitud de pequeños peces aprovechó para darnos mordisquitos y alimentarse de nuestras pieles muertas. ¡Y gratis!

Peces exfoliantes en el estany redó


EL REFUGIO JOAN VENTOSA I CALVELL: ALGO MÁS QUE UN CHALET CON VISTAS



La segunda ruta que hicimos en Boí es la otra gran ruta popular del valle: dejando el coche a los pies de la presa dels Cavallers llegar hasta el refugio Joan Ventosa pasando, aparte de por el embalse citado, por el estany negre, visible desde el refugio. Para ello hay que ir en coche hasta el fondo del valle, más allá de Caldes, y aparcar casi pegando al muro de la presa.

En esta ocasión la ruta, longitudinalmente es más corta, aunque no se hace menos dura sino casi al contrario. A excepción del rato que se rodea el pantano (por un camino no muy cómodo) no deja de subir apenas en ningún momento hasta el refugio, al que se llega tras poco más de 2 horas y media. Pero tampoco es nada del otro mundo, ya que no llegan a los 500 metros de desnivel los que separan el aparcamiento del refugio.

Subiendo hacia el lago /estany negre se tienen estas vistas sobre el embalse de Cavallers
Desde el refugio, donde gustoso me habría quedado a dormir (pero el viajar con el gato nos lo impidió), multitud de lagos quedan a tiro de piedra, y nosotros soñábamos con ir al lago / estany de la roca, llamado así por el gran pedrusco que emerge del centro de sus aguas, pero nuestra forma física y el sentido común nos lo impidieron. A cambio vimos otros lagos más cercanos e igualmente pintorescos.

Junto al refugio, todo un chalet en medio de la naturaleza, comimos disfrutando de esta joya del Pirineo.

sábado, 6 de febrero de 2016

Arte románico CON MAYÚSCULAS: EL VALLE DE BOÍ / LA VALL DE BOÍ

Torre de la iglesia de la Natividad, en Durro

Me mojaré al reconocerlo; el mejor lugar de montaña de Cataluña, y posiblemente de España, al hablar de reunir patrimonio cultural y artístico de primer orden junto a una naturaleza deslumbrante es el valle de Boí, en el pirineo ilerdense.

El conjunto de preciosas iglesias románicas en pueblecitos tranquilos, que es patrimonio de la humanidad desde 2000, está curiosamente a las puertas de uno de los tres parques nacionales pirenaicos y el único de toda Cataluña en el momento de escribir estas líneas: el parque nacional de Aigüestortes y lago de San Mauricio (en catalán y oficialmente "Parc nacional d'Aigüestortes i estany de Sant Maurici"), constituyendo así una pareja de atractivos que nos motivaron para pasar cinco intensos días en un puente de junio de 2015.

Montaje de vídeo y sonido realizado en la iglesia de Sant Climent de Taüll. Se retrata el soberbio pantocrátor. El original está hoy en el museo nacional de arte de Cataluña, en Barcelona


LOS PUEBLOS Y SUS IGLESIAS



Constituidos en un único ayuntamiento cuya capital es Barruera, la mayoría de pueblos tiene interés monumental, con núcleos típicamente pirenaicos (con casas de piedra oscura y tejados de pizarra) y una o dos iglesias románicas, de estilo lombardo, que hablan de la época en que la mayor parte de la Cataluña actual era musulmana y tanto aquí como en el resto de España los territorios cristianos se refugiaron en el montañoso norte, de Asturias a Gerona. Por suerte, a pesar del turismo cultural, natural y deportivo (el valle tiene espacio también para una pista de esquí: Boí-Taüll), los pueblos mantienen su personalidad.

La famosa iglesia de Sant Climent (San Clemente) de Taüll, con su fabuloso campanario
Los pueblos más interesantes, cuyo interés parece crecer cuanto más nos adentramos en el valle, tienen sus iglesias abiertas (en esta página se pueden ver los horarios y las tarifas) y se pueden visitar con entradas individuales o con un pack que las incluye a todas. Son los siguientes:
- Coll y Cardet: las iglesias de estos pueblos, con algo menos de vida que los que vienen a continuación, no las pudimos ver por dentro, puesto que estaban cerradas en junio. La de Cardet muestra la única espadaña del conjunto.
- Barruera: la capital del valle presume de tener la iglesia de Sant Feliu, que como casi todas las demás disfruta de buena iluminación para poder disfrutarla de noche. Ha sufrido modificaciones posteriores aunque su esencia sigue siendo románica, y su entrada está presidida por una bonita alameda.

La ermita de Sant Quirc, a las afueras de Durro, se conjunta magníficamente con el paisaje que le rodea
- Durro: en un desvío de la carretera principal, Durro es un delicioso pueblo que aglutina no una, sino dos iglesias patrimonio de la humanidad: la de la Natividad, en el centro del pueblo, y una pequeña ermita alcanzable tras un paseo a 10 minutos de la población (Sant Quirc). La fisionomía del pueblo parece no haber cambiado mucho desde hace siglos, ubicado en una ladera a casi 1400 metros y la iglesia de la Natividad, una de las más impresionantes del valle, es ejemplo del más puro románico catalán. Perderse por sus calles es un placer.

Iglesia de Erill la Vall
- Erill la Vall: en el fondo del valle, y al contrario de Durro, ubicado en un llano, Erill la Vall impresiona con su iglesia, que presume de una torre de seis pisos de altura, la más alta junto a la de Sant Climent de Taüll. La iglesia aloja un curioso descendimiento de Cristo de madera. Junto a ella se ha creado un centro de interpretación del arte románico del valle, para el que la entrada conjunta también da acceso. 
- Boí: el pueblo que da nombre al valle es quizá el que conserva un mayor conjunto de calles y plazas pintorescas, en las que caminar buscando perderse. Está en un desvío de la carretera principal que lleva también a Taüll, y aloja otra de las iglesias románicas del valle, la de Sant Joan.

