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miércoles, 5 de agosto de 2015

SAMARCANDA: demostrando que hay vida más allá del Registán

Nadie duda de que la plaza del Registán es la culpable de la existencia de Samarcanda, y casi de Uzbekistán, en el mapa del turismo mundial, aunque sea todavía como un punto poco conocido por la mayoría de los viajeros. Pero resumir la visita a la ciudad en esta majestuosa plaza sería ser injusto e ignoraría otros rincones con mucho encanto. La visita completa al Registán puede exigir medio día para verlo todo y sacar todas las fotos que a uno le puede apetecer (más la visita nocturna). Para ver el resto de puntos de la ciudad necesitaremos otro día completo.

La estrecha calle entre los decorados mausoleos de la necrópolis de Shah-I-Zinda nos hizo sentir pequeños
Samarcanda es, tras Tashkent, la ciudad turística uzbeka que más se ha "sovietizado". Son numerosas las calles anchas por las que los coches circulan a gran velocidad, y los monumentos históricos se encuentran medianamente dispersos con grandes espacios intermedios que nos hacen creer que estamos visitando lugares aislados unos de otros. Pero tranquilos, su tráfico se parece más al de una pequeña ciudad rusa que al caos de otros países emergentes del continente asiático.
Aunque nosotros recorrimos todos los lugares de interés a pie, es probable que muchos prefieran ir en autobús, taxi o autostop. Tomando como referencia el Registán, la mayoría de zonas interesantes está al norte, aunque hay un pequeño grupo al sur.


AL NORTE DEL REGISTÁN



Al este del Registán sale una calle peatonal, moderna, flanqueada por edificios de una sola altura, y que no parece uzbeka. Es la calle "Tashkent". Los edificios a los lados son tiendas dirigidas a extranjeros, con recuerdos o productos que potencialmente nos pueden interesar. Aunque el regateo es imprescindible, pasa como en casi cualquier otro sitio del país; los vendedores no agobian, y su comportamiento es más parecido al de una tienda de Europa que al de los pesados vendedores marroquíes, turcos o indios (por citar tres países que conozco).

La gigantesca mezquita Bibi Khanum
Al final de la calle nos encontraremos con otro edificio imponente: se trata de la mezquita Bibi-Khanum. Está en ruinas, pero ¡qué ruinas! Resulta increíble pensar que en algún momento toda la superficie que queda entre los altos muros pudo estar ocupada por un solo edificio.
Esta mezquita lleva el nombre de la esposa del omnipresente Tamerlán, y se cuenta que ella lo mandó construir durante una de sus campañas militares, por lo que estamos hablando de que el edificio original es del s. XIV. Las dimensiones hablan por sí solas: la puerta de entrada tiene casi 40 metros de altura, y el área es de unos 160x110 metros. El edificio, que ya estaba en desuso con anterioridad, sufrió un terremoto en 1897 y no se ha recuperado desde entonces. En 1974, se emprendieron acciones para intentar devolverle su antiguo esplendor, y por ejemplo al menos parte de los azulejos que hoy luce son de esta época, aunque se hayan respetado los colores tradicionales. Como curiosidad, un inmenso corán de piedra preside la parte central del conjunto.

Vista exterior de la mezquita Hazrat, más moderna
Desde aquí el resto de lugares de interés del norte de Samarcanda quedan cercanos. A pocos metros de la mezquita se encuentra el mercado de Samarcanda. Más que como lugar turístico, este mercado sirve para tomarle el pulso a la ciudad, y es un buen lugar para comprar frutas y verduras o cambiar dinero (ilegalmente, como hace todo el mundo). Al contrario del mercado de Tashkent, no recuerdo haber visto restaurantes interesantes para comer.

Cruzando una calle ancha llena de tráfico llegamos enseguida a una mezquita más modesta, la mezquita "Hazrat". Originalmente ha habido ahí una mezquita desde el s. XIII, pero la actual es del s. XIX. Tiene el aspecto clásico de las mezquitas uzbekas hoy en día, con un techo con unos artesonados muy coloridos.

Detalle del artesonado del techo de la mezquita Hazrat
La siguiente parada de este periplo sería a Afrosiyab. Samarcanda presume de ser una de las ciudades pobladas desde más antiguo a nivel mundial (hace poco celebró su 2750 cumpleaños), y Afrosiyab fue el lugar en el que se estructuró la ciudad desde el s. VII-VI a.c. hasta el XI d.c. Realmente hoy es poco más que una colina herbosa y vallada en la que vimos ovejas pastando. En su recinto se ha construido un museo que muestra objetos allí encontrados. Como ya nos pasó en Jiva, y en otros países en vías de desarrollo, los museos dejan un poco que desear, no por falta de calidad de las piezas mostradas, sino por las escasas explicaciones que dan sobre las mismas o el poco tacto a la hora de exponerlas (con poca iluminación, mal colocadas, etc.). La caminata entre las mezquitas y este museo también influyen a la hora de calificarlo como "prescindible" en la visita a Samarcanda.

Lo que no es prescindible es el siguiente lugar que vimos: la necrópolis de Shah-I-Zinda. Para ello tendremos que volver sobre nuestros pasos y en la mezquita Hazrat girar a la izquierda, hacia el este. Esta necrópolis es un conjunto de pequeños mausoleos construidos entre los siglos XI y XIX, estructurados en torno a una estrecha calle central. En tiempos de Tamerlán ésta fue la necrópolis de su imperio, y de hecho en ella descansan varios de sus familiares.

Cúpula interior de uno de los mausoleos del complejo Shah-I-Zinda
Dos decenas de edificios, la mayoría decorados con vistosos azulejos azules y de color turquesa, nos dejaron impresionados. Alguno de los mausoleos está abierto, y por dentro son tan bonitos como por fuera.


AL SUR DEL REGISTÁN



A unas 10-15 minutos a pie del Registán, hacia el suroeste, se encuentran dos mausoleos que centran el interés. El primero es el de Rukhabad, un modesto (al menos comparándolo con lo visto anteriormente) edificio de ladrillo del s. XIV que también carece de decoración por dentro. Pagamos por entrar a verlo y no nos dijo gran cosa.

Interior del mausoleo Gur-Emir
Muy distinta fue la visita al mausoleo de Gur-Emir. Este edificio, también en ruinas y también parcialmente reconstruido durante la época soviética, es junto a la mezquita Babi-Khanum y Shah i Zinda, el tercer plato fuerte de la Samarcanda ajena al Registán. La construcción de este mausoleo fue ordenada por Timur, en 1403, tras la muerte repentina de su nieto favorito, heredero al trono. Cuando en 1405 murió Tamerlán, en pleno invierno, fue enterrado aquí, ante la imposibilidad de trasladar su cuerpo a Shahrisabz por causas climatológicas. Samarcanda y Shahrisabz solo están separadas por 90 kms., pero con unas altas montañas que las separan. El edificio que iba destinado a ser su mausoleo perdió así el uso para el que estaba previsto. Al final, este mausoleo samarcando también acoge los cuerpos de UlughBeg, nieto de Tamerlán y gobernante también de la zona, y de los hijos de Tamerlán Shahruj y Miran Shah.

El interior está decorado en colores azul y dorado, al estilo de la madraza Tilya Kori del Registán. La restauración de este monumento, como pasa con otros muchos edificios uzbekos (especialmente en Samarcanda) ha provocado controversia, porque le ha dado al edificio un aspecto excesivamente moderno. Parece que se quiere ocultar, al menos en parte, que estamos ante un edificio con 600 años de historia.

