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lunes, 8 de febrero de 2016

Lagos de película: EL VALLE DE BOÍ / LA VALL DE BOÍ + AIGÜESTORTES

Vistas del refugio Joan Calvell i Ventosa, con el estany Negre a sus pies y el macizo de Besiberri detrás, que supera por poco los 3.000 metros


LA NATURALEZA DEL VALLE DE BOÍ: AIGÜESTORTES



El parque nacional de "Aigüestortes y Estany de Sant Maurici" aglutina lo mejor del Pirineo. Con cimas que coquetean o ligeramente superan los 3.000 metros, es seguramente el territorio pirenaico con mayor concentración de lagos, llamados "estanys" en catalán, que se suceden en ocasiones a pocos metros unos de otros. Lamentablemente la codicia del franquismo por la generación eléctrica mediante pantanos, provoca que algunos se vean aumentados artificialmente por pequeñas presas (o no tanto), pero pese a eso, el conjunto es digno de elogio. Ya he estado dos veces y estoy deseando volver.

El parque tiene dos accesos principales, y de esa dualidad deriva su nombre, siendo el acceso occidental el valle de Boí (para ver Aigüestortes) y el oriental por el pueblo de Espot (para ver el lago de Sant Maurici / San Mauricio). Por ello, aquí nos centraremos en las dos excursiones que se pueden hacer fácilmente por el acceso occidental.

Uno de los brazos de la planicie de Aigüestortes, de aguas limpísimas
La primera da acceso al paraje de Aigüestortes, cuyo significado en castellano sería algo así como "aguas tortuosas". Para acceder deberíamos dejar el coche en un parking en la ribera de Sant Nicolau, remontando el valle desde la carretera principal unos pocos kilómetros más allá de los desvíos a Erill la Vall, Boí y Taüll. La excursión es larga en longitud pero sencilla por su poco desnivel. El primer gran hito de la misma es el lago o estany de Llebreta, un aperitivo de lo que nos espera después.

Seguimos subiendo por una sucesión de cascadas que alimenta al citado lago hasta llegar a una peculiar planicie (planell en catalán), extraña, que aloja Aigüestortes. El río de Sant Nicolau se divide en numerosos brazos de agua limpísima, con riberas pobladas de árboles, en lugar de formar un solo brazo como suelen tener los ríos. Una pasarela de madera nos permite adentrarnos y disfrutar un poco más de este fenómeno, constituyendo además una pequeña alternativa por la que hacer el viaje de vuelta ligeramente distinto al de ida.

Estany llong, el lago en el que muchos acaban la ruta que pasa por Aigüestortes
Un posible final a esta ruta está algo más lejos, en el lago o Estany Llong, que cuenta con su propio refugio. Este vistoso y "largo" lago (es lo que significa "llong") es sin embargo, uno de tantos lagos majestuosamente emplazados. En este caso se encuentra a 2.000 metros de altura casi exactos, y cuenta con 7 hectáreas de superficie.

Para nosotros la excursión no finalizó ahí, ya que nos vimos con ganas de subir a otro lago, el "estany Redó" (literalmente el "lago redondo"), un lago bastante más pequeño, que hace honor a su nombre, y donde disfrutamos de unos peces exfoliantes; mientras aguantamos con los pies en sus gélidas aguas una multitud de pequeños peces aprovechó para darnos mordisquitos y alimentarse de nuestras pieles muertas. ¡Y gratis!

Peces exfoliantes en el estany redó


EL REFUGIO JOAN VENTOSA I CALVELL: ALGO MÁS QUE UN CHALET CON VISTAS



La segunda ruta que hicimos en Boí es la otra gran ruta popular del valle: dejando el coche a los pies de la presa dels Cavallers llegar hasta el refugio Joan Ventosa pasando, aparte de por el embalse citado, por el estany negre, visible desde el refugio. Para ello hay que ir en coche hasta el fondo del valle, más allá de Caldes, y aparcar casi pegando al muro de la presa.

En esta ocasión la ruta, longitudinalmente es más corta, aunque no se hace menos dura sino casi al contrario. A excepción del rato que se rodea el pantano (por un camino no muy cómodo) no deja de subir apenas en ningún momento hasta el refugio, al que se llega tras poco más de 2 horas y media. Pero tampoco es nada del otro mundo, ya que no llegan a los 500 metros de desnivel los que separan el aparcamiento del refugio.