Una de los pintorescos rincones de Boí
- Taüll: el último pueblo quizá sea el más famoso de todos ellos, por contar, como Durro, con dos iglesias patrimonio de la humanidad, aunque en esta ocasión ambas están en el núcleo urbano actual. La de Sant Climent (o San Clemente) es sin lugar a dudas el símbolo o emblema del valle (y uno de los símbolos de Cataluña), con sus proporciones, su esbelto campanario y sus frescos del interior, que aunque fueron trasladados al museo nacional de arte de Cataluña, en Barcelona, se recrean con un espectáculo de luces y sonido al que tenemos derecho con la entrada. Menos conocida, la iglesia de Santa María no desmerece a su famosa vecina, y preside la plaza mayor del pueblo. Callejear por en Taüll también es un placer.

Vista nocturna de la iglesia de Santa María de Taüll. Todas las iglesias cuentan con una excelente iluminación que permite verlas con otros ojos de noche
Decir que algunas de las iglesias conservan frescos (o reproducciones de los mismos, estando los originales normalmente en el MNAC de Barcelona) y en varias se pueden subir a los campanarios para tener otras vistas de los pueblos y del fabuloso valle en el que se encuentran. Eso sí, cuidado con no subir cuando vayan a dar las campanadas para no llevarse un buen susto :)

jueves, 3 de diciembre de 2015

Hay arte en el CINTURÓN METROPOLITANO de BARCELONA (II): parte sur

Tras una primera entrada dedicada a las poblaciones más interesantes del área metropolitana de Barcelona al norte de la capital, aquí tenéis esta otra dedicada a las poblaciones del sur:

Bodega Güell (Celler Güell en catalán), el desconocido edificio que Gaudí construyó en el pequeño pueblo de Garraf, es hoy un restaurante


SANTA COLOMA DE CERVELLÓ



Junto a Barcelona capital, pero fuera de ella, hay sitio incluso para un lugar patrimonio de la humanidad, como es la cripta de la colonia Güell, desconocida obra de Antoni Gaudí.

La colonia Güell fue una colonia obrera industrial, que de algún modo sigue activa hoy como atracción turística. El empresario Eusebi Güell, el mayor mecenas que nunca tuviera Gaudí, quiso construir algo así como "una ciudad industrial ideal", en la que las viviendas de los obreros estuvieran integradas en el conjunto junto a los talleres, así como otros edificios adyacentes como la citada cripta, que hace las veces de iglesia. Este edificio, sin duda el más destacable del conjunto, fue ideado como algo mucho más ambicioso, pero finalmente solo se realizó la cripta, ya de por sí una obra maestra por sus sinuosas líneas y sus llamativas vidrieras.

Cripta de la colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló
Para Gaudí, así como para los que desean estudiar su evolución, éste es un lugar destacado porque es el preámbulo de otras obras suyas posteriores, tales como la Sagrada Familia.

La colonia Güell tiene su propia parada en las línea S8, que va de la plaza de España barcelonesa a Martorell (también pasan por allí las líneas S4 y S33). No obstante, al estar esta en zona 2 de la TMB, yo recomiendo bajarse en la parada anterior (Molí Nou - Ciutat Cooperativa), porque es de la zona 1 y porque a ella llegan más trenes, y hacer el resto a pie, que es cosa de 10 minutos.

Actualización 2020: La parada de la colonia Güell, aunque está en zona 2, ya forma parte del área a la que se puede acceder con billetes de la zona 1 de transporte público.


GARRAF



Este pueblecito, que administrativamente pertenece a Sitges, está ubicado en una pequeña tregua que se dan el mar y el macizo montañoso del Garraf (que cae a plomo sobre el Mediterráneo durante casi todo el viaje entre Castelldefels y Sitges), y guarda uno de los edificios más desconocidos de Gaudí, el celler Güell (bodega Güell) hoy convertido en restaurante. Además, aquí se ubica también una de las playas urbanas más "coquetas" de los alrededores de Barcelona, con las pintorescas casetas de pescadores blancas y verdes en primera plana de un telón de fondo dominado por las montañas.

La playa de Garraf durante el verano, con las pintorescas casetas de pescadores, blancas y verdes
Garraf es la única población ubicada entre Castelldefels y Sitges, y tiene su propia parada en la línea de tren R2-sur desde Barcelona, estando en zona 2 de la red integrada de TMB y zona 3 de los trenes de cercanías (Rodalies). Para llegar hasta ella hay que sufrir casi la mitad del trazado de las curvas del Garraf, ya que la autopista de peaje que va hasta Sitges no tiene salida para el pueblo.


SITGES



La que probablemente sea la población costera más bonita de la mitad sur de Cataluña (excluyendo las capitales de provincia Tarragona y Barcelona, aunque en estos casos la belleza no está muy relacionada con el mar) está sorprendentemente solo a 35 kms. de Barcelona, aunque puede parecer mucho más lejos. El motivo es el bloque montañoso del Garraf, que la aleja de Barcelona y dificulta las comunicaciones con ella.

Sitges se ha hecho famosa en los últimos años por su conocida fama de población "gay-friendly", y de hecho la nutrida población homosexual se hace evidente al pasear por ella, haciendo que sea una especie de "Chueca de Cataluña". Además, el festival de cine fantástico que se celebra a principios de otoño, uno de los carnavales más concurridos de la zona y el hecho de ser un referente del turismo de sol y playa acaban de justificar la buena reputación de esta población.

Museo Cau Ferrat, en Sitges
Al margen de sus agradables playas, o del paseo marítimo coronado por la iglesia principal de la ciudad, ubicada en un promontorio, a nivel cultural tiene tres rincones muy recomendables para la visita: el palau (palacio) Maricel, el museo del mismo nombre y el museo Cau Ferrat.

La visita al palacio, cuyos encantos apenas se pueden intuir desde el exterior, es guiada y solo se puede hacer los domingos durante la mayor parte del año; en verano se puede visitar otros días (+ info aquí). Los otros dos museos son casi como uno solo, ya que están ubicados en el mismo edificio. En los tres casos las lujosas y bien decoradas estancias hablan de la vida de Santiago Rusiñol y Charles Deering, sus distinguidos dueños. Salas con nombres como "salón de oro", "salón azul" o el vistoso claustro nos dejaron maravillados, con el encanto extra de estar ubicadas casi casi colgadas sobre el mar.