Vista exterior del mausoleo Gur-Emir, en el que yace el cuerpo de Tarmelán
La práctica totalidad de estos edificios es de pago, y aunque los precios que se piden a los turistas no están escritos en ningún lado y no me extrañaría que variaran a gusto del taquillero de cada uno, en ningún caso nos parecieron caros: entre 1 y 3€ cada uno, si la memoria no me falla.

Y con esto ya se puede dar por completada la visita más básica a esta ciudad de leyenda.

sábado, 29 de noviembre de 2014

La mayor concentración monumental de Asia Central: JIVA (II). Un paseo por el centro


El Kalta Minar junto a la madraza reconvertida en hotel. En primer término, un plano de la Jiva amurallada
Si en el post anterior me conformé con dar una introducción a la ciudad (Khiva en inglés) y hablar sobre las murallas y algún edificio interesante extramuros, esta vez hablaré del corazón de la misma, que ocupa muy pocos metros cuadrados pero es densísimo, con unos 50 edificios declarados monumentos y más de 250 casas antiguas, datando de los siglos XVIII, XIX y principio del XX. Como ya dije en el post anterior, el conjunto amurallado, Itchan Kala, es patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y combina la paz del centro peatonal de una ciudad española con todo el encanto de oriente.

Empezamos y entramos por la puerta oeste, en la que se vende la entrada que nos dará acceso a la mayoría de edificios históricos, aunque como ya expliqué, para 3 se requiere un suplemento: son el arca (el palacio real de los janes/kanes de Jiva), la subida al minarete "Islam Hoja" y el mausoleo Pakhlavan Makhmud.


EL VISTOSO KALTA MINAR


Una vez salimos de la puerta oeste nos encontramos con el primer reclamo, símbolo de la ciudad y probablemente del país si no existiera el Registán de Samarcanda: el Kalta Minar (literalmente "bajo minarete" en el idioma local). Este "rechoncho" minarete tampoco es tan bajito: 29 metros de alto y un diámetro de 14 metros en su base, que se va estrechando a medida que gana altura; todo ello decorado por los vistosos azulejos de la zona: azul, azul turquesa, naranja, marrón... salta a la vista que está inconcluso, y de hecho fue concebido con el objetivo de que fuera uno de los más altos del mundo, en torno a los 80 metros, pero su alto coste (pagado con unos impuestos que no hacían felices a los contribuyentes) provocó que no se pudiera finalizar.

Vista de Jiva, ciudad de ladrillo, adobe y azulejos, desde el minarete Islam Khodja. A la vista el Kalta Minar, el mausoleo Pahlavon-Maxmud y la mezquita de los viernes
Como ocurre con otros minaretes uzbekos, no forma parte de una mezquita sino que se encuentra ligeramente separado de la madraza hoy convertida en el hotel Orient Star. El uso hotelero del edificio hace que sea de las pocas escuelas coránicas que no puede ser visitada por dentro, aunque el viajero tampoco lo lamentará ya que hay varias madrazas similares.


EL "ARCA", LA RESIDENCIA OFICIAL DE LOS DIRIGENTES DE JIVA


Nada más dejar el Kalta Minar a nuestra espalda, en la primera calle que sale a nuestra izquierda, giramos a ese lado rodeando las murallas del "arca" Kunya (Kunya Ark), que es el nombre que en este país parece que se le da a los "palacios reales", a la vivienda oficial del Jan (o Khan en inglés). Fortificado dentro de la fortaleza, parece que se mandó construir a finales del s. XVII, aunque lo que veremos data mayormente de los siglos XIX y XX. Como otros palacios reales orientales, éste también está estructurado en torno a una serie de patios, con no demasiadas estancias cerradas, a pesar de que el clima de Khiva es duro (con un verano excesivamente caluroso y un invierno muy frío). Aparte de la puerta de entrada, con dos torrecitas decoradas con azulejos verdes en su parte superior, lo más destacable del conjunto es un vistoso patio con azulejería azul y un bonito artesonado, y la posibilidad de subir a la parte alta, con una especie de torre vigía a una altura ligeramente superior a la del resto de la muralla. Recomiendo encarecidamente entrar a este edificio (se paga suplemento pero la entrada vale dos días) por la tarde, cuando se vaya a acercar el atardecer, ya que por la orientación del sol disfrutaremos del mejor atardecer que pueda ofrecer esta ciudad. Sobra decir que las vistas sobre el Kalta Minar, a poca distancia, son difíciles de describir con palabras.

Vista del Kalta Minar y de la puerta de entrada al arca Kunya, la residencia oficial de los gobernadores de Jiva hasta la llegada de los bolcheviques
Salimos del arca, y volvemos a la calle principal (Polyon Kori), junto al Kalta Minar, y prácticamente cada manzana la veremos ocupada por un edificio histórico, todos datando de los siglos XIX y XX. A mano derecha nos encontraremos la madraza Matniyaz Divanbegi, bien iluminada durante la noche. En una gran plaza a mano izquierda veremos la madraza Mohammed Rakhim Khan, que hoy alberga un museo, algo que le ocurre también a la Kazi Kalyan.


LA MEZQUITA DE LOS VIERNES Y SU AGOBIANTE MINARETE


Dejamos atrás unos lavabos gratuitos (un detallazo para los turistas) para encontrarnos con otro de los edificios más destacados: la mezquita Juma y su minarete anexo. Esta "mezquita de los viernes" (denominación muy común en otras ciudades uzbekas y en otros países musulmanes) es la más destacada de la ciudad, y tiene como protagonistas a las 118 columnas de madera que sostienen el peso de la estructura. Es de finales del s. XVIII, y tiene un patio en el interior (lo cual la distingue de otras mezquitas llenas de columnas como la de Córdoba o las que hay en Marruecos). Se puede subir al minarete anexo; eso sí, que se abstengan los claustrofóbicos. Yo, que no lo soy, me sentí un tanto agobiado en este minarete. Para empezar, has de agacharte para entrar (un arco a la entrada obliga, si no recuerdo mal, a agacharse hasta a los más bajitos), luego subir escalones es una odisea... ya que estos son muy altos y de escasa superficie para el pie, por lo que yo, que gasto un 46, tenía que ponerlos de lado. Por el camino puedes encontrarte (nosotros lo hicimos) con gente que parece que ha encontrado ahí un nidito de amor, sin darse cuenta de que estorban. Y cuando por fin vuelves a ver la luz (apenas la hay subiendo los escalones, ya que no hay luz artificial y las ventanas son mínimas) te das cuenta de que lo alto del minarete te exige sentarte o agacharte para disfrutar de las vistas y que apenas entran 5 personas cómodamente de pie en él (y casi siempre hay más). Eso sí, las vistas son sublimes, muy recomendables, y subir es gratis (el otro minarete más célebre de la ciudad, con acceso a lo alto, es de pago).