Subiendo hacia el lago /estany negre se tienen estas vistas sobre el embalse de Cavallers
Desde el refugio, donde gustoso me habría quedado a dormir (pero el viajar con el gato nos lo impidió), multitud de lagos quedan a tiro de piedra, y nosotros soñábamos con ir al lago / estany de la roca, llamado así por el gran pedrusco que emerge del centro de sus aguas, pero nuestra forma física y el sentido común nos lo impidieron. A cambio vimos otros lagos más cercanos e igualmente pintorescos.

Junto al refugio, todo un chalet en medio de la naturaleza, comimos disfrutando de esta joya del Pirineo.

sábado, 6 de febrero de 2016

Arte románico CON MAYÚSCULAS: EL VALLE DE BOÍ / LA VALL DE BOÍ

Torre de la iglesia de la Natividad, en Durro

Me mojaré al reconocerlo; el mejor lugar de montaña de Cataluña, y posiblemente de España, al hablar de reunir patrimonio cultural y artístico de primer orden junto a una naturaleza deslumbrante es el valle de Boí, en el pirineo ilerdense.

El conjunto de preciosas iglesias románicas en pueblecitos tranquilos, que es patrimonio de la humanidad desde 2000, está curiosamente a las puertas de uno de los tres parques nacionales pirenaicos y el único de toda Cataluña en el momento de escribir estas líneas: el parque nacional de Aigüestortes y lago de San Mauricio (en catalán y oficialmente "Parc nacional d'Aigüestortes i estany de Sant Maurici"), constituyendo así una pareja de atractivos que nos motivaron para pasar cinco intensos días en un puente de junio de 2015.

Montaje de vídeo y sonido realizado en la iglesia de Sant Climent de Taüll. Se retrata el soberbio pantocrátor. El original está hoy en el museo nacional de arte de Cataluña, en Barcelona


LOS PUEBLOS Y SUS IGLESIAS



Constituidos en un único ayuntamiento cuya capital es Barruera, la mayoría de pueblos tiene interés monumental, con núcleos típicamente pirenaicos (con casas de piedra oscura y tejados de pizarra) y una o dos iglesias románicas, de estilo lombardo, que hablan de la época en que la mayor parte de la Cataluña actual era musulmana y tanto aquí como en el resto de España los territorios cristianos se refugiaron en el montañoso norte, de Asturias a Gerona. Por suerte, a pesar del turismo cultural, natural y deportivo (el valle tiene espacio también para una pista de esquí: Boí-Taüll), los pueblos mantienen su personalidad.

La famosa iglesia de Sant Climent (San Clemente) de Taüll, con su fabuloso campanario
Los pueblos más interesantes, cuyo interés parece crecer cuanto más nos adentramos en el valle, tienen sus iglesias abiertas (en esta página se pueden ver los horarios y las tarifas) y se pueden visitar con entradas individuales o con un pack que las incluye a todas. Son los siguientes:
- Coll y Cardet: las iglesias de estos pueblos, con algo menos de vida que los que vienen a continuación, no las pudimos ver por dentro, puesto que estaban cerradas en junio. La de Cardet muestra la única espadaña del conjunto.
- Barruera: la capital del valle presume de tener la iglesia de Sant Feliu, que como casi todas las demás disfruta de buena iluminación para poder disfrutarla de noche. Ha sufrido modificaciones posteriores aunque su esencia sigue siendo románica, y su entrada está presidida por una bonita alameda.

La ermita de Sant Quirc, a las afueras de Durro, se conjunta magníficamente con el paisaje que le rodea
- Durro: en un desvío de la carretera principal, Durro es un delicioso pueblo que aglutina no una, sino dos iglesias patrimonio de la humanidad: la de la Natividad, en el centro del pueblo, y una pequeña ermita alcanzable tras un paseo a 10 minutos de la población (Sant Quirc). La fisionomía del pueblo parece no haber cambiado mucho desde hace siglos, ubicado en una ladera a casi 1400 metros y la iglesia de la Natividad, una de las más impresionantes del valle, es ejemplo del más puro románico catalán. Perderse por sus calles es un placer.