Línea costera de Sitges

Sitges, está bien comunicada con Barcelona, pero por desgracia llegar es muy caro para la poca distancia a la que se encuentra de la capital catalana. En tren está en zona 3 del área integrada de TMB y en la zona 4 de la red de cercanías de Barcelona, y se va desde Barcelona en la línea R2-sur. En coche, hay que aguantar la complicada carretera de las curvas del Garraf, con mucho tráfico de coches y ciclistas, o la cómoda pero carísima autopista de peaje, por la que se piden unos 7€ por solo 16 kms (sin duda uno de los peajes más caros de España).


VILANOVA I LA GELTRÚ



Tras pasar por Garraf y Sitges, la siguiente población importante es Vilanova i la Geltrú, que también merece una visita. En esta ocasión, quizá sus encantos no sean tan evidentes, ya que nuestra visita se centró en dos museos: el famoso museo del ferrocarril de Cataluña, y el quizá más desconocido museo Víctor Balaguer. Aunque no lo hemos visitado, las fotos que se pueden encontrar por internet nos dicen que Vilanova también puede presumir de un agradable paseo marítimo jalonado por palmeras.

Interior del museo Víctor Balaguer, que tenía maneras de ciudad bastante más grande
Sin desmerecer al primer y más famoso museo, la sorpresa nos la dio el segundo, ya que nos pareció una interesante y ecléctica colección de pintura y escultura de la que ni siquiera habíamos oído hablar antes de ir, y a la que entramos simplemente porque estaba enfrente del museo del ferrocarril y su edificio nos llamó la atención.

El museo del ferrocarril es una de las mejores colecciones de locomotoras y vagones de tren de España, y están representadas todas las épocas de nuestra historia ferroviaria. Hay que recordar que la primera línea de tren de la España actual fue la Barcelona-Mataró, inaugurada en 1848 (Cuba, por aquel entonces provincia española, construyó su primera línea unos años antes).

Para llegar a Vilanova i la Geltrú precisamente en tren hay que seguir la misma línea R2-sur que lleva hasta Garraf y Sitges, siendo la siguiente parada tras estas dos si vamos desde Barcelona. Está en zona 4 de ambas redes de transporte, la de TMB y la de cercanías de Renfe. Como dije para Sitges, en coche hay que soportar las curvas de la carretera convencional o el caro peaje de la autopista.

Dos de los ejemplares de trenes más modernos del museo del ferrocarril de Vilanova i la Geltrú

lunes, 30 de noviembre de 2015

Un volcán multicolor, azufre y trabajadores incansables: el IJEN

Tras hablar del Bromo, no podía dejar de hablar de la otra zona volcánica de Java Oriental que visitamos, la del Ijen, igualmente inolvidable. Y a pesar de ser volcanes en ambos casos, son zonas muy distintas. Si bien en el Bromo el color que predomina es un gris oscuro, en el Ijen las tonalidades son más vivas y alegres, protagonizadas por el verde de los bosques que rodean el volcán, el amarillo del azufre que éste emite y el azul turquesa del agua del cráter. Puede parecer pintoresco, diría incluso que lo es, pero al mismo tiempo es un pedacito de infierno en la tierra, y explicaré más tarde por qué.

La caldera del Ijen, en una pequeña tregua que nos dio el humo
Pero empecemos por el principio.


¿QUÉ ES EL VOLCÁN IJEN Y DÓNDE ESTÁ? OS AYUDO A LLEGAR.



El volcán Ijen, o "kawah Ijen" en el idioma local, es un volcán en el extremo oriental de la isla de Java (Indonesia), famoso por su belleza y por los trabajadores que sacan azufre de él. Se encuentra situado cerca del estrecho que separa Java de Bali, aproximadamente a poco más de una hora en autobús del puerto javanés para ir a Bali (Ketapang), a pesar de que la carretera tiene su tramo montañoso.

Para llegar hasta allí, lo más común es contratar los servicios de una agencia que ofrezca un paquete para ver el Ijen desde Bali o Yogya. El paquete más común (que nosotros cogimos) es el Yogya - Bromo - Ijen - Bali en 3 días y 2 noches, pero existen otros, por ejemplo volviendo a Yogya o empezando y acabando en Bali, o desde Surabaya... nuestro paquete nos costó poco menos de 100€ por persona, lo que es un precio estándar, e incluía las 2 noches de hotel con desayuno y los maratonianos traslados: Yogya - Bromo (en tren y en todoterreno), la visita al Bromo, Bromo-Ijen (en minibús), los traslados para ver el Ijen y luego el viaje Ijen - Ketapang más el barco; no incluía el traslado en Bali desde Gilimanuk hasta la zona turística de la isla (que son unos 130 kms. por los que pagamos 35€ entre los dos aproximadamente por un coche privado). Hay agencias que sí incluyen este desplazamiento, tenedlo en cuenta.

Un par de aventureros con sus mascarillas. La mía me quedaba pequeña (no están acostumbrados a mi tamaño) y me hacía un daño...
Una vez allí nos ofrecieron dos posibilidades: subir al amanecer (cita a las 4 de la madrugada) o poco después de la medianoche. La segunda opción permite ver el llamado "blue fire", una extraña reacción natural que se ve en el volcán, una luz azul que emite y que solo se puede ver con noche cerrada. Sobre el "blue fire" hay desde gente que lo encuentra fascinante a otros que les decepciona. Pero cansados de ya dormir solo 5 horas la víspera por ver el Bromo y por las 6 horas de viaje en bus, finalmente nosotros decidimos pasar del "blue fire". Decir que verlo es algo más caro que ir al amanecer, ya que hay que pagar un guía que es solo "optativo" si subes al amanecer.


VISITA AL IJEN



Se sale a las 4 de nuestro hotel (del que hablaré después) y uno cree que en apenas unos pocos minutos llegará al lugar desde el que empezar a subir, pero no; necesitamos unos 45 minutos en el minibús para llegar a su base. Las carreteras secundarias, a veces llenas de baches y el paisaje tropical pero de montaña tienen la culpa, aparte de una distancia que era mayor de lo esperado (estimo que sí que había 20-25 kms.). El bus nos dejó en el parking, y desde ahí hay que empezar a subir a pie.