Interior de la mezquita de los viernes, protagonizada por las columnas con la forma tradicional típica allí
Bajamos con cuidado del agobiante minarete y volvemos a la calle principal y seguimos alejándonos del Kalta Minar. La calle se estrecha y llegamos a una gran plaza con dos madrazas de ladrillo que se miran enfrentadas; ésta es una imagen clásica de Uzbekistán, dos edificios de parecidas dimensiones y un mismo estilo compartiendo plaza, mirándose desafiantes uno al otro, mostrando al mundo esa obsesión de la cultura persa por la simetría. Podemos salir por la puerta este, tener una pequeña vista de las murallas (aunque un tanto afeada por los cables y los coches), pero rápidamente volvemos a entrar, para en la primera calle que veamos girar a la derecha (en la plaza de las madrazas que cité antes). Así llegaremos al palacio Tash Hauli, el edificio civil más importante de la ciudad junto al arca. Este palacio no nos da las vistas de los techos del arca, pero a cambio tiene los patios más vistosos de Jiva, llenos de los azulejos azules característicos del interior de algunos edificios de la ciudad. Como en las mezquitas de otras ciudades uzbekas, allí encontraremos unos artesonados de madera pintada que, en cierta medida, pueden recordarnos a España.

Detalle de los azulejos y el artesonado del palacio Tash Kauli

OTRO MINARETE NO APTO PARA CLAUSTROFÓBICOS Y EL FABULOSO MAUSOLEO PAHLAVON-MAXMUD


Salimos del palacio Tash Hauli para volver a la calle principal y abandonarla en la calle "IslomKhuja", que nos llevará directos al minarete de idéntico nombre (o parecido: "Islom Khudja"). Este minarete, el más vistoso de Jiva con permiso del Kalta, es una esbelta construcción de 45 metros de alto que, como otros minaretes de la zona, tiene una mayor superficie en la base que en la parte más alta, aunque justo arriba se ensanche ligeramente en lo que parece una suerte de corona.

Vista desde el minarete de la mezquita de los viernes del mausoleo Pahlavon-Maxmud y del minarete Islam Khodja, entre otros edificios de ladrillo o adobe
La construcción, de principios del s.XX, es de ladrillo pero tiene azulejos con motivos geométricos de colores azul, verde y blanco, y está anexo al edificio del mismo nombre que hoy alberga un museo de arte (uno de los pocos mínimamente interesantes de la ciudad, pero de eso hablaré luego). Ambas cosas pueden ser visitadas por dentro, pero teniendo en cuenta que lo dicho para el anterior minarete aplica a éste también, y que la subida requiere un suplemento (era 1€ aproximadamente cuando estuvimos nosotros). Las vistas son igualmente espectaculares, aunque pueden resultarle al visitante similares a las del otro minarete, por lo que en caso de prescindir de uno, recomendamos prescindir de éste por no ser gratis y por ser más bonito que el otro (aplicando el dicho de "sube a una montaña fea para tener una vista de las montañas bonitas", y no al revés).

Cercano al minarete de Islam Khoja (la transcripción del nombre al alfabeto latino, como veis, es diversa) se encuentra el último edificio histórico de la ciudad que no es un museo y que merece la visita por sí mismo, aunque también en este caso se requiera un suplemento (2€ si no recuerdo mal). Se trata del edificio de cúpula verdosa que es el mausoleo de Pahlavon-Maxmud, que si es vistoso por fuera, es más impresionante por dentro. Los azulejos de color turquesa del exterior dan paso a un interior totalmente recubierto por ese mismo material, donde además se respira un ambiente que impone respeto. No sé si será así siempre, pero en el momento en el que lo visitamos, un hombre, sentado en el suelo, recibía y realizaba ofrendas; los visitantes, en mayor número fieles que turistas, rezaban y ofrecían comida algunos, y la recibían otros. Deduzco que se trataba de la aplicación práctica de uno de los mandatos del Islam, que exige que parte de las ganancias de la gente sean repartidas con los pobres. Más allá de la sala principal, otra pequeña sala guarda la tumba del hombre que da nombre al mausoleo, un destacable poeta, artesano y guerrero de los siglos XIII y XIV.

Detalle de la cúpula del mausoleo Pahlavon-Maxmud
Aparte de esto, hay multitud de edificios históricos esperando ser visitados, y el acceso a todos ellos está incluido con la entrada general. Da igual que apenas haya gente, si está abierto se puede entrar.


MUSEOS


A pesar de las madrazas usadas como lugar de venta de recuerdos, o de aquellas vacías (pero que en algún caso ofrecen subida a la azotea, aunque con cuidado), hay que decir que muchos de los edificios históricos que todavía no he citado son hoy utilizados como museos en Jiva. Y seré sincero.

El afán de la URSS por hacer de Jiva un museo al aire libre hizo que quisieran llenar, como fuera, los edificios de contenido. O eso parece. El caso es que a nivel museístico, como pasa en otros países en vías de desarrollo, Jiva no os va volver locos. Solamente el museo de arte del complejo Islam Khoja, junto al minarete del mismo nombre, me llamó un tanto la atención; aunque debo decir que entré a casi todos, ya que para todos el acceso es gratuito teniendo la entrada combinada de la que hablé en el primer post, y cuando pasas día y medio en la ciudad entrar a todas partes es un lujo que te puedes permitir a nivel de tiempo.

Detalle del museo de arte, el más decente de la ciudad
Salvo ese museo de arte y quizá otro de arte más contemporáneo que vimos después, poco hay que rascar. En general estos museos se caracterizan por su poco interés, la poca calidad con la que muestran los objetos (con muy poca luz por ejemplo) y que a veces están enfocados más a uzbekos que a viajeros. Esto lo digo porque algunos carecen de las debidas indicaciones en inglés o porque muestran cosas de la vida diaria que al viajero poco le van a importar, como un museo de animales en el que no pasamos ni dos minutos.

Madraza con iluminación nocturna bajo la mirada de la luna llena
Pero esto no quita para que Jiva sea una de las ciudades más interesantes de Asia Central. ¡No os la perdáis si vais por allí!


ALOJAMIENTO


Sobre el alojamiento en Jiva o Khiva hablé en la primera parte sobre la ciudad. :) Nosotros dormimos en un lugar bueno, bonito y barato.


RESTAURANTES


Puede que sea debido a que solo tras Tashkent fue nuestra segunda ciudad en el país y no nos había agotado la cocina uzbeka, o a que el surtido de restaurantes del centro era amplio y estaba todo a un paso, o quizá a que no sufrimos hasta irnos la "diarrea del viajero", pero en nuestra opinión Jiva fue la ciudad en la que mejor comimos de Uzbekistán. 

Mesa para comer al estilo uzbeko, con el trasero a la misma altura que los pies, que hay que descalzar.
El hecho de tener unos 5-8 restaurantes en un radio de tres minutos a pie ayuda a elegir, y allí nos hinchamos a plov, el plato nacional (arroz con calabaza, carne, uvas pasas...) o probamos bebidas tan extrañas como zumo de sandía o especialmente el de zanahoria. La carta no está tan limitada como en otros lugares (especialmente Samarcanda con sus pobres restaurantes junto al Registán) y los precios, sin ser chollazos, son bastante aceptables.

Ejemplo de comida en Jiva. Ensaladas de tomate y remolacha, zumo de zanahoria y sandía (también tenían de melón) y pan

sábado, 1 de febrero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (II)

Continuamos la segunda parte de los consejos para conocer la ciudad de Fez. Aquí tenéis la primera mitad.