Iglesia de Erill la Vall
- Erill la Vall: en el fondo del valle, y al contrario de Durro, ubicado en un llano, Erill la Vall impresiona con su iglesia, que presume de una torre de seis pisos de altura, la más alta junto a la de Sant Climent de Taüll. La iglesia aloja un curioso descendimiento de Cristo de madera. Junto a ella se ha creado un centro de interpretación del arte románico del valle, para el que la entrada conjunta también da acceso. 
- Boí: el pueblo que da nombre al valle es quizá el que conserva un mayor conjunto de calles y plazas pintorescas, en las que caminar buscando perderse. Está en un desvío de la carretera principal que lleva también a Taüll, y aloja otra de las iglesias románicas del valle, la de Sant Joan.

Una de los pintorescos rincones de Boí
- Taüll: el último pueblo quizá sea el más famoso de todos ellos, por contar, como Durro, con dos iglesias patrimonio de la humanidad, aunque en esta ocasión ambas están en el núcleo urbano actual. La de Sant Climent (o San Clemente) es sin lugar a dudas el símbolo o emblema del valle (y uno de los símbolos de Cataluña), con sus proporciones, su esbelto campanario y sus frescos del interior, que aunque fueron trasladados al museo nacional de arte de Cataluña, en Barcelona, se recrean con un espectáculo de luces y sonido al que tenemos derecho con la entrada. Menos conocida, la iglesia de Santa María no desmerece a su famosa vecina, y preside la plaza mayor del pueblo. Callejear por en Taüll también es un placer.

Vista nocturna de la iglesia de Santa María de Taüll. Todas las iglesias cuentan con una excelente iluminación que permite verlas con otros ojos de noche
Decir que algunas de las iglesias conservan frescos (o reproducciones de los mismos, estando los originales normalmente en el MNAC de Barcelona) y en varias se pueden subir a los campanarios para tener otras vistas de los pueblos y del fabuloso valle en el que se encuentran. Eso sí, cuidado con no subir cuando vayan a dar las campanadas para no llevarse un buen susto :)

martes, 12 de febrero de 2013

Belleza pirenaica en ORDESA, de la pradera al refugio de Góriz

Ordesa... este valle pirenaico, posiblemente el más famoso del lado español, es de esos prodigios de la naturaleza que cualquier fin de semana del mes de julio o agosto está tan concurrido de caminantes como la Gran Vía madrileña o el Paseo de Gracia barcelonés... pero sabiendo escoger bien las fechas en las que se visita, podemos saludar en solitario, o casi, a las muchas cascadas que se ven durante su recorrido, así como a los circos de Soaso y Góriz, para acabar el día durmiendo con vistas del monte Perdido, a resguardo en un refugio o bajo un manto de estrellas. ¿A que suena bien?

Cascada del Estrecho, una de las muchas que se pueden admirar en el valle

SITUACIÓN


Primero, situémonos. El valle de Ordesa se encuentra cercano al centro geográfico del Pirineo, a medio camino entre el Cantábrico y del Mediterráneo, en el norte de la provincia de Huesca. Tiene frontera con Francia en el norte, y con otros valles aragoneses en el resto de puntos cardinales.

En la cabeza de algunos existió un proyecto para inundarlo y aprovechar su potencial hidroeléctrico, pero por suerte el criterio medioambiental se impuso y para su protección se declaró parque nacional en 1918, siendo el segundo más antiguo de España, solo por detrás del de la montaña de Covadonga (actual Picos de Europa) que fue declarado apenas unos meses antes. En 1982 el parque nacional se amplió para proteger los otros valles que se alimentan de las aguas del monte Perdido: Añisclo, Pineta y Escuaín.

Vista del valle de Ordesa en las gradas de Soaso, mirando hacia el inicio de la ruta
El valle de Ordesa en sí tiene como puerta de entrada la población de Torla, la última antes de que la naturaleza sea lo único que nos separe de Francia, y actúa como base de servicios, por lo que podemos encontrar allí alojamiento, restaurantes, supermercados y una encantadora arquitectura pirenaica. Desde el aparcamiento se ve la foto típica de Torla, con la iglesia en primer plano y la ladera del monte Monderruego, de 2847 metros de altura, por detrás, un buen aperitivo de todo lo que nos espera después.

Dejamos atrás Torla para llegar con el coche al puente de los navarros, donde tendremos que girar a la derecha. Llegaremos así a la pradera de Ordesa, último punto alcanzable en vehículo de motor de este valle cerrado para los coches. Desde aquí, tendremos que empezar a caminar; por delante nos esperan tres horas de caminata hasta la cascada de Cola de Caballo y cerca de cinco hasta el refugio de Góriz, que era nuestro objetivo final. En pleno verano es probable que no podamos acceder en coche hasta la pradera debido a las restricciones que existen para ello, por lo que desde Torla habría que coger un autobús que nos suba a la pradera, en lo que me imagino que es un servicio similar al que se ofrece en Asturias para subir a Covadonga y sus lagos.