Quizá sea que estamos acostumbrados a las rutas de media y alta montaña, pero no encontré que la ruta fuera tan difícil como comentan algunos viajeros, pero desde luego tampoco es "regalada". Hay que subir unos 400 metros de desnivel que nosotros recorrimos en 75 minutos aproximadamente, no sin parar de vez en cuando para recuperar el aliento. Justo al empezar la subida se nos "pegó" un local que decía trabajar llevando azufre (cuando nos enseñó sus músculos de la espalda nos quedó claro que lo hiciera aún o no desde luego que lo había hecho), con un inglés muy limitado pero una sonrisa perenne. Cuando estábamos a unos 10 minutos de la cresta del volcán nos dejó unas mascarillas que llevaba muy a mano y que agradecimos ya que el hedor empezaba a hacerse muy desagradable.

Una vez en la cresta te sacude la visión de ese paisaje extrañísimo, amarillo, gris, azul... y la nube fétida te llega de lleno. Puedes empezar a bajar por donde lo hacen los trabajadores del azufre, un camino deplorable en el que no es difícil tropezar y caer, que si para nosotros suponía un riesgo, imaginaos para la gente que sube con 80 kgs. de peso en sus espaldas. Y cuanto más bajas, más espectacular es la visión de la fumarolas, del azufre amarillo solidificado que generan, y más te haces a la idea de que estás en un pintoresco pedacito de infierno en la tierra.

Uno baja hasta donde quiere bajar. A pesar de la toxicidad del aire del lugar, y de haber letreros advirtiéndolo, mi sensación fue que podríamos haber bajado hasta el punto mismo en el que se saca el azufre. Ningún letrero nos prohibió continuar, y desde luego que nuestro guía no mostró reparos en llevarnos hasta las mismas bocas del infierno, por donde el azufre sale a altas temperaturas. Pero por desgracia no teníamos mucho tiempo, solo nos dejaron 2:30 h. en el Ijen (lo que es claramente insuficiente) y nos daba respeto bajar hasta casi el nivel del "agua", así que dimos marcha atrás.

Vista de la caldera del Ijen con lo que le ha hecho famoso: su azufre y su caldera de color turquesa
De vuelta a la cresta, nuestro guía se despidió de nosotros, pidiéndonos las mascarillas y la propina. Yo pensaba darle 100.000 rp (unos 6,5€) pero cuando iba a sacar el billete de 100.000 casi me sacó de la cartera junto a él un segundo billete de 50.000 rp (lo cual sumaba casi 10€). Me quedé paralizado con su descaro, pero no reaccioné. Casi 2h. de compañía no solicitada (aunque reconozco que nos facilitó la vida) por 10€, que es lo que más o menos consiguen en un día completo cargando azufre, lo cual significa unos 4 viajes. No me extraña que cada vez más trabajadores abandonen la rutina de la carga del mineral por un turismo cada vez más numeroso y que sin duda les permite sacar más dinero con menos esfuerzo.

Caminamos unos minutos por la cresta, pero el reloj no nos daba para más. Una lástima, ya que en el punto en el que estábamos, el humo se dirigía a nosotros y las fotos son, por tanto, mejorables. Caminar 15 min. por la cresta nos habría valido para evitar el humo en las fotos y sacar de forma más nítida el fabuloso azul turquesa del lago, tan bonito como letal: en 2008, el científico canadiense George Kourounis midió su pH y dio como resultado un 0,5, algo similar al ácido de una batería de coche. Vamos, que parece agua pero en buena medida debe ser ácido sulfúrico. El intrépido investigador incluso se atrevió a navegar en canoa por el lago y a mostrar el poder de acidez del líquido sumergiendo una lata de refresco en él, que se empezó a disolver al instante. Tenéis más fotos de su experiencia aquí.


LOS TRABAJADORES DEL IJEN



Sin lugar a dudas, estos superhombres de pequeño tamaño, son otro de los motivos por los que merece la pena visitar el Ijen. Se mueven a diario en uno de los lugares de trabajo más hostiles del mundo, no llevan apenas protección frente a la toxicidad del humo que inhalan (un pañuelo húmedo que se ponen en la cara, o ni eso), y que se les solidifica en el pelo, y llevan por un camino de cabras un peso a sus espaldas que supera con creces su peso corporal. La media de peso que llevan anda en torno a los 80 kgs. y teniendo en cuenta que medían de media 1,55-65 m. aproximadamente y que estaban delgados estimo que no llegaran a los 70 kilos. Toda una especie de "sherpas" a la javanesa.

El interesante reportaje que hizo Jon Sistiaga en la zona (aunque sensacionalista en exceso) mostraba la adaptación que el ser humano hace a ese trabajo. Estos mineros desarrollan al extremo el músculo trapecio, en la parte superior de la espalda, para hacerse inmune al esfuerzo de transportar sobre él 80 kgs. de peso. Incluso se les desarrolla un pequeño canal por el que pasan la vara de madera que une los dos canastos en los que llevan el azufre. El crujido de la tabla que une los canastos era peculiar y claro, les seguía allá donde iban, como si fueran gatos atados a un cascabel.

Un servidor con nuestro guía (derecha) y el primer trabajador cargado que nos cruzamos (centro). Yo soy grande (mido 1,90) pero prometo que ese obrero no llegaba a 1,60. Pero iba aparentemente sobrado como para dedicarnos una foto y unos segundos de su tiempo
A pesar de la dureza de su trabajo, se producen dos situaciones paradójicas: la primera es que aunque el sueldo es miserable, 300€ al mes por sacar un azufre que llegará a Occidente costando 15 veces lo que pagaron a los mineros por él, este sueldo es muy superior al sueldo medio en esa zona del mundo (que estimo que puede ser de la mitad de dinero), por lo que hay gente que teniendo otro trabajo lo deja por hacerse minero.
La segunda situación paradójica es que uno podria pensar que el humo inhalado a la larga acorta la vida de estos intrépidos currantes. Y eso dicen muchas de las webs que he visto; sin embargo, un estudio reciente decía que la salud de los trabajadores es mejor de lo que cabría pensar, y que incluso su esperanza de vida es superior a la del indonesio medio. ¿Por qué? Parece que el esfuerzo físico que hacen a diario les mantiene en forma y eso compensa la toxicidad de los gases que respiran a diario. Ni que decir tiene que muchos indonesios llevan una vida tan sedentaria como la que podamos tener aquí en Occidente, y diría que es uno de los países más fumadores del mundo; la mayoría de hombres fuma, que no las mujeres (pasa como en España hace 60 años). No me atrevería decir qué humo es más tóxico, si el del tabaco o el del volcán, aunque algunos mineros prefieren no elegir y hacen su trabajo con el pitillo en la boca.