¿QUÉ VER EN FEZ? FEZ-EL-JEDID


Las diversas dinastías que han gobernado el noroeste de África no han acostumbrado a escatimar en gastos a la hora de hacer sus ciudades imperiales. En el caso de Fez, la dinastía benimerín o merínide ordenó construir la ciudad imperial de Fez el Jdid. Sí, si en Europa se han hecho lujosos palacios reales, en lo que hoy es Marruecos se construían "ciudades imperiales", aun más grandes y pomposas que sus equivalentes europeos. Eso sí, mientras en Europa muchos son visitables por dentro, en Marruecos todavía hoy son inaccesibles al viajero las joyas de esas ciudades imperiales, que son los palacios reales... es más, hacer fotos de su exterior muchas veces está prohibido (algo de lo que avisan los guardas que suelen estar en las puertas) incluso aunque el rey de Marruecos no esté en la ciudad y apenas use el palacio... normal, tiene 27 palacios reales y es imposible que use todos a diario. En el caso de Fez, la vistosa fachada principal de la plaza de los Alauitas sí se puede fotografiar (de hecho parece haberse hecho adrede para ello), pero el resto de palacio no.


Fachada del palacio real en la plaza de los Alauitas, la más bonita y la única fotografiable de este inmenso conjunto palaciego
El caso es que los benimerines se construyeron una nueva ciudad en un alto cercano a la medina desde el que poder controlar lo que por aquel entonces era Fez, la cual era pasto de diferentes revueltas con relativa frecuencia. Alrededor de esa ciudad imperial fueron creciendo diversos barrios, casi tan caóticos como los de Fez-El-Bali, entre los que destaca un barrio judío. El crecimiento de ambas ciudades provocó que acabaran uniéndose Fez-el-Bali y Fez-el-Jedid, aunque todavía hoy compongan dos unidades urbanísticas diferenciadas. Aquí tenéis algunos de sus puntos de interés:
- Mechuares: yo no pude ver todos, porque según mi mapa alguno estaba dentro de las murallas del palacio real (por tanto no era visitable), pero el "pequeño mechuar" por el que se entra al barrio tiene su interés... un "mechuar" es un patio de armas, una gran plaza amurallada utilizada para las formaciones militares. Básicamente es una plaza rodeada de muros con almenas hoy gobernada por los coches, con una puerta del palacio real donde os dirán amablemente que ni se os ocurra hacer fotos (solo al palacio, el resto de mechuar puede ser fotografiado).
- Grand rue de Fez-el-Jedid: esta calle comunica el "petit mechouar" con el barrio judío, y su primera mitad es un zoco, con bastante más espacio que los de la medina y especializado en ropa. Además junto a esa calle se suceden varias mezquitas, fácilmente identificables por sus minaretes. La calle, larga y recta, muere en el barrio judío al que se llega pasando bajo una monumental puerta.

Calle principal de Fez-el-Jedid, convertida en zoco de ropa en buena parte de su recorrido

- Barrio judío, sinagoga incluida: el barrio judío de Fez-el-Jedid muestra las huellas que han dejado los judíos en Fez. Aunque hoy sean apenas unas pocas decenas, hasta hace pocas décadas se contaban por miles en la ciudad. La convivencia no era fácil, y de hecho las humillaciones y vejaciones que la mayoría musulmana daba a sus vecinos judíos lo dejan claro, pero no obstante los judíos se las apañaron con su buena mano para la artesanía y la joyería para tener una economía mejor que la de sus vecinos musulmanes. Sigue habiendo joyerías en el barrio, y la calle principal tiene unas vistosas casas con balcones de madera que me recordaron a fotos que he visto de ciudades coloniales construidas por los españoles. La sinagoga se conserva gracias a la reconstrucción que pagó, entre otros, el gobierno alemán (curiosamente), y se muestra al que la quiera visitar por 20 dh (1,8€ con el cambio). Aunque no está al nivel de sus homólogas europeas ni en tamaño ni en porte (Budapest o Sofía, por citar dos ejemplos) nos pareció una visita interesante. NOTA: NO HACER NI CASO a las indicaciones que la gente os dé para llegar al barrio ni a la sinagoga. Hasta 4 personas distintas nos señalaban en dirección contraria a dónde íbamos la situación de ambos en Fez-el-Jedid.

Interior de la sinagoga de Fez

- Palacio real: la foto de la plaza de los Alauitas es otra de las clásicas de la ciudad, y recomiendo a todo el mundo que pase por esa plaza... y aunque no se puedan hacer más fotos, se rodeará el palacio real casi sin querer y se verá alguna que otra puerta vistosa, y las altas murallas que lo protegen del exterior.
- Barrios musulmanes: los barrios que se suceden a los lados de la calle principal de Fez-el-Jedid y al oeste del mechuar anteriormente citado pueden tener su interés, aunque son prescindibles. Si uno se pierde por sus calles se encontrará otra cara de la realidad de Fez, aparte de no dejar indiferente a una población no tan acostumbrada a ver turistas como en la medina.

Petit mechouar, un patio de armas por el que se entra a Fez-el-Jedid


MUSEOS

Como pasa en otras ciudades marroquíes como Marrakech, ir a los museos de Fez es en muchos casos más que recomendable. El interés principal es más por los edificios en los que se alojan que por las piezas que componen la colección expuesta; por otro lado los precios son muy bajos, entre 10 y 20 dirhams (1-2€). Estos son los mejores:
- Museo Dar Batha: museo principal de la ciudad, de titularidad pública, expone arte marroquí en un edificio igualmente marroquí con un inmenso jardín de claro aire andalusí, que nos hará sentir, salvando las distancias, como en los jardines de los Alcázares de Sevilla. Se ubica fuera de la medina pero junto a ella, a 5 minutos a pie de la puerta Bab Bou Jeloud.
- Museo de la madera "Nejjarine": en pleno centro de la medina, en un antiguo caravasar (alojamiento para caravanas y "caravaneros") que ejemplifica como ningún otro sitio el trabajo de recuperación que la UNESCO ha ejercido en la ciudad, este museo es un claro ejemplo de que solo por visitar este edificio por dentro ya merece la pena pagar los 20 Dh que cuesta, aunque nos dé igual la madera. Las piezas en sí tienen su interés a pesar de todo. La azotea es visitable también, y ofrece buenas vistas de la medina.

El caravasar Nettarine, restaurado por la UNESCO, aloja hoy el museo de la madera de Fez

- Museo Belghazi: algo más secundario, este museo de titularidad privada es un remanso de tranquilidad a pesar de su ubicación, también en una zona céntrica de la medina. Una cría de la familia nos enseñó las salas, y aunque la Lonely Planet dice que ha perdido parte de su esplendor porque su dueño ha vendido muchas obras, solo por ver un palacio tan antiguo ya nos mereció la pena entrar (20 Dh). Las vistas de la medina desde la azotea serán probablemente las mejores que se pueden tener sin salir del recinto amurallado. Ojo si se buscan fotos porque hay más museos con el mismo nombre en Marruecos y el de Fez no es precisamente el que más muestra google. Y ojo también a las personas que cerca del museo os dirán que está cerrado recomendándoos ir a las cercanas curtidurías (que son más pequeñas que las principales de la ciudad); en mi caso era falso que estuviera cerrado el museo, es otra estrategia para que vayáis a donde a ellos les interesa.
- Museo de armas: alojado en un torreón defensivo hecho por esclavos portugueses en un alto sobre la medina, visitar este museo por dentro tampoco me volvió loco de alegría, y te tienen que gustar algo más que a mí las armas para disfrutarlo... (10 Dh) no obstante, acercarse a él, entrando o no, puede ser una buena idea porque es el segundo mejor lugar de Fez para disfrutar de un atardecer. El primero son las ruinas de las tumbas merínides, no muy lejos del museo, pero tanto las guías de viaje como amigos que estuvieron antes que nosotros en Fez nos dijeron que esa zona está frecuentada por ladronzuelos, especialmente de noche. Como no era recomendable preferimos no ir. Al margen del atardecer, las vistas sobre toda la medina de Fez son muy buenas, aunque la cercana estación de bus afee un poco el conjunto.