Cascada de la Cueva, otra maravilla de Ordesa, que se encuentra tras un pequeño desvío a la derecha

LA RUTA

De la pradera de Ordesa a las Gradas de Soaso


En el primer tramo de la ruta no es difícil ver casi más turistas (gente con vaqueros y zapatos, sin aspecto de tener intención de pasarse horas caminando) que senderistas propiamente dichos, aunque los primeros no suelen pasar de las primeras cascadas, que llegan pronto. 45 minutos aproximadamente se necesitan para llegar a la cascada de Aripas. Tras un inicio de suave pendiente, en la zona de las cascadas se empieza a subir más en serio, y éstas se suceden una tras otra: Aripas, de la Cueva y del Estrecho. En una de las cascadas hay que desviarse de camino principal para acceder al mirador que permite disfrutarlas al máximo, pero es un desvío de apenas dos-tres minutos a pie, y merece la pena acercarse. Todas las cascadas tienen un mirador muy adecuado para disfrutarlas sin peligro; aunque no es difícil ver gente que vaya más allá de la barandilla que marca hasta donde podemos llegar, es preferible no hacerlo, porque un resbalón puede ser fatal.

Caminando por el circo de Soaso, donde cambiamos el bosque por una vista del monte Perdido (3355 metros)

De las Gradas de Soaso a la cascada de Cola de Caballo


Pasadas unas dos horas desde la salida de la pradera, si vamos a un ritmo normal, llegaremos a las gradas de Soaso, un conjunto de pequeños saltos de agua de parecida altura que, muy juntos, parecen tan bien dispuestos que a uno se le pasa por la cabeza que ha habido intervención humana en su morfología. Aquí ganamos altura a buen ritmo hasta que éstas acaban, para tener un descanso en forma de zona llana con un radical cambio de paisaje. Nos encontramos en el circo de Soaso, y las cascadas y el estar caminando por zona de bosque dan paso a un gran claro que nos recibe con impresionantes vistas de algunas de las cimas más altas del Pirineo. Pasamos por una zona en la que se ha tratado artificialmente al camino, enlosándolo para evitar la erosión que nuestras pisadas pueden ocasionar a la vegetación. La vista sobre las cumbres, con el Perdido presidiendo, nos guiará hasta el otro extremo del circo, donde tras 3 horas aproximadamente llegamos a la cascada de Cola de Caballo, la más famosa del valle, que cae encerrada entre rocas del circo de Góriz al de Soaso. El lugar invita a hacer una parada para hacer fotos o comer, y así hicimos nosotros.

Cascada de Cola de Caballo, la más famosa del valle

De la cascada de Cola de Caballo al refugio de Góriz


En esta cascada acaba la ruta para muchos, pero nosotros quisimos dar una vuelta de tuerca más a nuestra visita a Ordesa y subir hasta el refugio de Góriz. La experiencia previa durmiendo en el refugio de Vega Urriellu, sobre el que ya escribí en otra entrada, nos animó a volver a dormir en estos rincones de alta montaña, y no pudimos acertar más de lleno.

Estando en la cascada y viendo las paredes del circo uno no encuentra el lugar por el que un sendero puede salir de Soaso, pero esa sensación se va pasando al empezar a caminar. Desde la cascada el sendero sube  decididamente, sin prisa pero sin pausa, y hacerlo justo después de comer y con un sol de justicia puede ser matador... pero las vistas del valle impresionan desde arriba, y la sensación de caminar solos (solo un pequeño porcentaje de senderistas va más allá de Cola de Caballo) es genial. Existe una desviación de la senda en la que llegados a un punto se exige un mínimo de habilidades trepando para continuar, aunque nosotros escogimos la que dando un poco más de vuelta no tenía esa dificultad en el lugar llamado "las clavijas de Soaso". Subiendo tuvimos la suerte de cruzarnos con varias marmotas, especie introducida desde los Alpes en el Pirineo. Seguimos caminando y vemos la cascada de Cola de Caballo desde arriba y nos encontramos como otro circo, como una especie de "planta superior" del de Soaso, se abre a nuestro paso. Dos horas después de dejar la cascada (cinco horas caminando desde la pradera) llegamos al refugio de Góriz.