Como curiosidad, en la propia caseta en la que se pesa el azufre y se paga a los trabajadores por él, se venden figuritas, con motivos infantiles, hechas con el azufre extraído, por apenas 1€. Nosotros nos trajimos un par de ellas que ahora decoran el salón. Jamás pensé que el azufre pudiera tener usos decorativos :)


DÓNDE ALOJARSE



Como pasaba en la entrada referida al Bromo, al llegar con una agencia no pudimos elegir el alojamiento. Nuestro hotel asignado era el Arabica homestay, y nuestra experiencia fue tan mala como la de otros viajeros en ese hotel. Lo peor de todo es que les da igual; no tienen apenas competencia y las críticas negativas que se acumulan en internet no les preocupan demasiado. Quizá si algún emprendedor se atreviera a ofrecer algo mejor por el mismo precio en esa zona...

No vimos el lugar de día, así que no pudimos juzgar uno de los pocos puntos positivos que se destacan: el emplazamiento natural y sus vistas. Lo demás todo mal. A pesar de que el propietario de nuestro hotel en Yogya nos dijo que avisáramos de que íbamos de su parte, que él iba a visitar el hotel poco después y que si no quedaba satisfecho buscarían otra cosa, nos dieron como bienvenida una habitación lamentable: el WC no iba, había espacio justo para las dos camas, las paredes eran de uralita (en mi vida he visto algo semejante) y hacía frío dentro. Nuestra sospecha es que esas habitaciones están pensadas para los conductores (pero no se las deseo a ellos tampoco) más que para los clientes. Nos quejamos y conseguimos al menos que nos pasaran a una habitación triple en la que el WC funcionaba y teníamos el doble de superficie, pero el resto era igual de triste.

Los tubos por los que el volcán emana el azufre, en plena actividad
En el restaurante, de una escueta carta hubo que descartar parte del menú porque de eso no tenían, por lo que al final casi casi comimos lo que había. Fue uno de los peores restaurantes de todo el viaje, sino el peor.

Resumiendo: a evitar a toda costa. Aunque la incomodidad mereció la pena por ver este impresionante lugar. Entre dormir y verlo y no verlo por no dormir allí, recomiendo la primera opción.

Aparte de un paisaje impresionante, es una muestra etnológica fascinante, un lugar donde el ser humano parece ir más allá de sus límites.

martes, 3 de noviembre de 2015

Amanecer entre volcanes humeantes: parque nacional de BROMO TENGGER SEMERU

La visita a este parque nacional es sin lugar a dudas uno de los platos fuertes de una visita a Java, y me atrevería a decir que al conjunto de Indonesia. Con permiso de los espectaculares volcanes de Kelimitu, en la isla de Flores, y Rinjani en la de Lombok, la zona del Bromo completaría ese poker de ases de la geografía volcánica del archipiélago. Un paisaje de otro planeta que maravillará hasta al más escéptico.

El Semeru, el volcán más alto de Java, nos dedicó esta humareda de la foto, al fondo. En primer plano, un tanto cortado, el Bromo soltando mucho más humo


¿QUÉ ES EL BROMO?



El Bromo podría ser solo uno más de los muchos volcanes de Java. Es relativamente bajito, pues no llega por poco a los 2.400 metros de altura, pero ha alcanzado gran fama en el mapa del viajero a Indonesia por el entorno que le rodea, el parque nacional Bromo Tengger Semeru, del que él es solo uno de sus conos volcánicos. Como recordar esos tres nombres no resulta sencillo, la gente se suele referir al parque como la "zona del monte Bromo".

El Bromo impacta por el humo que emana, por el campo de ceniza volcánica que lo rodea, y por las fabulosas vistas suyas que se pueden apreciar desde otro monte cercano, el Penanjakan, que incluyen al "primo discreto" del Bromo, el monte Semeru, que también humea ocasionalmente y que con sus 3.667 metros de altura es la montaña más alta de la isla de Java.


LA EXCURSIÓN AL BROMO, CON UNA AGENCIA



La mayoría de los viajeros llegan a la zona del Bromo con los servicios de una agencia, normalmente contratada en Yogya o Bali, y sinceramente veo complicado poder disfrutar del lugar sin su ayuda. La zona, además de montañosa, es claramente rural, para llegar a los sitios de los que voy a hablar hay que circular por pistas forestales sin asfaltar o por carreteras estrechas, y el transporte público es escaso cuando no inexistente.

Panorámica más amplia de la vista desde Penanjakan: el Bromo, pequeño, echando humo a mano izquierda, así como el alto Semeru al fondo
En estas excursiones, lo más criticado por los viajeros suelen ser los hoteles. Frente a la dura competencia entre hoteles en lugares como Yogya o no hablemos ya de Bali, los escasos hoteles de la zona del Bromo suelen ser mediocres, con malas críticas en internet, y hacen gala a veces de una picardía que no resulta agradable. La baja competencia y la belleza de la zona en la que están les permiten vivir muy bien a pesar de ello. Aunque nosotros en el Bromo tuvimos suerte: nos tocó el hotel Cemara Indah, que goza de unas vistas muy buenas en la zona, donde dormimos decentemente, y además cenamos muy bien (de los mejores sitios en Java). Es cierto que el hotel es antiguo, sin muchas comodidades, y en nuestro caso dentro de la habitación se colaba el frío (por un hueco que dejaba la puerta), pero lo que he leído sobre otros sitios me hace sentir satisfecho con este hotel; era el mal menor.


CÓMO LLEGAR



Decir que para llegar hasta aquí nosotros tuvimos un largo trayecto en tren hasta la población de Probolinggo (9 horas desde Yogya), incluido en el precio por nuestra agencia, al que sigue una vez que llegas un extra de hora y media subiendo en coche desde la costera Probolinggo, junto al mar, hasta Cemoro Lawang, que está a 2.217 metros de altura. La alternativa a este trayecto en tren es hacerlo en minibús, pero nosotros preferimos el tren, ya que el minibús no tiene rival para ir posteriormente al volcán Ijen y ese volcán era la siguiente etapa de nuestro viaje.