¿DÓNDE DORMIR EN FEZ?


Como ya he comentado, Fez dispone de hoteles, más o menos lujosos, que nos harán sentir como en Europa, o casi... y el "casi" lo digo porque es más frecuente que en Europa que algunos detalles fallen: véase problemas de fontanería, tapas de WC rotas o habitaciones mal aisladas del frío o calor exterior por citar algunos que nos encontramos.

Patio del museo Belghazi
No obstante, para todo aquel que quiera sumergirse en la cultura marroquí, los riads son una experiencia más que recomendable. "Riad" significa "jardín", pero también designa a la casa tradicional marroquí, discreta y sin ventanas al exterior, pero que deja la decoración para el interior (en el mundo musulmán se considera mal visto presumir de lujo, por eso se decora solo el interior de las casas, aunque en Dubai o Qatar ya no se cumpla esta costumbre...), que se estructura en torno a un patio y cuenta con varias plantas y una azotea. Los riads se pueden encontrar en las medinas de las ciudades marroquíes con más encanto (Fez, Marrakech, Meknes o Essaouira, por citar algunas) y los hay de todos los precios, desde superlujo a muy económicos, por menos de 30€ diarios la habitación doble. Suelen tener pocas habitaciones, no superando la decena, lo cual hace que los dueños y/o empleados den un trato amable y cercano, siendo una fuente de información fiable. Nosotros dormimos en el riad Nassim, que estando bastante bien, tiene el inconveniente de estar en un extremo de la medina, lejos de la mayoría de puntos de interés.


¿CÓMO LLEGAR A FEZ?


Fez tiene un aeropuerto internacional, que en el momento de escribir estas líneas se había quedado pequeño por la llegada de compañías como Ryanair o Vueling, que nos acercan a esta ciudad marroquí desde España y otros países de Europa Occidental. No obstante a principios de 2014 ya estaba bastante avanzada la nueva terminal, digna de la segunda ciudad más turística de Marruecos.

Calle principal del barrio judío, que destaca por sus hermosas viviendas con balcones de madera
Además Fez se encuentra en el centro de uno de los dos principales ejes ferroviarios marroquíes; concretamente del que une la costa atlántica (Rabat, Casablanca) con Oujda, ciudad cercana a la frontera argelina y al Mediterráneo. Los trenes marroquies, siendo viejos, son más rápidos de lo que cabría pensar (más que en Europa Oriental, por ejemplo) y realmente muy baratos (recorrer 100 kms. en ellos vale de media menos de 3€), por lo que son una buena forma de moverse por el país. Las principales ciudades del país tienen servicio de tren, o un bus, regentado por Supratours y dependiente de la compañía ferroviaria marroquí, por lo que es fácil acceder a ellas.

sábado, 25 de enero de 2014

REBELDE CAPITAL IMPERIAL: FEZ (I)

Dicen que Marruecos es un país que no se visita, "se vive", y desde luego que de las ciudades marroquíes que conozco, Fez, junto a Marrakech, es la ciudad a la que más aplica semejante frase. Y es que difícilmente se puede encontrar un lugar tan cercano a España como esta ciudad marroquí, tercera en tamaño del país, y al mismo tiempo tener ese "dépaysement" brutal... (nótese que "dépaysement" es una palabra francesa, sin traducción natural al castellano, que se refiere a la sensación de desubicación o desconcierto que sacude a un viajero cuando se encuentra en un lugar que le es extraño por sus costumbres, paisajes, edificios, personas, etc. ya que son muy distintos a su lugar de origen). Y es que aunque históricamente el norte de África, especialmente Marruecos, y España, hayan tenido una historia común durante más de 700 años, los 500 años posteriores en los que cada país se ha desarrollado por su lado han hecho de ellos dos mundos muy distantes en casi todos los aspectos. Los 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar son una barrera que marca una frontera contundente, hasta el punto de que yo, por ejemplo, diría que siento tener más cosas en común con un turco, a mucha mayor distancia de España y sin historia en común, que con un marroquí. Y ni siquiera el reciente protectorado de España y Francia en el país africano (1912-1956) ha logrado mitigar apenas esas diferencias.

Puerta de Bab Bou Jeloud, principal acceso a la medina, con el minarete de la madraza Bou Inania bajo su arco principal
Dentro de ese otro mundo, Fez además quizá sea la ciudad más compleja, la más árabe y la más marroquí del país. ¿Por qué? Por haber sido la capital del territorio con diferentes dinastías durante más tiempo que ninguna otra ciudad del país, y más aún por el legado que esta capitalidad imperial ha dejado en la ciudad. Y merece el apelativo de "rebelde" por un lado por no ser sencilla para el viajero y por otro porque su personalidad y la de sus habitantes es así; las primeras reivindicaciones independentistas en Marruecos se dieron allí, así como otras protestas que acabaron influyendo en el resto del país, y se la conoce por ser la más culta e intelectual de las ciudades marroquíes, tanto que para alguien de Fez el ser de allí es una virtud por sí misma...

Además, Fez nos ofrece la mayor medina de Marruecos. "Medina" es la traducción al árabe de "ciudad", palabra frecuente en la geografía española, pero que hoy en Marruecos utilizamos para referirnos al casco antiguo de las ciudades magrebíes, que eran prácticamente la única ordenación urbana existente en Marruecos hasta la llegada de las potencias coloniales europeas. Estas medinas se caracterizaron por sus numerosísimas calles estrechas, que normalmente ni el mejor de los planos puede mostrar en su totalidad. La consecuencia para el viajero es clara: te vas a perder. Según lo bien que te orientes con el mapa que tengas (que incluirá poco más aparte de las calles principales) lo harás mucho o poco, pero lo que es seguro es que te perderás. Y hay que aceptarlo así, disfrutar de las ventajas de estar perdido (hasta que uno se canse, claro), y quizá en algún caso pedir ayuda, aunque voy adelantando que los "fassis" (habitantes de Fez) no siempre ayudan, así que por desgracia no hay que fiarse de cualquiera.

La medina de Fez es gigantesca, inabarcable, de cuyo tamaño hablan estos datos: 16 kilómetros cuadrados de casco antiguo urbano, en el que se agolpan 9400 calles, callejuelas, callejones, en los que en muchos casos se pueden tocar ambas paredes extendiendo los brazos, y en los que viven aún 150.000 personas aproximadamente; es decir, tanta población como en la ciudad de León. Algunos lo consideran la mayor zona peatonal urbana del mundo, si bien esto lo veo inexacto porque hay alguna zona de la medina a la que se puede acceder en coche (cuatro contadas, eso sí). Está totalmente amurallada, cuando no doblemente amurallada, y ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es más, la UNESCO, visto su gran valor y su avanzado estado de deterioro, inició un programa de rehabilitación de la medina, que recuperó, entre otros, un espléndido caravasar (hostal de caravanas).



PELIGROS Y ADVERTENCIAS



La Lonely Planet titula así su sección "negativa" para el viajero a la hora de hablar de una ciudad. Yo nunca la había incluido en mis más de 80 posts anteriores, pero aquí hay que hacerlo.