Vista de la cascada de Cola de Caballo según subimos hacia Góriz, siempre con un 3mil observándonos
El refugio de Góriz es el único guardado de todo el parque nacional, y está abierto prácticamente todo el año. Ubicado en las laderas de los picos más altos del parque, como el Marboré o el propio Perdido, es una base excelente para unir una travesía por el valle de Ordesa con otra por algún otro valle, como el que forma el cañón de Añisclo, o para coronar alguno de los picos que lo rodean, pasando de los 3000 metros en muchos casos. Se trata de un refugio por el que han pasado los años y se nota, pero que cumple de sobra con lo que nosotros necesitábamos y donde nos trataron muy bien. La cena que nos sirvieron fue espectacular tanto en calidad como en cantidad (algo que me ha pasado en los 3 refugios en los que he dormido, no sé si será que llego con hambre), y nos dieron la información que necesitábamos. El atardecer en Góriz, sin ser el de Collado Jermoso, también ayuda a que recomiende subir hasta allí.

Atardecer en el circo de Góriz

Regreso


Para volver a la cascada de Cola Caballo solo podemos hacerlo por la senda que dije anteriormente y a partir de la cascada podemos continuar por el otro lado del río por donde no perderemos altura casi hasta llegar a la pradera, donde bajaremos de golpe los 500-600 metros de desnivel. Es la llamada "senda de los cazadores", que cuando nosotros acudimos a Ordesa estaba cerrada al público, así que no os puedo decir más. Leyendo por internet parece que pasa mucho tiempo cerrada y que tiene un descenso (o ascenso, según el sentido) tan acusado que hay que tener mucho cuidado bajando y buenas piernas subiendo. Pasa bastante tiempo cerrada por su relativa peligrosidad. La vista que desde la senda se tiene de todo el valle debe ser similar a la que nosotros tuvimos subiendo a Góriz, solo que desde la otra punta del mismo.

¡Disfrutad de esta maravilla de la naturaleza!

No es difícil ver marmotas en Ordesa, especialmente subiendo a Góriz

martes, 28 de agosto de 2012

Un viaje de altura: PIRINEO CENTRAL FRANCÉS

Vista del Pirineo desde la cumbre del Midi de Bigorre
Circo de Gavarnie, pico de Midi de Bigorre, Tourmalet... aunque los Pirineos tengan sus mayores alturas y la mayoría de su superficie en España, hay que reconocer que grandes nombres como los que acabo de citar nos obligan a conocer también el lado francés. Distinta cultura, idioma, comida... pero un mismo telón de fondo, unas montañas soberbias.

Nuestro viaje empezó en Guchan, un pueblecito del valle de Aure, comunicado con España a través del tunel de Bielsa-Aragnouet, que nos obligaba a pasar dos puertos de montaña para llegar al objetivo final, que no era otro que el circo de Gavarnie. Podría parecer un coñazo, pero si uno conduce correctamente, no lleva a nadie que se maree y no le asustan las carreteras estrechas con curvas, el viaje es una delicia.

El primero de los puertos a cruzar es el "col d'Aspin". Bonitas vistas pirenaicas y un sinfín de curvas, pero este puerto está totalmente eclipsado por su hermano mayor, al que llegamos un ratillo después: el Tourmalet.

Vista desde la cima del Tourmalet, a 2115 metros de altura
Uno de los puertos más famosos del mundo, que no el más duro (sin salir de España, L'Angliru le supera con creces, por ejemplo), este puerto lleva al "Tour" (de Francia) hasta en el nombre. A nivel viajero, su interés se centra en la cantidad de sufridos ciclistas que se pueden ver subiéndolo (al menos a finales de mayo, que es cuando fui yo), sus vistas en la cumbre y en las cercanías, y en la sorpresa que nos aguarda en la localidad de la Mongie, un pueblo lleno de alojamiento para esquiadores. Junto a ese pueblo un teleférico sube hasta el observatorio astrofísico del pico de Midi de Bigorre, una de las cumbres referencia del Pirineo en su parte francesa, que con sus 2872 metros de altura, se creyó hace años que podía ser un buen lugar para ver las estrellas. Hoy, gracias al teleférico, ofrece una de las mejores vistas del Pirineo a cambio de dinero en lugar de a cambio de un esfuerzo enorme, como pasaría con cualquier otra cima de los alrededores. A los más montañeros les puede parecer poco acertado la explotación de esta cima, y es cierto que en ella podemos cruzarnos con personas que quizá no aprecien tanto la montaña, y que puede estar algo saturada de gente según a qué horas (y que el precio, 32€, no es precisamente barato). Pero no es menos cierto que, la oportunidad que da a personas sin condiciones físicas de subir a un pico así, para tener una vista como ésa, es digna de elogio. Desde ahí, todo el alto Pirineo parece quedar accesible. Desde el "rey" Aneto, la mayor cumbre pirenaica con 3404 metros, visible a pesar de estar a unos 50 kms. del Midi, al Monte Perdido o al Vignemale, el pico pirenaico más alto en el lado francés.