Junto al clásico pack Yogya - Bromo - Ijen - ferry a Bali que cogimos nosotros, se ofrecen otros para aquellas personas que deseen otro tipo de excursiones, ignorando el Ijen, regresando a Yogya, o acabando en Surabaya. También son clásicas las excursiones desde Bali, que en ocasiones se hacen sin siquiera pernoctar en Java (nosotros dormimos en Java para ver estos lugares y lo recomiendo para disfrutarlos con bastante más calma).


VISITA AL ENTORNO DEL BROMO



Normalmente la visita comienza llegando la noche anterior al "espectáculo", y alojándose en alguno de los hoteles del pueblo de Cemoro Lawang, posiblemente el más cercano al monte Bromo. Al día siguiente, se ofrece al visitante acudir a ver el amenecer en la cima del monte Penanjakan, a 2770 metros de altura. 

Vista al amanecer desde el monte Penanjakan
A las 3:30 de la madrugada nos recogió nuestro chófer en un todoterreno para que, junto a otros 4 guiris, fuéramos al Penanjakan, la montaña fea de la zona que permite la mejor vista sobre las montañas bonitas. Una vez todos recogidos de nuestros respectivos hoteles, fuimos para allá. Se aparca como se puede en la cuneta de la carretera que va al monte, y en nuestro caso todavía tuvimos que caminar otros 5-10 minutos para llegar al mirador. La afluencia de visitantes es masiva, se nota la popularidad del lugar y encima nosotros llegamos de los últimos, pero si te sabes mover puedes disfrutar sin problemas del espectáculo, aislándote de la gente. Mirando hacia el sur, a partir de las 5 de la madrugada (a finales de agosto) empezó a hacer acto de aparición el sol por nuestra izquierda (el este), mientras que la vista sobre el Bromo y el Semeru estaba al oeste. Entre ellos, una ligera neblina tapaba el resto del valle en lo que parecía una fina capa de lino o algodón. Todavía hoy no sabría decir qué porcentaje de la neblina era simple vapor de agua o alguno de los gases que emanaba el Bromo. Para darle mayor magia al lugar, durante unos segundos, el Semeru se puso a humear. Los tonos rojizos del sol del amanecer nos dieron las fotos que veis como resultado.

Es cierto que he visto muchos más atardeceres en lugares increíbles que amaneceres. Y éste es sin duda el mejor amanecer que yo haya visto nunca. Si fuera un atardecer tendría más competencia. Por razones ambientales y logísticas, en Indonesia suelen venderte más, para casi todos los sitios, ir al amanecer que al atardecer a esos sitios con vistas; y el esfuerzo es duro porque el madrugón es de antología, pero merece la pena.

Una vez el sol ha salido por completo, a una hora especificada previamente por el chófer, se baja al coche de nuevo. Fuimos llevados a un inmenso campo de ceniza volcánica a los pies del volcán Bromo, el que se veía desde el Penanjakan, y allí nos dieron tiempo libre durante algo más de una hora para que fuéramos a la cresta del cráter. Para ello hay que subir un camino junto a muchas otras personas, en un paisaje que no parece de este mundo, y que cuando más se empina se convierte en una larga escalera que lleva hasta la cima. Desde ahí se siente el volcán, y se aprecia su actividad. El suelo tiembla ligeramente, el ruido apenas permite oír a las personas que tienes al lado y el hedor a huevos podridos no permite pasar mucho tiempo allí arriba. Las vistas desde la cresta sobre el campo de ceniza son espectaculares, máxime cuando el día que estuvimos se mantuvo la fina capa nubosa que ya quedaba a la vista desde el Penanjakan, y que tapaba parcialmente el suelo. Las fotos hablan por sí solas.

Vista hacia la escalera y el mar de cenizas desde lo alto del Bromo. Se aprecia la bruma entre nuestra posición y el suelo

Tras disfrutar del Bromo de cerca y del campo de cenizas, toca volver a subirse al coche y regresar al hotel. Allí desayunamos de forma contundente (un buffet libre bastante completo) y poco después recogimos para irnos a nuestra siguiente aventura, que era otro volcán: el Ijen. Pero eso es ya harina de otro costal.


CURIOSIDADES / RECOMENDACIONES



- No se da de desayunar hasta el final de toda la visita, cosa que en nuestro caso fue entre las 9 y las 10, por lo que recomiendo llevar algo de comer porque por mucho que emocione el entorno, esas 6 horas sin ingerir alimento desde que te levantas de la cama no van a resultarle indiferentes a nuestros estómagos.
- Es probable que alquiléis abrigos a alguno de los lugareños, puesto que aunque estamos junto al ecuador, la altura provoca que las noches sean bastante frías, rozando los 0ºC. Los locales saben que la mayoría de turistas no van a meter un abrigo que les ocupe media maleta solo para un día, por lo que lo alquilan por un módico precio (2,5€) que sin embargo les hace sacar un jugoso sobresueldo, ya que estimo que en menos de un mes tienen el abrigo amortizado. A nosotros nos lo ofrecieron al minuto de bajarnos del coche en Cemoro Lawang. No regateamos, pero no me extrañaría que pudiera hacerse.
- Si se es propenso al mareo, recomiendo llevar biodramina o similar. A las curvas de las carreteras/pistas hay que añadir que salvo los privilegiados que vayan en el asiento de delante, el resto irá sentado de lado en la parte trasera del 4x4, de lado, donde se puede ser más propenso al mareo.