Entrada a la mezquita Karaouine, la más grande de Fez, con una trabajada entrada
Fez ha tenido mala reputación para el viajero por sus falsos guías. Esto es, personas sin titulación ni necesariamente las mejores intenciones, que se presentan al viajero como grandes conocedores de la medina. Te dicen que sin su ayuda te perderás, e incluso pueden decirte que es peligroso caminar sin un "fassi" que te lleve. Pueden resultar un tanto cómicos (uno se nos presentó a nosotros como el "google maps" de la medina :D ), pero como te vean indeciso pueden ser muy numerosos y sobre todo demasiado insistentes; si decides coger los servicios de uno de ellos no es que vaya a correr peligro tu vida, pero es probable que arruinen tu visita de Fez porque la veas menos, peor y gastando más dinero que sin su "ayuda". En los últimos años, el país ha emprendido una lucha contra ellos y hacer ese trabajo "furtivo" les puede costar hasta pequeñas penas de cárcel. Pero el alto paro y los buenos ingresos que los turistan reportan hacen que para algunos siga mereciendo la pena correr el riesgo. Cada uno que haga lo que quiera, pero yo no lo recomendaría en ningún caso... si se cree necesario usar guía mejor coger uno oficial, aunque sea más caro, y sino siempre queda la opción de pedir ayuda a algún niño o comerciante en caso de que uno se pierda. Los niños carecen de la maldad de querer aprovecharse de la situación, y los comerciantes no van a dejar su negocio por llevarte, por lo que no tienen mayor interés en dar indicaciones falsas.

Al margen de los falsos guías, una picardía un tanto "extrema" reina entre algunos habitantes de la ciudad. A la hora de comer, uno se puede encontrar en la medina jóvenes que insistirán en recomendar algún restaurante no precisamente barato (si les sigues, has de saber que se llevarán una comisión del restaurante que tú pagarás en tu cuenta), y especialmente en Fez-el-Jedid (barrio extramuros de la medina, pero casi igual de laberíntico) nos encontramos con unas cuantas personas que nos daban indicaciones falsas para llegar al barrio judío o a su sinagoga, con la intención, me imagino, de llevarnos a la tienda de un amigo suyo, o de hacer que nos perdiéramos y así necesitar su ayuda como guías. Yo me sentí ofendido por ver que nos ofrecían insistentemente una ayuda que no necesitaba y que además informaban mal adrede, pero por desgracia esto es algo que viene incluido con la belleza de Fez.

Por último, los caza-turistas en los restaurantes o los dueños de tiendas del zoco que casi casi bloquearán la calle para invitarte a entrar en su establecimiento están por doquier, pero en esa selva urbana estos son los más inofensivos. Con el primer "no" ya le dejan a uno tranquilo.

Y AUN ASÍ, ¿TE HA GUSTADO FEZ?


Detalle de la madraza el-Attarine, la más decorada de Fez
Pues sí, Fez es espectacular. Es probablemente uno de los lugares más medievales que jamás haya visto (para lo bueno y para lo malo), y tiene rincones de bella factura, tanto para ver por dentro como por fuera. Además, es una ciudad muy barata si uno se lo monta bien, y tiene un aura y un encanto que no se puede describir con palabras. Me gustó aun más Marrakech, pero situaría a Fez solo ligeramente por debajo en cuanto a interés.


¿CÓMO UBICARSE EN FEZ?


Para empezar, decir que Fez son tres ciudades en una: Fez-el-Bali, o lo que es lo mismo, la inmensa medina, se ubica en el extremo este de la actual Fez. Fez-el-Jedid, aunque signifique "Fez la nueva", está en el centro y es la villa imperial que la dinastía benimarí se construyó a finales del s.XIII. Y la "Ville Nouvelle" (Ciudad Nueva, en francés), al oeste, es la parte proyectada durante el protectorado francés, con un aspecto que se asemeja al ensanche de una ciudad europea. Los puntos de interés se encuentran de forma exclusiva en las dos primeras zonas, aunque los hoteles de estilo europeo, o los nexos de comunicación (estación de tren o de grand taxis) se ubican mayormente en la Ville Nouvelle, por lo que casi todos acabamos pasando por allí también.

¿QUÉ VISITAR EN FEZ? EN LA MEDINA


¿Por dónde empezar? Pues nosotros empezamos por una de las fotos más típicas de Fez: sus curtidores. Situados en el extremo este de la medina, su ubicación no fue elegida al azar... se procuró colocarlos en una zona no tan llena de viviendas ya que su trabajo... ¡apesta! Sí, los curtidores de Marruecos desempeñan su oficio de forma muy similar a cómo lo hacían sus ancestros en el medievo, lo cual significa usar compuestos tan desagradables como heces de paloma y orina de otros animales. A cambio he de confesar que fabrican auténticas joyas y presumen de hacerlo sin ayuda de químicos como suelen llevar las prendas de vestir que usamos nosotros a diario.
Quizá por ir en pleno invierno yo no noté un olor tan espantoso como la mayoría dice haber sufrido, pero no obstante los guías prestan unas ramitas de menta que ayudan a mitigar el mal olor. En la curtiduría más grande de Fez varias terrazas permiten sacar coloridas fotos a las pozas mientras los empleados siguen trabajando aparentemente ajenos a las fotos que todos sacamos de sus traseros :) Como es natural, los guías intentan aprovechar la visita para vender algo, aunque si no se desea comprar con una pequeña propina se quedan contentos. Si se quiere comprar, el regateo es imprescindible.

El barrio de los curtidores de Fez, con las pieles secándose al sol y las cubetas con diferentes mejunjes apestosos :)
Por desgracia, a día de hoy se mantiene la prohibición a los no musulmanes de visitar mezquitas y lugares santos (con contadas excepciones en el país y ninguna en Fez), medida que considero absurda en la actualidad y que se remonta al protectorado francés, pensada para evitar conflictos entre comunidades. Y si bien en Marrakech o Casablanca esta prohibición no me importó apenas, en Fez sí me pareció que me estaba perdiendo auténticas maravillas arquitectónicas, ya que lo que vi desde la entrada en ocasiones tenía una pinta excelente. No obstante, recomiendo visitar, aunque nos quedemos en la puerta, las mezquitas más destacadas de la ciudad, como son la Karaouine, en el centro geográfico de la medina, o el mausoleo de Mulay Idrís, muy cerquita. La mezquita andalusí, en el barrio homónimo, ocuparía el tercer lugar, con una bonita puerta. Además, los minaretes verdes de muchas de ellas suelen ser hermosos, y para quien no esté acostumbrado, sus llamadas al rezo no dejan indiferente.

Aunque hay que decir que se compensa la prohibición de visitar mezquitas con el permiso para visitar otra institución básica del Islam: las "madrazas" o "medersas", que es como se llama a las escuelas coránicas. Esta institución es algo así como la versión mora de un college inglés, porque integra la escuela y los dormitorios de los estudiantes en un solo edificio, e incluso en algún caso también disponen de mezquita. Fez es la ciudad marroquí que dispone de más ejemplares de estos históricos edificios, también estructurados en torno a un patio, aunque su grado de conservación es desigual. En el momento de escribir estas líneas, las madrazas Bou Inania y el-Attarine son las mejor conservadas, y son igualmente espectaculares por la belleza de su decoración, con yeserías con caligrafía árabe, puertas de madera labradas o azulejos preciosos. La primera es la más grande y dispone de su propia mezquita y minarete, que aunque no permiten el paso a los no musulmanes, se ven perfectamente desde el patio. Y la segunda, más pequeña, dispone incluso de más detalles de decoración. Si no se dispone de tiempo para visitar ambas, recomiendo ver al menos una. Eso sí, pueden resultar algo difíciles de encontrar para el viajero independiente, así que si no las veis por vosotros mismos, preguntad a alguna persona (preferiblemente artesanos y niños, como dije antes).