Teleférico del Midi de Bigorre desde otro teleférico, en plena bajada
Aun nos quedan más emociones fuertes cuando bajamos el Tourmalet dirigiéndonos hacia Luz-Saint-Sauveur. Desde ahí giramos hacia el sur buscando los circos más espectaculares del Pirineo: Troumouse y el famoso Gavarnie. Hay un tercero también protegido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad (honor compartido con el P.N. de Ordesa y Monte Perdido en el lado español), pero no lo pudimos visitar: Estaubé.

Circo de Troumouse
Para llegar a Troumouse hay que desviarse en Gèdre de la carretera que va hasta Gavarnie, y pagar un "peaje" de 4€ por poder acercarse con el coche hasta el circo. Una vez allí, la vista es grandiosa... el circo, todo rodeado de altas cumbres, impresiona por la homogénea altura de éstas, aunque lo hace más por su superficie. Con 4 kilómetros de diámetro, tiene varios kilómetros cuadrados de superficie y es necesario echar más de una hora para rodearlo por completo. Su base está a unos 2200 metros de altura, por lo que la vegetación se limita a prados, y de él nacen varios arroyos de montaña de diferentes pequeñas lagunas glaciares. Eclipsado por Gavarnie, este circo tiene menor número de visitas y la población más cercana a mucha más distancia, por lo que presenta mayor tranquilidad.

Circo de Gavarnie aun a lo lejos
Y ya llegamos a Gavarnie... un día soleado como el que tuvimos puede siempre oscurecerse a este lado del Pirineo, con mayores precipitaciones que en el lado español, y así nos pasó a nosotros. Pero la lluvia, algo molesta, nos permitiría ver totalmente solos el circo, por lo que al final se cumplió el dicho de "a mal tiempo, buena cara", y mereció la pena mojarse, aunque las fotos habrían salido más bonitas con sol. Para ir al circo aparcamos, si podemos, en Gavarnie, pueblo totalmente volcado en el turismo a partir del cual no podemos continuar con el coche. Aparcar pagando (o siendo cliente de algún hotel o restaurante) es más sencillo, pero hacerlo gratis quizá resulte casi imposible según en qué fechas. Desde ahí, una pista asfaltada al principio, siguiendo el curso del río, nos irá acercando al circo. No hay posibilidad de pérdida, el circo se ve desde el pueblo y el río es nuestro mejor guía. Tras una hora y cuarto de caminata podremos adentrarnos en el corazón del circo en sí. Aquí, la superficie es mucho más pequeña que en Troumouse, pero a cambio la diferencia de altura entre la base del circo y sus cumbres es muy superior, de casi 1500 metros de altura, porque las cumbres que rodean este circo sobrepasan, con creces en algunos casos, los 3000 metros de altura. No sorprende que la cascada más alta de Europa se encuentre aquí, homónima al circo y al pueblo, con algo más de 400 metros y con agua la mayor parte del año, procedente del deshielo. No es la única, y es que al menos al final de la primavera, el agua parece caer de todas partes. Estando allí recordé haber leído que en Francia los grandes iconos de su montaña están más humanizados que en España, y es cierto... al teleférico del Midi hay que sumar el desacertado "hotel du cirque", que en la misma puerta del circo y tan solo a unos pocos metros de la cascada, tenía un desangelado aspecto cuando yo estuve allí. La obsesión humana de querer poner hoteles en maravillas naturales aun a riesgo de destrozarlas no es algo exclusivo de España. Pero no pasa nada, tampoco es que estorbe mucho el edificio de marras.

Circo de Gavarnie desde dentro
Con esto habremos completado un hermoso día de visita en el alto Pirineo francés. Aun quedaría material para un segundo, con Cauterets como ejemplo, pero eso lo dejaré para otra futura visita a esta preciosa zona más cercana de lo que creemos.