Desayunando con vistas al Bromo, una vez la bruma matinal ha desaparecido
- la isla de Java es como la España peninsular, diría que tiene un huso horario que no le corresponde (aunque en sentido contrario una de la otra, allí el mediodía es a las 11). Si bien el oeste, donde está Yakarta, quizá esté en "su sitio", el este está claro que debería tener otro huso horario. Sirva como ejemplo que Kuala Lumpur, bastante más al oeste que Java Oriental, tiene una hora más que Java, en lugar de ser al revés. Eso hace que los amaneceres en el Bromo (y en el Ijen) sean a horas intempestivas, por lo que mi recuerdo de Java es que se duerme poco. A las 5 salía el sol, y a las 16:30 empezaba a anochecer. En el Bromo levantándote a las 3:30, nos tuvimos que acostar a las 21:30 y aun así las escasas 6 horas de sueño hicieron que nos levantáramos cansados. Pero MERECE LA PENA.

martes, 20 de octubre de 2015

YOGYAKARTA: campo base y corazón de Java

INTRODUCCIÓN A JAVA, LA ISLA


Esta isla famosa por su café y que ha dado nombre a uno de los lenguajes de programación más famosos de la historia de la informática no es la isla de mayor tamaño de Indonesia. Papúa, Borneo, Sumatra e incluso Sulawesi son mucho más grandes. Pero sin embargo, nadie le niega a Java el título de reina de Indonesia a muchos niveles; económico, cultural y político por poner 3 ejemplos. ¿Por qué? Por ser la isla más poblada del país y del mundo, por tener la capital (y haberla tenido en épocas anteriores) y porque 1 de cada 2 indonesios habitan en ella. Con más de 1.000 habitantes por kilómetro cuadrado, si Java fuera un país sería el undécimo con más habitantes del planeta y de los más densamente poblados del mundo, solo por detrás de micropaíses con un territorio minúsculo, como Mónaco, que naturalmente están a otra escala. Además de la megalópolis de Yakarta, la segunda ciudad del país, Surabaya, también es javanesa, y así 7 de las 10 ciudades más pobladas del país.

El pabellón con el interior más bonito del kraton o palacio del sultán fue éste
Es por esto que se la llama "la isla de las megaciudades". Sin embargo, a nivel viajero, el visitante puede, por lo general, ignorar casi todas ellas. Por desgracia, los encantos urbanos de Indonesia son muy limitados, cuando no casi inexistentes. Las ciudades, aparte de contaminadas, congestionadas por el tráfico (ni siquiera Yakarta tiene metro hoy, en 2015, siendo quizá la mayor ciudad del mundo sin metro), no tienen edificios de gran interés; la conolización holandesa no ha dejado apenas restos, y los pocos que han quedado o están cayéndose a cachos o tampoco son muy vistosos. Pero que las ciudades javanesas, y en general indonesias, no sean interesantes, no hace a la isla poco interesante; esto solo significa que los encantos de Java son o rurales, o naturales. Y los tiene de primer nivel. La zona occidental es por la que la gente pasa más por alto; la central es famosa por los templos de Borobudur y Prambanan, amén de otros más desconocidos, aparte de por la ciudad de Yogyakarta. Y la parte oriental es célebre sobre todo por sus encantos naturales, donde destacan las espectaculares zonas volcánicas del Bromo y el Ijen.


YOGYAKARTA: CAMPO BASE PARA DESCUBRIR JAVA



Ubicada cerca de la costa sur del centro de Java, Yogya, como se la suele llamar coloquialmente, es la capital de una pequeña provincia que la tiene por centro, la única gobernada por un sultán anterior a la colonización de la isla. También presume de ser la capital cultural de Java. Este título tampoco tiene por qué resultar trascendental para el viajero de paso por esta ciudad; nos resultará más evidente otorgarle el título de capital turística de la isla. Se encuentra cercana a los templos de Borobudur (a 40 kms.) y Prambanan (a 17 kms.), y es la base utilizada por casi la totalidad de viajeros para verlos. Además, aunque pille lejos de Java Oriental, mucha gente contrata los paquetes turísticos para visitar el este de la isla desde allí, ya que las numerosas agencias que las organizan tienen oficinas en la ciudad, y el periplo tiene Yogya como punto inicial. Se debe poder ir por cuenta propia, o al menos se puede uno acercar bastante, pero el hecho de ser zonas rurales lo hace poco recomendable, por la escasez de transporte público, así que recomiendo contratar los servicios de alguna agencia o de algún conductor-guía privado.

Momento de la Ramayana, el espectáculo tradicional de danza javanesa que vimos


LA CAPITAL CULTURAL JAVANESA


Como dije más arriba, las ciudades indonesias no merecen especialmente la atención del viajero. Yogya se ajusta a esa regla, pero como dice el refrán, "en el país de los ciegos, el tuerto es el amo". Y así pasa aquí. Las ciudades javanesas suelen ser un conglomerado de modestas casas, con sus pequeños comercios, junto a calles atestadas de tráfico, sin apenas aceras y sin espacio ni dinero para el arte. Y aunque Yogya también resulta un tanto anodina al lado de las maravillas de Borobudur y Prambanan (ambos patrimonio de la humanidad) sí tiene atractivos para pasar al menos medio día visitándola. En total, la gente suele quedarse a dormir 2 noches en la ciudad, el tiempo necesario para dedicar medio día a Prambanan más otro medio a Borobudur y lo que queda para ver lo básico de Yogya, ver si se desea un espectáculo de danza javanesa o tomarse el tiempo necesario para contratar la excursión a los volcanes o irse de compras a la calle Malioboro. Si uno se queda menos de 2 noches, seguramente utilice Yogya para poco aparte de para dormir.

Kiosco del kraton o palacio del sultán


QUÉ VER EN YOGYA


Yo recomendaría empezar la visita en el palacio del sultán, también llamado "Kraton" o "Keraton". Puede sonar muy prometedor, pero está lejos de ser algo parecido a un palacio de la realeza de otros países musulmanes o un palacio real europeo. No obstante, lo barato de la entrada (no recuerdo el precio, pero creo que no llegaba al euro) y la arquitectura atípica a lo normal para nuestros ojos occidentales me compensaron la visita. Se trata de un conjunto de pabellones interconectados, muy abiertos (se nota que allí nunca hace frío) y pintados en llamativos colores en ocasiones. En internet se habla de una visita guiada pero a nosotros no se nos ofreció (y vistos los comentarios, casi mejor así). En el interior de algunos pabellones hay fotos más o menos recientes de la familia del sultán que no creo que interesen a casi ningún occidental. Los detalles que más me gustaron fueron el pabellón decorado en rojo y negro que me recordó a la imagen mental que tengo de un pabellón chino, y el kiosco del patio principal. La entrada tampoco está mal. Alguno de los pabellones tenía cintas para no permitir el acceso, aunque no tenía mala pinta lo que se veía desde fuera.