Madraza de Bou Inania, con minarete y mezquita incluidos
Mientras se buscan estos lugares, el viajero reparará en otro lugar de interés en sí mismo, que es el propio zoco o mercado permanente que ocupa, a ojo, un tercio de la medina. Como se hacía en España en la Edad Media (de lo que solo nos queda la huella de los nombres de algunas calles), en Marruecos los puestos del zoco se colocan por gremios de tal modo que todos los plateros tienen sus puestos en una calle, mientras que los puestos de especias, verdura o de venta de calzado tienen también delimitadas sus zonas. Este inmenso zoco ocupa algunas de las calles principales de la medina, a menudo cubiertas con unas precarias techumbres que no consiguen dar el aspecto de un mercado cubierto como tienen otros países musulmanes como Turquía. Perderse por estas calles y ver a los artesanos trabajando es una más de las actividades que se esperan de una visita a Marruecos. Nótese que en la medina de Fez, por su tamaño y a falta de tráfico rodado, ni siquiera de motos como en Marrakech, se suministra mercancía al zoco o se recoge la basura con burros... ¿os había dicho que esto es otro mundo?

Por último, acabo la visita a la medina hablando de sus imponentes murallas, que la abrazan totalmente, y sus puertas. Sobre las primeras, dar un paseo junto a ellas es una buena forma de admirarlas, y existen miradores extramuros interesantes (hablaré de ellos en otro post sobre Fez). De entre las últimas, algunas destacables son las de la plaza Rcif, y especialmente la Bab Bou Jeloud. Esta puerta, aunque reciente (data de 1913), se ha convertido en un símbolo de Fez por ser el principal acceso a la medina y por ser una de las fotos más típicas de la ciudad. No es difícil encontrar el ángulo que nos permite sacarla completa mientras dos minaretes (uno de ellos el de la madraza Bou Inania) aparecen en el arco que dibuja. Además, junto a ella se ubica la principal zona de restaurantes de la medina, a precios populares (menús a 5-10 euros).

Seguiré con Fez-el-Jedid y con una sección dedicada a los museos en una próxima entrada.

sábado, 12 de octubre de 2013

Viaje a la India, día 20: Delhi, perdidos entre sijs, edificios musulmanes y un barrio con sabor europeo

El hecho de estar ante nuestro último día completo en la India nos motivó para madrugar más incluso de lo normal (nos levantábamos, de media, tan pronto como para ir a trabajar, en torno a las 8 de la mañana) y aprovechar las horas de sol y ver todo lo que queríamos.

Mezquita de Jama Masjid, que dice ser la más grande de toda la India
Cogimos el siempre atestado metro para ir a la Jama Masjid, una mezquita que es una de las principales atracciones de la ciudad. Callejeamos 20-30 minutos por el enjambre de callejuelas de vieja Delhi, sin éxito... admití el fracaso de mi orientación, y recurrimos a un señor mayor con su bici tuk-tuk para que nos llevara hasta ella. Una vez más un anciano nos dio una demostración de fuerza y conocimiento de la ciudad. Pedaleaba como podía, y cuando había una cuesta arriba no me dejaba ayudarle a empujar la bici. La fuerza y vitalidad de esos cuerpos huesudos indios no dejaba de sorprenderme.

Llegados a la mezquita, ese templo incomensurable nos encantó. Como otras mezquitas que habíamos visto antes en la India, ésta también era "todo exterior", lo cual no dejaba de sorprenderme debido al clima tan duro que tienen allí (sea por calor de hasta 45ºC o por lluvias monzónicas). En absoluto me pareció más grande que la de Fatehpur Sikri, pero no hay libro que no le coloque el apelativo de "mayor mezquita de la India". La ubicación, en un extremo de vieja Delhi, en un pequeño alto, con esas cúpulas bulbosas blancas y la piedra rojiza, todo en su conjunto, hace que sea de los edificios más bonitos de la ciudad. Se puede subir a uno de sus minaretes, desde donde la Lonely Planet dice que "parece abarcarse toda la India"... algo fantasioso ya que la altura no es mucha, y por desgracia la neblilla de la contaminación tampoco permite ver gran cosa. Por supuesto hay que quitarse los zapatos para visitarla, aunque parezca que estamos más en un patio que en una mezquita.

Entrada al Fuerte Rojo, otro legado mogol en la ciudad. Desde ese lugar se proclamó la independencia de la India el 15 de agosto de 1947
Lo que sí abarcaba la vista de la mezquita era el fuerte rojo, ubicado justo enfrente, pero que requiere una caminata a través de un mercadillo sin extranjeros para llegar hasta él. Aunque el fuerte se ve en todo momento mientras caminamos de un sitio al otro, los conductores de tuk-tuk son insistentes y se ofrecen a llevarte a pesar de todo. Les ignoramos, para una vez que tenemos una verdadera acera y un paseo agradable por el que caminar, no voy a coger un tuk-tuk...

El fuerte rojo prometía mucho y fue una gran decepción, la única que nos llevamos en Delhi y de las pocas de las casi 3 semanas de viaje. Es un fuerte mogol, como el de Agra, pero bastante más vacío por dentro. Los ingleses debieron arrasarlo, y de hecho se ven unos pabellones, nada indios, que son testigo de su paso por allí. Entre dependencias en restauración y otras zonas que no eran visitables por dentro la verdad es que hay poco de lo que disfrutar. Y eso que es patrimonio de la humanidad...

Aunque nos resultó decepcionante, el Fuerte Rojo de Delhi tenía rincones llenos de encanto, como éste
Otro bici tuk-tuk (o bike tuk-tuk) de un simpático joven de Calcuta nos llevó de vuelta al metro, para esta vez conocer el barrio de Nueva Delhi, donde fuimos a visitar el "Gurdwara Bangla Sahib", el templo sij, o sikh, de Delhi. El contacto con Nueva Delhi nos hizo ver otra ciudad, la construida por los británicos a principios del s. XX, sin tuk-tuks, ni vendedores por las calles, con anchas avenidas donde el tráfico era fluido y con las calles, en general, bastante más limpias. Aunque más occidentalizado (y quizá por ello con algo menos de encanto) un "VIVAN LOS BRITÁNICOS" se nos pasó por la cabeza a ambos mientras caminábamos por allí.

Antes de hablar del templo sij, creo que debería explicar rápidamente qué es el sijismo. El sijismo es una religión fundada en la India, a principios del siglo XVI, por el gurú Granth Sahib, en un contexto de tensión entre las comunidades musulmana e hindúes de los territorios que hoy son India y Pakistán, como respuesta a estas dos comunidades religiosas. No voy a explicar aquí su doctrina, pero a grandes rasgos son monoteístas, y creen en una mayor tolerancia entre religiones y tuvieron varias ideas revolucionarias, como por ejemplo la total igualdad de derechos para todos los seres humanos en general, y para hombres y mujeres en particular (cosa que todavía hoy muchas religiones no apoyan). El mayor porcentaje de seguidores del sijismo está en la región de Punjab, hoy dividida entre India y Pakistán, aunque después de la partición la mayoría optaran por el primer país, más respetuoso con las minorías religiosas que Pakistán. A pesar de ser una religión minoritaria, solo el 2% de los indios son sijs, la enormidad del país hacen que estemos ante, según las fuentes que lo digan, la quinta o la novena religión con más seguidores del mundo, con unos 25 millones. Tras el cristianismo, el islam, el hinduismo y el budismo, el sijismo podría ser la siguiente. Por ejemplo, a pesar de ser una religión mucho más conocida en occidente, hoy día hay menos judíos que sijs.

Acomodarse y admirar la belleza del templo sij de Delhi no son cosas complicadas una vez llegados a allí
A pesar de algunos momentos tensos y muy trágicos de nacionalismo e intolerancia religiosa, como los producidos en 1984 con el ataque al precioso templo dorado de Amritsar (el "Vaticano" del sijismo) que provocaron el asesinato de la entonces presidenta Indira Gandhi, los sijs viven en paz con el resto de habitantes de la India. De hecho, el actual presidente indio, Manmohan Singh, es sij. Una forma de identificarlos es por su turbante de tela de un solo color y sus barbas, que normalmente dejan crecer libremente.

Pues bien, aunque los templos santos de los sijs están en el estado del Punjab, en Delhi tienen un templo y eso nos pareció motivo suficiente para acercarnos. Como en muchos otros casos, un hombre se acercó para hablarnos, y como nos habíamos acostumbrado a hacer, lo ignoramos. El hombre no se dio por vencido, paró a otros turistas que salían para que nos dijeran que aquel hombre no buscaba nuestro dinero, solo quería explicarnos qué era aquello, cómo funcionaba su religión y cómo había que visitarlo. Cedimos y empezamos a escucharle con un inglés bastante aceptable.

Primero tuvimos que entrar a un lugar donde me pidieron que me descalzara y me colocara un pañuelo en la cabeza, ya que los hombres han de llevarla cubierta. Nos lavamos las manos y los pies y entramos. El hombre nos esperó a la entrada del complejo y nos siguió explicando, muy amablemente, que en su religión no hay sacerdotes, sino gurús, y que no se les obliga a hacer celibato, ya que creen que crear una familia es lo mejor para la realización del ser humano. Además nos dijo que todo templo sij tiene como característica común la existencia de un estanque para lavarse, de un albergue de peregrinos y de un comedor social, este último gratuito, en el que voluntarios dan de comer a todo el que lo desee. De hecho, nos ofreció comer allí, a lo que nos negamos pensando que era más noble no aprovecharse y dejar ese servicio a gente que lo necesitara realmente, y nosotros no pertenecíamos a ese grupo, por suerte.

Este letrero permite tranquilizar a hindúes y musulmanes en los McDonald's de la India
Recorrimos el estanque por completo, entramos al templo en sí, donde no se podían sacar fotos, en el que el libro sagrado presidía el centro de la estancia. Un grupo de 3 personas cantaba (muy mal, por cierto) algo que me imagino que eran versos del libro, y los altavoces a todo volumen distribuían la música en el edificio. En general, nos sentimos cómodos en todo el complejo, en el que no nos prestaron mucha atención por ser extranjeros, que estaba limpio y que con la explicación gratuita de aquel hombre se nos hizo más fácil de entender. De hecho, a la salida, una foto del templo dorado de Amritsar, esa especie de "La Meca" o "Vaticano" del sijismo me hizo pensar que algún día me gustaría ir a un lugar tan bonito y tan mágico como parece aquél (por desgracia, también tan cargado de historia... con dos matanzas múltiples solo en el s.XX).

Por una vez, a la salida nadie nos esperaba para ofrecernos ir en tuk-tuk ni nadie se nos ofreció en nuestro paseo hasta la inmensa Connaught Place... Nueva Delhi es una ciudad europea en medio de una megalópolis india y hasta en eso se notaba.

En Connaught Place comimos en un Mc Donald's... me prometí a mí mismo tardar muchos meses en volver a hacerlo, pero allí era una experiencia curiosa que nos apetecía repetir. De nuevo nos abrieron la puerta al entrar y vimos a "la gente guapa" que ya notamos en el que estuvimos de Jaipur. Al sacar una foto al letrero que decía que no vendían carne ni de ternera ni de cerdo, una camarera me dijo que estaba prohibido hacer fotos... sorprendido guardé la cámara y pensé que al menos ya tenía la foto que quería. En este país no hay quien entienda nada.

Templo de Safdarjang
Queríamos ir de compras en nuestra última tarde en la India, y nos acercamos al sórdido barrio de Paharganj. Sórdido según la Lonely Planet, porque a mí me encantó y no me pareció apropiado ese adjetivo. Resumiendo, era una calle sin apenas tráfico, con vendedores que no iban a buscar al comprador, y con una variedad de cosas superior a la de casi cualquier otro sitio en el que habíamos intentado comprar algo. Todo un lujo que tampoco era caro. Cogimos 2 figuras preciosas de Ganesh por poco más de 5€ cada una (para regatear me fui 3 veces de la tienda pero llegado a una cifra el vendedor no bajó el precio ni una rupia) y compré 2 camisetas por 2€ cada una en una tienda... ¡con precios fijos! Disfrutar de las compras, algo que solo había experimentado en Pushkar hasta entonces, era posible en Paharganj.

Como quedaba tiempo aún, decidimos acercarnos a la tumba de Safdarjang, uno de los últimos emperadores mogoles. Cogimos el metro y un solitario tuk-tuk nos esperaba a la salida... y asistimos a la discriminación (esta vez positiva) típica que se hace a los extranjeros allí. A pesar de que había una pareja de indios a punto de entrar al tuk-tuk, que me imagino que ya habían acordado un precio con el conductor, los hizo parar al vernos a nosotros y negoció precio con nosotros... como llegamos a un acuerdo (y sacó más dinero con nosotros, seguro), los indios se quedaron con un palmo de narices sin tuk-tuk.

Templo de Safdarjang
Nos dejó en la puerta el conductor, de una tumba más evolucionada y moderna que la de Humayun (también más modesta), aunque realmente espectacular. Con una tranquilidad envidiable para la ciudad en la que estábamos, disfrutamos del lugar casi solos.

Un paseo de 15 minutos a pie, el metro y luego otro tuk-tuk nos llevaron, ya para acabar el día, a la puerta de la India, el arco de triunfo de Delhi. La puerta, rodeada de un cinturón peatonal, estaba bien iluminada y llena de gente. Vendedores ambulantes proponían cosas para niños, y a pesar de que la noche ya había caído, con el trípode salieron bien nuestras fotos. El hecho de moverse de noche por esa ciudad no me resultó en absoluto inseguro, y las últimas horas en Delhi me hicieron pensar en todas las emociones del viaje más lejano y exótico que habíamos hecho en toda nuestra vida, con una sensación de total satisfacción.

Un té en una pijísima cafetería de Connaught Place fue el preludio a nuestro último viaje en metro antes de sufrir una picantísima cena en nuestro hotel que en algún momento me planteé no pagar (había pedido, como siempre, que fuera lo menos picante posible)... pero era el último día y me aliviaba pensar que eso se acababa, y que el picante de la comida de la India no estaría entre las cosas que echaría de menos del país. Así que cedí pensando que en Dubai, nuestro siguiente destino, la comida ya no sería así.

India, volveremos a encontrarnos.

La puerta de la India, una imponente forma de decir adiós a Delhi y al resto del país