Y como segunda, y última visita cultural, el "castillo de agua" ("Water castle" en inglés, o "Tamansari" en bahasa indonesio, que son los dos idiomas en los que os lo anunciarán). Se puede ir a pie desde el Kraton (aunque los conductores de rickshaw insistan en que no) ya que son apenas 15-20 minutos, aunque no resulta trivial de encontrar. Quizá por eso, algunos "falsos guías" se ofrecen para llevarte hasta la entrada. La verdad es que es casi más atractiva la maraña de callejuelas de alrededor que la pareja de patios con agua de su interior. Está en un estado mejorable, por no decir mediocre, y va necesitando una restauración. Pero como pasa con el Kraton, es tan barato y tan extraño para un occidental, que creo que a la mayoría le merecerá la pena gastar un poquito de tiempo en verlo.

Castillo de agua
He leído que algunos lo comparan con la Alhambra... bueno, si a la Alhambra se la considera una pareja de patios con pequeñas "piscinas" en el medio, con un chorro de agua, una decoración en la que no haya ni yeserías ni almenas ni vistas sobre el Albayzín, ni... no, no tiene nada que ver, ya quisieran tener los indonesios un edificio la cuarta parte de hermoso que nuestra Alhambra. Pero yo no me arrepiento de haberlo visto.


QUÉ MÁS HACER EN YOGYA



La céntrica calle Malioboro es la zona para las compras o sacar dinero de los escasos cajeros automáticos de la ciudad.

Nosotros fuimos a un espectáculo de danza javanesa en nuestra primera noche en Yogya, en Puriwasata. Es una cosa para "guiris", por lo que sin ser un atraco, no es barato. Por casi 30€ por persona, te dan de cenar un buffet libre bastante aceptable, y el espectáculo. Éste duró unas 2 horas, y se nos hizo un tanto pesado; la segunda hora nos sobró.

Decir que es de las cosas más extrañas que hemos visto en toda nuestra vida, una especia de mezcla entre teatro y baile, con una trama basada en viejos mitos de la antigua cultura hindú de Java. En Bali vimos danza balinesa, y mi recomendación es que no veáis las dos, ya que se parecen bastante. Y de quedarme con una, creo que lo haría con la balinesa.

Los actores de danza javanesa se hacen fotos con los espectadores tras el espectáculo
El espectáculo era la representación de la Ramayana, una especie de historia tan típica allí como el don Juan Tenorio podría serlo en España, y de hecho la trama es fácil de encontrar en internet, aunque seguirla allí en directo no siempre resultaba sencillo. Aparte de la danza-teatro, una gamelan (orquesta) típica javanesa da el toque musical al acto, dentro de lo musical que a uno pueda parecerle estos grupos típicos en los que los xilófonos y los instrumentos de percusión estilo "gong" son casi los únicos instrumentos. Resumiendo, nos pareció uno de los mayores "WTF" ("What the fuck...", expresión inglesa que viene a significar algo así como "Pero qué cojones..." y que se usa cuando uno ve cosas extrañísimas que le hacen gracia porque no las entiende) que jamás hemos visto.

Pero no fue el único WTF que nos regaló Yogya... y es que resulta que los sábados por la noche, aprovechando que el domingo no se trabaja, los yogyakartianos (me acabo de inventar el gentilicio, lo sé) se divierten de una extraña manera. Nuestro guía (el dueño de nuestro hotel, Dani) no nos quiso decir adónde nos iba a llevar tras el espectáculo de danza. Y nos llevó a una gran plaza rodeada por un muro, con un descampado en el centro. En la calzada que había alrededor, había multitud de coches antiguos (y no tan antiguos) a los que se les había quitado todo el interior, de tal modo que tenían la carrocería por fuera que los hacía parecer coches, pero por dentro había sillines, pedales y ruedas de bicicleta. Naturalmente, en plena noche, para hacerse ver, utilizaban luces de los colores más chillones y se ofrecían a locales (sus principales clientes) y turistas para dar una vuelta con ellos.

Estos extraños coches-bicicletas nos alegraron la noche :)
Nuestro anfitrión nos contó que era una de las formas de divertirse de la juventud de Yogya y nosotros no dábamos crédito a lo que estábamos viendo. Nos ofrecieron subir (por unos 6€ que me imagino que eran "regateables") pero estábamos cansados y se disfrutaban mejor viéndolos desde fuera. Os lo recomiendo si os queréis reír :)


DÓNDE DORMIR



Nosotros encontramos por booking el hotel Alam Citra B&B, y lo recomendamos sin tapujos. Es un hotel modesto, pequeño (solo 3 habitaciones) y claramente familiar, y las buenas notas en booking se deben especialmente a la amabilidad proverbial de la gente que lo regenta. Está algo alejado del centro, por lo que se necesita transporte para ir, pero ellos te echan una mano. A cambio, la urbanización en la que está es más "mona" que muchas zonas del centro, como si allí viviera gente con un poder adquisitivo superior a la media.

Si uno quiere, ellos pueden organizar las visitas a Prambanan y Borobudur en sus coches, que ofrecerán a un precio competitivo (aunque naturalmente a años luz de ir en transporte público). También ofrecen contratar con una agencia el viaje a los volcanes y la recogida al aeropuerto (esto último gratis).


CÓMO LLEGAR


Yogya es el principio del viaje en Indonesia, o al menos en Java, para muchos de los viajeros, que llegan a ella principalmente desde Yakarta. Para ir de Yakarta a Yogya se puede ir en avión o en tren, tardando hora y media el primero y unas 8 horas el segundo. A cambio el tren es más barato, aunque reservando con tiempo el avión tiene precios muy competitivos (nosotros pagamos 50€ por persona con AirAsia). El aeropuerto está cerca de los templos de Prambanan, por lo que no es mala idea verlos desde allí, y así hicimos nosotros.

Detalle de la comercial calle de Malioboro
El aeropuerto de Yogya tiene vuelos a muchas otras ciudades del país, siendo Denpasar (Bali) o Surabaya (Java Oriental) los que más prácticos suelen resultarle a los viajeros para ir o volver a la isla de los dioses o ahorrarse el largo viaje en tren o bus hasta el este de Java.